Aviso: el capítulo es más largo de lo normal, pero si leen hasta el final va a valer la pena el esfuerzo de sus ojos, creo... espero.
8
—Perséfone.
No contesta, me deja por su sueño, por su bienestar.
Me abandona a la ceremonia solitaria […]
Si ella sueña la creación toda sueña.
Saber y recordar vuelan con una misma ala.
La luz, la oscuridad que se volvió visible,
se contiene en ambos ojos.
Las cosas toman cuerpo según su ser.
-Homero Aridjis, Perséfone
-
De mi pasado paso al futuro y ahí estas
Eres mi presente te veo de frente
y quiero llorar
Para poder amar hay que sangrar
Para poder despertar hay que vivir
Y por las noches sabes
Que el sacrificio es llegar a ti
¡Ay mujer, dolor, amor hueles a sangre!
¡Ay mujer, dolor, amor hueles a sangre!
-Jaguares, Sangre
Caminar por Kings road en la noche de año nuevo en una época desconocida no era la mejor idea que hubiera tenido Tom en su vida, pero jamás lo admitiría.
—¿Qué esperabas Ryddle? Si hubieras tenido la sensatez de haberme consultado antes sobre esta excursión, te habría dicho que la ciudad iba a estar inundada de punks, rockeros y de fanáticos de música disco —dijo Hermione señalando un grupo de jóvenes formados para entrar a una disco de donde salían las notas de Fly Robin fly.
—¿Qué drogas usan? —preguntó Tom observando a otro grupo de jóvenes eufóricos—. En mis tiempos estaba de moda la heroína, morfina y cocaína; pero no eran públicos, los vicios eran íntimos —concluyó sin apartar la mirada de los descarados muggles que reían extasiados.
—Ahora usan marihuana principalmente —respondió Hermione haciéndose a un lado cuando un muggle ebrio pasó a su lado.
—¿Sigue prohibido el cáñamo? —preguntó Tom jalando a la castaña del brazo para atravesar la calle.
—Sí —respondió la castaña.
—Genial, vamos a comprar un poco —sugirió Tom buscando con la mirada a los vendedores ilegales.
—¡No Ryddle! Es ilegal —dijo la castaña.
Tom rodó los ojos. —Pues claro que es ilegal, las cosas más satisfactorias normalmente lo son.
—Dije que no, además tenemos poco dinero muggle —razonó Hermione.
—Para eso tenemos varitas, Granger —le recordó Tom tocando inconscientemente la bolsa de su abrigo en donde llevaba la varita, Ted Tonks les había advertido no usarla pero eso no le importaba.
—¿Para qué querrías probarla Ryddle? ¿Alguien tan adicto al control como tú no debería estar interesado en cosas como el hachís —comentó la castaña.
—No desprecio lo que no conozco, si rechazo algo es porque tengo razones válidas para hacerlo, no me dejo llevar por la opinión ni los juicios de los demás. Por ejemplo, probé la heroína y la rechacé no porque "es ilegal y mala" sino porque me causó demasiado sopor y sosiego, me dejó con tal sensación de pereza que me llevó un día regresar a mi ambición habitual —relató Tom recordando la ocasión en que robó la dosis de Bob Croner.
—Ryddle, ¿estás tratando de decir que tienes "razones válidas" para ser racista y prejuicioso contra muggles y magos hijos de muggles? —preguntó la castaña sólo para estar segura de lo que ya sabía sería una respuesta afirmativa.
—Puede que sea racista pero no prejuicioso, ya te lo dije, mi desprecio no es gratuito, si detesto algo o a alguien, tengo un buen argumento para ello —explicó el Slytherin.
—¿Y qué entiendes tú por "buen argumento" y ""razones válidas"? —reclamó la castaña con su tono sabelotodo.
Tom sonrió de lado y volteó hacía Hermione con una mirada interrogativa, '¿Tú qué crees?'.
Hermione entendió la mirada y movió su cabeza de un lado al otro provocando así que su cabello se agitara.
—Claro, obvio, no sé por qué me molesté en preguntar, tus razones básicamente se abrevian en un eslogan "Todo el Poder para Ryddle" —dijo Hermione irritada con su acompañante, Tom rió de buen humor.
—Perséfone, vas a ser mi publicista —informó Tom asintiendo, sí, básicamente ese era objetivo en la vida.
—Ryddle, ¿por qué, eh? ¿Por qué esta obsesión tuya con el poder? —preguntó Hermione en un arranque de insaciable curiosidad.
Tom se detuvo en cuanto escuchó su pregunta y volteó nuevamente hacía la castaña con una expresión de sorpresa en el rostro, la observó unos segundos hasta que un escándalo del otro lado de la calle llamó su atención y se dio media vuelta para ver la fuente del ruido.
—¿Qué diablos es eso? —preguntó confundido e irritado, un grupo de jóvenes estrafalarios entraban y salían de una boutique de ropa con las letras SEX en la fachada.
—Son punks —respondió Hermione siguiendo con la mirada a un joven de ropa desgarrada y de cabello verde peinado en picos, hacía demasiado frío pero él parecía no sentirlo.
—¿Y eso básicamente qué quiere decir? —preguntó Tom regresando su atención a la castaña.
Hermione abrió su boca para responder pero por el rabillo de su ojo notó que dos de los punks estaban hablando y viendo a Tom con burla y condescendencia, la castaña observó el atuendo de su acompañante y decidió que era momento de huir, había intentado darle a Tom un simple par de tejanos, una playera y una chaqueta, pero Tom había decidido que era un atuendo demasiado corriente, en sus tiempos era algo que usaban los obreros muggles, en vez de eso había optado por un traje informal con gabardina y bufanda, lucía fuera de lugar.
—Caminemos Ryddle —ordenó la castaña jalando a Tom de su bufanda—. Los punks comenzaron como un género musical y se volvieron una subcultura —trató de explicar, era difícil, Tom no tenía marco de referencia, era algo totalmente nuevo.
—Y déjame adivinar, se rebelan contra el poder y el orden —dijo Tom con una sonrisa burlona.
—Entre otras cosas, sí —admitió Hermione suponiendo que tenía razón, esa parecía ser la característica principal de la juventud de los sesentas y setentas.
—Eso es lo que todos en esta calle son ¿verdad? Imbéciles quejumbrosos —supuso Ton con disgusto en su tono mientras observaba con condescendencia a los demás transeúntes.
—Ryddle, para comenzar a entenderlos un poco tendrías que revisar la historia de los últimos treinta años, y tomando en cuenta tu desprecio por todo lo muggle, dudo que lo hagas, así que mejor trata de olvidarte del tema —pidió la castaña sabelotodo.
Tom estaba por responder cuando un adolescente alto y delgado se acercó a ellos y los interceptó con una sonrisa en su rostro y una mano en la bolsa de su pantalón.
—¿Un colocón, hermano? —ofreció el joven muggle dirigiéndose a Tom.
Hermione intentó tomar a Ryddle por el brazo antes de que sucediera pero el chico fue demasiado rápido, molesto con la intercepción del muggle, Tom lo empujó con fuerza y el chico se cayó.
—Ryddle, no hagas eso —regañó Hermione acercándose al drogado y pacífico muggle. —¿Estás bien?
