Hola a todos,
He vuelto tras un mes sin actualizar pero el trabajo no me lo ha permitido. Cosas de adultos Este capítulo es de transición pero a mi juicio bastante necesario. Quizás tenga menos humor, pero de vez en cuando es necesario un toque más serio para que la trama avance o sino ninguno de nuestros protagonistas se detendrían a pensar en sus sentimientos.
Por supuesto daros las gracias a todas las que habéis enviado review, sin vosotras no sabría si está gustando de verdad o no (o si la historia pierde fuelle). Y por supuesto un agradecimiento especial a Saramaju2313 y a SraMalfoy23 que me escribieron para que actualizase porque estaban impacientes. GRACIAS, me habéis hecho sentir especial.
No es mi intención dejaros esperando pero por desgracia el trabajo manda (y yo necesito trabajar porque como mucho y me gusta tener una casa donde vivir) y por ahora no parece que vaya a tener casi nada de tiempo pero ¡seguiré con esto!
Ahora a leer y espero no defraudaros.
Besos amores míos
SabrilFG
Capítulo X: Tarde de pelis y mantas
La luz del sol se filtraba a través de las cortinas empeñándose en achicharrar sus córneas. Hermione se removió bajo la sábana intentando encontrar una posición que la ayudara a volver a conciliar el sueño. Sentía la cabeza pesada y sus ojos se negaban a abrirse. Le dolía todo el cuerpo y aunque normalmente era muy madrugadora se sentía incapaz de levantarse. Remoloneó un buen rato más, pero finalmente fue su vejiga la que marcó el momento de dejar la cama. Con pasos lentos y pesados se dirigió al baño justo a tiempo de ver una sombra que corría hasta el sofá y se dejaba caer pesadamente sobre él. Con curiosidad desvió su trayectoria hacia el salón. En el sofá, semi-recostado estaba Draco, que leía con ceño concentrado.
–Buenos días Malfoy – farfulló ella todavía resentida por lo ocurrido la noche anterior.
–Estoy leyendo el manual – Se apresuró a señalar él – Ya voy por el capítulo seis. Muy… instructivo todo.
Hermione se limitó a gruñir y volvió a dirigirse al baño. Por su parte, Draco dejó escapar un suspiro de alivio convencido de que la bruja no lo había pillado en su carrera desenfrenada. Seguramente estaba a salvo y no volvería a gritarle como la noche anterior. Cada vez temía más sus enfados. Volvió a concentrarse en el dosier que Hermione le había hecho llegar casi dos meses antes. Desde luego era bastante completo aunque nunca lo admitiría ante ella. Si se hubiera molestado en leerlo, su adaptación a la vida muggle hubiese sido más sencilla para todos. Tenía reconocer que de vez en cuando se comportaba como un gilipollas, anteponiendo su orgullo a la practicidad, pero al fin y al cabo ese era él. La mayor parte del tiempo podía ser brillante, pero ese deje de cabezonería solía meterle en muchos aprietos. Decidió dejar de pensar en ello, no era necesario martirizarse por algo que no tenía remedio y decidió seguir con el capítulo de los entretenimientos muggles. Era fascinante todo lo que se podía hacer en Miami por poco dinero.
El peso de Hermione sentándose en el sofá lo sacó de su lectura. Ella tenía un aspecto realmente malo, estaba pálida y dos profundas ojeras violetas se habían instalado bajo ojos.
–Te ves horrible Granger ¿es que no has dormido nada? – Ella se limitó a encogerse de hombros con la mirada perdida, así que él contratacó para picarla. – O ¿acaso te pasaste toda la noche pensando en nuestro maravilloso beso?
–Más quisieras – murmuró ella sin dejarse provocar.
–Seguro que ha sido eso, pensando en cómo tu vida ha cambiado desde ayer y que no puedes hacer nada para que se repita. Pobre Granger, ahora ya no podrá estar con su novio Joshua sin pensar en su guapo compañero. Tu vida ya no va a tener sentido.
–Lo que tú digas Malfoy.
