It's a black fly in your Chardonnay

It's a death row pardon two minutes too late

Isn't it ironic, don't you think

Ironic - Alanis Morissette

CAPÍTULO 11: "Unilateral"

- ¡Haruko es realmente una chica increíble! ¡Logró que te veas bien, Hanamichi!- Ookus elevó el tono de voz, borrando su sonrisa y gritando un "AUCH" sonoro cuando Sakuragi le propinó un golpe en plena cabeza.

- ¡Deja de molestarme, idiota! ¿No ves que este es el peinado que me hizo mi querida Haruko?- Respondió mirándolo enfadado.

- ¿Y que acaso no es exactamente eso lo que te dijo Ookus antes de que le revolvieras las neuronas?- La voz monótona de Kazuki se dirigió a él mientras caminaba junto a Yohei, unos pasos más atrás.

- ¡Y tú cállate, gata! ¡Por poco interrumpes el momento privado que estaba teniendo con Haruko!-

- Que por supuesto no interrumpí, porque me retiré por donde vine. Idiota desmemoriado- Dijo entornando los ojos. Levantó una ceja mirando a Yohei de soslayo - No sin antes descolocarme la mandíbula de risa.- Susurró solo para él. Y le guiñó en complicidad.

Yohei no pudo hacer más que taparse la boca y reír a escondidas de su amigo. No esperaba que le dijera eso. La vio reír a su par, para luego desviar la atención hacia el pelirrojo. La vio levantar la mano, sacudiendo la flamante cabellera en crecimiento de Hanamichi. La vio retroceder en carcajadas cuando el colorado intentó plantarle un golpe, y la vio saltar a su cuello en pleno plan de juego. Hanamichi se quejaba estrepitosamente, pero no la obligó a bajarse. Era el código que compartían.

¿Cuál era SU código con Kazuki? Los chistes internos sobre Hanamichi. Se dio cuenta, o estaba repasando en su mente lo que ya se había dado cuenta hace mucho, de que estaba perdidamente enamorado de alguien en secreto. En el más absoluto secreto de sumario, porque la otra parte era absolutamente ignorante de los sentimientos que lo quemaban por dentro.

- ¿Vamos a jugar Pachinko?- Preguntó Noma estirando su camiseta a rayas, buscando sacar una hoja que había caído entre sus pliegues.

- Buena idea.- Secundo Takamiya, caminando a su lado.

- ¿No prefieren hacer otra cosa que no sea perder todo su dinero? Porque les juro que ninguno de ustedes tiene suerte, jamás.- Kazuki hablaba aun colgando del cuello de Sakuragi, quien se había resignado a llevarla a caballito, sujetando sus piernas. Sabía que aunque se sacudiera para arrojarla lejos, su amiga era una cruza de garrapata con koala. Con dientes filosos y menos tierna.

Yohei abrió los ojos, mirándola nuevamente. En realidad, nunca había dejado de mirarla.

Kazuki nunca había puesto una objeción a ir a jugar. Sabía que no se volvía loca por los lugares ruidosos, pero nunca había dicho algo así. Y fue la frase de Ookus la que lo sacó totalmente de concentración

- Kazuki, tanto tiempo con Sendoh te está afectando. Dentro de poco te veremos yendo a pescar.- Y todos rieron. Todos rieron menos él.

- ¡KAZUKI, ERES UNA TRAIDORA!- Sakuragi giró su rostro, así como su cuerpo, buscando inútilmente el rostro de su amiga a sus espaldas.

- ¿Todavía sigues con eso?- Reía la morena sin soltarlo.

- ¿No te das cuenta de que ese Puercoespín solo trata de enamorarte para sacar información de este Tensai?-

- Claro, Hanamichi. No se que es más improbable. Que quiera enamorarme, o que quiera sacarme información sobre ti.-

Todos reían. Menos Yohei. Él no podía reír. Él había visto la mirada de Sendoh sobre ella. Había notado en sus ojos la misma luz y brillo que reconocía en los propios. Y sabía que tarde o temprano, ese tipo se daría cuenta de que la atracción que sentía por Kazuki, SU Kazuki, era algo más. Y no podía permitirse perder. Él la había visto antes. Él la conocía de antes. Él llevaba amándola por años.

Tenía que actuar. Como fuera.

- Creo que podemos dar una vuelta por la playa. Si les interesa.- Declaró el muchacho haciendo que todos lo miraran.

- ¿Desde cuándo no quieres jugar Pachinko?- Fue la pregunta de Noma, observándolo totalmente extrañado.

- Puedo cambiar de gustos, ¿o no?- Fue su excusa.

- Decidido, ¡Nos vamos a vaguear a la playa!.- Gritó Takamiya, seguido por un grito alegre de todos sus amigos.

Si. Ahí tendría oportunidad.


Entrenamiento de nuevo. Y no le molestaba. Realmente había algo en él que había cambiado, un switch que se había movido, y el interruptor de "Capitán" se había establecido permanentemente en él.

