Este es el final, les recuerdo que yo solo hago las adaptaciones, pronto estaré subiendo una nueva adaptación, gracias por leerme.

Capítulo 11

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En la cena se presentaron Garret, Jasper y Emmett con sus respectivas mujeres, Kate, Alice y Rosalie, además de Irina y Laurent, que tomaron un avión desde Austin. Llegaron justo cuando las chicas del catering se acababan de ir tras dejarlo todo preparado.

Edward e Isabella les abrieron la puerta.

— ¿Tú también has venido? —dijo Edward sorprendido al ver a Laurent.

—Como no me lo creía, tenía que venir a verlo con mis propios ojos —contestó su hermano.

—Nosotros tampoco lo creíamos —apuntó Jasper.

Todos miraron a Isabella, que se apretó contra Edward, sonrojada.

—Como esté embarazada, te enteras —dijo Emmett—. ¿Te has dedicado a pegarle? —añadió mirando el cuello de Isabella.

— ¡Como se te ocurre! ¡Ni está embarazada ni le he puesto la mano encima! —exclamó Edward ofendido.

—Pero al que me hizo esto, sí —intervino Isabella agarrándolo de la mano y mirándolo con cariño.

—Me temo que no sirvió de mucho —se disculpó su futuro marido.

—Porque ese tipo es cinturón negro —lo defendió ella—. Sólo Sam pudo con él.

—He oído hablar de él —apuntó Laurent—. Ese hombre tiene fama de ser el mejor incluso en Austin.

—Bueno, a lo que íbamos… —intervino Emmett—. Si nos ponemos en serio, podemos mandar esta misma noche las invitaciones por correo electrónico.

—Yo me puedo encargar del coro —se ofreció Jasper—. Tengo aquí el teléfono del director.

—Podemos comprar el vestido por internet y que lo traigan desde Dallas. Sólo necesitamos la talla. ¿Tienes una diez? —Preguntó Garret.

Isabella asintió.

—Aquí llega el padre —anuncio Kate con una sonrisa al ver a Charlie.

—Yo me encargo de mandar el anuncio al periódico dijo Rosalie—. Llegamos para la edición del martes. Necesitamos una foto.

Irina disparó con su cámara digital.

— ¿Qué os parece? —dijo enseñándoles el resultado a Rosalie y a Alice.

— ¡Estupenda! —contestó Alice—. Vamos a mandarla desde el ordenador de Edward. Así la tendrán a primera hora en el periódico. También podríamos mandarla a la tele. ¡Venga, vamos!

— ¡Esperadme! —exclamó Kate—. Yo escribiré el anuncio oficial —añadió corriendo tras Garret y las demás mujeres.

— ¡Eh! —dijo Isabella.

— ¿Qué ocurre? —dijo Irina—. ¡Ah, sí, el banquete! Podría ser aquí. Vamos a necesitar una tarta. ¡Hay que llamar a un restaurante!

—De eso se encarga Emmet —dijo Laurent.

— ¡Que es mi boda! —protestó Isabella.

—Pues claro, preciosa —dijo Irina—. Vamos, chicas.

Las mujeres se metieron todas en el despacho de Edward mientras los hombres formaban un corrillo. Charlie y Sue estaban en la puerta, asombrados por el comportamiento de los Cullen.

—Ni caso —le dijo Edward a Isabella yendo a saludar a su futuro suegro—. Déjalo todo de su cuenta. Parece ser que va a ser una gran boda, con vestido, banquete y prensa —añadió sonriendo—. Si quieres estas invitada.

Isabella le dio un empujón.

— ¡Quiero una boda pequeña y sencilla!

—Díselo a ellos, cariño… pero no creo que te escuchen.

Sue se echó a reír e Isabella la miró.

— ¿No te acuerdas de que Edward ayudó a hacerles lo mismo a Kate, Irina, Rosalie y Alice? Se están tomando la revancha.

—Eso me temo —apuntó Edward—. Míralo por el lado positivo. No tendrás que hacer nada.

—Pero, mi vestido… —protestó Isabella.

—Tienen muy buen gusto —la consoló Edward.

Charlie tenía una sonrisa de oreja a oreja. Aquello estaba yendo muy rápido, pero no le sorprendía porque sabía reconocer a un hombre enamorado y estaba claro que Edward Cullen lo estaba hasta la medula.

