Disclaimer: Antes de nada me gustaría comentar que los personajes de Detective Conan no me pertenecen. Son propiedad de Gosho Aoyama. No me considero violadora de ninguna ley.


Traducción de "I'm already there", "Stronger than I am" y "Coming Home", escritos por Becky Tailweaver. Yo uniré y traduciré lo que haya escrito hasta este momento. A medida que "Coming Home" (el fic largo y último) se vaya actualizando, yo iré traduciendo. Así que no me pidais que suba otro cap si no esta escrito, porque tengo el permiso para traducir, pero no para escribir. Igualmente, muchísimas gracias a Becky T. por dejarme traducir esta fantástica historia. Thank you so much!

SI TU SUPIERAS

Pero sus siguientes palabras, dichas en una voz grave, débil y exhausta, hicieron que todo cayera sobre ellas y llenó a Ran con una ola de asombro helado y técnicamente imposible de creer.

- Mouri... Edogawa es Shinichi.

Capítulo 12

Le costó un tiempo llegar hasta la Torre de Tokyo, aunque cogió un autobús para llegar hasta allí. No le llevó hasta su destino completamente, pero sí que le ahorró un trozo de caminata que tendría que haber hecho.

Conan ya estaba más que exhausto. Los pies le dolían y sus músculos temblaban, mientras se sentía congelado aunque estuviera sudado completamente gracias a caminar, correr, y más correr entre las calles de Beika. Se ganó muchísimas miradas extrañas de los paseantes, pues era un niño destartalado y sin aliento que siempre corría por las aceras hacia la Torre de Tokyo.

Una vez llegó a la base de la estructura, no obstante, sus problemas empezaron. Estando ahí, mirando la torre, se abrazó a sí mismo por el frío de la noche, a la vez que sentía la frustración y la desesperación en sus adentros.

Bien. Muy bien. ¿Qué se supone que tengo que hacer ahora? - murmuró para sus adentros - "Ven a la Torre de Tokyo" dice. Bien, Kuroba, es un sitio un pelín grande... ¿Así que dónde demonios estás?

Echó un vistazo a todas las personas y las luces de por ahí; aunque estaba oscuro, todavía no era muy tarde, y seguían habiendo muchas personas y tráfico.

Éste es un sitio muy público para él. Nunca ha venido aquí para quedar conmigo¿que estaría yo pensando? Esto está demasiado expuesto. No va a venir...

Conan estaba empezando a caer en las redes de la desesperación de nuevo cuando un arrullo le llamó la atención. Sorprendido, miró alrededor, viendo una paloma quieta en al acera a su lado. Una paloma, sola y en la noche, exponiéndose a la luz de la calle.

No, no era una paloma cualquiera. Era una de sus palomas. Una blanca como la luna, con marcas gris ceniza en sus alas y en las plumas de la cola.

Era difícil engendrar palomas puras blancas viviendo como un fugitivo. Muchas veces la común paloma gris se interponía en su camino.

Conan parpadeó mirando al pájaro, sus cejas subiendo al reconocerlo.

- Bueno... Hola, Kemuri - dijo suavemente, su voz seca del cansancio y la sed, y ahora alivio.

La blanca y gris paloma se acercó a él, moviendo la cabeza hasta subirla y mirarle con un ojo negro. Se volvió un círculo y le arrulló, mirándole impaciente.

Aunque estuviera cansado y deprimido, Conan sonrió un poco.

- Seguirte¿no? Supongo que... - caminó hacia el pájaro; se quedó un segundo donde estaba antes de alzar el vuelo, volando hacia el punto más alto de una farola.

Siguieron con ese juego de avanzar y seguirse durante un rato, la paloma Kemuri mostrándole el camino y Conan caminando pesadamente detrás de ella. Normalmente se movían uno detrás del otro, ya que el pájaro había sido instruido para encontrar a su objetivo y volver, pero no todas las palomas eran tan listas, y a veces, Kemuri volvía atrás para ver si Conan se había caído o desmayado.

Finalmente, la paloma bajó hasta la acera en la boca de un callejón, parándose ahí y dando una última vuelta antes de mirar a Conan para infundirle valor mientras él caminaba, sufriendo. El pájaro le volvió a arrullar suavemente, sin asustarse de su proximidad, mientras Conan recuperaba el aliento y echaba un vistazo a la oscuridad del callejón. Estaba lejos de la Torre de Tokyo y las calles de alrededor estaban tranquilas y vacías.

De hecho, estaba tan callada por un momento que el abrir de alas de Kemuri lo asustó mientras la paloma volvía a volar, desapareciendo detrás de la parte más alta del edificio de al lado.

Con cautela, y un poco confundido, Conan se metió dentro del callejón, mirando arriba hacia el edificio en el cual el pájaro había desaparecido.

¿Y ahora qué¿Estará allí arriba? Entonces tiene que haber una escalera de incendios en alguna parte... Él sabe que no podría llegar si no fuera así...

Entonces lo sintió. Alguien lo estaba observando.

Entró todavía más en el callejón donde la luz no llegaba, sus pasos lentos y deliberados permitiendo a sus ojos acostumbrarse antes de pasar cada vez a mayor oscuridad. Casi no había ninguna luz directa allí, sus ojos ya podían ver mejor en esa poca cantidad de luz mientras intentaba esquivar la basura y, más allá, la pared de un edificio. Era un callejón sin salida.

