CON TAL DE QUE ME QUIERAS
Por Mary Martín
CAPITULO 12
DEMASIADO TARDE
Hubiera deseado no tener que besarla, pero tuvo que hacerlo para no levantar sospechas… sabía que alguien lo observaba… pero aún así a su corazón no podía mentirle. Esto era amor, pero no el que un hombre siente por una mujer, esto iba mucho más allá de eso. La admiraba, por su valentía, por su gran corazón, por su carácter indomable, por su ternura. Era una gran mujer. El destino caprichoso había decidido que estuvieran juntos pero nadie, absolutamente nadie debía saber la verdad.
Los recuerdos amargos volvían a su mente. June estaba destrozada por la pérdida de Shun, fue algo terrible para ella. Se había quedado sola, un choque de emociones rigiendo su alma entre la vida que se había extinguido y la que todavía iba a comenzar. Ikki intentó apartarse de todo como solía hacerlo sintiéndose culpable por la muerte de su hermano menor, pero no podía simplemente ignorar lo que ella sufría, por lo que decidió quedarse a su lado y, muy a su manera, amarla como su hermano hubiera deseado que hiciera.
El pequeño Seiisuni necesitaba un padre que lo guiara y amara por sobre todo. No podía dejarlo solo. Nadie nunca supo la realidad de los hechos, pero tanto él como June aceptaron permanecer juntos con tal de cumplir la última petición de Shun.
Esta situación se le escapaba de las manos. Estaba claro que Seiisuni ya no era ningún niño y pronto se daría cuenta de la verdad si no es que ya lo había hecho. De pronto se dio cuenta de algo, sacudió la cabeza ligeramente, como volviendo a la realidad. Depositó suavemente a June sobre el pasto. Esto no podía estar bien, según sus cálculos hoy era el día de la pelea pero todo era diferente. Lo atribuyó a que Seiisuni había cruzado el portal más de una vez, así que ahora no sabía a ciencia cierta lo que iba a pasar.
Más allá estaba Shun, sin dudarlo se acercó a él dándole de beber el mismo líquido que le había dado a June. Le levantó un poco la cabeza para tratar de despertarlo pero eso no sucedió, estaba en muy malas condiciones así que lo más probable es que el elixir no pudiera curarlo del todo. Sin poder evitarlo comenzó a recordar, la última vez que vio a Shun fue exactamente igual que ahora… estaba temblando entre sus brazos, completamente cubierto de sangre y a punto de morir… sólo que esa vez le había sonreído con dulzura justo antes de cerrar los ojos para siempre. Tenía miedo de no volver a ver esa sonrisa nunca.
Era tiempo de cambiar la historia. Si el Ikki de esta época no aparecía en escena entonces Shun no tendría por qué morir. Seiisuni no tendría por qué quedarse solo y por consiguiente no sería dominado por la maldad que Hades le inculcaba desde su interior. Estaba dispuesto a todo para conseguirlo.
– No era necesario que hicieras eso
Aquella voz lo sacó abruptamente de sus pensamientos.. Por un segundo se había olvidado de que lo estaban observando. Inmediatamente Ikki levantó la cabeza, pero no se atrevió a enfrentar con la mirada a la persona que se hallaba a sus espaldas. Muy despacio recostó a Shun sobre la tierra y acariciando por última vez su rostro se incorporó por completo. Finalmente decidió mirarlo. Ahí estaba él. Seiisuni lo miraba con una mezcla de odio y desconcierto, pero luego centró su atención en la hermosa chica que estaba junto a él.
– Besarla… no tenías que hacerlo… – aclaró pues Ikki lo miraba un tanto confundido
– Hijo, yo…
– ¡Ya no finjas más! – exclamó enfurecido mientras con una mano le indicaba a Ikki que se detuviera pues su intención era acercarse – ya no soy un niño ¿Sabes? me doy cuenta perfectamente de lo que pasa… ya estoy harto de tus mentiras y quiero que me digas todo aquí y ahora frente a frente
– Yo… no sé de que hablas… – tartamudeó notoriamente desviando la mirada, el temor se apoderó de él de tan sólo pensar que Seiisuni hubiera descubierto todo
– ¿Qué pasa, fénix? ¿No tienes el valor para decirlo? Eres un maldito cobarde ¿Acaso es eso?
La frialdad de su voz y la rudeza de sus palabras contrastaban terriblemente con la dulzura de la mirada que ahora le dedicaba a June. Se había acercado más a ella poniendo una rodilla en tierra, hasta ahora no se había atrevido a tocarla.
