La historia es alternativa y es mía.
No todos los personajes me pertenecen
Inspiración: ''An Invitation'' De Lena Katina.
Adabelle estaba enojada. Bastante. Además, muy frustrada con ese tipo. Por alguna razón, sintió que estaba siendo manipulada, que la controlaban y detestó aquel sentimiento. Se volteó bruscamente y tiró de un jalón todos los libros al suelo para después patearlos debajo de la cama. Salió de su cuarto tomando su abrigo, tenía bastante rato pensando en lo que había pasado y decidió que era hora de tomar cartas en el asunto. No más juegos. Adabelle salió de la casa a pesar de que era algo noche, sabía que podría encontrar a Pip y hablar inmediatamente con Seras. Él le había comentado que trabajaba para George y fue cuando recordó que la había visto con él alguna vez. Caminó por el barrio buscando con su mirada hasta llegar a los parques, buscando en cada puesto hasta que lo vio caminando con aquella chica a la que buscaba.
-Ahí están…- Susurró la rubia para casi correr hacia ellos, pasaba entre la gente casi empujándolos cuando por accidente chocó con alguien y se tambaleó un poco. Soltó un quejido casi inaudible y se reparó para fijarse con quién había chocado y contuvo la respiración al ver de quién se trataba.
-Burton…- Susurró la ojiazul con sorpresa contenida sin dejar de mirarlo. El Catwright levantó una ceja al ver a la chica que había chocado con él.
-Pero si es nada más y nada menos que la señorita Adabelle…- Escucho la rubia decir a Burton quién se giraba completamente con parsimonia hacia ella.- Pero qué grata coincidencia…- Siguió diciendo Burton en un tono que claramente era de fingida amabilidad.
-Buenas noches, Señor Catwright- Saludó Adabelle formalmente ya reponiéndose de la sorpresa adquiriendo su estado neutro.
-Tú de plano te la vives en la calle ¿No?- Averiguó Burton con una mueca de disgusto mientras se sacudía el brazo donde ella le había chocado. Adabelle frunció el ceño.
-Sólo buscaba a alguien…- Contestó la rubia ante la insinuación del hombre quién sólo levantó una ceja sorprendido.
-¡Vaya! Ya veo que te recuperaste de la partida de George…- Se burló con veneno Burton mientras se acomodaba su corbata.
-¿A qué se refiere?- Preguntó entre dientes Adabelle mientras apretaba los puños del coraje.
-Nada en particular…- Contestó Burton en un susurro observándola con los ojos entrecerrados.- Escúchame bien niña… más te vale que no vuelvas a buscar a mi hijo, ya sé que eres sólo una ladronzuela- Adabelle abrió los ojos contrariada.
-Así es, ya supe que robaste en una mansión, la mansión Hellsing… y por eso quisieron dispararte- Susurró Burton ronco para que sólo ella escuchara. Adabelle acumuló la rabia que ya traía desde antes con Alucard con esta que estaba pasando con Burton… así que lo perdió.
-¿Pero de qué demonios me está hablando usted? – Empezó la rubia con rabia contenida.
-Lo que escuchaste, no quie- Fue interrumpido por Adabelle.
-Ahora mismo me va a escuchar usted a mí- Soltó la rubia haciendo que el hombre callara de la sorpresa del tono de la muchacha.
-Estoy harta de sus malditas insinuaciones de ser una mal viviente, ahora resulta que soy una ladronzuela y además ¿Una prostituta? ¿Pero qué clase de trauma ha vivido usted? ¿Su falta de control sobre su propio hijo lo hace culpar a todo el maldito mundo que lo rodea?-
Burton se paralizó con aquello.
-No pienso tomar ningún insulto más, si lo hice antes, es simplemente porque además de George, tengo modales, algo que al parecer, carece la alta sociedad- Levantó una ceja refiriéndose a él con firmeza.
Burton ahora fue quién apretó sus puños.
-No soy quién usted cree que soy…- Terminó de decir Adabelle en un susurro de enojo y rencor hacia el Catwright quién sólo se quedó observando como ella se iba de ahí.
-Niña… te acabas de meter con el mismo diablo- Susurró con ronca rabia mientras se giraba y se iba de ahí cabreado dando rápidos pasos.