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Aquella misma noche, Isabella había dado el visto bueno al vestido y había hecho la lista de invitados de su familia.

—Me han dicho que los anillos estarán el martes —le dijo Edward mientras la llevaba a casa—. Vas a ser la novia más guapa del mundo —añadió con una sonrisa.

—No me lo puedo creer —dijo Isabella.

—El miércoles por la noche, no vas a tener más remedio que creértelo —le aseguró él con voz ronca antes de besarla—. ¡Vamos, entra en casa!

Así lo hizo Isabella, sonando despierta, mientras él se alejaba por la carretera.

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Fue una boda de cuento. Todo fue perfecto. Los anillos estuvieron el martes, el vestido llegó sin problemas, les dieron los análisis y la licencia a tiempo, llegó la prensa, la tarta estaba riquísima… Todo, absolutamente todo, fue maravillosamente bien.

—Eres la novia más guapa del mundo —le dijo Edward mientras la besaba cuando los acababan de casar.

Isabella lo abrazó y lo besó con entusiasmo. Salieron bajo una lluvia de arroz y se metieron en casa.

Los hermanos de Edward le indicaron a la prensa que se fuera después de la tarta, hablaron con el coro para que recogiera sus cosas, acompañaron a los invitados educadamente hasta la puerta y, por último, se fueron ellos también con sus esposas dejando a los recién casados solos en su nuevo hogar.

Edward miró a Isabella y ambos sintieron que se les aceleraba el corazón.

—Solos —susurró acercándose a ella—. Por fin.

La tomó en brazos y la llevó al dormitorio, donde cerró la puerta con llave. Descolgó el teléfono, cerró las cortinas y volvió a su lado.

—No te voy a hacer daño —le aseguró viéndola un poco nerviosa—. Eres mi más preciado tesoro. Voy a ir despacio, con cuidado, te voy a dar todo el tiempo que necesites. No temas nada.

—No tengo miedo —contestó Isabella mientras él le quitaba el velo y las horquillas y las flores del pelo—. Lo que me preocupa es que… me deseas tanto que… ¿y si no soy capaz de satisfacerte?

Edward se rió.

—Te estás subestimando.

— ¿Seguro?

—Si —contestó Edward desabrochándole los botones del vestido.

Isabella lo dejó hacer.

—Estás preciosa. Me encanta cómo te queda la ropa interior de encaje blanco —dijo Edward observándola con deleite.

—Tú estás muy bien con ese traje —dijo ella.

— ¿Y qué tal estaré sin él?

—Vamos a verlo —contestó ella dejándolo en calzoncillos—. Magnifico… —añadió acariciándole el torso.

—No te lo puedes imaginar —comentó el quitándose los calzoncillos y haciéndola mirar.

Isabella no pudo evitar una exclamación de sorpresa. Aquello estaba mucho más grande que la primera vez que lo había visto.

Edward la tomó en brazos y la depositó en la cama. Se tumbó sobre ella. Le daban espasmos, del deseo. Observó el cuerpo desnudo de Isabella.

Ella lo vio lanzarse sobre su estómago con la boca, bajar, seguir bajando.

— ¡No, espera, para! —rogó.

Imposible. Ya estaba allí. Durante los siguientes minutos, Isabella no pudo pensar más, sólo sentir placer.

Arqueo la espalda con lágrimas de éxtasis corriéndole por las mejillas. Aquello que le estaba haciendo con su lengua, hizo que sintiera un gran espasmo por todo el cuerpo que la dejó tensa como una cuerda. Entonces, se dio cuenta de que Edward se estaba introduciendo en su cuerpo. La tomó de las caderas y empujó.

— ¿Te hago daño? —le preguntó esperando que ella se acostumbrara a él.

—No… —contestó Isabella fascinada.

Edward se levantó un poco para que ella pudiera mirar.

—Mira, mira, Isabella. Los dos, juntos.

Isabella miró y se maravilló de lo que vio.

—Y no hemos hecho más que empezar —le dijo el—. Te siento como un guante. Vamos, cariño tómame, méteme en lo más profundo de tu cuerpo, hazme gemir. Vamos, Isabella.

Isabella estaba fuera de sí de placer. Siguió el ritmo de las caderas de Edward, lo miró y vio que estaba disfrutando tanto como ella.

