Abrir los ojos…
Oscar levantó la vista y vio a Fersen durmiendo profundamente en el diván que estaba cerca de la cama, a pesar de su insistencia para que fuera a descansar, él se había negado a dejarla sola, sonrió al ver como finalmente se había quedado dormido pese a declarar enérgicamente que no tenía sueño. Era prácticamente de madrugada y en la casona reinaba el más absoluto silencio. Jean se había retirado y ella misma había cabeceado aferrada a la mano de André; las lágrimas que había derramado al ver que su marido llevaba horas con una peligrosa temperatura la tenían agotada. Se levantó de la silla y apoyó con suavidad los labios en la frente del padre de sus hijos, su piel estaba apenas tibia, pero, pese a que la fiebre lo había abandonado, aún no despertaba. Tomó una de sus manos, ya no parecía inerte y sonrió. La llevo a sus labios para besarla. –Regresa a mí- susurró mirando el pecho de su marido que subía y bajaba de forma rítmica y tranquila. Apoyó su cabeza en él tratando de escuchar el latido de su corazón –Necesito que despiertes…- habló en un murmullo apenas audible –Necesito que despiertes y me ames como siempre… como sólo tú sabes hacerlo…
-Me resultará muy difícil en estas condiciones…tendrías que ayudarme… pero puedo intentarlo.
La voz ronca y cansada de André la sorprendió, levantó rápido la cabeza para mirarlo, vio que sus maravillosos ojos verdes estaban húmedos y la miraban llenos de amor. Se irguió para acercarse a él con delicadeza y lo besó en los labios, cuando se separaron sonrió al notar que sus labios ya no estaban fríos. -¿Cómo te sientes?- preguntó mientras acariciaba su rostro –Te extrañé…- sonrió.
-Bien…estaba soñando contigo- el hombre de ojos verdes carraspeó suavemente tratando de aclarar su garganta -¿Y tú…? ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes?- sonrió a pesar de que el carraspeo le había provocado un agudo dolor en el costado.
-¿Yo?... Pero si yo no fui la herida...- sonrió contenta, respiró profundo y entendiendo lo que él quería decirle habló nuevamente –Ahora estoy muy bien…- acarició su negro cabello -¿Quieres agua?
-En realidad quiero lo contrario- André trató de sonreír –Necesito llegar al orinal- intentó incorporarse apoyándose en un codo. Se llevó la mano al costado que estaba fuertemente vendado -Después te preguntaré por qué huelo a cebollas…- miró las telas que lo envolvían. Una mueca de dolor cruzó su rostro en cuanto logró sentarse.
-Lo traeré aquí… no te levantes- Oscar se separó rápido para ir tras el biombo de la habitación.
-No…- la tomó de la mano –Ayúdame a ponerme de pie…- miró en dirección a Fersen –Es una cuestión de orgullo…
Oscar asintió y usando todas sus fuerzas lo ayudó a levantarse, agradeció haber tomado la decisión de dejarlo vestido con unas livianas calzas de algodón, vestirlo en esas condiciones habría sido tremendamente difícil y doloroso. Lo acompañó hasta el orinal y lo esperó con paciencia dándole la privacidad que necesitaba. -Despertaré a Jean, está en una de las habitaciones de invitados- murmuró cuando él se estaba lavando las manos –Querrá ver si orinaste sangre, estaba preocupado por tus riñones- lo ayudó a acostarse nuevamente.
-Déjalo descansar…- André jadeó debido al esfuerzo que le había significado caminar –Estoy seguro de que no fue así… mañana podrá realizar sus extraños experimentos- sonrió y se acomodó con esfuerzo entre las almohadas -¿Los niños?- preguntó.
-Están durmiendo… ¿Quieres que los despierte?... han estado muy preocupados.
-No… déjalos dormir- estiró una mano –¿Te recostarías al lado mío?... Tengo un poco de frío…
-Es porque perdiste mucha sangre- rápidamente Oscar puso un par de leños más en la chimenea para aumentar la temperatura de la habitación -¿Quieres comer algo?
-No… pero ahora aceptaría un poco de agua…
Oscar le acercó un vaso y esperó que bebiera un par de sorbos. Después de recibir el recipiente de regreso, se quitó las botas y se acomodó bajo las sábanas junto a su marido, enlazó sus piernas a las de él y apoyó con cuidado la cabeza en su hombro tratando de abrigarlo. Sonrió al sentir que su mano acariciaba su espalda.
-¿Qué hace Fersen aquí?- preguntó André en apenas un murmullo.
-Isabelle le contó del incendio y viajó con Charles para tratar de ayudar en lo que fuera necesario- suspiró –Estaba muy preocupado por todos nosotros… llegó hoy en la mañana.
-Quizás debieras despertarlo para que vaya a acostarse a una de las camas… claramente ese sofá le provocará un dolor de cuello terrible- trató de reír pero sólo salió un quejido de su garganta.
-No despertará a menos que grite en su oído- Oscar sonrió contra el pecho de André –¿Te molesta que esté aquí?... si te molesta insistiré hasta que se levante.
-Déjalo- suspiró –No me molesta… más bien me tranquiliza saber que te acompañó alguien en quien confías.
-Creí enloquecer tan sólo de pensar en perderte…- susurró aferrándose a André con fuerza.
-Se necesitará más que una bala para alejarme de mi familia- el hombre sonrió en la oscuridad –Ahora descansa… te ves fatigada.
-Hablé con Isabelle… Le conté todo.
-¿Por qué?- preguntó alarmado.
-Encontró en el desván nuestras guerreras del ejército y tu diario- suspiró cansada –El dolor de saberte en peligro la sacó de quicio y me exigió respuestas… me habría gustado hablar con ella en tu compañía, pero no pude dilatarlo más… estaba completamente fuera de sí.
-Recuerdo bien los arranques de ira de las adolescentes Jarjayes… los sufrí en carne propia- bromeó –Ya sabes que no sólo heredó tus ojos y belleza- sonrió besando la cabeza de su mujer.