No se dejaría acorralado a sí mismo.

Por el callejón pasaba un viento frío, suficiente para hacerle temblar. A su alrededor había pilas y pilas de basura y trastos viejos, justo encima se encontraba la sombra de una escalera de incendios, pero allí no había nadie. O al menos nadie visible.

El sentimiento que tenía era cada vez mayor, haciendo que todos los pelos de su cuerpo se pusieran de punta y un frío estremecedor le recorriera la columna. La adrenalina hizo que se esfumara una parte de su cansancio, provocando que se levantara de nuevo en la oscuridad.

E incluso su cuerpo reaccionó, su mente desterró las alarmas, ya sabía quién le observaba. Sabía quién, por qué y dónde.

- Si fuera uno de ellos, te habría matado una docena de veces ahora mismo - habló a la oscuridad que le rodeaba, y con un suspiro, dirigió sus ojos hacia una ventana que había en un rincón unos metros más arriba, en la pared -. ¿Verdad, Kuroba?

- Tan observador como siempre, por lo que veo - replicó esa suave e irónica voz del ladrón, mientras una sombra se movía en ese sitio, una sombra que era invisible hasta que se movió -. No puedo esconderme de ti. Y me quitaste las palabras de la boca.

- No tengo tiempo para juegos - Conan se acercó, mirando hacia arriba a la forma que vestía de oscuro en una de las ventanas del edificio -. Dijiste que me encontrara contigo en la Torre de Tokyo, y he seguido a tu pájaro hasta aquí...

- Ah, sí, Kemuri... Pensé que estaría bien escogerla. La reconociste, y además, a ella le gustas.

Los ojos de Conan casi se pusieron en blanco de la impaciencia que tenía.

- Me siento halagado. Así que dime lo que sabes. ¿Dónde está Ran¿Y Yuuichi?

- A salvo, o eso creo - replicó Kaito, antes de sentarse en la ventana y saltar para aterrizar suavemente. Se quedó allí donde había caído, a dos metros de Conan sin tener la intención de acercarse más.

- ¿Qué tengo que entender de esa afirmación? - preguntó Conan. Hacía mucho que había perdido su cautela respecto al ladrón, pero el hábito les hacía ponerse de acuerdo en su espacio vital.

- No te desahogues conmigo de tus penas - le advirtió Kaito, no en broma -. Voy a decirte algunas cosas, pero tienes que controlar tu genio. Este - señaló con la cabeza a la ropa desaliñada, el cansancio y el estado emocional de Conan - no eres tú en absoluto.

- Estoy bien - gruñó el chico -. Dijiste que sabías donde está Ran.

- Sí, así es - Kaito metió las manos en los bolsillos de la chaqueta oscura y miró a Conan fijamente -. La cogió un hombre en un coche y la llevaron fuera de la ciudad hacía el distrito de las fábricas. Escribí la dirección...

Conan ya había dejado de lado sus modales, el pánico se había apoderado de él.

- ¿Ella qué¿Un hombre en un coche¿Quién...?

- Detente, Kudo - lo interrumpió Kaito, la prisa no usual en su voz parando en seco la retahíla de palabras de su garganta -. Te dije que no te descargaras conmigo. Creo que está a salvo con ellos, al menos por ahora. Han estado siguiéndola casi todo el día, creo...

¿Qué?

-...pero escucha, no son Ellos, no son tras los que estamos. Si no me equivoco, es otro grupo, un grupo rival, diría yo. No he oído mucho de ellos, porque siempre han estado en la oscuridad, pero... Bueno, no hay tiempo para explicaciones. No sé si están bien, o si han pasado de la sartén de freír a un verdadero y ardiente infierno.

La voz de Kaito se volvió más seria, sorprendiendo a Conan.

- ¿Qué pasó? - preguntó, casi temblando por la ansiedad.

- Cuando Ran salió por su cuenta, uno de los bastardos de negro la cogió, pero esos otros tíos lo atraparon antes que él a ella - le informó Kaito -. Cuando la llevaron con ellos, los seguí. Encontré dónde están, y seguramente también tendrán a Yuuichi. Así que todavía están vivos... Pero no quiero verlos convertidos en ofertas de una guerra entre mafias entre Ellos y estos tíos nuevos. No tenemos mucho tiempo antes de que algo mayor empiece a pasar.

- Te refieres a que yo no tengo mucho tiempo - dijo Conan, con los ojos sombríos -. Tengo que ir allí. ¿Dónde está¿Tienes la dirección?

- No vas a ir así - replicó Kaito, casi disculpándose -. Está a medio camino de Tokio, en el gran pentágono industrial del sur.

La mandíbula de Conan cayó, y lo mismo hizo su corazón, hacía su estómago.

- Pero... ¡no...¿Cómo se supone que iré hasta allí... desde aquí...?

Kaito sonrió con satisfacción.

- ¿No llamaste a tu amigo, Hattori? - le preguntó, casi burlándose de él -. Creo que podría llevarte hasta allí.

- ¡Hattori...! - parpadeó el chico, casi pegándose a sí mismo -. Me olvidé completamente, está viniendo hacia aquí...

- Exacto.

Después de una pausa para pensarlo detenidamente, en la cual Kaito miraba a Conan estudiándolo, el ladrón caminó despacio y con cuidado hacia él, mientras metía la mano en su bolsillo y sacaba un pequeño papel.