Draco entrecerró los ojos ¿ella no le devolvía los insultos? Eso no era normal. Vale que había sido algo torpe la noche anterior con el tema del teléfono pero ¿tanto le había desagradado el paseo como para optar por ignorarle? Lo peor de todo aquello era que Hermione tenía la misma actitud que en el colegio, cuando se dedicaba a ignorarle. ¿Acaso no habían superado ya esa fase y se habían instalado en la de enemigos con respuestas ingeniosas? Aquello lo exasperó. Odiaba que la gente le ignoraba, pero le molestaba especialmente cuando era ella la que lo hacía. Por este motivo siempre era el blanco de sus burlas en clase y volver a esos días no le apetecía en absoluto. Ahora le dedicaba pullas pero hacía días que no eran verdaderos insultos destinados a que se diera cuenta de su existencia. Con todo su pesar tuvo que reconocer que prefería a una Granger enfadada a una indiferente y eso era mucho decir, ya que la enfadada le daba auténtico pavor.
–Voy a dormir un rato más – comentó ella con voz gangosa a la vez que hacía el amago de levantarse sin mucho éxito.
–¡Estas enferma! – gritó de repente, consiguiendo que ella diera un respingo. – Por eso no me respondes.
Hermione intentó negarlo pero un enorme estornudo se cruzó en su camino, sin tiempo para taparse la boca, consiguiendo poner perdido de saliva y fluidos varios a Draco que la miró con cara de terror.
–¡Qué ascoooooo! Tengo virus de Granger por todas partes. – Su cara, contraída por una mueca de repulsa, se deformaba a la vez que se la limpiaba con las manos. – ¡Qué ascooooo! ¡Qué asco, qué asco, qué aaaaaaasco! Lo has hecho adrede, me has estornudado encima a cosa hecha. – Y la señaló con un dedo acusador. – Intentas acabar con el linaje de los Malfoy ¡admítelo!
Hermione no estaba segura de si reír, llorar o respirar. Tenía un acceso de tos bastante fuerte que la impedía tomar aire pero, ver su compañero alejarse indignado para lavarse a la vez que la maldecía en varios idiomas, no había tenido desperdicio. Si el precio a pagar por aquel momento era estar unos días resfriada, bienvenido fuesen los virus, mocos y todo lo necesario. Desde luego daba por satisfecha su venganza por lo ocurrido la noche anterior.
Veinte minutos después Draco volvió al salón duchado y cambiado de ropa. Se sentó lo más lejos posible de ella y no se molestó en dirigirle la palabra.
–Lo siento Draco, ha sido sin querer ¿me perdonas? – Dijo ella con fingida inocencia.
Él se giró dándole la espalda, orgulloso.
–Venga Draco, sabes que ha sido totalmente incontrolado. – Intentó tocarle el hombro para llamar su atención pero él lo esquivó y se alejó aún más.
–Podías haber apuntado a otra dirección. Creo que hasta me ha caído algo… – y se estremeció – algo dentro de la boca. Si me enfermo te tocará cuidarme. Y soy un enfermo horrible.
–Trato hecho. Si te pones enfermo a causa de mi resfriado te cuidaré y podrás ser todo lo mandón que quieras. – Admitió ella divertida y segura de que de todas formas le hubiera tocado aguantar sus quejidos lastimeros lo prometiera o no.
Él agarró la punta de los dedos que ella le tendía para sellar el trato y se limpió rápidamente en su camiseta para evitar el contagio.
Hermione cada vez se encontraba peor, seguramente empezaba a tener fiebre por lo que rebuscó en los estantes de la cocina hasta dar con un bote de aspirinas. Sentía la cabeza muy pesada y a eso se sumaba que los señores Collins no estarían en todo el fin de semana por lo que no podía pedirles alguna poción para recuperarse antes. Y eso contando con que decidieran dársela ya que técnicamente era "magia" por lo que podrías negarse debido al Vale Ad Magica.
–Tengo hambre Granger. Prepara algo de desayunar. ¡Pero no estornudes encima! – Gritó Draco desde el salón mientras encendía la televisión.