Tom posó sus manos en la cintura y la jaló para evitar que se inclinara a ayudar al muggle, el tipo parecía lleno de bacterias y suciedad, seguro les iba a contagiar algo.
—Ryddle, ¿por qué tienes que ser tan grosero? —se quejó la castaña viendo hacía atrás, el muggle estaba tan perdido que posiblemente ni siquiera se había dado cuenta de que estaba en el suelo.
—Fue él el que se metió en mi camino, no al revés —argumentó Tom decidiendo que finalmente no iba a probar la droga del momento si es que para hacerlo tendría que negociar con esa clase de muggles decadentes.
Hermione rodó los ojos pero no continuó su regaño, simplemente se sacudió el brazo que Tom había dejado alrededor de su cintura y se alejó un paso.
—¿Y cuándo les quitan el veto a las drogas? —preguntó Tom.
—No lo hacen, en mi tiempo siguen estando prohibidas —respondió Hermione sin aclarar cuál era su tiempo, Tom ya lo sabía.
—Los muggle son tan imbéciles —murmuró Tom con condescendencia—. Recuerdo que uno de los primeros acuerdos internacionales contra los opiáceos y el cáñamo fue el Convenio de Ginebra en 1925, ¿sabes por qué el Reino Unido propuso la prohibición de esas drogas y por qué los demás países votaron a favor, Granger? —preguntó Tom tratando de hacer entrar en razón a la castaña.
—No Ryddle, pero estoy segura de que me vas a decir porque te encanta escuchar tus pedantes y paranoicas teorías —dijo la castaña con su tono regañón.
—Porque estaban perdiendo sus colonias en Asia y África, las drogas eran subversivas porque eran productos nacionales, estaban peleando el control inglés con un autoconsumo de productos agrícolas que le estaba provocando problemas al gobierno opresor porque no había mercado para su güisqui ni para sus drogas de laboratorio que exportaban como medicamento. Todos estos grandes convenios y convenciones de Ginebra, los acuerdos internacionales, todos son firmados por Estados Unidos y los países europeos principales, toman acuerdos en contra de los demás países y después los obligan a ceñirse a ellos, ¿realmente quieres ser parte de este sistema de opresión, Granger? —preguntó Tom tratando de apelar a la gryffindor revoltosa que la castaña llevaba dentro.
—Buen intento Ryddle —respondió la castaña sin dejar de caminar.
—Eres triste, ¿realmente eres de esas personas que creen que las leyes existen para nuestro bien, que confían ciegamente en la ley y la invisten de un poder que no le pertenece? ¿Vas a dejar que el gobierno te diga qué es lo que puedes consumir y qué no? —preguntó Tom incrédulo y molesto.
Hermione estaba acostumbrada a escuchar las molestas opiniones de Tom Ryddle que normalmente resultaban ser más sociopáticas que racionales, cuando Ryddle se ponía en ese plan era mejor dejarlo hablar y discursar.
—¿Sabes cuál es el problema con la ley? Que nacimos en ella, naces y creces en una sociedad cuyos palabras canonizadas son conceptos como "prohibido", "ley", "voto", "gobierno", "ministro", "ilegal", "constitución", "derecho", "violación". Y luego creces y te enteras de que no puedes hacerte un té de opio para la tos porque es "contra la ley", y entonces lo aceptas sin oponer resistencia y sin preguntarte por qué, te conformas con saber que es ilegal, pero la ley es en realidad una convención social en la que el ser humano ignorante relega un poder que no sabe cómo manejar, ¿qué pasa cuando alguien se quiere salir de esta convención? Lo juzgan como criminal sin entender que en realidad es un hombre inteligente que comprendió el mecanismo de la "justicia", ¿por qué debes someterte a un sistema jurídico si no quieres? Yo no necesito que el gobierno defienda "mis derechos" y no firmé su constitución, no recuerdo haber firmado un contrato en donde acepto regirme por sus leyes —concluyó Tom, llevaba sus manos en las bolsas de su gabardina y su boca estaba cubierta por su bufanda, era posiblemente el único joven vestido de manera formal, parecía un tipo salido de una película de Humprey Bogart.
Hacía ya tiempo que Hermione había llegado a la conclusión de que no valía la pena intentar sensibilizar a Tom Ryddle porque iba contra su naturaleza y era un esfuerzo vano, lo mejor era intentar entrar en su locura y a partir de ahí hacerle ver lo inconveniente que era su extraña forma de pensar y ver las cosas.
—Primero, déjame decirte que la juventud muggle está completamente contra las palabras "canonizadas" de las que hablas pero estoy segura de que aun así encontrarías la forma de seguir criticando; y segundo, ¿dices que si hubieras firmado un papel en el cual aceptas regirte por la constitución entonces serías un ciudadano ejemplar? —preguntó la castaña pensando en las posibilidades, si un contrato era lo que se requería para obligar a Ryddle a comportarse, bueno, eso podría lograrse.
—Exacto, excepto que claro, nunca aceptaría regirme por ninguna constitución —contestó Tom.
—¿Y el hecho de que hayas nacido un ciudadano inglés no significa nada para ti? —preguntó la castaña.
—No soy inglés, soy mago —respondió Tom.
—¿Y qué se supone que quieres decir con eso? Seas mago o no, naciste en territorio nacional —argumentó la castaña acercándose a Tom para evitar una pareja de muggles exhibicionistas.
—Pero soy mago, no muggle —insistió Tom aprovechando la cercanía de la castaña para pasarle un brazo por el cuello.
—Y sin embargo tampoco aceptas las leyes de los magos —le recordó la castaña volteando hacía Tom para intentar ver su expresión, el era más alto, su barbilla quedaba justo al nivel de la frente de ella.
—El mismo principio aplica —se defendió Tom, las estipulaciones que Dumbledore le impuso ese día en el orfanato no contaban, fue un acuerdo de palabra y todo mundo miente en los acuerdos de palabra.
—Ryddle, ¿sabes cuál es tu problema…
—Que soy demasiado inteligente —respondió Tom antes de que Hermione pudiera terminar.
—No…
—¿Qué onda mi raza, no quieren tripear un ratón? —interrumpió un nuevo muggle.
Tom inclinó un poco su peso sobre Hermione y con su brazo derecho empujó al muggle, lamentablemente esta vez era un muggle más eufórico que pacifico y regresó el gesto.
—¡Ryddle vámonos! —exclamó la castaña tratando de jalar a Tom de la mano.
Tom se sacudió la invisible suciedad que el muggle le dejó en su gabardina y sonrió de lado, se desprendió de la mano de la castaña y avanzó hacia el muggle con lentitud, con un brillo depredatorio en los ojos.
—Eres escoria —sonrió Tom, su mirada fulguró de color rojo por un segundo, el muggle parecía petrificado.
A pesar de que Hermione estaba justo ahí, no pudo entender por qué un segundo Tom y el muggle se estaban viendo a los ojos y al siguiente segundo el muggle se había alejado de Tom gritando que el demonio venía tras él.
—¡Es el diablo, hermanos, llamen al padre Damien Karras!
Tal vez debería tomarse el asunto con más seriedad pero Hermione simplemente no pudo contener la risa, la escena era simplemente increíble, Tom Ryddle parado a media calle con una mirada de confusión mientras un muggle hippie huye de él alegando que es el diablo.
