Al despertar todo me parecía un poco diferente. Los ojos me habían amanecido hinchados a causa de las lágrimas que había derramado, me levanté y me di un baño con agua fría.

Mientras desayunaba, no podía dejar de pensar en la noche anterior, mi madre me miraba extrañada por mi cambio de actitud. Lucía enojado, molesto, impotente. Lavé mis platos y decidí que ya no haría nada. Que ahora lo único que haría era quererla en silencio, dejar de rogarle, dejar de buscarla. Aunque había dicho que jamás lo haría, debía pensar bien antes de actuar, no dejaría de quererla, eso nunca, pero tampoco podía rebajarme tanto. Gracias a Dios lo había entendido.

Salí a dar un paseo y a despejar mi mente, debía pensar claramente, ¿qué me estaba pasando?, me estaba dejando llevar y controlar por una mujer…una mujer que amaba con locura y que por más que lo intentara no lograba arrancármela del alma, mucho menos del corazón.

Mientras caminaba escuché una voz que me gritaba, era Hotaru. Me detuve a esperarla y llegó corriendo a mi lado.

-Diamante, he ido a tu casa y tu madre me dijo que habías salido sin avisar a dónde.

-Hola Hotaru, si…quería despejarme un rato.

-¿Cómo te encuentras hoy?-preguntó con una enorme sonrisa que hizo que me animara un poco.

-Perfecto.-mentí.-Estoy muy bien, de hecho… ¿qué tal si hacemos algo divertido hoy?

A Hotaru se le iluminó la mirada y asintió con la cabeza.

-Vayamos por un helado y luego vamos al cine, ¿de acuerdo?

Caminamos hasta el parque en donde nos compramos un helado y luego nos dirigimos al cine. Al llegar compré dos boletos para la función de las cinco.

Dos horas después salimos y el sol había comenzado a ocultarse, el cielo se veía hermoso. No pude más que pensar en sus ojos, sacudí mi cabeza y deseché el recuerdo.

Mientras regresábamos a casa de Hotaru, estábamos riendo a carcajadas por las cosas graciosas que Hotaru me contaba sobre su padre. Al llegar a la calle de su casa recordé de inmediato, al ver el coche de Seiya Kou, que era vecino de Hotaru, lo cual me enfado mucho. Pues saliendo de su casa, él y Serena se dirigían al carro, rogué porque no nos vieran, pero Hotaru se dio cuenta, comencé a caminar más rápido y Hotaru trató de alcanzarme. Al llegar al pórtico de su casa yo no supe que hacer, comencé a sudar por los nervios. Miré en dirección a casa de Seiya y pude notar que Serena nos observaba.

Hotaru notó mi preocupación y se me acercó, yo traté de fingir que todo estaba bien, que ya no pensaba en ello, y entonces hice como si no me importara en lo absoluto mostrándole mi mejor sonrisa. Eso pareció tranquilizarla.

Le tomé entre mis brazos y la apreté lo más que pude, tratando de olvidar que la mujer de mi vida me miraba desde el otro lado de la calle, pero sabía también que quería demostrarle que ya me había cansado de todo aquello.

Y entonces…

Le besé. A pesar de que sabía que estaba mal, la besé. Hotaru al principio no supo que hacer, pero después se dejó llevar. El beso no fue muy largo, pero fue suficiente para que Serena se diera cuenta de lo que pasaba.

Cuando nos separamos, Hotaru estaba muy sonrojada. Y yo muy avergonzado por la desfachatez que acababa de cometer, ¿por qué lo había hecho?

Miré sigilosamente de nuevo en la otra dirección y el semblante de Serena había cambiado radicalmente, lucía molesta y una pizca de satisfacción me invadió. Seiya le abrió la puerta del coche y se metió, después Seiya se dirigió al asiento del piloto y partieron.

Hotaru apenas acababa de asimilar la situación. Cuando el carro desapareció fue ella quien rompió el silencio.

-No debiste hacerlo. Te conozco, sé por qué lo hiciste.

-Hotaru yo…solo disculpa, ¿si?, yo estoy tratando de olvidarlo todo.

-Pero esta no es la manera, ya te diste cuenta que no debes rogarle, perfecto, pero tampoco debes tratar de devolverle todo, y menos usándome.

-No te usé, en verdad quería pasar el día contigo, sabes que eres mi mejor amiga, lo del beso…fue algo impulsivo, no lo pensé, te lo juro.

Hotaru sonrió melancólicamente.