–No hay más que cereales y algo de pan, así que levántate y prepárate lo que quieras, no vaya a ser que se me escapen más fluidos indeseados. Yo me voy a la cama.
ooooOOOoooo
Draco finalmente se decidió por los cereales. Eran de esos sanos sin azúcar y que sabían a cartón pero Hermione era los que comía por la fibra y para sus dientes. Maldita Sangre Sucia y su necesidad de ir al baño regularmente, aquello era realmente un asco. Los suyos se le habían acabado hacía dos días y se negaba a ir la tienda cuando los Collins podían ir por él y ahorrarse el trabajo.
Finalmente desechó lo que quedaba de aquel triste desayuno. No había puesto suficiente leche por lo que los cereales se habían convertido en gachas que le resultaron insípidas. Rebuscó por si encontraba alguna chocolatina escondida de las últimas que había comprado, pero estaba seguro de haber acabado también con ellas. Solo quedaba el pan pero nada para untar, así que con un suspiró finalmente volvió al programa muggle que ponían por la televisión, parecía ser algún tipo de concurso de preguntas y respuestas y para su sorpresa se dio cuenta de que podía contestar a la mayoría. Con ello se entretuvo hasta que su estómago no pudo soportar más el hambre.
Con pasos silenciosos se acercó al cuarto de Hermione y con suavidad llamó a la puerta.
–Granger… ¿estás despierta? – Escuchó toses dentro y sonidos apagados. – Tengo hambre y no hay comida ¿qué hacemos?
Draco pegó la oreja a la puerta, intentando escuchar en el interior. La voz de ella le llegó casi de ultratumba grave y gangosa, seguramente debido a la hinchazón de su garganta pero no pudo entender lo que decía.
– Granger, voy a pasar que no entiendo nada – tomó una gran bocanada de aire para intentar no respirar sus microbios y abrió la puerta. Ella estaba parcialmente enrollada en las mantas, con el pelo alborotado y algunos pañuelos desechables sobre la cama. – ¿Qué decías? – preguntó él con una mueca de desagrado.
–Qué salgas a un restaurante, pidas comida o hagas lo que te dé la gana pero déjame en paz. Estoy enferma, no soy tu madre y quiero descansar.
–Vale, vale. Por Merlín, qué desagradables te pones. Ni que fuera para tanto, solo es un resfri… – Draco esquivó por poco la almohada que se estrelló cerca de su cabeza.
– ¡Lárgate!
Sin una sola palabra cerró la puerta y se quedó en el pasillo sin saber qué hacer. Salir estaba descartado, para ello tendría que tomar un autobús y eso no estaba hecho para él. Podría llamar a un taxi y que le llevaran a un buen restaurante, pero en realidad nunca había comido solo y le resultaba extrañamente patético empezar ahora. Por un segundo evaluó el llamar a Trisha, pero no se sentía con fuerzas de esquivar a la animadora otra vez, ya había tenido suficiente con la noche anterior. Ella se había insinuado de todas las formas posibles pero el pensar en besarla le atraía aún menos, era realmente pesada y desde luego no pensaba intercambiar saliva con muggles si podía evitarlo. Solo le quedaba lo de llamar para pedir comida pero no sabía cómo hacerlo. Tras unos minutos pensando recordó que Hermione le había gritado algo de llamar a información la noche anterior y que estaba en el manual, así que retomó la lectura buscando las referencias a teléfonos. Quince minutos después estaba llamando.
–Información, ¿en qué puedo ayudarle? – preguntó una voz maquinalmente al otro lado del teléfono.
–Quiero un restaurante que me traiga la comida a casa.
–Bien, ¿qué tipo de restaurante?
–Mmmm no sé, ¿de comida?
– ¿De qué tipo de comida señor? Necesito que sea más específico – la voz de la teleoperadora sonaba impaciente.
– ¿De qué hay?
–Señor, si esto es una broma…
–No, no, – le interrumpió él – es solo que no sé qué tipo de comida hay cerca.
La chica comenzó a nombrar todos los tipos de comidas que llevaban a domicilio. Desde cubana, china o argentina, hasta francesa o taiwanesa. Draco comenzó a marearse. La mayoría no las había probado y no tenía ni idea de si le gustarían o no.
– ¿Señor? ¿Se ha decidido ya? – Interrumpió la chica con evidente mal humor.
–Quiero… quiero… – y de repente tuvo una idea – quiero alguno donde sirvan sopa, que sepa usted que está bueno y merece la pena.
