LA BUHARDILLA

Sexo, sexo…un tanto extraño, pero agotador. Y sangre. Caliente, espesa, algo salada y a la vez, dulce y deliciosa. Después de tan intensa actividad, ambos durmieron de un tirón, juntos por primera vez, abrazados estrechamente durante toda la noche. Cuando amaneció, Draco creyó por un instante que soñaba. Que toda la noche había sido un extraño y hermoso sueño de verano. Pero entonces, los ojos castaños se abrieron suavemente y le miraron, oscilando suavemente de color, y el rubio ya no dudó más. Aquello, aunque increíble, era real; James estaba entre sus brazos. El amor que reflejaban aquellos ojos era tan intenso, que Draco creyó deshacerse bajo su influjo.

Se besaron con suavidad, tentativamente y el calor les llenó a ambos por igual, enredándoles en una nueva sesión. Aunque esta vez, Draco dejó su poder replegado…el efecto era brutal, pero quería disfrutar del cuerpo y las caricias de su amante…aprendiendo lentamente cada rincón del mismo. Ese fue el preludio de un intenso fin de semana, pasado por completo juntos, lleno de pasión, amor y mutuo descubrimiento. Además de más explicaciones. El moreno explicó que muchos vampiros, sus ancestros, se perdían a sí mismos en la sed de sangre, porque tenían muy pocas ataduras y vínculos humanos, y que ese era un destino horrible. También le explicó someramente la estructura de los Clanes, y que parejas como la suya no eran actualmente bien vistas, provocando la irritación del rubio mestizo.

Draco era tolerante en ese aspecto, siempre lo había sido, so pena de ser un verdadero hipócrita, y abierto. Incluso sus padres, pese a ser de una generación diferente, habían entendido las dudas y temores de su hijo adolescente, y le apoyaron en silencio, y tan solo pusieron una condición. Draco debía continuar la línea familiar, como fuese, ya que era el último Malfoy. Una madre subrogada, hechizos, pociones, en último extremo, una adopción de sangre…existían medios suficientes para garantizar un heredero a su apellido…

Draco entendió las reticencias de James, sus vacilaciones, si la sociedad de su casta se había vuelto tan retrograda y homófoba. Porque una cosa era buscar la supervivencia de la especie y otra…convertir a todas las hembras en yeguas de cría!. Pero ahora ambos estaban juntos, para bien y para mal, y James había prometido una y otra vez, que pasase lo que pasase, no iba a permitir que les separasen, nunca. Así que el lunes muy temprano por la mañana, Harry se despidió apasionadamente de Draco, indicándole que era bienvenido en su casa y dándole la clave de entrada, diciéndole que podía visitarle cuando quisiera.

Una semana después, tras un nuevo fin de semana los dos a solas, tras muchas dudas, el Slytherin hizo uso del nuevo privilegio recién otorgado y emergió en la chimenea de la vivienda de su amante. Era media tarde del martes, y suponía que el joven ya se encontraría en casa, pero para su sorpresa, solo encontró una casa vacía. Dudó, y tras la vacilación inicial, la tentación de curiosear un poco a su gusto, le decidió a quedarse esperando.

El salón donde se encontraba la chimenea era…relativamente espacioso, pero indudablemente pertenecía a una vivienda de origen muggle. Los techos abuhardillados, en los que toda la estructura de vigas y tiseras de madera había sido dejada desnuda, era lo más notable de la construcción, junto con el suelo, un antiguo parquet de roble, perfectamente restaurado.

Mirando un poco más a su alrededor, Draco apreció que había pocos muebles, y una inspección más detallada le puso al corriente de que eran de la mejor calidad, y resultaban hermosos, de líneas depuradas y sobrias. Una alfombra de pelo negro que una persona no entendida hubiera tomado por codero, atrajo la atención de Draco. Deslizando la mano por el suave terciopelo, Draco jadeó levemente conteniendo la sorpresa. Aquella pieza era digna de Malfoy Manor…de hecho, el no poseía nada igual… Era una piel de ñundú, el letal y gigantesco leopardo mágico, y además, uno negro, aun más raro. El precio de aquella alfombra era muy superior a los ingresos de varios años de un mago medio, y denotaba, que realmente, su joven amante no necesitaba dinero, y que tenía…muy buen gusto y cierto sentido del lujo.