-Aún no hablo con Augustin… Me gustaría que lo hiciéramos juntos.
-A mí también me gustaría… pero después de descansar… estoy muy cansado.
Oscar asintió y aferrándose al tibio cuerpo de su marido cerró los ojos dejandose llevar por el tranquilo sueño que la estaba invadiendo.
-o-
Hans Axel Von Fersen despertó acalorado, se irguió con dificultad del sofá en donde se había quedado dormido e hizo una mueca de dolor al moverse. Se llevó de inmediato una mano al cuello para masajear la zona mientras se ponía de pie, miró con molestia el pequeño sofá en el que se había quedado dormido. Buscó con la vista a Oscar y sonrió con melancolía al ver que estaba acostada junto a André. Notó que el fuego de la chimenea de la habitación estaba cerca de extinguirse, puso un par de nuevos leños y se acercó a la cama con cuidado para no despertarla, sabía que estaba fatigada. Después de acomodar con ternura un rubio mechón que estaba sobre la mejilla de su ex mujer, levantó la vista y se encontró con la mirada de André -Perdona…- susurró tratando de disculparse ante ese gesto tan íntimo -¿Cómo te sientes?
-He estado mejor- el herido trató de sonreír –Pero dadas las condiciones no me puedo quejar.
Fersen asintió con la cabeza y sonrió antes de hablar –Me alegra que estés bien… lo digo en serio.
-Lo sé…- André lo miró tranquilo –Gracias por haber venido.
-Era lo único que podía hacer…- se acercó a André y extendió una mano –Te debo mucho y los considero parte de mi familia.
El esposo de Oscar estrechó su mano con gratitud y sonrió.
-Iré a ver a Isabelle…- Fersen habló nuevamente y antes de salir rápido de la habitación.
André se acomodó y besando la frente de su mujer, que continuaba profundamente dormida, se sumió en un profundo sueño.
-o-
El Conde sueco abrió despacio la puerta para no despertar a Isabelle, pestañeó varias veces tratando de acostumbrar sus ojos a la penumbra. Se acercó rápido a la cama al verla intacta, no había rastros de ella. Salió de la habitación y fue a la de Augustin, el rubio niño dormía profundamente teniendo como única compañía a un gato, que estaba enrollado a sus pies, el animal se estiró perezosamente ante su intromisión. Sin hacer ruido salió de la alcoba y comenzó a buscar por toda la casa, no había rastro de Isabelle, Charles ni Alain. Se acercó a la zona donde estaban las habitaciones de servicio buscando a Gabrielle. La Nana abrió la puerta preocupada.
-Señor… ¿Ocurre algo?
-¿Isabelle está con usted?- una presión en el pecho apenas lo dejaba hablar.
-No… la última vez que la vi estaba en la habitación de Augustin- la Nana se alejó de la puerta y a los segundos apareció nuevamente abrigada con un grueso chal.
Fersen la ayudó recibiendo la palmatoria que sostenía en sus manos -Tampoco encuentro a Charles ni a Alain- murmuró mientras comenzaban a caminar por el pasillo con dirección a la cocina.
-Ellos salieron después de cenar… creo que…- la Nana dudó en seguir hablando.
-Dígame por favor…- la apremió.
-Escuché que iban a una taberna…- lo miró nerviosa, sabía que el comportamiento de Charles no era de los mejores y que eso le provocaba más de un dolor de cabeza al Conde –Los escuché cuando invitaron a Gilbert a acompañarlos, pero debido al estado de Clarice él rechazó la invitación.
-Eso quiere decir que Isabelle no está con ellos…- el sueco comenzó a caminar nervioso en la cocina.
-Quizás debiéramos avisarle a Lady Oscar…- sugirió Gabrielle
-No… se acaba de quedar dormida… prefiero no importunarla a ella ni a André a menos que sea estrictamente necesario- abrió la puerta de la cocina –Iré a pedirle ayuda al capataz de la hacienda…- la miró antes de salir –Por favor, envíe a Charles a hablar conmigo en cuanto ese inconsciente ponga un pie en la casa.
Isabelle forcejeó una vez más con la cuerda que apretaba sus muñecas mientras no quitaba la vista del rostro de Jerome. -Suéltame- insistió –Si no me sueltas comenzaré a gritar y no saldrás de aquí con vida… en cuanto mis padres se enteren de quien eres realmente, pagarás con sangre todo lo que has hecho.
-¿Quién me hará pagar?- se burló el periodista –¿Tu padre moribundo?- sonrió al ver que los ojos de Isabelle se llenaban de lágrimas –Quizás ya está muerto… o la Comandante que tienes por madre- se acercó amenazante al rostro de Isabelle y la tomó del mentón para mirarla a los ojos –Siempre supe quién era… eras tú quien vivió toda su vida con desconocidos.
La joven movió la cabeza para soltarse de su mano y levantando una pierna lo pateó con fuerza -¡Ayuda!- gritó. Una fuerte bofetada la hizo voltear la cabeza, sintió que todo daba vueltas a su alrededor. Respiró profundo, no podía perder el conocimiento. Sus ojos se llenaron de lágrimas al percibir el sabor de la sangre en sus labios y su mejilla palpitando dolorosamente. Apretó los dientes para no llorar, no lo haría frente a él aunque la golpeara.
-No seas obstinada…- farfulló Jerome –Si vuelves a gritar mi amigo aquí presente no será tan benevolente… los aristócratas no tienen su beneplácito.
Isabelle miró asustada al hombre que acababa de abofetearla, el rufián tomó una especie de bastón y comenzó a moverlo cerca de su cabeza de forma amenazante. -Eres un cobarde…- contestó con rabia –Eres tan cobarde que no eres capaz de golpearme por ti mismo- sonrió altiva -¿Quieres dinero?... dime… ¿Es eso lo que buscas?
-Ve a preparar los caballos- el periodista le ordenó al hombre que amenazaba a Isabelle ignorando la pregunta de la chica –No podemos quedarnos aquí- esperó que el maleante saliera de la habitación. Una vez que la puerta se cerró comenzó a guardar sus pertenencias en un bolso.