– ¿Sabes? de camino a este mundo paralelo tuve un extraño encuentro con una persona que nunca había visto pero que de algún modo siempre ha estado conmigo, me dijo muchas cosas interesantes, sobre June, la orden del zodiaco, sobre ti… y sobre ese maldito traidor a quien intentas salvar… – dijo mirando a Shun y sintiendo algo de pena por su estado tan lamentable – sé toda la verdad – sentenció clavando sus ojos en los del fénix
Ikki contuvo el aliento ante esa confesión, no sabía exactamente a qué se refería el muchacho. Lo miró a unos cuantos pasos de él, en este instante se dedicaba a acariciar los cabellos de su madre de la cual ya prácticamente no tenía recuerdos. Seiisuni al notar el miedo en los ojos del mayor, trató de aclarar la situación, le parecía increíble que a estas alturas él siguiera con esa farsa. Controlando todo el odio y coraje que sentía en ese momento, apretó los puños con fuerza y mirándolo con desdén le dijo apenas en un susurro…
– Sé que tú no eres mi padre
El caballero dorado de leo sintió como si toda la sangre de su cuerpo bajara al suelo violentamente, se quedó paralizado por completo, los ojos de Seiisuni que una vez estuvieron llenos de admiración y orgullo hacía él, ahora sólo le demostraban un desprecio infinito que de algún modo sintió merecido. Aquella mirada de hielo le quemaban por dentro como si de fuego mismo se tratara, pero no se atrevió a desviar la vista
– ¿Creíste que podías engañarme para siempre?
La reacción de Ikki había confirmado todas sus sospechas, él trataba de explicarle, de decirle como fueron las cosas, pero simplemente no le salían las palabras. Se había negado a creerlo, de algún modo su corazón guardaba una pequeña esperanza de que todo fuera un error, pero lo que le habían dicho era cierto
– También sé que si fingiste serlo fue sólo porque te dimos lástima mi madre y yo
– ¡Eso no es verdad! – dijo saliendo de su estupor – Seiisuni, yo los amo, no dudes de eso por favor
– ¡Cállate! Tú no tienes ni idea de lo que es amar. Cuando amas a alguien no le mientes. Todo este tiempo he vivido una mentira, yo te amaba, eras todo para mí. Desde que mamá murió, tú te convertiste en mi guía, mi amigo, mi todo… y un buen día me entero por terceros de que no eres mi padre… ni siquiera tuviste el valor de decírmelo en mi cara
Ikki trataba de asimilar la información recibida. Nadie, absolutamente nadie, además de él y June, sabían la verdad ¿Cómo era posible que hubiera alguien más? Comenzó a pensar en las consecuencias que esto traería. Había fallado en su misión y ahora no podría protegerlo del mal que pendía sobre su cabeza
– Dime una cosa, pero contéstame con sinceridad, por favor – pidió, casi suplicó cambiando su tono de voz por uno lleno de melancolía mientras volvía a mirar a June. Ikki, aún en medio de su aturdimiento afirmó con la cabeza – quiero saber si ella… ella… – tenía miedo de preguntar. Sólo una cosa le quedaba en esta vida y no quería perderla. Lo que él le respondiera iba a marcarlo para siempre. Doloroso o no, tenía que saberlo – June, ella… es mi madre ¿Cierto?... – preguntó sin mirarlo y esperando lo peor. Los segundos que Ikki tardó en responder se le hicieron eternos. No pudiendo controlar la ansiedad del momento volvió a preguntar – lo es ¿Verdad?
En ese mismo instante, en un lugar no muy lejos de ahí, las tropas de Hakaisha intensificaban la búsqueda. Los guerreros eran infinitamente superiores, no había punto de comparación entre ellos y los que estuvieron a punto de matar al joven Shun. Habían recibido una sola orden bastante fácil de cumplir… traer la cabeza del traidor a como diera lugar.
Nadie nunca había visto el rostro de Hakaisha. Era un soldado misterioso que a base de ganar sangrientos combates se había ganado el título del general más sanguinario y violento del Hades. No era tanto su poder como el odio que albergaba en su corazón, un odio que hasta cierto punto era irracional y el cual había terminado por inculcarle a Seiisuni.
