Disclaimer. Los personajes presentados no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. Historia creada sin fines de lucro.


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Capítulo 12 Retrospectiva Parte I "Imprevisible"

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"La vida es un juego con probabilidades terribles; si fuera una apuesta no intervendrías en ella. (Tom Stoppard)"

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Una sola decisión cambia el resto de nuestras vidas, un segundo basta para transformar todo aquello que creías conocer... lo que creías ser, se esfuma ante tus ojos.

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6 años atrás…

Lunes 25 de Diciembre

Dio un último vistazo a la fachada de la casa Tendo, observó el lugar memorizando cada recoveco de su estructura, hasta la más mínima grieta se guardó entre sus recuerdos; su mirada instintivamente buscó por última vez la ventana de la habitación de Akane, al fin tomó aire y comenzó su camino.

Por su mente pasaba casi como una película muda todos los acontecimientos desde que su padre y él volvieron de entrenar en la montaña, el casi beso con Akane en Dojo, su infructuoso día buscando a Ryoga para ir juntos a China, y esa desastrosa "conversación" con su prometida, parecía que todo le estaba saliendo mal…

Detuvo sus pasos y por una fracción de minuto supuso que todo eso era un error… tal vez no lo estaba pensando con claridad, que estaba siendo impulsivo de nuevo, la duda subsistió, botó aire muy lentamente y dio media vuelta, empezó el retorno de nuevo hacia el Dojo, había avanzado muy poco hasta que chocó en seco contra algo o alguien.

―¡Fíjate… pedazo de idiota! ―masculló entre dientes mientras se ponía en pie y sacudía sus ropajes llenos de polvo y tallarines.

―¡Fíjate tú…! ah Mousse, nunca deberías salir sin tus lentes ―respondió levantándose de un salto del suelo.

―Pues tú no deberías estar corriendo como loco, Saotome ―replicó ajustando sus gafas sobre el puente de la nariz.

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Ranma lo observó por un par de instantes y una idea empezó a germinarse en su mente, una idea que se afianzaba firme como la hierba mala, una idea no muy buena… pero él como iba a saberlo en ese momento, para él esa idea era perfecta.

―Mousse… ―empezó a hablar en tanto se colgaba la mochila al hombro― ¿tienes algo que hacer?

―Algunos trabajamos, Saotome ―le contestó de mala gana.

―¿Incluso hoy? Vaya… la paga debe ser muy buena. ―Contestó Ranma sarcástico, bien sabía que al pato lo trataban como a un esclavo― sólo serán unos minutos… ―completó mudando su voz a una más tranquila y conciliadora.

Mousse lo miró entrecerrando sus ojos, pero ese gesto quedó totalmente desapercibido para su contraparte pues nada se veía a través del grueso cristal de los anteojos.

―Bien ―señaló de mala gana. Recogió del piso la caja que contenía los fideos que yacían regados en todas direcciones.

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Los chicos se encaminaron en dirección a un terreno baldío en un punto intermedio entre la zona comercial y la zona residencial del lugar. Ranma botó su carga cerca de un gran árbol que por las fechas estaba totalmente deshojado, tomó lugar a unos centímetros de este, Mousse imitó el accionar de su contraparte.

―Adelante ―habló Mousse uniendo sus manos baja su blanca túnica, la tarde empezaba a refrescar anunciando una segura nevada, la primera de la temporada.

―Seré directo… este día partiré rumbo a China y…

―Ohhh, eso es maravilloso… te deseo un buen viaje ―interrumpió Mousse bastante emocionado ante tales noticias.

―Cállate y déjame hablar… pato ―escupió lo último en tono burlón.

―Mira tú…

―Ya, ya… la cosa es… tú podrías venir conmigo y así buscar la poza del hombre ahogado ―propuso con total seguridad.

Mousse sopesó la propuesta, no emitía ningún sonido, pero se rascaba la barbilla lentamente. ―Aunque tu propuesta suene tentadora… no me interesa. ―Respondió secamente, guardando sus manos nuevamente.

Ranma frunció el ceño ¿cómo demonios no le interesaba?. ―Es que te gusta ser un pato… nunca pensé que fueras tan mediocre ―masculló exasperado levantando la voz.

Mousse le dedicó una sonrisa extraña y meneó la cabeza muy despacio. ―Ah Saotome… mis razones van más allá de algo tan banal ―replicó orgulloso.

Ante esas palabras, Ranma no pudo evitar arquear una ceja. ―¿A qué te refieres? ―quiso saber, ahora él estaba muy intrigado ante tal respuesta, ¿qué no lo más importante era ser normal? se lo pensaba muy en serio.

El chico pato sacó sus manos de entre las mangas y las apoyó sobre sus piernas cruzadas, inclinó el torso hacia su interlocutor de manera amenazadora.

―No iré a ningún lado… no sin Shampoo ―sentenció claro y fuerte.

Ranma le dedicó una mirada de incredulidad y su boca se contorsiono en una mueca de disgusto.

―Aparte de ciego… ESTÚPIDO ―lanzó furioso agarrándolo con fuerza de la túnica, ahora era él quien se mostraba amenazante.

Mousse le propinó un manotazo obligándole a soltarlo y se percató por primera vez en el vendaje que cubría toda la mano derecha de Ranma.

―Me das pena Saotome… tú nunca entenderías, nunca conocerás lo que se siente amar de verdad…

―¡JA! y me dirás que tú sí, esas son BOBERÍAS y más cuando ella ni siquiera repara en tu miserable existencia ―interrumpió colérico Mousse, ¿amar? oh vaya que él sí sabía, lo sentía, por eso iba a buscar su libertad, ser libre de la maldición.

―Bueno. Por lo menos yo sí tengo el valor de decir lo que siento… no como otros, que son simples cobardes ―acusó a Ranma señalándolo con el dedo.

―Dices boberías… de que sirve tanto supuesto "amor" si no eres nadie para ella… si eres sólo un fenómeno, me das pena ―habló a media voz, sus palabras no iban dirigidas a Mousse, por supuesto que no, sino a él mismo y eso le provocó un estremecimiento espantoso.

―Algún día seré digno de merecer el amor de Shampoo… pero yéndome, jamás lo conseguiría. Me quedo, aunque eso signifique permanecer siempre con esta maldición ―puntualizó― así que Saotome… te deseo suerte ―finalizó.

Él hombre de melena larga tomó su contenedor y se dispuso a abandonar el sitio.

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Ranma lo observó con detenimiento mientras se alejaba del terreno baldío, ¿es qué era tan difícil entender?, un "No", no era concluyente, se levantó del suelo, volvió a colgarse su mochila y fue tras Mousse.

―Anda Mousse… sólo serán unos meses, seguro cuando Shampoo sepa que ya eres normal no tendrá problema en aceptarte como prometido… ―hablaba al azar, en ese momento diría cualquier cosa con tal de convencerlo, pero Mousse era un tipo testarudo.

―No, es NO Saotome, es que no entiendes… ―masculló visiblemente irritado― además… para qué quieres que vaya contigo… ¿umm? acaso no eres lo suficientemente hombre para hacerlo solo.

―¡Claro que lo soy! es más no te pediría nada… sino es porqué…

―¿Por qué? ―quiso saber, así que detuvo su andar y espero la respuesta de Ranma.

―Pues… ―exhaló aire abruptamente― tú hablas chino ―respondió de mala gana, resaltando lo obvio.

Mousse levantó sus anteojos y los puso sobre su cabeza, se sobó con fastidio el puente de la nariz por espacio de segundos.

―Así que tu supuesto interés en que me cure… es sólo por conveniencia.

―No te lo pediría si no fuera de vital importancia… no quiero que vuelva a ocurrir algo semejante a cuando mi padre me llevó a China y no tenía ni la más mínima idea de nada. ―Respondió irritado cruzándose de brazos.

―Humm, pues sigue sin interesarme… consíguete a otro incauto que te sirva de intérprete ―contestó sin cambiar el tono calmado de su voz.

Ranma lo miró con los ojos entrecerrados. ―Sí… tienes razón, tal vez se lo pida a Shampoo… ella nunca me negaría nada ―arrojó con desprecio, ni en un millón de años cumpliría con esa amenaza, pero esa era su mejor jugada.

Mousse se acercó amenazadoramente hasta Ranma. ―Ni se te ocurra…

―Entonces acompáñame, será poco tiempo lo prometo ―replicó esperanzado.

―No, y tampoco le dirás a Shampoo… tal vez después de que te vayas, ella vea realmente lo poco que vales y decida darme una oportunidad ―manifestó confiado, sí, en el imaginario del chico pato esa era una posibilidad, una que a cada momento tomaba más realidad.

Ranma desistió, todo su cuerpo lo expresó soltando aire pesadamente y relajando la postura. ―Si eso crees… allá tú y suerte con esa batalla… aunque dudo que tengas posibilidad alguna, es sólo una pérdida de tiempo… pero, como quieras ―observó con ironía encogiéndose en hombros.

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No muy lejos de ahí… sólo a unos cuantos pasos, Shampoo se dirigía camino al Dojo Tendo, entre sus manos llevaba un pequeño paquetito de galletas envuelto en una tela con motivos navideños; ella y su abuela no solían festejar la navidad, pero eso no impedía su insulsa necedad de obsequiarle algo al que durante muchos años ha considerado su prometido y el único hombre que ha amado de verdad, su rostro portaba una sonrisa alegre y entusiasta que le conferían un aire encantador, iba muy concentrada en sus propios pensamientos hasta que a sus oídos llegó el sonido de aquella voz que le hacía estremecerse hasta los huesos, se encaminó a escondidas al lugar de dónde provenía.

Ahí, escondida en cuclillas tras un poste de luz, agudizaba el oído, su expresión era de completo asombro ante aquella conversación que ya no era privada. A su mente llegó la brillante conclusión… sí Ranma le pedía ayuda, seguro que ella se la daría y si no lo hacía... bueno, lo seguiría hasta el fin del mundo, porque al fin de cuentas él era su prometido y nada ni nadie, mucho menos Mousse, podrían impedírselo. Por lo tanto ya no vio necesario ir al Dojo Tendo, se levantó de un salto dejando en el suelo su obsequio totalmente en el olvido y se fue corriendo de vuelta al Nekohanten.

Entró al lugar bastante feliz para controlarse, ese día habían optado por mantener el lugar cerrado, sólo habían mandado a Mousse a entregar pedidos que se habían solicitado desde el día anterior, así que el lugar estaba solo y callado.

