Bueno, lo prometido es deuda...

Aqui esta la continuacion, espero que la disfruten...

Declamier: Naruto no me pertenece, asi como tampoco la historia, ni ninguno de los personajes que en ella aparecen.


Capítulo 10

Sasuke la atrapó cuando salía de la oficina del puerto deportivo. Sus dedos la agarraron rodeando su brazo y antes de que pudiese hacer algo más que respirar una protesta, comenzó a arrastrarla hacia el Nauti Dreams.

No tenía ni idea de qué diablos estaba sucediendo, pero estaba decidido a enterarse. Si quería interrogar al resto del condenado pueblo, lo veía bien y correcto por su parte, pero cuando comenzó a interrogar a su familia, esperaba respuestas.

Y cuando comenzó a tratar con esa serpiente de Tayuya, sin ninguna duda esperaba que esas respuestas estuviesen próximas.

—No me gusta ser arrastrada como si fuese una niña, Sasuke —le dijo mientras la empujaba hacia la cubierta del bote y abría la puerta.

La empujó al interior de la casa flotante, cerrando de un golpe la puerta corrediza tras él, luego caminó hacia la cocina a por una cerveza.

Aparte de toda esa mierda, hoy había visto una faceta nueva de Hinata. Por primera vez, esta mañana, había visto a la agente. Ojos de acero, conducta fría, sin retroceder. Y en vez de quitarle las ganas como debería hacerle, lo había puesto duro. Porque conocía a la mujer que había debajo, caliente líquido ardiendo sólo para él. Sai la había llamado simplona, y quiso aplastar la cara de su primo por el comentario a pesar del hecho de que sabía que había visto la metamorfosis que ella, en cierta forma, experimentaba.

La agente, con el pelo recogido en una cola de caballo, los ojos fríos, duros y su expresión vacía, pasaba desapercibida para la mayoría de la gente. No simplona, pero fácilmente desapercibida por alguna razón. Sasuke, sin embargo, siempre había visto la mujer bajo esa apariencia, porque la conocía, en todas sus expresiones, en muchos de sus estados de ánimo, y sabía que nada acerca de ella era simple.

Era compleja, complicada y algunas veces demasiado brusca como para agradarle. Y era hábil en esconderse. Escondiéndose a sí misma y a sus secretos.

Se giró hacia ella tras beberse la mitad de la botella de cerveza que había sacado de la nevera, permaneciendo silencioso mientras la observaba.

Vestida con vaqueros porque sabía que hacía que las personas se sintiesen más cómodas y un suéter ligero debajo de una oscura chaqueta de sport. Y aquellas botas. Aquellas botas que hacían sus piernas más largas, más sexy. El suéter beige ponía destellos en sus ojos, y suavizaba su delicada cara.

Y cuando ella cruzó los brazos sobre los pechos y le devolvió la mirada, su polla latió de anticipación.

—Los Uchiha vais a tener que mantener vuestras narices apartadas de esto —escupió—. Tú y Sai siguiéndonos por el pueblo todo el día, después apareciendo por aquí… De todas maneras, ¿qué coño pensabas que iba a hacer? Por el amor de Dios, Sasuke, sabes cómo funciona una investigación. Hay preguntas, cabos sueltos que atar y, considerando que hay un millón de dólares perdido y posibles cómplices, hechos que concluir. Tú no dejarías pasar un caso como este.

No dijo nada. Acabó la cerveza, la lanzó a la basura y entrecerró sus ojos sobre ella otra vez.

Y eso la enfurecía. Él podía ver la furia creciendo en sus ojos. La expresión distante que él llamaba "cara de poli" comenzó a desvanecerse. Un ligero rubor floreció sobre sus mejillas, sus labios perdieron esa delgada, fría y pequeña línea y la curva inferior se puso casi exuberante, definitivamente sensual.

Aquí llegaba su Hinata, la mujer.

—Kakashi está practicando un pequeño juego muy bien planificado —dijo a continuación—. Puedo verlo en cada movimiento que haces y sé que tú también. ¿Te ordenó que no te acompañase a esos interrogatorios? ¿Te has preguntado por qué?

—Probablemente porque eres condenadamente curioso y no sabes cuándo parar —masculló.

Casi sonrió por la acusación.