Demasiado pronto, el muggle regresó con dos más de sus amigos, venían hablando y señalando a Tom con obviedad.
—No quisiera decepcionarlos, tal vez realmente deba enseñarles algunos trucos que les terminen de freír el cerebro —sugirió Tom sin perder su media sonrisa, tenía sus manos en las bolsas de su gabardina, Hermione sabía que en la bolsa derecha llevaba su varita y al ver la mirada letal en sus ojos se ensombreció de inmediato y la risa que la anterior escena le había provocado desapareció por completo.
—Ryddle, no les hagas caso, vamos —dijo la castaña con un tono aplacador que según había descubierto recientemente, tenía cierto poder paliativo sobre Tom Ryddle.
Tom volvió con la castaña, nuevamente le pasó su brazo izquierdo por el cuello y continuaron caminando, pasaron junto a los muggles sin hacerles caso pero una vez que los hubieron dejado atrás Tom volteó hacía ellos y asegurándose de que Hermione no pudiera verlo, dejó que la sangre invadiera sus ojos y sacó su lengua, era delgada y larga, como la de una serpiente, sonrió al verlos palidecer y echarse a correr.
Hermione también volteó al escuchar los gritos pero lo único que vio fueron las espaldas de los muggles.
—¿Qué les hiciste? —preguntó Hermione con su tono sospechoso.
Tom le sonrió inocentemente.
—Les saqué la lengua —respondió—. Así —sacando nuevamente su lengua y moviéndola de un lado a otro, esta vez su lengua era normal, la que siempre había tenido, no la forma desfigurada que le había mostrado a los muggles, esa la había conseguido una noche durante sus experimentos con auto-transfiguración.
—Cierra la boca, no quiero ver tu lengua —se quejó la castaña con disgusto.
Para molestar, Tom sacó aún más su lengua y se inclinó peligrosamente cerca hacía la castaña, ella se vio obligada a empujarlo para ponerse a salvo.
—Deja de jugar, Ryddle —dijo Hermione.
—¿Y quién es el padre Damien Karras, Granger? —preguntó Tom recordando los gritos del muggle demente.
—Es el personaje de una película de terror, "El exorcista", es sobre una niña que es poseída por un demonio y el padre Karras le hace un exorcismo —respondió Hermione recordando con un leve estremecimiento la cinta que había visto a pesar de la advertencia de sus padres, había sido unas semanas después de llegar su carta de Hogwarts, creyendo que en la fantasía muggle encontraría claves para el mundo mágico, Hermione se acercó con renovado interés a cuentos, leyendas, películas y casos paranormales.
—¿Y se supone que da miedo? Suena absurda—dijo Tom condescendiente.
—Dices eso porque no la has visto —le aseguró la castaña pensando que por muy frío y perverso que fuera Tom Ryddle, las películas de terror tendrían que arrancarle algún tipo de emoción, si tan sólo porque tendrían efectos especiales a los que no estaba acostumbrado.
—Perséfone, no intentes tentarme con tus retos gryffindors, tenemos cosas que hacer —dijo Tom.
—¿Qué cosas exactamente, Ryddle? Te he estado preguntando desde que salimos del mundo mágico y básicamente no has dado ninguna explicación —regañó la castaña mandona.
—Está bien, déjame editar eso, tengo cosas que hacer —enmendó el Slytherin sin preocuparse por su anterior uso del plural.
—¿Qué cosas? —insistió Hermione exasperada.
—Perséfone, piénsalo, ¿realmente esperabas que no tendría curiosidad por ver el mundo muggle? Es simplemente obvio que quiera ver todos los aspectos de esta nueva época, no puedes esperar que acepte el aislamiento del mundo mágico sin conocer el muggle —explicó Tom, ya habían dado la vuelta en una calle aledaña y parecían caminar sin rumbo, igual que el resto de jóvenes dispersos en la ciudad.
Hermione pensó en la respuesta de Tom y comprendió que podría significar más problemas y nuevos cambios, por lo que Evan le había dicho, Tom Ryddle abandonó completamente el mundo muggle después de que fue mayor de edad y no tuvo que regresar al orfanato, sin embargo, ahora Tom tampoco tenía necesidad de regresar y lo estaba haciendo, es natural que sintiera curiosidad y que quisiera quebrantar la ley Rosier, pero lo estaba haciendo con una mente un poco más abierta, igual de critica, pero no tan cegada por la megalomanía más propia de Voldemort.
Tom Ryddle nunca despreciaba el conocimiento que consideraba valioso, no importaba de qué fuente proviniera, él sabía extraer lo importante, y en esa nueva época el mundo muggle tenía un desarrollo más allá del que cualquier ciudadano de los años cuarenta hubiera podido imaginarse, ¿qué haría Tom Ryddle con ese nuevo conocimiento? ¿Qué pasaría si se interesaba por las nuevas formas de tecnología? Hermione no quería ni pensarlo.
—Ya casi es media noche, Ryddle, tenemos que encontrar un hotel —informó la castaña decidiendo aceptar por el momento la explicación del Slytherin, sólo tendría que asegurarse de no perderlo de vista, ya habían cambiado demasiado el mundo mágico, no quería arriesgarse a camibar tan drásticamente el muggle.
Continuaron caminando en busca de un b&b y después de cruzarse con varios grupos más de jóvenes Tom finalmente volteó hacía la castaña y le señaló un grupo de mujeres que salían de un bar.
—¿Y esas cosas asexuadas y rudas? —preguntó Tom Ryddle refiriéndose a varias de las mujeres que había visto en el mundo muggle hasta el momento.
—Creí que no eras un cerdo machista Ryddle —le recordó Hermione.
—Ahí vas otra vez a acusarme de no sé cuánta falacia —el rol de las mujeres le importaba tanto como el de los hombres, o sea, nada, al final del día él estaba por encima de todos.
—¿Entonces eso quiere decir que sí estás a favor de la igualdad entre hombre y mujeres como me dijiste aquella vez que te encontré en el baño de niñas? —preguntó Hermione dubitativa, ambos sabían que esa había sido una descarada mentira.
—¿Igualdad? ¿De eso se trata todo esto? —señalando al grupo de mujeres que ahora estaba pegando pancartas en postes y paredes—. Seguro son las herederas de las locas que "lucharon" por su derecho a votar, como si eso sirviera de algo. El derecho al voto nunca les ha servido a los hombres y ciertamente no les va a servir a ellas, ¿esa es la igualdad que buscan? ¿Ser igual de taradas?
Al pasar por una pared de publicidad Tom se detuvo a leer el anuncio y rió cínicamente.
—"Toda mujer tiene derecho al aborto, es una decisión individual", ¿ves lo que te digo? La igualdad las volvió más estúpidas —insultó Tom sin darse cuenta de que estaba haciendo escalar la molestia de su acompañante—. Claro, lo mejor que estas muggles podrían hacer por su mundo es dejar de parirlo, pero ese no es un argumento.
Hermione se mordió el labio inferior para no ceder a la tentación de ponerse a debatir con Ryddle, tenía la mentalidad de un neurótico de los años cuarenta.
