Oh diablos...

.

Aquella noche en mi cumpleaños había salido maravilloso. Por suerte Edward no había dado a relucir el enfado que había obtenido una vez que venimos hacia la casa. A la mañana siguiente me encontré con un variado desayuno en la enorme mesa de mi cocina, mas tarde, tanto mis padres como los padres de Edward se tuvieron que retirar por asuntos de la empresa. Esa noche también asistimos a un club, pero Edward había alegado que tenía trabajo que hacer, por eso no nos acompañó. No voy a decir que no me sentí decepcionada cuando lo supe, pero una vez allí me olvidé de él y me divertí.

De eso ya habían exactamente pasado dos meses; ahora estábamos a 13 de noviembre y estábamos en la isla Ibiza. Aun no entendía. ¿Si Aro tenia contactos regados por todo el país porque se molestaba en hacer todo esto? ¿Y porque nunca había escuchado hablar de su empresa extraña?

Decidí no darle mas vueltas al asunto y volver al trabajo de nuevo.

Me encontraba revisando los contratos que firmaríamos para las diferentes marcas de videojuegos que pronto lanzaríamos. Era sorprendente como la tecnología iba avanzando día con día.

Lo último que teníamos que hacer era probar los videojuegos, para eso, por supuesto se había anotado Emmett, y yo no tenia ningún problema en eso, pero Edward se negó rápidamente diciendo que los juegos estaban hechos para niños no para gente inmadura.

Últimamente quería golpearlo hasta cansarme, ni siquiera sabía de donde sacaba todo ese coraje. Me enojaba con facilidad y tenia la manía de arrojar toda mi comida por eso, además de los estúpidos mareos y vómitos que había tenido hacia un mes y medio, por suerte, tomando el medicamento se fueron calmando un poco esos síntomas.

Me sentía inconforme conmigo misma, tan solo quería estar encerrada en la habitación del hotel sin querer descubrir todo lo que esta hermosa isla me estaba ofreciendo.

Pero por otro lado, por un parte de mi estaba contenta porque estaba embarazada. ¡Por fin! Ayer me habían dado la noticia de que tenia un mes de embarazo, cuando me lo dijo no pude evitar felicitarla, a ella y a Emmett. Dijo que lo peor eran las nauseas matutinas y que ahora no soportaba el olor al perfume que Emmett utilizaba, ya había roto varios recipientes de este y le obligaba a no ponerse mas a menos que quisiera conservar sus… amm… bueno, su cosa que le ayudaba a reproducirse.

Había visto a Alice un par de veces después de mi cumpleaños, al principio me regañó porque estaba muy enferma, y ahora decía que mis caderas se había ensanchado, que debía hacer ejercicio y me obligó a ir de nuevo con ella al gimnasio durante su estadía en Miami hacia un mes, que se quedo en la otra casa que Edward había comprado, aunque le dijera que no debía.

Tenia ropa de sobra, tal vez podría usarla unas tres veces y tendría para al menos un año. Mi amiga estaba loca, locamente enamorada. Ella había encontrado a un chico llamado Peter allá donde trabajaba y al parecer le soportaba todas sus locuras. No pude evitar alegrarme por ella, se le veía agradablemente feliz. Tanto que yo podría tenerle envidia.

Una vez que terminé de leer todos los contratos que se encontraban en mi correo electrónico y los pase a un documento, guardándolo, cerré el portátil para poder dirigirme por algo de comer.

Era casi medio día y Edward se encontraba fuera, en las oficinas haciendo no sé que tanta cosa. No había probado bocado desde la comida del día de ayer. Mi estomago pedía algo de comer ya.

Decidí hacer pollo frito, era lo mas rápido que podía hacer en estos momentos, después, tendría que ir a una oficina de correos a mandar las autorizaciones de pruebas de los videojuegos.

Últimamente me dedicaba a comer cualquier cosa dulce, odiaba lo agrio pero amaba lo salado combinado con chocolate.

Edward mencionó que si estaba loca o me había picado con alguna historia donde a la protagonista le gustaba hacer esas "cochinadas" como las llamaba él. Pero no podía culparme, yo no le decía nada cuando el comía las asquerosas papas fritas untadas en mayonesa. Que asco.