Akira Sendoh se encargaba de dar direcciones a sus compañeros mientras jugaban. El dedo índice levantado se había convertido en su nueva expresión corporal favorita. Jamás gritaba. Jamás molestaba a nadie llamando la atención injustamente. Jamás tenía actitudes altaneras con sus compañeros. Estaba realmente decidido a demostrar sus verdaderas habilidades. Y le parecía increíble que todo eso hubiese cambiado por las palabras de alguien.

Taoka estaba absolutamente extasiado con el avance de Sendoh. Lo miraba dirigir mientras su pecho se llenaba de orgullo. Estaba claro que aún le faltaba mucho, y que en cualquier momento, como todo adolescente, podía volver a convertir su cerebro en una babosa. Pero quería creer en él con la misma fuerza que lo hacían los muchachos.

- Sendoh está muy cambiado, ¿No es así, Entrenador?- La voz de Hikoichi Aida lo sacó del trance. El muchacho estaba a su lado, mientras recuperaba el aliento. Aún sabiendo que no sería titular, el chico seguía entrenando duro. Realmente era admirable, pensó.

- Si. Se puede decir que sí.- Contestó sonriendo de costado, sin mirarlo.

- ¿Que pudo haberle pasado? Hasta hace un tiempo ni siquiera se preocupaba en llegar a tiempo a los entrenamientos. Ahora es el primero en llegar y siempre está atento a todo.- Se rascaba la cabeza confundido. Pensó que varios puntos debían habérsele pasado como para no entender que le estaba ocurriendo a su querido Capitán y Estrella.

Moiichi Taoka sonrió de costado. Los brazos cruzados sobre su pecho se estrujaron entre sí. Se sentó con parsimonia, mientras le daba la respuesta que necesitaba.

- Una llamada de atención.-

Hikoichi lo miró sorprendido. No esperaba siquiera una respuesta de su entrenador. Volvió a dirigir sus ojos al Capitán. Ya le habían llamado la atención incontables veces. Esto era distinto. Algo en Sendoh había producido una reacción química suficiente como para hacerlo reaccionar. Sonrió. Dato anotado.

El rostro de Sendoh se dirigía a Koshino. El N°6 de Ryonan lo escuchaba con atención.

- Koshino, por más que ganamos el partido contra Shohoku, Mitsui te superó ampliamente. ¿Sabes por qué?- Musitó calmo.

- Yo…- Nunca había escuchado a Sendoh hablarle así. Tranquilo. Con la sempiterna sonrisa en su rostro, sin levantar la voz. Y aún así lo estaba corrigiendo.

- La posición de tus piernas es perfecta, Koshino. Tu técnica no es el problema.- Continuó diciendo. Siempre sonriendo.- Pero la tensión que pones en tus manos y brazos solo logran compactar tus músculos. Estás tan preocupado por anotar que eres incapaz de proyectar la curvatura necesaria para encestar cada vez con seguridad.-

El rostro de todos los presentes calcaba el asombro que sentían al escuchar esas palabras.

Sendoh continuó, sonriendo de costado, con voz gruesa y firme.

- El año pasado dimos todo en el último partido de las Regionales, y aún así perdimos ante Shohoku. Este año no volverá a ocurrir, y eso es porque ellos nos han demostrado una gran lección. Ustedes confían en mí, y yo voy a hacer lo mismo con ustedes. Este no es un equipo de un solo hombre, así que todos, a poner lo mejor.-

Taoka sonrió. Al fin, al fin Sendoh estaba despertando. Al fin asumía sus responsabilidades como Capitán.

Pero aún faltaba mucho. No iba a dejarlo aflojar. Él no podía soltar las riendas tan pronto.


Ryota Miyagi estaba sentado en gas gradas del gimnasio, viendo sin ver el organigrama de los partidos venideros. Miuradai, Okasu, Takesago, Shoyo, Ryonan y Kainan.

Shoyo había perdido a sus pilares más importantes. Fujima, Hanagata, Hasegawa y Takano ya no estaban en el equipo. Habían partido a la Universidad como lo hicieron Akagi y Kogure. Eso le quitaba un peso enorme de encima, pero sabía que no debía confiarse.

Ryonan tenía a Sendoh como Capitán, y ya habían visto de lo que eran capaces, aún sin Uozumi e Ikegami.

Kainan. Maki estaba en su última temporada. En tiempo complementario antes de irse a la Universidad. Y como último año, él iba a querer ganar las Nacionales definitivamente. Y eso significaba conseguir la primera silla en las Intercolegiales.

Su primer partido sería al volver a clases. En exactamente una semana. Debían prepararse, porque Takesago sería el primer equipo a enfrentar. Tenían que dar lo mejor de si.

La charla con el Cap..es decir, con Akagi, había sido alentadora. Y en realidad, se había alentado solo, con las palabras del Gorila.

