Disclairmer: Tanto la historia como los personajes me pertenecen, cualquiera que quiera publicarla en otro sitio necesita de mi autorización. Este fics también está publicado en Potterfics.
Summary: Priscilla Witman, una chica con un poder excepcional que odia, siente que su vida es un asco, pero no podía estar más equivocada. Luego de conocer a Benjamin Rusin su mundo se quiebra para dar lugar a una pesadilla de la cual no sabe si podrá escapar. La única certeza que tiene es que su don la ha conducido a aquel destino desalentador. T por escenas de violencia.
Capítulo 11: Trauma
-¡Detén el coche!- grité asustada.
Escuché el estridente chirrido de las llantas al frenarse el automóvil, me extrañó el hecho de que me hiciera caso. De no llevar el cinturón de seguridad puesto hubiese salido despedida por el parabrisas, pero Benjamín ni se movió de su actual posición, era como si el impulso que había hecho al frenar no le afectara en lo más mínimo.
Sus ojos escrutaban mi rostro y a pesar de que yo no le devolvía la mirada sabía que en ellos había extrema precaución. Sentí como la sangre volvía a mi rostro ruborizando mis mejillas, no me gustaba que me mirase tan intensamente.
Sin prestarle atención a mí compañero bajé del auto y recién ahí noté donde nos encontrábamos. Era una carretera desierta surcada solamente por un denso bosque, seguramente no pasaba ni una persona en horas por ese lugar así que debía enfrentarme a lo que se avecinaba.
Estaba al borde de un ataque de nervios así que suspiré profundo para tranquilizarme y poder pensar bien en lo que me había dicho antes de soltar estas tres simples palabras. Recordé que segundos antes me había pedido que le dijera lo que sabía yo de él, cosas extrañas, que ninguna persona normal o humana poseería, cosas como las que un monstruo podía tener.
-Eres muy rápido- le había dicho- Fuerte- continué recordando- Tus ojos cambian de color y te gusta la sangre…- ese último comentario resonó como un eco en las paredes de mí cabeza y me llevó a recuerdos más lejanos:
…Un asesino, un demente- le solté sin escrúpulos ni miedos, aunque por dentro sabía que eso era lo peor que podía haber hecho. Estar con él sin nadie cerca, era demasiado peligroso y juro que no quería creer en mis propias palabras.
-En lo primero no te equivocas- susurró Benjamín acorralándome contra la pared y posando sus labios en mi oído haciendo que un estremecimiento bajara por mi columna.
-No…- susurré lastimosamente.
-Y eres mi perdición- respondió él agachando su rostro hasta posarlo en mi cuello…
Había sido la segunda vez que me mataba, pero lo que antes no estaba claro ahora era más notable que el Sol.
-Deseas mi sangre- susurré a sabiendas de que no me equivocaba, porque era realmente un vampiro, en aquella primera clase también me había deseado y de no ser por mi condición hubiera obtenido lo que quería.
-Querías la verdad, aquí la tienes- susurró a mis espaldas exaltándome, se encontraba más cerca de lo que esperaba- No creí que te afectara tanto saberlo, ni mucho menos que me creyera tan rápido- comentó como quien no quiere la cosa.
Me giré lentamente miedosa de lo que pasara. Su hermoso rostro tan cerca del mió estaba surcado por una mueca de decepción.
-¿Quieres escuchar la historia larga o la corta?- siguió susurrando y su aliento rozo mis labios. Ahora comprendía por que, en la primera instancia, no le había creído. Benjamín era demasiado perfecto y nadie podría juzgarlo como monstruo mucho menos como alguien sádico, pero yo conocía ese lado oculto, había sido su primera impresión hacia mí.
-Sólo explícame lo necesario- Señalé todavía con nerviosismo.
-Primero que nada, no voy a matarte… o por lo menos lo intentaré- esa última frase me asustó más de lo que ya estaba- Los vampiros somos muy diferentes a los humanos… poseemos capacidades mucho más desarrolladas como los cinco sentidos, unos de estos es el olfato, con él podemos oler la sangre y la esencia de los demás. Hace años que soy esto y la sangre de cada humano tiene diferentes efectos sobre mí, todos tiene olores diferentes, nunca huelen mal, pero hay algunos que son más irresistibles que otros- comenzó un pequeño relato al que presté suma atención, aunque todavía no entendía el por qué me lo contaba, yo quería que me explicara el por qué de sus dos asesinatos contra mí persona, no sus problemas como criatura.
-El primer día que estuve en el instituto y ocupé el asiento a tu lado en aquella clase, fue como si todos los años de mi vida se concentraran juntos en ti. Tu sangre es lo más exquisito que hubiese probado jamás. Intenté resistir a la tentación de matarte en el medio del aula, pero cuando la brisa revolvió tu cabello…me estaba volviendo loco y no pude más-.
-Pero yo nunca lo hubiese hecho de no ser que supiera de tu existencia, de la existencia de un sabor tan increíble. Hubiese hecho cualquier cosa para no encontrarte-.
Cuando terminó su relato estaba fascinada, él no había tenido elección por que su propia condición lo obligaba a matar…a matarme, por otro lado me sentía orgullosa de mi misma, había podido frenar el ataque de un vampiro con mi don. Por primera vez reconocí la efectividad de ese.
-Y ¿Cómo es que ahora no me estas matando? Hay mucha brisa- pregunté.