―¡ABUELA! ―gritó a todo pulmón, claro lo que le permitía su agitado pecho después de haber llegado corriendo. Pero no hubo respuesta, la amazona camino lentamente hasta la cocina del café, ahí no había nadie. Su abuela no le había dicho que saldría, se encogió en hombros restándole importancia al asunto, ahora tenía algo más importante que hacer.

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Llegó a su habitación con prontitud, de su armario sacó su mochila de viaje, empezó a sacar una multitud de prendas para el invierno, pues sabía que en China el clima era mucho más mordaz que en Japón. Sacaba cuanta ropa pudiese necesitar hasta que de pronto se topó con el que sería su vestido de novia el Qun Gua* que había comprado en su cumpleaños número 19, una sonrisa radiante se dibujó en sus labios…

Para Shampoo no había mejor señal que esa, era su oportunidad y nadie impediría su cometido. Terminó de guardar sus cosas y esperó paciente la llegada de su abuela…

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Alrededor de las cuatro de la tarde su paciencia se había esfumado por completo; su abuela no había dado señal alguna y aunado a que Ranma aún no se había presentado en busca de su ayuda, estaba por completo estresada y nerviosa.

Bufó aburrida y se decantó por bajar para comer algo, pues con las prisas ni siquiera se le había pasado por la mente alimentarse.

―Abuela… ―volvió a musitar, pero estaba claro que su bisabuela todavía no volvía. Encendió la estufa y calentó un tanto de ramen que había preparado por la mañana.

―¡Hola! ―gritaron desde la entrada.

Al escuchar ese llamado, la chica salió al encuentro de aquella persona, pero su rostro se transformó en una mueca de repugnancia al ver al dueño de aquella voz.

―Ah… eres tú ―habló en tono sibilante.

―Sí querida Shampoo ―respondió feliz― ¿estabas esperándome? ―preguntó ilusionado llegando hasta el lugar donde se encontraba la amazona.

―¡Ja! no seas tonto… yo esperarte a ti ―le dedicó una mirada fiera― tengo mejores cosas que hacer ―respondió dándose media vuelta, en el proceso golpeó en la cara al muchacho con su larga melena haciendo que él trastabillara y chocara contra una mesa, Shampoo le dedico una mirada de molestia― eres muy torpe ―agregó en tono de burla.

Desde el suelo Mousse dejó escapar un suspiro lastimero. ―Y el mono seco ¿dónde está? ―preguntó incorporándose.

―Abuela no está, y no me dijo nada ―respondió en un grito desde la cocina.

―Entonces ¿puedo tomar un descanso? ―inquirió ante la respuesta de su amada chica, todo el día de ayer y parte de la mañana de este, se lo había pasado haciendo entregas casi por toda Nerima y en verdad estaba profundamente agotado.

―Haz lo que quieras… ―le respondió de mala gana saliendo de la cocina, en sus manos llevaba un tazón humeante con el ramen que había recalentado, se sentó en una de las mesas de comensales y empezó a comer en silencio.

Mousse seguía de pie mirándola de soslayo, ¿por qué le era tan difícil ser amable aunque fuera sólo un poquito? ¿en verdad le era tan desagradable? meditaba triste.

―Si necesitas algo… lo que sea ¿me llamarás? ―continuó a media voz.

―No necesito nada… y menos de ti… ahora largo que no me dejas comer tranquila ―contestó irritada. Ante esto el chico pato tomó rumbo a su habitación sin decir una palabra más.

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Al cabo de una hora Shampoo estaba como un energúmeno, caminaba de un lado a otro con los brazos firmemente cruzados bajo su pecho y un puchero en los labios, su bisabuela no llegaba, Ranma aún no la buscaba y tampoco nada podía preguntarle a Mousse sin que sospechará de sus planes.

Después de unos minutos de "reflexión", la chica subió a su habitación, se sentó a la orilla de su cama y de la cajonera extrajo un bloc de notas y un bolígrafo, se apoyó en la planicie del mueble y empezó a redactar una carta, una, que iba dirigida a su abuela, en ella exponía una verdad que Shampoo imaginó que en breve se cumpliría, firmó la misiva y la dobló con sumo cuidado.

Se dirigió a los aposentos de la anciana amazona y escondido entre unos viejos libros dejó el papel que a simple vista podía ser insignificante y que bien sabía Shampoo, Mousse no lo encontraría.

Se colgó la mochila a los hombros y bajó al restaurante, un sentimiento de nostalgia la invadió por unos momentos, jamás creyó irse así, ella pensaba salir de ahí convertida en la señora de Saotome, pero esa era una oportunidad que no iba a dejar pasar tan fácilmente, así que espantó esos sentimientos de debilidad y abandonó el lugar.

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Su brillante plan desde hacía horas, se había ido al demonio; viajaría solo, eso estaba más que claro, su objetivo era llegar hasta Gotō en la prefectura de Nagasaki en al menos 15 días, podría ser en menor tiempo, si y sólo si, viajará en tren o en avión, pero ni loco se subiría en una de esas cosas, así que llegaría a pie, además de que únicamente llevaba consigo alrededor de 20,000 yenes que sólo pensaba en utilizarlos para su comida.

La noche lo alcanzó en un punto cercano a Hino, realmente había avanzado muy poco y su estómago clamaba alimento desde mucho rato atrás. Así que optó por tomar un descanso y una porción de alimento, se decidió por un lugar medio boscoso que estaba alejado de las casas, armó su tienda de acampar y encendió su pequeña estufa. Su comida consistió en un ramen instantáneo que le supo a todo, menos a comida… había elegido mal y no sólo la comida.

Recogió sus enceres y se adentró en la tienda, el sueño tardó en llegar y fue bastante superflúo…

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Había recorrido un buen tramo en dirección a la estación de trenes, cuando una realidad le golpeó bruscamente, ¿qué dirección tomó?... lo más fácil era, por supuesto, el aeropuerto así llegaría en unas cuantas horas a China… pero ¿si optó en viajar en tren? ¿cuál dirección tomó? se sentía confundida, eso no lo había previsto… así que decidió que el azar le diera la respuesta, lanzó su moneda de la suerte, una que era tan antigua como su misma tribu…

―Ser en tren… ―murmuró y se adentró en la estación de Oizumi-gakuen.

Mientras viajaba en dirección desconocida, la chica amazona imaginaba su prometedor futuro al lado de Ranma, estaba extasiada hasta decir basta, lo denotaba su sonrisa y ojos brillantes, estaba perdida en sus pensamientos hasta que una voz que provenía del altoparlante del tren le hizo volver a la realidad. Anunciaban que pararían el convoy por un pequeño desperfecto y los invitaban a transbordar a otro que los esperaba en la siguiente estación, lo demás que dijo ya no le importó a la amazona, finalmente optó por que ese sería su destino, ya mañana retomaría el camino en busca de su àirén.

Camino despacio en dirección a las máquinas dispensadoras de golosinas, compró unas tantas y una bebida caliente de durazno, el frío estaba cada vez más denso por lo cual no pudo evitar castañear los dientes en cuanto estuvo fuera de la estación. Caminó sin rumbo definido, había gente pero no tanta, necesitaba encontrar pronto un lugar donde dormir.

En poco tiempo y acostumbrada a caminar largas distancias, había llegado cerca de la estación Mogusaen, decidió buscar un lugar para pernoctar cerca de esa estación y ya mañana continuaría con su travesía. Estaba por llegar al lugar que le habían indicado cuando pidió informes sobre un hostal cercano, cuando sus rojizos orbes captaron un fulgor como de una fogata o símil, pues parecía ver un globo de papel entre los árboles aunque diminuto por la distancia, algo en su interior le alertó ¿podría ser? y desistió de ir al sitio, camino directo hacia la zona boscosa.

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Muchas veces su abuela le había dicho que su curiosidad podría ponerla en aprietos algún día, pero esta vez agradecía tenerla, el lugar estaba en silencio, al menos de ruidos humanos, cerca de un claro y a resguardo detrás de unas rocas enormes, estaba montada una casa de acampar, anduvo sigilosa similar a su forma maldita, dejó su carga y procedió a abrir el cierre de la casita, no sin un poco de temor…, sus ojos brillaron como rubíes, ahí estaba él… profundamente dormido, se adentró por completo en el lugar dejando afuera sus pertenencias; él dormía de costado por lo que la amazona se acomodó detrás suyo abrazándolo hasta quedar dormida plácidamente junto a su querido Ranma.

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―Akane… ―hablaba entre suspiros dolorosos, aún profusamente dormido. Al cabo de unos minutos y alejándose de sus sueños paulatinamente, sus ojos se abrieron enormemente al darse cuenta que no se encontraba solo, por un instante creyó estar en la casa Tendo, su imaginación voló tan rápido pensando qué quien estaba con él, era su prometida.― Akane ―volvió a decir en voz muy baja girando sobre su costado hasta estar frente a ella, se apartó de un brinco, su expresión era de completo desconcierto.― S-Shampoo… ¿qué haces aquí? ―acotó espantado ¿cómo demonios llegó ahí?

―Buen día àirén ―respondió adormilada bostezando despacio.

Ranma negó con la cabeza. ―¿Cómo me encontraste? ―preguntó al azar.

La chica se incorporó reposando su peso sobre su brazo izquierdo y sonrió ensoñadoramente. ―Con mi amor ―respondió intentado tocar al muchacho.

El chico no salía de su estupefacción. ―Tú… tú estás ¡LOCA! ―escupió agresivo.

Shampoo se incorporó por completo sentándose sobre sus talones. ―¿Loca?... ―respondió en pregunta― sí… por ti àirén ―habló segura.

―No digas estupideces, niña tonta ―farfulló saliendo del lugar.

La amazona salió detrás de él. ―Mi amor no ser estúpido ―vociferó dolida con un puchero de niña.

―Pues no lo veo de otra forma…

―Ya àirén… ―habló mediadora avanzando hacia él― podemos ir ya a China ―continuó logrando afianzar una de las manos de Ranma

Él apartó la mano con molestia. ―¿¡QUÉ!?... ¡qué tontería dices!… yo no iré a China ―mintió intentando salir de ese lío.

La amazona entrecerró los ojos. ―Shampoo no ser tonta… ayer escuchar conversación entre àirén y pato tonto… y decidir ir contigo ―respondió resuelta.

―Yo no te lo pedí…

―No ser necesario… Shampoo estar donde àirén y nadie impedírselo ―puntualizó interrumpiendo a Ranma y cruzándose de brazos.

―¿Acaso has perdido la razón? NO QUIERO QUE VENGAS CONMIGO ―alegó sonando más agresivo de lo que quería.

