CAPITULO XI
LA PANTERA
"Una cosa era saber que tenía un amor platónico e imposible, y otra muy distinta (y peor) era saber que tenía un amor correspondido… imposible"
– Srta. Swan –oí que una voz me llamó, y en respuesta mi corazón comenzó a palpitar desbocadamente. Sólo una persona provocaba esta respuesta involuntaria en mí.
¡Esta vez estaban tan cerca de la puerta! ¿Por qué, Carlisle, no podíamos dejarnos de esto y ya? Estábamos solos luego de la clase extra del viernes, lo que lo hacía mil veces peor. Por lo que esperaba salir huyendo antes de verme atrapada por el momento-diario-de-incomodidad.
Dándome media vuelta lo miré. No del modo en que los convencionalismos sociales dictaminan, no, más bien fue una acción cobarde en la que enfocaba mi vista en algún punto cercano a donde se encontraba para dar la sensación de estar mirándolo a la cara. Esta vez le tocó al pizarrón que estaba justo detrás de él. Sí, el pizarrón estaba bien; podía controlar esto.
– ¿Sí, señor Cullen? –sentí mis mejillas arder al pronunciar su nombre.
– ¿Cómo estás? –me preguntó y yo me tomé más del tiempo necesario para contestarle.
Por un momento mis ojos se desviaron en contra de mi voluntad, observando su figura tras el escritorio. Llevaba una camisa blanca de lino que dejaba entrever los músculos de su pecho. Juro que vi una gota de sudor proveniente de su cuello y recorrer la piel libre de su pecho hasta perderse en esos lugares a los que mis ojos no podían llegar.
De repente esta fue la alarma que sonó en mi cabeza indicándome que debía se supone que era mi momento de hablar. ¿Qué era lo que me había dicho Carlisle?
Parpadeé perpleja y desvié mi mirada al suelo.
¡Oh sí! Me preguntó cómo estaba. ¿Qué se supone que debería decirle? ¿La verdad? ¿Debía decirle lo frustrada e incómoda que me sentía luego de nuestra última conversación?
No, desde luego que no. Así que opté por responderle lo que le dices a cualquier persona cuando no quieres ahondar en la realidad: -Estoy bien.
Lo sentí levantarse de su asiento y acercarse hacía mí y me decía a mí misma: No mires, no mires, no mires.
A unos metros de mí él dudó y se detuvo, supongo que por la expresión de mi rostro.
– Y… ¿tienes alguna duda sobre la clase? –por su tono de voz pude deducir que también para él era incómoda la situación. Yo miré hacia la puerta, repentinamente con ganas de correr hacia ella y huir.
Más bien tengo dudas de por qué las cosas son tan malditamente difíciles entre nosotros ahora. Quise decirle.
– Uhmm… esto… No. Todo claro –respondí en un tartamudeo que me hizo avergonzar, cambiando el peso de mi cuerpo de una pierna a otra.
– Es bueno saberlo.
– Yo… Tengo que irme.
– ¿Segura que no quieres que te lleve ésta vez?
– No, está bien. Alice está esperándome –mentí, pero eso él lo sabía. Desde luego, ella estaba con Jasper en el cine o cualquier otro lugar como hacían siempre que terminaban las clases.
Él me lanzó una mirada de reproche, pero no dijo nada al respecto. Estuvimos sumidos en un silencio incómodo hasta que dije:
Tengo que irme –reptí, y pasé rápidamente a su lado, escabulléndome hasta la salida, pero él fue más rápido y me detuvo tomándome por el brazo. Su toque quemándome como cientos de brasas ardientes.
– Bella… yo… -me dijo titubeante. Esta vez me permití mirarlo a los ojos, esos ojos como el oro fundido. Se le veía atormentado, tanto como yo. Era como ver un reflejo de mí misma.
– ¿Sí? –mi garganta se sentía pesada, por lo que tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para emitir esta palabra de forma audible.
– Mándale mis saludos a tu madre – soltó su agarre sobre mí y se alejó. Yo asentí.
– De acuerdo –y con piernas temblorosas me dirigí hasta la puerta apresuradamente, antes de que un sollozo se escapara de mi garganta.
Todos los días era lo mismo, no nos dirigíamos si quiera una mirada de saludo durante de las clases y luego de estas, si había oportunidad y nos encontrábamos lejos de la mirada de Alice, nos dirigíamos unas cuantas palabras, en una conversación monótona, incómoda y vacía.
