Siempre Puro.
Capítulo 12.
La lluvia azotaba con fuerza los enormes ventanales de la mansión Black, pero en el sótano de la misma no se escuchaba otra cosa que las frases incoherentes que Stella Vertmond musitaba. La chica, desmadejada y rota como una muñeca de trapo vieja, yacía sobre el frío y húmedo suelo de piedra. Su largo cabello negro estaba revuelto y en sus ojos se podían ver signos claros de demencia.
Después de desaparecer cualquier rastro de tortura en el cuerpo de Stella mediante el uso de artes oscuras, Walburga Black ordenó a Kreacher que se ocupara de enviarla a San Mungo pretextando un desequilibrio mental severo a causa de la desafortunada perdida de los bienes de su familia. Si bien era cierto que Stella estaba rozando la locura, esto no era debido a la condición económica de su familia, pues la chica la desconocía por completo. Ella se hallaba en tan penosa condición después de haber pasado varias horas en el sótano de la mansión Black.
La media noche había quedado atrás cuando Walburga Black abandonó el sótano dejando a Kreacher a cargo de la situación, y ahora se hallaba de pie ante el tapiz que retrataba el árbol genealógico de la familia. La enorme sala en la que se encontraba estaba en penumbras, apenas se distinguían las formas del mobiliario pero, a pesar de la falta de luz, los finos dedos de la mujer comenzaron a recorrer los elaborados hilos dorados que se entretejían entre sí para formar el lema familiar.
"Toujours Pur".
-Pureza. Nunca entendiste el significado de esa palabra, Sirius -murmuró la mujer llena de furia mientras sus ojos corrían por el tapiz en busca del nombre de Sirius -Nunca entendiste lo que es ser un Black…
Hablaba como si Sirius se hallara ante ella, y realmente le hubiera gustado tenerlo ahí porque, aunque había descargado gran parte de su rabia y frustración en el castigo que aplicó a Stella, sabía que Sirius era quien debía pagar por la enorme vergüenza que ahora pesaba sobre ella y sobre el nombre de su familia.
- …tu existencia solo sirvió para traer deshonra y burla a esta casa. Tú sabías que esta noche estaba marcada en tu destino. Sabías que tenías que unirte a Stella y, antes que cumplir con tu destino, preferiste marcharte..., pero no voy a permitir que sigas enlodando el nombre de mi familia -dijo mirando con frialdad espeluznante el nombre de su hijo bordado en el tapiz- Te has marchado por tu propia voluntad, Sirius, y al hacerlo te has convertido en un sucio y repugnante traidor a tu sangre. Como tal has perdido todos los derechos que te correspondían como primogénito y heredero de los Black. Ya no mereces llamarte hijo mío. Ya no mereces contarte entre los miembros de una familia pura…
Sin más empuñó su varita, cuya punta brillaba como si se encontrara al rojo vivo, y atravesó con ella el nombre de Sirius dejando sobre el tapiz una quemadura similar a la que deja un cigarrillo, mientras en su rostro se dibujaba una torva sonrisa de satisfacción.
Con los ojos presos de un brillo frenético, Walburga Black recorrió el tapiz, y sus dedos volvieron a recorrer el lema familiar a la vez que murmuraba:
-Los Black nos mantendremos puros…, siempre puros.
El alba estaba despuntando cuando la mujer se dispuso a abandonar la sala sin sospechar siquiera el verdadero motivo de la partida de su hijo. Walburga Black sabía muy bien que Sirius nunca fue de su mismo pensar en cuanto a sus ideas acerca de la pureza de sangre, sabía que Sirius tenía amigos muggles y que no le importaba en absoluto lo que ella y la familia en general pudieran pensar sobre ellos. Sin embargo, por su mente nunca pasó la idea de que Sirius se había marchado porque estaba perdidamente enamorado de uno de sus amigos; de un chico que, además de ser hijo de una mujer muggle, era un licántropo. No, ella no podía siquiera imaginar algo así.