-No te entiendo...- murmuró la joven de cabello negro -Pensé que sentías algo por mi... pensé que me querías...
-Lo que quiero es que tu madre sufra, que sufra como lo hizo la mía...
-¿Tu madre?- preguntó al darse cuenta que no era un tema superficial el que movía al periodista a actuar de esa manera -Jerome…- insistió bajando el tono de su voz –Seguramente estás equivocado… Mi madre jamás provocaría sufrimiento a alguien inocente- trató de tranquilizarlo mientras movía de forma frenética sus manos tratando de soltar las amarras que la apresaban.
-No la conoces… no sabes de lo que es capaz- el hombre continuó recolectando en la habitación todo lo que pudiera identificarlo.
-Confié en ti, Jerome... te conozco... este no eres tú- trató de convencerlo.
-No eres más que una chiquilla inocente- resopló -No me conoces... aunque no eres tan estúpida como creía, mi primer plan era aprovecharme de ti, aprovecharme de tu candidez y una vez que consiguiera que te entregaras por completo a mi, iba a abandonarte para que quedaras destruida y tu familia sufriera al verte así…- movió la cabeza molesto –Pero fuiste más inteligente de lo que esperaba… por más que lo intenté no logré que te enamoraras de mi- la miró con odio.
Isabelle lo miró durante unos segundos. Al ver el sentido brillo de sus ojos, supo que lo de Jerome era más que una venganza en contra de su madre, también estaba herido porque ella no había caído en sus mentiras -Te dolió que no me enamorara de ti...- murmuró –Estás despechado… ¿Es por eso tratas de lastimarme?- habló con la voz firme pese al miedo que tenía, necesitaba ganar tiempo para idear alguna forma de escapar, al ver él que continuaba concentrado en lo que estaba haciendo insistió –Jerome… tú me gustabas… me gustabas mucho- esperó que la mirara –Pero no eras para mi y no puedes culparme por ello... eres un hombre muy inteligente y sé que me entiendes... nunca quise hacerte sentir mal.
-¿Encuentras que soy muy poca cosa? ¿Por eso no te enamoraste de mi?- la miró con dureza –Es eso lo que me quieres decir… te creía más inteligente… no estás en una posición que te permita humillarme- se acercó e inclinó hasta quedar a escasos centímetros del rostro de Isabelle -No seas vanidosa, no eres tan maravillosa como te han hecho creer toda tu vida.
-No… no eres poca cosa… eres un hombre brillante, culto y apuesto- la joven trató de disculparse al ver odio en su mirada –Quizás soy yo quien no te merecía...
-No me manipulas...- el hombre la miró desde su altura -No eres tan inteligente como te crees- sonrió -Si no fuera porque aún crees en los cuentos de hadas habrías caído en mis manos- una sonora carcajada retumbó en la habitación –Eres una chiquilla que sueña con una pareja de ensueño como la de sus padres- se burló.
Isabelle sonrió altiva –Veo que eres tú quien no me conoce... No me importa casarme, nunca me ha importado... por eso no tomé en cuenta tus propuestas... tú jamás podrías darme lo que busco…- lo miró con rabia -Y no te equivoques, no busco un amor de cuento de hadas porque eso no existe, lo que quiero es algo real, algo sólido y duradero- vio que Jerome la miraba son burla, sintió que su sangre hervía, su orgullo estaba traicionándola. Respiró profundo tratando de serenarse -Y si no me enamoré de ti, es sólo porque tú no fuiste capaz de enamorarme- quiso enfadarlo para que se acercara a ella, tenía que provocarlo para que comenzara a actuar de forma impulsiva y no tan calculada.
-Eres tan petulante… pero eso me gusta más que tu faceta dulce y delicada- Jerome, cayendo en la trampa, se acercó y tomando su rostro con fuerza la besó –Maldita…- susurró separándose de ella mientras se limpiaba la boca, Isabelle lo había mordido. Levantó la mano para abofetearla, se contuvo al ver su mirada brillante, bajó la mano, dio media vuelta y continuó guardando sus pertenencias. –Nos iremos de aquí…- comenzó a hablar –Si tu padre no muere, que tú estés lejos hará sufrir a tu madre.
-¿Piensas tenerme amarrada toda la vida?- al ver que el periodista no contestaba, ni la mirada, insistió –Sabes que a la primera oportunidad escaparé y mis padres te matarán.
-No harás que pierda los estribos, no eres tan lista ni yo tan tonto- le advirtió -Si debo tenerte amarrada día y noche, lo haré...
-No eres capaz de lastimarme así como tampoco eres capaz de ensuciarte las manos- lo desafió –No eres más que un cobarde… de atreverte a cumplir todo lo que has dicho, habrías atentado tú mismo en contra de mi padre, pero no- sonrió -No fuiste capaz y tuviste que enviar una tropa de maleantes a hacer el trabajo sucio.
-El fin justifica los medios- sonrió el joven –Me gusta esa frase… ¿Sabías que la escribió el mismo Napoleón Bonaparte en la última hoja del ejemplar de "El Príncipe" que mantiene en su mesa de noche? (*)
-¿Lo conoces?- lo miró atónita.
-Gracias a la inocente Madame Robespierre conocí a nuestro Emperador… pobre mujer, no se imagina que es la siguiente en mi lista…- cerró su bolso –El que sea tan conocida no la hace un blanco fácil… tu madre fue todo lo contrario- sonrió –Ella se esforzó tanto en desaparecer que facilitó todo.
La joven se dio cuenta que hacerlo enojar no lo había perturbado lo suficiente, pensó rápidamente en una nueva táctica -Jerome…- habló con suavidad esperando que la mirara -¿Qué es lo que quieres?... si gustas podemos ir ambos con mi madre, hablemos con ella… estoy segura de qué lo que crees que hizo es un error- sonrió con dulzura –Desátame… No le diremos nada de esta situación… si hablas con ella podrás aclarar cualquier duda que tengas, eso te ayudará a marcharte en paz- trató de convencerlo.
