Capítulo 12: Buscando ayuda

—Tenemos que contarle a Rose —dictaminó Hedda, con expresión seria.

—No. —fue toda la respuesta que recibió de Albus.

—¡Vamos, Potter! —le criticó ella, exasperada. —Sabes tan bien como yo que necesitamos su ayuda para esto…—insistió una vez más Hedda. Albus se recostó sobre su cama, evitando mirarla. Pero ella no desistió, sino que se sentó a los pies de la misma, de manera tal que no tuviera otra opción que mirarla. —Estamos perdidos sin la ayuda de Rose.

—Compañero, odio tener que decir esto pero… Hedda tiene razón, necesitamos de la ayuda de tu prima —confesó Scorpius, que estaba recostado en la cama contigua a la de Al.

—Además, no podemos dejar a Ely y a Lysan afuera de todo esto así como si nada —trató de convencerlo Hedda con un nuevo argumento. Albus cerró momentáneamente los ojos, y soltó un suspiro, resignado.

—Está bien—aceptó finalmente. Hedda sonrió triunfante. —Pero ustedes dos tendrán que ayudarme… Rose se va a poner peor que un dragón encerrado cuando se lo cuente—les exigió luego el pelinegro. Le Blanc asintió instantáneamente, sin saber verdaderamente lo que la esperaba.

Una hora más tarde, cuando todos estaban reunidos en la Sala de Requerimientos, Albus contenía el aliento mientras que esperaba la reacción de Rose.

Apenas había terminado de relatarle toda la historia a ella, a Elektra y a Lysander, su prima le había dado la espalda, y se había alejado unos pasos hacia una de las ventanas. Ahora, varios minutos después de terminado el relato, todos esperaban en silencio, listos para correr si veían el menor asomo de peligro en su amiga pelirroja.

—Eres un maldito cabrón, ¿lo sabes, no? —soltó Rose finalmente. Su voz sonó bastante contenida, como quien está haciendo un gran esfuerzo por no gritar, y Albus vio que tomaba varias bocanadas de aire antes de continuar. —¿Te das cuenta acaso de que estamos repitiendo la misma historia del año pasado? —le preguntó entonces ella, girando para enfrentarse al grupo por primera vez.

Albus no se atrevió a responderle. A pesar de que no gritaba, la mirada en los ojos de su prima era bastante intimidante, y por qué no, atemorizante.

—¿Te das cuenta de que, una vez más, has desobedecido una orden directa de tu padre? ¿Qué una vez más has roto quien sabe cuantas reglas de Hogwarts? ¿Qué una vez más te estas metiendo en problemas sin que nadie te llame? —las palabras comenzaron a salir una detrás de otra de los labios de su prima, y con cada una, la intensidad de su voz iba en aumento. Rose se detuvo justo cuando el tono de su voz estaba rozando lo que podría clasificarse como un "grito", y volvió a respirar varias veces, para calmarse.

—Lo sé—le respondió Potter finalmente. Y Rose le clavó una mirada que parecía atravesarlo de lado a lado. —Sé lo que piensas, pero esto es grave, Rose. Primus planea matar a mi padre.

—No estás seguro de eso—le argumentó ella.

—¡Claro que lo estoy! Quiere deshacerse de él y del Ministro. Planean tirar abajo todo lo que nuestros padres han trabajado para construir—le retrucó Albus, ya incapaz de contenerse él tampoco.

—¡No es tu deber detenerlos, Albus! ¡Tienes doce años, y yo también! —estalló también Rose. —Tu padre te dijo que te apartaras, y tú sigues insistiendo en desobedecerle.

—¡No puedo mantenerme a un lado cuando Primus está organizando cómo matar a mi padre en mis propias narices! —Albus escupió las palabras con una bronca que pocas veces mostraba. Y, como había pasado en otras situaciones en las que Albus perdía control de sus emociones, la magia pareció salir disparada de él haciendo que todas las luces del salón temblaran y amenazaran con apagarse. Rose retrocedió instintivamente, atemorizada.

Scorpius fue el primero en reaccionar, adelantándose y tomando a Albus por los hombros, sacudiéndolo levemente. Albus recuperó el control inmediatamente, y sacudiendo la cabeza, volvió en sí. Malfoy lo miró intensamente unos segundos, como si temiera que volviera a descontrolarse, pero finalmente, lo liberó del agarre.

—Lo siento, Rose —se apuró a disculparse Albus. Rose parecía aún un poco conmocionada. —Perdí el control… otra vez—dijo, aunque la explicación no era necesaria. Un breve silencio se posó entre ambos. El resto observaba expectante, sin saber bien qué decir o hacer.