Mi móvil sonó y contesté sin mirar el número mientras masticaba mi pieza de pollo frito.

-¿Hola?

-¿Bella? – Se escuchó la voz de Edward al otro lado de la línea, se le escuchaba cabreado - ¿Qué estas haciendo?

-Estaba disfrutando de mi pollo frito. ¿Quieres?

-Deja las bromas a un lado, ¿puedes venir por mi? Odio moverme en taxi.

-¿Qué paso con tu auto? ¿No lo habías llevado contigo?

-Si tuviera disponible mi auto no te estaría llamando para que vinieras por mi, usa un poco el cerebro ¿quieres? Y deja ya de comer esas cosas dulces.

-No me hables así que yo iré a recogerte. –rodé los ojos. Vaya que no estaba de humor. Había interrumpido mi deliciosa comida, yo también podía enojarme por eso - ¿Dónde estas?

-En la catedral –se escuchaba pensativo – si aquí, te estaré esperando justo fuera de esta.

-¿Cómo piensas que voy a llegar allí si apenas conozco el camino del hotel al aeropuerto?

-¿Preguntando tal vez? No se Bella. ¿Cómo comienzas en una nueva ciudad?

Estaba haciendo tanta fuerza que doble el tenedor que tenia en mi mano. Ups.

-Me voy a cobrar esto, apagaré dos días el teléfono y no tendrás contacto con nada. Así tendrías que buscar a alguien mas a quien mandar.

Y sin más, colgué. Argh. Por supuesto que no sabría que hacer sin estar controlando a alguien al menos unas horas. Maldito obseso del control.

Abandonando mi comida que me pedía a gritos que me quedara, salí de la habitación, esperando a que fueran a limpiarla un poco, necesitaba más toallas y papel higiénico.

Con lo tímida que era y Edward me decía que preguntara. Seguramente iría preguntando por allí en las calles a algún extraño direcciones. Me llamarán loca.

Sin embargo, decidí utilizar mi cerebro y pedí un mapa en la recepción, una vez que localice aquella calle donde se encontraba la catedral, la localice en el GPS y fui en búsqueda de Edward.

Edward y su estúpido auto cochino que no sirve.

El único lugar donde fui capaz de estacionar mi precioso Audi fue en un callejón lleno de gente. Cuando bajé de él, inmediatamente me arrepentí. Era un bullicio de gente, todos ofreciendo cualquier tipo de mercancía que me recordara Ibiza.

Rechazando amablemente cualquier oferta que me ofrecían camine hasta alejarme de aquel callejón, una vez lejos de allí pude respirar con tranquilidad.

Observé la hermosa obra de arte que era aquella catedral, se encontraba hasta la cima lo que me llevo a pensar que era lo que Edward estaba pensando al subir hasta acá.

Sacudí la cabeza y seguí subiendo, y subiendo, y subiendo hasta que logré ver aquel auto negro. Se veía demasiado lujoso para estar en un lugar como este. Sin embargo era lujoso y una cochinada. No servía.

-¿Por qué haz tardado tanto? –fue el saludo que Edward me dedicó.

-Primero, no me hables así que ya estamos grandecitos, así que no me quieras mandar. –Me cruce de brazos poniéndome frente a él- Dejé el auto en un callejón donde vendían artesanías o algo así, fue horrible, no me dejaban salir de allí. Y es tu culpa ¿Qué estabas haciendo aquí?

-Quise conocer un poco mas – se encogió de hombros – se rompieron algunos cables del motor, por lo tanto necesito que alguna grúa venga a recogerlo y lo lleve a la agencia.

-No pedí que me dijeras que era lo que le había pasado a este estúpido auto.

-Más respeto por favor.

-Claro, mejor vayámonos, me debes una comida, has interrumpido la mía. –rodé los ojos y me dediqué a caminar de nuevo hacia abajo.

-¿No pudiste subir hasta aquí con e auto?

-No cuestiones lo que yo hago. Te eh venido a rescatar, confórmate con eso ¿quieres? –Él bufó detrás de mi- Lo eh dejado allá abajo porque hay un problema y no dejan circular autos. No se como te dejaron a ti.

-El dinero hace maravillas –fue su única respuesta.