Esa misma energía negativa emanaba ahora de la centena de guerreros negros que estaban de cacería en busca de una presa fácil, pues sabían que Shun estaba malherido. Pero al mismo tiempo tanto el caballero dragón como el caballero del cisne, se dirigía presuroso al sitio más lejano del bosque, aquel que irradia un aura negra imposible de no notar… pero lo más probable era que no llegaran a tiempo…
Otra presencia se hizo notar un poco más allá. Reda estaba herido… demasiado… si aquel terrible dolor hubiera sido causado por mil cuchillos envenenados hubiera sido menor. Su corazón sangraba, lloraba aún. Era imposible describir tanta desdicha, más difícil todavía tratar de seguir en pie. June era inalcanzable para él… siempre lo había sido… jamás podría ser dueño de su amor, lo sabía bien y le dolía. Pero ese mismo dolor clamaba fervientemente una cruel venganza, la cual estaba dispuesto a llevar a cabo.
Mientras tanto el joven Dios, permanecía expectante ante la posible respuesta que el hombre al cual había llamado padre desde siempre, pudiera darle, hasta que por fin las palabras que tanto deseaba escuchar fueron pronunciadas
– Sí, Seiisuni, ella es tu madre
Respiró aliviado. Por un segundo se sintió desfallecer, aferrándose más abrazó a June con fuerza. Sintió que unas lágrimas venían a sus ojos pero logró reprimirlas, había prometido que jamás en su vida volvería a llorar, jamás. No recordaba cuándo fue la última vez que se sintió feliz por algo. Ahora lo estaba. June era la única cosa real en su vida y no iba a dejar que en este mundo alterno ella muriera por culpa de aquel traidor. Después de estar así por algunos instantes más, se levantó.
– Seiisuni, por favor, dime cómo te enteraste
El joven tomó su capa y envolvió a June con ella. Sintió una gran opresión en el pecho, era como si alguien lo estuviera llamando. Sintió la necesidad de acudir a ese llamado. Pensó ignorar la pregunta del que alguna vez llamó padre pero prefirió aclarar las cosas aunque fuera un poco
– Hades me lo dijo… – respondió simplemente
– ¿Qué? ¿Cómo es posible?
– Desde pequeño he podido escuchar una voz que me habla casi todo el tiempo, en un principio no sabía de donde venía pero ahora sé que es parte de mí y de este ser oscuro que duerme en mi interior
– ¡No debes escucharlo! él solo quiere dominarte y convencerte de que hagas cosas terribles, no debes dejar que la maldad rija tu vida
– No sabes lo que dices, él es mi amigo, el único que me entiende, no como tú que siempre has fingido estar de mi lado, él…
No pudo seguir hablando, todo se nubló de pronto. Lo único que supo fue que al siguiente instante se hallaba de rodillas sosteniéndose la cabeza. Un ruido insoportable provenía desde adentro. Ikki al notarlo, se acercó de inmediato
– Seiisuni, ¿Qué te pasa?
– Debo ir… con él… – susurró a modo de respuesta – ya es hora…
– ¿Con quién? ¿De que hablas?
De pronto un extraño resplandor rodeo al joven Seiisuni envolviendo también a Ikki que en ese instante lo sostenía. Los ojos del menor se tornaron completamente blancos, vacíos. Aquel sonido agudo que en un principio era doloroso se había tornado en algo placentero que lo llenaba de paz y tranquilidad. Ikki lo llamaba y sacudía para que reaccionara, pero Seiisuni ya no le prestaba atención, sólo quería dejarse guiar por aquello que le provocaba un sentimiento hermoso aunque no sabía que era. Se formó una corriente de aire que se volvía más y más fuerte a cada momento hasta convertirse en un torbellino que se elevó al cielo. En fracción de segundos ambos desaparecieron dejando solo una pequeña estela de luz blanca flotando en el aire. Seiisuni estaba a punto de cumplir con su destino.
– Nii-san…
Al sentir esa perturbación en el ambiente, Shun despertó agitado, su respiración era errática. No podía ver claramente, tan solo sombras y formas difusas. Pudo sentir que su hermano estaba en un gran peligro, eso lo había sacado de su letargo. De momento todo era confuso. Su cuerpo no le respondía como quisiera. Se quedó un poco más tendido sobre la tierra y posteriormente Intentó levantarse apoyándose en sus rodillas y con ambas manos, las cuales le temblaban amenazando con no ser un buen sustento. El intenso sabor a sangre en su boca no había desaparecido. Estaba mareado pero notó que su brazo ya no estaba roto y que el dolor se había esfumado. Aún así, sus fuerzas eran muy pocas. Estaba confundido. Lo último que recordaba es que estaba huyendo de los hombres de Hakaisha y que June…
– ¡Dios mío! June…
– ¡No te atrevas siquiera a pronunciar su nombre, maldito!