¿Amigos? Sí, claro.
¿Cómo puedes ser amigo de alguien que apenas y puedes mirar a la cara? Porque eso era lo que me pasaba con él. Cada vez que lo miraba a la cara… no, tachen eso de sus mentes. Corrijo. ¡Ni siquiera puedo mirarlo a la cara! Si lo hago corro el riesgo de rememorar el pasado a esos momentos (muy pocos momentos para mi gusto) en los que sus suaves y cálidos labios atrapaban los míos en un vaivén cadencioso. ¡Como si no fuesen suficientes esas noches en las que estoy sola en mi habitación! Donde mi mente es un revoltijo de ideas y recuerdos o incluso mis sueños que parecen no tener más personas que incluir en ellos que no fuese él. Ahora también me perdía a mí misma soñando despierta.
Tampoco puedo mirarlo a los ojos, porque me recuerdan que él ya no me ve de la misma manera. Y eso me atormenta.
Una cosa era saber que tenía un amor platónico e imposible, y otra muy distinta saber que tenía un amor correspondido… imposible.
Aunque, supongo que todo esto era mea culpa, ¿Por qué rayos no me enamoraba de alguien que estuviera a mi alcance, alguien disponible? Las cosas serían más fáciles si tan sólo me fijara en alguien que comparta los mismos intereses que yo, que esté en una etapa de la vida igual a la mía; y sobre todo que sus sentimientos por mí sean tan fuertes, tan entregados, transparentes y desinhibidos como los míos. Bueno, quizás esto último no sea del todo cierto, porque no soy precisamente la persona más sincera y desinhibida en cuanto a manifestar mis sentimientos por Carlisle se refiere. Pero esto si entra en mi
Pero como dijo aquel filósofo francés, Blaise Pascal: "el corazón tiene razones que la razón desconoce" Y mi corazón optó por el camino más difícil.
En cuanto a mis clases extra de biología, yo trataba de que todo esto no me afectara y forzaba a mi mente a comprender la materia para no tener que verlo durante estas horas extras de tortura.
Llegué a mi casa y como de costumbre mi madre estaba en el trabajo. Miré a mí alrededor en busca de algo que hacer para distraerme, cualquier cosa que distrajera mi mente y encerrara el recuerdo de Carlisle Cullen en algún rincón oscuro. Hice una breve inspección, sólo para encontrarme con que no había nada por hacer: la casa estaba limpia, los platos fregados, no había compras que hacer, las plantas no necesitaban ser regadas ¡Vaya! Si que me mantuve ocupada toda esta semana, desde luego mi madre estaba encantada con mi derroche de eficiencia.
Caminé de un lado a otro como tigre enjaulado. Casi estaba a punto armar barquitos de papel, sólo para mantenerme cuerda, cuando me acerqué al cuarto de lavado y vi una pequeña ruma de ropa. Creí ver el cielo. Sí, lo sé… bastante patético.
Me deshice de mis pantalones vaqueros y mi suéter reemplazandolos por algo más cómodo. Encendí la radio, la canción de Coldplay "The scientist"estaba sonando, genial, era una de mis favoritas. No hay nada como una canción en otro idioma para distraerte, porque no sabes que rayos estás cantando y aun así es entretenido. Comencé mi labor cantando a todo pulmón.
– Nobody said it was easy. It's such a shame for us to part…
Adiós pensamientos tormentosos.
Poco tiempo después mi teléfono vibró en un mensaje.
La Pantera. Ésta noche. Paso por ti a las 8.
XOXO
Alice
Yo miré ceñuda el teléfono. La Pantera es un local nocturno ubicado en Port Angeles que funge como pub, nunca lo he visitado –de hecho jamás he ido a un pub-, pero se de su existencia por la popularidad que tiene, dicen que buenas bandas tocan allí y el licor es barato. Me pregunto de dónde habrá sacado la idea Alice de ir a ese lugar solas. No tenía duda de que los guaruras me dejarían pasar de la puerta, después de todo ya soy mayor de edad pero Alice… ella es otra historia.
El tono de su mensaje no admitía réplica y yo sabía que iba a ser una pérdida de tiempo discutir con ella, de todos modos necesitaba una distracción, así que tecleé un rápido OK en mi teléfono y continué mi espumoso concierto privado.