-Lamento que pienses eso. –murmuré no muy segura si me escuchaba o no.

El camino hacia aquel callejón abastecido de gente fue entretenido. Sobre todo cuando mi compañero era Edward Cullen.

Comenzaba a pensar que ese hombre se quejaba de muchas cosas; estaba segura de que si un día me dicen que hable con él no me alcanzaría. Habla demasiado cuando tiene de que hacerlo. Había veces en que no entendía lo que decía o simplemente lo ignoraba.

Y lo mejor era cuando finalmente llegamos a ese callejón. Debí haberle tomado alguna fotografía a su rostro.

Alegó que él no pasaría por esa multitud, que esperaría allí a que fuera con el auto.

Parecía una puta princesa.

Sin embargo se veía demasiado… Raro allí parado, con su labio inferior sobresaliendo, sus mejillas levemente sonrojadas por tanto caminar, su cabello totalmente despeinado de tanto haber pasado sus enormes manos sobre él, y sobre todo sus ojos que me miraban como un perrito mojado hambriento, suplicando que no le haga pasar por ese lugar.

Pero no era tan malo. Hacia un hora yo había pasado por allí y salí con vida. ¿Cómo es que él puede no querer hacerlo?

Después de casi quince minutos logré convencerlo, diciendo que si no se apuraba me regresaría a Chicago, él se quedaría con el trabajo y se dedicaría a mandar dinero para poder alimentarme.

Y ahora íbamos en el auto directo a algún restaurante, que pudiera satisfacer mis necesidades. Cualquiera hubiera sido bueno, pero estaba con Edward y él no iba a cualquiera.

Finalmente, después no encontrar nada bueno que a él llamara su atención, decidió que iríamos a comer comida italiana en una plaza.

Estaba a punto de ahorcarlo, lo juro. Pero ni siquiera sé que fue lo que me detuvo.

El problema aquí era, que una vez que pisamos la plaza se dedicó a rodear mi cintura con su brazo. Le pregunté porque hacia eso y él solo respondió:

"-Eres una mujer casada, Bella."

Ni siquiera sé que coño quería decir con eso.

Lo que si sabia era que cuando estábamos cruzando aquella plaza todas las mujeres deslizaban la mirada por Edward una y otra vez. Eran unas perras. Y mas las adolescentes hormonales que cuchicheaban entre ellas; pero yo tenia la ventaja que ellas no.

Y la estas desperdiciando – Me dijo una voz en mi mente que decidí ignorar.

La comida no fue mucho mejor. Ya que la mesera era joven también y con muy buen cuerpo, no era la mas bonita de las mujeres, y cada cinco minutos iba a "preguntarnos" si se nos ofrecía algo mas. O si se le ofrecía algo mas a Edward.

Cuando le vi volver de nuevo me levanté.

-¿A dónde vas? –preguntó Edward al momento que limpiaba su boca con una servilleta.

-Al baño, tu admiradora allí viene de nuevo – vi sus ojos verdes que había entrado en pánico.

-No Bella, quédate, ya casi terminas, y nos iremos ¿si?

Pero era demasiado tarde. Aquella chica pelirroja ya estaba de nuevo a su lado.

-¿Se le ofrece algo mas?

Escuche que le pregunto cuando yo ya iba a la mitad del camino. No pude evitar recordar cuando viajamos por primera vez para este evento que se organizaba. La azafata del avión, que ella había sido despedida. Esperaba que esta no lo fuera también, era joven, solo se habían revolucionado sus hormonas.

Una vez en el baño me mojé la cara buscando despejarme, lavé mis manos de nuevo y me miré al espejo, decidí que quería hacer pipí. Cuando terminé, estaba un poco confundida, volví a lavar mis manos, y secarlas.

Saque cuentas una y otra vez. Mas de tres meses de retraso. Se suponía que con las pastillas que estaba tomando me regularizaría. Pero aun nada. Alcé mi camiseta de color blanco y puse una mano sobre mi vientre.

Allí estaba, ese bulto, ese pequeño bulto sobresaliendo de mis caderas. Pude sentir como la sangre abandonaba mi rostro. Bajé de nuevo la blusa y miré mi aspecto en el espejo, allí estaba yo, pálida, desarreglada, con unas caderas un poco mas anchas y los pechos mas grandes.