Adabelle caminaba buscando de nuevo con la mirada a Pip y a Seras. Perdió la cuenta de cuantas veces había maldecido después del encuentro con Burton. Era el padre de George y ella le había levantado la voz además de cuestionarlo, pero el coraje no le daba cabeza para pensar en lo que había hecho. En eso, sintió una mano en su hombro haciéndola voltear en alerta, pensando que podría ser Burton, pero se alivió cuando vio a Pip enfrente de ella con Seras detrás.
-¡Hey! ¿Pero qué andas haciendo por acá, eh?- Preguntó amistosamente Pip como siempre. Adabelle sólo negó con la cabeza haciéndolo a un lado.
-Seras, necesito hablar contigo- Se acercó la rubia a la otra haciéndola curiosa de su ansiedad. Pip también se extrañó por la ansiedad de Adabelle, no recordaba verla tan afectada por algo.
-C-claro… ¿Qué sucede?- Preguntó Seras algo nerviosa, cuando Adabelle iba a empezar a hablar se acordó de Pip y volteó a verlo.
-Pip, necesito que me dejes con Seras esta noche ¿de acuerdo?- Lo corrió la rubia mientras comenzaba a caminar con la otra rubia llevándosela.
-¡Hey, wo! ¿Qué sucede, Ada?- Preguntó Pip colocándose enfrente de ellas mientras intentaba detenerlas poniendo sus manos enfrente.
-Después te contaré, vete porfavor- Volvió a correr Adabelle mientras volvía a caminar con Seras.
-Pero…-
-Bernandotte- Nombró Adabelle alzando su voz mientras se detenía sin mirarlo. Pip se sobresaltó un poco pero decidió hacerle caso.
-Está bien, me voy pero espero respuestas cuando llegues a casa…- Exigió Pip mientras se alejaba para ir a su hogar. Seras no pudo evitar sentir una punzada en su pecho al escucharlo, pero siguió caminando con Adabelle hasta que se detuvieron en una calle.
-¿Tú trabajas en la mansión Catwright, cierto?- Preguntó sabiendo ya la respuesta. Seras sólo asintió extrañada.
-Sí, así es ¿Por qué?- Preguntó Seras viendo como Adabelle volteaba a ver a todos lados como esperando que no la descubrieran.
-Necesito que me hagas un enorme favor…- Empezó la rubia casi susurrando mientras la tomaba de los hombros.
-Está bien…- Accedió Seras al verla en esa forma.
-Necesito que me ayudes a entrar a la mansión sin que nadie me descubra…- Soltó la rubia haciendo que la otra se sorprendiera.
-¿Qué? ¿Pero para qué?- Preguntó Seras bastante confundida.
-Tienes que llevarme al último cuarto- Contestó Adabelle sin soltarla de los hombros.
-¿Con mi maestro?- Soltó la rubia tapándose después la boca con las manos arrepentida de lo que había dicho inconscientemente.
-¿Tu maestro?- Preguntó Adabelle asombrada.- ¿Alucard es tu maestro?- Seras levantó las cejas asombrada también.
-¿Lo conoces?- Preguntó ahora Seras quitándose sus manos de su boca inclinándose hacia la otra rubia un poco. Adabelle calló un momento juntando las piezas en su mente. Entonces habló.
-Seras… ¿Acaso tú…?- Intentó preguntar Adabelle haciendo que Seras se petrificara.
-Yo…- Intentó hablar la rubia sin poder evitar temblar.
-Seras…- Escucharon por detrás las dos rubias una voz retumbante y grave, sabiendo perfectamente de quién era. Se voltearon las dos.
-Maestro…- Susurró Seras sorprendida de la aparición de su maestro.
-Vete a la mansión- Ordenó el vampiro.
-Pero…-
-Ahora- La interrumpió levantando la voz haciendo que la rubia de cabellos cortos sólo asintiera y se fuera de ahí corriendo, dejándolos solos.
-Pero vaya que eres valiente y atrevida…- Empezó el vampiro a hablar con algo de burla- Le callas la boca a mi amo y después vienes con mi pupila a querer meterte en la mansión de Burton para poder encontrarme… sí que tienes agallas- Empezó a caminar hacia ella lentamente.
-Ya que tú no las tienes para responderme- Le contestó Adabelle cruzando los brazos. Alucard sonrió deteniéndose al estar bastante cerca de ella.
-Te tengo una invitación…- Soltó Alucard casi en un ronroneo sin dejar de verla.
