Remus Vigilancia.
"Gertie el troll de la nieve,
Tenía nariz naranja,
Y su olor era tan malo
Los hombres enloquecían,
Y mataba gatos a dónde quiera que iba"
Un villancico navideño inventado por Moonsign
Nota de autora: Hasta donde tengo entendido el mundo le pertenece a Joanne y el fanfic a Moonsing.
SIRIUS:
—¿Sobre qué crees que estén hablando? — Indagó James, mientras que presionaban sus orejas contra la puerta— Es inútil el tratar de oír algo. Anders debió poner un hechizo silenciador.
Sirius le bufó a la puerta y le dio una patada a la pared de ladrillo cercana. Se preguntaba si había sido prudente el comunicarle a James sus descubrimientos y dudas. No era como si hubiese tenido opción. El otro chico finalmente notó su distracción con Lupin y no había mentira lo suficientemente convincente para satisfacer a alguien tan inteligente como James.
— Lo más probable es que Anders notará que no se encuentra bien, entonces decidió interrogarlo. Tal vez se ha dado cuenta de que la mamá o el papá de Remus lo golpea.
James se recargó en la pared opuesta pero seguía mirando la puerta: — No lo sé, colega— Le dijo— Lo estuve observando toda la mañana y mientras veníamos a clase y ni siquiera noté que cojeara o algo.
—¡No me equivoco! — Replicó enfurecido Sirius. James se apartó y Sirius levantó sus labios para darle una sonrisa de disculpa— Vi sangre y cicatrices. ¿Qué más puede ser? Además, yo lo he estado observando mucho más tiempo que tú, y sé que la única razón por la cual no ha cojeado es porque está siendo muy, muy, muy cuidadoso. Pone cada pie en el lugar exacto. Su cara se queda en blanco, ya sabes como es.
— Bueno, pues yo no he visto nada.
Sirius suspiró y decidió que no seguiría discutiendo algo sin sentido. Cada que lo hacía sentía como si traicionara la confianza y odiaba ese sentimiento: — Solo quedémonos aquí hasta que salga— Sugirió. James suspiró pero asintió, tirando su maleta al suelo y dejándose caer en la pared.
No pasó mucho para que la puerta se abriera, y Lupin apareciera. Él cerró la puerta a sus espaldas de manera delicada, y luego dejo salir un ataque de risa demasiado violento que parecía haberse construido en su pecho. Era una especie de risa rota e hiposa que, si los dos chicos no lo estuvieran mirando, confundirían con el llanto. Lupin ni siquiera los miró a medida que emprendía su camino a la torre de Gryffindor. Cojeaba gravemente y se agarraba los costados como si reír le hiciera doler algo dentro de él.
— Caramba— Murmuró James, viéndolo partir— Se rió igual a como lo hizo cuando mi madre le preguntó dónde estaban sus padres en la estación.
— Sí— Respondió Sirius. No agregó un "Te lo dije", pero las palabras colgaron entre los dos.
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— Se quedará durante las vacaciones de navidad— Anunció Sirius, ingresando a la sala común y tirándose al sofá en donde estaban James y Peter.
—¿Quién? — Preguntó Peter.
— Lupin, obviamente— James rodó sus ojos, quitando su frasco de tinta del sofá cuando Sirius se cambió de posición bruscamente— ¿Con que otro está igual de obsesionado?
— No estoy obsesionado con él— Protestó Sirius— Solo pienso que es algo bueno el que se quede aquí en lugar de ir a casa— Le dirigió a James una mirada significativa que lo hizo suspirar y apartar la vista, golpeteando la punta de su pluma contra sus dientes mientras que observaba su ensayo a medio hacer de Herbología.
—¿A quién le importa lo que Lunático haga? — Dijo Peter, desconcertado— E incluso si ese alguien fueras tú, ¿No piensas que es mejor que pase vacaciones en casa? No es como si tuviese algún amigo.
—¿Quién sabe? ¿Para qué sirve la poción de furúnculos?
—¿Por qué me lo preguntas a mí? — Peter hizo una mueca— Sabes muy bien que yo no sé nada.
—¿Sirius?