Como era de esperarse mi amiga fue a buscarme media hora después de lo acordado. Me saludó con un abrazo apenas abrí la puerta. Llevaba unos zapatos tan altos que la hacían ver de mi tamaño -y eso es decir mucho- a la vez que su vestido negro era la antítesis, era tan corto y escotado que me preocupaba que fuese a pescar un resfriado. Divisé por encima de su hombro un auto blanco aparcado frente a la escalinata que desde luego no era el de ella, con mi poca experiencia pude determinar que se trataba de un Audi; de modo que pude entrever que no iríamos solas. Jasper iba en el asiento trasero y me sonreía abiertamente mientras me dirigía un leve saludo con la mano, que yo le devolví. Pese a mis esfuerzos, no pude distinguir el rostro del conductor.
– Pensé que seríamos sólo tú y yo – le dije un tanto anonadada, a lo que ella puso los ojos en blancos.
– ¡Como si Jasper fuese a permitirlo! –me tomó del brazo y nos encaminamos juntas hacia el auto.
– ¿Jasper? ¿Y qué me dices de Carlisle? ¿Cómo fue que lograste que él te diera permi…? – todas mis preguntas pasaron a un segundo plano, de repente el cómo Alice había logrado salirse con la suya me traía sin cuidado. Estaba frente a un problema mayor. Me quedé de piedra cuando estuvimos los suficientemente cerca como para distinguir el rostro sonriente del conductor misterioso, que no era ni mas ni menos que el dichoso primo de Jasper ¿Cuál era su nombre…? ¿Edgard? ¿Edmund? Ciertamente no recordaba, sólo que era algo con Ed. En seguida un rubor invadió mis mejillas al recordar la forma tan cortante que lo traté la noche que nos conocimos, en mi fiesta de cumpleaños ¿Pero qué podía hacer? Este chico me intimidaba.
Casi fulmino con la mirada a mi amiga cuando me dijo que me sentara en el asiento de copiloto porque sería descortés dejar a Edward (¡Ah! si, ese era el nombre) solo como si fuese nuestro chofer, todo esto lo decía mientras ella muy tranquilamente se iba a sentar junto a su novio.
¡Joder Alice! ¿Por qué me haces esto? tuve ganas de gritarle Ni modo Bella, no puedes huir como la cobarde que eres.
– Hola – saludé al chico con lo que trataba fuese una sonrisa cortés, intentando febrilmente de no dejar traslucir mi nerviosismo.
– Hola Isabella –su voz seductora parecía que acariciaba mi nombre, lo que hizo que aumentara mi nerviosismo y un rubor inundara mi piel de pies a cabeza, estaba agradecida de que me encontrara resguardada por la oscuridad de la noche, de lo contrario esta hubiese sido una situación muy bochornosa para mí.
Lo que duró el trayecto mis tres acompañantes hablaban sobre bandas de música locales de las cuales nunca había escuchado en mí vida, de hecho una de ellas, unos tales "Desorden Público" se presentarían esta noche en La Pantera. A todo esto yo me mantenía callada y a veces desconectaba mi mente reviviendo la conversación con Carlisle.
– ¿Siempre eres así de callada o es porque aún no has agarrado confianza? –el primo de Jasper dijo y yo me lo pensé unos minutos antes de responderle.
Vamos Bella, se amable con el chico. Sólo trata sacarte un poco de conversación. Además, se lo debes por cómo lo trataste la última vez.
– Así soy siempre, supongo. De todas formas puedes preguntarle a Alice, creo que ella conoce más de mi comportamiento que yo misma.
– Bueno, creo que eso tendrá que esperar –e hizo un gesto por encima de su hombro para que echara un vistazo, yo lo hice y luego me arrepentí. Mi amiga y su novio se encontraban ocupados y bastante absortos en comerse a besos el uno al otro. No pude evitar pensar en si así nos veríamos Carlisle y yo las veces que… ya saben, probablemente no. Nosotros no éramos tan apasionados. En seguida desvié la mirada avergonzada, tanto como por mis pensamientos como por el sentir que había invadido la pequeña burbuja de amor de aquellos tortolos.
Edward soltó una carcajada.
– ¿Qué es lo que te causa tanta gracia? – le dije con expresión seria, no podía evitar sentir que se estaba burlando de mí.
– Deberías ver tu cara. Parece como si hubieses visto un espanto – dijo aun riendo– Dime, ¿alguna vez has tenido novio? ¿Te han dado un beso siquiera? Me niego a creer que seas tan inexperta.