Shampoo soltó un suspiro triste y de sus ojos comenzaron a rodar un mar de lágrimas. ―¿Por qué ser tan cruel conmigo? ―preguntó entre sollozos.

Ranma se sintió incómodo y bastante culpable, odiaba ver llorar a las personas y más si él era el causante. ―Por favor… no llores ¿sí?... ―medio balbuceó― vamos Shampoo… no me gusta verte así… ―habló tomándola por los hombros.

La chica amazona lo observó a través de sus acuosos ojos. ―Te amo tanto… iré a donde vayas ―murmuró uniendo sus manos en tono de súplica.

Él tragó en seco, ¿por qué últimamente todo le salía mal? se preguntaba y a su mente llegó el recuerdo de Akane llorando de la misma forma que Shampoo, se le ocurrió la idea de decirle las mismas palabras, rogando que surtiera el mismo efecto.

―Escúchame bien Shampoo… este viaje lo tengo que hacer solo, tú únicamente me retrasarías…

―Shampoo también querer curarse ―replicó segura irrumpiendo las palabras del chico.

―Sí, pero… ―titubeó― tengo que ir solo… ―balbuceó, en realidad sus argumentos ya no eran válidos ante las palabras de la amazona.

―¿Por qué? acaso temer a chica violenta…

―NO…

―Entonces no ser problema que Shampoo vaya ―afirmó en voz y con la cabeza.

―Entiende Shampoo… no quiero que vengas conmigo ―habló sin ganas, Shampoo era necia.

―Yo poder servirte de traductora ―ofreció, estaba segura que esa oferta no la rechazaría.

Ranma bufó exasperado, claramente la lengua natal de Shampoo le sería de vital apoyo, sus argumentos se fueron lejos, muy lejos y su inalterable postura se vio endeble.

―Bien… ―medio masculló.

El rostro de la chica se iluminó por completo. ―¡Yeiii! ―gritó dando saltitos de felicidad― Shampoo ser muy feliz, verás como tú también serlo… yo te alimentaré y cuidaré…

―HEY, espera… si acepte es sólo porque hablas chino y porque tú también buscas la cura… nada más, así que ni se ocurra hacer algún truco extraño… ¿de acuerdo? ―sentenció sin un ápice de broma, tenía que dejar las cosas muy claras con la amazona.

Shampoo iba a replicar, pero no lo vio necesario, ya habría tiempo de sobra para conquistar el indomable corazón de su àirén, por vez primera la balanza se inclinaba a su favor y no iba a precipitar las cosas.

―Como digas àirén ―respondió con voz neutra levantando un hombro.

―Deja de llamarme así… ―masculló entre dientes.

La muchacha frunció el ceño y los labios. ―Ser necesario àirén ―habló con una voz sumamente aguda. Ranma achicó la mirada en forma de advertencia hacia la amazona― de acuerdo… Ranma ―finalizó constándole mucho más de lo que se imaginaba.

Ranma suspiró cansinamente. ―Pues andando…

―¿Hacia dónde ir? ―preguntó levantando su mochila.

―Hasta la prefectura de Nagasaki y de ahí a la isla de Gotō, estando ahí pues… ya veremos como cruzar hasta China ―resumió su mal planeado itinerario.

―No ser mejor ir en avión… ser más rápido ―habló curiosa ante las palabras del chico.

―No ―respondió sin ganas― además… pues yo…

―Tú no tener dinero… ¿cierto? ―interrumpió.

Ranma se puso rojo hasta las orejas, la chica había dado en el clavo. ―No mucho, además aborrezco esos armatostes ―farfulló casi en un grito.

―Oh… ―atinó en decir― pero poder viajar en tren hasta Nagasaki, yo tener dinero… no ser mucho pero servir ―ofreció a su eterno amor.

―No…

Shampoo se cruzó de brazos. ―No querer mi ayuda ―reclamó molesta.

―Eso no es… yo

La amazona levantó una ceja ante la sorpresa. ―Ah, ya ver, no insistir… pues andando... Ranma ―concluyó, entendió claramente el desagrado del chico por viajar en cualquier vehículo motor.

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Enero

El tiempo siempre ha sido relativo; para aquellos que quieren que corra veloz , parece andar en sentido contrario… para los que esperan que fluya lento, en un abrir y cerrar de ojos ya se ha terminado un mes hasta un año… y para los que no esperan nada o creen no esperar nada, el tiempo fluctúa dependiendo de su humor. Para Ranma el tiempo fue desalmado, y ya habiendo pasado más de 20 días aún faltaba mucho para llegar a Nagasaki.

Siendo ya 18 de enero se encontraban en la prefectura de Yamaguchi, no había nevado aún, pero la temperatura descendió varios grados, aletargando su cuerpo y ganas, eso significó un retraso más en su itinerario, el ánimo de Ranma estaba cada vez más por el suelo y se comportaba más arisco con la mujer amazona, su mísero presupuesto estaba por agotarse, al igual que su paciencia.

―Debemos buscar lugar para dormir ―interrumpió la amazona los meditaciones de Ranma.

―Mmm… ¿dijiste algo? ―habló en tono plano con su vista fija en la completa nada, mientras avanzaban por el sendero.

Shampoo botó aire con exasperación. ―¿Es qué no oyes? tú siempre ignorarme…

―Puedes volver… ―habló entre dientes.

―¡Ushh! Shampoo no volver… buscar lugar donde dormir, hacer frío y yo necesitar un baño caliente ―habló rápido tropezando las palabras más de lo normal.

Ranma detuvo su caminar y expelió aire formándose un montículo de vaho alrededor de sus labios.

―Ya no tenemos dinero… no quiero desperdiciar lo poco que me queda ―habló con voz ronca, desde días atrás tenía un creciente malestar en la garganta y el cuerpo.

―Shampoo tener… ya haberlo dicho antes ―prosiguió enfrentándose a la mirada azul de Ranma.

―Sí quieres puedes ir tú… yo acamparé ―respondió reanudando el camino dejando atrás a su acompañante.

La amazona estaba llegando a un punto de desesperación tal, que su cara lo decía todo, apretó fuertemente sus frías manos formando un puño y dio un salto largo y alto quedando frente al muchacho

―¿Por qué comportarte como un idiota con Shampoo? ―le recriminó clavándole fuertemente su dedo índice en el pecho― Shampoo intentar ser de ayuda y tú ser miserable… y cretino ―habló con voz que tiritaba entre el frío y una mezcla de nervios impropios de la acérrima guerrera.

Él, empezó a sobarse compulsivamente las cienes y apretó los ojos mientras respondía. ―Shampoo… ya habíamos hablado de esto…

―¡SI!, tú querer que Shampoo se vaya… ―decía mientras desviaba su llorosa mirada hacia sus pies― pero no me iré ―finalizó con voz queda.

Ranma suspiró sin ganas. ―Bien… ―respondió ya más calmado.

A ese punto Ranma estaba agotado del viaje, de discutir por cualquier nimiedad con la amazona, del creciente dolor de cabeza y garganta que le achacaban, de las extrañas punzadas en su mano derecha y sí, también anhelaba darse un buen baño.

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Encontraron un lugar, por llamarlo de alguna forma; el sitio estaba apuntalado cerca de la montaña, en un lugar poco accesible al público pero justo para su nulo presupuesto, así que no podían quejarse de nada.

La encargada de registrarlos, era una mujer entrada en años de aspecto amable y voz casi audible, les informó que lamentablemente sólo contaba con una habitación equipada disponible, pero si era menester de los viajeros, podría proporcionarles unas habitaciones un poco más asequibles pero menos habitables, pues tales no contaban con calefacción y la temperatura iba en descenso constante.

Después de otra discusión sin sentido, los muchachos optaron por tomar la habitación equipada, pero solicitándole encarecidamente a la mujer que le facilitará un futon individual para el hombre, la mujer no vio problema alguno y les pidió que esperasen un momento en lo que preparaba la habitación.

La habitación esta lista ―habló la mujer mientras regresaba y se colocaba detrás del recibidor.

―Ser maravilloso… ―contestó veloz Shampoo― ¿dónde estar ducha? ―preguntó ilusionada.

La mujer sonrió, la chica le parecía bastante inocente. ―La habitación cuenta con una, señorita ―respondió de forma cordial.

Shampoo se sonrojó visiblemente ante la obviedad. ―Ser muy amable… ―dijo y se apresuró hacia la habitación. Ranma le dedicó una sonrisa llana a la mujer y una reverencia breve.

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Cuando Ranma por fin llegó a la habitación, se fue directo a preparar el futon donde habría de pasar la noche, el lugar contaba con una pequeña cama individual que iba a ser ocupada por la amazona, por lo demás sólo había un armario, Shampoo por su parte su dirigió con presteza a la ducha, permaneció ahí por espacio de 20 minutos…

La amazona salió envuelta en una toalla y aun desprendiendo vapor de su cuerpo. ―Shampoo necesitar tanto, ahora ser feliz ―acotó sentándose al borde de la cama, mientras secaba su larga cabellera.

―Al menos alguien es feliz… ―masculló él poniéndose en pie, caminó con pereza en dirección a la ducha, Shampoo sólo atinó en suspirar, al menos por esa noche decidió no apelar en nada, sólo quería dormir…

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Ranma entró a la ducha asegurándose de cerrarla a plomo, no quería que la amazona lo importunara. El espejo aún estaba lleno de vaho, limpió una parte de este con la mano, aquella mano que aún permanecía vendada… desde que había dejado Nerima sólo en dos ocasiones había cambiado su vendaje y la última vez había sido varios días atrás, así que de a poco fue sacando la venda...

Un nauseabundo olor empezó a hacerse más notorio conforme la piel quedaba al descubierto, las múltiples cortadas no estaban sanando bien, la piel de su mano tenía un tono rojizo y lucía bastante hinchada en comparación a su mano izquierda, había una herida entre el dedo índice y medio que no recordaba estuviera tan profunda y era la que presentaba peor aspecto, uno casi amoratado. Al cabo de unos minutos de inspección somera de sus cortes, intentó cerrar la mano en puño y un dolor punzante se apoderó de toda su extremidad. Maldijo entre dientes y se sintió como un estúpido, nunca antes había descuidado tanto una herida; al final le restó importancia pues sabía que de alguna u otra forma su cuerpo sanaba bastante rápido.

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Una semana después se encontraban en la prefectura de Nagasaki, cada vez iban más lento, con sólo 1000 yenes de la amazona, estaban quebrados y estando ya tan cerca de la isla de Gotō, Ranma sugirió que la mejor y única forma, dadas las circunstancias, sería cruzar el mar de China nadando…

―Estar loco… Shampoo no poder nadar tanto convertida en gato ―farfulló ante la genial idea de Ranma.