- Aquí está la dirección, Kudo. Ves por la autopista del sureste, y sal en la salida donde pasa un canal, donde verás una fábrica con tres chimeneas. El resto está escrito aquí.

Conan miró el papel durante un segundo antes de cogerlo con sus manos pequeñas apenas rozando la mano del ladrón. Leyó la información por encima, y miró a Kaito, quien había vuelto a su sitio.

- Yo... Yo... Gracias... - titubeó, la gratitud impidiendo que las palabras salieran de su garganta -. En serio... No tengo palabras...

- No te preocupes - dijo Kaito encogiendo los hombros.

- Pero... Haciendo ésto - Conan aún lo miraba, los ojos enormes en su cara pálida y cansada -. ¿Por qué? Podrías haberte metido en problemas... Si te viesen... Si lo supiesen... Estarías en riesgo, igual que...

De nuevo, Kaito encogió los hombros, mirando a otro lado.

- Tú harías lo mismo por mí. Por lo menos, eso es lo que me gustaría pensar.

- Deberías conocerme después de tanto tiempo - Conan dijo rápidamente, con una repentina sinceridad.

- Debería - respondió Kaito con una sonrisa -. Y lo hago. Por eso lo pienso.

- Kuroba... Yo... Por ese entonces...

Kaito movió la cabeza.

- No, Kudo. No fue tu culpa. Conocía los riesgos, y elegí.

- Pero si yo no hubiera...

- Mira, cállate - le ordenó Kaito, con la voz firme pero sin querer herirle, moviendo la mano -. Estoy cansado de decirte que no fue tu culpa, así que para. No te queda tiempo¡mueve el culo!

Conan hizo un paso atrás, más sorprendido de la falta de ánimo en su juventud que de que Kaito le dijera que no era su culpa. Kuroba ya lo había dicho antes, muchas veces, e incluso nunca se había enfadado, ni ofendido, ni era duro con Conan.

- Pero... ¿Qué pasa con...?

- No estás solo en esto, Kudo - replicó Kaito, con un ápice de su característica sonrisa -. Creo que esos bastardos de negro quieren más sorpresas esta noche - miró a Conan con impaciencia -. ¿Qué haces todavía aquí, idiota¡Vamos¡Date prisa antes de que te de una patada¡Ve!

Esa repentina mirada de alerta, además de los dos pasos amenazantes hacia el chico, hicieron que Conan retrocediera, sorprendido de ver como se abalanzaba sobre él y reaccionando automáticamente para evitar el contacto. Sobresaltado, se dirigió a la boca del callejón, parándose para mirar hacia atrás cuando llegó al final de la zona iluminada.

Cuando volvió la cabeza, Kaito no se había movido, pero estaba sonriéndole, aunque brevemente. Con un adiós, el ladrón cogió la escalera de emergencias y subió hacia el tejado, desde donde descendió.

Conan no se quedó para mirar como se marchaba. Con una sonrisa irónica, giró de nuevo y empezó a correr por la calle, volviendo por donde había venido. Encima de su cabeza, una paloma blanca y gris descendía en picado hacia él con un suave arrullo, dándole valor, antes de volver hacia arriba, al lado de su amo.

Como si saber de Ran le hubiese rejuvenecido, Conan se dirigió a la Torre de Tokyo fresco y sin estar agotado. Mientras corría, buscó su teléfono y lo sacó, marcando unas teclas.

De nuevo, pasaron años antes de cogerlo. Casi había llegado a la Torre cuando cogieron el teléfono al otro lado de la línea.

- Soy Hattori. ¿Quién demonios me llama en medio de...?

- ¡Hattori¿Dónde estás? - le preguntó Conan sin respiración.

- ¿Kudo¿Qué...?

- ¿Dónde estás ahora mismo?

- Mecachis, estoy yendo hacia Beika ahora mismo. ¿Dónde estás...?

- ¿Entonces estás en Tokyo? - le interrumpió Conan con urgencia.

- Sí joder. Me quedan unos quince minutos, si te esperas un seg...

- ¿Quince minutos¿Qué¿Estás en un coche? - preguntó, su voz punzante y rápida al tiempo que era iluminado por las luces de la Torre.

- ¡No! - gritó Heiji -. No quería esperar a ningún autobús ni trenes y por eso alquilé una moto en el aeropuerto en cuanto llegué. Por eso he tardado tanto en...

- ¡Es perfecto! - soltó Conan, casi sonriendo de pura alegría -. Párate, gira, haz lo que sea¡pero no vengas a Beika! Ven y nos veremos en la Torre de Tokyo. Estaré - paró un momento y miró hacia arriba - en la esquina sur. Aquí mismo.

- ¿Podré terminar algún día una puñetera frase? - se quejó el moreno - ¿Y qué estás haciendo en...?

- Te lo explicaré todo mientras vayamos hacía allí. ¡Tan sólo ven! - ordenó Conan, con una urgencia clara en la voz - ¡Nos veremos entonces!

Sin esperar una respuesta, colgó el teléfono y siguió corriendo. Aunque sus piernas no pudieran más y sus pulmones ardiesen, casi no los sentía: iba a encontrar a Ran y a Yuuichi, y eso era lo único que le importaba.

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A veces era raro, Ai Haibara observó, como la gente se tomaba las sorpresas de la vida. Algunos se encerraban en sí mismos, o se enfadaban, o lo negaban todo. Otros empezaban a lloriquear, o a gritar y llorar, o incluso de desmayaban.