No se dio cuenta cuando una cálida y delicada mano lo sorprendió, colocándose sobre su hombro.

- ¿Estudiando, Capitán Miyagi?- La melodiosa voz de Ayako lo sorprendió, dándose de vuelta al tiempo que saltaba y se ponía de pie, totalmente sonrojado.

- ¡A-Ayako!- Gritó con voz graciosamente aguda.- ¿Que haces aquí?-

- Eh...Soy la Manager del equipo. Es parte de mi trabajo mantener todo en orden antes de volver a entrenar mañana.- Respondió con total naturalidad. Llevaba el cabello levantado con una cola de caballo alta, y varios mechones rizados sobre su bello rostro.- ¿Que estás haciendo tu aquí, Ryota?-

- Eh…- Dijo arrugando entre sus manos los papeles que estaba leyendo. La castaña no pasó desapercibido ese detalle, tomandolos en un rápido movimiento sin darle tiempo a reaccionar. Era el más rápido, pero no con ella.

- No hay de qué preocuparse, Ayako. Estoy analizando a los equipos.- Dijo tratando de calmar su pecho. Tenía que acostumbrarse finalmente a tener una conversación fluida con ella sin ruborizarse como colegiala enamorada.

La joven lo miró fijo luego de terminar de leer. "¿Ryota? ¡Vaya! ¡No soy la única que trata con familiaridad a un chico!" Y la voz de Kazuki se le clavó en los tímpanos como un recuerdo de su última charla. Las palabras de la amiga de Sakuragi se habían grabado en ella desde ese momento.

No era un secreto lo que Ryota sentía por ella. Y lo cierto es que ella nunca le había respondido. Siempre había tomado casi a chiste. Y mientras trataba de pensar en una respuesta a la conversación de las Intercolegiales, la charla con la morena vino a su mente…

¿Y jamás le dijiste que si ni siquiera a un café?-

¡Kazuki!-

No estoy diciendo nada malo.- Y sus ojos se abrieron como los de un gatito mojado. Era adorable.

...No. Jamás.- Respondió mientras volvía a beber un sorbo de jugo helado.

¿Y al menos le has dicho que "NO"?- Preguntó levantando una ceja.

¿Que?-

Bueno…-Empezó a decir la pelinegra.- Miyagi-san no parece el tipo de muchacho acosador. Parece de los que entienden que "NO es NO". Pero si sigue pegado a ti es porque es un idiota realmente enamorado, o porque nunca le diste una respuesta explícita...Al menos eso me enseñó Jane Austen.-

La mandíbula de Ayako cayó casi hasta la tabla de la mesa. ¿En qué momento esa niña se había vuelto tan perceptiva?

¿Jane Austen?- Rió para sus adentros. Por supuesto que ignoró la tremenda cachetada de realidad que le había dado.

¡Si! ¡La amo!. Y hay dos puntos que ella da a entender en sus historias, aparte de exponer al machismo ilógico de su época con un humor extraordinario. Primero, siempre es bueno mostrarte desinteresada, pero no tan desinteresada como para que realmente alguien crea que no te interesa. - Y levantó su dedo índice, exponiendo su primer punto. Ayako levantó una ceja. - Y segundo, nunca des por sentado que alguien va a decirte las cosas como quieres que te las digas para dejar en claro el asunto.- Y levantó el dedo mayor. Sus ojos ámbar estaban serios, aún cuando sonreía graciosamente de costado.

Debía leer más libros clásicos, pensó...

Ayako volvió a la realidad cuando el rostro de Ryota comenzaba a mostrar verdadera preocupación. La había llamado un par de veces y ella seguía sumida en sus recuerdos.

Sonrió.

- ¿Ryota, quieres ir a tomar un café para revisar bien las estadísticas que juntamos? Yo invito- Dijo finalmente. Sin saber bien por que.

Y para Miyagi sonaron campanas de cristal. De esas que solo aparecen en las iglesias en cuentos de hadas. De esas que solo sonaban en sus sueños cuando Ayako decía que si.

- ¡Ayako! ¡Y-yo invito!- Fue todo cuanto pudo decir, tratando de no atragantarse con su propia lengua.

- No, no. Estoy muy a favor del empoderamiento femenino.- Y levantó su brazo derecho, mostrando sus bíceps.

- ¿Eh?...- Lo sacó del ensoñamiento.

- Nada...Mejor vámonos.- Y escondió su sonrojo repentino dándose la vuelta. Tal vez, solo tal vez, podría darle una oportunidad a algo nuevo. Conocido y nuevo a la vez.


Kazuki y Yohei caminaban en silencio, cada uno con sus zapatos en las manos para no llenarlos de arena, disfrutando la sensación helada en sus pies.

No se dieron cuenta cuando los muchachos llevaban un buen tramo por delante de los dos. Hablar con Yohei siempre era agradable, debía admitir que era el más normal de ese grupo de idiotas a los que llamaba amigos.

