Capítulo 12

Kate Beckett se despertó cuando los primeros rayos de sol traspasaron el cristal de su habitación. Hoy era su último día en Los Ángeles. Después de su visita a la inspectora Shaw el día anterior, no podían hacer nada más sobre el caso de Scollari. Solo les quedaba esperar y recibir información sobre la revisión del asesinato por el que estaban intentando impedir que fuera acusado su cliente.
Por suerte, en todo el tiempo que tuvo para prepararse antes de ir al aeropuerto, no coincidió con Rodgers. La noche anterior había llegado a la conclusión que lo mejor era alejarse de él en todo ese tiempo de espera. Entonces podría pensar, sacar una conclusión de todo lo que había pasado en estos días… Y necesitaba ver a Josh…
Unos golpes en la puerta la sacaron de sus pensamientos.

- Un momento –solo deseaba que no se tratara de él.
- Soy yo, Mauricio –asomó su rostro por la puerta, queriendo comprobar de primeras que su visita no resultaba inoportuna.
- ¡Qué sorpresa! –Beckett sonrió, agradecida porque fuera él.
- He oído que ya os vais… Rodgers está abajo esperándote –Scollari pareció notar una mueca al mencionar el nombre de su compañero. Entró en la habitación, cerrando la puerta tras él- ¿Todo bien?
- Sí, claro. Es solo que me hubiera gustado irme de aquí habiendo demostrado a la justicia que usted es inocente.
- Paciencia –el hombre le guiñó un ojo.

Beckett bajó la maleta de la cama. Se produjo un pequeño silencio. Scollari fue el primero en romperlo.

- Sé que no es de mi incumbencia. Pero… es mi casa y…
- Realmente siento lo que pasó aquella noche señor Scollari –Kate tenía las mejillas rojas de la vergüenza. Sabía a qué se refería.
- No he venido aquí a echarle en cara que aquello pasara en mi casa –Beckett no parecía entender. Frunció el ceño.- Solo que hay algo que no entiendo. Soy una persona muy observadora señorita Beckett y, sinceramente, ustedes dos deberían hablar sobre lo que pasó…
- ¿Tanto se nota? –Kate se sentó en el borde de la cama. Estaba sorprendida por el motivo de la visita de su cliente, pero más por saber que la tensión entre Rodgers y ella era tan obvia.
- Margarita, mi ama de llaves, cree que juntos podrían prender fuego a esta casa con tan solo juntarlos en una habitación… -Kate suspiró. Scollari la miró serio.- Me preocupo por la gente que trabaja para mi, y más si es por mi –Beckett levantó la vista.- ¿De qué tienes miedo?
- No tengo miedo… -se pasó una mano por el pelo, atusándolo. Luego frunció los labios.- Es solo que no sé qué hacer con lo que ha pasado, con lo que siento… ¿Qué debería hacer?
- La pregunta es, ¿qué quieres hacer, Kate?

***

Tras la charla, Beckett y Scollari bajaron las escaleras de la gran mansión. En el salón, Rodgers los esperaba, mirando su iPhone. Al oír sus voces, levantó la vista. Pero solo la centró en una persona: Kate Beckett. No había podido pegar ojo. Las imágenes de la noche que pasaron juntos no hacían más que representarse vivamente en su cabeza. Recordaba su risa profunda, su sabor a chocolate, sus susurros, sus gemidos, sus besos, sus caricias… y sus ojos, su pupila dilatándose y sin miedos, viendo reflejados en ellos el sentimiento que comenzaba a formarse en su interior. Incluso le había contado quién era él en realidad. Pero ahora todo aquello era historia. Ella no lo recordaba, y él no podía dejar de hacerlo. Aquella mujer era un rompecabezas que aún no había sido capaz de resolver. Pensaba que jamás lo resolvería. Sin embargo, creía que merecía la pena arriesgarse a intentarlo…

- Tiene usted mucha suerte de trabajar con ella, señor Rodgers –fue lo que dijo Scollari cuando llegaron hasta él.
- Sí, sí que la tengo –la miró con una pequeña sonrisa. Ella se la devolvió, bajando la cabeza avergonzada.
- Será mejor que nos vayamos, o perderemos el avión.

Se despidieron de Scollari, deseando verse pronto y con buenas noticias.

***

El viaje en avión pasó en silencio entre ambos, salvo algún intercambio breve de palabras pero sin importancia. Beckett pensó que a pesar de las palabras de Scollari necesitaba tiempo. Al llegar al aeropuerto, anduvieron rumbo a la salida.

- ¿No viene a buscarte tu doctor motorista?
- Rodgers…

Él la cogió del brazo en ese momento, haciendo que se volviera hacia él. Pararon en medio de la terminal. Beckett se sorprendió por aquel gesto.

- Kate, ¿cuándo vamos a hablar sobre lo que pasó? –ella suspiró.
- Necesito tiempo…
- Kate… -cada vez que lo oía decir su nombre de aquella forma se retorcía por dentro y recordaba aquella noche.
- Dame unos días, ¿vale? Te llamaré.
- Claro –sonrió a duras penas. Los acompañó un pequeño silencio hasta que él volvió a hablar.- Ha sido un placer trabajar contigo.
- También para mí.
- Yo…

Beckett esperaba que fuera a decir algo que la ayudara a cambiar de opinión. En ese momento, se dio cuenta que lo necesitaba. Pero Rodgers se quedó sin decir nada.

- … será mejor que me vaya.

Aquello no se lo esperaba. Entonces lo vio irse, y al darse la vuelta se encontró de frente con Josh. Esa era la razón por la que Rodgers había decidido guardarse sus palabras. Josh la recibió con un abrazo, pero ella no podía dejar de mirar al hombre que andaba hacia la salida.