-Eso es imposible…- el joven la miró –Hay demasiada gente involucrada…- se acercó nuevamente a Isabelle -¿Por qué complicaste todo?- preguntó –Si hubieras cedido todo habría sido más fácil... incluso podrías haber sido feliz un tiempo, nos hubiéramos ido a París… podrías haber asistido a tertulias, a fiestas… me habría esforzado por darte todo lo que quisieras... hasta podría haber olvidado que eras hija de los que destruyeron mi familia.
-¿Y después me hubieras abandonado...?- preguntó ella con fingido dolor.
-Es probable, aunque nunca lo sabremos- el hombre sonrió -Pero piénsalo y que quede en tu conciencia, tu obstinación causó que no solo me conformara con destruir el negocio de tu padre…
Isabelle lo miró consternada -¿Tuviste algo que ver con el incendio?- su mentón tembló al recordar esa terrible noche. El periodista se acercó a la ventana mirando si su cómplice estaba cerca e ignorándola -Jerome…- trató de llamar su atención al ver que él se cerraba nuevamente -Déjame ir, si no quieres hablar con mi madre, no lo hagas... Te prometo que no le diré a nadie lo que ha pasado ni los crímenes que me confesaste...
-Ese palurdo se está tardando más de lo que debe…- el hombre miró exasperado la puerta ignorando las palabras de Isabelle.
-Jerome, déjame ir- ella repitió con suavidad -Déjame ir por favor...
-No sabes cómo disfruté ver el dolor en los ojos de Monsieur Grandier cuando vio a sus preciosos caballos muertos- el aludido sonrió mientras pronunciaba cada palabra –Aunque lo que más disfruté ver como tu madre sufría por él… en ese momento supe que la mejor forma de destruirla era matándolo.
Isabelle al se dio cuenta de que estaba obcecado y sus suplicas no surtirían efecto, nuevamente se había cerrado a escucharla -Eres un monstruo- susurró tratando de provocarlo nuevamente.
-No te equivoques… Si hubiera atentado contra tu hermano lo sería, pero me conformé sólo con ocasionarle problemas en la escuela- sus ojos negros brillaron.
-¿También estuviste detrás de eso?- lo miró consternada.
-Jamás podrías imaginar lo fácil que es convencer a una tropa de campesinos para que hagan lo que uno quiere… basta con decirles que hay un miembro de la aristocracia que vive mejor que ellos y paf- hizo un gesto con las manos -La mecha se enciende… después de eso, sólo me senté a observar como tu familia se desmoronaba.
-¿Por qué nos odias tanto?- preguntó Isabelle con la mirada húmeda –¿Qué pudo haberte hecho mi madre para que la odies de esa manera?- siguió hablando mientras pensaba en como escapar.
-La pregunta es más bien ¿Qué se rehusó a hacer tu madre?…- Jerome sonrió lacónico –Dime… ¿Tú y tu hermano sufrieron lo suficiente al ver como la perfecta pareja que tenían por padres se desarmaba?... Sé que discutían a diario, por eso iba a tu casa a ayudar, quería ver como se desmoronaban... pero pese a todo siguieron juntos- resopló -Así que tomé la opción más rápida, una bala todo lo arregla- tomó de un brazo a Isabelle para obligarla a ponerse de pie.
-Estás realmente enfermo- siseó ella con rabia.
–Vamos- la empujó para que caminara –Tendremos que ir nosotros donde el inútil que envié a preparar los caballos.
-No saldré de aquí hasta que me digas lo que quiero saber… estoy segura de que estás equivocado acerca de mi madre, la conozco…- insistió y se tiró al suelo para sentarse –Tendrás que sacarme a rastras y eso más de alguien lo verá…- lo desafió.
-Defiendes a tu madre de la misma forma que tu padre… ambos están ciegos- la tomó con dureza del brazo tratando de levantarla del piso –¿Sabías que tu padre estuvo preso, que fue azotado, y a pesar de eso jamás dijo una palabra acerca del paradero de tu madre?... Si él hubiera hablado mi padre estaría vivo y mi madre no habría muerto en la más absoluta miseria.
Isabelle abrió los ojos, por fin entendía todo. Gracias a la conversación que había mantenido con su madre supo perfectamente de lo que estaba hablando, aguantó el dolor que sintió en el brazo cuando Jerome la levantó con fuerza -Estoy segura que las acciones de tu padre fueron las que lo llevaron a la muerte… mi madre no tiene nada que ver- forcejeó una vez más.
-Estás haciendo que pierda la paciencia…- el joven le tironeó el brazo con rabia –Mi padre era un buen hombre, fue fiel a sus principios… siempre nos cuidó a pesar de que podría haberse desentendido de nosotros.
-Si dices que podría haberse desentendido de ustedes es porque eres un hijo ilegitimo…- lo miró mientras pensaba en todo lo que su familia estaba sufriendo por su causa –Eres un bastardo…- sonrió queriendo lastimarlo -¿Tú madre era sirvienta?... hablas de mi madre con tanto odio y ella es mucho mejor que tu padre… ¿Sabías que ella dejó todo por el mio? Ella renunció a todo con tal de formar una familia con él, a ella no le importó que mi padre fuera un sirviente de su familia…- vio que había dolor en los ojos del periodista -¿Por qué tu padre no hizo lo mismo?... sabes que la respuesta es simple… él se avergonzaba de ustedes, el hombre al que tanto veneras no era más que un infeliz que se aprovechó de tu madre y los mantuvo con migajas, de no haber sido así no habrían quedado en la miseria al momento de su muerte- lo miró con rabia –¡Estás culpando a mi familia de algo que tu propio padre ocasionó!- una bofetada la hizo callar.