Ran Mouri no hizo ninguna de esas cosas, pero su reacción se acercó a bastantes de ellas. Parecía interesante verlo desde fuera, pero para Ai era doloroso, sabiendo todo lo que en ese momento estaría pasando por la mente de la joven.

Al principio, las facciones de Ran se tensaron, temblando, casi cambiando de color. Entonces empezó a mover la cabeza, mientras se formaban lágrimas en sus ojos. Su boca se abrió, sin pronunciar ningún sonido por unos momentos, como si estuviera luchando contra sí misma para controlar las palabras que saldrían de su garganta.

- No... No... Te equivocas, Haibara... - consiguió decir, con la voz casi quebrada -. No son la misma persona... que no lo son, yo lo he visto... Conan es Conan... Los he visto a los dos, le he visto a él, y él me dijo...

Ai también movió la cabeza, solamente para negarlo brevemente, cruzando la mirada con Ran.

- Era una mentira.

Un sollozo interrumpió el silencio de Ran, tan sólo uno al oír la palabra "mentira", que se clavó en su corazón como un cuchillo.

- No lo haría... No lo haría... No lo sabes...

- Lo , Mouri - la interrumpió Ai, incapaz de esconder su dolor; ya bajaba por sus mejillas, haciendo que sus ojos brillaran. Le tocaba la cara, pellizcaba su rostro -. Soy de las pocas personas que lo sabe todo sobre este tema.

- Pero... No puede serlo... - Mouri repitió con la voz rota, y Ai vio como sus ojos se dirigían a la habitación donde Yuuichi jugaba tranquilamente -. No podría... ¡No podría...!

- Lo es, Mouri - dijo Ai, intentando mantener el volumen y el tono de su voz aunque pronto se dio cuenta de que era una batalla perdida -. Sé lo que estás pensando de mí ahora mismo, y te equivocas. Como Edogawa, no soy lo que aparento. No soy una niña pequeña inventando historias.

Los ojos de Mouri se abrieron desmesuradamente, mirándola fijamente, asustados.

Ai volvió a suspirar.

- Me llamo Shiho Miyano, y todo ésto es mi culpa.

El silencio permanecía en el aire. Ran todavía estaba pálida, con los ojos tan grandes que parecían de un niño perdido. Y... De una manera u otra, lo era.

- Puedo asegurar que todo ésto es mi culpa - continuó Ai, después de unos momentos de silencio, juntando sus manos sobre la mesa y mirándolas. La sorpresa y el dolor que expresaba la cara de Mouri era demasiado para ella -. Soy la persona que creó la droga que transformó a Shinichi Kudo en Conan Edogawa. Soy la persona que se tomó la droga y se metió en su vida sin avisar. Soy la persona que le ofreció curas falsas y le dijo que te siguiera mintiendo. Soy la persona que corrió sin mirar atrás e hizo que él se asustara, y que causara... Todo tu sufrimiento... Soy la persona que secuestró a tu hijo, y que desenterró todo este dolor de nuevo...

La cara de Ai se sentía como plástico, aunque no pudo parar la quiebra de su voz mientras hablaba. No sabía lo que Ran estaría pensando, no podía levantar la cabeza para ver su reacción.

- Hay mucho que explicar - dijo, suavemente para intentar esconder sus temblores -. Ya sabes cuándo Conan Edogawa entró en tu vida. Ahora sabrás cómo y por qué. Shinichi Kudo sufrió las consecuencias de la droga que creé, forzándole a convertirse en un niño. Hice ese veneno porque... Hace tiempo trabajé para la gente que quiere matar a Kudo, y a Yuuichi, y a ti.

En ese momento oyó como Ran hipaba suavemente, sintiendo esa bocanada de aire frío en su propio corazón.

- Así es, yo era uno de ellos. Trabajé para ellos e hice esa maldita droga para ellos, y cuando Gin decidió probarla por primera vez sin preocuparse de las consecuencias y... - tuvo que aclararse la garganta y tragar antes de continuar, pues no le gustaba como su cuerpo estaba traicionando a sus emociones -. El primer sujeto humano en que lo probaron fue Shinichi Kudo, porque se metió donde no debía.

El siguiente sonido que hizo Mouri fue algo parecido a un sollozo, pero sonó más como una exclamación de dolor.

- Se suponía que tenía que matarle - dijo Ai, con los ojos y la cara más blancos que nunca a la vez que perdía y perdía el control de su voz -. Por lo que sé, ellos piensan que está muerto. O al menos Gin piensa que lo está... Pero no fue así, se convirtió en un niño que sabía demasiado, y que siguió encontrando más cosas.

Finalmente, recogió todo su valor para mirar a Ran, haciendo una mueca al ver la expresión horrorizada, embelesada y traicionada de seguía incrustada en el rostro de esa joven, tan blanca como la leche.

- Por eso... Por eso te mintió, Mouri - continuó la rubia, su tono de voz cambiando a uno más débil y de súplica -. Porque si alguien se enteraba que seguía vivo, si alguien averiguaba quién era en realidad, Ellos volverían, y lo matarían, de la misma manera que matarían a todos los que lo conocieran. Saben esconder sus crímenes demasiado bien: matan el objetivo, su familia, su jefe, y sus primos terceros para asegurarse de que nadie lo descubra...