- ¿Te pasa algo?- La voz de Kazuki rompió el silencio entre ambos. Venían hablando de trivialidades. Pocas veces habían tenido conversaciones profundas, pero siempre había podido darse cuenta de si le ocurría algo.

- ¿Eh?- Preguntó francamente sorprendido.

- Generalmente te ríes como ardilla de las cosas que hacen los chicos, o de las bromas estúpidas que te hago. O estoy perdiendo el toque, o te pasa algo extraño, Yohei.-

Era mucho más perceptiva de lo que pensaba. Tal vez no fuera tan distraída después de todo. La miró de costado. El rojo fuego del atardecer hacía que su cabello brillara con tonos bordó. Sus ojos parecían emanar brillo propio. Tenían exactamente la misma altura. El mismo porte. Eran iguales.

A sus ojos, a sus enamorados ojos, eran perfectos para el otro. Y sin embargo… Sin embargo, no tenía el valor. No era la primera vez que estaba solo con Kazuki. No era la primera vez que buscaba estar junto a ella para confesarle lo que de verdad sentía. Y siempre callaba. Pero esta vez, de verdad quería que fuese distinto.

Por eso comenzó a hablar, dispuesto a llevar la conversación a su lado.

- ¿Cómo ves a Hanamichi, Kazu-chan?-

- ¿Como lo veo?- Levantó intrigante una ceja, mirándolo de costado.

- Supongo que tus ojos de basquetbolista pueden analizar mejor que nosotros, que pensamos que está jugando muy bien.- Se excusó.

La joven tomó aire, como si estuviera pensando su respuesta. Le sorprendía que el pelirrojo no los escuchara hablar. Tenía una especie de radar para detectar cuando alguien mencionaba su nombre a 100 metros a la redonda.

- Bueno…-Comenzó a decir corriéndose unos mechones rebeldes del rostro.- Hanamichi realmente ha mejorado. Su ánimo también. Me dijo que estaba muy preocupado porque sus habilidades de Tensai se vieran afectadas al no jugar tanto tiempo. Parece que no ocurrió.- Su mirada se volvió mucho más cálida al pronunciar esas palabras. Era increíble como su actitud cambiaba al mencionar a Hanamichi en una conversación. El cariño que se tenían era algo que él jamás iba a lograr entender de todo. Era como si fuesen almas gemelas, si las almas gemelas existieran. Era la prueba física de que "almas gemelas" no es un concepto intrínsecamente romántico y atemporal, sino la demostración de que dos personas están destinadas a tener una relación a prueba de fuego, aún cuando fuera una relación de amistad pura.

- Fue gracias a que lo ayudaste a prepararse.- Dijo mirando a su amigo, caminando muy delante con los muchachos.

- Fue gracias a que, muy a mi pesar, el zoquete puede realmente ser un Genio.- Respondió mostrando los dientes en una mueca similar a una sonrisa.

Quedó mirándola por largos minutos, caminando a la par. Si no decía algo, muy probablemente ella no se diera cuenta de nada. Y necesitaba realmente sacar eso de su pecho. Por eso tomó valor desde sus entrañas, con el corazón a galope.

- Kazuki...hay algo que…- Comenzó a decir cuando la voz de Takamiya se escuchó fuerte por sobre su hombro.

- ¡Oye, Kazuki! ¿Sendoh no quiso venir hoy? ¡Parece un muchacho bastante buena onda!- El más bajo del Ejército de Sakuragi estaba absolutamente ajeno a la conversación de los dos muchachos.

- No. Akira tenía entrenamiento hoy. Tal vez la próxima.- Respondió negando con la cabeza animadamente. Y ella también fue ajena a la mirada de Yohei.

"Akira" El muchacho sintió como si una cascada de puñales helados se clavaran en su pecho. "Akira" La sensación de que había sido golpeado en cada parte de su cuerpo sin haber tenido siquiera la oportunidad de defenderse. "Akira" La sensación de que su corazón había sido arrancado de un solo tirón, aún latiendo. "Akira" . Lo había llamado por su nombre.

No escuchó las blasfemias de Hanamichi al golpear a Takamiya por sugerir que Sendoh fuera con ellos. No vio a Kazuki carcajear con ganas ante la escena. No vio a Hanamichi volver sobre sus pasos y levantar por el aire a la joven de cabello negro, sacudiéndo su menudo cuerpo en castigo por seguir fraternizando con el enemigo.

"Akira". Ya no escuchaba nada.

- Yohei. ¡Oye! ¡Yohei! ¿Estás vivo ahí dentro?- Fue la propia voz de Kazuki la que lo volvió en sí. Su rostro blanco, iluminado a contraluz con esa maravillosa media sonrisa en sus labios. La ceja levantada en una mueca de extraño absoluto, y su dedo índice picando su mejilla. Ese mínimo contacto de su piel contra la suya lo estaba matando. Se corrió con brusquedad, una brusquedad que asombró a la muchacha, mientras el resto de los chicos habían retomado camino.