—Porque sabe que va directo a mis asuntos —le informó—. Cualquier cosa que vaya a hacer aquí, me va a joder y no me quiere al tanto hasta que no tenga otra elección.

—Esto no va sobre Shisui Uchiha, Sasuke —le dijo otra vez, y él vio la verdad en ella, la sintió—. ¿Vas a subirte por las paredes cuando interrogue a Sai? ¿A Itachi? ¿Y a Ino Uchiha? ¿Van a cerrar filas los primos Uchiha contra mí?

Se detuvo y volvió a mirarla. ¿Era eso lo que ella realmente esperaba? ¿Qué se pusiese del lado de sus primos, o con cualquiera, en contra de ella? Joder, había arriesgado su condenado cuello por ella en Irak, no una vez, sino dos veces. ¿Pensaba que haría algo menos por ella ahora?

—Tengo un trabajo que hacer, Sasuke. No tengo la opción que tú escogiste el año pasado de decirle a Hatake Kakashi que se jodiese. Y para ser honesta, esta vez, no quiero esa opción. Quiero saber quién coño pensó que podría salirse con la suya asesinando a ese chaval que conducía el vehículo de transporte. Quiero saber cómo Deidara Akatsuka se escapó casi matando a la mujer de Sai. Y quiero saber por qué coño este pequeño pueblo es de repente una colmena de actividad terrorista.

Sus cejas se arquearon ante esa declaración. Reconocía que en el último año, él y Sai habían estado concentrados en sus vidas. ¿Se habían, de alguna manera, perdido algo que estaba pasando y que deberían haber visto?

—No he visto muchos terroristas esta semana, Hina —dijo finalmente inclinando la cabeza y observándola con curiosidad—. ¿Hay algo que deba saber?

Ella inhaló lentamente.

—El año pasado tuviste casi una docena de terroristas cerca o alrededor de Somerset. El Sueco que pagó la señal por aquellos misiles no era ningún pequeño excursionista feliz después de su arresto, y tiene amigos. Amigos que probablemente estén sentados aquí mismo simplemente esperando a ver a quién deberían mandar a recuperar ese dinero. Un millón de dólares es un montón de dinero, Sasuke, incluso para la economía de hoy en día.

Su ceja se arqueó.

—Esa ha sido una de tus excusas más frágiles —le dijo—. Inténtalo de nuevo.

Hinata le devolvió la mirada, reconociendo su vocalización lenta, pausada, arrastrando las palabras cuando pasaron a través de sus labios. No era lo que él dijo, fue cómo lo dijo. Fue el peligroso latido de sospecha tras el tono descuidado, la advertencia de que no se estaba tragando lo que ella le intentaba vender. Y ella le había advertido a Kakashi de que él no lo iba a hacer. Sin importar la verdad de eso, Sasuke sabía que había algo más. De alguna manera, la lista de nombres a los que ella había entrevistado hoy, en ese pequeño grupo, había hecho sospechar a Sasuke, y no era simplemente por su interrogatorio a Shisui Uchiha.

—Alguien en Somerset estaba ayudando a Deidara —le dijo—. Alguien que tenía más contactos de los que Kisame podía haber logrado; él era un hombre de paja, Sasuke, nada más. Alguien más estaba manejando los hilos.

Él se apoyó contra la encimera, cruzó los brazos sobre el pecho y volvió a mirarla con esos atemorizantes y observadores ojos suyos. Algunas veces, juraría que él podía ver claramente hasta su alma con esos ojos negros.

—¿Qué pruebas tienes?

—Los contactos de Kisame no podían haberlos reunido a él y al sueco el año pasado para el trato de los misiles. Ese grupo no negociaba con ladrones de poca monta. Son demasiado listos como para eso, no importa como de impresionante sea la mercancía. Alguien más organizó el trato, alguien de Somerset. Alguien a quien Kakashi ha estado vigilando desde hace años. Eso es todo lo que sé.

—¿El asunto de Irak? —le preguntó entonces—. ¿En el que Toshio[3] estaba involucrado? ¿Está relacionado? —El traslado ilegal de armas e información para terroristas, y el ataque no aprobado al hotel, la explosión que había matado a su hija.