Él se cruzó de brazos. ―Y ¿cuál es tú propuesta? no tenemos dinero…

―Trabajar ―respondió antes de que siguiera con sus pretextos.

―¿Trabajar?... ¿en dónde y de qué? ―respondió con preguntas.

Shampoo sonrió. ―Ahí… solicitar meseras ―acotó mientras señalaba un cartel afuera de un comedor.

―No…

―Sí, ser respuesta, trabajar un tiempo y después viajar a China ―respondió animada, agarró por la muñeca a Ranma y se encaminó con él a la playa, estando frente al mar, él botó aire muy despacio― anda Ranma, convertirte en chica ―apuró al muchacho.

―De acuerdo…

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Por una vez durante su trayecto, la suerte estuvo de su lado, consiguieron el empleo y trabajaron por un período de tiempo corto, la paga no era tan extraordinaria, pero se compensaba con las propinas generosas que dejaban para las "chicas".

Un domingo por la tarde Shampoo iba de vuelta hasta el lugar donde estaban acampando, habían decidido que era mejor de esa forma así podían ahorrar la mayoría del dinero que ganaban. La chica llevaba consigo la comida, la cena y el desayuno del siguiente día, cuando su mirada carmesí se topó con un cartel, sorprendida, lo arrancó del poste con una sonrisa felina.

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―Shampoo estar aquí… ―anunció a todo pulmón en dirección al pequeño campamento.

Ranma salió de su lugar entre bostezos, la amazona había notado que su semblante dejaba mucho que desear, se veía pálido y más delgado; el chico había preferido mantenerse como chica hasta que estuvieran en China, pues pocas ganas le quedaban de estar cambiando a cada momento.

―Muero de hambre… ―lo dijo de dientes para afuera porque de reciente fecha su siempre apetito voraz se había desvanecido por completo.

Shampoo sonrió, supuso que esa era buena señal, esperaba que por lo menos esa vez el chico comiera toda su ración de comida. ―Shampoo tener grandes noticias ―comentó mientras le extendía un contenedor desechable con takoyakis.

Ranma rápidamente se metió uno en la boca. ―Ah, sí… ¿Cuáles? ―preguntó en tanto deglutía el bocado.

Ella hurgó entre sus bolsillos y finalmente sacó un papel doblado en cuatro. ―Mira.

El chico desdobló aquel papel que era una propaganda y lo leyó atentamente. ¿Miércoles? ―preguntó con la vista fija en la hoja.

―Sí, y ya no tener que viajar a Gotō… ferry salir de Hirado por año nuevo chino… y estar con descuento ―apuntó sumamente feliz.

―Suena bien ―respondió a secas.

―Más que bien… ser oportunidad única y llegar en tres días a China.

―Shampoo… ―empezó a hablar un tanto nervioso― t-tú sabes, no me gusta viajar en esas cosas…

―Shampoo saber… y conocer un remedio para miedo de Ranma ―apostilló ante las palabras del muchacho.

―Espero no sea uno de tus trucos raros.

―Eso ofender a Shampoo ―recriminó con una mirada llena de resentimiento.

Ranma torció la boca. ―Lo siento ―terminó disculpándose, hasta ese momento la amazona se había comportado como habían pactado en un principio, así que su desconfianza estaba de más.

―Yo perdonar… entonces trabajar hasta mañana y comprar pases. ―Acotó feliz, por fin estarían camino a China y las cosas pintaban mejor, lejos de Japón su panorama era alentador.

―Bien… iré a dormir un rato más ―finalizó la conversación en tono cansino. Se adentró de nuevo en su tienda y dejó sola a la amazona, ella volvió a suspirar involuntariamente al ver que Ranma había vuelto a dejar más de la mitad de su ración.

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El miércoles por la madrugada, abrigados hasta la nariz, Ranma y Shampoo esperaban en el puerto para poder abordar el ferry que los llevaría hasta el puerto de Shanghái, el chico tenía un marcado tic en la pierna derecha, algo que la amazona jamás le había visto antes…

―Tranquilo, remedio de Shampoo hacer efecto rápido ―habló sacando al artista marcial de su nerviosismo.

―¿Segura? ―preguntó intentando mantener la compostura.

―Sí… andando. ―Habló con una clara confianza.

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La travesía por el mar de China fue relativamente tranquila, similar a andar por las nubes, eso fue lo que Ranma escuchó decir a una mujer mayor, él estaba aletargado, ese era el efecto del remedio de Shampoo, lo hacía sentirse como si flotará y ayudó bastante a controlar su desmedido miedo a viajar, dormía la mayor parte del tiempo, por lo cual no sintió mareos o algo parecido; la amazona procuraba que comiera a sus horas y vigilaba constantemente el efecto de su remedio.

En la noche del segundo día de viaje, la chica se decantó por suprimir la dosis puesto que llegarían a China alrededor de las 3 de tarde del siguiente día y el efecto residual del remedio duraría hasta el mediodía del viernes, y así Ranma recobraría su estado normal justo a tiempo.

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Ranma despertó alrededor de las 11 de la mañana del viernes, su estado adormilado estaba casi evaporado, pero había algo que le hacía sentirse extraño, no eran mareos, ni el nerviosismo por el viaje, era algo diferente, sentía que la piel le hervía, tenía un creciente y profundo dolor situado en todo el lado derecho de su cuerpo y había partes que ni siquiera sentía.

―Shampoo… ―habló en murmullo, su voz sonaba seca y rota― S-Shampoo… ―Fue lo último que dijo antes de desvanecerse por completo.

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Febrero

Nunca antes en su vida se había sentido tan sola, desesperada, y en creciente medida, temerosa, como en ese momento, su cabeza estaba en completo lío, estaba segura que su remedio no le había afectado, no podía afectarle, pero había algo que le hacía sentir que si lo había hecho…

Habían llegado a puerto mucho antes y estaban bajando a tierra firme a Ranma, él estaba cubierto por una manta térmica, su cuerpo se movía en espasmos escalofriantes, Shampoo iba detrás de los paramédicos llevando a cuestas su equipaje y el de Ranma, un miembro de la tripulación ayudó a la amazona con la carga sin ella chistar, estaba completamente ida y retorcía sus manos nerviosamente…

―Señorita, señorita... ¿me escucha? ―habló un hombre suavemente poniendo una mano sobre el hombro de la amazona.

Shampoo se puso en actitud defensiva. ―¿Qué quiere? ―farfulló dedicándole una mirada retadora.

―¿Se encuentra bien?, ¿usted acompaña al joven? ―preguntó pausadamente.

―Sí, ¿por qué? ―espetó aun desconfiada, pero su voz estaba un poco más relajada.

―Puede venir con él en la ambulancia ―ofreció el paramédico. La amazona lo miró agradecida y asintió, pronto partieron en dirección al hospital.

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Mientras su cuerpo luchaba por despertar y regresar al mundo de los vivos, su mente en cambio, prefería ese mundo onírico del cual era participe y creador, se conformaba con estar ahí, solo, sin nadie que perturbara su estado de observador. El sueño se repetía, la veía sentada en una banca en un parque de Nerima, ataviada en un vestido blanco que le confería un aspecto sublime e irreal, su postura no permitía verle el rostro, pero Ranma sabía que era ella, aunque siempre prefería permanecer alejado; una de tantas veces decidido salir de su "escondite", avanzó hacia ella con pasos inciertos y llegó a su espalda, tomó con su temblorosa mano el desnudo y blanco hombro de la chica, la sensación que le transmitió su piel era de un frío similar al hielo y ante sus ojos se desmoronó por completo el cuerpo de Akane.

Eso basto para que decidiera abandonar su estado, sus ojos de a poco se abrían con pesadez, la blanca y brillante luz nublaba su visión haciendo que apretara los ojos cada tanto, no había sonido alguno, no al menos uno que pudiera distinguir, un murmullo lejano lo trajo por completo de vuelta al mundo.

La distinguió en el pasillo, un hombre que vestía una bata blanca y portaba unas gafas hablaba con ella, la chica asentía mansamente con la cabeza. La boca del chico estaba entreabierta e intentaba en vano liberar su voz.

―S-Sham…poo ―pudo musitar al cabo de varios intentos, pero su voz era casi nula, y su cuerpo clamaba dormir otra vez.

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Por fin su estado de alerta cobró más terreno, no sentía igual de cansado su cuerpo y sus párpados se abrieron con mayor facilidad, las blancas luces estaban ausentes y el sonido era más claro sin llegar a ser abrumador, cuando sus ojos se habituaron a la oscuridad pudo distinguir el lugar.

En un sofá, acurrucada y cubierta con una manta estaba Shampoo. Un quejido quedo escapo de su garganta en lugar de su voz, la chica amazona se removió un poco, Ranma logró carraspear un poco más fuerte haciendo que la mujer despertara por completo.

―¿Ranma? ―preguntó bajito sentándose al borde del sofá.

―¿Dónde… dónde... ―intentaba hablar.

―Estar en hospital… tú haber estado muy grave ―respondió ante las preguntas no formuladas.

―¿Por qué? ―logró decir tan lento, pero más audible.

―Una infección… Shampoo creer que tú morir ―habló con voz quebrada situándose a un costado de la cama, sin atreverse siquiera a tocarlo.

Él estaba aturdido, quería preguntar tantas cosas, pero simplemente no podía.

―¿Qué día es? ―volvió a preguntar al cabo de un tiempo.

―Ser sábado…

―Humm… al menos sólo fue un día ―interrumpió un poco más calmado.

Shampoo camino hasta la puerta, en un costado estaba el interruptor de luz, presionó el botón y una brillante luz rodeo la habitación haciendo que Ranma cerrará los ojos, la chica suspiro pesadamente antes de hablar.

―Pasar una semana… tú no querer despertar ―murmuró compungida.

En su rostro se dibujó el desconcierto de su mente, ¿una semana? realmente estaba confundido. ―No entiendo ―balbuceó.

―Mañana doctor explicar mejor… intenta descansar ―pidió con voz suave y sin moverse ni un centímetro de su posición junto a la puerta.

Ranma la miró con detenimiento, Shampoo se veía ojerosa, pálida y desprolija. ―Tú ¿estás bien? ―preguntó finalmente.

―Ahora, sí… ―respondió formándosele un nudo en la garganta, no pudo evitar que varias lágrimas escaparan de sus ojos.

―De acuerdo… vuelve a dormir ―puntualizó con un ligero bostezo. La chica asintió y volvió a dejar el cuarto en tinieblas.