La chica suavizó el tono, seguramente pensando que Draco tenía algún problema mental ya que sus preguntas eran bastante raras y encima no la tuteaba.
–Bueno, puedo darle algunos teléfonos de restaurantes de distintos tipos ¿le valdría eso?
Draco asintió con entusiasmo y fue a buscar papel y lápiz mientras la chica le dictaba los distintos teléfonos de restaurantes. Cuando finalmente la llamada acabó, Draco estaba sudando, lo había pasado realmente mal, pero lo había conseguido y él solo, sin ayuda de la Sangre Sucia (¡El manual de Hermione no contaba aunque era el que lo explicaba todo!)
Con una mueca miró los seis números de teléfono y decidió llamar a todos y encargar comida, así si algo no le gustaba, podía pasar al siguiente almuerzo.
ooooOOOoooo
Dos horas después Hermione empezaba a encontrarse mejor y se decidió a salir a comer algo. Se encontró con Draco exactamente en el mismo sitio en el que lo dejó antes de acostarse, leyendo su manual tirado en el sofá.
– ¿Sigues viva? – Le preguntó levantando una ceja con su característico aire prepotente. – Y yo que pensaba que gracias a tu trágica pérdida podría volver antes a casa...
Hermione se dirigió a la cocina sin dedicarle ni una mirada. Buscó un bowl y se dispuso a tomar un cuenco de cereales pero él la interrumpió cuando iba a volcar la caja.
–He comprado sopa, está en la nevera. Seguro que te sentará mejor que ese engrudo insípido.
Hermione abrió el frigorífico y descubrió los seis envases de sopas de distintos restaurantes. Con lentitud fue abriéndolos uno a uno y oliendo en su interior pero tenía la nariz taponada y no podía decidirse por ninguna.
–Esta es de pollo. – Comentó él a su lado apartando uno de los botes. – Supuse que te gustaría. Mi madre siempre pedía que me la hicieran cuando enfermaba. Aunque como no estaba seguro de si te gustaría también he pedido de pescado, de cebolla, gulash y estas dos han sido interesantes… una es koreana, la llaman Kimchi y es realmente espantosa y esto es gumbo, parece ser que bastante popular en esta zona del país pero es tremendamente picante.
Ella asintió estupefacta y tomó la sopa de pollo.
– ¿Por qué has pedido solo sopas? ¿Es que no te apetecía comer un filete y otro plato? – preguntó suavemente.
Draco se quedó unos segundos pensativo (sí, ¿por qué había pedido solo sopa si a él ni siquiera le gustaban realmente? Había pensado en que cuando ella se levantara seguramente su estómago lo agradecería. Había comprado distintos sabores solo por si a ella no le terminaban de gustar y se había olvidado de lo que él prefería ¡Por primera vez en su vida!). Finalmente se limitó a encogerse de hombros y decidió ignorar la pregunta ya que sabía que ninguna respuesta iba a satisfacerla.
Hermione calentó la sopa y se la llevó al sofá para ver la televisión. Tenía la garganta irritada por lo que daba pequeños sorbos y se deleitaba con el calor que le proporcionaba.
– ¿Vemos una película? – Le preguntó – Los Collins me dijeron que en ese mueble había muchos DVD que no les cabían en casa. Lo mismo encontramos algo interesante.
Draco acercó todas las películas que había, desde luego los Collins eran unos grandes cinéfilos porque tenían más de doscientas solo en aquel mueble y todas eran clásicas.
– ¿Qué genero te apetece más? Tenemos algo de comedia, unas cuantas románticas, algunas de terror clásico y estas de aquí son dramas. Vamos a apartar las de cine fantástico o del espacio, creo que es demasiado para los dos y también las de acción, suelen ser aburridas.
–Elige tú, yo no he visto ninguna. – respondió él con indiferencia.
–Me encanta el cine en blanco y negro ¿te apetece hacer una maratón? No son muy largas, suelen ser de una hora y poco más cada una pero algunas deberías verlas, son muy buenas.
Draco asintió y ambos se dispusieron a compartir una tarde de mantas y películas.