Pip se encontraba caminando ya por su barrio con las manos metidas en sus bolsillos. Se había extrañado bastante con la actitud de Adabelle. Algo estaba pasando. Suspiró algo ansioso por saber que era, pero decidió respetar y esperarla. Pensando en esto, no se dio cuenta que había llegado a su casa, donde estaba su padre sentado en los pequeños escalones de la entrada mirando al suelo. Pip se detuvo enfrente de él. Su padre sólo levanto la mirada y suspiró cansado.
-¿Está todo bien, padre? ¿Pasó algo?- Comenzó a preguntar el joven francés ladeando un poco su cabeza sin dejar de ver a su padre quién sólo comenzaba a encender un cigarrillo.
-Siéntate hijo, hay algo que debemos hablar- Dijo el mayor soltando el humo de su boca. Pip sólo hizo una mueca contrariado e hizo lo que le pidió su padre, esperando a que comenzara a hablar.
-¿Qué pasa?- Preguntó Pip después de unos segundos.
-Hijo, tú sabes cuál es mi trabajo… ¿cierto?- Empezó el capitán mientras miraba hacia enfrente.
-Eres un mercenario- Contestó Pip sin tapujos. Su padre sólo asintió.
-Soy un mercenario que trabaja para una millonaria y famosa organización, pero… ¿Sabes tú a qué se dedica la organización para la que trabajo, Pip?- Volvió a preguntar el padre.
-Nunca quisieron decírmelo…- Contestó Pip refiriéndose a él y a su madre mientras miraba hacia enfrente también. Pip escuchó a su padre suspirar y bajar la mirada.
-Ya pronto cumplirás 16, hijo… La verdad es que quería esperar a tus 18 aunque sea un cliché para esto- Continuó el padre de Pip mientras se frotaba el cuello.
-¿A qué te refieres?- Preguntó Pip volteándolo a ver.
-Comenzarás tus entrenamientos en días, Pip… ya estoy preparando todo- Contestó su padre juntando sus manos sin voltear a ver a su hijo. El joven francés solo veía a su padre con insistencia esperando una respuesta.
-¿Entrenamientos? ¿Entrenamientos de qué?- Empezó a preguntar Pip debido al silencio de su padre.
-Tu ocuparás mi lugar un día, tal vez no muy lejano, serás capitán como yo…- Contestó su padre mientras volteaba a ver al cielo.
-¿Vas a entrenarme para ser un mercenario?- Pip frunció confundido el ceño. El Capitán sólo asintió. El joven francés sólo parpadeaba mientras trataba de articular algo.
-Wow…- Susurró Pip frotando su cuello por detrás.- Esto sí que no me lo esperaba, jamás pensé en ser un mercenario como tú…- Confesó.
-Tu madre no quería esto para ti, pero… las cosas no pintan bien en el futuro, necesitan más hombres arriesgados como tú- Su padre puso una mano en el hombro de su hijo moviéndolo un poco.
Pip sonrió un poco al escuchar sobre su madre. Esperó unos segundos en silencio pensando las cosas y volteó a ver a su padre.
-Supongo que debo seguirte los pasos…- Le dijo Pip con una sonrisa resignada aceptando la oferta de su padre.
Se abrazaron después de esto. Por alguna razón el francés no se encontraba asustado, pero sí bastante desorientado por tal decisión de su padre sobre él, pero aun así, con la interrogativa que ahora su vida había tomado, decidió nunca negarse a su padre, pues él era lo único que le quedaba. La única respuesta clara.
Burton se encontraba caminando por las heladas calles de un barrio bastante pobre, su capa negra volaba por el viento al igual que su largo cabello que estaba peinada en una coleta baja como siempre. Volteando discretamente a los lados cerciorándose de quién estaba alrededor, se acomodaba sus guantes. Siguió caminando en las oscuras calles hasta que dio a unos departamentos que se veían bastante deteriorados, intentados de ser adornados con algunas macetas con flores y algunas luces de los faros. Burton subió los escalones hasta llegar a la tercera puerta de los departamentos. Llegó a una puerta café con el número ''3'' en ella y la tocó volteando hacia atrás cerciorándose que nadie lo viera. Escuchó pasos detrás de la puerta y como una pequeña luz se encendía por dentro, entonces le abrieron.