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Según las palabras del médico, Ranma tuvo un cuadro de sepsis derivado de la herida infectada de su mano derecha, entró en un estado de inconsciencia por la fiebre que presentaba, recibió primeros auxilios dentro del ferry, al llegar al puerto fue llevado de emergencia al Hospital Ruidong, ahí durante varios días su cuerpo fue tratado por antibióticos que frenaran el avance de la infección, afortunadamente el tratamiento surtió el efecto deseado.

En cuanto a las heridas de su mano, todas fueron curadas, sólo una necesito cirugía ya que presentaba daño en la hipodermis, durante el procedimiento descubrieron que no había daño en ningún nervio periférico, pero sí en el tendón cercano al dedo índice, por lo que necesitaría una nueva cirugía. Ranma recibió las noticias como si de alguien más se tratara, oía sin realmente hacerlo, así que simplemente se limitó a asentir con la cabeza. La cirugía de tendón estaba programada en un lapso no mayor a dos semanas.

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Shampoo estaba más que consiente de que no podía solventar la cirugía, el poco dinero que lograron juntar, se había agotado con todos los gastos que se iban sumando, la chica había vendido unas alhajas que por alguna razón llevó con ella, sus opciones se acababan. Un día sin más remedio, sacó de su equipaje el objeto de mayor valor que poseía, su Qun Gua, tal vez no le darían ni la mitad de su valor original, pero a esas alturas, a la amazona poco le importaba.

Los siguientes días corrieron lento, la cirugía de Ranma estaba programada para el sábado y apenas era lunes, Shampoo se pasaba la mayor parte del tiempo evitándolo pues el chico tenía un humor pésimo y no era por demás, pero en ocasiones ella no soportaba tanto; ese día caminaba sin prisas, disfrutando sólo un poco de la ciudad que estaba abarrotada pues aún seguían los festejos del año nuevo chino.

Su mirada quedó prendada en un espectáculo de acróbatas chinos, llegó hasta adelante, se posiciono frente al escenario para observar dicho evento…

―¿Hay algún voluntario? ―preguntó de pronto un hombre que vestía con un hanfu blanco con detalles en verde seco. La multitud empezó a murmurar, las acrobacias eran bastante complejas para el vulgo.― Anímense, tenemos un premio de 3000 yuanes, para un valiente entre el público ―continuó animando el hombre.

―Yo… ―gritó la amazona situándose de un salto sobre el escenario, no se lo pensó dos veces, cualquier ingreso era bueno y la oportunidad no la iba a despreciar.

―Maravilloso señorita ―comentó el hombre― pero no será sencillo ―continuó con un deje de regodeo.

―No espero menos…

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El espectáculo fue un rotundo éxito, la amazona dio muestra de su gran agilidad y disciplina y como no se trataba de un combate, no sufrió ninguna molestia, por el contrario, eso le ayudó a ponerse de un humor mucho más relajado. Finalmente el hombre entregó el premio ante la multitud eufórica, que después de la muestra comenzó a diseminarse para continuar con los festejos. La amazona se preparaba para partir del lugar, cuando el presentador detuvo su paso.

―Eso fue muy impresionante… ―habló con un tono de voz indescifrable.

Shampoo lo miró con desconfianza. ―Gracias ―respondió simplemente.

―¿Dónde has entrenado? ―preguntó sin tacto alguno.

―Gané el premio limpiamente ―espetó del mismo modo la chica.

―No me mal interpretes… ―se excusó rápidamente― es sólo que… alguien como tú sería maravillosa en nuestro espectáculo ―finalizó.

―Humm, no estoy interesada ―respondió emprendiendo la marcha.

―La paga es buena…

―Cómo va a serlo, si están dando el espectáculo gratis ―interrumpió al hombre.

―Únicamente fue hoy para darnos a conocer, pero te aseguro… es dinero seguro y eres muy talentosa.

Shampoo dudaba, pero era una gran oportunidad, nada perdía con intentarlo.

―Si acepto… ¿puedo irme cuando quiera? ―preguntó sin más rodeos.

―Por supuesto, tienes mi palabra ―contestó con una sonrisa franca.

―Bien…

―De acuerdo, mañana te espero a las 7 de la mañana… ―dijo y se alejó dejando sola a Shampoo.

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La cirugía de tendón salió bien y la recuperación de Ranma iba viento en popa, la amazona logró solventar parte del coste con su nuevo "empleo" el cual era totalmente desconocido por el artista marcial, él por su parte sólo se la pasaba comiendo y durmiendo, al menos ya había recuperado su apetito característico.

Shampoo ya no se sentía incómoda ante Ranma, por lo que ya no rehuía de su compañía y él tampoco estaba tan arisco con ella, pero aún continuaba retraído, siempre se veía triste y deprimente, ese estado se intensificó cuando el médico le dijo que tenía que tomar terapia de rehabilitación para volver al estado normal de su mano o lo más cercano a lo que era. Los chicos recibieron la noticia como un balde agua fría, eso implicaba más gastos y su estadía en Shanghái sería por tiempo aún no definido.

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Shampoo por su parte propuso a su empleador montar un espectáculo en donde ella demostrará sus habilidades combativas, quizás eso ayudaría a acarrear a más espectadores. La exhibición fue un rotundo éxito, inclusive se presentaron solicitudes de combatientes, tanto hombres como mujeres, que querían enfrentarse a la amazona, ella en un principio se mostró renuente pero al conocer los beneficios económicos de tal empresa, se decantó por acceder.

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Domingo 18 de Marzo

Era un día muy frío, la temperatura había descendido bastante más en comparación al pronóstico dado y la exhibición de esa mañana estaba totalmente abarrotada, la amazona se había vuelto bastante popular y a pesar de que la temporada turística había finalizado, las entradas se habían vendido por completo, aunque sería en un lugar abierto con posibilidad de fisgonear sin pagar. Su oponente era una chica que según el señor Huang era muy fuerte y ágil y se rumoreaba pertenecía a una tribu nómada de Mongolia compuesta por guerreros muy poderosos, pero eso no impresionaba a la chica.

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Shampoo estaba exhausta, la diminuta mujer con quien peleaba era muy veloz, pero ella había logrado mayor desempeño en el encuentro, consiguiendo asestarle varios golpes con sus chuís en piernas y espalda, a la batalla se le vislumbraba el final y la amazona estaba confiada. Después de varios minutos logró mandar lejos las tonfas de la chica, luego de que esta consiguiera propinarle un duro golpe en el estómago de la amazona, despertando la furia de la guerrera. El combate finalmente concluyó con la victoria de Shampoo.

La turba no cabía de la emoción, había sido un combate digno de la guerrera amazona, ella sonreía triunfal, sabía que la remuneración iba a ser sustanciosa.

Hacía reverencia a los presentes mientras su respiración volvía a la normalidad, alzó ambas manos sujetando sus chuís en señal de victoria, bajó los brazos dispuesta a marcharse cuando lo distinguió en la lejanía, no podía equivocarse, no con él… soltó sus armas que golpearon el ring produciendo un sonido hueco, bajó de un salto y comenzó a caminar entre la multitud que se apartaba a su paso expectantes ante la actitud de la chica, la felicitaban o eso intentaban, pero ella tenía un objetivo fijado…

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―¿Mousse? ―musitó a poca distancia del chico que se encontraba de espaldas.

Él enderezó la postura al escuchar esa voz. ―¿Shampoo? ―replicó con voz trémula aun dándole la espalda, giró despacio sobre sus pies hasta estar de frente a la chica.

Por un momento Shampoo quedó pegada al piso, tenía la boca entreabierta y en sus ojos se vislumbraba un brillo acuoso, algo en su interior se agitó y un creciente burbujeo se instauró en su estómago, avanzó veloz hasta él reduciendo la distancia, de un salto aferró con piernas y brazos el cuerpo de Mousse.

Mousse quedó petrificado en el lugar, no podía creer lo que estaba pasando, sus manos que yacían casi inertes cobraron vida tomando por la cintura a la amazona apretándola por completo a él, sumiéndose así en un estado de completa calma.

Shampoo se abrazó más a él, llegando a sentir la calidez corporal y el potente y rítmico latido del corazón de Mousse, por primera vez en mucho tiempo, la chica dejó de sentirse sola, en ese momento se sintió protegida y amada, algo que jamás creyó necesitar y menos de alguien como él.

El chico pato inspiró profundo el aroma del cabello y piel de la amazona.

―Yo también te extrañe mucho, S-Shampoo ―endulzó el oído de la chica provocando en ella un escalofrío.

Y la burbuja se rompió, la amazona se apartó de golpe como si su sólo tacto le produjera un malestar indecible.

―¡YO NO TE EXTRAÑE! ―farfulló a gritos, bastante contrariada de su propio comportamiento.

―P-pero, pero… y entonces, ¿por qué me abrazaste? ―quiso saber, por un breve instante se había sentido el hombre más dichoso del mundo.

―¿Eh?... pues yo… ―frunció el ceño, ni ella misma sabía el por qué― yo… ¿tú que haces aquí? ―preguntó irritada saliéndose por la tangente.

Mousse se sorprendió ante la pregunta, puso sus anteojos sobre la cabeza y permaneció con los ojos cerrados, tratado de reunir la paciencia necesaria para responder, aunque era obvia la respuesta para él, muchas veces Shampoo parecía no querer darse cuenta.

―Vine por ti… ―respondió fijando sus verdes ojos en una completa desconocida.

Shampoo rodó los ojos. ―Acá estoy… pato tonto ―replicó sujetándolo por la manga del suéter, sin percatarse en sus labios se formó una sonrisa encantada.

El hombre ajusto sus gafas y pudo observar a detalle el golpeado y sucio rostro de la amazona. ―Tuve suerte en encontrarte… estaba por marcharme, cuando tu apareciste ―habló acariciando el rostro de la mujer.

―Mousse…

―¡Shampoo! ―gritó un hombre a la distancia haciendo que la chica se apartara abruptamente de la mano de Mousse.

Soltó un suspiró mientras dirigía su mirada al señor Huang. ―Ahora regreso… no te vayas a mover de aquí ―sentenció otorgándole una mirada de advertencia a Mousse. Él iba a replicar pero fue lento, Shampoo ya se había alejado.

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Ese fue el último día que Shampoo trabajo para el señor Huang, aunque el hombre insistió, ella le recordó la condición por la cual había aceptado y haciendo honor a su palabra, el hombre se despidió de la amazona.