—Mira Ryddle, ahí tienen habitaciones disponibles —dijo Hermione señalándole un pequeño hotel.
—Ya vi, vamos —aceptó Tom.
Ambos chicos entraron y Tom sacó el dinero que había cambiado con Ted Tonks, el hotel estaba lleno y tuvieron que conformarse con una habitación sencilla, en cuanto entraron Hermione azotó la puerta y Tom volteó a verla con una ceja en alto, sonrió de lado al ver su expresión seria.
—Dime, Perséfone —dijo Tom esperando una nueva tanda quejas y regaños de los que como siempre, no haría caso.
—Dos cosas Ryddle, ¿qué quieres en el mundo muggle? Y ¿De dónde has estado sacando dinero? —interrogó la castaña.
—Dos respuestas Granger, no te importa. Y. No te importa —respondió Tom comenzando a quitarse su gabardina y su bufanda.
—No me salgas con eso, Ryddle, estoy aquí ¿no? Por lo tanto tengo derecho a saber de qué se trata, y la verdadera respuesta, porque eso de que tienes interés por el mundo muggle es sólo la mitad de tus razones —regañó la castaña.
Tom sonrió indulgente, se quitó la chaqueta y la puso junto a su otro abrigo, su camisa era de manga larga, se comenzó a desabrochar las empuñaduras mientras se acercaba a la castaña, su mirada era una mezcla de lástima y nostalgia.
—Mírate, hablándome de derechos y exigiéndome respuestas —se burló Tom imprimiéndole dulzura a su ironía.
—No estoy jugando, si no me dices te dejo aquí…
—¿Por qué viniste? —preguntó Tom antes de que Hermione pudiera terminar de hablar.
Hermione miró al Slytherin sorprendida e incrédula, ¿cómo que por qué había ido? ¿No era obvio? No podía dejar a Ryddle suelto en el mundo muggle haciendo no sabía qué cosas, además tenía la impresión de que el Slytherin no la habría dejado regresar a Hogwarts aunque hubiera decidido hacerlo en vez de ir con él al mundo muggle, no, Hermione tenía la impresión de que Ryddle la quería ahí, simplemente no sabía por qué, y la ignorancia era peligrosa cuando se lidiaba con Tom Ryddle.
—¿Por qué negociaste mi salida con Ted Tonks? —preguntó la castaña por respuesta.
—Era necesario para conseguir mi propio pase, eres una conveniencia, nada más —respondió Tom con un tono serio que rara vez usaba para hablar con ella.
Hermione enfureció y lo reflejó en su mirada.
—Y tú eres una inconveniencia Ryddle, no eres nada más que un niño malcriado al que tengo que estar cuidando…
Enojado y violento, Tom cargó a Hermione por la cintura y caminó dos pasos hasta que la espalda de ella chocó contra la puerta.
Hermione gritó de la sorpresa e intentó liberarse pero Tom se mantuvo inamovible, ella trató de empujarlo al tiempo que lo insultaba pero después de unos segundos de no obtener reacción alguna, se tranquilizó y no rehuyó más su mirada.
—Soy un inconveniente para el mundo entero, lo que va contra corriente siempre lo es; para ti, Granger, soy todo lo que hay, soy más de lo que puedes "cuidar".
Porque estaba más enojado que excitado y más curioso que interesado, Tom tomó cada una de las piernas de Hermione en sus manos y las abrió para enredarlas alrededor de su cintura, ella permaneció en pálido silencio e intentó liberarse una vez mas pero al sentir el efecto de sus movimientos en la cintura de Tom prefirió quedarse inmóvil.
—¡Déjam…
Tom ahogó las quejas y las órdenes de Hermione con su boca, en cuanto sus labios estuvieron sobre los de ella, sintió casi el mismo estremecimiento de placer que sentía cada vez practicaba las Artes Oscuras y a partir de ahí todo fue instinto, su lengua invadió la cálida humedad y se encontró con la textura de una lengua fina y con la exquisita sensación de besar a Hermione Granger, o más bien, de ser besado por ella.
Nunca antes había besado a alguien y nuca pensó que lo haría o que le gustaría hacerlo, era el tipo de cuestiones que nunca le habían interesado, parecía algo demasiado común en lo que perder el tiempo, además, dejarse dominar por cuestiones corporales parecía competir con su búsqueda por el Poder, ahora sabía que era cierto, dejarse distraer por su cuerpo y deseos sexuales era definitivamente peligroso, Granger no sabia en lo que se estaba metiendo.
Cuando Hermione sintió los labios de Tom sobre los suyos la sorpresa le impidió moverse, fue también la sopresa la que le impidio reaccionar cuando sintió la lengua de él invadir su boca, lo inadmisibile es que estuviera sorprendida, porque siempre había sabido que algo tendría que pasar, lo presentía desde que Ryddle la arrinconara contra la puerta, desde que entraran a esa pequeña habitación, desde que caminaran por las calles de Chelsea, desde que salieran del mundo mágico, desde que llegaran a esa nueva época, siempre lo había sabido pero siempre había negado que lo sabia porque era la única forma de defenderse de los cargos de culpa, ahora no podía negarlo más, comprendía que el momento había llegado, el momento de encarar a su demonio, el demonio que en ese momento parecía querer succionarle el alma a través de la boca.
Así que peleó, pero peleó no como Ryddle se lo hubiera imaginado, peleó no para defenderse sino para vencerlo. Regresó el beso con furia, salió al encuentro de labios y lengua sin titubear. No podía dejarse dominar por él, no de esa forma, Ryddle tendría que saber que jamás podría arrinconarla de esa manera, podía aprisionarla contra la puerta pero eso no significaba nada si era ella la que jodía la boca de él y no viceversa.
El único beso que había dado antes fue el que le dio Billy Wilther cuando tenían ocho años y seguramente eso no contaba así que podría decirse que su experiencia era nula, pero estaba segura de que Ryddle ni siquiera besos en la mejilla tenia en su haber, por lo tanto era increíble que lo estuvieran haciendo tan bien, o que se sintiera tan bien.
Hermione pasó sus manos por el cuello de Tom y sin darse cuenta de lo que hacía, movió su cintura contra la de él, el sentir su rigidez y escuchar su apreciativo gruñido la llenó de una sensación de placer que nuca había experimentado antes, se dio cuenta de que si vencía a Ryddle también perdería ella, estaban peleando una batalla de la que ninguno de los dos saldría vencedor, estaban parados sobre un precipicio y caer era tentador, demasiado tentador.
Tom exploró con sus manos el cuerpo de Hermione al tiempo que su boca se enfretaba a la rival, sin embargo cuando sintió el movimiento de las caderas de Hermione actuar sobre su miembro se dio cuenta de que había venido a la guerra sin antes prepararse de forma adecuada, Hermione Granger lo estaba reduciendo a un hormonal imbécil con pene pero sin cerebro, se dio cuenta de que si no conquistaba Hermione en todos los aspectos, podría convertirse en una amenaza para sus planes.
Fue entonces cuando reconoció lo que había decidió hacía tiempo, Hermione Granger era de él.
Lentamente fue tratando de reducir la intensidad del beso y fue recorriendo con contenido fervor su mejilla hasta llegar a la concavidad de su cuello en donde se detuvo unos segundos para explorar la tersa piel y finalmente reposó ahí su frente.