Salió de la sala con mil pensamientos en la cabeza, la mayoría de ellos referentes a estudiar la manera en la que acallaría los rumores que generaría entre sus conocidos íntimos la fuga de quien había sido su primogénito, y cuando cerró la elegante puerta de cedro, lo hizo olvidando que alguna vez tuvo un hijo llamado Sirius Black.
El sol comenzaba a colarse ya por entre las cortinas de la pequeña ventana cuando Sirius despertó. Sonrió al comprobar que Remus dormía abrazado a él; su respiración le hacía cosquillas en la oreja. Apenas se despejó un poco, pudo sentir que las caricias y los besos de Remus aún estaban frescos en su piel. Tenía marcas en el cuello, el pecho y la parte interna de los brazos, donde el chico le había mordido suavemente. Allí donde mirara podía ver el sello de su Moony.
Cuando Remus se removió entre sueños, Sirius pudo sentir cómo el cuerpo desnudo del chico se pegaba aún más al suyo. Entonces pasó un brazo sobre la espalda de Remus para cubrirlo con aquella manta color avellana, y giró la cabeza hacia él para mirarlo dormir.
-Eres tan bello... -musitó Sirius mientras recorría con sus dedos las finas facciones del chico- Tan bello y tan apasionado…
Soltó un leve suspiro e inclinó la cabeza para besarlo suavemente en la nariz mientras su mente se llenaba con el recuerdo de los sucesos que habían tenido lugar la noche anterior. Sobre todo, recordaba con suma claridad esa manera tan particular en la que Remus le pidió que lo hiciera suyo. Se mordió los labios al rememorar el deseo abrasador que se había apoderado de él al ver que Remus esperaba temblando de impaciencia a que lo tomara. Recordaba la forma en la que había hecho vibrar a su chico con el suave movimiento de sus caderas una vez que la penetración fue completa…, un movimiento lento y acompasado que terminó por convertirse en un frenético vaivén que los había llevado a rozar la cima del placer.
El recuerdo era tan vívido que en sus oídos parecía resonar el eco de la entrecortada voz del castaño que repetía su nombre entre jadeos de satisfacción. En su mente guardaba nítida la imagen de aquellos hermosos ojos ámbar dorado que lo miraron intensamente cuando ambos alcanzaron el clímax. Después la calma que sigue a la tormenta había llegado manifestándose por medio de besos, caricias y promesas llenas de ternura.
Júrame que estarás conmigo siempre había pedido Remus aferrándose a él. Lo juro, estaré contigo siempre… Juro que te amaré hasta el final de mis días, y aún en la eternidad porque estás atado a mi corazón había prometido Sirius sellando el juramento con un beso profundo.
Sirius recordaba claramente la mirada cargada de esperanza y esa sonrisa angelical que Remus le había dedicado después de ese beso. Y en ese momento, mientras lo miraba dormir, Sirius se prometió que cumpliría con ese juramento, se prometió que haría todo para que Remus J. Lupin fuera feliz porque el chico le había dado lo más valioso que tenía. Se había dado a sí mismo dejando atrás sus reservas y temores regalándole la mejor noche de su vida, una noche que no podría olvidar jamás.
Sirius no pudo evitar una sonrisa mientras acariciaba lentamente el contorno de los labios de su chico, esos labios que había devorado con ansias, pues acababa de recordar que su madre siempre le había dicho que aquella noche estaba marcada en su destino y por ello insistía tanto en que esa noche debía unirse a Stella.
-Si mi madre supiera… -musitó Sirius acortando la distancia que lo separaba de Remus para depositar un beso tierno en aquellos labios que lo hacían perder la cabeza.
Al momento de sentir el delicado roce, Remus despertó. De inmediato correspondió al beso abrazándose con más fuerza a Sirius. Cuando se separaron Remus murmuró:
-Buenos días, Paddy.
-Buenos días, Moony -respondió Sirius a un palmo de distancia y sin apartar su mirada gris, que brillaba con adoración, de los ojos dorados.
Remus le sonrió y Sirius sintió que se derretía con solo mirarlo.
-¿Te apetece un poco de chocolate para el desayuno? -susurró Sirius retirándole el mechón castaño que caía sobre su rostro y colocándolo detrás de la oreja.
-Claro, me encantaría -contestó Remus sin dejar de sonreír.