- Lo siento, Kazu-chan. Ayer me metí en problemas y me duele la mejilla.- Fue todo lo que pudo decir cuando el rostro de la joven se contorsionó en asombro cuando quitó el rostro de su lado casi violentamente.

- ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Que fue lo que pasó?- Preguntó con preocupación. Creyó que las aventuras vandalistas de su amigo habían terminado.

- Nada. No te preocupes.- Dijo desviando la vista. No resistiría mucho tiempo más.

- Yohei, por favor dime que te…-

- ¡Te dije que nada!- Gritó mirándola a los ojos.

Ahora sí, el rostro de Kazuki quedó helado. Los ojos ámbar abiertos de par en par. Las manos al costado del delgado cuerpo. El cascabel de su cuello sonó cuando su cuerpo retrocedió por el impacto de su grito. Era la primera vez que Yohei le hablaba en ese tono. Era la primera vez que escuchaba a Yohei hablarle a cualquiera en ese tono, hasta con sus enemigos antes de una pelea, siempre se caracterizó por usar un tono totalmente relajado. Y ahora era lo contrario.

Se dio cuenta de lo que había hecho cuando se vio a sí mismo reflejado en sus ojos, totalmente abiertos. No había querido responder así. Solo quería meter la cabeza en la arena. Mejor dicho, romperle la cara a Sendoh, y luego meter la cabeza en la arena.

Cuando la oyó llamarlo por su nombre de pila, algo en su pecho se detuvo para luego estallar. Estaba perdiendo terreno, y lo peor, sabía que por más terreno que ganara, sería inútil. Ella jamás lo vería como algo más que un amigo, que "el buen Yohei", que el otro mejor amigo de su mejor amigo. Que el Yohei con el cual almorzaban en secundaria baja, el Yohei al que tenía que explicarle ocho capítulos de Historia Japonesa en un solo receso.

El amor que le quemaba las entrañas al mirarla, nunca sería correspondido, aún si Sendoh jamás hubiera aparecido. Lo que sentía por ella era totalmente unilateral.

- Lo...lo lamento, Kazuki. Estoy bien, solo un poco cansado.-

- ¿Cansado de no hacer nada durante el receso de verano?- Le preguntó sonriendo. Rayos…¿cuanto podía quererla? Había terminado de gritarle hacia segundos, y como sabía que no quería hablar. Y sin saber lo que realmente quería decirle cuando la charla comenzó.

Era realmente, unilateral.


Era uno de los últimos entrenamientos antes de que volvieran a clases, y el Intercolegial comenzara. Miuradai era su primer oponente. No quería decir "pan comido", pero era "pan comido". Pensó, mientras revisaba las notas que Hikoichi había recopilado para el Entrenador Taoka y para él, en dos copias, prolijamente pasadas a mano con esa caligrafía tan perfecta que tenía el muchacho aspirante a periodista.

El resto del equipo se había ido. Oía ruidos en la oficina de Taoka. Seguramente aún estaba revisando algunas cosas. Esperaba que estuviera viendo su desempeño, ahora que demostraba ser un niño grande, responsable de sus actos.

Lo escuchó salir, cerrando la puerta corrediza de madera tras él, acercando sus pasos a donde se encontraba en el banco suplente, a un costado de la cancha.

- ¿Aún no te marchas, Sendoh?- Su potente voz resonaba en la acústica del gimnasio vacío. El edificio viejo dejaba que hasta el último eco de sus graves fueran audibles.

- Solo estudiaba las notas de Hikoichi, Entrenador. Ese chico es excelente recolectando datos.- Respondió con su sempiterna sonrisa.

- Si que lo es. Pero no se lo digas, o se le puede subir a la cabeza de corcho que tiene.- Dijo guardando unos papeles en su portafolios, apoyándolo en el banco.

Sendoh sentía que su corazón latía a mil por hora. La última conversación con el Entrenador Taoka no había sido la más hermosa del mundo. Pero si una de las más importantes. Necesitaba saber si las cosas estaban yendo bien. Necesitaba saber si veía su cambio, si iba a recapacitar sobre esa bendita carta. Si iba a cumplir su sueño. Por eso sus labios se movieron…

- Entrenador…- Comenzó a musitar calmo.

- Estás haciendo un excelente trabajo, Sendoh. Estás demostrando lo que te rogué y esperé que mostraras hace tiempo.- Lo interrumpió. Las obres azules se llenaron de esperanza.- Pero aún te falta mucho. Es el camino. Pero aún falta.- Sentenció.

Sendoh realmente esperaba otra respuesta. Pero mientras esperaba que su pecho se hiciera añicos...no ocurrió. No era el desinterés habitual en el, tampoco su eterna parsimonia. Era calma. La calma de que iba en el camino correcto, y que debía ejercer la paciencia que siempre tuvo. Sonrió.

