El último día del año
31 de diciembre de 2000
El despertador hechizado que estaba sobre la mesita de noche sonó con insistencia, pero Ron lo ignoró a propósito. Acercó más el cuerpo de Hermione hacia el suyo y cerró los ojos tan fuerte como pudo. Unos segundos después, Hermione se aclaró la garganta significativamente. Bien, pensó Ron, así es como va a ser; el ruido era cada vez más molesto. De pronto se sentó, agarró el despertador y lo lanzó contra la pared con la misma fuerza con la que lanzaría una quaffle.
-¿En serio?- protestó Hermione somnolienta. Prácticamente pudo oírla rodar los ojos mientras se acomodaba contra su cuerpo.
-Sí- replicó Ron sin remordimientos, cerrando los ojos de nuevo y moviendo las manos perezosamente sobre el costado y el estómago de Hermione.
-Tenemos que estar allí en una hora- le recordó desganada.
-Lo que quiere decir que tenemos otros cuarenta y cinco minutos para dormir- alegó Ron-. Aunque no sé por qué tenemos que ir.
-Siempre vamos a La Madriguera la víspera de año nuevo- señaló Hermione girándose para mirarlo.
-Estoy cansado y parece que estemos en mitad de la noche- se quejó Ron cuando Hermione llevó sus manos a su pelirrojo cabello.
-Lo sé, pero hemos dormido toda la tarde- observó-. Tenemos que ser miembros funcionales de la sociedad durante unas horas, y así mañana nos podremos quedar todo el día en la cama.
Ron gruñó aceptando el trato.
-No me pienso duchar.
Ella se acercó a él y aspiró con dramatismo.
-Supongo que no hueles demasiado mal.
-¡Hey!- protestó Ron hundiendo sus dedos en el costado de Hermione, conocedor de que ese era su punto sensible.
Hermione se rió hasta quedarse sin aliento, golpeando las manos de Ron y rodando hasta el borde de la cama.
-Yo sí que quiero darme una ducha- le informó poniéndose en pie y caminando para recoger el destrozado despertador. Con un movimiento de varita, lo reparó y lo dejó en su sitio-. Será mejor que no te quejes cuando vuelva a por ti después.
-Ilusa- murmuró Ron hundiendo la cara en una de las almohadas mientras la oía salir del dormitorio y entrar al baño. La verdad es que no quería perderse la celebración familiar, pero estaba más malditamente cansado de lo que lo había estado en años.
Desde que Ron se había enfrentado a Hermione para explicarle la naturaleza absorbente de su trabajo, ella había tenido cuidado al asegurarse de que lograba equilibrar de manera más eficaz su vida personal y laboral. Él a cambio le prometió no quejarse cuando su trabajo debía ser su prioridad (lo cual, por supuesto, no era tan fácil como sonaba), pero ella había mantenido su parte del trato. Incluso se había tomado dos semanas de descanso para la vacaciones de navidad, y con un golpe de suerte, Ron había logrado de Robards y Pince le dejaran diez días libres. Claro que esos días libres venían con la condición de que le iban a tocar los turnos menos deseables durante el tiempo que ellos considerasen necesario, pero Ron pensó que merecía la pena. Hermione se puso muy contenta con la notica, ya que significaba que podían acompañar a sus padres en sus vacaciones de invierno. Ese año habían elegido volver a Australia; a pesar de que los recuerdos del año que pasaron allí eran algo borrosos, recordaban que les gustaba, y además, la perspectiva de pasar una semana en el hemisferio sur en diciembre era prometedora.
Mirando en retrospectiva, habían sido unas buenas vacaciones. Habían volado el día después de Navidad, y Ron podía decir orgulloso que había viajado en avión y había sobrevivido para contarlo. Los primeros días habían sido un poco incómodos. Hermione había convencido a sus padres de que ella y Ron solamente necesitaban una habitación para los dos, pero Ron se sentía violento al tocarla sabiendo que su padre estaba al otro lado del pasillo. Su relación con el señor Granger había mejorado durante el curso de los dos últimos años, pero todavía había una línea definida que Ron sentía que traspasaba a cada momento.
-De todos modos creen que nos estamos acostando- le había dicho Hermione la segunda noche, después de que él le sugiriera a regañadientes que se abrazasen después de una sesión acalorada de besos.
-Así que lo que me estás diciendo es que no voy a poder mirar a tus padres a los ojos de todas formas- aseguró Ron sarcásticamente, incapaz de discernir qué aspecto positivo se suponía que tenía que ver.
