Ni la historia ni los personajes me pertencen, yo solo la adapto!

Ya se ya se, me he demorado en actualizar, les pido mil disculpas pero ya entre a clases y he tenido que preparar algunas exposiciones y un trabajo, asi que compréndame un poco!

Ya se esta acabando la historia!

Muchas gracias a todas las que me han dejado su review

Sol te amo! No me mates! ejejeje

NESSA


Capitulo 12

Los rayos de sol y la leve brisa del verano entraban por la ventana del cuarto.

Bella despertó sintiendo su cuerpo todo descansado, y le llevó algunos minutos hasta que recordó, con exactitud, todo lo que había sucedido por la mañana.

Miró alrededor y pudo ver a Edward, sentado en un escritorio improvisado en la orilla del cuarto, hojeando algunos papeles. Probablemente no había ido a trabajar. Vestía ropa deportiva y estaba bastante concentrado en la tarea que desempeñaba.

Debía ser muy tarde... Dormí demasiado..., pensó Bella.

No bien Edward percibió que despertó, colocó los papeles sobre la pequeña mesa y se sentó a su lado en la cama.

-Hola -él dijo suavemente, cogiéndole la mano.

-Hola... ¿Dormí mucho?

-No mucho. Aproximadamente inco horas y algunos minutos -respondió sonriendo-. ¿Quieres beber algo?

-Té. Helado, por favor, Edward. Tengo mucho calor -respondió.

Edward gentilmente la ayudó a sentarse, poniéndole algunas almohadas para que se acomodara.

Bella notó, sorprendida, que vestía uno de sus camisones.

-¿Cómo vino mi ropa a parar aquí? -preguntó, curiosa.

-Tu madre las trajo. Renné y Phil vinieron después que les telefoneé -aclaró Edward sonriendo-. Sólo se fueron después de se asegurarse que estabas en buenas manos.

-Oh, Edward... No pensé que conocerías a mi madre en estas circunstancias -lamentó Bella-. Me gustaría que todo fuera diferente...

-No pienses en eso. Fue todo bien y ahora ya somos grandes amigos. Tu madre es maravillosa... -decía cuando fue bruscamente interrumpido por la sra. Cope.

Edward le pidió que trajera el té, como Bella había pedido. La señora salió del cuarto sin ni siquiera preguntar como Bella se estaba sintiendo.

-No le des importancia. La sra. Cope inmediatamente se acostumbrará con la idea de que eres la nueva dueña de la casa -dijo él, besándola en el rostro.

Se quedaron en silencio por algunos instantes. Bella bebió todo el té rápidamente, tenía mucha sed.

-Sabes... Quedé sorprendido al conocer a Renné. Es muy joven y atractiva -declaró, impresionado.

-Ya lo sé. Phil casi se desmayó cuando me conoció. Realmente no parecemos madre e hija -respondió, orgullosa.

Edward se levantó para ajustar la temperatura del aparato del aire acondicionado.

-Bella.

-¿Sí?

-Prometí a tus padres que, si el médico no se oponía, te llevaría a su fiesta el sábado -declaró Edward como si ya perteneciera a la familia.

-Eres imposible... -ironizó ella-. Bastan cinco minutos y tu infalible encanto entra en acción.

Aún bajo los efectos de los medicamentos, Bella volvió a dormirse.

Ya estaba bien oscuro cuando despertó nuevamente.

Por un momento prefirió estar sola en el apartamento. Podría levantarse sin preocuparse por estar incomodando o despertando alguien.

Intentó sentarse en la cama, pero no pudo. La cabeza le dolía y el cuerpo parecía cansado, a pesar de haber descansado todo el día.

-¡Drogas! -se quejó.

-¿Qué pasa? -preguntó Edward, apareciendo inesperadamente en la puerta.

-Necesito ir al baño -respondió, acostándose de nuevo.

Bella no soportaba depender de los demás. Siempre fue autosuficiente y ahora, para su desesperación, se encontraba totalmente entregada, dependiendo de Edward para todo.

Él la tomó por la cintura para que pudiera caminar hasta el baño.

-¿Te estás sintiendo mejor? -preguntó, preocupado.

No conseguía ni siquiera responder. Edward parecía su padre, y ella una frágil niña enferma.

-¿Que tal un baño, Bella? -propuso, intentando animarla.

Bella movió la cabeza, rechazando la sugerencia. Se sentía muy débil para hacer cualquier cosa. Incluso para tomar un simple baño.

-Odio sentirme así -reveló en voz baja.

-Lo sé -dijo Edward, sabiendo cuan presionada se sentía-. ¿Por qué no entras al baño mientras voy a buscar algo para beber? Cuando vuelva te ayudaré y entonces volverás a la cama como una buena chiquilla. Totalmente inútil... -completó él, bromeando ante la observación de Bella.