—No… yo lo siento, Al —habló la pelirroja finalmente. —Tienes razón… es tu familia… tu padre—admitió ella finalmente—. Pero es peligroso, Albus.

—Lo sé… pero necesito saber qué es lo que busca, Rose —insistió el pelinegro—. Y para eso necesito de tu ayuda.

—No sé, Albus…—dudó Weasley, aunque su tono sonaba cada vez más inseguro.

—No puedo sin ti, prima. Y te prometo que si averiguamos algo importante, se lo diré a papá enseguida—. Albus supo apenas terminadas sus palabras que habían surtido efecto. La mirada de Rose había cambiado al saber que toda la información terminaría al final en las manos de su tío.

—Bien… ¿qué es lo que tenemos hasta el momento? —preguntó Weasley, mientras que se acercaba a la biblioteca de la Sala de Menesteres. Albus no pudo evitar sonreír al escuchar aquella respuesta por parte de su prima.

—Sabemos que Primus y Cooper están trabajando juntos —se apuró a decir Hedda, mientras que también se acercaba a la biblioteca.

—Y que buscan algo… una especie de piedra —aclaró Scorpius, mientras que sentaba en la mesa.

—Al… ¿puedo ver lo que lograste transcribir de las anotaciones de Primus? —le pidió gentilmente Elektra, mientras que también se sumaba al grupo. Albus buscó entre sus bolsillos hasta dar con el trozo de pergamino donde había transcripto todo lo que era capaz de entender de las anotaciones del profesor, así como también una copia de la carta de Tobías. Elektra la examinó con detenimiento varios minutos. —¿Qué es Tanaerum? —preguntó entonces la muchacha rubia, fijando sus ojos oscuros en Potter.

—No tengo la menor idea —fue la respuesta que obtuvo del muchacho de cabellos oscuros.

—Pues tendremos que averiguarlo —agregó Rose, desde la biblioteca, mientras que buscaba entre los libros.

—La entrada está en Tanaerum…—recitó Elektra, releyendo el papel. —Pareciera que hablara de algún lugar, ¿no?

—Sí, pero podría ser cualquier lugar…—razonó Lysander, sentado junto a ella, hamacándose sobre las patas traseras de una silla de madera. —A mi me parece más interesante la Brújula Voluntaria —comentó entonces.

—¿A qué te refieres? —le preguntó Albus, mientras que también se sentaba a la mesa.

—Bueno, he escuchado hablar de esos artefactos…—comentó el muchacho. Y todos giraron entonces a mirarlo.

—Hubieras empezado por ahí —dijo Hedda, algo exasperada, mientras que dejaba de buscar entre los libros y se acercaba a la mesa. —¿Qué se supone que es una Brújula Voluntaria?

—Pues… eso. Una brújula que funciona a tu voluntad —explicó Lysander, como si fuera obvio.

—Pensé que las brújulas siempre apuntaban al norte —señaló Elektra, encogiéndose de hombros. Crecida entre muggles, Ely todavía desconocía muchos aspectos del mundo mágico. Lysander negó suavemente con la cabeza, haciendo que varios mechones de cabello le cayeran sobre el rostro.

—Estas brújulas son diferentes, y como todo lo especial, muy raras. Estas brújulas señalan en la dirección de aquello que tú le ordenas, de aquello que más deseas encontrar. Señalan hacia tu mayor ambición, tu mayor deseo —se explicó mejor Scamander. Todos se quedaron en silencio.

—¿Y cómo sabes esto? —preguntó entonces Rose, quien como siempre, desconfiaba de toda información que no saliera de un libro.

—Mi madre me contó una vez, cuando era más pequeño. Me dijo que si tuviera una, su trabajo y el de papá sería mucho más fácil —le respondió Lysan, encogiéndose levemente de hombros.

—¿Tu madre? ¿Luna Lovegood? —insistió Rose, alzando levemente las cejas.

—¡Ey! —se quejó Lysander, pero una sonrisa divertida se dibujó en sus labios. —Ya sé que mi madre no es a fuente más fiel de información… pero no por eso tienes que dudar de toda lo que sale de su boca.

—No, Lysan, yo no quise…—se empezó a excusar Rose.

—Creo que esta vez podemos confiar en Luna, Rosie… después de todo, comprobamos con nuestros propios ojos que esas Brújulas existen verdaderamente. Primus tiene una —intervino Albus. Rose calló, pero por su expresión se podía ver a lo lejos que no estaba completamente conforme con aquella información.

