-Buenos días.- Dijo Emma entrando en la comisaria. Había pasado una noche horrible pero no podía dejar su trabajo.
-Hola, ayer te desapareciste.- Contestó Graham sentándose en su mesa.
-Sí, tuve algo que hacer.- Aseguró entonces ella que no quería darle demasiados detalles en medio de la comisaria.
-Te vas a buscar un problema con la nueva jefa.- Comentó Cassidy que había escuchado lo que decían.
-No creo que tenga problema.- Soltó entonces Graham.- Nos desharemos de ella por una temporada.- Añadió.
-No te preocupes, estaba al tanto.- Espeto la rubia.- ¿Por qué dices eso?- Preguntó con curiosidad.
-¿No lo sabes?- Preguntó el hombre.
-No, ¿Qué?
-Parece que ha pedido una baja indefinida.- Contestó Cassidy.- Lo ha comunicado tu padre esta mañana.- añadió.
Emma sacó su móvil y se dio cuenta de que tenía varias llamadas perdidas de su padre, supuso que era para contarle sobre lo acontecido en la comisaria. La rubia se alejó de ellos dos y entro en el despacho del capitán para hablar de su padre.
-Hola, acabo de ver el móvil.- Le dijo alzándolo en sus manos.
-Hola, cariño. Es solo que se ha cancelado mi jubilación por un tiempo.- Comentó el hombre.- A tu madre no le ha hecho demasiado gracia.
-¿Qué ha pasado?- Preguntó con curiosidad.
-La capitán Mills ha pedido la baja esta mañana y no sé muy bien que le ha sucedido.- Contestó él.
-Es raro.- Aseguró la rubia.
-Sí que lo es pero bueno, hasta que ella vuelva yo seguiré trabajando.- Comentó él.
-Vale, hablamos en la cena tengo un caso.- Dijo Emma al escuchar su móvil sonar.
Emma salió junto a todo su equipo para hacerse cargo del caso que le había sido asignado aun así la rubia no consiguió concentrarse en nada de lo que hacía, se había ganado los regaños de todos y cada uno de sus compañeros. Todos estaban perdiendo la paciencia con Emma que no solía estar tan distraída.
-¿Qué pasa, Swan?- Le preguntó entonces Killian que estaba perdiendo la paciencia.
-Nada, lo siento.- Contestó ella.- Voy a hablar con los vecinos.
Emma salió de allí y se dedicó a interrogar a todos los vecinos y personas que conocían a la mujer que había sido asesinada además de todas las personas que podían haber presenciado algo.
Cuando terminó con eso le dejo sus notas a Killian y se marchó a almorzar, a diferencia de otras veces esta vez lo hizo sola. No podía sacarse de la cabeza si lo que le pasaba Regina tendría que ver con su viaje acelerado al hospital aunque imaginaba que sí.
La rubia fue al hospital donde la había dejado pero ya no se encontraba allí, intentó conseguir información de las enfermeras pero al no tener ninguna relación con ellas no podían decirle nada.
Emma se dio por vencida y se dirigió hacía el bar en el que se había cruzado con su jefa anteriormente, no sabía porque pero era la única manera que había encontrado para aliviar ese nerviosismo que tenía pensado que le podía haber pasado algo a la morena.
Al entrar por la puerta se encontró con que la morena se encontraba discutiendo y gritándole al camarero que sólo intentaba evitar que siguiese bebiendo compulsivamente. Emma se acercó a ella y relajó al camarero.
-Capitán Mills.- La llamó la rubia colocando su mano sobre el hombro de la morena.
-¡No me toque!- Gritó esta que se notaba que estaba ebria.
-Debería dejar de beber.- Añadió Emma que no prestó atención a la advertencia de la mujer.
-Sí tú lo dices.- Espetó casi con asco Regina que ya se encaminaba hacía su coche.
Emma notó que la había tuteado pero no le dio la mayor importancia se notaba que la morena estaba mal aunque no sabía realmente cual era el motivo. Antes de que esta se pudiese subir al coche la agarró del brazo y le quitó las llaves para que no pudiese conducir.
-Yo la llevo.- Dijo Emma ayudándola a subir a la parte posterior de coche.
-Claro que no.- Contestó la morena que ya se encontraba sentada.
Emma no aceptó nada y simplemente se subió en el coche y se dirigió hacia la casa de la morena, por suerte sabía dónde vivía su jefa porque ella se había quedado dormida nada más caer sobre el asiento del copiloto.
-Capitán.- La llamaba Emma una vez que había aparcado su coche delante de la casa de la morena.
Regina no hizo ningún gesto de moverse o de hacer nada. Estaba profundamente dormida, Emma supuso que sería el efecto de haber tomado tanto alcohol.