De inmediato, Sirius se incorporó un poco y convocó su varita, misma que salió volando de entre los pliegues de su túnica de gala que estaba en el suelo. Cuando la tuvo en su mano, golpeó con ella el par de tazas que la noche anterior habían quedado olvidadas sobre la mesilla. Al momento pudieron percibir el aroma del cacao.
-Huele muy bien -dijo Remus cuando Sirius le tendió la taza que contenía el humeante liquido.
-Es verdad -respondió Sirius aspirando el suave aroma y, sin apartar los ojos de Remus, añadió- Seguro que debe ser delicioso. Tom, el dueño del lugar, dijo que preparaba el mejor chocolate de toda Gran Bretaña.
Remus mojó sus labios con la bebida sin dejar de mirar ni por un segundo aquellos ojos grises y concedió:
-Pues tiene razón. Está delicioso.
-Y me parece que podríamos complementarlo con unos cuantos panecillos rellenos, ¿no crees? -propuso Sirius mientras agitaba su varita.
Al instante una pequeña bandeja llena de panecillos apareció ante ellos y ambos chicos se dedicaron a comerlos sin dejar de mirarse.
-¡Te ha tocado uno de jalea! -exclamó Sirius al cabo de unos minutos mirando la pequeña mancha en los labios de Remus- Esos son mis favoritos…
Sin rodeos se acercó y lo besó saboreando la jalea pero deleitándose aún más con la suavidad de aquellos labios de un sabor que ya tenía grabado a fuego en su mente. Cuando al fin se apartó pudo ver que Remus se había sonrojado intensamente y trataba de disimularlo rebuscando entre los panecillos que quedaban en la bandeja mientras decía:
-Por aquí debe haber otro relleno de jalea…
-Me parece que era el único, Moony -interrumpió Sirius con un tono divertido- Pero de cualquier manera, si quieres que te bese de nuevo, no necesitas recurrir a esa treta… , simplemente tienes que pedírmelo y ya está.
Remus lo miró y empezó a reír con aquella risa grave y agradable.
-¡Vaya pues con el chico modesto que cree que estoy loco por él! -pudo decir Remus entre risas.
Sirius sonrió sosteniendo esa mirada de miel que lo traspasaba, y Remus, usando un tono de voz serio y sincero, dijo:
-… pero es verdad. Me vuelves loco, Sirius Black.
Ahora tocó el turno de Sirius para sonrojarse. Entonces Remus le dedicó una sonrisa amorosa y volvió a reír mientras le revolvía la larga cabellera.
Rayaba el medio día y Remus estaba ordenando un poco la habitación después de haber tomado una refrescante ducha. Con un movimiento de varita las túnicas de gala de ambos chicos quedaron prolijamente dobladas. Remus se disponía a tender la cama cuando tocaron a la puerta.
-¡Lily!... ¡James! -exclamó el chico con voz alegre al ver a sus amigos de pie en el umbral.
-¡Remus! -Lily se abalanzó sobre él para abrazarlo- ¡Estaba muy preocupada por ti!
-Le dije que no teníamos por qué preocuparnos -dijo James sonriendo mientras sus ojos recorrían discretamente la pequeña habitación posándose un segundo sobre el par de túnicas y fijándose en la cama aún revuelta- Le dije que todo estaba bien, pero insistió tanto en venir a buscarte que tuvimos que salir de Hogwarts casi de madrugada. Peter quería acompañarnos pero su familia tiene un viaje programado para vacaciones y no le fue posible venir.
Sin soltar a Remus, quien aún estaba sorprendido por el espontáneo abrazo, Lily preguntó:
-Todo resultó bien, ¿verdad?
Remus iba a responder, pero James se adelantó a contestar y dijo:
-¡Claro que todo resultó bien!..., porque Sirius está aquí, ¿no es así, Moony?
-Así es, Prongs… -respondió Sirius saliendo del cuarto de baño.
James lo vio sonreír abiertamente. Iba abotonándose su camisa de seda.
- … y si tu novia sigue abrazando a mi chico no respondo de mí.
