Amigos de verdad. (O simplemente personas que te acompañan en el camino de la vida.)
…
Scorpius recordaba como en un tiempo había odiado a Albus con locura. ¿Por qué? Por Rose.
Y como se habían hecho amigos, y aunque no querían admitirlo, como hermanos. ¿Por qué? Por Rose.
Y como Albus lo había ayudado siempre en asuntos del corazón. ¿Con quién? Con Rose.
Parecia una pegatina en su vida esa chica, por más que él quisiera borrarla con cualquier tipo de magia. Pero su corazón estaba frio ante el tacto, y siempre que pensaba en ella simplemente era un recuerdo más de los feos. Un recuerdo más de lo que él quería olvidar.
Sin embargo, Albus siempre estaba ahí. Para animarlo, para ayudarlo. Aunque a su familia no le agradase y ahora a Rose mucho menos. Nunca iba a dejarlo solo. El podría haber elegido quedarse con su prima, pero simplemente lo seguía a todas partes. Porque lo quería. Aunque nunca lo dijera.
Había tratado de presentarle millones de chicas, pero simplemente Scorpius no quería conocer a nadie. Se había enamorado tan joven, tan pequeño y tonto… ni si quiera había sido amor en verdad. O tal vez si, era un misterio. El creía que no podías amar tan joven, pero la verdad… quién sabe.
Albus siempre trataba de buscarle una novia. Un nuevo amigo. Algo para que se distraiga. Así de buen amigo era. Esa clase de personas que simplemente son hermanos que te alejaron al nacer. Quién lo hubiera dicho. Quién lo hubiera pensado.
Pero… ¿Por qué no? Scorpius siempre sonreía al recordar esa frase.
"¿Por qué no, Scorpius? ¿Por qué no?"
Y aunque en esos momentos no tenía mucha estima por Rose Weasley, simplemente sonrió al susurrarle solo al viento:
—Gracias Rose. Gracias por presentarme a un amigo de verdad. A un hermano del alma.
Y es que si había algo para describir a Albus, era eso. Pura fidelidad, confianza, cariño, diversión, aprecio y ayuda. Desde los doce años lo comprendía perfectamente. ¿Y por qué no? Quizá su amistad no era tan mala después de todo.
Quizá era lo mejor que le podría haber pasado.