Shampoo se había enfundado su suéter, pues el frío no amainaba, guardó sus ganancias en un bolsillo interno del mismo y sus pertenecías en general en un bolso mediano. En su mente sólo rondaba la imagen del reencuentro con Mousse, un ligero rubor se instaló en sus mejillas y una sensación de tranquilidad rodeó su faz, supuso que era por la cercanía de alguien conocido y que por fin ya no estaría tan sola.

―Vayamos a mi casa ―soltó sin más al muchacho, él estaba completamente absorto leyendo la propaganda de la exhibición que había tenido lugar hace unas horas.― Anda… que tengo hambre ―urgió ante el poco caso que le prestaba.

Mousse iba a comentar algo, pero se abstuvo. ―Si… ―respondió tomando el bolso de entre las manos de ella.

El lugar que rentaba Shampoo estaba muy cerca del Hospital Ruidong, la pieza era bastante sencilla ubicada en un quinto piso, el cuarto de baño se encontraba cerca de la entrada, tenía una pequeña cocineta, un sofá-cama que estaba cerca de la única ventana del lugar, una mesa y dos sillas completaban el mobiliario del departamento.

Shampoo se sacó las botas, le quitó el bolso a Mousse e ingresó al lugar, dejando este y el suéter sobre el sofá, Mousse la siguió y escudriño el lugar un tanto pasmado, ¿cómo podía vivir en un sitio así?, él mismo se sentía ahogar en tan diminuto espacio y ¿dónde se suponía que estaba él?, esa pregunta estaba ganando espacio entre sus pensamientos…

―¿Y Saotome? ―preguntó, estaba de pie en medio del lugar y por algún motivo el tono de voz que empleo hizo estremecer a la amazona.

―Ahora no está… ―respondió a media voz, se encontraba de espaldas mientras encendía la hornilla eléctrica.

Mousse botó aire ruidosamente y su cuerpo adoptó un aire hosco. ―¿Te dejó sola… aquí? ―masculló molesto, no podía siquiera imaginarse que tan ruin debía de ser Ranma para dejarla en un sitio así, Shampoo negó con la cabeza― entonces ¿dónde se supone que está?

Finalmente la amazona lo encaró, pero en su rostro no había la irritación típica que mostraba cuando él se atrevía a cuestionarla.

―Él… él está en el hospital ―murmuró apenas audiblemente. Y Mousse pudo descifrar esa mirada, ya la había visto antes, era tristeza lo que emanaban sus ojos carmesí.

―P-pero… ¿Por qué? ¿tú estás bien? ―lanzó las preguntas mientras caminaba hasta ella. Shampoo inhaló aire pesadamente, recordar esos momentos no le gustaba, pero al final lo hizo y le contó todo a Mousse, todo lo que ella consideraba relevante.

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Minutos después de finalizado el relato, Shampoo permaneció ensimismada, Mousse la miraba fijo a través de sus gruesas gafas, y una parte de él sentía que todo lo que le había pasado a Ranma se lo tenía merecido, pero estaba otro lado, una profunda lástima, realmente no podía o no quería inclinarse por un sentimiento. Bebió su té, que para ese momento estaba tibio y como si el líquido lo hubiese regresado a la realidad, suspiró, lo que estaba a punto de preguntar le causaba un gran malestar…

―¿Es cierto... lo que decía la carta? ―preguntó, logrando sacar de su nube a la amazona.

Ella lo miró con cara de incertidumbre. ―¿Cuál carta? ―acotó confundida.

Mousse soltó una especie de sonido cargado de ironía. ―La que dejaste a la anciana.

―Oh… ―Shampoo levantó una ceja, con tantas cosas que traía en la cabeza ese pequeño detalle se le había olvidado por completo.

―Ya lo recuerdas… ¿todo es verdad? ―prosiguió. Sí todas esas palabras fueran reales… sí, definitivamente se alegraría de todas las desgracias de Ranma.

―Tú que crees… ―contestó molesta, dando un fuerte golpe con la palma sobre la mesa.

Más suspiros.

―Él sólo te utilizó, no creí que fuera capaz de semejante bajeza…

―¡ÉL NO ME UTILIZÓ! ―gritó con voz quebrada.

―Y ¿entonces?

―Yo lo busque… ya estás contento ―masculló entre dientes, por algún motivo desconocido decir esas palabras liberaron el alma de la amazona.

Mousse comprendió todo, Shampoo de alguna forma los había escuchado y urdió un plan. ―Y le mentiste a tu abuela… y tampoco me dijiste nada…

―No mentí… cuando Ranma se recuperé y vayamos a Jusenkyo… todo eso va a ser real ―aseguró no muy confiada, pero no lo iba a demostrar.

―Sabes… la chica Tendo también lo sabe ―continuó hablando, restándole importancia a las palabras dichas.

Shampoo abrió los ojos muy grande. ―¿Qué? ¿desde cuándo? ―balbuceó yéndosele todo el color de la piel.

―Lo que escuchas... fue hace una semana, lo supimos al mismo tiempo… deduzco que el compromiso entre ellos… se acabó ―dijo, esperando ver la reacción de la chica.

―Ella… ¿no dijo nada?

―No… sólo se fue…

―Seguramente estaba llorando ―interrumpió en tono burlón, Shampoo hubiera dado lo que fuera por ver la expresión de Akane, pero se conformaba con que ya lo supiera.

Mousse torció la boca, nunca le gustaba esa parte de Shampoo, aquella que era negra y cínica.

―Pues no, ella agradeció a tu abuela que le contara la verdad y salió del ahí… intenté hablar con ella pero me dijo que tenía prisa, tampoco insistí mucho, tenía que resolver mis propios asuntos ―remembró ese día con voz apagada.

―Realmente no me importa lo que ella piense o haga, al menos sabe que Ranma es sólo mío y que será mi esposo ―esta vez sí hablaba confiada, con Akane fuera del juego era seguro que Ranma la tomaría como mujer.

―Entonces… ―empezó a hablar Mousse tan bajito, que Shampoo se acercó un tanto más para escuchar mejor― creo que mi presencia está de más, será mejor que me vaya ―se puso en pie, tomó su abrigo y camino a la salida, era todo, finalmente ese día había llegado, el momento de decirle adiós para siempre a la amazona.

Shampoo se paró de la silla de golpe haciendo que esta cayera estrepitosamente.

―Pero… ¿a dónde irás? ―formuló con un gran desconcierto.

―A donde sea… qué más da ―respondió levantando un hombro, intentaba sonar despreocupado, pero falló.

―No… ―balbuceó― podrías… podrías venir conmigo, con nosotros a Jusenkyo ―hablaba y realmente lo que decía no obedecía a ninguna lógica, lo mejor era dejarlo ir y ya, pero no podía, ni quería.

―No lo creo… deseo que seas feliz ―murmuró más para si mismo mientras su mano aferraba el picaporte con fuerza.

―Espera… ―avanzó hasta tomar la manga de Mousse― yo… yo te necesito ―susurró despacio.

Mousse se puso rígido ante esas palabras, yo también te necesito, fue lo primero que llegó a su mente, pero no lo dijo. ―¿Para qué? ―susurró la pregunta.

―No quiero estar sola… ya no ―habló entre sollozos pegándose a la espalda de él.

Nada en el mundo podía dolerle más a Mousse, que oír llorar a Shampoo. Rodeo el cuerpo de la mujer con sus cálidos brazos y entre ellos se formó una promesa, una muy profunda y silenciosa.

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Lunes 19 de Marzo

Era la tercera vez durante la mañana que la enfermera preguntaba lo mismo, y la respuesta seguía siendo la misma "no necesito nada". Ranma estaba de un humor insoportable, nunca en sus casi 20 años había estado postrado en cama por tanto tiempo, se sentía como un león enjaulado y la "excesiva" gentileza de la enfermera lo sacaba de quicio sin querer.

Ese día, fue informado que pronto sería dado de alta y que el inicio de la rehabilitación estaba prevista para mayo, eso era algo que no le entusiasmaba para nada…

―Su novia no ha venido ―afirmó sin más la enfermera.

―No es mi novia… ―siseó entre dientes sin mirarla siquiera.

―Me disculpo, no es mi intención molestar ―se excusó la mujer saliendo a prisa de la habitación.

Ranma hizo una mueca de fastidio y tomó el mando del televisor, cambiaba de canal cada segundo, pues no entendía ni una sola palabra, hasta que se topó con un canal de noticias internacionales, eso captó de inmediato su atención, se incorporó hasta quedar sentado. La noticia que transmitían hablaba sobre una nevada atípica en la región de Kioto, el fenómeno comenzó cercano al medio día del domingo y aún continuaba alcanzando una altura de entre los 25 y 50 centímetros en algunas zonas, informaban también sobre la desaparición de una persona joven cerca del bosque de bambú de Arashiyama, las autoridades no esclarecían si se trataba de una mujer o un hombre…

―Akane… ―musitó despacio evocando los sueños que había tenido, ese frío que rodeaba el cuerpo de Akane, y un aguijonazo de angustia cimbró su corazón.― "No… ella no podría ser, no era ella" ―se decía a sí mismo, la mayor parte del tiempo evita pensar en ella porque cuando lo hacía, entraba en él una sensación de desespero y aunado a su estado físico actual se sentía impotente en todos los sentidos, por eso prefería no hacerlo, pero algo dentro suyo no dejaba de inquietarle.

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―No es necesario que me acompañes, ya te dije que regreso en una hora.

―Lo prometí, no te voy a dejar sola…

Shampoo se detuvo de golpe. ―No me refería exactamente a esto

Mousse se encogió en hombros. ―Cómo sea, yo voy contigo a cualquier parte, inclusive si es para ver a Saotome, de paso se entera que voy con ustedes a Jusenkyo y…

―Ushh ya entendí ―acordó y reanudó la marcha.

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Entrar al hospital siempre ponía nerviosa a Shampoo, no sabía cuál sería el estado de ánimo en turno del artista marcial, era una montaña rusa de emociones, pero ese día al estar cerca Mousse, se sentía capaz de soportar todo.

Cuando llegaron a unos cuantos pasos de la habitación asignada a Ranma, Shampoo tomó del brazo a Mousse y lo acorraló en un pasillo anexo…

―S-Shampoo… ―balbuceó tornándose su piel de un rojo fuego, tenía a la chica a escasos centímetros y el único aire que respiraba era el que emanaba la presencia de Shampoo.

―Quiero que escuches atentamente lo que voy a decir… ―habló en secreteo― ni una palabra sobre la carta o Akane… ¿de acuerdo? ―advirtió.

Mousse frunció el ceño. ―¿Por qué? ―logró preguntar recobrando la cordura.