—De todas maneras, esa brújula está rota —puntualizó Scorpius.

—No por mucho tiempo —lo corrigió Hedda—. Parece que ese tal Tobías planea repararla.

—Y seguramente, en cuanto lo repare, Primus va a utilizarla para encontrar esa Piedra… sea lo que sea —señaló Elektra.

—Me pregunto que será esa dichosa "piedra"… existen cientos de Piedras con cualidades mágicas. Podría ser cualquier cosa…—se lamentó Rose, dejándose caer sobre una de las sillas.


Hacia mediados de Diciembre, Albus tuvo que aceptar que estaban estancados. No habían avanzado en su investigación sobre Icarus Primus y su extraña búsqueda, y Potter comenzaba a inquietarse.

Su sueño se había vuelto cada vez más inquieto y superficial. Tardaba mucho en dormirse, y se despertaba casi siempre en mitad de la noche por culpa de alguna pesadilla. Y luego, permanecía largo rato despierto, todavía con el corazón latiendo como una locomotora, y tratando de convencerse de que sólo era un sueño. Buscaba entre su ropa el Amuleto que colgaba de su cuello, y lo aferraba fuertemente en su mano, cerciorándose de que todo estaba bien, que nadie estaba en verdadero peligro.

Pero no importaba cuanto se esforzara por descartar los malos pensamientos, cada noche, cuando se iba a dormir, volvía a soñar lo mismo: su padre moría una y otra vez en su imaginación, y él estaba siempre ahí, presente, pero incapaz de poder ayudarlo, de poder salvarlo. A veces el sueño se volvía aún más terrorífico, y no sólo su padre moría, sino que también lo hacía su madre, y su hermana pequeña, Lily. E incluso había soñado en ocasiones con la muerte de James o de alguno de sus amigos. Y siempre, sin importar quienes murieran, el asesino era el mismo: Icarus Primus.

Sin embargo, el profesor Primus parecía cada vez menos agresivo y más tranquilo. Sus clases se habían vuelto menos prácticas y más teóricas, lo que suponía un menor peligro para los estudiantes. Pero aquello, lejos de tranquilizar a Albus, cada vez lo inquietaba más. Pues mientras que sus alumnos leían los libros de textos, Icarus Primus se sumergía en su propia lectura de aquel libro extraño, escrito en un idioma completamente desconocido para Albus.

Y a medida que se acercaban las fiestas navideñas, Albus comenzó a desesperarse. Pronto sería Navidad, lo que significaba que él tendría que dejar Hogwarts, y volver a su casa. En cualquier otra circunstancia, aquella hubiera supuesto una buena noticia para él. Pero ahora, teniendo en cuenta la situación en la cual se encontraba, no quería dejar Hogwarts. Quería quedarse allí para poder vigilar a Primus. ¿Y si Tobías lograba arreglar la brújula durante sus vacaciones de invierno? ¿Y si Icarus aprovechaba aquel receso escolar para encontrar la dichosa Piedra?

La tarde del 19 de Diciembre Albus se encontró a sí mismo incapaz de prestar atención durante la clase de Transformaciones. Dentro de dos días tendría que dejar Hogwarts, y la idea de no poder tener a Icarus Primus bajo su mirada lo estaba desconcentrando completamente.

A su lado, Scorpius Malfoy estaba sacudiendo su varita mágica frente a un globo terráqueo del un tamaño asombrosamente grande, en un desesperado intento por convertirlo en un limón. Ninguno de la clase parecía haberlo logrado aún. El globo terráqueo de Hedda había adquirido un extraño tono anaranjado, pero fuera de eso, seguía siendo un simple globo.

Albus miró con cierto aburrimiento su propio globo. Ni siquiera había prestado atención al profesor Gray mientras que explicaba el hechizo que debían hacer para lograr la transformación. Y aunque lo hubiera hecho, no tenía ganas de perder su tiempo con ese estúpido hechizo.

Potter hizo girar suavemente el globo terráqueo con una de sus manos, apenas deteniéndose en los nombres que figuraban sobre el mismo, señalando los países, con sus principales ciudades. Debajo de cada nombre escrito en inglés, el mago que había diseñado aquellos globos había agregado el nombre escrito en el idioma original de cada país.