La primera elegida fue Doce hombres sin piedad. Era una película árida y dura. Un adolescente era juzgado por haber matado a su padre y doce hombres del jurado debían decidir si era culpable o no. Los debates sobre la inocencia o la culpabilidad estaban sobre la mesa y la duda razonable era el hilo conductor de la trama que los atrapó en un segundo. Draco estaba a favor de encarcelarlo, paraban de vez en cuando el reproductor y debatían sobre si una prueba era circunstancial o no. Hermione, que ya la había visto varias veces, intentaba ser lo más imparcial posible para no destrozarle el final. Cuando la película finalizó Draco se mostró contrariado ya que mantenía su postura a pesar de los intentos de uno de los jurados para convencer al espectador de lo contrario. Para él era mejor castigarlos a todos y si el chico era inocente, mala suerte, era un daño colateral para poder encarcelar a los verdaderos delincuentes. Hermione se mostraba más flexible e introdujo en la ecuación el concepto del bien y el mal y lo relativo que podía llegar a ser, lo que llevó a Draco a parar en seco la conversación.
–Intentas liarme Granger y no voy a dejarte ir por ese camino.
–No sé a qué te refieres – dijo ella mientras se tomaba una aspirina y miraba el fondo de su vaso de agua como si fuera lo más interesante del mundo.
–Que has escogido esta película para mostrarme el concepto de duda razonable y hacerme pensar ¿verdad?
Ella se limitó a sonreír ligeramente. Draco era tan listo como había supuesto, no había podido engañarle, pero esperaba que algo hubiera calado en él.
–Yo no intento nada, pero está bien plantearse cosas y darse cuenta que ni los malos son tan malos ni los buenos son tan buenos ¿no crees?
Draco hizo un ademán despreciativo. Sabía que ella se refería a su familia y a la forma de pensar que habían tenido durante la guerra contra el Lord Oscuro. También a los pensamientos que le habían intentado inculcar desde pequeño y que la bruja se empeñaba días tras día, desde que habían aterrizado, en hacer que se tambalearan.
–Cambiemos de género – bufó él – pongamos algo ligero como una comedia.
La segunda película de la tarde fue Arsénico por compasión. Un crítico teatral que acababa de casarse visitaba a sus ancianas y encantadoras tías que practicaban la caridad de un modo bastante macabro, asesinando a los que ellas pensaban que necesitaban morir. La película les sacó más de una carcajada. Las payasadas de Cary Grant eran grandiosas y en un par de ocasiones Hermione lo pescó enjuagándose las lágrimas por la risa. Cuando la película finalizó Draco se quedó unos minutos en silencio.
– ¿No te ha gustado? – Preguntó ella – Es de mis favoritas.
– ¿Has vuelto a hacerlo verdad? Intentabas hacerme pensar.
Ella se encogió de hombros y se levantó para dejar los restos de su comida en el fregadero.
–No sé a qué te refieres, es solo una comedia.
–No es cierto. Quiero decir, sí es una comedia, pero también habla sobre la familia. Las viejas mataban, el protagonista las encubría y nuevamente saltaba el debate sobre lo que está bien o lo que está mal y hasta donde se debe llegar por la familia.
–Era solo una comedia Draco, pero me alegra de que te hagas ese tipo de preguntas. Eso es que estás avanzando.
Él se giró para responderle pero ella ya se había escabullido hasta el baño donde parecía que estaba preparándose para darse una ducha.
–Maldita Granger – murmuró –No pienso dejar que vuelva a elegir nunca más una película. No para de intentar manipularme la muy…
Unos golpes en la puerta le distrajeron pero su mal humor aumentó cuando al abrir estaba Joshua esperando.
–Qué quieres tú ahora – Le espetó de malos modos.
–Quiero ver a Hermione. ¿Está en casa? – preguntó el surfista con el mismo mal humor y su mejor tono de tipo dudo.
–No, no está. – Mintió él. – Ha salido con los Collins – dijo señalando la casa principal que estaba a oscuras a la vez que cerraba ligeramente su propia puerta para evitar que escuchara el sonido de la ducha.
Joshua entrecerró los ojos, estaba seguro de que Draco mentía pero no podía apartarlo de un empujón y aunque se esforzaba por mirar dentro de la sala de estar, no la veía. Tampoco parecía haber luz en su ventana, así que decidió batirse en retirada.