―Tú sólo hazlo… ―respondió secamente― él no está bien, sí lo sabe, no sé cómo reaccionaría ―terminó justificando su decisión.

―Bien… pero es necesario avisarle a su madre sobre su estado ―apuntó seguro.

La amazona respiró profundo. ―Antes ya lo he intentado… sobre todo porque no teníamos dinero, se lo propuse y él se negó rotundamente, incluso me dijo que vendiera su equipo de campamento, no lo hice ―respondió cabizbaja.

Él meditó por espacio de segundos. ―Esto no me gusta… la verdad siempre sale a la luz y…

―¿Y crees que no lo sé?, no soy estúpida… ―exclamó elevando la voz tanto que una enfermera los mandó callar, los jóvenes hicieron ademán de disculpa ante la severa mirada de la mujer― pero no es el momento, él tiene que recuperarse ―acotó en murmullo.

―Pues vayamos a verlo ―habló el chico dando por terminada esa discusión.

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Shampoo empujó suavemente la puerta del cuarto, Ranma se encontraba sentado casi a la orilla de la cama, miraba en dirección a la pared, tenía una expresión extraña, su ceño estaba arrugado y su boca entreabierta. La chica viró la mirada hasta el mismo punto y comprendió la expresión del chico.

―¿Cuándo ocurrir? ―preguntó con la vista fija al televisor.

―Ayer y parte de esta mañana ―respondió sin ninguna variación en la voz.

―Ser muy extraño… invierno acabarse. ―Apuntó la chica algo desconcertada. Ranma exhaló aire con desgano, apagó el televisor y volvió a recostarse.

―Sí, es extraño… ―concordó con un quejido.

―¿Cómo sentirte hoy?

Ranma se encogió en hombros. ―Como siempre… aburrido, ¿y tú?

―Bien… ―dijo con cautela― ¡ah! tener sorpresa. ―Ranma hizo una mueca de recelo mientras Shampoo salía al pasillo, para luego regresar tomando por la manga a Mousse.

―¿Mousse? P-pero… pero ¿qué haces aquí? ―farfulló perplejo.

―Tienes mala memoria Saotome, creo haberte dicho que estaría donde estuviese Shampoo… ¿lo recuerdas? ―manifestó seguro.

Ranma intentó descifrar el trasfondo de esas palabras así como la postura del chico pato, pero se veía confiado. ―Vaya… te tardaste mucho, no te parece ―contestó en tono de suficiencia.

―Quizás, pero… ―empezó a decir fijando su mirada en Shampoo― ya la encontré y créeme, nunca me apartaré de su lado, así tenga que pasar sobre cualquiera ―reafirmó con voz grave.

Shampoo escuchaba atenta el intercambio de palabras, cuando Mousse pronunció estas últimas mirándola, un hormigueo recorrió sus piernas y pudo advertir un calor que se apoderaba de sus mejillas.

―Te felicitó ―concluyó Ranma esbozando una sonrisa sarcástica.― Ah, Shampoo, el doctor me dijo que en unos días me dará de alta ―cambió de tema.

―Oh eso ser maravilloso ―concordó la joven.

―Si, pero…

―Eso no ser problema, yo decirlo antes ―interrumpió a Ranma, Shampoo sabía perfectamente a que se refería. Mousse por su parte relleno esos silencios, claro estaba que hablaban sobre dinero, de ser necesario él vería la forma de también ayudar.

―Gracias…

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Agosto

Los días pronto se volvieron semanas y luego meses, Shampoo y Mousse rentaron un local e hicieron un segundo Nekohanten, que sí bien no era conocido si dejaba ganancias para solventar sus gastos y empezar a hacer un ahorro. Por su parte Ranma era el encargado de llevar pedidos a lugares cercanos.

Después de casi cuatro meses de rehabilitación, Ranma no veía mejora alguna o no quería verla; desde su visión esos meses habían sido pérdida de tiempo y dinero, dinero que no poseía, así que unilateralmente optó por dejar de asistir, urdió un plan, le diría a Shampoo y a Mousse que el terapeuta le había dado de alta y si por algún motivo intentaban averiguar la verdad, él ya habría tomado distancia de por medio.

―Ya llegué ―entonó cerrando tras de si, la puerta del local.

―¡Qué bien!, ya íbamos a cenar sin ti, bueno yo quería, pero Shampoo quería esperar ―contestó Mousse desde la cocina.

―Y ¿dónde está? ―preguntó llegando al lugar.

―Fue a entregar el último pedido, anda siéntate no debe tardar mucho ―ordenó.

Y así fue, la amazona no tardó más de cinco minutos en volver, se sentaron a comer en silencio, las pocas palabras que llegaban a cruzar eran entre Shampoo y Mousse, al final cuando Mousse se disponía a recoger los trastos, Ranma empezó a hablar.

―Ya no voy a ir al hospital para la rehabilitación…

―¡¿QUÉ?! ¿Por qué? ―exclamaron al mismo tiempo.

―Si bueno, la terapia ya termino. ―Ofreció sonando bastante convencido.

―¿En serio? recuerdo que el terapeuta dijo que serían por lo menos dos meses más ―inquirió Mousse.

―Ser cierto, ¿tú querer engañar? ―apuntó confundida Shampoo.

―No, ¿por qué habría de hacerlo? ―respondió en falso tono de indignación― al final esto es bueno para todos, ¿no creen? ―dejó la pregunta en el aire ante la mirada desconfiada de los chicos― como sea, estoy cansado… tomaré un baño y partimos a Jusenkyo cuanto antes ―finalizó y salió a toda prisa.

Se encerró en el cuarto de baño y se dio una ducha rápida, al salir se vistió con su ropa interior y estaba por colocarse nuevamente la ortesis de mano, pero optó por no hacerlo y la desecho, para él, ese capítulo estaba concluido.

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Dos días después, los chicos abandonaron la ciudad de Shanghái.

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El plan general era avanzar lo más que se pudiera durante los días finales del verano y todo el otoño, iban a paso muy lento, en promedio dedicaban entre 8 y 10 horas en camino, el resto del día lo dividían para comer y dormir. A mediados de septiembre la temporada de lluvia los detuvo en un punto cercano a Zhoukou, esto frustraba más a Ranma, pero no había otro remedio a menos que quisiera viajar en autobús, pero eso estaba lejos de discusión.

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Diciembre

Los días siguieron su cauce, la llegada del invierno era inminente y lo acordado era parar durante esos meses, sino morirían congelados en el camino. Shampoo consiguió un trabajo de mesera en un pequeño comedor ubicado dentro de una posada cercana a la zona turística de Xi'an, en ese mismo lugar Ranma y Mousse trabajaban también, uno encargado de la limpieza y el otro encargado del almacén.

Se hospedaban en el mismo lugar en el área de empleados, Shampoo compartía habitación con la cocinera del lugar, Ranma y Mousse compartían alojamiento.

Durante esos meses, Mousse observó como Ranma muy pocas veces utilizaba su mano derecha y cuando lo llegaba a hacer, un temblor ligero sacudía su mano, haciendo siempre que la apretara en puño y desaparecía enfurecido del lugar. Una tarde cuando la posada estaba en completa soledad, Mousse se dirigió a la cocina para preparar la comida, Shampoo y la cocinera habían acompañado a la dueña del lugar a realizar unas diligencias simples, así que sólo estaban él y Ranma.

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―¿Qué se supone que haces? ―preguntó curioso al acercarse a la cocina.

―Comida… ―respondió mientras continuaba con su labor.

―Ah… y ¿qué es? ―se acercó invadiendo por completo el espacio personal de Mousse.

―Fideos…

―No, no, esa cosa… la masa ―interrumpió señalando la bola de masa sobre la encimera.

―Ah, es masa para won ton, ¿sabes qué son? ―preguntó, Ranma negó con la cabeza― bien te mostraré ―dijo y procedió a prepararlo, Mousse estaba muy concentrado y una idea invadió su mente― ¿quieres intentar?

Ranma hizo una mueca con la boca. ―No…

―Anda, no es difícil ―le ánimo.

―Si lo puedes hacer tú, no será difícil para mí ―soltó divertido.

Imitó el proceder de Mousse, sólo que él se limitaba a usar solamente la mano izquierda y le estaba costando bastante esfuerzo.

―Para que quede más delgada debes utilizar las dos manos ―señaló Mousse desde un costado de la encimera simulando el movimiento del rodillo sobre la pasta. Ranma sujetó el rodillo con ambas manos y comenzó a extenderla, pero no por mucho, pues el temblor en su mano se hizo presente y muy marcado.

―Esto es una estupidez… ―gritó lanzando el rodillo contra la pared, salió de la cocina sin mirar a Mousse.

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Quería gritar y romper todo a su alrededor, pero se contuvo, la rabia le hacía hervir la sangre; su primer impulsó fue marcharse, así que recogió todas sus cosas y las metió como fuera dentro de su mochila, sentía que estar ahí, sólo retrasaba su principal objetivo y no perdería más el tiempo, pero únicamente eran excusas, estaba frustrado y se negaba aceptarlo.

Salió a prisa sin fijarse en nada…

―Al final si eres un cobarde, como lo suponía.

―¡Jum! Mira quien lo dice ―se detuvó y respondió sin darse la vuelta.

―Sabes… entre más te niegues en utilizar esa mano, más difícil será la recuperación.

―A ti... ¿qué más te da? ―masculló entre dientes.

―No debería importarme, en eso tienes razón, sería más fácil derrotarte y así Shampoo se casaría conmigo…

―Mejor para ti…

―Sí… eso es lo mejor ―concordó Mousse en voz baja― tal vez quieras llevarte esto.

Ranma dio la vuelta, entre los dedos del chico pendía una cadena y en esta se balanceaba el guardapelo de Akane, en ese momento quedó estático y el recuerdo de ese día volvió a hacerse presente y una furia incontenible se apoderó de él, en tres zancadas llegó hasta Mousse.

―¿Cómo te atreves a tocarlo? ―siseó, sus ojos eran furia en estado animal.

Mousse botó aire lentamente. ―Estaba en el suelo, agradece que no lo tirará a la basura después de todo está roto ―respondió desafiante. Ranma tomó el bamboleante guardapelo con la mano izquierda e iba a asestarle un golpe en la cara a Mousse con la derecha, pero él lo detuvo sujetándolo por la muñeca― lo ves, ni siquiera eres ágil…

―Puedo romperte todos los huesos utilizando nada más mi mano izquierda ―habló retador.

Mousse apretó un poco más la muñeca de Ranma y el temblor se hizo más notorio. ―Puedo ayudarte con esto, mi padre era sanador en la aldea ―ofreció mientras observaba el movimiento.