Hermione tomó largas bocanadas de aire para intentar regresar su respiración a la normalidad y para tratar de que las palpitaciones de su corazón dejaran de ser una amenaza, no podía ser saludable la forma en que Ryddle le había acelerado el ritmo cardiaco. Se dio cuenta de que la mano del chico estaba debajo de su blusa y sobre pecho derecho; tratando de racionalizar lo que acababa de pasar, Hermione posó inconscientemente su propia mano sobre la de él y lo ayudó a deslizarla. Finalmente Tom le permitió bajar las piernas y Hermione tuvo que recargarse sobre la puerta, estaba confundida, desorientada, frustrada e… inconfortablemente lubricada, quería llorar de vergüenza, de culpa, de todo, de nada; por Evan, por Ron, por Harry; por lo que era y por la extraña en la que se estaba convirtiendo.
Tom dio un paso atrás y puso sus manos sobre su cintura, su camisa se había desaliñado, ya sólo tenía tres botones en sus correspondientes ojales, su cabello, siempre tan bien peinado, ahora era un desorden de mechones negros, su mirada dilatada aún y sobre su boca una media sonrisa.
—Muy bien, Perséfone; tú ganas, por ahora; ¿qué quieres saber? —preguntó Tom sin perder su sonrisa y sin el más mínimo asomo de un sonrojo.
Hermione asintió en aceptación de su aparente victoria, habían comenzado una guerra.
—¿De dónde has sacado todo el dinero que has gastado? Desde que llegamos siempre te he visto con bolsas de galeones y sé que Slughorn no te pudo haber dado tanto —señaló Hermione pensativa.
—Perséfone, es de mal gusto discutir sobre estos asuntos tan materialistas —dijo Tom mordaz.
Hermione no reaccionó, seguía esperando una respuesta satisfactoria, Tom entornó los ojos.
—¡¿Qué?! ¿Te falta algo? ¡Dime y te lo compro! —profirió irritado.
—¡Ryddle no seas estúpido! —reprendió la castaña, como si ella necesitara que Ryddle le estuviera comprando cosas.
—Granger, no seas chismosa —regresó el Slytherin imitando su tono exageradamente.
Hermione suspiró con cansancio y agitó su cabeza de un lado a otro, no podía creer que había besado al idiota de Ryddle, era un necio y ni siquiera sabía de qué especie era exactamente, quién sabe que infecciones le podría contagiar. Decidiendo que antes que seguir discutiendo con él prefería lavarse la boca, tomó la bolsa que la acompañaba a todos lados y todas épocas y se dirigió al baño.
Tom se tumbó sobre la cama y se concentró en los ruidos precedientes del otra lado de la puerta, varios minutos después, la castaña salió del baño descalsa y con los ojos sospechosamente rojos, Tom la observó recriminatorio, no la había escuchado llorar pero era obvio que lo había hecho. Débil.
La chica colocó su bolsa en la cama y sin hacer caso de Ryddle se puso a revolotear, varios minutos después logró sacar una bolsa de dormir que tendió en el suelo, podía sentir la mirada de Tom sobre su rostro pero lo ignoró cuanto mejor pudo.
—Estás siendo irracional y dramática —comentó Tom desde su cómodo lugar en la cama.
Hermione pretendió no escucharlo, él estaba siendo un animal, incluso Ron le habría ofrecido la cama, apagó la luz y se tendió sobre la incómoda bolsa de dormir, se aseguró de tener su varita a la mano.
Tom exhaló irritado y se quitó sus zapatos, se movió al centro de la cama y extendió sus brazos, toda para él, era más espacio del que estaba acostumbrado, toda su vida había dormido en camas individuales, en Hogwarts las camas eran sólo lo suficientemente amplias para un ocupante y en el orfanato ya era mucho lujo el tener una pequeña cama para él sólo, cuando salían de "vacaciones" tenían que dormir dos o tres en una misma cama; por lo tanto esta nueva situación le era ajena, intentó acomodarse en el amplio espacio pero sólo consiguió dar vueltas con insistencia.
—Ryddle, estate quieto —regañó la castaña.
Tom se quedó en una esquina de la cama y estaba por insultar a la chica cuando la escuchó gritar espantosamente.
—¡Hay algo en el piso! Creo que es una rata —se quejó Hermione poniéndose de pie y prendiendo la luz, lo que sea que hubiera sentido, no estaba a la vista.
—¡Cállate! —ordenó Tom irritado.
—No empieces conmigo Ryddle, creo que una rata se estaba acurrucando en mi cabello — comentó Hermione para intentar hacerle ver lo perturbada que estaba, Tom se echó a reír.
—Voy a quejarme —anunció la castaña poniéndose sus zapatos.
Tom pensó que era una pérdida de tiempo pero no hizo nada por detenerla cuando la vio salir, si Granger se iba a quejar, mejor que lo hiciera con el administrador del barato hotel y no con él.
En cuanto la puerta se cerró detrás de ella Tom se levantó de la cama y caminó hacía la pequeña mesa que había en la habitación, sobre la mesa halló lo que necesitaría en una horas, un mapa de Inglaterra, lo extendió sobre la mesa pero antes de que pudiera hacer nada más, escuchó los pasos de Hermione que regresaba y un toque en la puerta, sonrió con satisfacción, se le había olvidado la llave, se tomó su tiempo para abrir y cuando finalmente lo hizo se quedó recargado sobre la puerta para impedirle el paso.
—¿Si?
—¡Muévete Ryddle! —exclamó la castaña enojado y… ¿sonrojada?
Tom estaba intrigado.
—¿Qué pasa Perséfone? ¿Por qué estás roja?
—Hay una fiesta en la recepción —dijo Hermione por todo explicación, y por fiesta quería decir "orgía".
—¿Y? —preguntó Tom confundido, en sus tiempos una fiesta era… algo que evitar.
—Y nada, no encontré al encargado —respondió Hermione entrando a la habitación cuando el chico finalmente se hizo a un lado.
Tom cerró la puerta una vez que la castaña hubo entrado y regresó a la cama, se acomodó nuevamente en el centro y esperó con una media sonrisa a que ella hablara.
Hermione estaba por sugerir que dividieran la cama en dos con su varitas o que transfiguraran algún otro mueble en una, pero sabía que ese era un riesgo innecesario, Ted Tonks les había dicho que no podían usar sus varitas a menos que fuera una cuestión de vida o muerte y Hermione estaba dispuesta a usarla para maldecir a Ryddle si fuera necesario, pero sentía que era irresponsable usarla para su comodidad.
—Muévete Ryddle, no la necesitas toda —ordenó la castaña malhumorada, estaba parada junto a la cama.
—¿Y arriesgar mi virtud? No Granger, quién sabe lo que podrías hacerme mientras duermo —comentó Tom sarcástico.
Hermione se sonrojó un poco pero apretó sus labios y decidió que no se iba a dejar incomodar por Tom Ryddle.
—Créeme Ryddle, tu virginidad está a salvo conmigo —dijo Hermione sonando aburrida y tratando con todas sus fuerzas de olvidar que minutos antes la virginidad de Ryddle sí que había corrido peligro.