El sofá de color tostado, aunque de factura muggle, era de la mejor piel de búfalo, había sido mejorado indudablemente con magia, haciéndolo resistente a las manchas y más confortable. Las estanterías de raíz de roble eran de líneas sobrias, elegantes, robustas y prácticas, aptas para soportar los numerosos libros que las llenaban. Realmente, el lugar poseía una belleza que radicaba en la sencillez y sobriedad de los objetos y líneas, realizados en materiales nobles.

La cocina, sin embargo, supuso toda una sorpresa. Estaba amueblada en un estilo totalmente diferente, con muebles muggles de acero mate, sólidos y prácticos, resistentes, de líneas limpias y rectas…con todo el equipamiento necesario para alguien al que realmente le gustaba cocinar…Toda la encimera, trabajada en piedra en un sola pieza, evidentemente con magia, era de un granito de color verdoso, brillante y pulido como un espejo, con una pequeña zona donde sentarse bajo la ventana que daba a la terraza, en un par de taburetes.

Vacilando ligeramente, el Slytherin abrió una de las tres puertas que se abrían en el salón y entró en un dormitorio. La cama era amplia y de aspecto cómodo, de diseño simple, sobrio, pero de la mejor madera, que se pudiera conseguir, posiblemente teca. Una cómoda y unas mesillas de estilo similar la acompañaban. El armario, empotrado en la pared, tenía dos altas puertas de espejo, agrandando el espacio visualmente e hicieron alzar una ceja al rubio. La cama se reflejaba por completo en su superficie, haciendo que el rubio tuviese toda clase de pensamientos…libidinosos. En el suelo, alfombras de diversos tonos adornaban el suelo en torno al lecho, vestido con unas espectaculares sábanas de seda de color sangre y una ligera manta sobre los pies del lecho en color negro.

Draco salió pensativo del dormitorio y entro en la segunda puerta, el baño, y descubrió que aunque no era excesivamente grande, estaba equipado con la más extravagante grifería que nunca hubiese visto. Culebreando sobre la pared, una escultura plateada que representaba con todo detalle una serpiente, abría sus fauces llenas de colmillos en la ducha, de donde supuso que saldría el agua. La bañera tenía una grifería similar, pero la serpiente estaba enroscada sobre el borde de la cerámica, y lo mismo sucedía con el lavabo. Realmente, era casi demasiado y Draco se pregunto si James tal vez era un Slytherin. El último dormitorio era casi idéntico al primero, salvo que las sábanas eran de color esmeralda y que el armario no era empotrado, sino de madera.

Regresando al salón, el rubio vaciló. ¿Sería buena idea intentar hacer la cena en aquella cocina? "Al menos, puedo hacer los entrantes" pensó el rubio, tomando una decisión. Encontró un delantal, y revisando los armarios y la extraña cocina muggle, encontró los ingredientes para hacer pasta y una salsa. No estaba muy seguro de cómo funcionaba aquella cocina, pero tras una duda, examinado el residuo de magia que parecía emanar todos los muebles, se decidió a usar la magia y apuntó con suavidad a la placa, que se encendió suavemente a su comando. Pronto, la salsa estuvo lista y reservada, y el caldo hirviendo suavemente, esperando la llegada del joven vampiro mestizo.

Apenas puso un pie en el portal de su edificio, las barreras de protección le alertaron de la presencia del Slytherin en su casa. Al entrar le sorprendió el suave olor de la cena preparándose, provocándole una extraña sensación en el pecho, una sensación que nada tenía que ven con el deseo que se acumulaba en otras partes de su anatomía…una sensación de hogar, que se acentuó cuando pasó a la cocina y vio al joven atareado ante sus fogones. Una sonrisa distendió las facciones de ambos jóvenes que se encontraron en un ardiente beso de bienvenida. Harry se dio una apresurada ducha, mientras la cena se terminaba y regresó, cómodamente vestido y fresco, a reclamar de nuevo los labios de Draco entre los suyos.

Cenaron sin prisas en la terraza, en una pequeña mesita que el Griffindor tenía allí, compartiendo la botella de vino que Draco había traído. El moreno no estaba muy seguro, pero pensó que tal vez Draco debía de ver por sí mismo como se alimentaba, entender realmente lo que era la sed de sangre. Así que propuso una salida nocturna. Draco no estaba listo para cazar por su cuenta, su control aun no era tan bueno como para eso, pero podía compartir una presa más sustanciosa con su Sire y compañero.