Edward regresó en algunos minutos. Hizo que se sentara en la bañera y, exactamente como había prometido, cogió la esponja y comenzó a bañarla como si Bella fuera una reina de la era romana.

-Eres muy bueno en esto -bromeó Bella, con una sonrisa traviesa en los labios-. Es muy erótico bañarse de esta forma.

-No me des ideas... -advirtió él, parpadeando.

-Podrías unirte a mí. Esta bañera es tan grande...

-Bella... ¿Estás sugiriendo lo que estoy pensando?

-Bueno, Edward, sólo estaba intentando facilitarte las cosas. ¡Ya estás todo empapado! -se defendió, rápidamente.

-¡Estás intentando seducirme! -la acusó en tono juguetón-. Pero no seré seducido. Son órdenes médicas.

-¿Por eso es que no estabas durmiendo en la misma cama que yo?

-¡Claro que no! -Edward negó-. Sólo quería que estuvieses más cómoda. Está muy caluroso y pensé que te sentirías mejor, y más confortable, con toda la cama para ti.

-¿Quién dijo eso? -preguntó ella.

Edward la miró tiernamente a los ojos, mientras pasaba la toalla por los hombros de Bella. Todo que había que ser dicho, fue dicho con aquella mirada.

Bella mejoró bastante al día siguiente. El dr. Whitlock quedó contento al verla.

-Excelente. Te sentirás aún mejor, si continuas descansando por lo menos dos días -recomendó el médico.

-¿Podré ir a la fiesta en casa de mi madre el sábado? -preguntó, intentando parecer entusiasmada.

-Si todo continua bien, no veo razón para no ir.

-Gracias, doctor. No conseguiría quedarme en esta cama por mucho tiempo.

Bella resolvió entonces conformarse con la idea de quedarse en reposo por algunos días. El sábado vería a Renné. Estaba nostálgica, y quería contarle inmediatamente acerca de la decisión que cambiaría su vida radicalmente. Vivir con Edward Cullen.

Edward se despidió del médico, orgulloso. Había prometido que Bella quedaría a sus cuidados. Se aseguró de que no se enojaría si se iba a trabajar. Necesitaba ir a la oficina a resolver algunos problemas.

-Puedes ir, Edward. Estoy bien.

-Tardaré sólo algunas horas. Inmediatamente estaré de vuelta -prometió, besándole la coronilla, y saliendo enseguida.

Bella se sentó en la cama y comenzó a leer un libro que Edward le había prestado.

La sra. Cope entró en el cuarto para guardar algunas ropas y ni siquiera la saludó. La relación entre las dos se estaba haciendo insoportable.

-Sra. Cope...

-No -respondió la señora, con frialdad.

-¿El sr. Cullen ya le comunicó que me quedaré aquí definitivamente?

-No -negó ella, en tono antipático.

Bella tragó en seco, sintiendo rabia hacia la sra. Cope. Había actuado con mucha petulancia. Finalmente era una empleada, y no la madre de Edward.

-Entonces creo que llegó la hora de que aclaremos las cosas -dijo Bella, buscando controlar los nervios-. De hoy en delante, viviré en esta casa también. Mi bebé nacerá en octubre, y obviamente el trabajo de la casa aumentará. Está claro que entenderemos si la señora decide buscar otro empleo.

La sra. Cope miró fijamente hacia Bella y replicó fríamente:

-El sr. Cullen nunca trajo a sus... sus mujeres a casa. Naturalmente la trajo porque está en problemas... -insinuó la vieja rudamente.

-¡Este bebé que cargo dentro de mí es su hijo!

-Ya lo sé, él me lo dijo. Pero no se casó con usted, ¿no es así? -preguntó la señora, cargando las palabras de veneno.

-Yo soy la que no quiero casarme con él, sra. Cope. Ahora salga de mi cuarto. Ya le dije todo lo que juzgaba necesario. No le debo explicaciones -concluyó Bella, irritada.

La siguiente vez que la sra. Cope entró en el cuarto, Bella pudo notar que actuaba con más cordialidad. Se había prometido que jamás permitiría que alguien la humillara nuevamente. Había decidido ser una nueva mujer. Había sido dura con la vieja señora, pero se lo había merecido.

El día y la noche transcurrieron normalmente. El amanecer del día siguiente le trajo otra sorpresa. Edward había salido hacia el trabajo y la sra. Cope había ido a hacer las compras al mercado.

Bella pudo oír nítidamente que la puerta de entrada del apartamento fue abierta y cerrada inmediatamente después. La persona caminaba en dirección al cuarto, pues el sonido de los pasos se hacía más alto a medida que se aproximaba.

-Tú debes ser Bella -dijo la mujer, que se había detenido al lado de la puerta.

Bella pudo entonces verla mejor. Tenía los cabellos canosos, muy bien peinados. Vestía falda gris oscuro con una hermosa blusa de seda blanca, que combinaban perfectamente. Desde la cama podía sentir la fragancia suave del perfume que la elegante señora exhalaba.

