Ranma ½ es propiedad de Viz comunications y Rumiko Takahashi.

No es tan malo cuando te acostumbras

Por

Dr Facer

- Capítulo 12 -

Asuntos de chicas.

0-0

Nabiki Tendo estaba bastante frustrada. Se había pasado ya casi dos días pensando en cómo hacer que Kuno entendiera la maldición de Ranma y no podía pensar en nada que pudiera resultar efectivo. La razón era muy simple: Tatewaki, a pesar de tener una inteligencia normal, era demasiado terco y cuando se obsesionaba con algo, era casi imposible hacerlo ver las cosas de otro modo. Esta frustración había sido responsable de que el paseo con su familia en la playa le hubiera resultado menos divertido de lo que esperaba.

—Aún así—, murmuró Nabiki—. Debe de existir algún modo de hacer que ese tarado entienda las cosas.

Volviendo a meditar sobre el problema a la mano, Nabiki se limitó a comer su rebanada de sandía mientras observaba cómo su hermana menor y su futuro cuñado (transformado en una linda chica pelirroja en ese momento) se divertían jugando voleibol de playa con otras chicas que habían conocido poco antes. Kasumi se mantenía entretenida leyendo uno de sus muchos libros de medicina y su padre simplemente se contentaba con conversar con el tío Genma mientras ambos bebían cerveza y comían sandía. En general, todo estaba perfecto y bastante pacífico.

—¡Pero qué maravillosa sorpresa, encontrar a este par de celestiales ángeles en esta playa es definitivamente una causa de celebración, mi corazón arde en llamas de amor por ambas!

La persona que lanzó semejante cursilería no había sido otro sino Kuno Tatewaki.

Nabiki lanzó una maldición en voz baja. No tenía ganas de ver al necio de Kuno en ese momento.

—¡Diosa de la trenza, Akane Tendo!— Exclamó Kuno, corriendo con los brazos abiertos hacia las dos jovencitas en cuestión—. ¡Celebremos este glorioso encuentro con una muestra de nuestro amor!

Como era de esperarse, en cuanto Kuno estuvo a la distancia adecuada, Ranma y Akane lo patearon con tal fuerza que lo lanzaron lo bastante lejos como hacerlo desaparecer al menos por unas cuantas horas.

—¡No esperaba ver a ese idiota aquí!— Se quejó Ranma—. ¡Eso era lo único que no necesitaba!

—Tal vez no regrese—, comentó Akane—. Lo lanzamos bastante lejos esta vez.

—Akane, por si lo olvidabas estamos hablando de Kuno—, respondió Ranma con una mueca de asco—. Volverá pronto, lo sé.

—Sí, tienes razón; en especial porque ya nos ha visto—, Akane sonó decepcionada—. Y yo sí quería divertirme este fin de semana.

Pocos minutos después Nabiki, que se había alejado de la familia para no tener que decirle excusas a Ranma, se encontró con una sorpresa bastante inesperada. Un puesto cerca de la playa atendido por Shampoo y su bisabuela.

—¡Hola Nabiki!— Saludó Shampoo al notar que ella se acercaba—. ¿Has venido para entrenar?

—No, hoy no, gracias—, respondió la mediana de las Tendo—. ¿Qué hacen por aquí, y Mousse?

—Decidimos venir y aprovechar haciendo negocio con los turistas—, explicó Cologne—. Mousse y el padre de mi bisnieta se quedaron atendiendo el restaurante en Nerima, así ganaremos más dinero.

Nabiki sonrió—. Veo que tiene más sentido para los negocios de lo que pensaba, abuela.

—¿Por qué no salen tú, Akane y Kasumi conmigo esta noche?— Invitó Shampoo de repente—. Nunca he visitado una discoteca y aquí hay varias, además, la zona parece segura.

—Por mi no hay problema, Kasumi seguramente dudará un poco pero creo que al final aceptará—, Nabiki hizo una pausa—. Dudo que Akane quiera ir sin Ranma, han estado muy juntos estos últimos días.

La joven de cabello azul hizo una mueca de decepción, pero la cambió de inmediato—. No importa, si Akane quiere traer al travestido, por mi está bien. No puedo dejar que él me arruine la diversión.

—Bien, entonces yo les haré la invitación—, prometió Nabiki que sin más se quedó sentada en la barra del puesto, hundida en sus pensamientos.

—¿Algún problema?— Preguntó Cologne luego de que la muchacha Tendo se mantuviera en silencio durante un rato—. Quizás pueda ayudarte.