-¡¿Por qué me obligas a lastimarte?!- Jerome tomó con fuerza el rostro de la joven y la miró a los ojos –Me obligas a hacerte daño…- resopló –Mi padre no pudo casarse con mi madre porque se casó con alguien que su familia eligió…- su voz se quebró –Y si nos mantuvo ocultos fue para protegernos, la causa que siguió con fervor le quitó todo... apoyó a Robespierre incluso traicionando a su propio sobrino, perdió el apellido de su familia defendiendo al pueblo… era un héroe, un héroe que fue traicionado por todos los que apoyó.
-¿Y por qué no te envió a ti y a tu madre a América como lo hizo con sus hijos legítimos?- lo desafió –Si Felipe Igualdad te hubiera querido como tú dices te habría protegido… en el fondo de tu negra alma sabes que sólo estás buscando justificaciones insustanciales… ¡Tan insustanciales como el amor que tu padre decía sentir por ti!
-¡Cállate!- la golpeó nuevamente, sonrió al escuchar como un quejido salía de los labios de Isabelle –No sabes lo que dices…- sus ojos brillaron con malicia –No te he dicho quién era mi padre…
-Tratas de ignorantes a la gente de campo y tú no eres mejor- lo miró con soberbia tragándose el dolor que sentía en el rostro –… Me has dado suficientes pistas para saber quién era tu padre…- sonrió –Y mi madre no tiene nada que ver con su muerte.
-Tu madre tuvo en sus manos el haberlo salvado, si ella hubiera confesado que estaba tratando de ayudar a la maldita María Antonieta mi padre habría recuperado el beneplácito del partido y no habría sido juzgado como un traidor.
-¡No seas estúpido!- lo retó –Tu padre traicionó a su propia familia y por eso era una persona poco confiable, por eso todos lo traicionaron a él también… Estás buscando excusas donde no las hay… Me das lástima- levantó su barbilla, quería sacarlo de sus casillas –Eres un pobre hombre que ha llenado su vida con un odio que no tiene sentido, a quien debieras odiar es al hombre que te engendró y no te protegió, mi madre no tiene nada que ver en eso.
-Te crees muy lista… pero no eres mas que una soberbia pretenciosa llena de orgullo- el periodista siseó con rabia y completamente fuera de sí, la lanzó sobre la cama –Veamos qué tan orgullosa eres cuando quedes deshonrada… veamos en que quedará tu soberbia cuando tu madre te encuentre tirada en el campo y mancillada para siempre…- gruñó mientras le tironeaba el chaleco y blusa tratando de abrirlos -Sí, soy un bastardo pero si tengo suerte tú también tendrás uno, uno del hombre que mató a tu padre- al ver que Isabelle se revolvía en la cama la abofeteó nuevamente y trató de desabrocharle los pantalones.
-¡Antes tendrás que matarme!- gritó la joven mientras le daba un fuerte rodillazo entre las piernas aprovechando lo cerca que estaban. Al ver que Jerome se retorcía de dolor, se puso de pie y corrió hacia la puerta, dio media vuelta y levantando las manos hasta un doloroso limite logró quitar el pestillo. En cuanto estuvo en el pasillo se encontró de frente con el secuaz del periodista, el hombre la tomó del cuello con una de sus grandes manos haciéndola retroceder.
-Los caballos están listos patrón- susurró el maleante.
-Nos vamos…- Jerome se incorporó con esfuerzo y tomó los bolsos que había preparado.
Isabelle trató de gritar pero el hombre apretó la mano que mantenía en su cuello haciéndola callar, comenzó a marearse debido a la falta de aire. Su último momento de conciencia fue cuando el hombre la colocaba sobre uno de sus hombros para sacarla de la habitación, pataleó con fuerza para librarse hasta que un golpe en la cabeza la hizo perder el conocimiento.
Alain sonrió al ver como la camarera que les había llevado una segunda botella de vino rozaba intencionalmente la mano a Charles. -Quien tuviera tu edad y fuera soltero…- bromeó en cuanto la mesera se alejó de la mesa contoneándose con coquetería.
-Precisamente su edad no lo hace un viejo y según sé, también está soltero- contestó el hijo de Fersen sirviendo más vino.
-Después de una botella ya debieras tutearme- Alain comenzó a reír –Y el que no lo hagas sólo recalca mis años- se acomodó en la silla.
-Me cuesta hacerlo- Charles miró a los ojos al castaño que estaba frente a él –Pero no es por la edad… es por la gratitud que siento por usted- sonrió. Alain bufó divertido –Por ti…- se corrigió Charles sonriendo y agregó –Además tampoco estás casado...
-No… no lo estoy, pero tengo un compromiso y pretendo comenzar a honrarlo- guiñó un ojo divertido.
-¿La conozco?
-Es Anne, la bonita mujer que trabaja en casa de André y Oscar- sonrió al pensar en la mujer que compartía su cama hace años.
Charles sonrió resplandeciente –Buena elección…Hoy he probado la mejor tarta de toda mi vida.
-Créeme que la buena cocina es sólo uno de sus tantos atributos- golpeó divertido el brazo del joven que estaba a su lado –¿Y tú?... ya estás en edad de casarte y la gente de tu condición social no puede rehuir mucho del tema.
-No tengo intención de casarme- el joven encogió los hombros –El matrimonio no es una institución en la que crea… la gente se casa sólo para ser infiel, no entiendo por qué asumen un compromiso que no van a cumplir… prefiero seguir soltero y enredarme en las faldas que quiera sin generar falsas expectativas en ninguna mujer- bebió un sorbo de vino.
-Hablas como un amargado- bromeó Alain –Tienes apenas veintidós años- sonrió –Espera que te enamores… ahí te darás cuenta de que dejarías todo por la mujer que amas y que si ella te acepta, jamás mirarías a otra- terminó la frase con un hilo de voz.
-Quien imaginaría que detrás de tanta rudeza se esconde un romántico- rió divertido el joven.
Alain lo miró y guardó silencio por unos minutos mientras vaciaba su copa de vino. –Charles… ¿Sabes la verdadera razón por la que André y Girodelle te sacaron de Temple?- cambió de tema aprovechando la confianza del momento.
-Nadie se merece ser torturado por los pecados de los padres- lo miró serio.