Lily sabía que Sirius bromeaba pues conocía muy bien esa sonrisa jocosa, pero aún así se apresuró a soltarse de Remus. Estaba ligeramente sonrojada, pero Sirius se acercó a ella y, adoptando un tono serio, dijo:
-Evans, tengo que darte las gracias…, y a ti también, James -añadió Sirius mirando a su amigo- Sin su ayuda, Remus y yo no estaríamos juntos ahora…
-Ni lo digas, hermano -lo cortó James, y abrazándolo, añadió- Sabes que haríamos eso y más por verlos felices.
-Tienen que contarnos lo que pasó -pidió Lily.
-De acuerdo -dijo Remus- ¿Qué les parece si bajamos al pub y pedimos algo para comer mientras hablamos?
Cuando bajaron, Tom, el dueño del lugar, miró a Remus y dijo:
-Te ves mucho mejor ahora, chico…, veo que tu amigo ha cuidado muy bien de ti.
- Sí, lo ha hecho -respondió Remus sonriendo mientras Sirius se sentaba a la mesa junto a él- Por cierto, quiero agradecerle por el chocolate…, estaba delicioso.
-No fue nada, chico -dijo el hombre haciendo un ademán despreocupado- Me alegra que te haya gustado…, bueno, supongo que querrán comer algo, ¿verdad?
Los cuatro amigos asintieron y Tom se dispuso a servirles.
Después de comer, Sirius y Remus pasaron gran parte de la tarde en aquella pequeña mesa situada en un rincón del Caldero Chorreante contando a sus amigos los pormenores de lo que había ocurrido en la mansión Black mientras tomaban unas cuantas cervezas de mantequilla.
- … bueno, Stella se tenía bien merecido lo que le pasó por haber sido tan cruel con ustedes -aseguró Lily, y en un susurro bajo, añadió-, pero entonces, ¿tú crees que tu madre te haya desconocido como su hijo, Sirius?
La mirada de Remus se ensombreció un poco al escuchar la pregunta de Lily. Al notarlo Sirius le tomó la mano por debajo de la mesa.
-Estoy seguro de que lo hizo, Evans, pero no me importa. Tengo lo que más quiero en este mundo conmigo -dijo Sirius apretando suavemente la mano del castaño-, y con eso me basta. No necesito nada más.
-Sabes que mi propuesta sigue en pie, Padfoot -intervinó James- Mi casa es tu casa y puedes mudarte cuando quieras...
Sirius agradeció el gesto de su mejor amigo con una gran sonrisa. James continúo:
- … es más, ya he escrito a mis padres para informarles que este verano quiero pasar las vacaciones en casa con mis amigos y mi novia. Les ha encantado la idea y nos esperan esta noche porque quieren conocerte cuanto antes, Lily.
-¡¿Lo dices en serio, James?! -preguntó la pelirroja muy sorprendida.
-Por supuesto, y no tienes por qué preocuparte -añadió el chico al notar la inquietud en los verdes ojos de la chica- Seguro que les agradarás.
-James tiene razón, Lily. Eres una chica maravillosa -afirmó Remus.
-Bueno, hemos traído el baúl de Moony, así que, ¿por qué no vamos a empacar tus cosas, Padfoot? Si queremos llegar esta noche al Valle de Godric debemos darnos prisa.
-En realidad solo tenemos que subir por las túnicas de gala porque todo lo que poseía se ha quedado en Grimmauld Place.
-De acuerdo, entonces vamos.
Y los dos amigos subieron juntos dejando a Remus y Lily en la mesa. No tardaron en volver con una pequeña maleta.
-Es hora de marcharnos.
Luego de pagar la comida y despedirse del tabernero, James se disponía a salir del pub en dirección al Londres muggle, pero Sirius pidió ir a Gringotts Solo quiero sacar unos cuantos galeones para pagar los billetes de tren Así que salieron del local para abrirse paso entre la pared de ladrillos y entraron al callejón Diagon.
Sirius había dicho que entraría al banco mágico solo un momento, pero lo cierto es que se demoro más de la cuenta. James estaba a punto de entrar a buscarlo cuando lo vieron salir con un pergamino en la mano y una gran sonrisa en el rostro.