La rubia hizo un esfuerzo enorme y la cogió en sus brazos pero antes le sacó las llaves de la puerta de su casa. Emma la cogió en brazos y la sacó del coche. Caminó con ella hasta el salón y la dejó descansar en el sofá, no se encontraba con fuerzas suficientes para subir las escaleras con la mujer en sus brazos.
-Kat…- Murmuró Regina acomodándose en el sillón.
Emma no entendió lo que la mujer dijo por lo que simplemente se metió en la cocina y preparó un café bien cargado para cuando la morena se despertase. Sabía que tendría una resaca bastante fuerte.
Emma no sabía lo que sentía por ella, no podía entender porque tenía esa necesidad de cuidarla y de protegerla. La rubia alejó esas ideas de su cabeza y se acercó al sofá, en la mesita que había delante del mismo dejó la taza de café. Por su cabeza pasó la idea de marcharse y dejar a Regina pero algo en su interior no le permitió hacerlo, necesitaba estar ahí, por lo menos hasta saber que se encontraba bien.
La rubia no dejaba de darle vueltas a todo lo sucedido el día anterior en el hospital, además de la actitud y el malestar que parecía acompañar a Regina todo el rato. Por un momento pensó que no estarían solas en la casa pues había recordado a la mujer mayor que acompañaba a la morena el primer día además de a su esposa. Emma se volvió a acomodar en el sofá e intentó alejar esos pensamientos de su mente lo más rápido posible.
Regina dormía profundamente y no se despertó hasta una hora después, el dolor de cabeza era casi insoportable. Se movió en el sofá quejándose, no sabía cómo había llegado allí y tampoco sabía porque le dolía tanto la cabeza.
-Ha despertado.- Una voz la sacó del adormilamiento que tenía.
-¿Qué hace usted aquí?- Casi gritó sobresaltada por ver a la rubia en su casa.
-Le he preparado un café pero tiene que haberse quedado frío.- Dijo la rubia mirando la taza.
-Conteste a mi pregunta.- Gritó Regina que estaba perdiendo la paciencia.
-Estaba bebida.- Contestó Emma.- Cuando la encontré estaba peleando por el camarero y apunto de coger su coche, la he traído hasta aquí para que no le pasase nada.
-¡Joder!- Espetó muy molesta Regina.- Gracias, ya puede irse.
-¿Qué le ha pasado? ¿Está bien?- Preguntó entonces ella.
-Estoy bien, todos nos hemos pasado alguna vez con el alcohol.- Contestó Regina que fue a calentar el café.
-Lo sé pero… da igual.- Dijo Emma que no quería meterse con ella.- Lo siento, ya me marchó.
-Perdone, he sido demasiado brusca.- Aseguró entonces Regina calentando el café.- ¿Quieres uno?- Le preguntó aunque se arrepintió unos segundos después, no entendía porque confiaba en esa mujer.
-Gracias.- Contestó sin más ella sentándose en la isla de la cocina.
Regina sirvió dos tazas y sentó en un taburete en frente de la rubia que la miraba, Regina pudo notar algo en la mirada de esa mujer pero no sabía que era. Su cabeza seguía dando vueltas, no solo por culpa del alcohol sino por todo lo que le había pasado el día anterior.
-¿Puedo preguntar?- Preguntó Emma que no sabía morderse la lengua.
-Mi mujer…mi esposa… ella… se suicidó…no estuve ahí para ella.-Dijo Regina casi sin voz y dejando escapar un par de lágrimas por sus mejillas.
Emma se quedó blanca, no sabía que hacer o decir. Jamás pensó que esa fuese la causa por la que Regina había acudido ayer al hospital, ni la que le había hecho beber hasta casi perder el conocimiento en el bar.
-Lo siento.- Dijo Emma.
Regina no dijo nada, se bebió el café y cogió una pastilla de una de las estanterías. No quería llorar, no quería seguir llorando, ya no le quedaban más lágrimas.
-Sí necesita algo…- Empezó a decir Emma.- Sólo tiene que pedirlo, de verdad. No soy tan gilipollas como puede llegar a pensar.- Aseguró la rubia.
-Gracias, la verdad es que no debí de beber tanto.- Contestó la morena.
-Ahora entiendo porque la hacía. Debía de quererla mucho.- Dijo Emma.
-Sí que la quería pero parece que no fue lo suficiente.- Contestó Regina.
-No piense así.- Aseguró la rubia.-Hay veces en la que comentemos errores tan graves que nos hacen perder a las personas que queremos, estoy segura de que su mujer la quería pero hay situaciones que son difíciles de superar.- Emma hablaba mirando directamente a Regina.
-¿Habla por experiencia?- Preguntó la morena que quería evitar ser durante unos segundos el centro de la conversación pues sabía que si seguía hablando de ella se derrumbaría de nuevo.
¿Os ha gustado? Espero vuestros comentarios. Probablemente hasta el martes no pueda actualizar (intentaré el lunes aunque lo veo complicado). Gracias por todos los comentarios, sois geniales!