-Exactamente, así que puedes sacar provecho y disfrutar- le sugirió Hermione en su mejor intento de voz seductora mientras le acariciaba el pecho y el estómago.
Huelga decir que a Ron no le había costado mucho convencerse. Por supuesto, el torpe carraspeo y los saludos excesivamente corteses entre él y el señor Granger no se acabaron, pero Ron llegó a la conclusión de que tendría que acostumbrarse a eso en algún momento. Se había preguntado brevemente cómo se las arreglaba Harry para actuar normal frente a su padre, pero rápidamente descartó esos pensamientos; seguía afirmando que Harry y Ginny eran vírgenes, y que lo seguirían siendo aún mucho después de que sus hijos fueran a Hogwarts.
Gran parte de las vacaciones se habían pasado en un suspiro. Hermione y sus padres estaban acostumbrados a hacer turismo, pero Ron no podía recordar ni la mitad de los sitios en los que habían estado. Algunos de esos lugares eran interesantes, y la mayoría de ellos eran agradables, pero él no escuchaba embelesado al guía como lo hacían los Granger. Sin embargo, hubo algunas partes del viaje que Ron estaba seguro que no iba a olvidar nunca: haber buceado con tiburones.
Ron se enteró justo el día antes de volver de que, al parecer, había algunos muggles que pensaban que era divertido meterse en una jaula en el mar para ver a los tiburones nadando. Y sí, el señor Granger era uno de esos muggles. Mientras Hermione y su madre se habían negado a participar en dicha actividad, Ron había aceptado unirse; si bien no estaba seguro del todo de si lo había hecho por una curiosidad de su subconsciente o simplemente por el deseo de agradar al hombre que probablemente sería su suegro algún día. No recordaba muchos detalles de la experiencia porque estaba tan concentrado en tratar de no moverse ni de respirar (ni de existir, en realidad), pero jamás olvidaría lo cerca que había estado de un jodido tiburón de verdad. Por lo que a él respectaba, nadie se podía burlar de nuevo de su aracnofobia, y lo que era aún mejor, el señor Granger parecía bastante impresionado.
Habían pasado el resto de esa tarde relajándose en una playa, pero había llegado pronto el momento de regresar a la triste y fría Inglaterra. Al fin habían llegado al apartamento de Hermione y habían colapsado en la cama, agotados de su semana en el extranjero. Pero era nochevieja y Ron sabía que su familia nunca le dejaría escaquearse; si llegaban más de una hora tarde, era más que probable que su madre fuese a buscarlos, y la verdad es que no quería que eso sucediera.
Unos diez minutos más tarde, Ron escuchó pasos que regresaban al dormitorio y, poco después, sintió unos dedos pequeños y delicados en su espalda. Dándose la vuelta bruscamente, levantó el brazo y tiró a Hermione sobre él, enterrando su rostro entre su húmedo cabello e inhalando el olor de su champú de vainilla y miel. Movió las manos para frotar su espalda, acercándose peligrosamente a su trasero, pero sin llegar a tocarlo.
-No tenemos tiempo- le recordó Hermione mientras le daba un beso cerca de los labios. Se apartó de él, arrugando un poco la nariz-. ¿Sabes?, deberías afeitarte pronto.
-Pensaba que te gustaba- murmuró Ron avergonzado llevándose una mano a la cara para frotar la incipiente barba que llevaba ahí desde la semana pasada. Se había olvidado llevarse a Australia la maquinilla de afeitar y no se había molestado en comprar otra.
-Estás guapo de cualquier manera- aplacó Hermione inclinándose para darle un beso-. Pero en serio, Ron, una semana es mucho tiempo, ¿no crees?
-Así que está bien después de cuatro día, ¿pero es demasiado después de una semana?- le preguntó acusador, apretándole la cintura con una mano. Ella parecía haber apreciado mucho su vello facial un par de noches atrás.
-No empieces- replicó ella, apartando su mano y poniéndose de nuevo en pie-. No es que te quede mal, es que pincha. Deberías afeitarte antes de volver al trabajo.
-Lo iba a hacer- dijo un poco irritado a la vez que salía al fin de la cama. Caminó a través de la habitación y empezó a hurgar en el cajón de la cómoda de Hermione que se había convertido en suyo. Tras un momento, se decidió por un viejo pantalón vaquero y un jersey marrón de había dos navidades. Hizo una nota mental para dejar el equipaje que había llevado al viaje en el apartamento; necesitaba más ropa para poder elegir cuando estaba allí.
