Dragones

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K.- 12

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Era ya la hora del cierre y la cafetería al fin se veía limpia después de una tarde ajetreada. Como Seiji ya no se había presentado durante la tarde, Suichi, Serenity y Joey se las ingeniaron para atender todo pues, curiosamente, ese día habían tenido más clientela de la habitual. Pero, para las ocho de la noche, ya sólo quedaba una familia y una pareja terminando de comer.

En la cocina, Joey y Suichi estaban limpiando todo mientras que Serenity acomodaba las sillas y limpiaba las mesas libres y la barra; de mismo modo, despidió a los comensales una vez que estos terminaron su comida y llevó los platos a la cocina.

—Listo. Terminaron— dijo mientras dejaba los platos en la tarja

—Gracias, Seren, yo los lavo—

—De acuerdo, terminaré las mesas—

Acordado esto, la chica regresó a su labor al igual que el pelinegro, sólo Joey limpiaba el mobiliario un poco distraído; el mesero lo observaba con detenimiento, al principio un poco preocupado porque el rubio se había tardado bastante en acomodar las cosas de la alacena pero ahora estaba un poco exasperado debido a que Joey había confundido algunos paquetes de saborizantes revolviéndolos al momento de guardarlos.

—Joey…— le llamó con claridad

—¿Qué pasa Suichi?—

—Deberías estar feliz en vez de distraído— dijo al tiempo que terminaba de lavar los platos. Se secó las manos en el delantal y encaró al rubio recargándose en la tarja

—¿A qué te refieres?— desde la mesa central, Joey observaba a su compañero de travesuras

—Que no te haya dicho nada antes no quiere decir que no vea—

—No hables con rodeos— advirtió el rubio

—¡Perfecto!— dio un aplauso y sonrió divertido el chico — ya se te hizo con Seto Kaiba ¿qué te tiene preocupado? ¿Seiji?—

Al escuchar las primeras palabras del chico, Joey se sintió ruborizar

—¡Suichi! ¡ ¿Qué estás diciendo? !—

—Vamos amigo, no te hagas el tonto. Desde hace tiempo sé que te gusta ese sujeto— respondió el chico con ligereza, el rubio no sabía dónde esconderse

—¿Q-quién..?—

—No es algo de decir. Para los que te conocemos eres un libro abierto. Incluso Seren lo sabe—

—¡ ¿Qué Serenity qué? !— el rubio no daba crédito al hecho de que su hermana estuviera enterada de su gusto por el castaño —¿Estás seguro?—

—Claro ¿Por qué crees que lo dejó entrar a la cocina? De ser cualquier otra persona no lo habría dejado entrar—

Wheeler sonreía nervioso, se sentía como un niño al que le descubrieron en una travesura.

—Pero yo no quiero preguntarte sobre él, Joey, yo lo que quiero saber es si estás preocupado por Seiji—

—¡Claro que estoy preocupado!— obvió el rubio —Seiji es un buen chico, es atento, muy trabajador y…—

—¿Muy impulsivo?— concluyó el mesero y escudriñó con la mirada al rubio

—Sí… —apenas y respondió éste recordando lo ocurrido con el menor hacía unas pocas horas

—Joey… Eres un buen tipo— sonrió el moreno

Suichi acercó uno de los bancos y se sentó junto a la mesa, no había prisa y era necesario hablar; con una de sus manos le indicó a Joey que se sentara en el otro banco y éste así lo hizo, aunque estaba nervioso pues conocía a Suichi y sabía que el chico no se iba por las ramas.

—Dime Joey ¿por qué contrataste a Seiji?—

—Porque él quería trabajar— respondió sin dudarlo

—Su entusiasmo te atrapó—

—Pues sí, de alguna manera, tú sabes bien que realmente es buen trabajador—

—No lo niego; además, no suele ser problemático y puedes contar con él—

—¿Verdad?— Joey tenía la esperanza de que Suichi no odiara al pequeño —es que, ver que alguien tan joven quiera trabajar en vez de pasar la tarde con sus amigos… aunque no tenga la necesidad de…— no pudo decir más