¡Jesús! ¿Cuándo habían crecido? Podría ver como parte de mi pecho sobresalía del sostén.

Esto estaba mal. Debía ir a algún medico. Ni siquiera había posibilidades de que estuviera yo embarazada. Para embarazarse se necesita el puto sexo y yo no tuve sexo últimamente. La ultima vez que lo había hecho estaba ebria, y en Agosto, ¡estábamos en noviembre!

Además, mi madre me había obligado a ir con un ginecólogo para ver si estaba embarazada o no, y su respuesta fue que no era así. Que había sido simplemente el estrés. ¿Pero como es que tenia ese bulto allí? ¿Y porque la maldita regla no llegaba? ¿Y porque mes senos estaban mas grandes? ¿Acaso era un extraño tumor? ¿Obra del espíritu santo?

Tomé una gran respiración, tratando de tranquilizarme. Debía tranquilizarme, si Edward me veía de esa manera comenzaría con sus preguntas y ni siquiera quería involucrarlo a él en todo esto.

-Si su padre es quien esta allá fuera, será un bebé muy bonito – escuché una voz detrás de mi, y por el espejo pude ver a una señora de cuarenta y tantos años – usted es muy bonita.

¿Qué podía decirle? "Oh no, ni siquiera se si estoy embarazada, no se cuantos meses tengo tampoco.

Esa no era una respuesta muy adecuada.

-Muchas gracias señora –le contesté con una leve sonrisa.

-Seguro que va a ser niña, y no ah de tener más de tres meses, ¿cierto? –No contesté puesto que no me dejo hacerlo – tus caderas están anchas, no te ves de cuerpo grande, y sin duda esos pechos están muy enormes.

Estaba en blanco. No era capaz de decir algo más.

-Pero lo bueno es que, ya has salido de los síntomas, en unos meses más tendrás bebé para mucho rato.

Y sin más, se dedicó a meterse a su cubículo a hacer necesidades.

Por eso odiaba a la gente metiche. Esa señora había logrado que entrara en pánico.

Síntomas. Ni siquiera había tenido los mismos síntomas que se supone que tenía hace unos meses atrás. Nada, solo el estúpido retraso, no tenia tanta hambre hasta ahora. Y dormía muy poco, no me daba sueño por nada del mundo.

¿Qué tipo de síntomas eran eso?

Decidí no darle mas vueltas al asunto. Tenía que ver un doctor y que me dijera la verdad.

Una vez que salí del baño me dirigí a nuestra mesa. Él ya estaba pagando la cuenta, con gesto serio, cuando me miró supe que no estaba enojado conmigo sino con otra cosa.

-¿Ya nos vamos? –pregunté sin sentarme, simplemente tome un pedazo de pan y comencé a mordisquearlo.

-Si, Aro me ah llamado, quiere verme en su oficina mañana a primera hora.

¿Eh?

-Pero Edward, eso es en Los Ángeles ¿aun no queda mas o menos una semana para irnos? – él tomo mi mano no muy delicadamente y me llevó a la salida, directo al estacionamiento.

-Ya lose Bella, ya llamé al aeropuerto reservando un vuelo para los dos, salimos en una hora y media. Debemos instalarnos de nuevo.

Hice una mueca. Odiaba mudarme todo el tiempo, era una tarea demasiado difícil.

Pero mi mente en esos momentos no estaba en aquel vuelo. Estaba en el extraño bulto sobre saliendo de mis caderas.

Entonces, al cruzar la plaza, sentí todas las miradas sobre mí, precisamente en mi, como si supieran algo. Pero sabía que estaba alucinando como una completa loca.

Al llegar al hotel cruzamos como un rayo hasta la habitación, si por Edward fuera el elevador iría a una velocidad inexistente.

Algunas cosas no estaban desempacadas puesto que habíamos llegado cinco días antes, asi que nos fue más fácil guardar las cosas mas importantes en las maletas, como los portátiles, móvil, agendas y esas cosas.

A los treinta minutos estábamos en recepción, Edward ya había mandado a que fueran por los autos a sus respectivos lugares, y también ya había pagado el alojamiento del hotel. Para su desgracia teníamos que usar un taxi de allí al aeropuerto.