Ella se sobresaltó ante la pregunta y contuvo los aspectos más personales entre ella y Sasuke ahora. Había cosas de las que tenían que ocuparse, pero más tarde. Ahora mismo, tenía que tratar con esto, y ella lo aborrecía.

—Está relacionado —dijo—. También está relacionado con varios robos que la gente desconoce, que sucedieron demasiado cerca de Somerset. Esos robos van más allá de Irak y los hilos de la sospecha vuelven de regreso a Somerset.

—Entonces, ¿para qué estás aquí? ¿Para vengar a Hanabi? —negó con la cabeza cansadamente mientras pasaba los dedos a través de su pelo y volvió a mirarla. Ella podía ver los recuerdos en sus ojos, también. La pérdida. El dolor.

—Estoy aquí para hacer las preguntas correctas y ver si puedo forzarlos a hacer algún movimiento. Kakashi tiene a otros agentes observando a personas de interés —alzó su mano cuando él comenzó a hablar—. No tengo ni idea de a quién están vigilando. Estoy aquí para hacer preguntas, ellos están aquí para ver quién se mueve después de esas preguntas. Esto no tiene que ver con Hanabi, Sasuke. Esto es para detenerlo.

—¿Así que él pone tu culo en la línea de fuego y está esperando atrapar a quienquiera que te ponga a tiro? —escupió—. ¡Será hijo de puta! Hinata, te está utilizando. Usa a tu hija y a tu dolor y te está utilizando.

A ella no le gustaba pensar de esa manera, pero inclinó la cabeza en acuerdo, porque siempre había esa posibilidad. Kakashi era perfectamente capaz de eso.

—Él espera atrapar a quienquiera que esté vigilando a través de las preguntas que me dice que haga. Ha pasado años investigando esto, Sasuke. No va a detenerse ahora —suspiró.

—¿Y crees que no espera que me involucre? —le lanzó una mirada de incredulidad mientras caminaba hasta el otro extremo del cuarto y se volvía para afrontarla, con las manos en las caderas, y expresión amenazante.

—Recibí instrucciones de mantenerte al margen de esto tanto como fuese posible. Él sabía que no querrías estar lejos de mí, pero esperaba que te mantuvieses apartado del resto.

—Pensaba que eras más inteligente que todo eso. Joder, pensaba que Kakashi lo era —gruñó—. ¿Te crees toda esta puta mierda, Hinata?

—No. Pero de todos modos te estoy pidiendo que tú lo hagas —le dijo. No quería que se involucrase en eso. Lo quería tan lejos de los planes de Hatake Kakashi como fuese posible. Ella sabía cómo trabajaba Kakashi. Mentía, conspiraba y manipulaba a todo el mundo para obtener lo que quería, de la forma que él quería. No quería a Sasuke metido en las redes que Kakashi había creado—. Todo lo que tengo que hacer es hacer las preguntas —repitió—. El peligro es limitado, Sasuke, y él vigila a quienquiera del que sospeche.

—Sospecha de alguien que sabe que yo intentaré proteger, o no te habría enviado —bufó—. Y ese alguien, tengo que admitir, me tiene muy confundido. Porque Kakashi también me conoce, y sabe que hay muy pocas personas a las que yo protejo.

—Nadie a quien protegerías puede estar involucrado —discutió—. ¿Itachi, Sai, Shisui, o sus esposas? Por el amor de Dios, sé a ciencia cierta que no están bajo sospecha. ¿Crees que no hago mis jodidos deberes? ¿Crees que le dejaría intentar crucificar a alguien a quien creo inocente?

—Kakashi no intentaría crucificar a alguien que es inocente —Sasuke negó con la cabeza mientras clavaba los ojos en ella a través del cuarto.

Se veía peligroso, demasiado controlado, demasiado desconfiado.

—Kakashi será un montón de cosas —continuó—, pero no hace una caza de brujas. De quienquiera que él sospeche, puedes apostar a que es culpable, sólo necesita pruebas de ello. Y sacrificará a cualquiera o cualquier cosa por esa prueba, Hina. Incluso a ti.

Ya la había sacrificado, y Hinata lo sabía. Él no podía haber sospechado que Sasuke no daría un duro por ella si sus primos se volviesen en su contra. Y parecía que eso era exactamente lo que estaba ocurriendo.

Y quizá Sasuke no la apoyaría. Estaba enojado, lo sabía. Desconfiado.