-¿Te puedes creer que casi ha pasado otro año?- comentó Hermione mientras empezaba a cepillarse y secarse el pelo-. Parece que fue ayer cuando estábamos entrando en el nuevo milenio.
-El tiempo vuela- explicó Ron cambiándose la ropa interior y los pantalones. Sonrió para sí mismo mientras echaba una mirada a Hermione. Si pensaba que estaba siendo discreta en cuanto a la forma en que lo miraba en el reflejo del espejo, estaba gravemente equivocada.
-Ha sido un buen año, sin embargo- continuó ella, como si le estuviera retando a decir algo. Ron no lo hizo.
-Lo ha sido- estuvo de acuerdo el pelirrojo recordando momentáneamente el nacimiento de Victoire y la boda de Percy-. Creo que este podría ser un poco más tranquilo.
-¿Eso crees?
-Solo podemos aguantar unos cuantos bebés y bodas a la vez- le dijo lanzándole uno de sus jerséis a Hermione para que se lo pusiera. Mientras que otras personas se arreglarían para recibir el nuevo año, los Weasley llevarían puestos sus jerséis. Hermione había estado recibiendo su propio jersey Weasley en navidad desde hacía unos cuantos años, pero Ron prefería verla con los suyos, y ella no tenía ningún inconveniente.
-Es algo de esperar, ¿sabes?- comentó Hermione casual-. Todos tenemos veintitantos.
-Tú tienes veintitantos- respondió Ron-. A mí aún me quedan unos meses teniendo solo veinte.
Hermione rodó los ojos de buen humor.
-¿De verdad crees que va a ser un año tranquilo?
-Ni idea- manifestó Ron pensativo. Vaciló un momento antes de continuar-. Quiero decir, creo que seremos los próximos. Pero todavía no, ¿cierto?- le preguntó con aprensión, obligándose a mirarla a los ojos.
-No, creo que todavía no- contestó Hermione con suavidad, dándole una pequeña sonrisa-. Aunque supongo que no podemos retrasarlo mucho más, ¿verdad?
-No, no mucho más- afirmó Ron cogiendo su mano y dándole un suave apretón. Intercambiaron miradas que decían mucho más que sus palabras: realmente no lo estamos postergando. Solo un poco más, para ahorrar un poco más. Ambos queremos esto, más pronto que tarde.
-Podríamos no ser los próximos- continuó Hermione con naturalidad, apartando los ojos de Ron dándole los toques finales a su cabello, recogiéndoselo en un práctico moño.
-¿Quién si no?- preguntó Ron con curiosidad.
-Harry y Ginny llevan juntos tanto tiempo como nosotros- señaló Hermione.
-Lo que no quiere decir que haya llegado el momento para ellos todavía- insistió Ron intentando no recordad, pero fallando, de que ese cretino, como se refería a él cuando se trataba de Ginny, parecía interesado en casarse con su hermana.
Hermione solamente se mordió el labio y soltó un suspiro pesado.
Ron frunció el ceño.
-¿Qué sabes?- le preguntó cauteloso.
-Nada- dijo ella apresuradamente. Ron alzó las cejas expectante, sabiendo que Hermione se hundiría bastante rápido. Ninguno de los dos podía guardar un secreto al otro durante mucho tiempo. Habían decidido en los últimos dos años ser lo más honestos y abiertos posibles, y ninguno se sentía muy cómodo con menos-. Oh, está bien, pero yo no te he dicho nada- cedió ella tras un momento de tenso contacto visual.
-Dispara- indicó Ron, asintiendo para confirmar que, como siempre, lo que hablaban entre ellos, se quedaba entre ellos.
-No sé nada con certeza- dijo Hermione lentamente, sentándose junto a Ron en la cama-, pero hace un par de semanas, Harry me preguntó qué tipo de piedra preciosa prefería Ginny.
-Eso podría ser para cualquier tipo de joya- señaló Ron-. Era navidad.
-¿Cuándo fue la última vez que viste a Ginny usando joyas?- inquirió Hermione arqueando una ceja.
-Buen argumento- admitió Ron-, pero Harry nunca ha sido especialmente bueno escondiendo cosas como esta.
-Tú tampoco has sido muy bueno notándolas- declaró Hermione con suavidad.