-Tienes razón- contestó –Nadie merece eso, menos un niño- sonrió y levantó su copa –Sé que no fui de mucha ayuda, pero me enorgullece verte hoy, ver que estás bien…- suspiró –A pesar de que luché en contra de la monarquía- lo miró directo a los ojos –Espero que no creas que era algo contra ti.
-Pero era contra mis padres…- sostuvo su mirada.
-Sí…- Alain bebió más vino –Charles, quiero que me escuches con atención… necesito decirte esto- esperó que el alto joven lo mirara para continuar hablando –La lucha que muchos de nosotros apoyamos no tuvo los resultados que esperábamos… ya ves cómo estamos hoy, gobernados por un Emperador y con numerosas campañas militares en curso, las cosas no cambiaron prácticamente en nada y mucha gente inocente murió- suspiró cansado –No me arrepiento del papel que desempeñé, pese a que eso significó traicionar al ejército, pero quiero que sepas que no estoy de acuerdo con el curso que tomó todo... lamento mucho lo que le pasó a tu familia y sobre todo lo que te pasó a ti.
-Entiendo…- murmuró –Pero eso no significa que duela menos o que pueda olvidar todo lo que pasó- vació su copa y se puso de pie –Creo que ya debemos irnos…
-Sí… vamos- contestó Alain entendiendo que ya no había mucho más que hablar.
Salieron de la taberna en silencio y apesadumbrados, habían ido a ese lugar buscando distraerse de todo lo que estaba ocurriendo en la hacienda. Alain, con la visita del Conde sueco, había preferido tomar distancia ya que la llegada del ex marido de Oscar sólo reafirmó su decisión de olvidar los sentimientos que mantenía desde hace más de veinte años. Ver a la esposa de André refugiada en Fersen ante la posibilidad de perder a su marido, lo había hecho aceptar la realidad, tenía que buscar su felicidad lejos de ella, siempre seguirían unidos y en contacto debido a la fraterna relación que tenía con André y con sus hijos, pero era necesario que él rehiciera su vida.
-¿Volverás a la hacienda?
La voz de Charles sacó a Alain de sus pensamientos. -No… me quedaré en mi casa, está cerca…- suspiró cansado –Necesito dormir, estoy agotado… Podrías…
-¿Avisarte si cambia en algo la salud de André?- el joven sonrió mientras completaba la oración.
-Sí.
-Te avisaré cualquier cambio- Charles se despidió de Alain y miró hacia un costado de la taberna. La camarera que los había atendido estaba de pie apoyada en uno de los muros.
-¿Te quedas?- preguntó Alain mientras sonreía pícaramente.
-No… y no niego que es tentadora la idea, pero no estoy de ánimo- encogió los hombros –Iré a la hacienda, quiero estar cerca en caso de que ocurra cualquier cosa.
-Nos vemos en unas horas- Alain montó su caballo –Estaré allá temprano en la mañana- hizo un gesto con la mano a modo de despedida y se alejó del lugar.
Charles miró nuevamente en dirección a la muchacha que lo esperaba, dudó al ver como ella movía de forma sugerente el escote de su vestido dejándolo caer de un hombro. Decidido, sonrió de forma encantadora e hizo una respetuosa reverencia a modo de despedida. Montó su caballo y se alejó del lugar antes de arrepentirse de la decisión que estaba tomando.
Cabalgó con calma por el centro de la aldea, al ser más de media noche muy poca gente circulaba en las calles. Detuvo su recorrido cuando vio un espectacular caballo blanco amarrado al costado de una posada, le pareció que era la potranca de Isabelle, la joven se la había enseñado en la tarde. Se acercó para verla más de cerca. Desmontó y acarició al noble animal mientras lo escrutaba, pudiendo constatar que estaba muy bien cuidado. Recorrió con la mano su suave pelaje hasta que detuvo su vista en la fina montura, las iniciales I.G. estaban grabadas en un costado del cuero de la silla. Se separó de la yegua y se adentró con cautela en el callejón buscando alguna pista que indicara la razón del por qué el caballo estaba ahí y a esas horas.
Cuando llegó a la parte trasera de la posada vio que dos caballos se alejaban rápidamente del lugar amparados en la oscuridad de la noche, iban en dirección a un bosque que se visualizaba a algunos kilómetros de distancia. Aguzó la vista tratando de ver algo más en la penumbra, cuando los caballos fueron iluminados por la tenue luz de la luna, se percató que uno de ellos transportaba, además de a su jinete, un bulto. Sus ojos se abrieron hasta el máximo posible cuando, completamente consternado, pudo distinguir que el bulto era un cuerpo humano, específicamente el cuerpo de una mujer de largo cabello negro.
Corrió de regreso a su caballo, pensó en rehacer el camino hacia la taberna e ir por Alain, pero eso lo haría perder tiempo. Con presteza sacó la pistola que tenía oculta en el aparejo de la montura y la colocó en la cintura de su pantalón, subió de un salto a su corcel y lo azuzó hacia el bosque esforzándose en mantener una distancia que le permitiera pasar desapercibido pero sin perderlos de vista.
Cuando Isabelle recobró la consciencia, lo primero que sintió fue un fuerte dolor en la nuca, recordó el golpe que la había dejado inconsciente, cerró los ojos por un momento tratando de controlar las náuseas que la invadieron cuando miró el suelo, estaba con la cabeza colgando a un costado del caballo. La rama de un árbol se enredó en su cabello dándole un fuerte tirón, su cabeza golpeó la rodilla del jinete que la transportaba, un inevitable quejido escapó de su garganta.
-Despertaste- habló el periodista.
-Jerome déjame bajar… no me siento bien- trató de girar su cabeza para mirarlo, desistió al sentir que perdía el equilibrio.
-Bajarás cuando lleguemos a algún lugar seguro y discreto- contestó el hombre de forma hosca.