- Gracias, Entrenador.-

- Descansa mañana, Sendoh. Cuando vuelvas a clase, los entrenamientos serán más duros.-

Y se retiró. La estela de su figura lo dejó pensativo.


- Gata.- Sakuragi esperaba el tren junto a su amiga. Los dos sentados en una banca, lado a lado.

- ¿Dime, zoquete?- Respondió sin mirarlo. Su vista estaba perdida en un punto rojo inexistente del otro lado de las vías.

- ¿Desde cuándo llamas al Puercoespín por su nombre de pila?-

Y ella lo miró. ¿Por qué Hanamichi estaba tan calmado al respecto? Esperaba que realmente la tacleara y aflojara del todo el colmillo que tuvo que arreglarse la última vez por su culpa. Estaba actuando casi como un ser humano.

- No hace mucho. ¿No tienes pensado arrojarme a las vías, verdad? No puedes ser tan malvado.- Respondió alejándose unos pasos.

- ¡Claro que no, gata estúpida!- Y se sonrojó. A veces su amiga tenía salidas por demás siniestras. La miró de arriba abajo. No podía negar que le molestaba tanta familiaridad con Sendoh, sobre todo porque era uno de los principales rivales del Genio Sakuragi. Pero el sujeto le había parecido sincero cuando habló con él, y era obvio que eventualmente haría un avance. Y era obvio que no podía hacer nada al respecto.- Francamente me importa poco lo que haces en tu tiempo libre. Pero más te vale que Sendoh no aparezca con unos de mis movimientos secretos, porque voy a responsabilizarte a ti.- Terminó señalándole con un largo dedo acusador.

- No te preocupes, zopenco. Si se copia de tus movimientos tengo pensado mudarme a la otra punta del planeta con tal de no ver la erupción nuclear en tu cabeza.- Y lo despeinó con fuerza.

Abordaron juntos el tren casi vacío, mientras las pocas personas en él se alejaban de Sakuragi. Kazuki rio por sus adentros. Era el osito de felpa colorado más tierno del mundo, y la gente le tenía miedo. Recordó entonces las palabras de su madre por primera vez en el día. Realmente era una cabeza de termo.

- Hana-kun, ¿tienes planes hoy?- Preguntó incorporándose en el asiento donde estaba totalmente desparramada.

- No. ¿Por qué?- La miró de reojo, estirando su córnea hacia abajo. Era mucho más baja que él.

- Mamá quería que te invite a cenar. Quiere que, y cito "Ese niño problemático me cuente todo sobre su nueva vida como deportista".- Levantó sus dedos para citar con comillas.

Hanamichi rió con ganas. Shizuoka-neesan, como siempre la llamaba, era una de las mujeres más amables que conocía. Recta y severa, pero amable. Y había sido un soporte materno muy importante en su peor momento, cuando el incidente de su padre ocurrió. Sacudió sus pensamientos. No quería recordarlo. No ahora.

- ¡Por supuesto! Ella merece un verdadero encanto por hijo. Es una pena que se haya tenido que conformar con una mascota.- Y le picó la mejilla con fuerza.

- Siempre quiso adoptar un perro callejero. Le vienes como anillo al dedo.- Y atinó a morderle el dedo, esquivándolo el pelirrojo por poco.

Entre charlas y golpes en las costillas, no se dieron cuenta de que ya estaban en la Estación Ryonan. Ni se dieron cuenta de que la casualidad había detenido el vagón en el preciso lugar donde Sendoh esperaba. No se habían dado cuenta de que su sonrisa se había ensanchado enormemente.

No podía engañarse a sí mismo. Cada vez que abordaba el tren de regreso a casa, escaneaba los alrededores para ver si la encontraba. ¿De qué valía mentirse? Luego del incidente de la última vez, algo había cambiado en él. Y no sabía qué. Se desconocía cuando se trataba de ella, y no le desagradaba el sentimiento.

Se acercó a los dos con paso ligero pero seguro. Parecían dos niños dándose golpes con los dedos en las costillas. El cuerpo de Kazuki debía ser fuerte, porque los dedos de Sakuragi seguro que dolían.

Fue entonces cuando la joven lo vio. Sonrió de par en par. No podía engañarse a sí misma. Cada vez que abordaba el tren de regreso a casa, escaneaba los alrededores para ver si él estaba ahí ¿De qué valía mentirse?

- ¡Hola, Akira!- Le dijo con sincera felicidad.

Y ahora fue Sakuragi quien lo vio. El pelirrojo se levantó imponente del asiento, haciéndose más alto y grande, como los osos cuando tratan de impresionar a su oponente. Rió. Parecía olvidar que era él quien le ganaba en altura, y eso sin contar su cabello.

- ¡¿Qué demonios estás haciendo aquí, Puercoespín?!