— No lo sé— Respondió, mirando al fuego— Algo que ver con el acné. Creo que lo causa. Tal vez lo previene. Lo más probable es que te de tuberculosis. No me interesa. Deberíamos planear una buena broma para Quejicus. Reg le escuchó decir a mamá que él y Malfoy se han hecho amigos incluso cuando Malfoy es tres años mayor que nosotros. Purista asqueroso. Solo lo hace porque desea estar "Adentro" con el molesto príncipe de Slytherin.
Vio como el humor de James y Peter se levantaba ante la idea y sintió aligerar el ambiente: — Y no adivinarían que más— Añadió.
—¿Qué? — Indagó James, sus ojos brillando.
— Mientras revisaba la lista de los chicos que se quedan en navidad escuché a unos de sexto año discutir la entrada a las cocinas. Aparentemente hay un bol de frutas y debes hacerle cosquillas a la pera para poder entrar.
— Realmente brillante, amigo— Contestó Peter, su expresión era como la de un niffler a quien le dan la llave de Gringotts.
— Ahora volviendo al tema de la broma…
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Sirius pudo olvidarse de pensar en Lupin y todos sus problemas durante las dos semanas que faltaban para navidad. Lupin lo había ayudado al mantenerse siempre lo más alejado que podía de su grupo desde que empezaron las vacaciones. Él solía desaparecer en la biblioteca apenas se levantaba, o por el otro lado se iba afuera, pese a que había un fuerte frío escoces.
Las navidades en Hogwarts no podían compararse a nada de lo que los chicos hubiesen vivido antes. El guardabosque, Hagrid, había llevado un pino de un aproximado de veinte pies de altura, aun brillando con la nieve que se había derretido y dejado un rastro desde las puertas principales al gran comedor. James, Sirius y Peter habían disfrutado demasiado el ver al celador, Filch, teniendo un ataque mientras se debatía entre gritar al guardabosque acerca del desastre de fango, lodo y pinos o evitarse una muerte rápida limpiándolo él mismo.
Una vez todos los pinos estuvieron en el Gran Comedor, los pocos estudiantes que se habían quedado vieron con esplendor como eran decorados por los profesores. Flitwick levitó gigantes y brillantes colgantes que se trenzaron con las ramas para que cada pino estuviese decorado de los colores de las casas. McGonagall levantó su varita y chorros brillantes de nieve derretida al igual que cubos de hielo cubrieron a los árboles y cada una de las bancas del Gran Comedor.
El profesor Anders encantó las armaduras para que entonaran villancicos navideños muy desafinados que iban acompañados de coreografías hasta que un Hufflepuff de tercer año fue encontrado inconsciente en el corredor de Tranformaciones después de que un codo de metal le diera en la cabeza cuando realizaban una versión entusiasta de "Gertrude el troll de la nieve". Por esto, las armaduras solo tenían permitido saltar de arriba abajo cuando tenían un solo.
Inspirados por el espíritu navideño, Sirius, James y Peter lograron que un muérdago hechizado siguiera a Snape por todas partes haciendo molestos sonidos de besuqueó hasta que se topaba a menos de dos metros con otro Slytherin, porque entonces dejaba salir arcadas muy violentas. En castigo fueron asignados con Filch quien les mostró encantado como limpiar los corredores que Hagrid había manchado con lodo y nieve derretida. A mano.
Una persona misteriosa hechizó los corredores de Transformaciones, Encantamientos y el pasillo principal para que se convirtieran en grandes pedazos de hielo. Aparte, el hielo parecía tener un efecto diferente con cada una de las casas de Hogwarts. Los de Hufflepuff estaban obligados a dar peligrosas piruetas cuando se acercaban al hielo. Los Gryffindor, por alguna extraña razón, solo podían patinar de lado en una manera que los hacía parecerse a los dibujos de los jeroglíficos egipcios. También solo podían hacerlo en líneas rectas lo cual implicaba chocar con paredes, puertas y otros alumnos. Los Ravenclaw tenían que esquiar en una sola pierna, la otra paralizada detrás de ellos, y sus cabezas mirando arriba de manera que no sabían por dónde iban. Esto conllevaba varios choques, mucho más dolorosos que los de Gryffindor que si podían ver. Los de Slytherin no eran capaces de patinar de ninguna manera. Tan pronto como ponían un pie en el hielo, sufrían caídas espectaculares, que siempre terminaban con ellos golpeándose de manera dolorosa con el suelo.