Albus decidió buscar Londres en el mapa, y giró entonces hasta ubicarse en Europa. Localizó la isla sin problemas, y su vista vagó entonces entre los nombres de otros países Europeos… España, donde había pasado unas vacaciones un par de años atrás con su familia, Francia, donde sabía que vivía Hedda, Alemania, Italia, Grecia…

¡Grecia!

Sus ojos se detuvieron al llegar a dicho país, y su corazón dio un brinco en el pecho. Debajo del nombre escrito en inglés, el autor había escrito "Grecia" en el idioma oficial del país: el griego. Y Albus estaba un noventa y nueve por ciento seguro de que aquellos extraños jeroglíficos que se dibujaban debajo del "Grecia" en inglés eran idénticos a los del libro que leía el profesor Icarus durante las clases.

—¡Scor! —lo llamó Potter, con un hilo de voz. El rubio giró a mirarlo, algo desconcertado. —Mira esto —le pidió, todavía con la vista fija en Grecia. Su amigo aceptó bastante sorprendido.

—¡Bien, compañero! Has descubierto Grecia. Sigue así y talvez consigas encontrar Rumania —se burló Malfoy, al ver el punto que Potter le señalaba con el dedo.

—¡No, Scorpius! ¡Mira esos signos! ¡Es griego! ¡El idioma del libro de Primus es griego! —sentenció Albus, emocionándose aún más al decir aquellas palabras en voz alta. Scorpius alzó las cejas. Si bien aquello le parecía un dato interesante, no entendía que era lo que maravillaba tanto a su amigo.

—Al… no quiero sonar desalentador pero, ¿de qué nos sirve saber que el libro estaba escrito en griego? —Malfoy formuló la pregunta que lo inquietaba levemente. Potter le devolvió la mirada, y por unos segundos no supo qué responder a aquella pregunta. Todo lo que tenía era una corazonada.

—Creo… creo que Tanaerum está en Grecia —sentenció Albus finalmente, revelando a su amigo su corazonada.

—Y la única prueba que tienes de ello es… ¿este globo terráqueo delante de ti? —le preguntó Scorpius, con cierto sarcasmo en sus palabras. Albus no le respondió. En cambio, fingió volver su atención hacia la clase. Scorpius no insistió más en el tema.

Sin embargo, durante el resto de la clase, Albus fue incapaz de concentrarse en el hechizo que el profesor Gray les había asignado. Su mente desvariaba por tierras lejanas, que él desconocía completamente. Su imaginación se adentraba en Grecia… preguntándose qué era Tanaerum, y dónde quedaba.


Las vacaciones de invierno llegaron dos días después, y Albus se vio obligado a abandonar Hogwarts. Una extraña sensación lo abordó mientras que se subía al Expreso que lo llevaría de regreso hasta King Cross para pasar las siguientes semanas. Una sensación de desconfianza. Como si estuviera equivocándose. Gran parte de Albus deseaba quedarse en Hogwarts, temeroso de que Icarus Primus actuara durante el lapso vacacional.

Durante todo el trayecto que separaba el castillo de Londres, Albus no pudo evitar pensar en Primus, en Tanaerum, en Grecia, en una piedra que ni siquiera conocía. Todo era demasiado abstracto, y Potter se encontraba incapaz de encontrar un vínculo entre una y otra cosa. Pero no lo importaba. Pues sabía que todo aquello apuntaba a un fin que le era conocido: destruir al Ministerio, y para conseguir eso, deberían destruir también a Harry Potter.

La llegada a Londres no fue tampoco la esperada por Albus, ni por James. Harry Potter los aguardaba en el andén 9 ¾, apoyado contra una pared, serio. Albus tragó saliva. Sabía la razón por la cual su padre se encontraba enfadado, y sabía que, al llegar a casa, los esperaría una larga y fea charla.

Así que, tragándose su orgullo, Albus saludó a su padre y subió al auto, para dirigirse de regreso a su hogar, en el Valle.

—¡James! ¡Albus! —gritó Lily, apenas los vio entrar por la puerta de la casa de los Potter. La muchacha de cabellos rojos se lanzó hacia sus hermanos, con una sonrisa dibujada en sus delgados labios, y los ojos brillantes de emoción. —¿Qué me trajeron? —pidió la niña apenas estuvo delante de ellos. James le sonrió.

—Déjame ver qué tengo por aquí…—comenzó a decir el mayor de los chicos Potter, mientras que revolvía en su bolsillo. Lily se acercó más a su hermano, expectante. Albus pudo ver que una sonrisa ladina comenzaba a dibujarse en el rostro de su hermano, y supo que nada bueno podía salir de aquella expresión llena de picardía de James Potter. —A ver, acércate más—le dijo James a Lily, mientras que sacaba un puño cerrado de su bolsillo, como si escondiera algo en el interior. La pequeña niña se inclinó aún más sobre las manos de su hermano, como si quisiera espiar lo que contenían las mismas.