—No a menos que sepa como hacer cambiar de opinión al hombre más terco y pervertido del planeta.

Cologne comenzó a reír, el comentario de Nabiki le había recordado a cierto diminuto practicante de artes marciales que había conocido hacía mucho tiempo—. Dime tu problema y juzgaré yo.

Agradecida, la joven Tendo le contó a Cologne todo acerca de Kuno y su dilema sobre cómo hacerle ver que Ranma y su forma femenina eran la misma persona. Shampoo, que había estado ocupada atendiendo a un par de clientes, se acercó cuando éstos se marcharon y también logró escucharlo todo.

—¿En realidad es este niño Tatewaki tan necio?— Preguntó Cologne.

—Nabiki no miente—, comentó Shampoo, que ya había tenido que lidiar con Kuno en la preparatoria.

—Lo único que se me ocurre para forzarlo a entender es hacerlo sufrir la maldición en carne propia—, dijo la mediana de las Tendo con cansancio—. Pero eso es imposible.

Shampoo y Cologne se miraron entre sí.

—Quizás no lo es tanto—, comentó Cologne.

—¿De qué habla?— Preguntó Nabiki.

—Ya lo verás—, respondió la anciana.

Kuno Tatewaki, sentado en su área privada de la playa, se preguntaba en qué había fallado al acercarse a la diosa del cabello de fuego y a la divina Akane Tendo. Estaba seguro de que ambas estarían felices de tenerlo cerca para alegrarles la vista durante sus vacaciones. ¿En qué se había equivocado? No podía entenderlo. ¿Quizás debió haberse dirigido a cada una por separado y no al mismo tiempo? ¡El muchacho sintió que su vida se iluminaba, eso debió ser, al hablarle a las dos al mismo tiempo las había hecho sentirse tan celosas que no pudieron contenerse y por eso lo mandaron a volar!

—¡Es la única explicación!— Se dijo Kuno—. ¡Pobres ángeles míos, es mi deber asegurarme de compensarles por mi mal comportamiento!

—Antes de que hagas eso Kuno… ¿qué tal si me escuchas por un momento?— Preguntó Nabiki que llegó en ese instante a donde estaba Tatewaki.

—¿Nabiki Tendo?— Kuno miró extrañado a la recién llegada—. ¿Qué deseas?

La muchacha se sentó—. No mucho, sólo hacerte una pequeña oferta.

—¿En qué consiste?

Nabiki sonrió y le mostró a Kuno un enorme montón de fotos de Ranma en su forma de chica—. Sucede que tengo todas estas fotografías de tu diosa de la trenza y como son las últimas que podré venderte, creí que te interesaría tenerlas todas de una vez.

—¿Las últimas?— Kuno se mostró preocupado—. ¿Porqué?

—Lo entenderás dentro de poco—, dijo ella—. ¿Las quieres o no?

—Si son las últimas, ¡por supuesto que sí!— Replicó él.

—Excelente—, dijo Nabiki con su mejor sonrisa de negocios—. Son tuyas por treinta mil yen.

—¿Tre-treinta mil yen?— Tatewaki levantó los brazos—. ¿Crees que puedes cobrarme lo que sea?

—Sí, eso creo—, contestó Nabiki sin perder la calma—. Pero si no las quieres, mejor las tiraré al mar.

—¡Nunca!— Gritó Kuno, sacando de inmediato un manojo de billetes que le entregó a Nabiki—. ¡Esas fotos sólo merecen estar en mis manos!

La joven Tendo se guardó el dinero de inmediato y permitió que Kuno revisara todas las fotos antes de continuar con lo que en realidad quería decirle.

—Son excelentes—, admitió Kuno luego de guardar las fotografías en su mochila de playa—. ¿Porqué son las últimas?

—Bueno…— comenzó Nabiki—. ¿Recuerdas cuando te dije que el cuerpo y alma de la chica de la trenza le pertenecían a Ranma?

—¡No necesito que me recuerdes esa horrible situación!— Se quejó Kuno—. ¡Pero juro que no durará, pues pronto liberaré a esa cándida musa de incomparable belleza y…!

—Olvida el guión de novela romántica barata por un momento—, le interrumpió Nabiki—. Escucha lo que voy a decirte y pon atención por una vez en tu vida. Si me haces caso, podrás dejar de hacer el ridículo frente a todos los alumnos de la escuela.

—¿A qué te refieres? El poderoso relámpago azul nunca hace el ridículo.