En ese momento, deslizó la mano entre sus cuerpos.

— ¡Oh, sí! —gritó él—. ¡Muy bien, así!

Isabella sintió que se moría. Abrió los ojos y lo miró.

—Más… fuerte —le dijo.

Edward obedeció, la agarró de las muñecas, le puso las manos sobre la cabeza y la embistió varias veces mirándola a los ojos.

Isabella se movía a su ritmo. En los últimos segundos de locura, se preguntó si podría…

Dejó de ver a Edward con claridad. Le temblaba todo el cuerpo, sintió varios espasmos, no podía controlar su cuerpo.

— ¡Ahí esta! ¡Ahí esta! —exclamó él convulsionándose también.

Gritó de placer y cayó sobre su cuerpo.

Isabella sentía que las lágrimas le resbalaban por la cara. No podía respirar. Intentó moverse y, al sentirlo todavía dentro, experimentó un gran placer.

—Mírame —le dijo Edward comenzando a moverse de nuevo—. Si quieres, podemos empezar de nuevo.

—Si —contestó ella con decisión—. ¡Si, si! ¡Por favor!

—Me encanta mirarte —le dijo él—. Te podría comer entera, señora Cullen. Eres la perfección con la que nunca soné.

—Lo mismo… te digo —consiguió contestar ella—. Te quiero mucho.

Edward gimió y la abrazó con fuerza. A continuación, la hizo alcanzar cotas de placer nunca imaginadas por Isabella, que creyó desmayarse en más de una ocasión.

Cuando terminaron, lo abrazó y le dijo que jamás se habría imaginado que hacer el amor fuera así.

Edward no dijo nada.

— ¿Te pasa algo? —preguntó Isabella al cabo de un rato.

—He perdido el conocimiento durante unos segundos —contestó mirándola a los ojos—. Creí que me iba a morir intentando entrar más y más en tu cuerpo para satisfacerte.

Isabella se sonrojó.

—No estas tomando la píldora y no me he puesto preservativo, así que creo que te acabo de dejar embarazada.

—Dijiste que eso era lo que querías —susurró ella.

—Sí, pero te debería haber preguntado primero.

—Si no te he hecho parar y no he salido corriendo a la farmacia será por algo, ¿no? —dijo ella acariciándole la cara.

Edward rió.

—Estoy exhausto… y yo que te había dicho que podía aguantar toda la noche… ¡Menuda noche de bodas! Si dieran medallas, a ti te tendrían que dar dos —dijo mirando su desnudez.

— ¿De verdad? ¿Lo he hecho bien?

— ¿Bien? No, bien, no. Maravillosamente. Nunca me lo había pasado tan bien con una mujer.

—Pero si no sabía nada…

—No es cuestión de saber —la tranquilizó el besándola.

—De eso, tienes tú por los dos —bromeó Isabella.

—Nunca había visto nada tan bonito. Por eso, he dejado la luz encendida. Tu cuerpo, tu cara… y el placer reflejado en ellos —añadió apretando la mandíbula—. Es la primera vez en mi vida que lo he sentido. Ha sido amor —murmuró—. Esto ha sido hacer el amor de verdad.

—Si —dijo ella.

— ¿Sabes lo que te estoy diciendo?

Isabella lo miró a los ojos y, en ese momento, lo entendió. El corazón se le desbocó.

—Me estás diciendo que me quieres —le contestó.

Edward asintió.

—Te quiero. Lo he sabido desde que James te agredió y no pude hacer nada para evitarlo. Mientras te curaba las heridas y te secaba el pelo, me di cuenta de que te quería. De ahí a comprarte la alianza, no había nada —le explicó besándola con ternura—. No podía pensar en perderte.

Isabella sonrió feliz.

—Yo llevo dos años enamorada de ti, desde aquel día en el que me regalaste una margarita pocha que habías encontrado en el campo. Me tomaste el pelo y me dijiste que era un precioso ramo. Para mí lo fue.

—Perdona por habértelo hecho pasar mal —dijo Edward sinceramente.

—Ya tendrás tiempo de recompensarme por ello —bromeó Isabella besándolo y rozando su torso con sus pechos—. Yo sí puedo aguantar toda la noche. Cuando te hayas recuperado, te lo demuestro.