Tom entornó los ojos y se movió hacía el lado izquierdo de la cama, nunca lo había visto de esa forma, virginidad era la clase de conceptos que nunca quería ver asociados con su persona, era como decir que era casto y puro, simplemente insultante.
—¿Qué te hace pensar que soy virgen? —preguntó Tom irritado.
Ahora si se sonrojó, no quería hablar de la virginidad o ausencia de, de Tom Ryddle; puso una almohada en el centro de la cama para marcar la frontera entre los dos lados y apagó la luz, después se acostó sobre la cama lo más alejada que pudo del centro, si se volteaba incluso unos centímetros se caería.
—Nada me lo hace pensar, simplemente asumí que eras —respondió Hermione finalmente, conocía a Ryddle desde que él tenía trece años y ella catorce, nunca le había conocido a alguna chica en la que estuviera interesado, no que esa fuera la única opción pero Ryddle se ponía exigente incluso con la ropa que se ponía, un burdel de Callejón Knockturn no era exactamente el lugar más higiénico.
—¿Por qué? ¿Por qué nunca he tenido a ninguna fémina absurda colgando de mi brazo y molestándome con su presencia? —preguntó Tom.
—Sí, Ryddle, exactamente por eso —dijo Hermione con su tono condescendiente, estúpido Ryddle, lo mejor que podía hacer era permanecer alejado del género femenino, y de ella en especial.
—Tu forma de ver las cosas es bastante ingenua, convencional… el abuso infantil es más común de lo que te imaginas —reveló Tom sonando omnisciente pero enigmático.
La respiración de Hermione se entrecortó y su corazón dio un salto, ¿qué estaba diciendo Ryddle exactamente?
—¿Tú...
—¿Sabías que hoy es mi cumpleaños? —preguntó Tom cambiando súbitamente de tema.
Hermione volteó a verlo pero la oscuridad sólo le permitía diferenciar su perfil, quería insistir en la conversación anterior pero sabía que Ryddle se molestaría, era mejor seguirle la corriente.
—Feliz cum…
—No lo digas.
—¿Entonces para qué me dices? —preguntó Hermione, en realidad ya lo sabía, Evan le había dicho.
—¿Cuántos cumplo? ¿Dieciséis o cincuenta y dos? –preguntó Tom.
—Dieciséis —respondió la castaña con seguridad.
—¿Sabías Granger que por tu culpa todos mis planes se arruinaron? —preguntó Tom, extrañamente no estaba tan molesto al respecto, sus planes no habían estado estrictamente calculados, sólo sabía lo que ambicionaba, y ya era inmortal, ya sólo le quedaba conquistar Poder, más.
Hermione tragó saliva al escucharlo, obviamente sabía lo mucho que había cambiado el futuro por su viaje pero escuchar la acusación de Ryddle hacía todo más real, se daba cuenta de que tal vez había cambiado no sólo el mundo sino a Tom Ryddle y de que entre un mundo dominado por Oscar Rosier o por Tom Ryddle, el de Rosier era tal vez peor, sentía que al menos Tom era un poco honesto, él no habría iniciado una enorme campaña política para conquistar la opinión pública con mentiras, era un megalómano ambicioso y no pretendía ser otra cosa, quien lo aceptaba bien, quien no… bueno, había maneras.
—¿Qué planes? —le preguntó azorada.
—Tú dime, los debes saber mejor que yo —respondió él—. Supongo que los obvios ¿no? Conquistar el mundo, hacer la guerra, apoderarme del ministerio, et cetera.
—Lo único que puedo decirte Ryddle, es que al final pierdes —le aseguró ella.
—Perdía, ya no —argumentó Tom sin inquietarse.
—Ahora no, pero el presente va a cambiar otra vez, para que sea lo que antes fue —dijo Hermione queriendo creer en sus palabras a pesar de la evidencia.
—¿Entonces prefieres la guerra? ¿Prefieres mi guerra? —preguntó Tom curioso, cuando Hermione no respondió inmediatamente una sonrisa malévola apreció en su rostro—. Me prefieres a mí.
—No te adules Ryddle, no es cuestión de preferencias, es lo que debe ser, esta es una realidad que existe por mi culpa —dijo la castaña.
—Cuánto ego. ¿Y la otra realidad qué? ¿Crees que fue designada por una fuerza superior? ¿Crees que era el destino? No seas tonta Granger, esta "realidad" es tan válida y arbitraria como cualquier otra —comentó Tom—. Y si intentas regresarla a lo que fue antes, la estarías alterando nuevamente, no puedes des-revolver un huevo de la misma que una roca no puede subir por si sola una colina, no puedes evitar la entropía, no puedes escapar a la segunda ley de la termodinámica, es la flecha del tiempo, no hay esperanza, acéptalo, irreversibilidad es nuestra condición de existencia, la vida es un juego, debes jugar, no puedes ganar ni salirte, puedes empatar sólo en cero absoluto, jamás alcanzas cero absoluto —explicó Tom Ryddle.
—O sea que el gran Ryddle acepta las leyes de la termodinámica —dijo Hermione con una sonrisa sarcástica, así que hasta la megalomanía de Tom tenía sus límites, aceptaba con renuencia a la madre de todas las leyes de Murphy.
—Esas son más bien leyes naturales enunciadas por el hombre, no es que las acepte o no, no soy irracional, sería el más necio de los asnos si pretendiera "violarlas" y el más brillante de los genios si lo lograra. Ni siquiera con magia sería posible pasar por encima de la segunda ley, es paradójica en si misma, incluso las leyes de Newton o las ecuaciones de Maxwell pueden volverse obsoletas, ya sea con magia o con la relatividad, pero no esa, no existe un sistema cerrado que pueda tener los beneficios energéticos de uno abierto sin necesidad de interacción; ¿una máquina cuyo nivel de entropía disminuye con el tiempo? ¿Un motor que incremente su funcionamiento entre más trabaje y que no requiera energía exterior? Sería ir contra el universo… Sólo yo —concluyó Tom con arrogancia, pensando seriamente en las posibilidades.
Hermione se burló abiertamente, Tom no se molestó; tal vez, si podía ser inmortal, no era demasiado ilusorio pensar que algún día también podría convertirse en una máquina de perpetuo poder.
—Pero si necesitas comer, respirar, defecar, entonces…
—No tienes que restregármelo en la cara… —dijo Tom interrumpiéndose en el último momento cuando se le ocurrió una nueva idea—, o tal vez no, soy inmortal ¿no? Eso quiere decir que aunque no coma y no duerma, debo seguir funcionando igualmente, no necesito materia ni energía exterior para sobrevivir —concluyó seriamente.
—Tu supuesta inmortalidad todavía está por verse, y aunque fuera cierto, te asegura "vida infinita" no energía infinita —reclamó la castaña rehusándose a creer que fuera posible.
Tom no le hizo caso, iba a intentarlo de todas formas, ambos se quedaron en silencio varios minutos, finalmente fue Hermione la que introdujo otro tema.
—Ryddle —llamó ella en la soledad de la noche.
—Granger —contestó Tom a su vez.
—¿En serio estuviste en el coro del orfanato? —preguntó la castaña curiosa, era algo que le había estado molestando toda la tarde.
Tom sonrió de lado y puso su mano izquierda debajo de su nuca.
