Marinette salió corriendo de su hogar para llegar a la escuela, se le había hecho tarde como ya era costumbre por quedarse despierta a deshoras, solo que esta vez no había sido por realizar un nuevo diseño o por alguna tarea olvidada durante el fin de semana; esta vez se quedó despierta por culpa de Chat Noir.

Lo estuvo esperando, pero este nunca llegó, dejó abierta la trampilla para que pudiera entrar, aunque ella se quedara dormida, solo que esto nunca sucedió. Lo supo cuando despertó y vio que la trampilla seguía como en la noche anterior y que Chat no se encontraba a un lado suyo durmiendo.

No es cómo que ella pensará que de ahora en adelante Chat se quedaría a dormir en su habitación todas las noches, pero si pensaba que el chico disfrazado cerraría la trampilla pensando en ella. Se encontró despertando con la sensación de tener la piel fría y con un vacío en el pecho. ¿Le habrá pasado algo?

Llego a su salón y al momento de abrir lentamente la puerta se encontró con que la maestra aún no había llegado, entró y sus ojos se fijaron en el chico que se sentaba frente a ella.

Se le seco la garganta al verlo en aquel estado, estaba sentado con la cabeza echada para atrás y cruzado de brazos, se podía ver a simple vista que su cuerpo estaba tenso; sus ojos estaban cerrados y su frente un poco fruncida. Había llegado a verlo molesto, incluso estresado, pero nada como eso.

Marinette se acercó con cautela a su lugar antes de aventarle una bolita de papel a Nino con una pregunta escrita en ella ¨¿Qué pasó?¨, el moreno le regreso aquella bolita de papel con la respuesta ¨Estrés por trabajo¨; aquella respuesta no convencía a la azabache del todo.

Ninguno de los tres chicos más cercanos a Adrien se atrevieron a entablar una conversación, pensando que quizás lo que el rubio más necesitaba en ese momento era un segundo para desconectarse. Nino escuchaba música, Alya jugaba con su celular y Marinette se quedó observando al chico frente a ella.

Adrien estaba inmerso en sus pensamientos, dada la cercanía la chica de ojos color cielo podía notar como de vez en cuando apretaba más los ojos o como dibujaba una mueca de molestia mientras respiraba pesadamente.

No se dio cuenta, pero de un momento a otro se encontraba acariciando el cabello del rubio. Conforme Marinette realizaba aquella acción podía ver como el cuerpo del chico se relajaba y su respiración se normalizaba.

No se dieron cuenta de cuánto tiempo había pasado hasta que la campana anunció el fin de la primera clase; ambos se sobresaltaron, Adrien abrió los ojos para ver a una Marinette sonrojada y sumamente nerviosa.

—¡L-lo siento! —se apresuró a decir mientras apartaba la mano de la suave cabellera del chico que lo último que quería en ese momento era que ella dejará de reconfortarlo.

Estuvo a punto de decirle que no se disculpara y que por favor continuara con aquella caricia, pero cuando estaba a punto de hablar la maestra de la segunda clase ya había entrado pidiendo que pusieran atención a la clase. A Adrien le regresó el mal humor.

Llego el receso y todos salieron tan rápido como les era posible, Alya vio el mal humor del rubio como una oportunidad para su amiga. Tomo de la mano a Nino dejando solos a los chicos. Marinette pudo ver una hoja en el puesto de Alya que tenía escrito la palabra: ¡Suerte!

La chica de ojos color cielo cambio su lugar por el que momentos antes ocupaba Nino, hecha un manojo de nervios.

El joven Agreste se encontraba encorvado con la cabeza baja y nuevamente con los ojos cerrados. Ignoraba que a un lado de él se encontraba ahora la azabache.

—A-Adrien... —su voz salió temblorosa, pero logró atraer la atención del rubio. —¿Estas bien?

En la mirada de Adrien se podía ver que se encontraba un poco sorprendido, no estaba seguro si se veía tan mal como se sentía o si era Marinette quien era demasiado perceptiva para el bien del chico. Sabía que se veía algo decaído pues Nino lo había cuestionado minutos después de su llegada, pero no insistió.

Se acercó a través de la banca a quien lo veía tímidamente y escondió su cabeza en el cuello de la chica mientras la abrazaba. No se detuvo a pensar que esa era una acción propia de Chat Noir y que si ella se ponía a analizar la situación bien podría reconocer su doble identidad

—Por favor, déjame estar así un momento.

No le importo que el cuerpo de la chica estuviera tensó, no quiso pensar en la razón del temblor del cuerpo que estaba entre sus brazos, no quería saber si lo había descubierto. Solo quería esconderse en aquel lugar donde había aprendido a sentirse protegido.

Después de unos segundos Marinette abrazo el cuerpo de su amado, intentando relajarse a pesar de que su corazón latía fuertemente.

—Todo el tiempo que lo necesites —se sorprendió al realizar una oración sin tartamudear y lo suficientemente claro para que el chico la atrajera a él con más fuerza.

Él quería contarle, sabía que como Chat Noir nunca podría hacerlo, sería demasiado sospechoso. Pero ahora tenía frente a él una oportunidad que no podía desaprovechar.

—Marinette... ¿puedo hablar contigo? —su voz sonó entrecortada, lo cual lo hizo sentir más vulnerable.

La azabache se limitó a asentir, no creía tener tanta suerte como para realizar dos oraciones seguidas de forma normal.

—Necesito... necesito a alguien que me escuche —y ahí estaba, intentando abrirse de una forma sumamente torpe; quería decir todo lo que llevaba dentro pero no sabía cómo dar ese paso.

—Podemos ir detrás de la biblioteca... casi nadie suele estar ahí —la azabache intentaba darle un empujón que bien necesitaba el chico y lo agradecía infinitamente.

Movió la cabeza afirmando el comentario de la chica —vamos entonces.

Marinette tomó por los hombros al rubio para alejarla de ella y así poder tomar su mano para irse.

Adrien la siguió, intentaron no llamar la atención pues ninguno de los dos quería a alguien más dentro de esa situación.


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