-Pero él me lo habría contado- insistió Ron-. ¿No?- ahora que lo pensaba, él y Harry raramente hablaban de sus relaciones, pero era de esperar dadas las circunstancias. Aun así, seguramente su mejor amigo habría mencionado algo tan grande como eso… seguramente…
-No me sorprendería mucho si no lo hubiera hecho- manifestó Hermione cortando los pensamientos de Ron. Ella leyó la mirada dolida que había aparecido en su rostro y añadió-. Piensa, Ron. ¿Tú se lo habrías contado?
Ron lo pensó un momento. ¿Lo habría hecho? La verdad es que no había manera de dejar caer algo como eso en una conversación casual, y él y Harry temían tener conversaciones que no fueran casuales. Esos tipos de charlas iban generalmente seguidas de carraspeos incómodos y de varios minutos evitando el contacto visual antes de cambiar de tema bruscamente.
-Probablemente no, a menos que me hubiera preguntado- admitió con honestidad.
-Y tú no le has preguntado a él- apuntó Hermione-. No te preocupes demasiado, no lo sabemos con seguridad- le dio un breve beso en la mejilla y entrelazó sus manos con la de Ron-. ¿Nos vamos?
Minutos más tarde, estaban saliendo de la chimenea de la sala de estar de La Madriguera. Un fuerte bramido los saludó a su llegada, y pronto fueron rodeados por un grupo de Weasleys entonados y ansiosos por preguntarles qué tal las vacaciones. Molly casi estaba llorando mientras los abrazaba, y Ron no se atrevía a decirle que los había visto en navidad. Tras saludar a todos y contar la historia de los tiburones varias veces, Ron y Hermione fueron a la cocina.
-Que dices, ¿es la perspectiva de otro año conmigo lo suficiente como para que bebas algo de licor esta noche?- le preguntó en broma sirviéndose un vaso de whiskey de fuego.
-Si lo pones de esa manera, supongo que debería- replicó Hermione con un brillo malicioso en los ojos ofreciéndole su vaso a Ron. Éste lo llenó y se lo devolvió, arqueando las cejas en su dirección. Tomó un sorbo y Ron soltó un grito de alegría, apoyando su brazo alrededor de los hombros de Hermione al volver a la sala de estar.
-¡Hey, Ron!- gritó George cuando entraron, haciéndoles señas para que fuesen junto a él y Angelina, su no-novia-. ¿Estás jodidamente loco?- le preguntó agarrándolo por los hombros.
-¿Cómo?- preguntó Ron con inocencia.
-¡Quiere saber por qué demonios has nadado con tiburones!- aclaró Angelina riendo mientras tomaba un trago de la bebida de George.
-¡Exacto! Supongo que una vez que has montado en un dragón, esos malditos tiburones no parecen tan malos, ¿eh?- comentó George haciendo un guiño ofensivo.
-Ni siquiera fue tan peligroso. Estaba en una jaula- murmuró Ron, deseando no haber contado esa historia. Era una anécdota genial, pero no quería hablar mucho de ello, especialmente con su hermano borracho.
Angelina y George se miraron y se rieron más fuerte.
-¿Te metieron en una jaula? ¿Cuándo estabas nadando con los tiburones?- preguntó George sin poder creérselo-. Colega, claramente estás un poco inestable, pero en serio…
-No puedes meter a un tiburón salvaje dentro de una jaula, ¿no?- Ron se quebró un poco irritado, aunque en el fondo se alegró al ver la expresión de burla en el rostro de George. Su sentido del humor había estado un poco apagado desde la guerra, pero parecía que resurgía cuando estaba con Angie.
-Dejadlo estar, solo estaba tratando de impresionar a mi padre- alegó Hermione intentando que parasen. Ron gruñó.
-¡Ajá! Querías demostrarle al señor Granger que su hija está saliendo con alguien con pelotas. Ahora todo tiene sentido- dijo George asintiendo a sabiendas-. No puedes dejar que el hombre piense que su pequeña está insatisfecha, ¿verdad?
-George, ¡lo estás avergonzando!- le reprendió Angelina señalando la cara enrojecida de Ron.
-Nah, ese es su color natural- bromeó George-. Estoy seguro de que a Hermione le atrae bastante. Eso y el patético intento de vello facial es lo que sella el trato.
-Adiós, George- sentenció Ron sin demora, dirigiendo a Hermione hacia donde estaba Harry sentado y dejando a George y Angelina a su suerte.