Dado que los corredores afectados eran aquellos que les permitían llegar al Gran Comedor, los estudiantes debían pelear su camino en el hielo si no querían morir de hambre. Los de Slytherin, para el placer del resto de las casas, tuvieron que llegar a punta de golpes todo el día hasta que Flitwick encontró la manera de romper los encantamientos. Dejó un pedazo de hielo dónde estaba, sin embargo, argumentando que era una gran muestra de magia muy avanzada.
No sobra decir que Sirius, James y Peter fueron culpados por ella, aunque negaron en repetidas ocasiones el tener algo que ver. La verdad, pese a que les gustaría el poder reclamar la broma como propia, querían conocer a quien la había hecho para estrecharle la mano e invitarlo a sentarse con ellos.
Si hubiesen mirado arriba durante la caótica mañana, habrían visto una pequeña figura que colgaba de la cima de una columna montando elegantemente una de las escobas de las clases de vuelo en el inmenso corredor. La figura tenía una mata de cabello rubio arenoso y las mejillas sonrojadas. Se inclinaba en la escoba mientras reía tan fuerte que tuvo que poner un puño en su boca para que no lo notaran. Nadie habría podido reconocer esa expresión de total libertad y travesura en el rostro de Remus Lupin a la vez que presionaba el libro de "Hechizos avanzados" contra su pecho y le permitía a su merodeador interno causar estragos en la escuela.
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Sirius, por primera vez en todo el año se levantó, no solo por su cuenta, pero también en la mismísima mañana de navidad. Se sentó y sus ojos fueron inmediatamente a la gran pila de regalos que aguardaban en la esquina de su cama. Nunca había estado tan agradecido de pertenecer a una familia sangre pura y con políticas de Slytherin como en la mañana de navidad. Ni un solo miembro de la extensa familia Black podía permitirse el negar un regalo al heredero (tan desgraciado como pudiese ser) un regalo de navidad.
Observó la cama de James. El chico solo había realizado un precario intento de cerrar sus cortinas después de haber ingresado tras la salvaje fiesta de pre-navidad a la que habían ido en la sala común. Sirius podía ver que su amigo tenía tantos regalos como él y no pudo evitar sonreír. Se inclinó sobre su cama, recogió un zapato y lo arrojó a la cabeza de James. Esto despertó al otro chico con una sacudida.
—¡Siriiiiius! — Se quejó, su voz llena de sueño— ¡Eres un mago! ¿Qué no podías pensar en una forma más original para despertarme?
—¡Tenemos regalos, Jamesie!
James se sentó de repente, demasiado emocionado como para regañar a Sirius por haberle llamado por un apodo tan ridículo. Se fue inmediatamente a su pila de regalos.
Sirius sonrió y apartó la mirada, dirigiéndola a la cama de Lupin. Como James, el chico había olvidado cerrar sus cortinas apropiadamente, y fue claro para Sirius desde donde estaba que tan solo tenía dos regalos. Uno era demasiado largo y estaba envuelto en un brillante papel que tenía snitch dibujadas. El otro era pequeño y largo, envuelto en papel marrón. Lupin estaba acurrucado cerca al inicio de su cama en una pequeña bola, su respiración calmada, todavía profundamente dormido.
—¡James! — Sirius susurró tan bajo como pudo, captando la atención de su amigo de aquella brutal revelación de regalos. Le señaló la cama de Lupin y las manos de James se detuvieron al ver los dos regalos. Le mandó a Sirius una mirada lastimera. Luego vio a su propia cama con algo de vergüenza.
— Bueno, ¿Qué podemos hacer? — Le susurró de regreso.
Sirius observó su propia pila y divisó una caja de ranas de chocolate. La marquilla, escrita en una horrible tinta negra le informaba que era de su tía abuela Berryl.