Vio como los ojos de Ran volvían a dirigirse a la habitación donde Yuuichi estaba.

- Así es, Mouri. A Yuuichi también - volvió a recoger todo su valor para decir la más cruda de las verdades, la cual sabía que haría reaccionar a la chica - Y si no lo mataba, lo adoptarían, todavía es pequeño, y lo moldearían a su gusto. Como hicieron conmigo. Les gustan los niños, lo podrían convertir en un científico, en un agente o... o en un asesino como Gin...

- ...No...

La escofina de la voz de Ran la sorprendió, había estado tanto tiempo en silencio y pálida que había temido que nunca recuperara su voz. Ese sonido provocó que Ai la mirara, brevemente, antes de devolver la mirada a sus manos.

- Es la verdad. Es la manera en que se mueven. No sé lo que Akai te habrá contando, pero... Ahora mismo el secretismo es nuestra única vía de supervivencia. Y volviendo atrás.. Esconderse era la única opción que teníamos, que él tenía. No quería arriesgar tu vida, ni la de nadie... Espero que puedas entender por qué Kudo no te lo dijo...

Esos débiles sonidos de lágrimas hicieron que Ai se sintiera mal, miserable, dolorida con los ojos llenos de lágrimas que no dejaría caer. No podría hacerlo, ya fuera por entrenamiento, cabezonería o cualquier otra razón. Mouri estaba sentada en su silla, lágrimas cayendo por sus mejillas, estática y sufriendo, y mirarla era todavía más duro.

Ella también había contribuido a arruinar la vida de Ran.

- Siento que todo esto haya pasado, Mouri... - consiguió decir -. Espero que no culpes a Kudo de esto, porque soy la que lo empezó. No te enfades con él... No es su culpa...

Era extraño el rogarle a una persona que no odiara a otra. Una parte de sí misma pensaba que sería más sensato pedirle que no la odiara a ella. Y esa misma parte, tan pequeña y a la vez traidora, quería gritar "¡Ódiale¡Cúlpale¡Déjale¡Déjame ser...!". Pero nunca dejaría que esa parte de ella hablara, nunca le daría lo que quería.

Era sólo una parte de su corazón.

- Por favor... Perdónale - continuó, con la voz quebrada -. Sólo quería protegerte, nunca quiso herirte. Yo lo . Por favor, no te enfades con él, Mouri.. Él te ha echado muchísimo de menos, por favor no...

¿Por qué estoy llorando? - se preguntó - ¿Por qué estoy llorando como Mouri? No soy la que de un momento a otro ha visto como todo su mundo caía...

Se sentía extraño el hecho de sentir como sus lágrimas bajaban por sus mejillas. Pasaba muy de vez en cuando, no estaba acostumbrada a ello. No era bienvenido, era una señal de flaqueza, aunque Mouri parecía hacerlo frecuentemente, y ella era una de las mujeres más fuertes que Ai conocía. Quizás esas lágrimas eran parte de su fuerza.

Estoy llorando porque lo sé - se dio cuenta, comprendiendo cada uno de sus sentimientos -. Sé por todo lo que ha pasado. Sé cómo se siente. La he visto sufrir sin él... Y a él, a su lado, sin ella... Los he visto a los dos por mucho tiempo... Y todo es por mi culpa.

Estoy intentando arreglar lo que hice mal... Pero si ella lo odia... Diós¿cuántas veces deseé que esto pasara? Pero también sé que... Si él la pierde... Él... Él...

En ese punto de su vida, con todo lo que había pasado y que había empeorado, Ran era la única cosa que lo mantenía vida, estable, y posiblemente sano. Si la perdiera, él moriría. Su cuerpo quizá viviría, pero su alma se apagaría como una vela al soplar sobre su llama. No lucharía contra su muerte, no lucharía contra Ellos. Se tiraría al suelo como una muñeca medio viviente y dejaría que Gin lo matara...

- Mouri... - intentó hablar por encima de sus lágrimas. Era muy duro, pensar en las palabras adecuadas era muy duro.

- ¿Por qué...?

La voz de Ran estaba más quebrada que la de Ai, tan sólo porque la última intentaba que no sonara así. Una palabra, una simple pregunta, parecía resumir todo su dolor, todas sus preguntas, sus incredulidades, sus traiciones, confusiones, amor y espera...

Ai no tuvo que preguntarse qué era lo que quería decir.

- Él te ama - dijo a la vez que sus lágrimas se convertían en un río -. Siempre te ha amado. Haría cualquier cosa por ti... A cualquier precio... Y ha estado torturándose a sí mismo para protegerte de Ellos... - respiró profundamente antes de continuar -. Hacerte daño le hace muchísimo más daño a él... Y ha estado viviendo en una agonía, lo he visto, lo he visto llorar... Pero incluso si cometía algún error, y cometió algunos errores, él haría cualquier cosa para mantenerte a salvo... Y te mantuvo a salvo. Es por eso, Mouri... Él lo hizo por ti...

Su voz se rompió, como un cristal, con las emociones cortándole la garganta como cuchillos mientras Mouri sollozaba al oírla hablar. Llorando como lo hacía era tan extraño que casi no podía hablar, y la incredulidad de Ran y todo su dolor traspasaba su corazón hasta el final de éste, dolía más que ninguno de sus medios o penas. Ran era la que había vivido en soledad, sufrido esa agonía, al lado de Kudo.