"Sakuragi, eres tan predecible que ya roza lo adorable" - Em...Mi escuela está en esta estación. Instituto Ryonan. ¿Recuerdas?- Sonrió de oreja a oreja.

El pelirrojo se sonrojó furioso. Sentía la risa de su amiga a sus espaldas. Volteó con rapidez.

- ¡Ya deja de reírte, gata traidora! ¡Se supone que debes estar de mi lado, no hundirme!- Gritó mirándola con fuego en sus pupilas.

- No puedo hundirte, Hanamichi. Eso lo haces sin ayuda de nadie.- Respondió sin moverse del asiento.

El intercambio de insultos volvió a darse, con Sendoh mirándolos confundido. Eran hasta tiernos. En una forma poco convencional, violenta y rozando la locura, pero tiernos. Se rascó la mejilla, y se animó a hablar.

- Nunca te había visto en esta parte del trayecto, Sakuragi. ¿Vas a algún lado?- Preguntó de buena forma. El Pelirrojo lo miró cabreado.

- Deja de recolectar información, Sendoh. Ya es bastante que te acerques a Kazu para robarle datos, como para que tengas el descaro de preguntarme a mi.-

Sendoh tuvo que poner toda su fuerza de voluntad para no sonrojarse como un farol. Ese bruto de Sakuragi. ¿Cómo podía decir algo así con ella a unos pasos?. Y sin embargo, el blanco rostro de Kazuki se asomó por debajo del largo brazo que el pelirrojo tenía extendido en su dirección.

- Mi mamá lo invitó a cenar. Seguramente se arrepienta luego de tenerlo en casa, pero tengo que cumplir y depositarlo en la mesa.- Reía de costado.

Pestañeó varias veces. ¿Era normal llevar chicos que no son tu pareja a cenar? ¿Los amigos se invitan a cenar con los padres? Claramente, él nunca había tenido una amistad tan fuerte con nadie.

- ¡Oh!, ya veo.- Comenzó a decir. - Que pena que tengan que irse. Ya que Sakuragi estaba aquí, creí que podíamos tener ese uno a uno del que siempre alardeamos.- Y las palabras salieron de su boca en un segundo. La reacción del pelirrojo no se hizo esperar.

- ¡HAHAHAHAHAHAHAHA! ¡Pues es tu día de suerte!-

- ¿Eh?- Lo miró confundido. Fue Kazuki la que volvió a hablarle.

- Mamá trabaja en el hospital. Vuelve muy tarde a casa. Así que nuestras cenas son casi bocadillos de media noche. Traducido a "si, tenemos tiempo".-

El rostro de Sendoh se iluminó en una sonrisa sincera. De esas que ahora Kazuki sabía que eran reales.

- ¡No se diga más! ¿Qué dices, Sakuragi? ¿Quieres jugar?- Y levantó el bolso donde guardaba su balón.

El Tensai Sakuragi rio con ganas, poniendo los brazos en jarra alrededor de su cintura.

Kazuki lo miraba de costado. Sabía que esto iba a terminar en sangre. Pero era necesario que Hanamichi supiera que tanto había mejorado, y que tanto necesitaba seguir. Y sabía que Akira lo ayudaría.

Se bajaron en la estación que ellos conocían en código como "Estación Cancha". Sakuragi iba delante muy erguido y riendo, mientras Kazuki y Sendoh caminaban a la par, mirando su espalda.

- Gracias, Akira.- Dijo sin mirarlo.

- ¿Por qué agradeces, Kazuki?- Le dirigió la vista sorprendido por sus palabras.

- Hanamichi realmente necesita un pantallazo de realidad. Ha mejorado muchísimo, pero necesita ponerse serio si este año quieren volver a las Nacionales. Por eso te pido que juegues con todas tus fuerzas, aunque eso signifique pasarle por encima.- Y lo miró. Esos ojos ámbar que conocía tan bien ahora brillaban con una intensidad que nunca había visto. ¿Podía volverse más bella cada vez que la veía?. Sacudió la cabeza.

Era obvio que una de las cosas más importantes para ella era Sakuragi. Nunca había pensado que alguien pudiera tener tanta dedicación hacia otra persona, y sin siquiera ser pareja. Esos dos claramente eran iguales, como almas gemelas separadas al nacer. Y las reacciones y acciones que la joven tenía para con el pelirrojo eran algo que lo tenía maravillado. Era amor puro, sin ningún tipo de segundas intenciones. Amor en el más sencillo sentido de la palabra. Y eso era algo que él no conocía. Otra de las tantas cosas que aprendía por ella. Sonrió. Y Kazuki tampoco conocía esa sonrisa. Cálida, acompañada por el leve entorno de sus ojos azules. Esos ojos que parecían ver a través de ella, como leyéndola a cada minuto.

- No tienes que decirlo. Sakuragi puede ser extravagante, pero lo respeto de verdad como deportista. No cualquiera puede aprender lo que él en pocos meses. Tiene un talento nato. Y eso hay que empujarlo.- Se sorprendió a sí mismo de sus palabras.

