Tenía los ojos apretados con fuerza esperando el golpe que tardaba en llegar. Rouse pellizcó o hizo algo parecido a quién me sujetada porque pego un grito de dolor.
–No puede haber en mi grupo débiles que se dejen detener por nenazas como Raphael–recriminó Rouse con furia, aunque esta vez pude notar su voz algo quebrada, pero poco.
Cuando finalizó esa frase un grito se escuchó y la mano de mi atacante dejó de sostenerme el cuello y caí fuertemente contra el suelo sintiendo un fuerte dolor en la zona de las costillas. Cuando abrí los ojos estaba el chico que me iba a pegar retorciéndose en el suelo. Escuché la voz de Rouse preguntando "¿Quién eres tú?" y con toda mi voluntad finalmente encontré el valor de alzar la cabeza para mirar encontrándome un hombre muy oculto por un abrigo.
MI cabeza comenzó a doler y a hacer señas de querer explotar en cualquier momento, no pude seguir mirando e instintivamente solo pude hundir más mi cara entre mis manos y aferrarme más al suelo. De repente como si estuviera soñando la imagen borrosa de un chico rubio apareció ante mí, no era yo ni tampoco nadie que conociera "¿Quién eres tú?" preguntó mirándome y su voz resonó por toda mi cabeza como si la oscuridad produjera eco. Comencé a gritarle que se alejara por instinto pero me costaba mover la boca y para articular esas palabras tenía que hacer un gran esfuerzo. Finalmente el chico desapareció no sin antes gritar un "¡Tu!" con furia. Cuando todo parecía en calma la oscuridad se transformó en una habitación que conocía muy bien, y en el suelo, había lo que menos quería ver, una mujer tumbada en el suelo con poca ropa y encima de un charco de sangre.
–¡Mama! –grité con todas mis fuerzas, pero cuando fui a tocarla toda la habitación se desintegro. Finalmente abrí los ojos encontrándome con otros ojos verdes mirándome fijamente.
–¡Mikey! –exclamó la voz de Lith y seguidamente sus brazos me agarraron por el cuello.
No me encontraba en el callejón, simplemente estaba en una habitación oscura y desordenada. Había muchas jaulas vacías de pájaros colgadas en el techo y diferentes barras de hierro y troncos de madera agrupados en las esquinas. El lugar desprendía una fuerte olor a humedad y a pintura, seguramente estaríamos en una parte cercana al puerto. Varios bichos deambulaban por las paredes a pesar de que las ventanas estaban tapadas por telas mosquiteras. En el centro de la habitación había dos camas donde nos situábamos Raphael y yo. Rápidamente me fije en las sabanas pero por suerte era lo único con aspecto limpio de esa habitación.
–¿Dónde estamos? ¿Esto es el infierno? Es peor de lo que esperaba–dije temeroso escondiéndome bajo las sabanas.
–Qué mala educación–protestó un hombre, el mismo que apareció en el callejón. Era muy mayor, sus manos estaban llenas de arrugas y una barba larga y gris le ocultaba la boca y el cuello. Sus ojos azul cielo me miraban con rabia.
–Aunque parezca imposible este viejo–Yuuhi tuvo que parar la explicación porque una olla lanzada por el anciano le impactó en toda la cabeza–. Quiero decir, este amable "señor", llegó y nos salvó derrotando a Rouse y a sus amigos él solo.
–Fue increíble–exclamó Donatello–. Hizo esto y esto otro–seguía diciendo mientras daba patadas y puñetazos en el aire.
–Yo no me muevo como una cucaracha borracha–protestó el anciano.
–Después os trajo aquí a ti y a Raphael para que os recuperarais–empezó a decir Leo.
–Nadie os pidió que lo hicieras–protestó Raphael.
–Te caíste al suelo fulminado y no te despertabas ni te movías, incluso la banda de Rouse se quedó estupefacta sin saber que te había dado–me dijo Kotori con lágrimas en los ojos.
–Eso no fue normal ¿Qué te paso? –preguntó Lith preocupada.
–No lo sé…–respondí con sinceridad.
–Si es lo que pienso, los Hamato son unos inútiles–dijo el viejo.
–¿Los Hamato? –preguntamos todos juntos.
–Nada–pronunció secamente. Os acompañaré a casa antes de que me deis más problemas.
2 días después
3 de Julio de 2009 Hora 10:27 P.M
–Siempre que estas con alguno de tus amigos terminas metido en algún problema.
La mujer leía atentamente mi diario sin apartar la vista. Iba vestida con un camisón blanco, una falda corta negra y utilizaba unos tacones altos con los que golpeteaba al suelo constantemente.
–Son divertidos–dije rezando para que esa sesión acabara rápido.
–Tus amigos puede ser, pero los chicos que os atacaban no lo eran–comentó la mujer–¿Quieres que intente hacer algo al respecto?
–No gracias, no de momento. Solo quería preguntarle una cosa. En el camino de vuelta Raphael me dijo que su hermano sufría problemas de agresividad y que por eso estaba acostumbrado a recibir golpes ¿Eso lo puede solucionar?
–No desde la distancia, los psicólogos no hacemos milagros. Pero Raphael debe evitar decir que se acostumbra a esa agresividad, eso solo evitaría una mejoría en ese aspecto de Rouse. Se tiene que dar cuenta que está haciendo algo mal–, tras esas palabras la psicóloga se acomodó sus gruesas gafas y me miro seriamente–¿Cómo son sus padres? Suele venir de ellos este tipo de comportamientos.