—¿Te identificaste? ¿Viste en él un poco de lo que hubieras querido vivir?—

—¿Por qué eres así, Suichi? No me observes tanto— desvió su vista

—Joey… te observo porque eres importante para mí. Seren y tú son como mis hermanos… Yo no tengo un padre y me dolía saber que tú que si tuviste uno, fuera tan severo con su hijo; yo no podía creerlo, cada vez que te veía con heridas sentía miedo pero aun así tú siempre sonreías—

—¨Si… lo notaba, me veías y casi querías llorar— rió el rubio queriendo aligerar el tenso ambiente que se había formado

—Sé que te has esforzado mucho por no caer en el abismo, Joey, aunque cuando estabas en la Prepa te desviaste un poco del camino. Buscaste una salida fácil supongo—

—Lo admito. Pero Yugi me ayudó mucho, así como Tristán, Tea y…—

—Y Seto Kaiba— concluyó el pelinegro

—Sí; aunque no lo creas, el discutir con Kaiba era un aliciente para ir a la escuela—

—Seren me contaba un poco de todo lo que vivían, porque ella también trataba con él—

—Así es, pocas veces pero llegaron a conocerse. Hubo momentos en que incluso parecían entenderse muy bien y…—

—¿Te preocupó eso?—

—Pues sí… Ahí fue cuando lo comprendí. Si bien el problema era el hecho de que Kaiba se estaba acercando a mí hermana, yo creía que era preocupación por ella, por miedo a que él se aprovechara y la engañara, pero no era así, era preocupación y miedo por mí mismo. Temía que Kaiba se olvidara de mí al estar con mi hermana—

—Joseph tonto— Suichi esbozó una media sonrisa al decir esas palabras

—Lo sé; fue entonces que comprendí que yo tenía celos de mi hermana al tratarse de Kaiba—

—Pero no dijiste nada—

—En absoluto. Éramos enemigos jurados, cada vez que nos topábamos comenzaba una batalla donde ninguno daba tregua, por tanto, no podía decir que me había enamorado de mi supuesto enemigo—

—Buen punto. Y supongo que así pasó el tiempo—

—Pues sí, después, ya sabes… la universidad, mi papá… la pelea…— el rubio apoyó su brazo derecho en la mesa para después apoyar su rostro y continuar hablando con nostalgia —la idea del restaurant, la ayuda de Yugi y su abuelo… muchas cosas pasaron—

—¿Y Kaiba sabe algo de eso?—

—No. Y no sé si quiero decirle. Aunque tengo una vaga sensación—

—¿De qué?—

—Cuando me salí de la casa y estuve en las afueras de la ciudad, Seto y Mokuba me trajeron de regreso—

—Sí, me lo dijo Seren cuando fui al hospital—

—Pues… tengo la impresión de que algo sucedió en el trayecto de regreso. Recuerdo muy poco de ese día. Escuchaba a Mokuba llamarme y veía a Seto mover los labios; entramos a su auto pero yo sólo veía lo negro del paisaje, me apoyé en Kaiba y me quedé dormido. Pero tengo la sensación de que fui cargado y me transmitieron una calidez poco usual—

—¿Poco usual?— Suichi no comprendió

—Sí… creo que esa calidez fue la que me hizo despertar. Ya después conseguí salir del hospital, trabajar, ahorrar, regresar a la escuela y abrir la cafetería; de ahí en adelante conoces la historia—

—Entiendo… entonces, todo está bien con Kaiba ¿y Seiji?—

—Seiji… pues yo creía que todo estaba bien—

—No te hagas el tonto, Joey ¿me vas a decir que no notabas el interés que él tiene por ti?—

—Yo creía que era su disposición al trabajo—

—Ajá, y yo creía que querías a tu amiga, la rubia—

—¡Lo de Mai fue…!— calló de pronto el rubio —tramposo— refunfuñó y Suichi rió divertido

—En fin, volvamos a Seiji, mañana seguro que viene ¿qué vamos a hacer? ¿Seguirá trabajando aquí? ¿Lo vas a correr?—

—¡No bromees! No voy a mezclar las cosas personajes con el trabajo—

—¿Hablarás con él entonces?—

—Tengo que… además, si Kaiba regresa aquí no quiero que haya problemas entre ellos—