-Hace una semana no tenía ni la más remota idea de que me encontraría con mi perdición en carne y hueso, además el estar tanto tiempo cerca de ti hace que poco a poco me acostumbre- respondió, al parecer yo no era la única orgullosa ese día- Aunque eso…
-No quiere decir que puedas descontrolarte- terminé su frase.
Nos quedamos en silencio, pero dentro de mi cabeza todo era jaleo. Pensé en todos los encuentros que había tenido con él desde la primera vez que lo vi y esa extraña sensación que me inundaba cada vez que estaba a su lado.
-Me hablaste de la primera vez, pero que pasó en la madrugada del martes ¿Por qué…?- comencé pero me interrumpió.
-Estaba demasiado enojado para poder auto-controlarme, además de que tu estado de ánimo no mejoraba las cosas- agregó como si yo también tuviera la culpa- La ira me sacó de mis casillas y el tenerte tan cerca y vulnerable pronunciaba el deseo…- siguió con preocupación.
-Pero tenía la vaga esperanza de que otra vez ese jueguecito tuyo funcionara así no tendría que recoger tu cadáver luego y borrar las evidencias- terminó como si se tratase de un chiste.
Me regaló una sonrisa cargada de confianza ¿Creía él, qué esto era todo? Pues se equivocaba… pero antes de que pudiera decir nada Benjamín ya estaba subiendo al coche y haciendo me una seña para que lo siguiera.
-Todavía no me has contado nada ¿Me vas a dejar con todas las dudas otra vez?- le dije al abrir la puerta sin entrar al auto.
-¿Qué más quieres saber?- preguntó sin rodeos.
Al escuchar esa pregunta me quedé pensando, quería saber muchas cosas, pero tenía que empezar por una y era obvio que no me las iba a contestar todas.
-¿Por qué, cada vez que estoy cerca de ti, siento un…una sensación extraña?- exigí.
- Es un simple instinto de supervivencia, todo humano que esté a nuestro alrededor lo tendrá, aunque supongo que tú, por ser diferente, lo sientes mucho más- explicó brevemente- Ahora, si eres tan amable, sube- me pidió.
-¿Seguirás contestando a mis preguntas?- pregunté mirando al asiento de copiloto con desconfianza.
-Claro, tu también debes responder a las mías- dijo sonriendo, al parecer su humor había crecido mucho desde hoy.
Me acomodé dignamente en mi asiento y él aceleró retomando la carretera desierta, mientras tanto pensé en otra pregunta.
-¿Tu hermana es…?- no terminé la frase, era difícil hacerse la idea de que en este momento estaba en mi coche con un vampiro como piloto.
-Sí, ella también lo es- dijo esta vez sin muchos ánimos.
-¿Por qué cambian de color tus ojos?- no era algo que me desagradara pero era extraño y difícil de acostumbrarse a ello.
-Cuando tengo sed, hambre como lo llaman ustedes, mis ojos se oscurecen, luego, cuando la sacio toman un color dorado, como ahora- dijo señalándose uno iris.
Una punzada de miedo surco mi pecho y la idea más horrenda que pasó por mi cabeza, tenía que preguntar.
-¿Cómo…? ¿Cómo sacias tu sed?-dije usando su misma expresión.
-Hay algunos vampiros que se alimentan con animales, suplantado la sangre humana por la de animal- explicó como si hablase del clima.
Hice una mueca de asco, no sabía que era más repugnante, que bebiera sangre de humanos parlantes como yo, o que le chupara del cuello la sangre a una vaca, me estremecí. De todas formas era asqueroso.
-Que hipócrita- susurró lo bastante fuerte para que lo oyera al notar mi reacción. Lo miré con el seño fruncido- No me mires así ¿O ahora me vas a decir que eres vegetariana? Por que si no lo eres, es obvio que tú has comido un cerdo, un pollo, una vaca, hasta podrías haber comido un ciervo- dijo acusadoramente.
Lo pensé brevemente, tenía razón, ambos nos alimentamos de animales, pero de todas formas no era lo mismo la sangre de un cerdo que el jamón, o por lo menos quería hacerme la idea de que así fuera.
-Si lo piensas de esa manera es más fácil- explicó- Al fin y al cabo, todos necesitamos matar a otro ser para sobrevivir, es pura supervivencia.
-Es lo único en que nos parecemos- dije apuntando el punto.
-No, también tenemos el mismo aspecto- aclaró lo miré alzando una cejas.
-Claro, un adonis era lo mismo que un humano común y corriente- pensé con sarcasmo en mi fuero interno.
-Está bien, no seremos tan parecidos, pero ambos tenemos la misma anatomía humana- cedió ante mi mirada.
Entonces el auto frenó, lo miré extrañada.
-¿Está no es tu casa?- preguntó mirando por la ventana de mi lado.
Al girarme la vi, sí, era la casa de Serena ¿Cómo sabía a dónde vivía? Era obvio que el tiempo de responder preguntas se había acabado… por hoy.
-¿Cómo iras a tu casa? ni creas que te voy a prestar el auto- dije mucho más relajada ahora que sabía que no estaba tan sola y alejada de la humanidad como en aquella carretera.
-No te aflijas, puedo volver casa sin la necesidad de tu precioso Gol- respondió con sarcasmo, estuve por sacarle la lengua- He contestado a tus preguntas, mañana tu contestaras las mías, nos vemos- y dicho esto bajó del auto y se alejó caminando por la acera dejándome completamente perpleja.
Este tipo no sólo era un vampiro que deseaba enloquecidamente mi sangre, si no que estaba completamente desquiciado.
Y eso…me agradaba.