-¿Dónde está Ginny?- preguntó Ron como saludo mientras ambos se sentaban en el sofá al lado de Harry.
-Viene directa del entrenamiento- respondió ansioso, sin dejar de mover los ojos en dirección a la chimenea cada pocos segundos-. Gwenog ha estado machacándolas más que de costumbre estas últimas semanas, cree que tienen oportunidad de ganar la liga este año.
-Y la tienen- comentó Ron considerando durante un momento a cada uno de los mejores equipos. Las Arpías habían estado entre los mejores desde hacía tiempo, pero siempre parecían quedarse cortas-. Pero no podemos contar con esos malditos Tornados.
-Nunca podemos- estuvo Harry de acuerdo-. ¿Qué tal Australia en comparación con la última vez?
-Menos estresante- agregó Hermione-. Ha sido muy agradable estar allí simplemente de vacaciones; es un país muy bonito. Cuando estuvimos todos allí vimos muy poco, pero en una semana hemos podido hacer bastante turismo. Ha sido encantador poder pasar tiempo con mis padres; hacía siglos que no me iba de vacaciones con ellos y al fin han tenido la oportunidad de conocer realmente a Ron, lo cual ha sido maravilloso.
-Sí- añadió Ron vagamente-. Me he pasado siete días como loco intentando asegurarme de que tu padre no encontraba una razón para odiarme- esto provocó una risita de Harry, pero Hermione frunció el ceño.
-Mi padre nunca te ha odiado, y la verdad es que no necesitabas complacerlo en su obsesión con los tiburones. Sinceramente, Ron, solo porque hemos dormido en la misma habitación no significa que tuvieras que compensarlo participando en la idea de diversión que tiene mi padre…
Ahora Harry casi estaba doblado de risa.
-Que te den, Harry- Ron frunció el ceño, empujando a Harry y haciendo que se golpease con el brazo del sofá.
-Has nadado con tiburones- dijo Harry sin creérselo, todavía sofocado por la risa-. Has nadado con tiburones porque su padre se ha enterado de que vosotros… ya sabéis… dormís en la misma cama, lo cual, basado en mi desafortunado y bastante exacto conocimiento, lleváis haciendo más de dos años.
-¿No es un poco ridículo?- debatió Hermione con una amplia sonrisa y dándole un sorbo a su bebida.
Ron fulminó con la mirada a sus amigos.
-Para vosotros es fácil. Mis padres os querían a los dos desde el principio.
-Déjalo estar- le dijo Harry restándole importancia-. Es bueno teneros de vuelta en casa.
-Espero que el Departamento se haya venido abajo sin mí- remarcó Ron sonriendo.
-Tuve un caso en Glasgow el otro día que quizás te habría gustado- le comentó Harry mirando rápidamente hacia la chimenea mientras hablaba.
-¿Te hicieron ir hasta Glasgow?- preguntó Ron incrédulo. Generalmente no los necesitaban fuera de Inglaterra en el día a día.
-Sí, fue extraño. Todo empezó con un anillo de prostitución que los elfos…
El grito furioso de Hermione fue ahogado por un bramido triunfante del resto de la familia; Ginny acababa de llegar y Harry había saltado rápidamente del asiento para ir a su lado corriendo. Antes de que alguno se diera cuenta de lo que estaba pasando, Ginny levantó la mano izquierda para mostrar un gran diamante en el dedo anular. Unos chillidos encantados y felicitaciones llenaron el aire. Ron sintió que se le abría la boca; ni la conversación de antes lo había preparado para esa novedad.
-¡Es maravilloso! ¡Tenía razón!- chilló Hermione, con la voz un poco más alta de lo normal, como tendía a ser cuando bebía cualquier cosa con alcohol.
Ron se sacudió el estupor y miró a su novia, sonriendo cariñosamente. Ella seguía riéndose y aplaudiendo con entusiasmo, tirando un poco de la bebida con cada palmada. Ron no pudo evitar abalanzarse sobre ella y darle un efusivo beso en la mejilla antes de levantarse y ofrecerle una mano.
-¿Crees que hice bien en decirle que le comprase un diamante? Es clásico, ya sabes, y tu hermana no es particularmente exigente…- explicó Hermione apresuradamente levantándose con ayuda de Ron.