Tanta velocidad me estaba mareando. Sentía que mi cabeza iba a explotar. Tomé una gran respiración, llamando la atención de Edward, donde finalmente se dedicó a ser muy observador.

-¿Bella, te encuentras bien? estas muy pálida y parece que quieres devolver la comida. –pasó un brazo por mis hombros mientras yo negaba.

-No, no, estoy bien, solo necesito estabilizarme, tanta prisa me ah mareado.

Vi, por el retrovisor que el taxista nos miraba con curiosidad. Tal vez porque Edward mencionó que devolvería la comida.

-Cierra los ojos, ya llegaremos al aeropuerto y una vez que subas al avión podrás dormir.

¿Desde cuando era tan atento? ¿Y porque demonios era bipolar?

Me dediqué a obedecerle y cerré mis ojos, dejando caer mi cabeza en su hombro.

No me di cuenta de cuando llegamos hasta que escuche a Edward despertarme para poder entrar al aeropuerto.

Todo estaba normal, hasta que nos hicieron firmar unos papeles y yo me vi en problemas.

Aquella pregunta hacia que mis piernas temblasen, mi rostro se ponga pálido y mi estómago se revuelva. Estaban las opciones "si" y "no"

¿Esta usted embarazada?

¿Qué era lo que debía contestar a eso? ¿No lose?

Primero me fijé que Edward estuviera ocupado en alguna otra cosa, cuando vi que estaba dando indicaciones sobre el equipaje, rápidamente taché el pequeño circulo donde ponía el "si"

Entregue la hoja a la dependienta que me dedico una amable sonrisa. Yo no estaba para estúpidas sonrisas amables.

Una vez en al avión, Edward se dedicó a abrir su portátil antes de despegar, él, al igual que yo, estaba nervioso, y lo supe porque estaba moviendo su pierna haciendo que el portátil rebotara en esta. Además, estaba golpeando con su dedo el recarga brazos.

-¿Quieres dejar de hacer eso, por favor? Me estas poniendo nerviosa.

De inmediato lo hizo, sin decir nada, y una vez que despegamos me dediqué a dormir, no quería pensar sobre bebés en todo el vuelo.

Llegamos a Los Ángeles a eso de las once de la noche, pero finalmente toqué la cama de mi casa a las dos de la mañana debido a una confusión de equipajes, todo se había mezclado. Y Edward estaba más que furioso.

Fui consiente de lo que estaba haciendo hasta que el sonido del microondas sonó, avisando que mi almuerzo estaba listo.

Esta mañana había despertado hasta tarde directo a terminar todo el trabajo que me faltaba. Ni siquiera tuve el tiempo en Ibiza de mandar por correo las solicitudes de pruebas para los próximos videojuegos.

Pero esta tarde tendría una cita con el ginecólogo, según decía en la tarjeta era uno de los mejores ginecólogos en Los Ángeles. Y sinceramente esperaba que así fuera.

Toda la mañana hasta pasada de las cuatro la pase metida en el ordenador y estaba agradecida de que no tuviera tiempo para pensar en algo porque seguramente eso implicaría embarazos y no me agradaba eso por completo.

Finalmente, cuando dieron las cuatro y media me fui a arreglar para la cita con el medico. Estaba nerviosa. Por suerte había encontrado cita para ese mismo día, si lo hacia con algún otro medico y en Chicago… no me darían ganas al ver a mis amigos y a mi madre.

Me sentía cobarde, vulnerable.

Finalmente me decidí por ponerme unos shorts color beige y una polo roja. No planeaba salir y quedarme afuera un largo rato por mas agradable que fuera el día. No me apetecía por completo estar allí afuera después de saber el resultado.

Fuera bueno o malo.

Le indiqué al taxista la dirección a donde me dirigía, al principio me miró fijamente pero se dio cuenta de lo que hacia y aparto la mirada de mi. Eso fue raro, ¿Qué demonios les pasaba a las personas de estos lugares?; se me antojaba quedarme en mi casa sin querer saber de la vida de los demás.

Una vez que llegue al dichoso edificio –el cual se veía demasiado lujoso- miré los nombres de los doctores. Al ver el nombre del ginecólogo Horan, presione el botón número 204 del ascensor.