La alcanzó y le quito la marquilla con delicadeza antes de ponerla en la cama de Lupin.
—¿Qué crees que haces? — Preguntó James, sorprendido.
— No sabrá que es de mi parte. No está marcada.
James lo dudó, pero al final escarbó entre su pila de regalos hasta que encontró una forma familiar envuelta en papel naranja brillante.
— Grageas silbantes. Es de mi prima, Doris. De cualquier forma nunca me ha agradado. — Sonrojándose un tanto, le quitó la marquilla y le tendió el regalo a Sirius. Sirius volvió a encaramarse a la cama de Lupin y con mucho cuidado le dejo el segundo regalo, sin despertar al ocupante de la cama. Se giró para observar a los dos regalos que ya habían yacido sobre ella.
—¿De quién son los otros? — Indagó James cuando Sirius volvía con cuidado.
— No sabría decir de quien es el café, pero imagino que el grande es de Frank. Parecen grageas de todos los sabores de Bertie Bott.
— Gracias a Merlín por el inmenso corazón de Frank— James murmuró tan suavemente que Sirius estaba seguro de que él no debía haberlo escuchado.
—¿Deberíamos despertar a Pete? — Dijo Sirius, sonriendo pícaramente y volviendo a hablar en un tono normal.
El rostro de James también se transformó en una sonrisa brillante. Se vieron el uno al otro durante unos momentos, antes de romper en fuertes aullidos, arrancando las cortinas de la cama de Peter y tirándose para saltar encima de ella. Peter se despertó con un salto y un grito a la vez que todos sus regalos se caían de la cama.
—¡Tarados! — Lloriqueo, tratando de desenredarse de las sábanas y subir de nuevo a su cama en movimiento. James y Sirius se rieron de él y saltaron más fuerte hasta que Sirius se golpeó la cabeza con el riel de la cortina y gimió en dolor.
—¡Te lo mereces! — Le riñó Peter, sacándolo de la cama y proponiéndose recoger sus regalos— Por su bien espero que nada de esto se haya roto.
Sirius notó como las cortinas de Lupin se abrían y vio como el chico adormilado salía para ver que era tanta conmoción.
—¡Regalitos! — Gritó James, saltando de la cama de Peter y subiendo a la propia. Se propuso abrir sus regalos con emoción renovada. Sirius se le unió por un rato, con ninguna otra conversación en el cuarto más que exclamaciones de alegría.
Sirius dirigió su atención a Lupin quien tenía la boca abierta en sorpresa ante las tres cajas de dulces que había sobre su cama. El paquete café todavía estaba cerrado.
—¿Qué tienes ahí, Lunático? — Sirius preguntó, feliz.
—¿De quién se supone que es esto? — Indagó el muchacho, viendo a Sirius con el entrecejo fruncido.
Sirius se encogió de hombros, contento con sus espectaculares talentos actorales: — No lo sé. ¿De tu familia?
— No, ese es el de mi papá— Contestó Lupin, señalando el paquete marrón. Cuando lo hizo, la manga de su pijama se levantó lo suficiente para dejar ver una larga y cicatrizada muñeca. La bajó con prontitud, pero Sirius volvió a sentir aquella emoción extraña.
—¿Qué hay de tú mamá? — Preguntó, sorprendiéndose de lo gentil que salía su voz.
— Ella no está en…ninguna condición para mandarme regalos ahora— Lupin alejó la mirada y tocó con nerviosismo la caja de ranas de chocolate que estaba junto a su rodilla.
— Lo lamento. — Dijo Sirius
Lupin se encogió de hombros y hubo una larga pausa en la cual Sirius se dio cuenta de que James y Peter escuchaban la conversación con interés.
—¿No piensas abrirlo? — Preguntó al final Peter, señalando al paquete marrón.
Remus suspiró y lo agarró, palpándolo con las manos. Abrió una punta con cuidado y dejo caer el regalo sobre su cama. Era una cuchara de plata. Por un segundo, Sirius creyó ver una expresión de genuino temor y asco en la cara pálida de Lupin, pero luego estaba de nuevo en calma. Veía la cuchara sin pasión alguna.