- Ha hecho tanto por ti... - dijo por fin, con la voz grave y tranquila a la vez que entendedora. No se limpió las lágrimas, aunque seguían saliendo de sus ojos y bajando por su cara, quitándolas significaría que reconocía el estar llorando, y no estaba preparada para hacerlo, por ahora -. Así que por favor, Mouri... Si estás enfadada por esto.. No lo estés con él. Yo me lo merezco, pero él no... Él te quiere, él te necesita...

- ¿Cómo pudo...? - sollozó Ran, dolorida a la vez que muchos otros sentimientos - ¡Podía habérmelo dicho...! Me ha mentido... Todo este tiempo... ¡Y ha mentido a Yuuichi...! - sus palabras se volvieron en jadeos, con rabia y dolor -. No me lo dijo... Incluso cuando.. ¡Cuando nosotros...!

- No podía ponerte en peligro - la interrumpió Ai, sus nudillos blancos mientras apretaba sus manos -. Si te lo decía... Y alguien notaba la diferencia... Si alguien lo oía por casualidad... Si a alguien se le escapaba... - casi sollozó ella también, sonando incongruente a su voz quebrada -. Y cuando te quedaste embarazada él estaba muy asustado... Y no podía decirte nada. Si algo salía mal, os perdería a los dos...

Mouri lloraba en sus manos; la rabia y la pena dominaban sus emociones, y sus lágrimas eran la prueba de ello.

- Él... Él nos mintió a los dos..

- Y si no lo hubiera hecho¡estaríais muertos! - explotó Ai, un poco más rápido de lo que pretendía -. Tienes que entender esto, Mouri: los secretos nos han mantenido a todos a salvo. Han mantenido a Yuuichi a salvo... - casi se levantó de la silla, rechazando la posibilidad de secarse las lágrimas que seguían cayendo -. Él os quiere demasiado como para arriesgar vuestras vidas para que él fuera feliz... Incluso cuando tú estabas triste y él quería mantenerte a salvo.

Sentándose de nuevo, Ai miró como la mujer lloraba suavemente, encogida en sí misma en aquella silla de oficina.

- No le has visto, Mouri - dijo tranquilamente, tragando saliva para mantener su voz clara -. Ojalá lo hubieras visto. Te llamó la noche pasada... ¿Te acuerdas?

Secándose las lágrimas, aunque todavía llorando, Ran levantó la cabeza y asintió.

- Ojalá le hubieras visto... Cuánto quería volver a casa... Cuánto quería contártelo - continuó Ai, volviendo a llorar al recordar la escena -. Él estaba llorando, Mouri... Incluso antes de colgar... Porque no podía decírtelo pero quería, porque sabía que tú sufrías y que Yuuichi quería verle... Pero no podía, y eso lo mataba por dentro... Y ojalá lo hubieras visto porque así no estarías tan enfadada con él...

- No estoy enfadada - dijo Ran moviendo la cabeza, con temblores por todo el cuerpo acompañados de una voz débil -. No lo estoy pero lo estoy... - subió la mirada, con los ojos rojos y la cara pálida, respirando entrecortadamente -. Es sólo que... Le quiero demasiado... ¡Y estaba justo a mi lado!

Ai volvió a bajar la mirada, era difícil aguantarle la mirada a Mouri cuando ésta la miraba tan fijamente.

- Y esa parte es mi culpa... Yo lo creé así que él tuvo que hacer todo eso... Por eso deberías estar enfadada conmigo, no con él. Puedo pedirte perdón y de verdad que lo siento... Pero sé que no es suficiente... No con todo lo que he hecho. Todo lo que puedo hacer es... Intentar reparar todo el daño que he hecho, y desear que sea suficiente para solucionarlo todo...

Las manos de Mouri estaban cogidas en su regazo, con la cabeza ladeada. A veces, una lágrima caía silenciosamente para chocar con sus muñecas. Estaba tan quieta, a la vez que temblaba...

- Siento tener que dejarte así, Mouri... - sus propias palabras sonaban falsas y poco convincentes para sus oídos -. Pero tengo cosas que hacer... Antes de que Kudo venga. Y él vendrá. Tengo que acabar-lo... Es muy importante...

Si lo acabo, y funciona, él podrá volver a casa con vosotros - su mente terminó lo que no pudo decir -. Como siempre ha querido...

Se levantó tranquilamente, mirando a Mouri por el rabillo del ojo, pero la mujer de cabellos oscuros no se movió para nada, excepto por esas pequeñas lágrimas que seguían cayendo. Ai se paró en el sitio de Yakamoto para coger un transmisor, uno que estaba conectado a la radio de frecuencias para comunicarse más tarde con los que hacían la guardia afuera en cuanto vieran a Kudo. En ese momento tendría que decirles que le permitieran el paso...

Aunque seguramente él forzaría su paso hacia dentro. Ai frunció el ceño mientras se dirigía al laboratorio, intentando sacarse la imagen de Mouri de la cabeza para concentrarse en su trabajo, recordando que cuando todo necesitaba sólo un empujón, cuando todo se convertía en cenizas, Kudo nunca reaccionaba como estaba previsto. Había visto las dos cosas gracias a la experiencia de pasarlas y su observación, viendo como podía convertirse en alguien impredecible y peligroso cuando Ran o Yuuichi estaban en peligro.

