La nevada aldea siberiana apenas dormía apacible en la obscura noche de luna nueva, las pálidas estrellas regalaban una tímida luz que se reflejaba en la blanca nieve, hombres y bestias estaban sumidos en un sepulcral sueño que le daban un aire fantasmal a las calles. El guardián de acuario avanzaba sigiloso en busca de algún sonido, alguna señal de altera de la presencia de Quione, los escasos ululares de algunas lechuzas hicieron girar los ojos del francés encontrando un par de lechuzas marrones revoloteando cerca de un árbol, por lo que decidió caminar un poco mas. Silencio... Silencio... los minutos pasaban entornes cargados de incertidumbre y temor que se dibujaban en el juvenil rostro del ruso quien avanzaba silenciosamente pegado a los muros de las construcciones, en busca de algo que pareciera inusual, una luz, una huella o un sonido que le advirtieran del peligro. Aun era para el imposible creer la extraordinaria explicación que le dio su maestro hace algunos minutos, no entendida como es que Misha pudiese ser el monstruoso lobo blanco de aquella noche, y mas confuso para el era estar al asecho de otra posible forma fantástica que la mujer de los ojos rojos pudiese tomar... todo parecía sacado de una especie de novela de terror, sin embargo su pecho latía con determinación, confiaba en las palabras de su maestro y haría todo lo posible por proteger a la del cabello plateado.
Es difícil saber cuanto tiempo trascurrió desde que los guerreros del hielo se internaron a la aldea en búsqueda de Quione, recorriendo sus callejuelas sin éxito hasta que... una luz anunciaba que los habitantes de aquella morada no dormían mas, Hyoga que se encontraba a unas dos calles de distancia apretó el paso hacia aquella luz que se fue expandiendo rápidamente iluminando los callejones y retumbando los muros con los gritos desgarradores de los hombres. Un grupo de unas 10 personas armadas con antorchas, picos, palas y rifles luchaban con lo que parecía ser una gran montaña de brillante nieve, que a cada paso que el adolescente se acercaba a la escena la imagen se iba aclarando revelando una escena que le paró los latidos del corazón. Se trataba de un monstruo... era un oso enorme de alrededor de 5 metros de alto, con tres cabezas que rugía fúricamente, sus enormes garras brillaban como el acero con la luz de las antorchas, en su lomo se batían enormes y níveas alas que arremolinaban la nieve y las llamas, las las patas traseras eran como las de los lobos y su enorme cola golpeaba los pilares de madera de la vivienda haciéndola vibrar, en una de las cabezas justo en la de en medio se retorcía entre sus fauces una niña de unos 6 años de edad que estaba fuertemente prensada a nivel del muslo derecho y cadera, llorando desconsoladamente presa del dolor y miedo que la bestia le producía y en la cabeza lateral izquierda colgaba una joven de unos 13 años totalmente inconsciente atravesada por los colmillos del animal a nivel del abdomen y pelvis, los aldeanos disparaban sus armas sin embargo eran completamente inútiles ante Quione.
Hyoga elevo al máximo su cosmos, pero al ver lo que ocurría no se podía dar el lujo de esperar mientras el monstruo continuaba martirizando a sus victimas, así que en un primer intento de detenerlo lanzo un rayo de aire frió hacia una de las cabezas del animal, hacidndo girar sus tres pares de ojos hacia el joven ruso que abria como platos sus azules orbes ante la impresionante figura de la mitológica Quione en todo su esplendor. La bestia agito sus garras mandando a volar a algunos pueblerinos y produciéndoles profundas heridas a otros con sus afiladas y metálicas garras, mientras la sangre de las victimas teñía un rojo camino por donde avanzaba. Hyoga giraba su cabeza en busca de su maestro el cual no aparecía por ningún lado, así que en un arrebato de valor y determinación elevo una vez mas el cosmos en su interior trazando con sus manos y piernas las estrellas de la constelación del cisne, concentro nuevamente todo su poder en sus manos, y para lanzar la técnica que recientemente había prendido de su mentor.
-Hyoga- ¡Polvo de diamantes!
El ataque del ruso dio justo en la cabeza que aprisionaba del vientre a la jovencita, haciendo enfurecer a Quione quien avanzaba lentamente resistiendo el chorro de aire frió que surfia de las manos entrelazadas del adolescente. Los aldeanos que permanecían cocientes miraban impresionados la batalla entre el chico y la bestia, despertando juntándose rápidamente una muchedumbre al rededor de la escena. De repente un segundo rayo plateado se unió al ataque del ruso haciendo que la bestia soltara a la jovencita de sus fauces, cayendo justo entre sus patas delanteras en un charco de sangre.
-Hyoga- ¡Maestro!
-Camus- Debemos sacar a esa niña de ahí, y conseguir que también suelte a la otra...
Camus seguía concentrando su polvo de diamantes contra la cabeza izquierda de Quione, mientras los aldeanos lanzaban lanzas y piedras contra la criatura.
-Hyoga- Maestro... creo que sé como podremos detenerla, congelando sus patas traceras, si la inmovilizamos no podrá hacer mas daño,
Camus, lo miro con cierta duda, sabia que si el detenía su ataque Quione repelería fácilmente a Hyoga y podría salir huyendo o peor aun, volar...
-Hyoga- ¡Maestro, puedo hacerlo! ¡confié en mi!