—¿Tú papá te ha mandado una cuchara por navidad? — Indagó Peter.
— Si— Respondió Remus, recolectando sus dulces y volviendo a acomodarse en su cama.
James se aclaró la garganta: — Si te hace sentir mejor se ve costosa— Dijo y agregó— Es de plata pura.
Remus tarareó la respuesta desde el interior de su garganta pero Sirius no estaba seguro de si era en acuerdo. Salió de la cama y puso sus ranas de chocolate, grageas silbantes y grageas de todos los sabores con cuidado en su mesa de noche, como si fueran las posesiones más preciadas que pudiese mostrar.
Cuando se dio cuenta de que los otros tres muchachos aún le observaban se sonrojo: — Tomaré una ducha— Murmuró, agarrando una toalla y saliendo en dirección al baño.
— Bien— James mencionó después de un tiempo, mientras que el sonido del agua inundaba la habitación— Esto ha sido extraño.
— Sí que lo ha sido— Concordó Sirius, viendo a la cama de Lupin en donde aún estaba tendida inocentemente la cuchara.
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—¿A quién le importa lo que los demás opinen? — Demandó Sirius, a medida que caminaban los dos por el corredor de pociones de camino al Gran Comedor en una mañana de Febrero. Peter todavía estaba con Slughorn, cumpliendo detención por haber hecho explotar su caldero en tercera vez consecutiva causando que les crecieran largos y peludos cabellos de la nariz a todos los que estaban sentados cerca.
James no le contestó, obviamente aburrido por la discusión que mantenían desde la mañana de navidad.
— A ti no pareció importarte cuando te paraste en una banca para animarme— Sirius insistió.
— Eso fue diferente. Sabía que eras cool y no un chiflado. Bueno, al menos no tan chiflado como Lunático.
— No es su culpa, James. Imagina que tu padre te golpeará tan seguido que siempre sangrarás y tuvieras cicatrices que esconder. También estarías un tanto loco. ¿No podríamos darle una oportunidad? ¿Para probar?
— No. Definitivamente no.
—¿Por qué? ¿A qué se debe que no le des una oportunidad?
— No me refiero a ello. Es solo…si nos hiciésemos sus amigos, no puede ser para probar. Incluso yo puedo ver lo cruel que sería, darle una oportunidad y luego arrebatársela. Tenemos que ser sus amigos de verdad— James suspiró y pasó una mano por su cabello revoltoso.
— Entonces podemos ¿Cierto? — Sirius preguntó esperanzado.
—¿Por qué te interesa tanto esto?
— James— Sirius paró de repente, y giró para verlo, una expresión de seriedad nunca antes vista— Mi madre me golpeó una vez. Una bofetada con el respaldo de la mano. Su anillo me abrió la cara y me hizo sangrar. Fue…fue malo. No solo debido a que me dolió, también porque es mi mamá, ya sabes, no es como…me refiero a que hubiese sido diferente si ella tan solo me diera un golpe en la espalda o algo parecido, de seguro me merecía aquello, pero una bofetada que fuera capaz de hacerte sangrar…
— Sirius…
Sirius negó con vigor: — Imagina que tu padre o tu madre te hicieran eso todo el tiempo pero mucho, mucho peor que una bofetada. Sus cicatrices, amigo. Tú no las has visto.
Se quedaron en silencio un buen rato, hasta que James dijo: — Está bien, está bien. Seremos sus amigos.
Sirius sintió como aquella molesta presión en su vientre se desvanecía y una sonrisa de alivio lleno su rostro. Sabía que James se rendiría tarde o temprano.
—¿Qué planean esos cuatro? — Pregunto James de repente, señalando al final del corredor en donde cuatro Slytherins, Snape, Malfoy, Nott y Lestrange observaban algo al final del corredor. Snape se veía demasiado pequeño al lado de los jóvenes de cuarto curso.
—¿Deberíamos seguirlos? — Preguntó Sirius.
— Debajo de esto— James sacó su capa de invisibilidad de su maleta (guardada ahí para realizar travesuras) y los dos se metieron en ella. Se deslizaron hasta el final del pasillo, justo cuando los de Slytherin se perdían de vista. Voltearon en la esquina y se detuvieron en shock. Malfoy tenía agarrado a Lupin contra la pared mediante a su vieja túnica.