—Sólo escucha… ¿has oído hablar alguna vez de los manantiales malditos de Jusenkyo?

—¿Los qué?

—Hay una región en China llena de manantiales malditos, si te caes en uno, quedarás condenado a convertirte en lo que sea que se haya ahogado allí cada vez que te moje el agua fría durante el resto de tu vida—, explicó ella.

—¿Y eso que tiene qué ver conmigo y con la diosa de la trenza o los alumnos de Furinkan?

—Mucho—, dijo Nabiki—. ¿No me digas que aún no te das cuenta?

—¿Cuenta de qué?

—De que…— Nabiki hizo una pausa.

—¡Dime ya!— Exclamó Kuno.

—Está bien… ¡vaya, qué carácter tan irritable!— Se quejó ella—. Lo que trato de decirte es que Ranma y tu chica de la trenza son la misma persona.

Kuno soltó una carcajada—. ¡No hagas bromas estúpidas, Nabiki Tendo!

—Sabía que no me creerías, así que…—, diciendo esto, Nabiki sacó de… alguna parte… una pequeña tina azul de plástico y la colocó frente a Kuno—. Muy bien, llena esto de agua y te explicaré.

Murmurando su desconcierto, Kuno hizo lo que le pedían y llenó la tina con agua de mar—. Listo.

—Excelente—, Nabiki procedió a sacar de su bolsillo un pequeño paquete que le mostró a Tatewaki.

—¿Qué es eso?— Preguntó él.

—Es polvo para crear un manantial maldito de Jusenkyo instantáneo—, le dijo Nabiki—. Una amiga de China me lo dio el día de hoy. Me servirá para explicarte lo que te acabo de decir sobre Ranma.

—No entiendo.

—Eso no me sorprende—, La mediana de las Tendo abrió el sobre y vació su contenido dentro de la tina.

—El agua se ve igual—, comentó Kuno.

—Pero no lo es. Este es un manantial temporal de Nyanniichuan, el pozo de la mujer ahogada—, explicó ella—. Ranma cayó en el manantial permanente cuando viajó a China. ¿Ya entiendes Kuno?

—¿Caer allí le dio poderes mágicos para ocultar a la chica de la trenza?

—¿Eres idiota o sólo te esfuerzas mucho por serlo?— Preguntó una frustrada Nabiki—. ¡Ranma se convierte en chica cuando se moja con agua fría!

—¡Mientes!— Exclamó Kuno.

—¡Si no me crees entra en la tina y verás por ti mismo lo que sucede cuando te mojas con agua de Jusenkyo!— Retó Nabiki—. ¿O tienes miedo?

—¡Por supuesto que no tengo miedo, el gran relámpago azul no le teme a nada!— Sin esperar la respuesta de Nabiki, Kuno se sentó dentro de la tina y... —AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHH!

En otro lugar, bastante lejos de donde estaban Nabiki y Kuno, Akane dejó de comer su helado al escuchar un terrible alarido de pánico.

—Eso sonó feo.— Le dijo a Ranma—. ¿Qué habrá sido?

—No tengo idea—, respondió la pelirroja, haciendo una pausa mientras comía su helado triple—. Pero no importa lo que haya sido, si es algún problema no tardarán en venir a buscarnos para que lo resolvamos. Siempre lo hacen.

—Supongo que tienes razón—, aceptó Akane, que volvió a comer su helado.

Kuno Tatewaki estaba asustado, indignado y completamente confundido. El hecho de que una de las partes más amadas de su anatomía había desaparecido siendo remplazada por otra cosa, sumado a la ligera novedad de que ahora tenía senos, había bastado para llevarlo a un ataque de pánico.

—Cálmate, Kuno—, pidió Nabiki—. Volverás a ser hombre si te vacías un poco de agua caliente encima.

No bien hubo escuchado eso, Kuno salió disparado hacia su mochila en la que rebuscó hasta dar con un termo lleno de té caliente, el cual se echó de inmediato sobre la cabeza.

—¿Qué magia infernal es esta?— Preguntó cuando volvió a ser un varón.

—La misma que ha hechizado a Ranma—, respondió Nabiki—. Sólo que la maldición de Ranma es permanente, a ti se te pasará en un par de días.

—¿Eso quiere decir que todo este tiempo he estado persiguiendo a un hombre?— Preguntó Kuno, a punto de entrar en shock—. ¿A un hombre que se transforma en mujer? ¡Qué asco, ya no lo haré más!