Ella se aproximó a la cama, se sentó y dijo:

-No deberías estar tan sorprendida. Todos dicen que Edward se parece mucho a mí. En general, ni siquiera necesito decir que soy su madre...

Bella apenas podía creer lo que acababa de oír. De cualquier modo, sonrió, aunque no consiguiera pronunciar una sola palabra.

-Entonces eres tú... ¿Por qué crees que mi hijo no será un buen marido?

Mi Dios... ¿qué hago ahora?, se desesperó Bella. Por lo que parecía aquella mujer no pararía de hablar mientras no supiera todo lo que quería saber.

-No te culpo. Mi hijo tiene muchos defectos y los reconozco. Por eso es por lo que es un éxito en lo que se refiere a los ordenadores. Y muy práctico. No decide nada con el corazón. Nunca se deja llevar por los sentimientos o por el lado humano de las cosas -argumentaba la sra. Cullen, como si fuera su amiga íntima-. Sé que este bebé es mi nieto. Cásate con él, querida, y juntas instruiremos a Edward.

-Disculpe... Estoy medio desorientada. No esperábamos a la señora -dijo Bella con voz temblorosa.

-Edward sabía que vendría. Probablemente por eso es por lo que no está aquí -ironizó ella-. Ahora vamos... cuéntame todo desde el principio al final. Quiero aprovechar la ausencia de Edward.

-¿Estás feliz, ahora que ya sabes toda la historia, mamá? -preguntó Edward, entrando en el cuarto.

-Hola... ¿Estás bien, hijo?

-Oí sólo algunas frases, pero estoy seguro de que obligaste a Bella a contarte toda su vida... y con detalles. ¿Estoy en lo cierto, querida? -indagó, inclinándose para besarle los labios.

-Tu madre es encantadora.

La sra. Cullen se levantó para abrazarlo y, actuando cómo si reprendiese a un niño, habló:

-No tienes de qué preocuparte. Bella es un amor. ¿A quién no le gustaría casarse con una chica así? No comprendo lo que ustedes los jóvenes piensan de la vida. ¡Hijo, necesitas conquistarla... y hacer que se case contigo!

-Mamá... ¡Contrólate!

-Sé que quieren conversar a solas. Nos veremos más tarde -la sra. Cullen habló, dirigiéndose a la puerta-. Y cuanto a ti, Edward, continuaremos nuestra conversación después.

La madre de Edward salió, cerrando la puerta detrás de sí.

-¿Entiendes ahora por qué mantengo un apartamento sólo para ella en este edificio? -preguntó con aire de conspirador.

Edward la abrazó con ternura. Se sentía tan segura en sus brazos, que nada podría incomodarla en aquel momento.

-Mi madre y yo no conseguimos vivir bajo el mismo techo -reveló-. Sé que soy una persona difícil de lidiar, pero ella siempre se juzga con el derecho de decidir lo que es mejor para mí. Y en general olvida consultarme.

-¿Y tu madre lo consigue?

-Claro que no. Ni siempre lo que cree correcto es de hecho lo mejor para mí -argumentó Edward.

-Tal vez sea exceso de amor...

-No me interesa... -dijo mirando hacia el camisón semi abierto de Bella-. No hablemos más de eso.

-Edward...

Él colocó la mano en sus senos, haciendo que Bella se estremeciera de deseo.

-¿Puedo hacerte una pregunta indiscreta?

-¡Me estás sorprendiendo... siempre eres el dueño de las respuestas! -lo provocó ella, percibiendo malicia en las intenciones de él.

Él se desnudó, le quitó el camisón y se acostó a su lado, abrazándola con firmeza. Bella sintió que el cuerpo de él vibraba de placer, y se entregó a sus besos ardientes. La lengua de Edward la hacía delirar de deseo. Pasaron toda la noche juntos, no hicieron el amor, pero se deleitaron con frenéticas caricias.

Bella se levantó a la mañana siguiente sintiéndose excelente. Estaba vestida y arreglada aún antes que Edward despertara. LLevaba un vestido negro muy fino, que había comprado en el centro comercial junto a él. Se maquilló levemente y se calzó sus sandalias de tacon alto, también negras.

-Pareces feliz, hoy... -observó Edward, aún acostado.

-Y lo estoy, Edward.

Él sonrió. Parecía un niño, aún adormilado. Tan diferente de aquel hombre duro, seguro y sensual de la noche anterior. Bella estaba casi convencida de cuanto le importaba ella, pero quería estar segura de ser amada, de verdad.

Edward se había hecho indispensable en su vida. Pero, cuando el bebé naciera y todos sus sentimientos y emociones volvieran a la normalidad, enfrentaría su vida sola, con dignidad.

-Ven acá -llamó Edward, cariñosamente-. Quiero un beso...

Él la envolvió en sus brazos y la besó con ternura y suavidad en un tardío gesto de amor.