El rubio pareció vacilar, pero confiaba en el control de James y en que este no le dejaría perderse a sí mismo en la sed de sangre, así que pronto los dos paseaban en busca de la discoteca más cercana. Harry sonrió suavemente al portero y este tras un parpadeo, les dejó entrar. Con sendos refrescos en la mano, los jóvenes bailaron un rato, cerca pero no juntos, dejando que la clientela les mirara, simplemente usando su aspecto atractivo para enganchar sus miradas. No era una discoteca de ambiente gay, así que cuando unas jovencitas se les aproximaron, pronto comenzaron a bailar con ellos, y tras un rato, los cuatro se retiraron a los reservados al fondo del local, mientras Harry ordenaba una botella de champan. Una copa y las chicas comenzaron a besarles y entonces Harry dejó libre su poder, ofuscándolas. Harry gruñó suavemente, desplegando los colmillos, y Draco se lamió los labios con anticipación, mientras su compañero se encargaba de inmovilizar por completo a las muchachas, dejándolas por completo desvanecidas. Con un nuevo gruñido, esta vez de aliento, Harry se aseguró de que el mordisco de Draco era delicado, su postura correcta, y hundió los caninos en la piel de la muchacha a su lado. Se alimentaron, sin prisas, dejando fluir la sangre en sus bocas, lo ojos grises de Draco fijos en los castaños de James, el deseo de ambos creciendo cada vez mas.

El Slytherin había sido instruido y era consciente de que sangre y sexo estaban fuertemente unidos para ellos, y que rara vez se aplacaba la sed sin despertar el deseo y viceversa, ambas necesidades estrechamente vinculadas. Cuando Harry soltó finalmente a su presa, dejándola exhausta y saciada, completamente confusa por lo sucedido, implantado un falso recuerdo de una apasionada sesión con ambos en la mente de las dos jovencitas, sus ojos completamente dilatados encontraron los de Draco. Dejando a un lado a la muchacha, su boca fue al encuentro de la de Draco, aun llena de sangre. Se besaron con furia, las manos recorriendo los cuerpos, buscando dar placer al otro…Su orgasmo fue rápido, violento e intenso, espoleado por la sangre y necesitaron un poco de esfuerzo para abandonar el local por la puerta trasera, dejando a las muchachas en el reservado, aun adormiladas.

Harry no se molestó en caminar de regreso y les apareció a los dos directamente en su terraza, su lugar favorito para ello. Estaban abrazados por la cintura y entraron en el ático. Era tarde, muy tarde, y Harry murmuró con voz ronca besándole una vez más:

-Buenas noches Draco…

Y entró en su dormitorio, dejando la puerta completamente abierta detrás de él. El rubio dudó. Le apetecía horrores dormir con su Cachorro, no solo por la posibilidad de tener una…magnifica experiencia con él, sino porque le gustaba esta cerca de él. Pero tampoco quería presionarle…ni ponerse a sí mismo o a James en una situación incómoda. James no quería llevar las cosas entre ellos a un nivel más íntimo, quería esperar a que Draco fuese "adulto" en los términos de su especie, a que dominase sus poderes…y había algo mas…relativo a su familia…que tampoco le decidía a dar ese paso. Así que suspirando, siguió a James al dormitorio y cuando los ojos castaños encontraron los suyos, susurró con timidez:

-¿Puedo…dormir contigo?¿Por favor?

Con una amplia sonrisa el Griffindor contestó:

-Por supuesto que si Dragón…

Y le atrajo entre sus brazos, dándole un nuevo beso apasionado. Harry desnudó lentamente al rubio, gozando de su ligera turbación ante sus gestos y se desnudó a su vez. Tan solo en ropa interior, los dos jóvenes se deslizaron entre sus sábanas de sangre, y se besaron y abrazaron suavemente, moviéndose progresivamente más cerca, apretándose entre ellos, agitándose y abandonándose al placer, para finalmente saciados, después de un largo tiempo, dejarse ir entre los brazos de Morfeo, vencidos por el sueño, enredados y levando en sus cuerpos la huellas de la pasión.