Ella le volvió la espalda y se movió hacia las puertas corredizas, mirando a través de ellas hasta las casi desiertas casas flotantes. El verano se había acabado. Había muy pocos residentes de todo el año. Y ella no los culpaba. El agua estaba condenadamente fría.

—Sai, Itachi y Shisui no están bajo sospecha. Ni lo está Ino. Kakashi me dio su palabra —le dijo quedamente—. Según él, no te quiere involucrado en esto porque llamas demasiado la atención y eres demasiado temperamental en lo que a los Uchiha concierne. Las preguntas que él me hace decir involucran a la familia, las conexiones entre Danzo Uchiha, Tayuya y Deidara Akatsuka. Grabo las respuestas y le devuelvo las grabaciones por medio del FTP[1].

No sabía lo que andaba buscando Kakashi, y comenzaba a preguntarse si realmente tenía importancia. Kakashi sabía detrás de quién andaba. Las preguntas habían comenzado a cambiar, tomando una nueva dirección, conduciéndola directamente al corazón de demasiados secretos familiares. En este punto, él meramente se llevaba entre manos un pequeño y delicado juego diseñado para atrapar a su presa más escurridiza.

—Quiero ver los nombres y las preguntas antes de que salgas cada mañana.

Se dio media vuelta.

—Tengo órdenes directas de que no veas nada —y ella seguía las órdenes. La agencia había sido su vida los últimos cinco años. La había mantenido entera cuando nada más lo podía haber hecho.

Él sonrió.

Hinata sintió como su estómago se contraía cuando él se movió a través del cuarto. Las ropas no escondían el cambio o el poder del músculo acechando debajo de ellas, ni escondía la pura arrogancia del animal masculino al que se enfrentaba ahora.

—He dicho que veré los nombres y las preguntas antes de dejes mi cama cada mañana —gruñó con los ojos oscureciéndose y su expresión desaprobadora, y por primera vez en diez años, Hinata se enfrentó a una fuerza que hacía que los pelos se le pusieran de punta.

—¿O qué?

—Oh, Hina, cariño —cantó dulcemente—. No queremos ahora tratar eso, ¿verdad? Vamos a levantarnos en esa gran cama mía, de buen humor y calentitos cada mañana, y vamos a salir de esto juntos. Porque, si no salimos juntos de esto, vamos a pelear. A gritar. A enfrentarnos. A sacarnos de quicio. Y si nos sacamos de quicio, podrían pasar cosas muy malas. Podría seguirte a todos esos lugares donde estás interrogando gente. Podría complicar las cosas bastante.

Ella le devolvió la mirada confusa.

—¿Por qué? Te juro que tu familia no está involucrada en esto.

—Algo más importante que la familia está involucrado —dijo.

—¿Qué? —dijo alzando las manos incrédulamente, asombrada de que Sasuke pudiese encontrar algo más importante que la familia. Por lo que había visto desde que había llegado a Somerset, simplemente moriría por ellos, mataría por ellos—. ¿Qué podría ser más importante para ti que tus primos o tu tío?

—Tú.

Parpadeó, y juraría que sintió que el aire alrededor de ellos espesarse, detenerse, hacerse más denso por la tensión.

—No quieres decir eso —negó con la cabeza lentamente. Tenía que estar mintiendo. Él amaba a su familia, les era leal, lo suficientemente leal como para mentirle a ella.

Eso le rompió el corazón, pero lo aceptó. No tenía otra elección.

—No tienes porqué mentirme —susurró, rodeándolo mientras se ponía la mano en la frente y pasaba la palma sobre el sudor que allí se formaba—. Sé que tienes prioridades.

—Me alegro de que lo sepas. Y pienso que sabes, Hina, que no me molesto en mentirle a nadie. Desperdicia demasiado de mi condenado tiempo.

Ella sostuvo en alto su mano mientras continuaba dándole la espalda. No podía manejar esto. Si necesitaba esto tanto como para mentirle, entonces bien. Podía tenerlo. Eso no era suficiente como para avisar a Kakashi, y sabía que de todas maneras Sasuke iba a hacer lo que le diese la gana.

—Puedes ver la lista y las preguntas —susurró, recogiendo su maletín antes de girarse para afrontarle—. Nos encontraremos en el hotel por la mañana.