—Esperaba oír eso—, dijo La joven Tendo—. Es bueno ver que te queda algo de sentido común.

—¡Pero no tenías que hechizarme para hacérmelo entender!— Gritó furioso—. ¡No era necesario!

—Eso dices ahora—, dijo Nabiki con una sonrisa que destilaba sarcasmo—. Pero tú y yo sabemos que era la única manera. ¿Ya entiendes porqué no habrá más fotos de la pelirroja?

Kuno no respondió; de repente había comenzado a sentirse como un idiota.

—Si no tienes nada más que decir, me iré—, se despidió Nabiki—. Por cierto, si yo fuera tú, me mantendría lejos del agua fría por tres o cuatro días. Hasta luego, Kuno.

—¡Lo he logrado Saotome!— Anunció Nabiki, entrando en la heladería y sentándose junto a su hermana menor y su cuñado—. Nuestro amigo Kuno dejará de perseguir a la diosa de la trenza.

Akane y Ranma se congelaron de la impresión.

—¿En serio?— Preguntó la pelirroja—. ¿C-co-cómo lo conseguiste?

—¡Sí Nabiki, dinos cómo lo lograste!— Pidió una sorprendida Akane.

Nabiki le lanzó un guiño a su futuro cuñado y a su hermana—. Sólo tuve que usar un poco de astucia femenina—, dijo ella—. Eso, y un manantial temporal de Jusenkyo para hacer que el buen Kuno comparta la maldición de Ranma por unos días, fue una experiencia que digamos… le abrió mucho los ojos.

Ranma pasó saliva—. Ni siquiera voy a preguntar cómo diablos conseguiste crear un manantial temporal de Jusenkyo.

—Sabia decisión, cuñadito—, respondió Nabiki levantándose—. Por cierto Akane, Kasumi y yo nos veremos con Shampoo esta noche para ir a bailar y tú y Ranma también están invitados.

Akane sonrió, agradecida por el cambio de tema y porque la idea sonaba divertida—. ¡Gracias, sí iremos!

—Bien, pues yo los dejo solos par de tortolitos—, comentó Nabiki un poco en broma—. Pero guarden energías para esta noche, que lo pasaremos fenomenal, se los garantizo.

Algunas horas después…

Kasumi y Nabiki se veían bastante bien. Mientras que Kasumi había preferido usar vaqueros grises, una camisa blanca y una chaqueta azul, Nabiki llevaba un juego de falda y camisa roja. Akane había decidido usar un conjunto amarillo que la hacía verse, al menos en opinión de Ranma, bastante bonita. En cuanto al joven Saotome, él no había visto necesidad de vestirse de un modo distinto, aunque sí llevaba sus ropas más nuevas y limpias.

—Shampoo no debe de tardar en llegar—, anunció Kasumi—. Dijo que llegaría a nuestro hotel a esta hora.

—Y allá viene—, indicó Nabiki. Efectivamente, Shampoo se acercaba, vestida con uno de sus cortos vestidos de una pieza, la chica de cabello azul lucía extremadamente sexy.

—¿Están listas muchachas?— Preguntó Shampoo cuando estuvo junto a las tres hermanas—. ¡Esta noche no vamos a parar hasta que ya no podamos estar despiertas!

—Eso sería… interesante—, comentó Kasumi, que hizo una nota mental de mantener vigiladas a las tres chicas más jovenes—. No recuerdo haber hecho algo así antes. Pero creo que estará bien mientras tengamos cuidado.

—Sí, eso es verdad—, aceptó Akane—. Pero no tenemos de qué preocuparnos, Ranma estará con nosotras.

—Cierto, y debería estar feliz de ser el guardaespaldas de cuatro chicas tan lindas como nosotras—, dijo Nabiki, sonriendo ante la broma compartida entre ella y sus hermanas.

—Yo no necesito un guardián—, comentó Shampoo mirando a Ranma con desgano—. No importa, será mejor que nos vayamos ya.

Y así, mientras caminaba detrás del cuarteto de ansiosas adolescentes, Ranma Saotome no pudo evitar pensar que las cosas pronto se saldrían de su control.

Seis horas después, a las dos de la mañana, Ranma por fin pudo arrastrarse a la habitación del hotel que compartía con su padre, llevaba los oídos aturdidos por la música de la discoteca y su cuerpo estaba prácticamente molido luego de tener que bailar sin cesar con cuatro adolescentes que parecían incansables. Tirándose en su colchoneta, el joven Saotome no pudo evitar pensar que efectivamente, las cosas se le salieron de las manos.