-¿Qué pasa, Padfoot?... ¿Por qué te has demorado tanto? -preguntó James.
Sirius no dijo nada, solo le tendió el pergamino a James mientras sacaba una pequeña bolsa llena de galeones del bolsillo de su pantalón y se la mostraba a Remus.
-¡Vaya, pero que tío tan guay! -exclamó James entusiasmado mientras leía el pergamino.
-Sí, el tío Alphard es un gran tipo.
Al ver el desconcierto plasmado en los rostros de Lily y Remus, Sirius comenzó a explicarles:
-En su carta el tío Alphard dice que hoy por la mañana mi madre reunió a la familia para comunicarles de mi partida…
-En palabras textuales tu tío dice: "La vieja arpía estaba furiosa…, menudo lío montaste, chaval" -recitó James y continuó leyendo en voz baja dejando que Sirius explicara la carta en pocas palabras.
- … mi madre les exigió a todos negarme ayuda si yo llegaba a buscarlos. El tío Alphard dice que les prohibió volver a nombrarme en su presencia. Pero como él tampoco está de acuerdo con las ideas retorcidas de mi madre dice que, en cuanto salió de Grimmauld Place, se vino a Gringotts para dejar explicitas instrucciones a los gnomos de que en cuanto yo me presentara debían entregarme su carta y asignarme una cámara de seguridad, la 711, en la que mi tío depositó una cuantiosa cantidad de oro.
Lily y Remus lo miraron sorprendidos.
-Mira, Padfoot, en está línea dice que te han borrado del árbol genealógico familiar… -intervinó James señalando el pergamino.
-Yo sabía que lo harían si no aceptaba la voluntad de mi madre -dijo Sirius mirando a Remus con una ligera sonrisa en el rostro- Apuesto a que el nombre del tío Alphard también desaparecerá de la genealogía por haberme dado una herencia.
-Sí, pero aquí dice que eso lo tiene sin cuidado "Por mí pueden meterse ese viejo tapiz por donde mejor les parezca…" -volvió a recitar James emocionado.
Sirius rió imaginando a su tío Alphard expresando esas palabras y dijo:
-Pienso lo mismo que él. Entre menos nos relacionen con la familia Black estaremos mucho mejor. Mi tío podrá dedicarse a recorrer el mundo como siempre ha querido, sin preocuparse por tener que escuchar las murmuraciones de la gente hipócrita que te adula hasta el exceso por ser un Black, pero en cuanto das la vuelta empiezan a hablar a tus espaldas criticando los matrimonios entre parientes. Y yo podré vivir mi vida sin depender de la voluntad de mi madre -Sirius se quedó pensativo un momento y mirando a Remus agregó- Me gustaría que conocieras a mi tío, Moony. Es un tipo genial. Estoy seguro de que te agradaría.
-Ya lo creo -dijo Remus con una sonrisa.
-Bueno, Padfoot, aunque ahora ya no tendrás que preocuparte por el dinero espero que aceptes mi proposición y vayas a vivir a casa -dijo James.
-Por supuesto, Prongs, y hablando de eso creo que es momento de partir -dijo Sirius extendiendo su mano hacia Remus.
Traspasaron de nuevo la pared de ladrillos, cruzaron por el Caldero Chorreante y al salir del lugar pudieron ver que el cielo de Londres se había despejado después de la fuerte lluvia de la noche anterior y ahora lucía un azul espectacular. Podía verse a la gente ir y venir sin reparar en los cuatro amigos que caminaban en parejas por la calle. James llevaba a Lily de la mano, y Remus iba pegado a Sirius.
Caminando juntos se dirigieron hacia la estación de King Cross preparándose para pasar un verano único.
Continuará…
N.A.: Espero que les haya gustado este capítulo, y también espero con ansias sus comentarios al respecto porque no se imaginan lo que me encanta leerlos. Ya estoy trabajando en el último capítulo, así que, ya saben, si quieren darme ánimos para terminarlo o hacer alguna reclamación en cuanto a este capi que acaban de leer solo tienen que mandarme un review. Saludos a todos y nos leemos pronto…, eso espero si es que ustedes me mandan review .