Una afilada risa abandonó su garganta.

—Tonterías. No me vas a dejar. No otra vez, Hina. Te ataré a la condenada cama por la noche.

—Y yo no voy a permanecer aquí y permitir que me mientas para proteger a tu familia —algo se estaba formando en su interior, brillando como una nube rojo-sangre en su visión mientras veía que los ojos de él iban de la sombra a la luz, pareciendo mas ferozes a cada segundo.

—¿Crees de verdad que te estoy mintiendo en esto? —la miró furiosamente—. Nena, no tengo que mentirte para obtener esa lista, esas preguntas o cualquier otra cosa que necesite de ti. Todo lo que tengo que hacer es ponerte debajo de mí.

Y entonces algo irrumpió en su cabeza. Hinata se sintió al borde de un shock. No había usado condón anoche o la noche anterior. Había estado desnudo, su semen saliendo a chorros dentro de ella, enviándola a colisionar contra otra ola de liberación mientras que una parte de su mente había susurrado la advertencia. Cada vez, y sus emociones habían estado en semejante desbarajuste que ella había ignorado las implicaciones.

No estaba protegida.

—No sin el condón que no quieres usar —izó la cabeza con mirada clara, pero el miedo surgió a través de ella—. Y no sin la verdad entre nosotros.

—¿Qué coño quieres decir con eso?

—¿La verdad? Es un concepto medianamente fácil...

—Quiero decir el condón —su mano cortó el aire—. Estoy sano, Hina, y lo sabes tan bien como yo. Pude haber jugado un poco a lo largo de mi vida, pero siempre me protegí.

—Esto no va sobre ETS[2] —escupió—. Yo no estoy protegida, Sasuke. Dejé el calendario de vacunaciones de la agencia el año pasado, cuando pensaba que iba a renunciar, y aún no he tenido tiempo de volver a incorporarme a él. Necesitas condones. No puedo creer que no usases ninguno la noche pasada.

Sasuke se giró para mirarla. Desde los ojos, a su estómago. Regresando a sus ojos y a su estómago otra vez mientras tragaba con dificultad.

¿No estaba protegida? Él la había llenado más de una vez con su semen la noche anterior, bombeando en su interior, gritando su nombre, sintiéndola tan suave y caliente, sintiendo como lo ordeñaba.

¿Usar un condón ahora? La primera vez que la había tomado, no había habido nada entre ellos tampoco, y recordó aquella última misión, preguntándose por la protección de la agencia que ella había usado. Deseando que ella no lo hubiese hecho. Deseando poder llenarla con su bebé, devolverle todo lo que ella había perdido.

Parpadeó entonces, sintiendo el sudor que se reunía en su espalda y el sentimiento de hambre que repentinamente rugió a través de su cuerpo. Habría calificado esos pensamientos como locos unos años antes. El dolor profundo de ella lo había marcado de una manera que no esperaba y para la que no había estado preparado, se había dicho a sí mismo.

Pero ahora eso no era dolor. Clavó los ojos en su barriga, viéndola crecer con su hijo, y el hambre por ella aumentó.

—¿Estás bien? —Sus ojos se estrecharon sobre él cuando levantó la vista bruscamente hacia la de ella—. Ahora no hay riesgo, Sasuke, pero no será durante mucho tiempo. Consigue los condones. Y para de mentirme. Llegaremos mucho más lejos de esa manera.

—No —dijo moviendo lentamente la cabeza, apenas capaz de creer que la palabra se había escapado de sus labios. Estaban entumecidos, su garganta apretada, tensa por tantas emociones que no sabía cómo racionalizar.

—¿Por qué? —apretó mortalmente su maletín y su alma se contrajo. Joder, ni él había sabido el control que ella tenía sobre él hasta ahora—. ¿Es tan condenadamente duro decir la verdad?

—Decir la verdad es fácil —tuvo que luchar contra sí mismo para contenerse, para no agarrarla, para no devorarla—. Quise decir, nada de condones.

Hinata permaneció en silencio. Incluso sus pensamientos parecieron detenerse en shock mientras volvía a mirar a Sasuke. No podía haber dicho eso. No podía simplemente haber dicho eso.