-Espero que tengas una muy buena explicación para hacerme venir hasta acá- Exigió Burton en voz baja mientras pasaba al departamento cerrando la puerta detrás de él.
-La tengo y más te vale responderme…- Le contestó en voz baja la persona mientras cruzaba los brazos.
-No tengo toda la noche- Alentó Burton a terminar con aquella situación para irse.
-Supe lo de George…- Contestó aquella voz ahora temblorosa pero firme. Burton sólo volteo a verla a los ojos para después dar un pequeño suspiro de paciencia.
-¿Y me llamaste para decírtelo en la cara?- Preguntó Burton con sarcasmo sin levantar la voz. La mujer se acercó a él para encararlo.
-¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué lo mandaste lejos?- Exigió preguntando la mujer entre dientes de rabia. Burton sólo bufó.
-George estaba insoportable y yo que alguien dirigiera la organización desde Sapporo, fin de la historia- Contestó el castaño haciendo un gesto con sus manos.
-¡No tienes derecho a tomar una decisión de ese tamaño tú solo!- Levantó la voz la mujer con los ojos casi quebrados. Burton la miró unos segundos y soltó el aliento volteando a ver hacia otro lado.
-Volverá en unos años, Evelyn…- Contestó ante eso Burton con la voz baja y ronca.
-Sí, debe ser bastante fácil para ti ¿No?- Se quejó la mujer mientras caminaba de lado a lado bastante furiosa. Burton sólo la seguía con la mirada.
-Si de algo te consuela, no fue fácil tomar esta decisión, pero el muchacho ya estaba saliéndose de control y yo me estaba quedando sin gente- Intentó explicar de nuevo el hombre de malhumor cruzando sus brazos.
-¿Qué no te importa más tu hijo que tu propia organización? Me tienes enferma con eso- Le contestó la mujer mientras se despeinaba de la desesperación. Burton sólo soltó un bufido de mofa.
-Bueno, no creo que hablar sobre nuestros empleos e intereses, nos lleve a un maldito punto- Recalcó cada palabra de la frase con una sonrisa ladina y llena de rencor.- Y si no tienes nada más que alegar, me voy de aquí- Se dispuso a caminar hacia la salida cuando sintió las manos de la mujer sobre su pecho. Entonces la observó de cerca.
Su cabello ondulado color cobrizo oscuro, casi café, caía sobre sus hermosos pómulos rosados, largo como cascada para terminar arriba de su estrecha cintura. Sus blancos hombros se asomaban a través de él por su vestido largo de mangas hacia los lados color rosa pálido, haciendo una sugerente vista hacia el inicio de sus bellos pechos. Los mares azules de sus ojos temblaban sin dejarlo de mirar, haciendo que Burton temiera de perderse en ellos como si fuera el mismo océano.
-Burton…- Lo llamó en súplica mientras se aferraba a su abrigo.
El hombre la siguió observando en silencio por unos segundos.
-No hay nada que pueda hacer ya…- Contestó con voz ronca y distraída al ir perdiendo su mirada en los labios femeninos.
-Tráelo de vuelta…- Volvió a suplicar en un susurro la mujer acercando su rostro más hacia él haciendo que Burton comenzara a respirar pesado. No podía contestarle por estar concentrado en tal belleza y mucho menos al sentir sus manos pasear por sus pectorales para llegar a su cuello acercándolo más hacia ella.
-Basta, Evelyn…- Logró articular Burton en voz baja no muy consciente mientras posaba su mano en la mano de ella que se encontraba en su rostro.
-Te extraño, Burton… Siempre te extraño- Le contestó ella ansiosa mientras seguía acariciando su rostro.
Y sin más, el dueño de Catwright la tomó por la cintura para besarla desenfrenadamente, sediento de aquellos labios, los cuales le correspondieron de la misma forma cayendo de nuevo en la vil tentación. Las manos femeninas lo abrazaban por el cuello para profundizar aún más aquél inconsciente beso por parte de los dos.
Burton nubló su vida, su título, su nombre para hundirse en el abismo de esta mujer.
Invitándolo a su mundo.
Aquél mundo que aborrecía con todas sus entrañas.
Por apartarla de él hasta su alma.
...Por amarla hasta la muerte de su última esperanza.
¿Me darán reviews? Me encantaron los últimos y estoy ansiosa de más.
P.D: Perdón por confundir capitulos. Ya entenderán por qué.
Peace out.