—¿Cómo fue tu primer salida con las muchachas, hijo?— Preguntó Genma, que aún estaba despierto.

—Horrible papá—, respondió un agotado Ranma—. Esas cuatro niñas… ¡eran como máquinas!

Genma rió un poco—. Lo sé hijo, las mujeres generalmente son así cuando salen a divertirse. No sé como lo hacen, pero parece que consiguen una cantidad ilimitada de energía.

La respuesta de Ranma consistió en un estruendoso ronquido. El señor Saotome sonrió, no le sorprendía que su hijo estuviera exhausto, de hecho, le sorprendía que hubiera sido capaz de seguirles el ritmo a las hijas de Soun y a la amazona por tanto tiempo y aún lograr llegar hasta la habitación del hotel. De cualquier modo, eso no importaba mucho. Lo que importaba era que las cosas entre Akane y Ranma avanzaban muy bien. Genma abrió la ventana y encendió un cigarrillo, si las cosas seguían por este camino, podría llevar al muchacho a conocer a Nodoka antes de lo previsto y sin temer que algún desastre sucediera. ¡Demonios, si hasta era muy posible que su linda esposa no se molestaría por el hecho de que el muchacho se transformara en mujer!

Mientras, Ryoga y Azusa…

Azusa Shiratori se sentó en silencio frente a Ukyo Kuonji. Normalmente, a la patinadora no le habría interesado ir a visitar el puesto de la cocinera, pero este día tenía una muy buena razón para hacerlo y por lo tanto, aquí estaba.

—¿Qué haces aquí?— Preguntó una sorprendida Ukyo luego de atender al último cliente—. Acaso quieres probar mis okonomiyaki?

—Eso no me molestaría—, respondió Azusa—. Pero la verdad es que vengo a darte algo—, al decir esto, la niña Shiratori le entregó a Ukyo un sobre.

—¿Qué es esto?

—Una carta de Ryoga—, respondió la patinadora—. Verás, Ryoga no podrá entrenar contigo hoy, su padre regresó ayer y los dos entrenarán juntos por un par de días; por eso Ryogita me pidió que te trajera esta nota en donde se disculpa contigo.

—¿Ryogita? Y a mi me regañas por llamarlo Ryo-chan—, comentó Ukyo mientras abría el sobre—. En fin, veamos qué dice el buen Ryoga.

Sentada con los brazos apoyados en la barra, Azusa esperó en silencio a que Ukyo terminara de leer la carta, pensando en lo divertido que sería ir con Kaede a pasar la tarde al parque de diversiones.

—Bueno, de acuerdo con esto, puedo ver que no mientes—, dijo Ukyo al terminar de leer su nota.

—Claro que no miento, Ryoga también canceló la cita que tenía conmigo hoy.

—Supongo que eso te deja sin planes a ti también—, comentó la cocinera.

—No realmente, iré con una amiga al nuevo parque de diversiones.

—Oh, ya veo—, Ukyo parecía algo desanimada.

—¿Te pasa algo?— Preguntó Azusa.

—No es nada, no te preocupes—, dijo la chica Kuonji, ocultando el hecho de que en realidad había esperado saber que Azusa tampoco tendría nada qué hacer, así al menos ya habrían sido dos y no solo ella—. Es sólo que yo… no, mejor olvídalo.

—Como quieras—, respondió Azusa un poco pensativa—. Oye… ¿porqué no vienes con nosotras?

—Pensé que yo no te caía bien.

—Ryoga quiere que tu y yo seamos amigas—, confesó la joven Shiratori—. Me contó que tú no tienes muchas amistades y simplemente le parece buena idea… No sé tú, pero yo estoy dispuesta a intentarlo.

—Porque te lo pidió él, me supongo.

—Sí, por eso mismo—, admitió Azusa—. Porque me lo pidió él… y además, no pareces una mala persona; quizás valga la pena que salgas con nosotras… ¿no lo crees?—.

Ukyo se cruzó de brazos mientras pensaba las cosas. Por un lado, tenía que entrenar para poder asegurar su venganza sobre los Saotome. Por el otro, tenía años que no se tomaba un día libre.

—¿Y bien?— Insistió la patinadora.

—Lo haré—, dijo Ukyo ofreciéndole la mano a la patinadora—. Ya me merezco un día de descanso.

Azusa tomó la mano de la cocinera—. Perfecto; vamos a la casa de mi amiga Kaede, allí podremos dejar pasar un par de horas antes de ir al parque de diversiones.