–Pues…
Flashback
El hombre mayor decidió acompañarnos a cada uno a nuestras casas, según él éramos demasiado llorones y débiles para andar solos por la noche. A nadie le gusto ese comentario, sobretodo a Raphael que se puso a insultarle sin parar sintiéndose muy ofendido.
La primera casa a la que llegamos fue a la de Raphael, el pelirrojo durante todo el camino no paró de exigir que le dejáramos solo, pero nadie le hizo caso y cuando picó al timbre de su puerta todos nosotros estábamos a su lado. La primera persona en salir fue su madre, una mujer de cabello negro muy largo y de intensos ojos verdes, era muy delgada a tal punto que se veía esquelética.
–Por fin Raph, estaba preocupada–dijo la mujer aliviada–. Tú hermano volvió una hora atrás y estaba apaleado. Estaba preocupada porque no volviste con él y Rouse solo se encerró en su cuarto sin decir nada.
–Ya…–dijo Raphael algo molesto entrando. Evitaba mirar a su madre a los ojos y me extrañaba ese comportamiento, la mujer se sintió algo incomoda.
–Disculpen–dijo haciendo una reverencia, su cuerpo se veía tembloroso.
–No pasa nada–dijo Leo para bajar la tensión en el ambiente.
–Dile a su hijo que gracias por salvarme–le dije acercándome hacía ella. Raphael ya había desaparecido por el marco de la puerta y no había encontrado las palabras para agradecérselo personalmente sin que se enfadara durante el camino–. Obviamente me refiero a Raph.
Pero la madre del pelirrojo no dijo nada, simplemente se me quedó mirando con sus ojos apagados sin apartarlos de mí, poco a poco su piel se fue palideciendo más aunque pareciera imposible y de su boca solo pudo salir un murmuro.
–¿Mimi?
Me quedé mirándola extrañada ¿Mimi? ¿Quién era esa? Dije un "no entiendo" con mi mejor sonrisa y la madre de Raphael rápidamente se ruborizó hasta que sus mejillas se volvieron del mismo color que el cabello de sus hijos. Murmuró un "lo siento" y cerró la puerta rápidamente dejándonos a todos confundidos.
–¿Qué fue eso? –dijo Lith formando una mueca.
–A esa mujer tengo la sensación de que la he visto antes–murmuró Donatello–¿Pero dónde?
Fin del flashback
–Me resultó extraño el comportamiento de la madre y en cuanto a su padre, enseña a luchar a sus alumnos de manera agresiva.
–Ya veo…entonces no sé si es buena idea tu propuesta.
Sabía a qué se refería, antes de ir hacía nuestras casas ese día realizamos un interrogatorio al anciano y nos dijo que sabía artes marciales desde que había nacido y por eso pudo fácilmente con Rouse y los demás. Cuando nos lo dijo a Lith, Kotori, Donnie y a mí se nos iluminaron los ojos y le pedimos que nos enseñara a los cuatro a pelear. Pero él se negó diciendo de mala gana "es más fácil enseñar a un gusano que a unos que no tienen talento". Raphael, Leonardo y Yuuhi no se vieron muy ilusionados por la propuesta.
–Raphael no es como Rouse–dije mostrando una seriedad impropia en mí–. Si aprendiera a pelear seguro que lucharía por el bien y no para los villanos.
–Ya, pero en los hermanos es muy común compartir los mismos problemas, yo no me arriesgaría.
–Estoy seguro de ello, no hay nada que arriesgar. Si quieres me apuesto algo importante como un vale de descuento en pizzas–le insistí ofendido.
–A todo esto–me llamo la atención la psicóloga cuando volvió a fijar la vista en el diario–¿Notaste algún comportamiento extraño en Kotori Meiji?
–No ¿Por qué? ¿Conoces a Kotori?
–Es una de mis pacientes, las trato a ella y a su madre por diferentes motivos, bueno, a Kotori ya le di el alta en verdad hará dos meses.
–¿La curaste? ¿De qué? –pregunté extrañado aunque quizás me metía donde no debía.
–No la cure exactamente, en pacientes como ella curar no es la solución, simplemente lo importante es ver su evolución. Obviamente, lo que tiene es confidencial y no te lo puedo decir, en verdad ni siquiera Kotori lo sabe.
–Ya…–sollocé apenado.
–Una última pregunta para ti Michelangelo–espetó la psicóloga–¿Por qué hablas solo de tus amigos? Jamás hablas de tus padres adoptivos, en ningún momento mencionas tu casa.
–…
–¿Estas ocultando lo que de verdad me interesa?
–…
–Ya veo, tienes esa parte bloqueada. Me temo que me llevaras mucho tiempo de lo esperado. De momento para desbloquearte por favor escríbeme por lo menos cinco líneas de cosas que te pasen en tu casa cada día. No se vale mentir, y para cualquier cosa que me quieras contar ya sabes mi número de teléfono.
–Está bien–murmuré sin opción.
–Se acabó la hora de visita entonces. Nos veremos la semana que viene el mismo día y a la misma hora–me dijo estrechándome la mano.
Salí de la sala de consultas pensativo. La psicóloga no había dicho nada de mi desmayo y de las visiones. Seguramente pensó que colapsé del miedo y solo fueron delirios de mi mente. Pero todo fue demasiado real, eso no era un sueño como el que tenía cada noche, sabía diferenciarlo perfectamente.
¿Pero que fue?
Lo peor de todo es el chico rubio que apareció en mi cabeza, ese chico que desde ese día apareció en cada uno de mis sueños, sin importar que estuviera salvando al mundo o huyendo de una pizza asesina, él siempre terminaba llegando formulándome las mismas preguntas: "Quién eres tú?" ¿Por qué puedes verme?".
Gracias por las reviews!