Cuando las puertas se abrieron dejaron ver una recepción de color café, todo estaba de madera, con algunas plantas adornando los rincones. En una esquina estaba un escritorio del mismo material, en el cual estaba sentada detrás una mujer de muchos años. Tomé asiento en los sillones de piel a juego con todos los demás y espere a que me llamaran.

Había folletos de todo tipo referente a la salud: sobre las enfermedades de transmisión sexual, embarazos de alto riesgo, sobre la menopausia, como prevenir un embarazo, el uso de los anticonceptivos… Fulminé esos dos últimos con la mirada.

Después de estar varios minutos hojeando una guía de bebés que estaba allí escuché a aquella secretaria llamarme.

Cuando me levanté de mi asiento las tres mujeres que estaban allí me miraron con curiosidad. Sabia que me miraban, a mi, fijamente y ni siquiera sabia porque.

Cuando entré al consultorio me encontré con todo blanco, todo era de un color blanco salvo por el piso que era negro, allí detrás del escritorio estaba el doctor Horan de ojos azules y cabello rubio. Me dedico una bella sonrisa invitándome a sentar.

-Buenas tardes señorita Swan

Si, había dado mi apellido de soltera. No quería que nadie supiera que estaba aquí, no sabía como le haría si es que Edward llegaba antes que yo a la casa y no me encontraba allí.

-Buenas tardes – respondí.

-Se ve muy nerviosa, ¿le parece si comenzamos ya?

-Por favor.

Al aparecer aquel doctor guapo y joven tenia un gran asentó irlandés, el cual me habría dejado hipnotizada de no ser por el asunto que me había llevado allí.

-Y usted esta aquí porque cree que esta embarazada –afirmó.

-Así es - mis manos estaba sudando, retorciéndose en mi bolso que descansaba en mis piernas.

-¿Hace cuanto que no regla? – él ahora estaba mirando algunos papeles en sus manos. Tal vez para no incomodarme con aquellas preguntas directas.

-Hace más de cinco meses. Pero hace dos meses fui con un medico y me dijo que no estaba embarazada.

-De acuerdo. ¿Cuál fue la última vez que usted tuvo relaciones sexuales?

-Creo que fue… a finales de Agosto –tomé una gran respiración. Estaba nerviosa, ¿Por qué no me decía si estaba embarazada o no?

-Entonces tiene irregularidad. Las mujeres que tienen irregularidad tienen problemas a no poder embarazarse, y su embarazo puede llegar a ser múltiple.

Oh diablos.

-Y… ¿Cómo sé que estoy embarazada?

-Supongo que primero debió haberse hecho una prueba de embarazo – yo negué con la cabeza – Bien, entonces lo que podemos hacer, para saber si esta embarazada o no en estos momentos, es hacerle un ultrasonido. Si no obtenemos resultados tendré que mandarle a hacer un análisis de sangre ¿esta de acuerdo?

-Si, por supuesto.

Quería acabar con esto ya mismo. Esta visita al doctor se me estaba haciendo de lo mas eterna y apenas llevábamos las preguntas. Es frustrante.

-¿Por qué cree usted que esta embarazada?

-Bueno… porque… -entonces comencé a sentirme estúpida ¿Por qué lo creía? – por el pequeño bulto que sobresale de mis caderas, no es que haya subido de peso, últimamente no como casi nada. Pero me pongo de mal humor. Y eh estado tomando pastillas para regularizarme, debieron hacer efecto ya.

-Si esta embarazada lo primero que debe dejar son esas pastillas, comer y dormir mas.

Comenzó a escribir algunas cosas en un papel y después me indicó que me acostara en aquella camilla de color blanco, junto a un extraño aparato.

Hizo muchos movimientos con todos los aparatos, presiono botones, busco utensilios y yo solo lo observaba, impaciente.

Después un par de minutos levantó mi camiseta y colocó un extraño líquido frio que me hizo dar un salto. Lo esparció por todo el abdomen con un extraño aparato.

Ahora me lamentaba por no saber un poco más sobre este tipo de cosas.

Él tenía la mirada en la gran pantalla que estaba en la pared. Al parecer eso blanco y negro era lo que había dentro de mi, pero por mas que yo intentara no veía algo interesante o visible.