-Al menos deja que me siente… Estoy a punto de caer- insistió en una súplica –Si caigo, el caballo me aplastará y en caso de no morir de inmediato quedaré gravemente herida... tendrás que llevarme a algún médico… todo se complicará- al ver que el periodista no contestaba habló nuevamente –Jerome te lo suplico… tengo miedo- El joven de pelo negro detuvo el caballo de malas ganas y la tomó de un brazo para ayudarla a incorporarse. -¡Ay! No puedo levantarme- se quejó Isabelle –Creo que me lastimé el hombro- sollozó.
Jerome la tomó de ambos brazos para tratar de sentarla en la montura.
-¡Me duele!- sollozó la joven nuevamente –Me duele mucho… no me toques el brazo por favor.
El hombre desmontó y tomándola de la cintura la bajó del caballo, cuando vio su rostro magullado por las bofetadas sintió una punzada de remordimiento, jamás le había pegado a una mujer -Te ayudaré a sentarte pero no intentes nada, sé que eres tenaz cuando te propones algo- le advirtió.
-Te prometo que no intentaré nada- habló ella entre sollozos. En cuanto estuvo con los dos pies sobre la tierra cayó pesadamente al suelo, Jerome la levantó del brazo que no estaba lastimado. Isabelle lo miró con los ojos llenos de lágrimas -Desátame por favor- suplicó tratando de mantenerse en pie –El dolor me está matando… debo tener el hombro dislocado- al ver la dura mirada del periodista insistió –O átame con las manos adelante si prefieres… por favor ya no aguanto- gimoteó.
-No intentes nada- siseó molesto, miró al hombre que lo acompañaba –Vigila que nadie se acerque- ordenó.
Isabelle esperó que la desatara. Cuando Jerome pasó sus manos hacia delante para atarla nuevamente levantó el brazo que había simulado tener herido y le pegó en uno de los ojos con una piedra que había ocultado en su puño cuando había caído al suelo.
-¡Te voy a matar!- gritó el periodista enfurecido mientras se cubría con las manos el rostro.
La joven aprovechó el momento y nuevamente lo pateó con fuerza entre las piernas. En cuanto lo vio caer al suelo entre gruñidos de dolor comenzó a correr saliendo del camino e internándose en el bosque. Escuchó a lo lejos la voz de Jerome que le ordenaba a gritos al hombre que lo acompañaba que la siguiera. Corrió sin pesar en a donde dirigirse, sólo quería alejarse para poner la mayor distancia posible entre ella y quienes la perseguían. Corrió esforzándose hasta el limite y sin percatarse del tiempo que transcurría, después de un rato se apoyó en un árbol tratando de recobrar la respiración, se sentía fatigada. Se inclinó por unos segundos tratando de recuperar el aliento, de pronto sintió que la tomaban con fuerza de un brazo, antes de reaccionar una mano le cubrió la boca.
-No grites…- susurró Charles en su oído –Nos pondrás en evidencia.
Isabelle giró rápidamente y lo abrazó con desesperación –Me quieren matar…- lo miró con los ojos llenos de lágrimas –Si me encuentran me van a matar…- insistió asustada.
-Tranquila…- la separó de si para mirarla a los ojos –Has sido muy valiente hasta ahora, no te quiebres... ¿Me entiendes? ¿Puedes hacerlo?- ella asintió mientras se secaba rápidamente las lágrimas que habían escapado de sus ojos con el dorso de la mano. Al verla más tranquila Charles habló nuevamente -Tengo un arma en el cinturón de mi pantalón, está cargada… si algo me pasa debes llevártela, tienes buena puntería y hay sólo una munición… esa será tu única oportunidad.
-No me iré sin ti- susurró Isabelle tratando de controlar el temblor de su voz.
-Créeme, tampoco está en mis planes morir o quedar herido- sonrió y la tomó de la mano –Vamos, dejé mi caballo cerca- comenzaron a correr.
-¿Cómo lo supiste? ¿Cómo pudiste encontrarme?- preguntó mientras se movían rápido entre los árboles.
-Estaba en la aldea y vi tu caballo…- volteó la cabeza y la miró serio –Después hablaremos de eso…
Isabelle, al notar un destello de molestia en los claros ojos de Charles estuvo a punto de reclamarle que él no era quien para llamarle la atención, pero no era el momento. Después hablarían. Comenzó a acelerar el paso para seguirle el ritmo al alto joven.
-¡Alto ahí!
Escucharon el sonido del percutor de un arma a sus espaldas y se detuvieron. Charles levantó las manos, mientras comenzaba a girar lentamente para quedar frente a Isabelle y cubrirla con su cuerpo –En cuanto puedas saca el arma- susurró manteniendo las manos arriba.
-¡Cállense!- rugió el cómplice de Jerome.
-Si estás haciendo esto por dinero...- Charles sonrió con tranquilidad –Te puedo pagar el doble si nos dejas ir…- dio un paso hacia adelante.
-Detente ahí maldito aristócrata- contestó el hombre mientras escupía al suelo.
-Sí… soy un aristócrata- el joven dio otro paso hacia adelante –Y por eso te puedo pagar lo que me pidas…- lo miró a los ojos y caminó nuevamente.
-No me distraes- el hombre lo miró con desprecio y avanzó hasta apoyar el arma en el pecho de Charles –Es cierto… hago esto por dinero- sonrió –Pero también por la satisfacción de pisotearlos a ustedes como lo han hecho con nosotros cada vez que han podido- miró a Isabelle, que permanecía detrás del alto joven –Quizás cuando el jefe termine con ella me la deje un rato antes de entregársela a su familia- la miró con rabia –Quiero ver sus rostros cuando ellos sientan lo que hemos sentido nosotros cada vez que hemos encontrado a alguna de nuestras hijas o sobrinas en las mismas condiciones- su voz tembló de rabia –A ustedes nunca les importó que fueran inocentes niñas, simplemente se aprovechaban de que eramos de su propiedad... Eran niñas a las que se les arrebató cualquier futuro y sólo se les dejó la opción de ser putas de taberna…
-Nos estás culpando de algo de lo que no somos responsables- Charles lo interrumpió.