Camus giro sus ojos y mirando la enardecida muchedumbre y a la pequeña niña que aun gritaba desconsoladamente entre los dientes de Quione, comprendió que ese era el único plan que podría funcionar en esas circunstancias, así que asintió con la cabeza a su discípulo quien lo miro con sus azules ojos lleno de valentía. En ese momento pudo ver que el rostro de su discípulo no era ya el de un niño, era el de todo un caballero, de un digno portador de un ropaje sagrado.
-Camus- Listo, Hyoga... a la cuenta de tres...
El ruso fijó su celeste mirada en las patas traseras de la quimera, puesto si intentaba congelar las garras delanteras etaria a merced de las dos cabezas libres, era arriesgado ya que dejaría también muy vulnerable a la chica que yacía en la nieve, sin embargo era el único plan con el que contaba en tan poco tiempo.
-Camus- UNO... DOS... TRES!
Camus incrementó la fuerza de su rayo de aire frió haciendo rugir enfurecida a Quione, dejando caer a la niña que tenia en su cabeza central, al mismo tiempo que Hyoga se deslizaba rápidamente pasando en medio de sus patas delanteras hasta situarse en las patas traseras. Quione se paró sobre sus patas traseras haciendo gala de su impresionante altura y agitando violentamente sus garras y las enormes alas mientras Hyoga concentraba su cosmos en sus manos congelando rápidamente las extremidades del blanco animal. Camus sonreía orgulloso de la habilidad y poder desplegados por su pupilo.
Cuando el ruso terminó su tarea, se arrastró ágilmente hasta alcanzar a ambas niñas y sacarlas del alcance de la bestia, varios aldeanos se acercaron al ruso con duda y temor.
-Hyoga- Llévenselas cuanto antes, están severamente heridas, y ustedes también, deben alejarse, no sabemos cuanto tiempo podremos contenerla...
Los aldeanos tomaron a ambas criaturas y las cubrieron con mantas para llevárselas cuanto antes a ser atendidas, sin embargo no tenían intensión de obedecer al muchacho, la turba de aldeanos deseaba darle muerte en ese momento y en ese lugar al espantoso monstruo blanco que se hallaba aparentemente vulnerable al estar parcialmente inmovilizado.
Camus paró su ataque mirando a la distancia a la blanca quimera enfurecida rugiendo y aleteando tratando de safarse de la trampa de hielo, mientras el cielo comenzaba a clarear con los primeros rayos del sol, lo que significaba que pronto Misha recobraría su forma humana, así que debía sacarla cuanto antes de ahi. Quione al sentirse presa y acorralada se fue poco a poco calmando aunque sin desistir en sus intentos de liberarse, haciendo que los aldeanos cerraran un poco mas el circulo que rodeaba la escena.
Varios disparos se escucharon haciendo rugir furica a la criatura, y una lluvia de lanzas y piedras cayeron nuevamente sobre la bestia haciendo enfurecer al caballero de los hielos.
-Camus- ¡Basta!
Gritó haciendo estallar una especie de onda expansiva que derribo a todos los aldeanos y a su propio pupilo,
-Camus- Bajen sus armas... no ataquen mas...
-¡No lo escuchen!
-Debemos acabar con la bestia
-Todos hemos visto lo que ha sucedido, ahora dos niñas se debaten entre la vida y la muerte por causa de ese moustruo
Quione volvió a rugir alteando haciendo retroceder a los pueblerinos.
-Camus- Aléjense de aquí, yo me encargaré que no vuelva a hacer daño...
- No podemos confiar en él, es otro demonio blanco
- Todos lo vimos disparar nieve y luz con sus manos
- Ese muchacho también, ¡son unos monstruos!
Otra lluvia de lanzas antorchas y balas cayo sobre el lomo de la criatura mientras los rayos del sol se iban asomando tímidamente por el horizonte, Camus enfureció nuevamente haciendo una segunda onda expansiva que estremeció la tierra.
- Se los repetiré por ultima ves... largo de aqui...
Dijo en un tono siniestro que puso los pelos de punta a todos los aldeanos que poco a poco iban retrocediendo por el miedo que les inspiraba el santo dorado. De repente Hyoga se acerco a su maestro tocando levemente su hombro derecho, haciendo girar violentamente al de acuario para mirar al adolescente fria y penentrantemente como represaría por haberlo interrumpido.
-Hyoga- Maestro... Misha...
Camus miro hacia donde se encontraba el oso alado de tres cabezas que conforme los rayos del sol se iban apoderando del cielo del norte la ninfa de las nieves ia recuperando su forma humana, dejando perplejos y aterrorizados a los aldeanos que presenciaron la transformación.
-Es el espíritu de la nieve!
-Es una bruja!, una bruja de la nieve!
Camus se acercó a su mujer que yacía en la nieve tomándola gentilmente entre sus brazos tras cubrirla con su camiseta, se puso en pie con ella y extendió su mano derecha, disparando un rayo de luz plateada congelando a todos aquellos que fueron testigos de la transformación.
-Hyoga- Maestro... ¿que es lo que ha hecho?
Camus giro su rostro hacia el adolescente desplegando una nueva onda expansiva creada con su magnifico cosmos, tumbando de espaldas al ruso y haciendo mil pedazos a los hombres que quedaron congelados hacia unos instantes.
tras levantar caminar unos pasos con su amada Misha en brazos pudo notar que su nivea pilel se encontraba lastimada con multiples heridas y moretones resultantes de la batalla que habia librado contra la gente del pueblo... y contra él.