Sentí la leve presión detenerse y miré al doctor. Estaba realmente concentrado en lo que miraba.

-Esta embarazada, de probablemente tres meses. Se puede escuchar su corazón – volvió a mover aquel aparato y entonces un pequeño sonido se escucho en toda la sala.

Era el latido de su corazón. De un bebé. Del bebé allí, en mi. Dentro de mí. Un bebé… mio. Una pequeña personita. Un ser demasiado pequeño.

Embarazada.

Un bebé.

Mio y de Edward…

¿Cómo se supone que se lo diré? ¿Cómo va a reaccionar él? ¿Debo soltarlo así sin más? ¿Cuál será su respuesta a eso? ¿Lo aceptará como debe ser?

Me estaba muriendo de miedo.

¿Pero porque me estaba muriendo de miedo? Ahora mas que nunca debía ser fuerte, ya no solo por mi. Ahora había una pequeña persona creciendo dentro de mí y por ella podía ser fuerte.

No me di cuenta de que estaba llorando hasta que el doctor me tendió un pañuelo para limpiarme las lágrimas.

-El sexo aun no se puede decir a pesar de que ya se están desarrollando, sus brazos y sus piernas ya las tiene formadas así como su cabeza, su corazón aun es débil pero poco a poco se va a fortalecer. Va a necesitar otro chequeo en un mes. A los cinco meses sabrá si es niño o niña.

Era mucha información para mi aturdida cabeza, pero pude captarla.

-Aquí se pueden ver sus brazos –señaló la pantalla. Era difícil de captar la imagen, pero yo seguía llorando. Podía verlo. –aquí están sus piernas, ahora mismo se esta moviendo, pero aun no lo puede sentir, es muy pequeño.

Seguí escuchando el sonido de su corazón, ese pequeño latido, débil, y podía mirarlo dentro de mi.

-Le daré la ecografía ¿le parece bien? –Yo solo pude asentir – esta bien.

Después de hacer algunos movimientos mas me dio esas hojas de plásticos donde estaba allí mi bebé.

Una vez de nuevo en el escritorio me miró con gesto serio.

-¿Porqué nunca se atendió? ¿O porqué no tuvo alguna curiosidad por eso?

-Hace casi tres meses, acudí con un ginecólogo también. Pues había sufrido un accidente de auto, que se suponía que podía perder el bebé si es que estaba embarazada.

-No es tan fácil –dijo él- De ese accidente, ¿Cuántos días hacia que tuvo relaciones sexuales?

-Ahh… creo que solo dos –él solo una risa por lo bajo.

-Es muy probable que cuando el doctor le reviso no notó que estaba embarazada debido al poco tiempo que llevaba de gestación.

Oh mierda…

-Esta es una lista de todos los alimentos que debe ingerir. Debe dormir al menos ocho o diez horas. Evitar cualquier tipo de estrés. Visitar al ginecólogo cada mes para las ecografías y ver que tan bien va el embarazo, además de eso, no debe estar al sol sin protección solar más de diez minutos ya que provoca manchas en la piel. Podría comenzar a estimularlo con música y ese tipo de cosas. Aunque eso puede verlo en una guía para bebés y es algo opcional.

-Está bien. Muchas gracias doctor, tome en cuenta de que será así.

Sin mas que decir, y después de darme su numero y el otro consultorio en el que estaba me retiré de allí.

Estaba asustada, sabía que debía admitir eso. No estaba preparada para tener un bebé, ni siquiera sabia en que consistía eso. Era un bebé, si. Parecía fácil pero obviamente no lo era. Ni siquiera podía hacerme cargo de mi misma y ahora otra vida dependería de mí.

Debía relajarme y pensar las cosas.

Debía planear muchas cosas, ahora. No debía retrasarlo más.

¿Seria un niño o una niña? ¿De que color serian sus ojos? ¿Y su cabello? ¿Tendría rizos? ¿Seria capaz de cuidarlo o cuidarla?

¿Qué pasaría si se enfermaba? ¿Y si no era buena madre? ¿Y si no soy capaz de cuidarla como se debe? ¿Mi familia aceptaría a mi bebé? ¿Y su padre? ¿Edward?