-¡Todos los aristócratas son iguales!- gritó –Deberían haber muerto en la guillotina o estar pudriéndose en la cárcel, todos ustedes merecen el mismo destino.
-Mi padre no es aristócrata- contestó con calma Isabelle –Él era un sirviente y trataste de matarlo- sus ojos se llenaron de lágrimas –Trataste de matar a uno de los tuyos.
-Tu padre es peor que todos- escupió nuevamente –Se casó con una perra aristócrata y le dio la espalda a su propio pueblo.
-Estás equivocado…- insistió Isabelle mientras daba un paso adelante –Mis padres lucharon con el pueblo… ellos eran del ejército y desertaron para pelear por la Revolución…
El hijo de María Antonieta abrió los ojos impactado, sabía que Oscar había sido guardia personal de sus padres pero desconocía completamente que también los había traicionado.
–Jerome te mintió…- insistió Isabelle y estiró una mano –Dame el arma por favor… mi familia es inocente, somos buenas personas.
Charles vio como los ojos del hombre que le apuntaba miraron a la joven, que ya casi estaba a su lado, y en un rápido movimiento le pegó en el brazo herido. Un alarido de dolor escapó de la garganta del delincuente. Aprovechando ese descuido se lanzó con todo el peso de su cuerpo contra el hombre que se retorcía de dolor.
Isabelle vio consternada como ambos hombres comenzaron a forcejear en el suelo, Charles trataba de arrebatarle de las manos el arma mientras el delincuente intentaba apuntarle.
-¡Agáchate!- gritó el hijo de Fersen.
La joven de cabello negro se tiró al suelo sin siquiera dudarlo, al segundo, el arma por la que luchaban se disparó. La bala quedó incrustada en el árbol que estaba atrás de ella. Al ver que el arma ya estaba inutilizada para disparar, el forajido la tomó del cañón, sin que le importara quemarse, y golpeó con la culata a Charles en la cabeza. El fuerte golpe lo aturdió durante unos segundos permitiéndole a su contrincante colocarse sobre él, sintió como las toscas manos del hombre empezaron a presionar su garganta, se concentró en no perder el conocimiento o terminarían muertos. Con esfuerzo levantó las manos y comenzó a empujar el rostro del rufián tratando de quitárselo de encima, estaba tan concentrado que no notó cuando Isabelle cogió una gran piedra y golpeó con ella la cabeza del bandido. El hombre cayó pesadamente sobre su pecho.
-¿Estás bien?- preguntó Isabelle mientras lo ayudaba a mover el pesado cuerpo a un lado para que pudiera ponerse de pie.
-Sí...- carraspeó tratando de aclarar su garganta –Debemos irnos…- miró alrededor –El ruido del disparo debe haber alertado al otro hombre que lo acompañaba- se puso de pie.
-Jerome está herido…no creo que pueda llegar hasta aquí- lo miró nerviosa.
-¿Lo conoces?- la miró sin entender.
-Sí… lo fui a ver a la posada- tomó de la mano a Charles, vio que sus ojos brillaron molestos –Vámonos por favor…- lo apremió.
Estaban a punto de correr cuando una mano afirmó con fuerza el tobillo del alto joven haciéndolo caer nuevamente al suelo.
-¡¿Cómo no te mueres?! – Charles gritó furioso al ver que el hombre se lanzaba una vez mas sobre él, sin importarle la sangre que brotaba de su cabeza debido al golpe que le habían dado. Comenzaron a rodar nuevamente en el suelo, Isabelle se acercó para intervenir. Cuando la chaqueta de Charles se levantó vio la culata del arma que tenía en el cinturón, la sacó rápidamente y apuntó al hombre que continuaba luchando pese a estar siendo asfixiado por el joven de cabello claro.
-¡Deja a mi hermano o te mataré!- gritó.
-¿Tu hermano?- preguntó Jerome al tiempo que la tomaba violentamente del cabello –No me dijiste que tenías un hermano mayor…- tomó impulso y aprovechándose de la contextura liviana de la joven la lanzó con facilidad contra la arboleda –Mataré dos pájaros con un solo tiro- sonrió al ver como Isabelle golpeaba su cabeza contra un árbol y caía al suelo de forma inmediata.
Charles soltó la garganta del hombre con el que luchaba al sentir que cualquier signo de vida lo había abandonado, rápidamente miró a Isabelle y vio que estaba inconsciente en el piso debido al fuerte golpe que había recibido, se puso de pie de un salto –Te voy a matar por esto…- gruñó lanzándose sobre el periodista al tiempo que el joven de pelo negro corría a su encuentro.
(*) El fin justifica los medios es una frase hecha existente en varios idiomas modernos y que tiene aplicación en la política, los negocios o en cuestiones éticas. Significa que cuando el objetivo final es importante, cualquier medio para lograrlo es válido. La frase es atribuida al filósofo político italiano Nicolás Maquiavelo, aunque en realidad la frase la escribió Napoleón Bonaparte en la última página de su ejemplar del libro "El Príncipe" de Nicolás Maquiavelo.
(**) Pido disculpas si a alguien le afectó por la violencia de las "escenas", por favor no crean que es morbo. Simplemente la época en la cual se desarrolla la trama era muy diferente a la nuestra y el resentimiento entre "clases sociales" era una fuente de odio constante. Quienes ya han seguido mis "historias" desde antes saben que nunca utilizó la violencia, el drama, el romance o el sexo como un recurso fácil o de relleno, todo tiene una razón y es parte fundamental del desarrollo de la historia.
Quiero agradecer a todos los reviews! Me han hecho reír y emocionarme con sus comentarios (Erza puedes confiar en tu juicio XD). Lamento que el curso de la historia deje a algunas contentas y a otras no tanto... pero bueno nunca se sabe que pasará... el final aún no está escrito. Gracias a cada una por tomarse el tiempo de escribir y les pido que no dejen de hacerlo.
¡GRACIAS POR LEER!
PD: Gracias Eödriel por aguantar a esta virgo obsesiva jajajajajaja eres una paciente escorpión