–Le he traído su bolso, se lo dejó en la fiesta anoche.
Draco lo tomó con un tirón seco, asintió y le cerró la puerta en las narices sin tan siquiera despedirse.
(¿Por qué aquél tipo lo ponía de tan mal humor? No había podido dejar de pensar en el beso que Hermione le había dado. Era realmente repugnante. No entendía como una mujer de su inteligencia se deba embaucar por alguien o como él. ¿Qué le veía? Tenía buen pelo pero poco más, quizás era algo atractivo pero ¿acaso habían tenido discusiones filosóficas o éticas como con él? Lo dudaba. Seguro que solo había hablado de banalidades y eso no era lo que Hermione buscaba en un hombre ¿o quizás sí?)
Echó el pestillo y apagó la luz del porche, incluso cerró las cortinas para evitar que pudiera espiarlos por la ventana y solo se sintió satisfecho cuando estuvo seguro de que no se acercaría más por allí puesto que se había quedado sin excusas.
Diez minutos después Hermione volvió con un pijama limpio y el pelo aún húmedo por la ducha.
–Me encuentro mejor – comentó con alegría – parece que las medicinas han hecho efecto y ya no tengo fiebre, solo mocos y tos que espero que desaparezcan en unos días. Puede que para el lunes ya está bien y vaya a clase.
–Eres la única persona que se alegra por ir a clase. ¡Qué rara eres Granger! No hay quién te soporte cuando sacas la empollona que hay en ti. – Le reprochó él pagando con ella el mal humor que le había generado Joshua.
Ella se sonrojó unos segundos y bajó la mirada mientras se peinaba los rizos con aire ausente. Draco detectó su ceño fruncido, parecía dolida por sus palabras así que cambió de tema.
–He pedido pizza, ya que parecías mejor. No es algo que me parezca muy elegante, pero aquí a todos les encanta. – Hermione seguía sin mirarle, perdida en sus pensamientos. – Quizás otra peli antes de dormir nos venga bien. Podemos elegir alguna de chicas. – Draco suavizó el tono – Estoy dispuesto para el sacrificio.
Hermione le sonrió levemente y se acercó a revisar las películas en silencio. Él dejó caer sus hombros, derrotado y decidió acercarle el bolso perdido para distraerla.
–El Estúpido Joshua lo ha traído para ti. – y antes de que ella preguntara la cortó – Le dije que no estabas en casa por eso se marchó tan rápido.
– ¿Por qué hiciste eso? – El tono de ella volvía a ser el de siempre, ligeramente enfadado.
–No me cae bien y seguro que habría querido quedarse a cenar contigo. Simplemente no me apetecía. Está siendo una noche tranquila.
–No le habría dejado quedarse a cenar – comentó ella mientras revisaba que no le faltara nada del bolso. – Esta noche era para nosotros, ya sabes, pelis y mantas.
Draco la miró con la cabeza ladeada. Hermione tenía la asombrosa capacidad de sorprenderle y eso era realmente difícil.
–Además sé que no te cae bien por algún motivo y no quiero que te sientas incómodo en tu propia casa. – Continuó ella satisfecha al comprobar que todo estaba en orden.
–No se trata de que no me caiga bien. Que no lo hace. – Se apresuró a puntualizar él – Es que hay algo en él… que no me termina de gustar. Quizás sean paranoias mías pero no creo que sea un tipo normal ¿no sé si me entiendes?
Ella lo miró fijamente intentando descifrar sus palabras ¿es que acaso se preocupaba por ella? o ¿es que se sentía herido porque Joshua le quitaba el protagonismo que Draco tanto ansiaba? Supuso que sería lo segundo a la vista de su comportamiento general y sobre todo en el momento de entrar a la fiesta. Durante unas horas la noche anterior había vuelto a ser el Slythering que tanto había llegado a despreciar. Aún recordaba la mirada fija de él sentado en el sofá. Era la misma que ya había visto en varias ocasiones estando en clase o en la biblioteca de Hogwarts. Aquellos ojos grises se clavaban en su nuca y sabía instantáneamente que él estaba allí, por lo que aceleraba el paso para quitarse de su camino o procuraba pasar desapercibida para evitar que él tuviera un motivo para insultarla.