Ranma zafó su mano y frunció el ceño.

―¿Lo dices enserio? ―indagó curioso, realmente no sabía nada del pasado de Mousse.

―Claro que sí, sólo que lleva tiempo… ―respondió― nunca te dieron el alta ¿cierto? ―Mousse ahora entendía perfecto la premura de su partida de Shanghái.

―Eso ya no importa… ―respondió restándole importancia, para Ranma las cosas empezaban a verse mejor.

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El "tratamiento" de Mousse consistía en ejercer presión sobre distintos puntos en la mano, muñeca y antebrazo, similar a la acupuntura, además aplicaba un ungüento que Shampoo había preparado y se ayudaba de este para realizar las flexiones en los dedos de Ranma. Aunque parecía sencillo, cuando Ranma lo intentaba por su cuenta no lograba flexionar sus dedos de la misma forma sin sentir molestia, así que optó por ejercitar su mano aprendiendo a preparar los won ton que tanto se le dificultaban, practicó hasta que domino por completo la técnica.

Para finales de febrero, cuando la nieve acumulada empezaba a derretirse alrededor, los chicos emprendieron de nuevo la travesía.

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Jueves 21 de Marzo

Habían llegado a la provincia de Qinghai ese día por la tarde, estaban a no más de dos días de distancia de Sanjiangyuan y por lo tanto de las pozas de Jusenkyo, acamparon en un bosque porque la noche prometía ser extremadamente fría. Normalmente Shampoo ocupaba su propia tienda y los chicos compartían la de Ranma, pero esa noche la amazona irrumpió en la casita…

―¡Hey Shampoo! ¿qué haces? ―vocifero Ranma en cuanto la amazona entró.

―Shampoo dormir aquí ―resopló.

Ranma frunció el ceño y cruzó los brazos. ―Eso no es parte del trato…

―¡Ushh! ¡Cállate Ranma!, hacer mucho frío y no querer dormir sola ―masculló volviéndose para cerrar la entrada.

―¡Ah, no! ni se te ocurra querer dormir conmigo ―respondió agitando los brazos.

―No importar, yo dormir con Mousse ―contestó y se escabulló dentro del saco de dormir del chico pato. Ambos chicos se quedaron con la boca abierta― ¡buenas noches! ―finalizó y se aferró al cuerpo de Mousse rodeándolo con piernas y brazos.

―S-Shampoo… estas helada ―musitó bajito Mousse mientras toda su cara adquiría un tono rojo brillante.

―Cállate y déjame dormir… ―masculló hundiendo la nariz en la espalda de Mousse.

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Hace no mucho tiempo Ranma lo había percibido, el trato entre Mousse y Shampoo era cada vez más estrecho, íntimo, los había visto hablarse en confidencia y ella siempre se veía radiante a su lado, tal vez, los únicos que no se daban cuenta de aquel cambio, eran ellos mismos.

La "relación" entre Ranma y Shampoo, distaba mucho de ser lo que algún día llego a ser, fue imperceptible y sin que ninguno lo notara se había formado un abismo que cada día se hacía más y más profundo.

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Sábado 23 de Marzo

Más de un año había transcurrido desde que Ranma salió del Dojo Tendo, parecía como si todo lo que había vivido en ese lapso de tiempo le hubiese pasado a alguien más, el temblor en su mano iba desapareciendo de a poco y Mousse aseguraba que se desvanecería por completo en un periodo breve.

Así que esa mañana, cuando a lo lejos divisaron las montañas de la reserva de Sanjiangyuan, sabía que estaba a pocos pasos de las ansiadas pozas de Jusenkyo. Ranma no pudo evitar sonreír, su travesía estaba por concluir, se libraría por fin de la maldición y regresaría a casa… a Akane.

Imperceptiblemente aceleró el paso, más rápido, cada vez más, de pronto se encontraba corriendo; no sentía el peso de la mochila, mucho menos el viento frío que aun persistía sobre todo a esa altitud, su cabello se enredaba con la brisa y sus mejillas sumamente coloradas le conferían un aire infantil.

Mousse y Shampoo hicieron lo propio, lo seguían a poca distancia, pero no la suficiente para permitirles apreciar mucho mejor el panorama, ya que había algo que era diferente, crudamente distinto.

―¡Saotome! ¡Espera! ―exclamó Mousse al ver que Ranma desaparecía detrás de las montañas.― Es un…

―Mejor corre… ―invitó la amazona regalándole esa sonrisa que derretía a Mousse por completo, él sólo asintió con una boba expresión.

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Iba en una nube esponjosa, al menos así se sentía mientras corría para alcanzar a sus compañeros, pronto la silueta de Shampoo se perdió al igual que Ranma, aceleró el paso, no quería quedarse atrás, iba muy rápido y totalmente distraído que por poco hace que Ranma cayera por el acantilado al chocar contra su espalda, sino es por la intervención de la amazona, ese par estaría en el fondo del lugar…

―P-pero… pero ¿qué demonios paso aquí? ―apenas pudo articular las palabras, se asomó un poco más aferrándose con toda su fuerza a la orilla del acantilado, limpió a conciencia sus gafas con la manga― ¿nos equivocamos de lugar? ―murmuró la pregunta, Shampoo que se encontraba en medio de los chicos negó enfáticamente con la cabeza.― Esto… esto está mal.

―Hay que bajar… alguien saber algo ―propuso Shampoo mostrándose serena, aunque su vibrato de voz sonaba desalentado. Los chicos se pusieron en pie, pero Ranma permanecía en la misma posición, apoyado sobre sus manos y rodillas con la mirada pérdida en la nada.

―Anda Saotome, busquemos al guía ―habló Mousse. Ranma se levantó del suelo con parsimonia y empezó a andar de forma autómata.

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Shampoo y Mousse murmuraban en chino sobre la escena que era por demás desalentadora, más atrás Ranma estaba totalmente desconcertado, intentaba en vano responder a la incógnita ¿qué había pasado?

Mousse recordaba claramente el camino hacia la casa del guía de Jusenkyo, así que no demoraron demasiado, la tarde caía cuando llegaron a la cima de Jusendo, el chico pato soltó aire lentamente intentando juntar el valor necesario para llamar a la puerta…

¡Pom, pom, pom! ―tres golpes fuertes y contundentes hicieron que Mousse y Shampoo brincaran del susto― ¡Abran! ¡Necesito… necesitamos RESPUESTAS! ―vociferó Ranma tan fuerte que su voz resonó en un eco profundo.

Estaba por aporrear de nuevo la puerta, cuando esta se abrió despacio.

―No es cortés llamar de esa forma, honorables huéspedes ―habló firme ante los importunos visitantes.

―Yo te conozco… eres Plum ¿cierto? ―cuestionó Ranma, al ver a la persona que abría la puerta.

―Así es ―confirmó la joven chica de largas trenzas mientras los analizaba a detalle― ¿desean pasar? ―les invitó haciéndose a un lado.

Los chicos se adentraron en la casa, la cual permanecía en completo silencio, tomaron asiento en la mesa que se encontraba frente al enorme ventanal por el cual se podía observar el vasto lugar y el atardecer que estaba llegando a su fin.

Plum volvió con una bandeja con tazas y una tetera…

―¿Cuál es el motivo de su visita? ―preguntó curiosa mientras servía el té.

Después de un incómodo intercambio de miradas, Ranma empezó a hablar.

―¿Qué fue lo que paso aquí?

―Oh… ―suspiró la chica y tomó asiento frente a Ranma― hace dos años, el río subterráneo que alimentaba a las pozas fue secándose rápidamente…

―¿Fueron los del Monte Fénix? ―indagó Mousse.

Plum negó enfáticamente. ―Ellos también intentaron buscar una solución, pero no había marcha atrás, Jusenkyo estaba condenado a desaparecer y finalmente las pozas se secaron por completo en cuestión de semanas… lamento mucho que tuvieran que viajar tanto para recibir estas noticias ―finalizó bastante apenada ante el mutismo que se había situado en sus huéspedes.

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Continuará...


Notas:

* El Qun Gua, Kwa o Cheongsam es el vestido de novia tradicional de China, consta de un traje de dos piezas en color rojo y lleva bordados dragones, ave fénix y flores.


Finalmente capítulo 12… Hola de nuevo, vaya que me retrasé más de lo previsto (mucho más), mil disculpas y sí, esta es la primera parte, cruzó los dedos para no demorarme tanto en el siguiente capítulo. Entre otras cosas espero que les guste el capítulo, coméntenme que les pareció.

Agradezco infinitamente sus reviews, me encanta leerlos :D

Haruri Saotome; hola, tiempo al tiempo, Cologne está "pagando" una deuda "moral" por llamarlo de algún modo, pero eso será revelado más adelante, espero que te guste este capítulo.

anymary79; me alegra que te guste, espero que este capítulo también :D

guest; you hit in the point, Akane is afraid of the past, especially of hers.

Shojoranko; *sniff, lo siento no pude ponerlo todo en uno, el esqueleto del siguiente capítulo ya va tomando forma, así que voy por buen camino :D, ojalá te guste este capítulo.

Carol FVargas; la actualización tardo muuuucho más de lo previsto mil disculpas, pero ahí la llevó, lento pero seguro, espero el cap sea de tu agrado.

guest 2; ¿otro encuentro? SÍ, pero aún falta / mientras espero te haya gustado esta entrega.

caro; no puedo revelar mucho, pero una maldición no es, en cuanto a lo otro, sí aún son inmaduros sobre todo en su trato mutuo, pero habrá evolución, lo prometo.

Lenna0813; lo bueno es que volviste, lo agradezco un montón y para saber lo que le pasó a Akane aún falta, espero no decepcionar :B

Andy-Saotome-Tendo; no puedo negar ni confirmar nada, pero todo tiene una explicación, mientras espero que el capítulo te haya gustado.

Lila; lamento mucho no poder solucionar tus dudas, por ahora. En cuanto a Cologne esta vez no pinta como una bruja, más bien está intentando reivindicarse, por lo pronto espero que te guste este capítulo y saludos hasta Argentina :3

SARITANIMELOVE; hola, que bueno que te esté gustando el fic y lamento mucho la demora, y espero que este capítulo te guste también, saludos.

Lizeth; hola, agradezco tus palabras mucho, pues te digo la historia sí que la voy a terminar (espero no tardar mucho), ojalá que esta actualización te guste :D

Daniela; lo sé, el tiempo se me fue de las manos, sólo espero que la espera haya valido la pena, saludos.

Los leo pronto, ojalá que sea en este mismo mes :P

07-09-2018

Revontuli.