—Eso va a estar difícil… si no hubiera corrido a Kaiba es probable que se hubieran agarrado a golpes—

—Gracias por evitarlo, entonces— Wheeler se reacomodó en su lugar —¿Sabes? Creo que mejor voy a hablar con Seiji hoy mismo, voy a llamarle para verlo cerca de su casa—

—¿Por qué el cambio?—

—Porque sería incómodo hablar este tema antes de comenzar a trabajar, no sería muy agradable y mañana debo ir a otra sesión—

—Tienes razón ¿te llevo con él?—

—¿Traes carro?—

—No. Moto. Al fin la conseguí— los ojos negros del mesero brillaron con entusiasmo —Ya es toda mía—

—Jajajaaja, lo que querías era presumir, no ayudarme—

—Un poco, no lo niego, pero vamos, mandémosle mensaje al enano—

Los chicos volvieron a su labor y conversaron de cosas cotidianas, principalmente de motocicletas pues era un tema del que ambos gustaban. Serenity los había estado esperando a que terminaran de conversar pues hubo un momento en que entró para avisar que había terminado pero intuyó la plática que tenían y optó por esperar, por eso, ahora los observaba y sonreía. Sabía que Suichi siempre podía hablar serio con Joey, pues el rubio normalmente evitaba los temas serios y sabía librarse con las bromas pero Suichi lograba que el rubio soltara las palabras sin darse cuenta.

Una vez terminado el trabajo y, mientras Joey cerraba la cafetería Suichi llevó a Serenity a su casa, una vez que regresó, el rubio subió a la moto y el moreno fijó el rumbo a la casa del mesero castaño.

Suichi le había mandado el mensaje diciéndole que irían a verlo; Joey no se sintió capaz de hacerlo, en su mente rondaban las palabras de Seto diciéndole que si no iba a corresponder sus sentimientos no debía ilusionarlo. Y si le mandaba el mensaje temía usar palabras equivocadas.

Y mientras esto sucedía con Joseph Wheeler; en Kaiba Corp, Seto continuaba durmiendo.

Después de la plática que había tenido con Mokuba, con Ishimoto, después de revisar varios papeles y programar su salida a la bahía donde estaría el resort Kaiba, el castaño cayó rendido ante Morfeo.

El comienzo de su descanso había sido placentero y relajante pero conforme el tiempo pasaba las cosas se volvían confusas en su sueño, creía tener una pesadilla pero comprendió que no era así; lo que su subconsciente le mostraba era un recuerdo reprimido, que revivió gracias a la conversación que había tenido con su hermano.

En ese recuerdo, el castaño veía claramente que estaba en su limosina junto a su adorado hermano y que, mientras el "pequeño" le contaba lo buena que había estado la cena, porque habían salido a cenar fuera de la ciudad, en un momento imprevisto el pelinegro le pidió al chófer detenerse para después salir casi corriendo y dejando al mayor de los Kaiba perplejo y solo dentro del auto.

Seto y Kurosawa salieron de inmediato del auto pero no siguieron al chico más que con la mirada, lo vieron bajar por la colina y ver que se acercaba a un chico rubio; poco después Mokuba se acercaba a su hermano corriendo desesperadamente, pidiéndole que ayudara a su amigo, allí supo que era Joey Wheeler quien estaba sentado en esa colina.

Seto siguió a su hermano y cuando llegó ante el rubio se sorprendió al ver el estado físico en que se encontraba: estaba sumamente golpeado y había marcas de sangre seca en sus labios y en uno que otro golpe que su cara tenía.

—Wheeler…—

Apenas y pudo pronunciar el empresario, no sabía cómo reaccionar, quiso hacer un comentario burlesco, algo ofensivo, pero nada le salía, se sentía abrumado y un poco adolorido, algo le dolía y también, comenzaba a sentir su sangre hervir.

Vio que, por mucho que Mokuba le llamaba, el rubio no reaccionaba así que el mismo Seto procedió a llamarlo. Se colocó a su altura pero nada, ni una sola mirada por parte de esos ojos avellana que solían brillar vivazmente.

—Mokuba, sube al auto— ordenó

—Pero hermano…—

—Sube al auto— ordenó con mayor fuerza en la voz, por tanto, el menor obedeció.