Edward se rió.

—Cuando tú te hayas recuperado, te dejare hacerlo. Te quiero, señora Cullen. Te quiero con todo mi corazón.

—Yo también te quiero —dijo Isabella pensando en cómo, a veces, los sueños se hacían realidad.

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Una semana después, celebraron la Navidad todos juntos, con Charlie, Sue y la tía Marie. Edward le regaló un precioso collar de esmeraldas, que, según le dijo, iban a juego con sus ojos y así siempre se acordaría de él, ella le regaló un maravilloso reloj con sus dos nombres grabados.

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El Fin de Año lo pasaron en el centro cívico de la ciudad, donde se celebró una fiesta que estuvo muy concurrida.

— ¡Esta nevando! —exclamó Isabella de pronto sacando la mano por la ventana—. ¡Pero si aquí nunca nieva!

—Otro sueño hecho realidad —dijo Edward, que sabía lo mucho que a su mujer le gustaba la nieve—. Feliz ano, mi amor.

—Feliz año —contestó ella besándolo con pasión ante la atenta mirada de los presentes.

Bueno, al fin y al cabo, eran recién casados.

El nuevo año no trajo buenas nuevas para algunos.

Lauren Clark fue a Victoria a contratar a un abogado para su hermano, pero, como no tenía dinero, decidió robar un banco. Lo pillaron, hubo un tiroteo y murió en el acto.

James Clark recibió un permiso para poder ir al entierro de su hermano. A la vuelta, consiguió escapar del coche patrulla.

Isabella y Edward llevaban unos cuantos días sin salir de casa, en su mundo de amor y felicidad. Sabían que solo era cuestión de tiempo que lo encontraran y lo detuvieran.

—Lea no es el tipo de Sam —comentó ella somnolienta porque no dormían mucho por las noches—. Él se merece a una mujer más dulce, no a una arpía.

— ¿Y tú que sabrás de arpías si eres la persona más encantadora de zona? Después de mí, claro.

— ¡Edward Cullen!

—Me has dicho que era un encanto —murmuró él—. Me lo has dicho muchas veces. Muchas de ellas, mientras me clavas las unas en la espalda y juras que no vas a sobrevivir a tanto placer…

Isabella lo besó con fruición.

—Tienes razón… Vamos a repetirlo.

Edward pensó que era imposible que llegaran a la cama, pero, bueno, las puertas estaban cerradas, así que…

Una hora después, la llevó en brazos a la cama, exhaustos y sonrientes.

—Espero que James se pase unos cuantos años en la cárcel y no pueda acercarse a ti —dijo Edward.

—Ni a ti —contestó Isabella—. ¿Te he dicho que ayer me llamó Tanya?

—No.

Isabella sonrió.

—No pasa nada. Sólo quería pedirnos perdón. Se va a Londres a ver a su abuela. Le dije que se lo pasara bien.

—No sé si Londres está lo suficientemente lejos.

Isabella suspiró y lo abrazó.

—No seas malo. Ella nunca sabrá lo que es ser tan feliz como nosotros.

—Ni ella ni nadie —bromeó Edward acariciándole el pelo mientras Isabella se quedaba dormida.

Edward se quedó un buen rato mirándola. Aquella mujer hacia unos bizcochos estupendos, sabia disparar y hacia el amor como una diosa. Se preguntó qué había hecho en la vida para merecérsela.

—Los sueños —dijo ella de repente.

— ¿Qué cariño?

—Los sueños se hacen realidad —murmuró Isabella entre sueños.

—Sí, mi amor —dijo él dándole un beso—. Los sueños se hacen realidad.

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Gracias a Vero Grey Cullen, Adara-Evanthe, Sory78, Ale Cullen, XinislovemeXD,

Valro, Conejo Azul, Niky, Isabel20, Indii93, Karlakou, Nelda, AnabellaCS, Sammy, Lucia Masen, Elena, Claudia, Vanes, Elimar96, .san, Caudia, Soledad Culle, Monikako2010, Kary Cullen24 y Ale 74, porque han seguido esta adaptacion, y tambien gracias a las que leen en silencio pero ahi estan, pronto subire otra adaptacion o tal vez ahora si me anime a subir algo escrito por mi, luego les digo. Nos leemos pronto.