Esto me hizo enojar ¿quién se creía que era? Cerré mis manos en puños obligándome a mantenerlas junto a mis costados.
– Eso-no-es-problema-tuyo – solté en un susurro con voz amenazante y enfatizando cada palabra, para que le quedase bien claro. Adiós a mis remordimientos.
Al parecer se percató de que había hecho mal, porque en seguida se disculpó. Sin embargo no me apeteció seguir charlando con él a pesar de que de tanto en tanto trataba de sacarme conversación.
Llegamos al pub e hicimos una pequeña cola para entrar. Vi como mi amiga sacaba su cédula de identidad de su pequeño bolso de mano y la curiosidad me picó.
– ¿Cómo pretendes entrar siendo menor de edad? –le dije en un susurro. Ella me miró y sonrió divertida.
– Pues como lo hacen todos tontica. Con una cédula falsa. –me la mostró y quedé estupefacta, era completamente idéntica a una original, sin embargo pude notar qué la hacía falsa. La fecha de nacimiento, allí mi amiga era un año más de lo que en realidad es, pero por supuesto era algo que los guaruras no tenían forma de saber.
No pude evitar sentirme fuera de honda ¡esto era ilegal! y no era algo que encajara con la forma de ser de Alice, después de todo, ¿desde cuándo mi amiga hacía cosas así? O es que yo era demasiado mojigata como para considerarlo algo insignificante.
– ¿De dónde la has sacado? –pregunté de forma recriminatoria, no pude evitar pensar que me estaba comportando como una hermana mayor regañona.
– Emmett la hizo –me dijo de forma despreocupada. Yo negué con la cabeza y no pude más que sonreír ante la ironía.
– En serio, si su padre no se da cuenta del delincuente que tiene por hijo, juro que pronto la policía de Forks recibirá una llamada anónima con la información –bromeé y ambas nos reímos.
Entrar fue más fácil de lo que había pensado, los guardias de la entrada apenas y le echaron un ojo a las identificaciones que les entregamos. Durante todo el trayecto yo sentía como si unas enormes letras en neón que decían "CULPABLE" estaban marcadas en mi frente y, literalmente, sentí como si me quitaran un peso de encima cuando nos encontramos bajo las luces parpadeantes, el olor a tabaco y licor y la música estruendosa de La Pantera. No era un lugar grande, pero tampoco estaba tan abarrotado de gente como pensaba y eso me hizo sentir aliviada porque de lo contrario sabía que no podría mantenerme mucho tiempo dentro de un lugar así.
Caminamos entre las mesas en busca de alguna que fuera de nuestro agrado. Alice y Japer iban al frente tomados de la mano, lo que nos dejaba a Edward y a mí detrás. Yo trataba siempre estar unos paso por delante de él para evitar tener que charlar o simplemente sentir que estábamos allí haciéndonos compañía el uno al otro. Encontramos una mesa cerca de la pista de baile, Edward tomó una silla y la sostuvo para que yo me sentara "es un idiota putamente caballeroso" no pude evitar pensar mientras chasqueaba la lengua mentalmente en desaprobación, pero externamente le agradecía y le regalaba una sonrisa, no podía mantenerme despectiva con el mucho tiempo. Él se sentó a mi lado y Alice se acurrucó junto a Jasper del otro lado de la mesa.
– Pediré algo para tomar ¿qué beberán? –vociferó Jasper por encima de la música para hacerse escuchar. Mi amiga y yo nos miramos interrogantes, la verdad es que ninguna de las dos tenía mucha experiencia con la bebida.
– ¿Qué nos recomiendan? –contesté en tono de voz alta y miré inquisitivamente a Jasper y a su primo en busca de algún consejo. Jasper iba a decir algo, pero fue interrumpido.
– Bueno… yo les recomendaría, ya que son chicas y de seguro les gusta lo dulce, un Sexo En La Playa –Edward dijo y me miró con cejas alzadas de forma pícara, yo lo fulminé con la mirada.
– No beberé nada alcoholizado con este pervertido presente –dije acusatoriamente señalándolo. Ambos, Alice y Jasper se desternillaban de la risa.
– ¿Qué? –protestó el aludido con mirada inocente ¡Ja! ¡Sobre todo! –Es sólo una bebida Isabella, no tienes por qué ofenderte.