—Sí, Granger, realmente estuve —estuvo haciéndole maldades a los demás niños hasta que lo sacaron de las filas, pero estuvo.
—¿Y tocas el violín? —insistió Hermione, era mucho creer que Tom Ryddle tuviera esa clase de aptitudes tan nobles.
—Sí —respondió Tom exasperado, ¿acaso no ya lo había dicho?
—¿Por qué el violín?
—Es lo que me dieron.
El silencio volvió a caer sobre ellos, Tom esperó observando la oscuridad de la habitación y escuchando con paciencia la respiración de Hermione, pasó así al menos dos horas hasta que estuvo seguro de que la castaña ya estaba completamente dormida. Para él todas las noches eran iguales, una guerra con el sueño, batallas que a veces ganaba pero eventualmente perdía, tal vez sólo era la costumbre, tendría que proponerse realmente vencer las necesidades del cuerpo, no podía perder el tiempo satisfaciendo necesidades básicas.
Se sentó sobre la cama y se levantó con ligereza para no despertarla, caminó hasta la ventana y abrió la pesada cortina, en la calle varios muggle seguían celebrando el nuevo año, se sentó sobre la única silla que había, desde ahí tenía una buena vista de la habitación, la luz de la luna y de las lámparas que se filtraba por la ventana era más que suficiente para iluminar el perfil de Hermione sobre la cama, estaba acostada sobre su lado izquierdo y tenía su brazo encima de la almohada que había puesto en el centro para marcar la frontera entre su lado y el de él.
Al darse cuenta de que sólo estaba perdiendo el tiempo Tom sacó del abrigo que había dejado sobre la cama una daga y regresó a la mesa en donde había dejado el mapa, su ubicó en la parte de Londres y lo extendió sobre la mesa, se cortó el dedo índice con la punta de la daga y dejó que una gota de su sangre cayera sobre los trazos del papel, murmuró un encantamiento, la gota de sangre se comenzó a mover por las líneas que representaban calles hasta que se paró en una colonia que parecía estar un poco lejos de ahí, era inconveniente pero era mejor que si se hubiera movido hasta otro estado, así que el muggle nunca había salido de Londres.
Memorizó la dirección y dobló nuevamente el mapa, caminó hacia los pies de la cama en donde había dejado su ropa y comenzó a vestirse, todo el tiempo mirando la forma dormida de la castaña, vigilando que no despertara, justo cuando se acomodó la bufanda se dio cuenta de que su dedo seguía sangrando, lo observó unos segundos y apretó la piel adyacente a la cortada para hacerla sangrar más.
—Ryddle, ¿qué haces? —preguntó Hermione sin despertar totalmente, entreabrió sus ojos sólo un inconsciente segundo.
Tom se apresuró al lado de la chica susurrando "shss" y siseando en pársel, Hermione se movió un poco en la cama pero regresó inmediatamente a su profundo sueño; para asegurarse de que dormía, Tom se inclinó sobre ella y extendió su mano para recogerle un mechón de rebeldes rizos, no podía haber previsto lo que sucedería con esa sola acción.
Una gota de sangre cayó sobre su mejilla.
Y Tom se dio cuenta de que era fundamental.
Era cuanto deseo no sabía que albergaba; era todo lo que ansiaba pero ignoraba; era el delicioso simbolismo del poder; Tom observó con avidez la gota de sangre que comenzaba a deslizarse por la colina de la tersa y blanca mejilla hacia la comisura de sus labios y supo que si había un destino para él, era ese.
La gota de destrucción y Poder sobre la blanca y suave inocencia, el hilo de sangre estaba ya sobre el carnoso labio inferior, ¿quién pierde y quién gana? ¿Él, que ha logrado corromper y ensuciar tan fina oposición? ¿O ella, que sin siquiera saberlo, ha asimilado el Poder de su oponente para obligarlo a detenerse a las puertas de su boca?
—Non plus ultra —murmuró Tom sin despegar sus ojos del rostro marcado, señalado, escriturado.
Tom sonrió satisfecho y se inclinó hasta tocar con sus labios la oreja de Hermione.
—Descansa Perséfone, yo tengo un mortal que juzgar y castigar —le susurró.
Se incorporó y sonriendo por última vez se dio la vuelta para dirigirse a la puerta, la abrió y esperó uno segundos antes de salir, a sus pies, la rata que había hecho gritar a Hermione salió corriendo, Tom la piso y le aplastó con la puerta, después la pateó hacia el pasillo y finalmente salió de la habitación.
En la recepción del hotel se encontró con un grupo de muggles tomando y fumando, la espantosa música llenaba la habitación, un muggle tambaleándose casi chocó contra él y Tom tuvo que empujarlo y patearlo, detestaba ser tocado.
Salió a la calle y se acomodó su abrigo, hacía demasiado frío, se cruzó con varios muggles más que no habían terminando de festejar y a algunos de ellos los asaltó para entrar en sus mentes y enterarse de qué es lo que había pasado últimamente en el mundo, la mayoría eran drogados cuyo único conocimiento se limitaba a la música Rock y a los programas de televisión pero también encontró algunos estudiantes y mujeres universitarias que le aportaron interesantes datos, decidió que al siguiente día iría con Granger a buscar una librería.
Media hora después de que saliera del hotel llegó a un edificio viejo, las luces estaban prendidas y la música no paraba, caminó hasta la puerta y tocó el timbre, lo mínimo que podía hacer en momentos como esos era ser un poco paciente, sabía a lo que venía. Una mujer de apariencia triste y desgastada abrió la puerta, llevaba un cigarrillo en la mano y una moretón en la mejilla, Tom la observó con disgusto, que muggle, que corriente.
—Hola cariño, ¿buscas a charlie o a mary? —preguntó la mujerzuela con una sonrisa.
—Requiero al dueño de esta… pocilga —informó Tom sin ocultar su deprecio.
—Sí, pero ¿qué vas a comprar, coca o hachís? —preguntó la mujer sin ofenderse.
Tom bufó irritado y clavó su negra mirada en los ojos azules de la mujer.
—Llévame con el cerdo de esta porqueriza, ahora —ordenó enojado.
La mujer asintió y se dio la vuelta para guiarlo, los ocupantes de la casa no hicieron caso de él, estaban demasiado ocupados en sus asuntos, la mujer lo llevó hasta un hombre de mediana edad, su aspecto era desaseado y serio, a diferencia de sus amigos, él estaba sobrio. La mujer se retiró en cuanto Tom estuvo frente al muggle.
—¿Qué pasa niño? —preguntó el hombre con una voz recia.
Tom sonrió, quería disfrutar el placer de la anticipación, volteó a inspeccionar la sala y notó que nadie los veía, había interceptado al muggle al pie de las escaleras y estaban ocultos por una pared que separaba el pasillo de la habitación en donde festejaban los otros muggles.
—Vengo a matarte —informó Tom desdeñoso.
El hombre se sorprendió un segundo y después se echó a reír, sus carcajadas sólo duraron hasta que Tom sacó su varita.
—Finite incantatem —pronunció el Slytherin apuntando con su varita el pecho de su medio hermano, el encantamiento de glamour que había puesto sobre él hacía ya varias décadas desapareció y Tom pudo ver el vivo retrato de su padre, odio como el nunca había sentido se apoderó de su pecho, al fin había llegado el momento de su venganza, de prurifcarse de la suciedad muggle que llevaba en las venas.