Aprovechando que estaban solos, Seto sacudió al rubio al tiempo que lo llamaba insistentemente.

—¡Wheeler! ¿Me escuchas, Wheeler? Por dios, reacciona— el castaño se sentía desesperado, no sabía por qué pero no podía sentirse tranquilo al ver al rubio en semejante estado.

Sabía que era pandillero pero lo que veía no parecía ser el resultado de una pelea entre pandillas, había sido una pelea donde el chico no había metido mucho las manos.

—¡Joey! ¡Joey, mírame!— Seto tomó entre sus manos el rostro del rubio; se asustó de ver esos ojos, que alguna vez consideró bellos, sin vida —Joey… ¿quién te hizo esto? ¿Quién se atrevió a lastimarte tanto?— el castaño no podía dar crédito a lo que veía ni a lo que sentía, estaba realmente preocupado por el rubio.

—Kai…ba— escuchó la voz del rubio

—¡Joey! Sí, soy yo. Vamos, debemos ir con el médico—

Como pudo y sin pensarlo mucho, el castaño levantó al rubio y lo obligó a caminar junto con él hasta llegar al auto donde Mokuba ya los esperaba con la puerta abierta.

Una vez adentro, Seto ordenó ser llevados al hospital de su médico de cabecera a la brevedad posible. Los hermanos Kaiba se preguntaban con la mirada qué había sucedido para que el rubio terminara en ese estado. Tendrían que esperar el resultado médico, mientras tanto, Seto sintió que el rubio se recargaba en él, buscando apoyo para después dormir plácidamente.

El camino hacia el médico lo hicieron en completo silencio; Mokuba veía el paisaje luminoso de la ciudad, Seto veía al frente del camino y, a momentos, veía al lastimado rubio, no decía nada pero su cabeza intentaba atar cabos sin lograrlo, sólo le quedaba esperar a que Joey despertara y hablara.

Aun así, aprovechó que el rubio tenía una de sus manos libre y, procurando ser discreto, el castaño entrelazó sus dedos a los del rubio; no sabía el por qué pero quería hacer algo para que el chico sintiera que alguien estaba con él, que supiera que Joey Wheeler tenía el apoyo total de Seto Kaiba.

Cuando llegaron al hospital, Seto envío a Mokuba para ir avisando al médico, después el castaño salió de la limosina y, con ayuda de Kurosawa sacaron al rubio, que se negaba a reaccionar, por lo cual, el castaño lo tomó entre sus brazos, lo cargó al estilo princesa y lo acercó a su pecho para brindarle confianza y calor.

Adentro del hospital, confirmó que ya estaban preparando la habitación para el rubio, Mokuba le dijo a dónde debía dirigirse y el castaño así lo hizo, llevó al rubio a su cuarto y lo colocó en la cama con mucho cuidado.

—Hermano ¿crees que Joey estará bien?— al menor de los Kaiba se le notaba la preocupación

—Lo estará Mokuba, Wheeler siempre ha sido terco, no creo que se deje vencer por algo como esto—

—Cierto. Joey es muy fuerte— intentó sonreír y mostrarse convencido el menor —voy por el doctor, Seto—

—Está bien—

Cuando Mokuba salió de la habitación, Seto se dedicó a observar al rubio con detenimiento: las ropas estaban manchadas de sangre pero no había cortadas ni nada que demostrara uso de alguna arma, todo era, contusiones de lo que parecía, resultado de una palea de diez contra uno.

El rubio emitió un quejido de dolor y Seto removió sus cabellos, para ver si no había herida alguna en la cabeza, por suerte no había nada; comparado con sus manos, se notaba que Joey había protegido muy bien su cráneo.

—Joey… resiste— pidió Kaiba al tiempo que delineaba con cuidado el rostro del herido

Los quejidos de dolor cesaron, parecía ser que el chico al fin había logrado conciliar el sueño, se notaba en su respiración aun así Kaiba quiso comprobarlo y acercó su rostro al del rubio, comprobando que respiraba, así como cuando se acercó a su pecho para escuchar el latido de su corazón.