– Sí, claro –puse los ojos en blancos mientras me cruzaba de brazos.
– Ya deja de molestarla primo –lo reprendió Jasper, pero aún con rastros de una sonrisa en su rostro.
– Yo sólo quería ayudar –se encogió de hombros como restándole importancia y se recostó sobre el respaldo de su silla, esto me irritó de sobremanera.
– ¿Y bien? ¿Entonces qué tomaras Bella? –Jasper se dirigió a mí muy pacientemente.
– Agua –espeté.
– ¡Oh vamos Bella! –me reprendió Alice– Hemos venido a divertirnos, no dejes que las chorradas de este bobo te afecten –enfatizó propinándole un codazo a Edward, a todo esto él se mantenía con una sonrisa socarrona en su rostro. ¿Ya he dicho lo mucho que me irrita este chico?
– De acuerdo –dije en un suspiro y luego me dirigí hacia Jasper– Tráeme algo que no tenga un nombre tan insinuante, y que no esté muy cargado.
– ¿Y tú qué vas a querer pichurra? –le preguntó Jasper a mi amiga mientras le acariciaba la mejilla. ¿Pichurra?
– ¡Pero que derroche de dulzura! En serio, paren ya o me volveré diabética.– bromeé, a lo que mi amiga me lanzó una mirada fulminante para luego cambiar a ese gesto propio de ella de 'estoy tramando algo'.
– Yo si quiero un Sexo En La Playa, Jazz –le contestó con esa voz empalagosa que sólo ellos pueden hacer, y él negó con la cabeza divertido.
– En seguida vuelvo –Jasper se inclinó para darle un beso en los labios a mi amiga y le hizo un gesto a Edward para que lo acompañara, éste se levantó con pereza del asiento y lo siguió.
Yo articulé con los labios un "Traidora" dirigido a mi amiga a lo que esta se carcajeó. Cuando los chico desaparecieron de nuestro campo de visión, ella se levantó de su asiento y se situó en el que anteriormente se encontraba el indeseable primo de Jasper.
Ojalá te quedes allí Alice.
Alice me dirigió una mirada inquisitiva.
– Presumo que tu comportamiento arisco hacia Edward se debe a que te gusta tanto que esa es tu manera de esconderlo.
– ¿A mí? ¿Gustarme Edward? ¿De dónde sacaste semejante aberración? –dije llevándome una mano al pecho con una expresión de con fingido horror.
– Pues no me lo habré inventado –ella torció el gesto a manera de reproche- Tú misma me lo dijiste.
– ¿Yo? ¿Cuán….? –comencé a decir hasta que el recuerdo llegó a mi como una ráfaga de aire gélido que hizo que me quedara de piedra en mi asiento. Cierto, en la clase de Biología le había confesado a Alice que estaba enamorada del primo de Jasper sólo para que ella me dejara en paz.
Me golpeé mentalmente por ser lo suficientemente descuidada y estúpida como para inventar una mentira para luego olvidarla.
– ¡Oh si! Tienes razón, lo había olvidado
– ¿Habías olvidado que te gustaba?
– No, boba. Había olvidado que tú lo sabías. –De pronto la resolución llegó a mí- ¡Por eso me invitaste aquí esta noche! ¡Es una doble cita!
– Creí que necesitabas un pequeño empujoncito.
– ¡Alice! ¿Cómo has podido? –la miré boquiabierta, ella sólo se encogió de hombros y soltó una risita por lo bajo.
Los chicos llegaron y se sentaros en sus sitios iniciales, lo que hizo que yo me recostara enfurruñada en mi silla.
– Te he traído una Piña Colada, Bella. Espero que te guste –dijo Jasper colocándome enfrente una copa decorada en el borde con un pequeño trozo de piña en forma de abanico, dentro tenía un líquido cremoso. Yo le di las gracias y me dispuse a beber por medio de un pitillo, y para mi sorpresa encontré que la bebida estaba realmente buena.
– Bebe despacio Isabella, no queremos que te emborraches tanto que no puedas mantenerte sobre tus pies y luego yo me quede sin pareja de baile –ese fue Edward hablándome al oído, yo lo aparté con un leve empujón y no le hice caso.
– Como quieras –lo escuché decir a mis espaldas y pude imaginándolo encogiéndose en su asiento junto con su seguridad de "el machote que a todas les gusta" y eso, en contraste con mi personalidad de no-me-meto-con-nadie, hizo que me sintiera muy bien.