Akira le parecía totalmente diferente. Algo estaba cambiando en él. Pocas veces habían tenido esa clase de conversaciones. Y esa mirada… Nunca nadie la había mirado así. No se dio cuenta del leve rubor que cubría su rostro.

Pero era él. Había algo diferente en él. Y descubrió que era. Rio para el asombro del muchacho.

- Creo que debes comprarte otra marca de gel para tu cabello, Akira.- Dijo tocándose ella misma los pequeños flecos rebeldes que caían en su frente, indicándole a él donde veía lo mismo.

Sendoh abrió los ojos de par en par. Se tocó la frente, encontrándose con los mismos cabellos rebeldes que habían vencido a la gravedad. Los mismos que ya había visto en el reflejo de un cartel en la estación.

Lo siguiente que Kazuki dijo, fue algo que jamás creyó que pudiera salir de sus labios.

- O sigue usando la misma. La verdad es que te queda bien.- Y ni ella supo porque esas palabras brotaron de ella.

El aire se detuvo entre los dos, caminando lado a lado por la calle. Y todo se quedó quieto. Y nada se oía, más que sus propias respiraciones.

La miró con los ojos abiertos de par en par y el rostro rojo, aún con la mano sosteniendo los pequeños flecos rebeldes en su frente. Era mucho más baja que él, forzándolo a tirar su cuello hacia bajo para verla a los ojos. Y eran los ojos más extraños y hermosos que hubiera visto.

"La hiciste. Realmente, la hiciste" sentía a su cerebro burlarse de ella misma. Solía ocurrir. Y no se le ocurría ninguna otra cosa que decir para salir del aprieto en el que su lengua la había metido. Y si decía algo probablemente iba a embarrarla aún más.

Y solo en ese momento donde el aire se espesó a tal punto que la tensión podía rebanarse a cuchillo, la potente voz de Sakuragi los volvió a la realidad como un pelotazo en la cara.

- ¡OIGAN! ¡DEJEN DE CUCHICHEAR ENTRE USTEDES! ¡PUERCOESPÍN, ENTRA YA!- Vociferó mientras abría la puerta de la cancha. Habían llegado.

Sacudieron sus cabezas, respirando de nuevo. La vio reírse y correr junto a su amigo en un rápido movimiento. Vio a Sakuragi golpear su cabeza con liviandad, mientras ella se le colgaba del brazo. Suspiró mientras se acercaba a paso lento y seguro. Iba a ser divertido.

- Gata…- Dijo Hanamichi en voz apenas audible.

- ¿Mhh?- Lo miró hacia arriba.

- ... Nada. Siéntate en la duela y no molestes. ¡Más te vale que estés de mi lado en el partido!- Dijo volviendo a ser el mismo. No tenía caso hablarle. No era la primera vez que veía a alguien interesarse en ella. Se había a acostumbrado a ver a Yohei mirarla todo el tiempo. Por más que fuera su mejor amigo, nunca le había dicho nada para no alimentar falsas esperanzas en él. Conocía a Kazuki mejor que nadie, y ella no lo veía con los mismos ojos. Pero era la primera vez que la veía a ella con esa expresión…Y el sentimiento de hermano protector se activó en él. Era el Tensai, y ella era la hermana del Tensai. Y todos tenían que pasar su filtro.

- Siempre estoy de tu lado, idiota. Incluso cuando no quiera.- Y se fue a sentar, arrojándose al piso de espaldas al enrejado.- ¡Ya empiecen!- Gritó una vez sentada.

- ¡Cállate y mira al Genio hacer trizas a tu nuevo amigo!- Gritó desde donde estaba, mientras Sendoh sacaba el balón del bolso con una sonrisa.

Solo la miró una vez mientras se volvía a acercar a Sakuragi para comenzar el duelo. Lo que había pasado antes era real. No fue su imaginación. No fue una ilusión. Fue real.

Y él no estaba acostumbrado a cosas reales.

Y el uno contra uno comenzó.


¡Hola a todos!

¡GRACIAAAAAASSSSS por los hermosos reviews que me dejaron!

AkiraSendoh17: ¡Mil mil gracias por tus palabras! Es genial hablar con alguien con la misma pasión por el Puercoespín. Escribir sobre él tiene algo muy bueno, y es que te da la posibilidad de explorar todo lo que no muestra de su personalidad, que es muchísimo.

Espero que este capítulo vaya llenando huecos en eso, y que responda algunas preguntas

Otulissa: ¡Hay que aprovechar si uno más o menos se inspira! Jajajaja. ¡Lamento mucho no haber incluído a Rukawa en éste capítulo! Prometo hacerlo para el próximo! Y veremos qué tan cercanos se vuelven Hanamchi con Haruko, al fin ;)

Pronto estaré actualizando (espero xD). Nos vemos!