—No me asustes así, perro— reclamó al herido durmiente —Ja, como si alguna vez me escucharas— se burló de sí mismo

Iba a alejarse del rubio pero un deseo y un impulso le invadieron, aún lastimados, los labios de Joey estaban entreabiertos y eran una gran tentación…a la que no pudo negarse.

Cuidando de no hacer ruido, Seto acercó su rostro al de Joey, estaba nervioso, jamás en la vida había besado a alguien y nunca creyó que besaría al perdedor de Wheeler pero bien sabía Seto que esta era una oportunidad única y la iba a aprovechar, a fin de cuentas, era lo menos que se merecía por ayudarlo y Seto Kaiba nunca se iba sin nada; siempre obtenía lo que quería.

Se inclinó sobre el cuerpo del herido, apoyándose con sus manos y acercó su labios a los de Joey para besarlo suavemente; duró escasos segundos pero fueron gratificantes para el castaño porque al fin sentía el respirar y el aliento del chico que desde años atrás había llamado su atención.

Irguió su cuerpo y vio a Joey dormir, volvió a tomar el semblante característico del empresario más reconocido de Japón.

A los pocos minutos Mokuba y el médico llegaron, Seto se excusó diciendo que debía ir a su empresa y ordenó que le informaran todo lo que ocurriera con el rubio dado que él cubriría los gastos, acto seguido, el castaño caminó tranquilo hasta la salida del hospital.

Estando afuera volteó a ver la inmensa luna, casi llena y suspiró. Había besado por vez primera, había besado a un hombre y había besado a Joey Wheeler.

—No estuvo mal— dijo para sí y entró a la limosina para ser llevado a su empresa

Aquí era donde finalizaba el sueño del dueño de Kaiba Corp y que abría los ojos bastante sorprendido de poder recordar ahora todo tan claramente; se tocó los labios, él creyendo que era la primera vez que besaba al perro y resultaba que era la segunda, por suerte el rubio estaba inconsciente en ese entonces y no sabía nada de lo ocurrido, o al menos eso esperaba el castaño.

—Tal vez suprimí ese suceso en mi memoria porque era Joey… o simplemente quise olvidar que eso había sucedido— concluyó el chico genio

Estiró su cuerpo y vio el reloj de su oficina que ya marcaba las diez y cuarto de la noche; el personal de la oficina salía a las ocho, por tanto, Seto sabía que estaba solo en todo el edificio, bueno, estaba el vigilante pero en la planta baja. Recogió sus cosas, apagó la laptop y salió de su oficina. En el camino al ascensor mandó un mensaje a su chófer para que viniera por él y lo llevara a casa; le daba el tiempo de llegada en lo que Kaiba salía del edificio.

Un poco retirado del lugar donde el CEO estaba; Joey y Suichi llegaban a unos suburbios en una de las mejores zonas de la ciudad, al verlo Joey quedó sorprendido.

—¿En verdad Seiji vive aquí?—

—Así es ¿nunca habías venido?—

Suichi apagó la motocicleta, ambos bajaron de ella y mientras Joey se quitaba el casco no podía evitar ver todo con admiración y sólo respondió la pregunta de su amigo moviendo su cabeza de forma negativa.

—Si vive en una zona como esta ¿por qué trabaja?—

—Por ti, Joey— respondió el pelinegro con obviedad

Ante la respuesta recibida, Joey sólo desvió la vista sintiéndose apenado, él prefería pensar que Seiji era un buen chico y nada más; el rubio detestaba tener problemas… pero los problemas parecían querer al rubio porque lo seguían a todos lados.

Caminaron unos cuantos metros hasta llegar al punto de encuentro acordado: una calle amplia con una tienda de autoservicio en la esquina; allí afuera estaba el pequeño mesero de cabello castaño sentado en el piso. Como había refrescado un poco la noche, el chico vestía una gran chamarra y tenía las manos en los bolsillos, cuando vio a los dos chicos llegar se puso en pie y los saludó con un movimiento de su cabeza.

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Hola, hola!

Aquí está el nuevo capítulo, espero y algunas dudas queden aclaradas (aunque puede que otras les surjan ñ.ñu).

Ryu, creo que ya quedó resuelto el asunto, simplemente el chico genio no es tan genio, jeje.

Nos vemos en el próximo capítulo, cuídense mucho y que estén bien!

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