– Jasper, ¿Qué piensas estudiar en la universidad?
– Antropología –contestó el con una sonrisa de añoranza- ya he algunas solicitudes a varias universidades.
– Lo que me recuerda –dijo Alice mirándome con ojos desorbitados- Nosotras aún no hemos enviado las nuestras.
– Sí, tenemos que ponernos a ello, o si no mi mamá me matará –dije soltando una risita mientras tomaba otro trago largo de mi bebida.
– ¿Y tú Edward? ¿Qué estudias? –preguntó Alice. ¿Estudia? ¿Cuántos años tiene este chico?
– El arte del sexo, de seguro –respondí por lo bajo, o eso creí. Porque de repente tres pares de ojos me miraron estupefactos para luego desternillarse de la risa.
– No Isabella –el aludido se me acercó y acarició mi mejilla, yo lo aparté, nuevamente, de un manotazo mirándolo ceñuda- Eso no tengo necesidad de estudiarlo… –continuó- …cuando soy todo un profesional.
A este punto Jasper y Alice casi se caen de sus asientos por la risa. Los miré ceñudas a ellos también.
– ¿Entonces qué? –le espeté, tratando de ocultar la vergüenza que sentía en ese momento.
– Arquitectura –respondió con una sonrisa socarrona en su rostro.
– Creo que ha sido suficiente de esto por un momento –dijo mi amiga mientras me quitaba la copa de mis manos haciendo caso omiso de mis protestas.- Y llévala a bailar Edward, para que despeje la mente un poco –pretendía decirlo con voz severa pero una sonrisa se escapó por las comisuras de sus labios.
– Yo no quiero bailar –me quejé mientras me cruzaba de brazos para evitar que Edward tomara mi mano y me arrastrara hasta la pista. – Y menos con él –lo señalé con un dedo, a lo que él aprovechó el descuido y me tomó por la muñeca.
– ¡Oh, claro que sí señorita! –y con su fuerza y sutileza de hombre de las cavernas me llevó hasta la pista.
– Esto no era estrictamente necesario –refunfuñé mientras me movía al ritmo de la música. Y es que era imposible no hacerlo, Edward era jodidamente bueno bailando y… haciendo que bailara.
– Sabes que te morías por bailar conmigo –dijo con un guiño a lo que yo puse los ojos en blanco.
– Y allá va tu ego –señalé el techo, a lo que él se rió.
– No, no es por mi ego. Sabes que te gusto.
– ¿Qué? –Quise reírme en su cara, sin embargo no lo hice porque resultaría descortés- ¿De dónde sacaste eso?
Como un acto involuntario su mirada se dirigió a nuestra mesa, donde Alice nos dirigía un saludo. Tardé medio segundo en comprenderlo.
– ¡Alice! –dije en un chillido. Él sólo se encogió de hombros, para mí fue más que una confirmación.
¡Esto no podía ser posible! ¿Es que acaso mi amiga no podía meter sus narices en otra parte? Le dirigí la peor de mis miradas asesinas, pero ella no se inmutó, es más… su sonrisa se amplió.
– ¿Y bien? –Edward volvió a llamar mi atención.
– ¿Qué? –me hice la desentendida.
– ¿Te gusto o no? –su ceja alzada me indicaba arrogancia, pero también duda.
– No creo que Alice haya podido decirte eso. Me conoce, y sabe que no tengo tan pésimo gusto. –le dije con una sonrisa de suficiencia. Esto no pareció amilanarlo, más bien encendió su chispa.
– ¡Bah! Yo soy todo un bombón.
– Pues me inclino más hacia la fresa en vez del chocolate –comenzaba a bajar mis defensas.
– Bueno, es que soy un bombón relleno de fresa.
– Desde luego de fresa no. Tal vez de café. ¡Ugh, si! Odio el café.
– ¡Oh vamos! No seas tan ruda conmigo. Apuesto a que te agrado tanto que no has dejado de soñar conmigo desde el momento en que me viste. –me pellizcó a un costado haciendo que riera.
– ¿Alguna vez te han dicho que tienes un ligero problema de ego? –dije sacándole la lengua.
– Tal vez… un par de veces. –esto me hizo sonreír.
– ¡Eres imposible! ¿Cómo crees que puedes gustarme? Apenas y te conozco.
– Algo tendrás que decir a pesar de que lo poco que me conoces.