—Si no te molesta… ¿podríamos ir primero a mi departamento? Tengo que guardar el puesto y cambiarme de ropa, además de que necesito contar el dinero que gané hoy.

El modesto edificio de departamentos en donde vivía Ukyo tenía ocho pisos y un pequeño estacionamiento, en donde la joven chef guardó y aseguró con una cadena su puesto.

—No hay que confiarse—, le dijo a Azusa—. Ya me lo han robado antes.

—¿Y lograste atrapar al ladrón?— Preguntó Azusa.

Ukyo recordó a Ranma y a Genma y frunció el ceño—. No, todavía no. Pero aún estoy buscándolo para darle su merecido… en fin, vamos a mi palacio.

Luego de subir las escaleras hasta el cuarto piso, Ukyo abrió la puerta de su departamento, era una estancia pequeña, de sólo una habitación, una sala-cocina y un medio baño que no incluía ducha.

—¿Cómo puedes vivir aquí?— Preguntó Azusa en voz baja luego de hincarse junto a la mesita de la sala.

—No todas tenemos la ventaja de ser hijas del dueño de Shiratori-Technologies—, respondió Ukyo con sequedad.

Azusa se encogió en su lugar, apenada por su comentario—. Perdón, a veces soy muy bocona.

Ukyo sonrió un poco—. No hay cuidado; de hecho podría pagar algo mejor, pero estoy ahorrando para comprar un amplio local de dos pisos en donde abriré mi restaurante y también tendré mi casa.

—¡Vaya, debes ser muy hábil manejando el dinero!— Se asombró la joven Shiratori.

—Un poco—, dijo Ukyo con orgullo—. Un poco.

—¿Y me imagino que ése es tu mayor sueño?

La joven Kuonji se hincó al otro lado de la mesa—. Eso, vengarme de cierto insecto rastrero y por supuesto, casarme con mi príncipe… ¿no es la fantasía de cualquier chica?

—Bueno… yo quiero ganar el oro en las olimpiadas, manejar la fundación de caridad de la compañía de mi padre y…— Azusa se detuvo.

—Casarte con Ryoga. ¿Me equivoco?— Completó Ukyo.

Azusa se sonrojó un poco—. No, no te equivocas.

—Tienes mucha suerte… ¿sabes?— Dijo Ukyo—. Ryoga es guapo, amable, muy buen amigo y si no fuera tu novio… en fin, Ryoga es un gran tipo.

El sonrojo en el rostro de Azusa se incrementó—, lo sé, Ryoga es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo, gracias a él soy una persona mejor.

—¿Tanto así?

La joven Shiratori asintió—. Estar con él me ha ayudado mucho.

Picada su curiosidad, Ukyo no pudo evitar preguntar sobre eso—. ¿A qué te refieres?

—No sé si contarte.

—Vamos, ¿A quién se lo voy a decir?— Dijo Ukyo mientras le pasaba a Azusa una lata de té helado y ella se abría otra—. Fuera de Ryoga y de ti, no tengo lo que se dice muchos conocidos. Cuéntame tu historia. ¿Cómo lo conociste?

Por un momento, Azusa miró con desconfianza a Ukyo, pero luego se relajó—. Está bien. Todo sucedió de este modo…— Y así, la joven Shiratori procedió a contarle a Ukyo todo lo que le había pasado desde que conoció a Ryoga aunque evitando mencionar, desde luego, que su prometido había sido en un momento el cerdito Charlotte.

—Interesante—, comentó Ukyo al final del relato—. ¿Así que gracias a tu compromiso lograste vencer tu hábito de tomar las cosas de otras personas?

—Así es—, dijo ella—. Ukyo, te agradecería si no divulgas esto, es la primera vez que le cuento tanto de mi vida a alguien que prácticamente acabo de conocer.

—Tranquila, cariño. No soy una soplona—, la joven cocinera se acercó a Azusa—. Pero algo me llamó mucho la atención, mencionaste a un tal Ranma. ¿De casualidad no se apellidaba Saotome?

—Sí, ese mismo—, respondió la patinadora—. ¿Lo conoces?

—¡Claro que conozco a esa basura humana!— Exclamó Ukyo—. ¡Es por su culpa que tengo que fingir que soy un hombre todos los días!

Ahora fue el turno de Azusa de sentirse curiosa al respecto—. ¿En serio, porqué no me lo explicas?

Ukyo se mordió los labios—. ¿Me juras no decirle nunca a nadie?