–No, no te entiendo Draco, yo intento conocer a las personas antes de emitir un juicio y por ahora Josh me ha parecido un tipo decente. Quizás me equivoque, pero no me importa, el tiempo lo dirá.
–Conmigo lo tuviste claro desde el primer momento – susurró él aparentemente dolido.
–No es cierto – se defendió ella. – Lo intenté con todas mis ganas, pero… no te dejaste. – Y le dedicó una larga mirada cargada de años de compartir malas experiencias por su culpa.
–Yo no lo recuerdo así…
El timbre los sacó a ambos de ese momento embarazoso. Draco carraspeó y ella se dirigió a la cocina a por platos y vasos. Hermione agarró la primera película que tuvo a mano y ambos, en silencio, comenzaron a cenar.
Casablanca había sido la elegida por puro azar. Rick el protagonista, estaba despechado por el abandono de Ilsa sin darle ninguna explicación y años después se encontraban en la ciudad marroquí durante la ocupación de la Alemania nazi. Con la guerra como fondo, la historia de amor entre ambos se iba desgranando lentamente, ella estaba casada con un hombre maravilloso, indispensable para la resistencia y para evitar la ocupación nazi. Él era un hombre recto, digno de confianza y Rick era un don-nadie, un hombre que se declaraba neutral en un mundo en guerra. Inconscientemente Draco se estremeció. Se sentía identificado con ese Rick que miraba hacia otro lado cuando veía las injusticias que en el fondo le molestaban pero que no impedía. Ilsa era un poco bobalicona, pero a pesar de estar completamente enamorada de Rick, debía seguir apoyando a su marido en sus intentos de salvar inocentes porque era lo correcto. Draco evitó mirar a Hermione durante toda la película. Salvando las distancias, ella habría actuado igual, siempre haciendo lo correcto. Aunque las otras dos películas anteriores tenían un trasfondo claramente ético y por eso las había elegido ella, era esta, la seleccionada por el azar, la que le había calado más hondo. Se descubrió pensando en la guerra, en qué hubiera hecho él si hubiera continuado y no hubieran conseguido parar al Lord Oscuro. Se imaginaba a sí mismo intentando ser neutral sin éxito y cuando Rick dejó marchar a Ilsa por amor en la escena del avión, un largo suspiro se escapó de entre sus labios sin poder evitarlo. Él nunca la hubiera dejado ir. No, no habría hecho lo correcto, estaba seguro y precisamente por eso ella nunca…
Como un resorte se puso de pie del sofá, acabando con ese hilo de pensamiento inmediatamente.
A su lado Hermione se quejó levemente. Se había quedado dormida acurrucada sobre uno de los brazos del sofá, llena de pañuelos de papel usados.
(Ella no es Ilsa, tú no eres Rick. No la amas, no te gusta, ni siquiera te cae bien. Ella es una Sangre… una hija de muggles. Es una sabelotodo, una empollona que no sabe divertirse. Es aburrida, mandona y con un carácter horrible. Deja de pensar estupideces. Mañana saldrás con Trisha. Es muggle, pero puedes divertirte con ella. Deja de pensar cosas que no te hacen bien. Ni a ti, ni a ella.)
Recogió lo que quedaba de cena, apagó la televisión y se dispuso a irse a dormir. Había sido un día largo y pesado. No volvería a hacer una maratón de películas con Hermione a menos que fueran en color y que Mila pudiese verlas con ellos. Si incluía ositos cantarines o leones que bailaban mejor aún, sabía que no correría ningún peligro y evitaría esas sesiones de adoctrinamiento innecesarias. Hermione era realmente insufrible. (¡Granger, Granger! No pienses en su nombre de pila. Ella es, ha sido y será Granger)
Se tumbó en la cama e intentó conciliar el sueño pero le resulto completamente imposible dormirse por lo que comenzó a dar vueltas hasta que finalmente, soltó un insulto y se levantó frustrado. Ella seguía exactamente en el mismo lugar donde la había dejado aunque tiritaba un poco por el frío.
La sacudió por los hombros intentando despertarla.
–Granger, vamos, vete a la cama o tu resfriado empeorará.