-Sé que no lo hiciste de mala fe, que no pensaste en herir a nadie, pero date cuenta que puedes ilusionarme…y no quisiéramos eso, ¿o si?, será mejor que me meta, he estado mucho tiempo fuera.

-Hotaru.-dije deteniéndola del brazo.-Por favor, perdóname.

Hotaru me dio un abrazo y en un susurro me dijo que me perdonaba.

¿Por qué era tan estúpido?, me dedicaba a buscar a una mujer que se negaba a estar conmigo y a herir a una mujer que me amaba y que deseaba estar conmigo.

Debía concentrarme, madurar, dejar de ese el niño estúpido que era.

Ahora que Serena había acabado con todo, debía mirar hacía otro lado, ¿por qué no Hotaru?, ¿por qué no podía enamorarme de Hotaru?

Era una chica linda, sencilla, tranquila, buena estudiante, buena persona, buena amiga… ¿por qué no podía amarla?

Semanas después había logrado conseguir dejar de buscarla, aunque nunca logré dejar de pensar en ella. Poco a poco dejé de llamarla, de enviarle mensajes, de ir a su casa.

Por la noche mis padres y Zafiro habían salido a una fiesta a la cual no quise ir. Quería quedarme a ver una película nueva que había comprado en el centro comercial. Mientras las palomitas se hacían me dediqué a poner la película en el reproductor de DVD, cuando la coloqué en la bandeja el timbre sonó. Miré instintivamente el reloj. Eran las 9pm en punto. ¿Quién sería a esas horas?, no esperaba a nadie.

Al abrir la puerta me quedé estupefacto.

Serena se encontraba ante mí llorando desconsoladamente, parecía estar en realidad sumamente triste. Al verme se abalanzó a mí, rodeándome con los brazos. Al principio no supe que hacer, no entendía nada, pero sin embargo también la abracé.

Minutos después se separó de mí, un poco más tranquila y me miró sonrojada, como un ángel.

-¿Quieres entrar?-le pregunté.

Asintió con la cabeza sin decir palabra alguna.

Cerré la puerta con seguro y la invité a sentarse en el enorme sillón de la estancia. Volví a la cocina y llené dos vasos grandes con agua de fresa y un platón con las palomitas que acababa de preparar.

Cuando regresé a la sala coloqué los vasos sobre la mesita de centro y antes de reproducir la película hablé con ella.

-¿Qué te sucede, Serena?, ¿por qué estas llorando?

Mientras se limpiaba algunas lágrimas que se habían escapado de sus ojos me miró.

-Yo…no podía…

Un silencio prolongado.

-¡No puedo dejar de pensar en ti!

La miré sorprendido mientras una enorme sonrisa se dibujaba en mi rostro.

-¿Es por eso que lloras tanto?

-Si…yo…he sido una horrible persona Diamante…

-Tonta, solo bastaba con decírmelo, ¡sabes que yo nunca he dejado de quererte!

Su rostro cambió de expresión.

-No estaría tan segura.

-¿Por qué lo dices?

-Tú…besaste a Hotaru.-respondió indignada.

-¡Oye!, tu haz besado miles de veces a ese idiota de Kou.-dije molesto y divertido a la vez.

Ella rodó los ojos y cruzó los brazos, como enojada. Comencé a reírme a carcajadas.

-¿De qué te ríes?-me preguntó.

-¡Estas celosa!

-No.

-Claro que si, estas celosa y me extrañas, y no puedes vivir sin mi, y ahora estas aquí, junto a mi, y yo no voy a dejar que te vayas.

Tomé su rostro entre mis manos y la besé sin pensarlo dos veces. Amaba esa sensación de tener sus labios, saborearlos, lamerlos.

-No sabes la tortura que ha sido para mí no poder verte, hablarte ni tocarte.

Serena sonrió, sonrojada. Amaba como sus mejillas se coloreaban.

Serena recargó su cabeza en mi pecho y yo rodee sus hombros con mi brazo. Reprodujimos la película.

A eso de las 12 de la noche su padre llegó por ella. Mientras recogía los platos sucios sentía que mi corazón saldría disparado en cualquier momento.

Aunque aun así no estaba seguro de que sucedía.

Serena me extrañaba, sus lágrimas me lo habían comprobado, y si me extrañaba y si lloraba por mi, eso solo debía significar que me quería, ¡me quería!, yo estaba en lo correcto desde el comienzo.

Pero aun así Serena no se permitía estar conmigo como era debido, ¿qué sucedía?

Solo esperaba que de nuevo no me negara estar a su lado como tantas otras veces.