La patinadora asintió.

—Muy bien—, Ukyo suspiró y comenzó su relato. La joven Kuonji se abrió por completo con su nueva amiga, contándole cómo Ranma y Genma la abandonaron luego de prometerle que la llevaría y la harían esposa de Ranma, como las demás niñas en la primaria se burlaron de ella por no ser lo bastante femenina y cómo, al final, se decidió por ocultar su feminidad hasta que obtuviera su venganza.

—Vaya, parece que Ranma es peor de lo que pensaba—, comentó Azusa después de un momento de silencio—. Si me hubiera hecho eso… yo tampoco descansaría hasta hacerlo polvo.

—Es bueno ver que entiendes—, dijo Ukyo—. Vengarme de Ranma es ahora una de las pocas cosas que en verdad me importan.

—Honestamente no creo que sea buena idea que tú pelees con Ranma—, aconsejó Azusa con un tono serio—. Yo he peleado con él y te aseguro que el único artista marcial que conozco capaz de estar a su nivel es Ryoga.

Ukyo pasó saliva, preocupada por esta nueva información—. Bromeas, Ranma no puede ser tan fuerte como Ryoga.

—No lo aseguro, pero a juzgar por lo que vi en la copa Charlotte, los dos están muy parejos.

—¡Eso es injusto!— Se quejó Ukyo—. ¡Ryoga es mucho mejor que yo, si él y Ranma están parejos no podré ganarle!

—Lamento haberte dicho esto—, se disculpó Azusa.

—No digas eso—, Ukyo estaba sintiéndose muy frustrada con la nueva información pero no podía culpar a su invitada de ello—. Esto es mi culpa. ¡No he entrenado lo suficiente como para enfrentar a ese miserable gusano y vencerlo!

—Tal vez lo que sucede es que no has tenido un buen maestro.

Ukyo se cruzó de brazos—. Quizás, además de mi padre, nunca me ha entrenado nadie más.

—Yo podría enseñarte algunas cosas de patinaje artístico de combate.

—Olvídalo amiga, yo no sé patinar y no me interesa aprender.

—Podrías ganar mucha velocidad aprendiendo—, insistió Azusa.

—¿En serio?… pues entonces lo pensaré aunque no te prometo nada—, aceptó Ukyo.

Poco después…

—Hay algo que no entiendo—, comentó Azusa al mirar la ropa con la que Ukyo se había cambiado: un pantalón negro y una camisa de botones azul oscuro. Un conjunto extremadamente masculino.

—¿Qué es?

—¿No te cansas? Es decir… ¿No te duele?— Preguntó la patinadora y señaló los senos de la cocinera—. Las tienes más grandes que yo, no entiendo cómo soportas mantenerlas apretadas con esas vendas.

—La verdad sí es muy incómodo—, respondió Ukyo—. Pero es tolerable.

Azusa hizo una mueca—. Yo no podría acostumbrarme. ¿Por qué no usas un sostén por el día de hoy en vez de llevar los senos aplastados? Te apuesto que te sentirás mejor.

—No puedo, prometí fingir ser hombre hasta…

—Que te vengaras de Ranma—, interrumpió Azusa—. Ukyo, no se si ya te enteraste, pero el siglo quince pasó hace ya varios cientos de años.

—¿Insinúas que soy anticuada y que debo olvidar mi venganza?— Se quejó una dolida Ukyo.

—Tú no eres anticuada, pero esa idea de ocultar tu busto sí lo es. Lo que insinúo es que no puedes pasarte la vida fingiendo ser hombre sólo porque tus amigas en la escuela primaria fueron malas contigo—, explicó Azusa—. Deberías ser más práctica. Claro, puedes fingir ser hombre cuando tengas tu combate con Ranma, pero no veo necesidad de que lo hagas todo el tiempo. ¿Cómo vas a demostrarle a esas niñas groseras que sí eres femenina si te disfrazas de hombre todo el tiempo?

—Es que…— comenzó Ukyo, mirando a Azusa con una expresión de sorpresa. La patinadora tenía un buen punto—. La verdad nunca lo había pensado de ese modo.

—¿No crees que tengo razón?— Preguntó Azusa.

—No lo sé…— Ukyo no se sentía muy convencida de esto, había muchos riesgos… ¿qué tal si ya no sabía comportarse como una chica? Luego de diez años fingiendo ser varón, eso sería muy probable.