Incluso si era más pequeño de lo que le tocaba y tenía sólo doce años que no se parecía en nada a su verdadero yo, ella sentía pena por todo aquel que se interpusiera en su camino cuando tenía ese carácter...

En su laboratorio, Yuuichi estaba sentado en el colchón con su dibujo. No estaba dibujando; cuando entró, subió la mirada para verla con sus ojos azules y abiertos que parecían preocupados, casi asustados.

- ¿Ai? - preguntó, con unos temblores en su voz -. ¿Mamá está llorando?

Se paró para intentar ofrecerle una sonrisa reconfortante, pero sólo pudo esbozar una más bien triste.

- Sí, sí que lo está - respondió lentamente -. Ella está... Preocupada por tu padre, y... Necesita un tiempo para pensar.

Sin ninguna réplica, Yuuichi miró su dibujo. Su cara pequeña parecía aprensiva; sin estar seguro de qué hacer, Ai lo dejó ahí donde estaba y volvió a su ordenador para recuperar su trabajo. Todavía tenía que atar muchos cabos, y no le quedaba mucho tiempo.

- Puedes dibujar otra cosa si quieres - le dijo al niño, sin girar la cara -. O puedes irte a dormir. Edogawa vendrá pronto... O eso espero...

No vio como Yuuichi se quedó estático, como su madre estaba en la habitación principal. No vio la expresión de su cara, o la de sus ojos azul profundo. No vio como se estremecía de preocupación, y tampoco oyó como murmuraba una palabra por encima del ruido de las máquinas que volvían a funcionar.

Yuuichi miró fijamente su dibujo, pero las lágrimas de su madre lo entristecieron, y en su mente vio otra cara.

- ¿Hermano...? - susurró, confundido y preocupado.

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Aunque el ruido del viento y el ronroneo del motor dificultaban la comunicación, Conan consiguió explicarle toda la historia, un poco resumida, a su amigo y actualmente su taxista, Heiji Hattori. Unos cuantos gritos y repeticiones fueron necesarias para acabar de entenderse, pero finalmente el detective de Osaka tenía los detalles más importantes, mientras conducía a la máxima velocidad, pasando constantemente entre los coches que iban más lentos que ellos.

La reacción de Heiji fue predecible, una vez que Conan le hubo acabado de gritar toda la información.

- ¡Vaya mierda¡Mejor que nos demos prisa! - era obvio y tuvo que volver a darle al acelerador mientras Conan se agarraba más fuerte -. ¿Un canal y una fábrica con tres chimeneas¡Será mejor que centres tu vista, Kudo¡Yo no conozco esta ciudad!

Aferrándose a él mientras pasaban entre coches más lentos y camiones, Conan tenía los ojos abiertos y posados en cada uno de los edificios por los que pasaban, aunque todavía les quedaban unos kilómetros para llegar al lugar que estaban buscando.

Pero se sintió mejor al tener a Heiji a su lado, y moviéndose rápido le proporcionaban una libertad que había perdido con su monopatín. Sintió que todavía quedaba algo de esperanza.

Siguieron su camino en la oscuridad, deseando que ningún policía viera la velocidad que llevaban. Era un camino largo, y él seguía agarrado a Heiji mientras tembló por el frío de la noche; habiendo sudado y secándose con aire frío y sin moverse habían bajado considerablemente la temperatura de su cuerpo, y ahora tenía la piel de gallina, maldiciéndose por haber dejado su chaqueta en casa de los Mouri, aunque sólo fuera la chaqueta del uniforme de la escuela.

Su uniforme estaría echado a perder de cualquier forma, después de aquella noche...

De repente, se sacudió, casi haciendo que Heiji perdiera el equilibrio.

- ¡Allí¡Allí! - gritó, su voz temblando por la emoción e intentado sonar por encima del motor - ¡Allí está¡Hattori, gira por ahí!

Sin dudar un segundo, Heiji ladeó la motocicleta y cogió la salida, por poco chocándose con el parachoques de otro coche, el conductor del cual gritándoles cosas irritados mientras ellos pasaban por su lado.

- Lo siento... - murmuró Heiji, más para sí mismo - Llevamos prisa... ¿Ahora qué, Kudo?

Conan buscó en sus bolsillos y sacó un papel, cogiéndolo fuertemente para evitar que se fuera volando con el viento. Entornó los ojos para leer lo que decía, algo complicado dada la mezcla entre la luz de la calle y las estrellas; levantó la cabeza para ver las señales de tráfico, buscando un cruce en concreto.

- ¡Gira a la derecha!

Considerando todos los factores que intervinieron, llegaron en poco tiempo. Gracias a la habilidad de Conan para ver en la noche y la de Heiji para conducir, viajaron hasta su destino sin confusiones o equivocaciones. Heiji redujo la velocidad y, haciendo caso a Conan, paró el motor en la última calle que daba a un callejón más estrecho. La siguiente calle era donde, según el papel, la fábrica se encontraba.

Observando la oscuridad del callejón, Heiji se quitó el casco y miró al pasajero que iba con él.

- ¿Y ahora qué?

Conan volvió a sacar el papel de su bolsillo.

- Ésa es - dijo, bajándose de la moto -. Ahí está el edificio del que él hablaba...

- ¿Estás seguro de que es ése, Kudo? - preguntó Heiji suavemente, bajando el soporte para aguantar la moto y bajándose de ella -. Quien te dio la información fue...