—¿Qué… —el muggle estaba demasiado sorprendido como para poder formular una pregunta que abarcara todas sus incógnitas.
Tom ignoró el tartamudeo del hombre, se concentró y entró violentamente en su mente, su vida había sido bastante patética, falta de ambición y de inteligencia habían convertido al segundo hijo de Tom Ryddle senior en un asqueroso y haragán vividor, no tenía familia ni ganas de hacer algo con su vida, salió de la mediocre mente y sonrió de lado.
—¿Qué me hiciste? —preguntó espantado el muggle.
El Slytherin levantó nuevamente su varita y esperó a que el muggle hablara por última vez.
—¿Por qué? —preguntó con su último hilo de voz.
Tom sonrió y estuvo a punto de responderle que era por su sangre, iba a morir porque la sucia sangre de Tom Ryddle senior corría por sus venas, pero decidió que matarlo sin explicarle sería la última venganza, el muggle había vivido sin un por qué y moriría sin uno.
—Avada Kedavra —susurró casi con melancolía, en cuanto el rayo verde se impactó contra el pecho del muggle, Tom aspiró con la boca y sintió que por primera vez conocía lo que era la saciedad.
No esperó a verlo caer, salió del edificio sin mirar atrás, no le preocupaba que los aurores detectaran el uso de la maldición, sabía que en el ministerio ya no se monitoreaba la magia negra y tampoco tenían razón para verificar que los magos hicieran magia enfrente de muggles pues la sola interacción estaba prohibida.
Caminó totalmente extasiado por lo que acababa de hacer, no sabía que el poder recorriendo de su cuerpo a su varita fuera tan intoxicante, era glorioso, era como si acabara de ingerir mil gramos de Poder en forma pura, era como besar a Granger, era como vivir, era…
Era como Comer Muerte.
Eso es exactamente lo que era.
Comerse a la Muerte, tragarla, vencerla, devorarla.
El alimento básico del Poder, la Muerte.
Tener hambre de muerte.
Si pudiera juntar un grupo de magos unidos por esa necesidad básica, un grupo de hombres que se alimentaran de Muerte… sería el perfecto grupo de sirvientes, tomarían la muerte y la comerían.
Saboreó el juego de las palabras.
Muerte, del latín Mors, mortis, extrañamente una palabra de género femenino, 'Pérséfone'; también un dios del panteón grecorromano, Mors, en griego es Tánatos, θάνατος, el hijo de la noche y la oscuridad, el que termina la vida de los mortales, el que significa destrucción y violencia, el otro lado de Eros, su complemento.
Comer, en latín sería ere... Mortere, mortedo, mortesum, no, muy corto, no tenía la fonética adecuada.
Vescor, alimentarse, Morsvescor... no, no sonaba bien.
Tenía que indicar no sólo la acción de alimentarse con muerte sino también lo inmediatamente anterior, debía implicar la acción de llevar la muerte a la víctima y alimentarse con ella, serían los que mataran a la orden de Perséfone, su sóla exitencia implica la muerte, él se encargaría de llevar esa sentencia a la víctima y comer los restos. Llevar y comer muerte.
Como el esófago, el alimento pasa por el esófago, del latín oesophagus, y a su vez del griego oisophagos (οισοφάγος), literalmente lo que transporta y come, οἴσωllevar y φάγομαι comer. Lo que traga.
Mortífago.
El que come muerte, la traga, le devora.
El que lleva y come muerte.
'Mortífago'.
Llegó al hotel sin darse cuenta, tan absorto estaba en sus ideas que ni siquiera se dio cuenta de que la noche había terminado y el día estaba clareando, probó a decir el nombre antes de entrar en la habitación.
—Mortífago, el que come muerte.
Perséfone lleva destrucción y muerte, él la comería, se alimentaría de la muerte que Perséfone llevara a pesar de sí misma.
Y seguía durmiendo.
Tom se quitó nuevamente su abrigo y su bufanda, dejó su chaqueta y sus zapatos en el suelo, revisó el dedo que se había cortado para localizar al muggle y notó que la herida se había cerrado, se mordió el dedo y la sangre volvió a gotear.
Sonriente y ansioso regresó al lado de Hermione, la sangre que había dejado en su mejilla ya estaba seca, dejo que otra gota cayera, y otra, y otra.
Cuando ella comenzó a despertar, él se inclinó y comenzó lamer la sangre, siguió el hilo rojo que había descendido hasta los labios y antes de poder meter su lengua entre los suaves labios, se vio arrojado hasta el otro lado de la habitación, la luz roja del expelliarmus de Hermione refulgió en la habitación.
—¿Qué crees que haces Ryddle? —se quejó la castaña con su varita en un una mano y con la otra limpiándose la mejilla.
—La sangre inunda tus mejillas, Perséfone —dijo Tom por toda respuesta.
—¿De qué hablas? —preguntó Hermione enojada.
Tom sonrió y se levantó del suelo, caminó hacía Hermione con sus manos extendidas.
—Observa mis manos Peséfone, ¿las ves distintas? —preguntó curioso.
La castaña seguía confundida y apretó su varita en su mano derecha.
—¿A qué huelo Perséfone? —preguntó Tom sentándose en la cama e inclinándose hacia ella.
—Dime, Hermione, ¿a qué sabe mi boca? —preguntó por última vez antes de cerrar el corto espacio que había entre sus bocas.
¿No te sabe a oscuridad?
¿No te sabe a muerte?
Porque precisamente acabo de comerla.
¿Puedes probar el sabor a muerte en mis labios?
--------------
--------------
------
--
-
Bien, sépanse que este me costo un poquito, me merezco un review, no me obliguen a ponerlas bajo la imperius.
Es un solo capítulo, lo sé, pero sean justas, es más largo de lo que acostumbro y hay dos besos… y una muerte, y sangre, ¿qué más quieren?
Los siguientes van a tardar un poco, tengo que apurarme con Ofitas, sin embargo, voy a poner algunas escenas y capítulos que no pude incluir en los capítulos anteriores ni en The Unforgiven, son partes que ya no tuvieron cábida y como no sé que hacer con ellas he decidido ponerlas en mi Lj, tengo que buscar los archivos y organizarlos, espero subirlos este fin de semana, por si a alguien le interesan, para entrar pueden ir a mir profile y dar un click Homepage, pero no lo hagan ahora porque lo único que hay es una entrada que se va a quedar así por si mucho tiempo, un fic del que no estoy muy segura.
A todas las que ma han dejado comentarios, muchas gracias, creo que he respondido todos, unos puede que hasta dos veces, pero las que no tienen cuenta no he tenido forma de responder ni agradecerles, sin embargo... gracias.
En mi opinión este capítulo no amerita que cambie el rating, así que no lo haré, considero que esto fue demasiado leve, pero igual y yo soy una loca pervertida, no sé, tal vez esa implícita condicionalidad de muerte/sexo pudiera ser tomada mal por algunas, alguien ya me ha dicho que la relación es enfermiza y sádica, pero que de todas formas la había disfrutado, o sea que no puede ser tan malo.