– Sí, tienes razón. Me parece que eres un lanzado, ególatra y más molesto que una piedra en mis zapatos. –le dije a forma de broma.
– Como quien dice: ¡Haz encontrado a tu alma gemela! –ambos reímos.
– Claro, claro ¿y quién dice que el romanticismo había muerto?
Si no quería engañarme tenía que admitir que Edward era un tipo endemoniadamente guapo, y aunque me costara admitirlo (y jamás lo admitiría en voz alta) era agradable estar con él, de una manera extraña y retorcida. En un instante querías abofetearlo con todas tus fuerzas y al otro te hacía reír, o lo que es peor, sonrojarte con sus ocurrencias. Pero había un defecto en él, o más bien en lo que no provocaba en mí. Él no hacía que mi corazón palpitara desbocadamente y mariposas revolotearan en mi estómago tan sólo con una mirada, ni que mi mente se atontara con sólo tenerlo cerca, tampoco hacía que soltara suspiros involuntarios con pensarlo. Con su toque no sentía nada, ninguna terminación nerviosa de mi ser cobraba vida.
Yo lo miré a los ojos y suspiré –un suspiro de añoranza, y…por qué no, decepción- Esos ojos verde esmeralda, que antes no había notado, harían que cualquier chica cayera rendida a sus pies; cualquier chica excepto yo ¡Cuan fácil hubiese sido enamorarme de Edward! Eso sí que sería lo más conveniente y correcto, pero no podía, por mucho que lo intentara, llegar a enamorarme de Edward Masen. Simplemente porque mi corazón ya tenía dueño y ese dueño era Carlisle Cullen.
Llegamos a mi casa pasadas las dos de la madrugada, yo me encontraba medio adormilada al igual que Alice, en el asiento trasero del auto, su cabeza reposando en mi hombro derecho; pero cuando escuchamos la voz de Jasper decir "Mierda, Carlisle" ambas rebotamos en nuestros asientos provocando que nuestras cabezas chocaran una con la otra. Esto hubiese resultado cómico, si no fuese la sensación desconcierto y, por qué no, horror que me invadió. Después de todo… ¿qué hacía Carlisle Cullen a ésta hora en mi casa?
La puerta de la entrada se abrió dejando ver las figuras de mi madre y Carlisle en la escalinata, ninguno de los dos se veía contento.
Mierda, mierda, mierda, mierda.
Yo me bajé a trompicones del auto, apenas emitiendo un pequeño "Adiós" hacia Edward y Jasper sin siquiera mirarlos, sintiendo todo el cansancio de las horas de baile y agite de esta noche en mi cuerpo, sobre todo en mis pies. Con paso dudoso me acerqué la entrada, olvidándome del mundo a mí alrededor y sólo concentrándome en la mirada furiosa que Carlisle me dirigía.
– ¿Se puede saber dónde estabas metida? –la voz de Carlisle sonó contenida, pero detrás de ello, sabía que su furia contenida luchaba por salir.
Me encontré a mí misma tratando de formular una respuesta, pero mi garganta estaba echa un nudo.
– Lo siento tío –escuché la voz de Alice a mis espaldas, y supe que él no se refería a mí. No sabía si sentir alivio en este momento fuese lo adecuado, pero me permití relajar mi postura, sin embargo no podía obligar a mis músculos a moverse.
Ladeé mi cuerpo y vi el rostro con expresión culpable de Alice y Jasper a su lado, dándole apoyo, pero sin tocarse el uno al otro. Supongo que eso haría aún peor las cosas. Detrás de ellos se encontraba Edward bajándose de su auto, supongo que para darle apoyo moral a su primo.
– ¿No sabes lo preocupado que estaba? Estuve por todos lados buscándote jovencita –y cuando lo dijo, dirigió su mirada por unos momentos hacia mí, para luego volverla otra vez hacia su sobrina -¿Por qué haces esto Alice?
El caminó un poco más cerca de su sobrina ubicándose a mi lado, pero sin mirarme.
– Es que… quería salir. Y tú… tú me dijiste que no. –Alice ni siquiera se atrevía a mirarlo a la cara, en vez de eso miraba hacia el suelo.
Sentí la mano de Edward afianzarse en mi cintura y me puse rígida.