—¡AYYYY! —gritó Lily, aterrada, cuando su hermano abrió las manos. Una araña inmensa saltó de la mano de James para caer al suelo, delante de Lily Luna. La niña salió corriendo hacia la cocina, en busca de su madre, sin quedarse siquiera a comprobar que la araña era en realidad un juguete de goma. James estalló en carcajadas.

—Es justamente por chistes como ese que yo soy el hermano favorito de Lily —le puntualizó Albus, mientras que entraban en la casa. Harry Potter se encontraba bajando en ese momento los baúles del auto. James le palmeó amistosamente el hombro a su hermano menor.

—Pero yo siempre seré el hermano más divertido, Al —se consoló a si mismo James.

A pesar de todos los pensamientos que habían ocupado la mente de Albus durante las últimas semanas, se sintió sumamente feliz al encontrarse de nuevo en casa. Era una sensación extraña de comodidad y seguridad que emanaba de aquel lugar. Amaba esa casa. Toda su vida había vivido en la misma casa, en el mismo pueblo. El Valle de Godric era su hogar por nacimiento. Hogwarts se había convertido en su hogar por elección.

Ginny Potter apareció poco después, atraída por los gritos de Lily y las risas de James, y a pesar de que sus primeras palabras fueron una reprimenda para el segundo, Albus pudo ver la felicidad en los ojos de su madre al tenerlos de regreso en casa.

Ginny había crecido para convertirse en una mujer bella y talentosa. Luego de terminar sus estudios en Hogwarts, Ginny había cumplido el sueño compartido con gran parte de sus hermanos: se había dedicado al Quidditch de manera profesional. Había conseguido un puesto como Cazadora para las Hollyhead Harpies, y en apenas dos años, se había consagrado como una de las mejores Cazadoras de las Ligas Mayores de Gran Bretaña. Con Ginevra, las Harpies lograron ganar el Campeonato Nacional por tres años consecutivos. Sin embargo, poco después del casamiento, Ginny quedó embarazada de su primer hijo, James Sirius Potter, y abandonó de esa manera su carrera como jugadora profesional, eligiendo en cambio una nueva carrera: la de criar a sus hijos. James probaría con el tiempo que el trabajo de madre era más difícil de lo que muchas mujeres podrían imaginar. Pero Ginny no se lamentaba aquella decisión. Sus hijos eran su vida. Ella habría dejado atrás cualquier cosa por ellos. La mirada que les dedicaba en ese momento lo decía todo. No importaba que tan seguro Hogwarts pudiera ser, Ginny sentía que sus hijos nunca estarían tan seguros como en sus propios brazos.

Actualmente, Ginevra trabajaba para El Profeta, como editora en jefe. Era un trabajo que le demandaba bastante esfuerzo, pero que le dejaba tiempo suficiente para ocuparse de la casa y de su hija menor, Lily.

Ginny envolvió a ambos muchachos en un fuerte abrazo, y les dio un beso ruidoso en el cachete a cada uno de ellos.

—¡Qué lindo que es tener a toda la familia en casa! —proclamó la mujer, mientras que los liberaba a ambos. Y mientras que su madre salía al patio de entrada de la casa, para ayudar a su esposo con el equipaje, Albus hubiera jurado que le vio lágrimas de emoción en los ojos.


No es el capítulo más emocionante que he escrito hasta el momento, pero tiene varias cosas "interesantes", por llamarlas de alguna forma. Los invito a que las descubran.

Pido perdón por el retraso que he tenido últimamente con la actualización del fic, así como también con respecto a responder los reviews. Pero estuve con cientos de cosas para hacer, y recién ahora empiezo a estabilizarme un poco. Prometo, y super hiper prometo, responder a todoooosss los reviews en el proximo capítulo!! Jajaja, y esta vez voy a cumplir! Pero es que la verdad, prefiero subir el capítulo cuanto antes y no atrasarme por responder los reviews. Los he leido todos, y estoy más que agradecida. Se que hay algunas dudas que me han preguntado algunos de los lectores, y trataré de responderselas cuanto antes.

Sin mucho más que agregar, mas que esperar que les guste este nuevo capítulo, prometo actualizar mas rapido para el proximo!!

Saludos,

G.