Ella estaba profundamente dormida y no parecía que fuera a reaccionar.
–Mierda Granger, levántate ya, no pienso cargar contigo, apestosa fuente de virus malignos.
Nada, no había manera.
Con una mueca de asco apartó los pañuelos usados tirándolos al suelo. Mañana ella se encargaría de limpiarlo además, la obligaría a desinfectar a fondo el sofá lleno de mocos. Colocó una mano bajo sus hombros y otra bajo sus rodillas y la alzó con cierta dificultad.
–Si alguien me viera… – murmuró entre dientes mientras la llevaba a su habitación y la dejaba suavemente en la cama. – Eres como un grano en el culo Granger. No conozco a nadie tan problemática como tú. – Le susurró mientras terminaba de arroparla.
Era la primera vez que entraba a su habitación. Estaba muy ordenada y había libros por todas partes. Se acercó a una estantería y olisqueó un frasco de perfume. Era el mismo que la noche anterior ella llevaba en la fiesta. Flores con un toque cítrico (Se había convertido en su olor favorito aunque se negara a admitirlo). Tenía varias fotografías enganchadas en el espejo del armario. Un matrimonio de mediana edad, suponía que sus padres (no había duda de que ella había heredado el pelo de él y la nariz de ella) posaban sentados en el sofá de su casa. Había otra del Apestoso y la Comadreja que la abrazaban en una foto en la que ellos dos sonreían a la cámara y ella miraba de reojo al pelirrojo. (Esa foto le resultaba tremendamente desagradable). En otra, distinguió varias cabezas pelirrojas, suponía que eran los Weasley todos sentados a la mesa en lo que parecía el día de Navidad y finalmente varias chicas Griffindor junto con Lunánica le hacían muecas a la cámara en lo que parecía una competición para ganar el premio a la expresión más horrible. (Patil las ganaba a todas). Eran fotografías muggles, seguramente las había hecho ella misma y recopilaban momentos felices con amigos y familias. Ninguna se movía pero aun así transmitían que todos estaban contentos en el momento en el que las tomaron. Él solo había traído una de su madre y estaba guardada para evitar que alguien pudiera verla moverse por accidente. Ni aunque hubiera querido habría podido traer fotografías de sus compañeros de casa porque sencillamente ellos se veían en clase y poco más. Su relación de amistad no iba más allá de lo estrictamente necesario y lo socialmente aceptable. Nunca había tenido un "mejor amigo" pero tampoco lo había echado de menos. Dejó vagar la mirada hasta posarse nuevamente en la foto de ella mirando a la Comadreja y sintió el impulso de romper la fotografía en mil pedazos. Por suerte mantuvo la cabeza fría y con pasos lentos se alejó del armario. Cerró la persiana para que pudiera descansar hasta tarde durante el domingo y salió de la habitación.
Draco se recostó en la puerta, ella era ordenada, casi maniática, insufrible, abrumadora en muchas ocasiones, pero también era querida por sus amigos y aunque fastidiosa, tenía que reconocer que hacía su vida más interesante de lo que había sido años atrás en el colegio. Con un amago de sonrisa que intentaba escaparse de sus labios recordó la última frase de Casablanca cuando Rick y su archienemigo caminaban juntos por el viejo aeropuerto entre la niebla:
"Creo que este es el principio de una hermosa amistad"
Quizás… se dijo para sí en un último pensamiento antes de retirarse a su habitación.
ooooOOOoooo
Y con esto acaba el capítulo XII Creo que el momento de intimidad era necesario entre ambos y el cine clásico es importante para mí, creo que hay películas maravillosas que muchos deberían ver ¿habéis visto alguna de ellas? Elegí las dos primeras por su trasfondo moral y la tercera por ese amor imposible que pudo haber pasado entre ambos. Hermione es muy Ilsa, ella haría lo correcto y seguiría a Harry y a Ron por el bien mayor pero Draco a última hora recapacitó, como Rick e intentó ayudar con lo poco que tenía a su alcance.
Y vosotras ¿qué película os gustaría ver con Draco? Me encantaría saber vuestra opinión.
Un saludo y nos vemos pronto ya que Draco tiene que pagar la "apuesta" ¿qué le obligará a hacer Hermione?