No lo vio venir. Un golpe franco en su rostro hizo que cayera nuevamente al suelo. El causante de esto, un joven de ojos verdes y cabellos rosados que le había acertado una patada en la cara con todo el odio que llevaba dentro logrando partirle un labio y provocándole un sangrado intenso en la nariz. Una sonrisa apareció en su rostro, disfrutaba verlo sufrir así, estaba seguro que no era ni la mitad de lo que él había sufrido.
– Reda… – pronunció con dificultad
– ¿Qué pasa, Shun? ¿Creíste que iba a dejar que me quitaras a June así de fácil? – Sin darle tiempo a nada, se acercó y lo volvió a patear pero esta vez en el estómago. Shun escupió sangre salpicando el traje blanco de Reda – ¡Levántate, miserable!
Lo tomó por el cuello y lo levantó intentando asfixiarlo, los pies de Shun ya no tocaban el suelo. No tenía fuerzas para defenderse pero sabía que tenía que hacer algo o Reda iba a matarlo. Estaba preocupado, pero no por él sino por June, ella estaba muy débil y necesitaba ayuda urgentemente. Entreabrió los ojos y logró mirarla. Se veía pálida, frágil, con el rostro enlodado ¡Por Dios! ni siquiera sabía si estaba respirando. Al parecer Reda notó que la miraba.
– Ya estarás contento, ella está así por tu culpa. De no ser por ti nada de esto le hubiera pasado
– Reda… por favor, ayúdala…
– Ahora si te preocupas por ella ¿No? ya es demasiado tarde
Un escalofrío recorrió la espalda de Shun. A lo lejos pudo sentirlo. Ese cosmo, sin duda era de... imposible, simplemente imposible. Como podía ser que alguien más tuviera esa cosmoenergía. Sólo podía haber una explicación que por más ilógica que pareciera tenía que ser real. De pronto sintió otro cosmo activándose súbitamente, era el de Seiisuni. Esto no estaba bien, algo grave estaba pasando, había que hacer algo, no había tiempo que perder.
– Reda, suéltame… tenemos que irnos de aquí… – reuniendo sus pocas fuerza colocó sus manos sobre las de Reda intentando safarse
– ¿Qué te pasa? Ahora vas a suplicarme que no te mate, si no pones resistencia no será tan divertido destruirte – sintió que aquel cosmo iba a llegar a su máximo nivel en cuestión de segundos, tenía que evitarlo – por que no dejas de lloriquear y peleas como un hombre ¿Acaso no puedes?
– No quiero lastimarte, no eres tú mi enemigo ahora por favor ¡Suéltame!
Al ver que no podría razonar con él, uso todas su fuerzas para separar las manos de Reda de su cuello logrando lastimarle los brazos y al final le acertó un rodillazo en la barbilla logrando así liberarse. A pesar de lo anterior, apenas podía mantenerse en pie, sabia que Reda no se iba a dar por vencido así nada más.
– Vaya, parece que sí quieres pelear después de todo ¿No? – dijo limpiándose la sangre de la boca – ¡Maldito! Voy a matarte ahora mismo, no te merecer el amor de una chica como June – se acercó a gran velocidad hacia su objetivo
– ¿Y acaso tú si lo mereces? – esta vez Shun detuvo el puño de Reda con extrema facilidad antes de que este tocara su rostro, en cambio él no falló impactando la barbilla de su adversario y haciéndolo retroceder – si la amaras tanto como dices no le hubieras mentido – Reda palideció un instante – sé que no le entregaste a June la carta que decía que yo estaba bien y que pronto regresaría a su lado…
– ¿Cómo sabes eso? – preguntó nervioso
– ¿Eso no importa? ¡Tú le mentiste! La dejaste sufrir día y noche pudiendo darle un poco de la paz que tanto anhelaba – lo tomó de sus ropas y lo estrelló contra un árbol – la viste llorar incontables veces y no te importó, pudiste haberle puesto fin a su dolor y no lo hiciste y todo por una estúpida obsesión…
– Yo la amo ¡Maldición! ¿Acaso no lo puedes entender?