– Y no tienes idea de por qué. –por un breve momento su mirada se dirigió hacia la mano de Edward en mi cintura y pude ver que su, hasta ahora, furia contenida dio rienda suelta. Su rostro contorsionado por la ira, una faceta de Carlisle que jamás había visto. Ya no quedaba rastro del pacífico y amable Carlisle que conocía.
¡Oh no!
– No la regañe, esto fue mi culpa –abogó Jasper.
Un paso en falso.
– Por supuesto que sí, imbécil –pude ver como la mano de Carlisle se levantaba en un puño. Mi madre, Alice y yo ahogamos un grito. Pero el golpe nunca llegó. Edward sostenía el brazo de Carlisle en un férreo agarre.
– Yo no haría eso si fuera usted. –le dijo Edward con voz grave.
– ¿Y quién carajos eres tú? –le espetó Carlisle.
– El novio de Isabella. –una expresión de asombro cruzó el rostro de todos los presentes.
¿Qué demonios…? De todas las cosas que pudo haber dicho para presentarse como: "El primo de Jasper" o simplemente "Edward Masen"… viene a decir semejante barbaridad y, desde luego, falsa. ¿En qué carajos estaba pensando?
Pero yo estaba demasiado pasmada como para negarlo.
– Ya veo. –se zafó de su agarre- Alice móntate en el auto, nos vamos.
Mi amiga reacción en seguida, dirigiéndome una mirada de disculpa se dio la vuelta hacia donde estaba aparcado el auto de Carlisle, tan rápido como si su vida dependiera de ello.
Carlisle la siguió, pero no sin antes dirigirme una mirada de odio que me heló hasta los huesos.
Yo reaccioné en el mismo momento en que el auto de Carlisle Cullen salió de mi vista. Sin mirar atrás me adentré en mi casa seguida de mi madre que me bombardeó con preguntas.
– ¿Ese chico es tu novio? –su expresión era de sorpresa y, para mi fastidio, de regocijo.
– No, mamá –dije con voz resignada.
– ¿Entonces por qué dijo que lo era? –por la expresión de su rostro pude ver que no se lo creía del todo.
– No lo sé, está loco.
– ¿De verdad? ¿No me estarás mintiendo Isabella? –seguido por una mirada de suspicacia- Porque si lo es no tengo ningún problema, sólo quiero que me digas las cosas…
– No, mamá. No somos nada. No sé qué bicho le picó para que dijera eso. –le respondí de mala gana, de pronto la ira me había invadido al recordar lo que había dicho.
– Bueno, es una lástima… es tan guapo. Y tú nunca habías tenido novio antes…
– ¡Mamá! ¡Basta! ¡Que no es mi novio! Y no me importa lo jodidamente guapo que sea. –frustrada me quité los zapatos y los lancé por el suelo. Mi mamá fingió no darse cuenta.
– De acuerdo –y cambió su expresión una de reproche- ¿Por qué no me dijiste que Alice se había fugado de su casa para salir contigo?
– No lo sabía, la verdad. Estoy tan confundida como tú. Últimamente ha estado haciendo cosas… que no creí que haría nunca. Ha cambiado. –masajeé mis sienes con frustración, todo esto me había agotado.
– De seguro es por ese muchacho, el novio.
– Tal vez… -respondí ausente.
– Espero que a ti no te vaya a pasar lo mismo.
– Tengo sueño, me iré a dormir. –ya no quería seguir escuchando la misma cháchara.
– Hasta mañana, cariño. –ella me dio un beso en la mejilla y yo se lo devolví, recogiendo mis zapatos me dirigí escalera arriba hasta mi cuarto, cuya puerta cerré de un portazo.
Pero esa noche no dormir, no pude evitar pensar una y otra vez en la mirada de odio que Carlisle me dio. Él me odia… un nudo en mi estómago se formaba ante esa perspectiva y sentía que cada paso que daba con él llevaba consigo dos más en reversa.
¡En qué lio me metí!
Por favor… ¡no me tiren tomates! Las flores son más bonitas y no hay que estar desperdiciando la comida :D
Te aseguro que sea lo que sea que estás pensando sobre Edward y Bella… ¡no es cierto!
Bien, ahora hablando seriamente: ¿Qué les pareció el capítulo?
Muchas gracias por sus review, las adoro T.T
Me encanta cuando me escriben cosas lindas y me dan ánimo a seguir escribiendo
Hasta luego. Nos leemos pronto.
PD. Síganme en twitter: Aisatnaf_fanfic y las sigo de vuelta ;)