-Es genial- le aseguró mientras se acercaban a los demás Weasley, que rodeaban la chimenea, de la Ginny apenas había podido salir antes de ser asaltada por el resto. A través de varias cabezas, Harry buscó a Ron con la mirada. El pelirrojo se acordó de inmediato de un momento en la sala común de Gryffindor hace unos cuantos años, y justo como hizo en aquel entonces, le dio a Harry su aprobación con la cabeza, pero esta vez no pudo evitar sonreír ampliamente, una expresión que Harry no tardó en imitar. Esta vez estaba más que bien con lo que estaba pasando; estaba realmente feliz por los dos.
-Supongo que no seremos los siguientes- le susurró a una Hermione de ojos llorosos mientras esperaban a que la pequeña multitud los dejase acercarse a la pareja.
-Seremos los siguientes después de los siguientes- concluyó Hermione un poco soñadora, volviéndose para ofrecerle una brillante sonrisa.
-Somos nosotros los que nos hemos comprometido y sin embargo sois vosotros los que estáis haciendo ojitos- Ginny anunció su presencia con un comentario sarcástico, como de costumbre. Hermione dio un grito de nuevo y envolvió a Ginny en un abrazo. Cuando las chicas empezaron a hablar rápidamente y con entusiasmo evidente sobre el anillo y los planes de boda, Harry se dirigió hacia Ron.
-Serás mi padrino, ¿no?- le preguntó Harry extendiendo una mano.
-Eso espero. No te he salvado ese triste culo todos estos años a cambio de nada, ¿sabes?- agregó Ron tomando la mano de Harry y sacudiéndola firmemente mientras usaba la otra para darle unas palmadas en la espalda. Harry lo imitó y pronto se estaban abrazando, por supuesto, de una manera muy masculina.
-Joder, tío. Te vas a casar- dijo Ron sin creérselo mientras se separaban.
-Lo sé- observó Harry, claramente un poco conmocionado al escuchar las palabras pronunciadas en voz alta. Se rió con nerviosismo y Ron se le unió. En ese preciso momento, la verdad es que a Ron no le podía importar menos que Harry no se lo hubiera contado antes.
-¡Harry!- gritó Hermione casi saltando para abrazarlo y dejándolo sin aire.
Ron se rió y abrazo a su vez a Ginny.
-Enhorabuena, mocosa- murmuró con afecto.
-Gracias, imbécil- le agradeció Ginny alejándose y golpeándole suavemente el brazo. Ella frunció el ceño cuando lo miró a la cara-. Aféitate.
Ron soltó un gemido frustrado.
-¡Tampoco está tan mal!
-No sé cómo te puede besar Hermione con esa mierda por toda la cara; claro, que tampoco sé por qué te besa si quiera, así que…- dijo Ginny sonriendo.
-Madura, pronto serás una mujer casada- replicó Ron dándole un empujón en el hombro.
-Cierto, lo seré- comentó Ginny pensativa, poniendo la mano delante de su cara para admirar el anillo a la vez que Harry le pasaba un brazo por los hombros, evidentemente después de haberse liberado del agarre mortal de Hermione.
En ese instante, Bill volvió de la cocina sosteniendo un par de botellas de whiskey de fuego para brindar por Harry y Ginny, y todos estallaron en gritos, aunque en algunos casos, también hubo algunas lágrimas de alegría. La habitación se llenó de carcajadas despreocupadas y Ron dejó vagar la mirada por su familia y sus mejores amigos, y estuvo bastante seguro de que nunca había sido tan feliz. Las cosas no eran perfectas, todos lo sabían, pero siempre habría algo que no podía cambiar. En general, lo bueno compensaba lo malo.
Cuando Ron se volvió para mirar a Hermione y vio que su expresión sin duda era un reflejo de la suya, no pudo evitar besarla. Hizo caso omiso de los gritos de sus hermanos (¡Todavía no es medianoche!), porque estaba demasiado feliz como para molestarse. Todo iba bien, y, con suerte, a partir de ese momento solo mejoraría.
¡Hola de nuevo! Otra semana más os traigo el nuevo capítulo. ¿Qué os ha parecido? Yo la verdad es que me rió solo con imaginarme a Ron dentro de una jaula tratando de impresionar al señor Granger con lo de los tiburones, muy propio de Ron hacer locuras como esa jajajaja. Volvemos otra vez con las insinuaciones de boda, esta vez por parte de los dos, así que ya creo que están preparados para pensárselo bien y dar el paso, aunque como sabemos, aún les falta para el gran día.
Bueno, no me enrollo más, que me dan cuerda y no paro. Muchas gracias a todos por leer. ¡Nos vemos en el siguiente! Un beso.