—¿Por qué no lo intentas al menos el día de hoy?— Pidió Azusa—. ¿Qué es lo peor que podría pasar? No es como si te fueras a encontrar con todas las personas que conoces… ¿o sí?

—No, de hecho no—, murmuró Ukyo. La idea estaba comenzando a agradarle—. Sería... interesante intentarlo… al menos eso creo…

—¡Pues ya está!— Exclamó Azusa—. Anda… ¡fuera con esos vendajes y saca uno de tus sostenes, que hoy tendrás un día de chica conmigo y Kaede!

Ukyo suspiró y se rindió, la idea de Azusa no era mala y… en realidad le parecía interesante. Además, como había dicho Azusa… ¿quién se iba a dar cuenta? Y ultimadamente, en ningún lugar estaba escrito que no podía divertirse de vez en cuando; a fin de cuentas, gracias a la información que acababa de recibir de la joven Shiratori, Ukyo ya sabía en dónde encontrar a Ranma y también sabía que tendría que entrenar más para poder ganarle. Su venganza había avanzado mucho gracias a esa simple conversación así que bien valía la pena tomarse un día sin fingir ser algo que no era y tratar de divertirse antes de volver a dedicarse a cazar a los Saotome con más fuerza.

—¡En realidad te vez muy bien, Ukyo!— apreció Azusa una vez que su amiga cocinera se puso el sostén y una camisa y unos pantalones más femeninos y como complemento final, Ukyo se ató su cabello con un listón muy blanco.

—¿En verdad?— Preguntó la nerviosa joven Kuonji—. ¿No es demasiado?

—¡Claro que no!— Repicó la niña Shiratori—. Te ves bien… ¿de acuerdo? Ahora vamos que de seguro Kaede ya nos está esperando.

—Pero… quizás esto no está bien, yo…— Antes de que Ukyo pudiera cambiar de opinión, Azusa la tomó de la mano y la sacó del departamento.

Varias horas más tarde, Ukyo Kuonji, Azusa Shiratori y Kaede Yamane salían juntas del parque de diversiones. Caminaban entre risas y las tres estaban de muy buen humor. En especial Ukyo, que nunca se había divertido tanto en toda su vida. El paseo en la feria había sido fantástico. Los juegos mecánicos y sobretodo la montaña rusa, le habían parecido una maravilla y la casa embrujada fue una experiencia increíble para ella. Ukyo había pasado en realidad un día excelente. ¡Incluso ella y sus nuevas amigas se habían ganado premios en los juegos de habilidad!

Aunque lo mejor para Ukyo fue que en más de una ocasión, algún muchacho se giró para seguir mirándola. Esa era toda la prueba que Ukyo necesitaba para convencerse de que era tan femenina como cualquier otra chica de su edad. Eso y la certeza de que los muchachos, como Ryoga por ejemplo, podían pensar que ella era en verdad linda.

—Bueno chicas, yo aquí las dejo—, anunció Kaede cuando llegaron a la calle donde estaba su casa—. Azusa, Ukyo, el día estuvo genial, habrá que repetirlo pronto. ¿Les parece?

—Por supuesto—, respondió Azusa—. ¡La siguiente iremos al parque acuático!

—Excelente. ¡Hasta luego!

—¡Hasta luego!— Se despidió Azusa.

—¡Adiós!— Completó Ukyo.

Finalmente, Ukyo y Azusa llegaron a la mansión Shiratori.

—Vaya—, Silbó Ukyo sorprendida—. Tu casa es impresionante.

—Gracias—, respondió Azusa—. ¿Gustas pasar?

—En otra ocasión. Debo ir a preparar los vegetales para vender mañana—, contestó la joven cocinera—. Pero no te preocupes, que no olvidaré la invitación.

—Muy bien—, dijo la niña Shiratori—. Entonces nos veremos luego.

—Claro que sí… ¡adiós!

Unas cuantas calles más adelante Ukyo, que aún sonreía, examinó la muñeca que había ganado en la feria y no pudo evitar soltar una risita. Era la primera muñeca que tenía en diez años y le encantaba. Le encantaba el hecho de poder sostenerla y caminar vestida como mujer sin que nadie le dijera nada. Era maravilloso.

—¡Y al diablo!— Murmuró Ukyo—. Sólo fingiré que soy hombre cuando esté por atrapar a Ranma, ¡él no se merece que yo sufra tanto!

Convencida de que había decidido lo correcto, Ukyo Kuonji comenzó a tararear una canción mientras caminaba a su departamento.

Continuará.

0-0