- Estoy seguro - le dijo Conan, cortándole, sin siquiera mirarle -. No hay dudas.

Heiji tembló.

- Vaaale... Otra vez¿ahora qué?

El chico le echó un vistazo a la esquina, mirando a un lado y a otro de la calle, y en frente, a la cerca de alambre y a lo que había detrás, parecido a un laberinto, con un montón de edificios. Era enorme...

Volvió a mirar a su amigo.

- Vas a quedarte aquí - le ordenó firmemente -, y vas a esperar. Sólo quiero que uno de nosotros se arriesgue. Ten la moto preparada, y te llamaré si te necesito.

- ¿Sólo esperar...? - balbuceó Heiji -. ¿He venido hasta aquí sólo para llevarte y esperar?

-¡Shh¡Silencio! - susurró Conan, mirándole -. Escucha, necesito a alguien que esté ahí si las cosas se complican¿lo pillas? Tú eres esa ayuda. El apoyo. ¡Lo que sea¡No se trata de quién tendrá más mérito, joder! Se trata de la vida de Ran y Yuuichi.

Heiji ya había sucumbido a la mirada de impaciencia y rabia de su amigo.

- Sí - dijo, moviendo la cabeza -. No te preocupes por mí, ve. Pero llama en el momento en que las cosas se vuelvan agrias¿me oyes?

Conan asintió, volviendo a mirar arriba y abajo de la calle para ver si había alguien. No habiendo percibido ningún movimiento, salió del callejón y llegó hasta la diagonal. La puerta de todo el complejo estaba dos bloques más abajo, pero tenía que ir caminando hasta la puerta principal. Heiji vio como se iba, apoyándose en la moto y cruzando los brazos dispuesto a esperar.

Llegando al otro lado, esa pequeña figura se acercó a la valla a la luz de una farola, aunque el chico parecía casi invisible por la camiseta tan blanca y tan sucia que llevaba. Todo lo que Heiji pudo ver era una luz a lo lejos, la reflejada por sus gafas.

Después de otra pausa para vigilar, la sombra del niño escaló la valla como una ardilla, apenas moviéndola. Después, sin ninguna dificultad, la pequeña forma se metió entre los hilos de metal que había arriba, esquivando los pinchos para no quedarse enganchado en ellos. Se tiró al suelo con un ruido sordo, quedándose quieto de nuevo alarmado, y entonces se dirigió hacia dentro de ese laberinto.

Heiji lo siguió con la mirada, asombrado, y entonces movió la cabeza con una pequeña sonrisa.

- ¿Cómo demonios lo hace? - se dijo a sí mismo suspirando, preparándose para pasar por ese largo rato de espera.

...Continuará...


Este capitulo ha costado lo suyo.. xD Despues de taaaaaaaaaaaanto tiempo de aparcamiento, examenes, trabajos y deberes y un poco de vagancia, todo hay que decirlo, al fin esta terminadoooo!

Espero tener traducido el siguiente para la proxima semana, aunqueeee... Tengo que estar las 24 horas del dia sumergida en un trabajo extenso y muy amplio del Quijote... xD Veremos como salgo yo de estaaa! Pero prometo acer todo lo posible!

Y por cierto... No os olvideis de pasar por fanfiction el dia 25... Quiza papa noel deje alguna sorpresa de mi parte... xD nunca se sabeee... Bueno, por si acasooo... FELIZ NAVIDAD, PROSPERO AÑO NUEVO Y, en resumen, FELICES FIESTAS!

Hace falta que repita que quiero reviews? ;)

Gracias a meruse-chan, naruwesley, sayaKa, oO-Ran-Mouri-Oo y tantei lena-haruno! Gracias x estos fantasticos 65 revieeews i creciendoooo!! Os adoooorooooo!!!

Os dejo unos spoilers del capitulo 13!!:

Y todavía no estaba segura de creerse... lo que esa chica le había dicho. Una vez se había preguntado lo mismo, cuando era más joven; preguntándose, creyéndolo, casi segura de que Conan era en realidad Shinichi... Pero muchas él le había demostrado que se equivocaba... Incluso los había visto juntos... Tantas veces...

Tantas veces había empezado a creerlo, realmente creerlo... Y aunque hubiera algunas dudas... Aunque Conan fuera el niño más raro y más especial que había conocido nunca...

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Parecía normal, zapatillas deportivas rojas, pantalones oscuros y una camisa blanca, pero sus ojos no se parecían en nada a los de un chico casi adolescente; brillaban con furia y pánico, preparados para recorrer el infierno entero por sus seres queridos... Y por en medio de ellos si era necesario.

Por un momento, todo se congeló.

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- Te aseguro, Edogawa, que Ran Mouri y tu hijo - ignoró la sombra de rabia que apareció en los ojos del chico en cuanto lo dijo - están bajo nuestra custodia y a salvo - había un poco de ironía en su voz, mezclada a partes iguales con una clara admiración y enfado mientras continuó -. Así que te agradecería que no fueras derribando a mis hombres como si de bolos se trataran.

Los hombros del chico decayeron mínimamente, el alivio que sentía reflejado en su cara tan palpable. Igualmente, los ojos tan oscuros que seguían detrás de las gafas se volvieron más duros mientras avanzaba otro paso.

- Déjame verlos.

Bueno, me despido.

Hasta el próximo cap.

Nos leemos

MEICOSR