— …Solitario y pequeño león caminando por este pasillo? — Malfoy le miraba mal, su cara muy cerca de la de Lupin.
— Oh no lo harás— Nott agregó, agarrando la varita de Lupin y tirándola sobre su hombro de manera que golpeará la pared del pasillo en el cual estaban Sirius y James.
—¿Qué hacemos? — Sirius siseó, cerca al oído de James— ¡No podemos pelear contra cuatro Slytherins por nuestra cuenta!
—¿Llamamos a un profesor? — James sugirió, sus ojos paseando por el desierto corredor.
— He oído sobre ti, pequeño león— Malfoy seguía diciendo, encontrando los intentos de escapar de Lupin muy graciosos— Incluso los otros leones no te quieren en su pandilla del orgullo. Eres un marginado. Loco. Solo. Nadie te extrañaría si te matamos ¿O sí? — Sus palabras sonaban enfermas en aquel tono meloso.
Sirius deseaba desesperadamente el correr y traer ayuda, pero no quería abandonar a Lupin con las serpientes.
— Apuesto a que ni siquiera tus sucios, sangre sucia padres te echarían de menos.
James y Sirius solo podían ver partes de la cara de Lupin desde donde estaban, pero eso fue suficiente para notar que algo salvaje y primitivo se disparaba en sus ojos. Sin tener consciencia dieron un paso atrás, e incluso los Slytherin se tensionaron.
—¡No te atrevas a hablarme de aquella forma! — Lupin escupió, su voz rasposa debido al agarre que Malfoy tenía en su cuello, pero profunda con algo más.
—¿O qué? ¿Me vas a rugir, leoncito? — Preguntó Malfoy, pero incluso el miedo se coló en su voz. Sirius no podía imaginar lo que se sentía ver aquellos ojos de cerca. Malfoy agarró las túnicas de Lupin aún más fuerte y se oyó el sonido de desgarre.
Sirius apenas notó lo que paso en aquella mancha de movimiento, pero la escena cambio de repente. Malfoy se retorcía de dolor, sus manos sobre su parte baja, jadeando. Sus ojos parecían blancos y se veía que ahora tendría un moretón en la frente. Nott quedó tendido en el suelo, agarrando su nariz mientras la sangre brotaba de ella, y Lestrange parecía de hielo. Snape, el único que no tenía daño alguno aparentemente, miraba a Lupin con horror mientras que el pequeño se levantaba contra la pared, respirando pesadamente.
La cara de Lupin se contraía en un gruñido y sus ojos parecían tener cierto resplandor amarillo. Tomó unos profundos respiros antes de caminar a donde estaba su varita. Después se aproximó a los de Slytherin nuevamente y puso su varita bajo el cuello de Malfoy. Estaba de espaldas, así que Sirius no podía ver su expresión.
— Si me ves venir mejor quédate del otro lado— Lupin siseó a la cara de Malfoy, todo su cuerpo en señal de ataque— Muchos no lo hicieron— Se acercó cada vez más— Y muchos murieron.
Dio unos pasos atrás, recogiendo sus cosas que se habían regado por el suelo y preparado para irse.
—¡Fenómeno! — Nott le gritó de repente apuntando al pecho de Lupin, ignorando el hecho de su cara ensangrentada. Le tomo unos momentos a Sirius el darse cuenta de que el frente de la túnica de Lupin debió haberse rasgado para revelar su pecho desnudo.
Malfoy levantó la mirada y de repente también lo señalaba, riendo cruel e histéricamente— ¡Ah! ¡Fenómeno! ¡Fenómeno! ¡Sé lo que eres! ¡En verdad eres un verdadero fenómeno! ¡Espera! Espera a que le cuente a todos lo que…
No le dio oportunidad de terminar. Lupin se había congelado tras sus palabras, pero ahora lanzó una horrible mirada por el pasillo con sus ojos ambarinos, antes de apuntar su varita a Malfoy y bramar: — ¡Obliviate!