Se soltó violentamente retrocediendo unos cuantos pasos, Shun se sorprendió por aquellas palabras llenas de dolor pero más aún por las lágrimas que comenzaban a escaparse de los ojos de Reda, nunca en su vida lo había visto llorar
– Reda…
– ¿Qué querías que hiciera? Si le entregaba la carta, June iba a ir corriendo hacia ti y como siempre me dejaría a mí a un lado. No sabes lo que he tenido que pasar, no tienes idea de que se siente saber que nunca podré tener el amor de June. En Isla Andrómeda siempre me esforzaba, entrenaba día y noche sin descanso, ganaba todos y cada uno de los combates derribando a cualquiera que me pusieran enfrente. Pero eso a ella no le importaba, sólo se preocupaba por ti y corriendo iba a curar tus heridas… mientras yo, el vencedor, obtenía como recompensa unas palmadas en el hombro por parte de nuestro maestro… y el desprecio de June por haberte lastimado
Fue hasta ese momento que Shun se dio cuenta que Reda siempre había sido un buen chico, pero a veces el amor nos hace hacer cosas que tal vez en otras circunstancias no haríamos. Entendió un poco del dolor que su amigo debía estar sintiendo, él mismo lo llegó a sentir en algún momento
– Me he tenido que tragar este dolor, hacer como que no pasa nada y soportar verla a tu lado… verlos felices mientras mi estúpido amor y yo salimos sobrando… ¡Así que no te atrevas a decir que no la amo!
Intentó comprender a su amigo. Él luchaba por reprimir sus lágrimas pero simplemente no podía. Pero aún en medio de esta difícil situación, no había tiempo que perder.
– Reda, lo siento… nunca me di cuenta de cuanto sufrías, yo…
– No digas nada, no quiero tu lástima pues no la necesito…
De repente, sintió tres presencias extrañas y poderosas acercándose a una impresionante velocidad. Había olvidado por un momento del terrible peligro que se avecinaba.
– Reda, no hay tiempo para esto, el enemigo está aquí
– Sí, eso ya lo sé – dijo con una calma abrumadora mientras que con coraje se secaba las lágrimas
– Entonces ¿Qué esperas? Hay que irnos – intentó acercarse a June para sacarla de aquel sitio pero Reda le tapó el paso
– Claro, June y yo nos iremos lejos para estar sanos y salvos… lastima que tú no…
A sus espaldas, tres guerreros vistiendo armaduras negras hicieron su aparición. Eran enormes, corpulentos, con los rostros cubiertos por máscaras plateadas, rodeando al santo de Andrómeda que seguía sin entender lo que pasaba. Reda sólo sonreía al ver la cara de desconcierto de Shun
– Ahí está muchachos tal como se los prometí, está débil e indefenso como un bebé así que pueden hacer con él lo que quieran… – los guerreros rieron con malicia mientras elevaban sus cosmos dispuestos a acabar con el enemigo
Entre tanto, Seiisuni despertó y pudo notar que se encontraba en la casa de Virgo. Ikki seguía tendido en el suelo aparentemente inconsciente. El joven dios fue guiado a ese lugar por un poder supremo, uno que ahora se manifestaba como un resplandor blanco y puro que parecía emanar de todas partes y a la vez de ninguna. Seiisuni lo contemplaba con asombro. Le inspiraba tanta paz que llegó a pensar que estaba dentro de un sueño… y de cierto modo así era…
Unas imágenes borrosas se formaron en su cabeza, eran como recuerdos extraviados. Vio a una mujer, era hermosa, con el cabello largo y rubio portando un vestido blanco… era su madre… ella llevaba a un pequeño niño en los brazos, lo arrullaba mientras dejaba que el viento revolviera sus cabellos haciéndolos danzar. El niño de pronto empezó a llorar, por más que su madre trataba no podía calmarlo… hasta que de pronto un hombre, al cual no le pudo ver el rostro, se acercó a ellos envolviéndolos de paz. Los abrazó a ambos con amor y ternura, besó a la mujer en los labios y posteriormente la cabecita del bebé el cual dejó de llora de inmediato. Todo era muy hermoso pero triste… aquello había sido una despedida.