Sabia que no debía importarme los comentarios de las demás personas pero ellos eran mi familia, las personas de quienes estoy rodeada, y Edward era el padre. Sin duda que era así. Si el me dijera que no es así entonces… le corto los huevos.

Una vez que llegue a mi casa pude respirar tranquilamente. O casi. Me dejé caer en el sillón, frente al televisor sin verlo en realidad. A mi lado estaba una jarra de agua con un vaso lleno de ésta. Y en mis manos se encontraba la ecografía. Ese pequeño pedazo de plástico dejaba claro que había un bebé aquí dentro.

Llevé mi mano a mi vientre, estaba caliente. Lo acaricié una y otra vez. ¿Se estaría moviendo? El doctor dijo que podía moverse dentro de mí pero no lo sentía aun, ya seria hasta los cinco meses o un poco antes. Me moría por sentirlo. A esa pequeña persona.

Joder, apenas me había dado cuenta hoy de que estaba embarazada y ya amaba a la cosa dentro de mí. A mi cosa. A mi bebé.

Ni siquiera había pensado en como decírselo a Edward. No podía soltarlo así nomás. Eso no es sano.

Tal vez debería comenzar a preparar la cena. Estaría por llegar en al menos hora y media. Mis manos ya estaban sudando de los nervios, pero seguramente la cocina me mantendría ocupada.

Decidí preparar costillas bbq, eso seria algo que me mantendría muy ocupada además de tener que preparar el pan y todo lo demás.

Por desgracia, esas actividades de cocina solo mantenían ocupadas mis manos y no tanto mi mente por lo que me dejaba mucho a que pensar.

Finalmente logré terminar toda la comida con tiempo de sobra, el dejé en el horno, totalmente listo y con los platos servidos en la mesa. Después de eso comenzó a sonar el teléfono, al principio había pensado en ignorarlo pero era demasiado insistente que comenzó a dolerme la cabeza.

-¿Hola? – constaté un poco agitada esperando a que alguien contestara al otro lado de la línea.

Pero solo obtuve un extraño ruido.

-¿Hay alguien allí? –pregunté un vez mas, esta vez esperando de verdad una respuesta.

-¡Ah si! ¡Hola Bella! – se escuchó la voz de Emmett al otro lado.

-Hola Emmett ¿Cómo estas? –sonreí para mis adentros al escuchar a mi amigo.

-Muy bien Bella Bellita. Llamaba para decirte que necesito tu presencia aquí en Chicago la próxima semana. Necesitamos hacer una cena para toda la familia y convivir un poco, además, Rose tiene una sorpresa.

-Pero Emmett, ya sé que van a ser papás pronto

-Oh no, eso todo el mundo lo sabe ya. Creo que Rose lo publicó en Facebook… esa mujer como esta en reposo no hace nada mas que andar de cotilla en las redes sociales.

Solté una sonora carcajada.

-Si Rose sabe que dijiste eso te golpeara. Pero este bien ¿me puedes dar alguna pista de la sorpresa? ¿Por favor? –hice un puchero aunque sabia que no me estaba mirando.

-Solo que tiene que ver cono nosotros dos y punto – fue su brillante respuesta. Después se escucharon mas ruidos al otro lado- Ahora debo irme, estoy de incognito, Rose me dijo que bajara a comer hace cinco minutos, le va a dar el patatús.

-Anda… no me quiero quedar sin ti, estoy segura de que una Rose embarazada y enojada no es demasiado bueno –me burlé sin dejar de sonreír.

-Tienes demasiada razón. Te quiero Bella Bellita –sonreí al escucharlo.

-También te quiero Emmett Emmettsito –rodé los ojos y sin esperar respuesta colgué.

Al darme la vuelta una vez que coloqué el teléfono es su lugar me lleve un susto que casi me lleva a la muerte.

Allí, de pie frente a mí, en todo su esplendor, estaba Edward. Con el ceño fruncido y la mandíbula apretada…

…y con la ecografía de esta tarde en sus manos.

-¿Me puedes explicar que es esto?


Esta vez no tardé mucho! ¿Oh si? :s Bueno, al menos no tardé meses en actualizar. Lo prometido es deuda.