Los ojos de Malfoy se volvieron largos y blancos. Antes de que los otros reaccionaran, se oyeron otros dos gritos de: — ¡Obliviate! ¡Obliviate! — Y los otros dos Slytherin se relajaron, sus ojos tornándose vacantes también. Lupin giró su triste rostro a Snape quien seguía temblando: — ¡Obliviate!
Los Slytherin parpadearon y le miraron estúpidamente mientras Lupin les decía en voz trémula: — Esto nunca pasó. Nada de esto. — Luego giró y corrió corredor abajo.
Sirius sintió como James lo agarraba y ambos se apresuraron a correr por la dirección contraria.
—¡Dios! ¡Santo Merlín! — James se inclinó jadeante al ingresar a los invernaderos de Herbología. Sirius arrojó la capa de sus cabezas con manos temblorosas.
—¡¿Qué carajos acaba de suceder?! — Gritó.
— Lupin realmente está loco. Puede que incluso sea malvado— Concluyó James, sus ojos avellana llenos de pánico— Un niño de once años no debería ser capaz de convocar un Obliviate. Es una maldición complicada e ilegal. Y él lo ha hecho cuatro veces.
—¿Qué les hizo? — Sirius preguntó, sus rodillas abandonando las fuerzas y dejándolo caer al suelo— Antes del Obliviate, me refiero.
— Magia oscura— Respondió James tembloroso— Magia oscura no verbal. Yo no sabía que eso fuera posible.
Se quedaron sentados en completo silencio, ambos tratando de pensar claramente.
—¿Sabes que debemos contarle a un maestro?
— No— Dijo Sirius— Ellos se lo merecían. Atacándolo de tal forma. Él no nos haría nada de eso a nosotros. Solo evitémoslo. No lo pongamos molesto. O quizás ya lo hayamos logrado. ¿Crees que ya nos ha lanzado un Obliviate?
James tembló, pero negó: — No. Estaba aterrorizado. ¿No viste su cara? Esta fue su primera vez.
— Se ha vuelto loco. ¿No viste sus ojos?
Paso un largo tiempo hasta que pudiesen calmarse y regresaran a la torre de Gryffindor. Lupin volvió mucho tiempo después y se fue directo a la cama. Sirius sentía su corazón palpitar con miedo hasta oír un característico sonido ahogado que venía de la cama del pequeño. Eran sollozos. Probablemente Lupin estuviera poseído. Tal vez sintiera culpa. Pero Sirius no podía quitarse de la mente aquellos amarillentos y feroces ojos que lograron traerle terror a la cara aristocrática de Malfoy.
Y así fue el resto del año para ellos. James, Sirius y Peter evitaban a Lupin con más ganas que antes y Lupin parecía tan ensimismado que no lo se los ponía difícil. Sirius ya no lo observaba, temeroso de lo que el chico podría hacerle si lo pillaba y se molestaba.
Él, James y Peter se metieron en planear, hacer bromas y ganarse detenciones. El verano vino con ellas, y así el final del año. Los estudiantes montaron el expreso de Hogwarts y fueron llevados de regreso a la estación 9 ¾.
Mientras Sirius bajaba del tren y se dirigía a su madre con expresión agria arrastrando su baúl, denotó a Lupin viéndose encogido, enfermo y flacucho cerca de un alto, fornido y peli negro hombre.
El hombre agarró el brazo de Lupin que todavía se encontraba cubierto por un suéter pese al calor. Le subió la manga y Sirius evidenció más de aquel marcado brazo de lo que alguna vez había sido capaz. Su traicionero corazón se rompió en compasión. El hombre revisó que nadie los observará, luego rebuscó en sus bolsillos y sacó algo en la palma de sus manos que presionó contra la piel de Lupin. El chico se puso pálido y se mordió el labio. Sirius de hecho pudo ver un hilillo de sangre que llegaba a su barbilla ahí donde los dientes habían roto la piel.
El hombre se inclinó y le murmuró al oído a Lupin, quien asintió sumiso. Su brazo fue soltado y se quedó parado temblando. Pero entonces volvió a bajar su manga y cogiendo su baúl siguió al hombre para salir de la plataforma.