– Te dije que no debías intervenir, Seiisuni, deja que todo sea como debe ser y regresa a tu mundo
El joven escuchó una voz que provenía de las paredes, pudo reconocerla a pesar de que sonaba más bien como un eco. Se trataba del ser que encontró de camino a este mundo, el que le dijo toda la verdad sobre Ikki y su destino como rey del inframundo, fue hasta entonces que se dio cuenta que era la misma voz que desde niño podía escuchar
– No esperarás que me quede cruzado de brazos sabiendo todo el mal que se avecina
– No puedes hacer nada para evitarlo, aún si cambias las cosas que sucederán este día, estas tendrán que pasar tarde o temprano, no hay forma de escapar
Seiisuni pareció meditarlo ¿Acaso no había manera de evitar tanto dolor? Se esforzó mucho tratando de crear un portal interdimensional, entró durante años para hacerse más y más fuerte, todo con el único fin de cambiar su cruel destino, pero ahora eso no serviría de nada. Resultó que Ikki, quien lo cuidó con tanto amor y dedicación, le había mentido. Aún así no podía dejar de quererlo y respetarlo por más que lo intentara, pero si no era él su padre ¿Entonces quién?
– Te agradezco que te preocupes por mí. Me ayudaste a comprender muchas cosas de mi vida, de cierto modo eres al único al que puedo llamar amigo… pero se te olvidó decirme algo muy importante…
– Dime, Seiisuni ¿Qué es lo que quieres saber?
– Es acerca de mi padre…
Él lo sabía. Desde el momento en que lo vio, lo sabía. Su cosmo, su voz, esa mirada idéntica a la suya. Era tan evidente que le dio miedo estar en lo correcto. Seiisuni siempre supo quien era pero se negaba a creerlo. Hizo una pregunta cuya respuesta era más que conocida, pero quería que él mismo se lo dijera, tenía que escucharlo de su propia voz.
Al mismo tiempo, en el bosque, Shun seguía sin poder creer lo que estaba pasando. Reda lo había entregado al enemigo y ahora lo abandonaba a su suerte
– Reda, ¿Qué estás haciendo?
– Lo siento Shun, pero mientras estés vivo June no va a dejar de amarte, así que una vez que estés muerto yo tendré el camino libre y no te preocupes que yo voy a protegerla
– Estás equivocado, no puedes confiar en ellos te matarán y también a June
– Te dejo con estos caballeros – dijo ignorando sus advertencias – con tu permiso yo me retiro… – se dio la media vuelta sonriendo con malicia
– Espera un momento… – el guerrero más alto y fornido se interpuso en su camino
– ¿Qué pasa? – respondió nervioso intimidado por el aspecto nauseabundo del sujeto
– Lamento decirte que tu amigo tiene razón, no puedes marcharte
– ¿De qué hablas? Teníamos un trato, ya les entregué lo que querían ahora dejen que June y yo nos vayamos
– ¿Ese era el trato? No lo recuerdo
– Así es – dijo empezando a temer – usted me lo prometió
– ¿Pues qué crees? cambié de opinión…
Reda se quedó paralizado al ver que el guerrero comenzó a formar una luz violeta que en cuestión de segundos se convirtió en una enorme esfera de poder. Retrocedió algunos pasos pero era imposible tratar de escapar, era inevitable… iba a morir...
– ¡Ráfaga de muerte!
Muy tarde comprendió su error y ahora lo iba a pagar muy caro, cerró los ojos esperando el golpe mortal dispuesto a pagar sus culpas pero en el fondo feliz de saber que seguiría amando a June desde el más allá
– Reda ¡Cuidado! – en un movimiento rápido, Shun alcanzó a empujarlo hacia un lado fuera del trayecto de la esfera de poder que lo golpeó violentamente
Justo en ese momento, Seiisuni se materializó en el lugar, obra del ser supremo que lo había guiado hasta ahí, sólo para presenciar la escena más triste de su vida. Era inútil que lo llamara, su voz se convirtió en nada después del estallido
– ¡Shun!
Los ojos de Seiisuni se llenaron de lágrimas al presenciar tal suceso… estaba sucediendo nuevamente… el cuerpo de Shun fue atravesado por completo, logró sostenerse en pie unos instantes que parecieron eternos; pero luego, rendido, se dejó caer de rodillas mientras se sostenía con ambas manos la herida mortal, para después cerrar los ojos y dejar que el pasto acariciara su rostro y abrigara su cuerpo…
– No, no otra vez ¡Por favor no me dejes! – Seiisuni veía impotente como Shun quedó tendido en la tierra mientras el guerrero negro a sus espaldas sonreía triunfante, la historia se había repetido nuevamente y no pudo hacer nada para evitarlo – te necesito conmigo, no te mueras…¡No te mueras, papá!...
Ahora todo estaba claro en su mente, no más secretos, no más mentiras. Había entendido todo pero ya era… demasiado tarde….
Continuará…