—Ya veo —humedeció los labios. ¿Había cambiado de opinión tan rápido? ¿Se estaba perdiendo algo importante en esta conversación?—. Si no quieres acostarte conmigo, puedo entender que...

—Quiero echarte en el suelo y lamer cada pulgada de tu cuerpo. Quiero ponerte encima de mí y ver cómo me montas. Quiero follarte de tantas maneras y tantas veces, que ninguno de nosotros pueda encontrar la energía suficiente como para gatear por el suelo y mucho menos dejar la cama. Oh, cariño, quererte es como una enfermedad, y nunca jamás se va a curar.

—Oh —su corazón corría a toda velocidad. Cada palabra que salía de su boca sensibilizaba su piel, hinchaba su clítoris—. Entonces, ¿cómo que nada de condones?

Entonces se acercó a ella. Lentamente. Su expresión era más salvaje de lo que podía recordar, sus ojos brillantes, sus pestañas cayendo sobre ellos. Se veía oscuro. Peligroso. Y algo en su mirada la aterrorizó.

—Quiero decir que si no quieres un hijo mío, mejor mueves tu culo a una clínica y te encargas del control de natalidad tu misma —puso su mano en el estómago de ella mientras Hinata lo miraba en un estado de shock tan intenso, tan abrumador, que se preguntó cómo podía permanecer en pie—. Porque apuesto a que tengo los más rápidos y más astutos soldaditos del estado de Kentucky. La más mínima oportunidad, amor, y estás embarazada —su expresión, sus ojos se tensaron con posesividad. Con posesividad y lujuria—. Y yo podría asegurarme de que tengan un montón de oportunidades.

Hinata se tambaleó. Podía sentir la sangre subir a su cara, al mismo tiempo que comenzaba a tronar en sus oídos.

Podía sentir la mano de Sasuke en su barriga, sus ojos penetrando en su alma, como si con sólo su pensamiento pudiese hacerla concebir.

Y eso no tenía sentido. No podía entenderlo. No podía estar hablando en serio.

—¿Por qué? —forzó las palabras a salir a través de sus entumecidos labios. ¿Por qué quería él amarrarse así a ella?

—Ay, Hina —susurró con suavidad, sólo una poquita, justo la cantidad adecuada para obligarla a mantener un sollozo en su pecho en vez de dar rienda suelta al grito que parecía hacer eco a través de su alma—. Cariño. ¿No sabes que daría todo lo que tengo para atarte a mí? Y el pensar en darte un hijo mío, el ver que ese bonito vientre crece con mi bebé, hace que mi polla se ponga tan dura que me extrañaría si no revienta la cremallera de mis vaqueros.

Sintió caer el maletín de sus dedos mientras lo miraba, buscando en sus ojos, yendo en busca de la mentira. Tenía que ser mentira. Pero mentir no tenía sentido. Conocía a Sasuke. Sabía que nunca jamás arriesgaría a un hijo suyo tan a la ligera. Era tan condenadamente protector con su familia que incluso Kakashi le temía. Mataría por ellos. Ya lo había hecho en el pasado.

—Hina —suspiró su nombre contra sus labios, y ella sintió como se debilitaba. Sus rodillas. Su alma. Algo dentro de ella, algo que necesitaba como protección, para refrenar los sueños, la pérdida y los años que había huido, incluso de sí misma, comenzó a resquebrajarse—. Déjame tenerte así. Sólo nosotros. Simplemente danos la oportunidad de soñar juntos.


[1] FTP: File Transfer Protocol. Hace referencia al protocolo de envíos que tienen las diferentes agencias de investigación del Estado.

[2] ETS: Enfermedad de Transmisión Sexual.

[3]Recuerden, era el marido de Hinata.

Se que nunca respondo a los reviews, pero realmente les agradesco a todos los que dejan por escrito su animo para con la historia. Tambien les agradesco a todos los que la agregado a favoritos.

Incluso a aquellos que no lo hacen, me basta con saber que se tomaron su tiempo para leerla y asi poder compartir a una autora que a mi me encanta.

Gracias a todos...

Mare-1998, Blacklady Hyuuga, Jane Nylleve, holis, Raina KIM, Scarlet, Fenix no seishin, NATALIA, hinata uchiha21, hinasasu004, Yuki Jonico y a todos los que leen esta historia...

Nos vemos la semana que viene...

Akitarumy..