En fin... Esta historia ya ha llegado a su final. He disfrutado mucho escribiéndolo (y más aún con la música de la serie de anime "Fruits Baskets" n.n, jeje), pero me da penita acabarlo u.u. Solo me queda darle las gracias a todos los que han leido este fic, a los que han puesto sus reviews, y, como no, a aelitas-chan, siempre incondicional a la historia y con sus super-mensajes de inspiración¡¡¡de verdad, MUCHAS GRACIAS¡¡¡¡

Les dejo con el último capi, el cual espero que les guste mucho. Un gran abrazo rompecostilla a todos...

... y hasta la próxima ;)

El Señor Detective que ganó el reto

Los rayos del sol que penetraban por la ventana se habían instalado en la habitación del hospital, acariciando la piel tostada del joven con un agradable calor matinal. La paz que se respiraba allí dentro era especial, y realmente semejante a la que se sentiría al estar sobre las nubes. Sí. Se estaba muy cómodo allí, en el otro mundo… Porque él estaba muerto¿no?

De repente, unas voces lejanas comenzaron a llegar a los oídos del muchacho, retumbando en las paredes de su cabeza como si éstas se hicieran escuchar con desagradables interferencias.

-- La acompañaré a la cafetería.

-- De acuerdo, yo me quedaré aquí con él.

-- Ahora volvemos.

Se escuchó una puerta cerrar y los pasos de varias personas al otro lado de ésta alejarse. Luego, todo volvió a ser silencio y sosiego.

Conan, con semblante serio y preocupado, se acercó a la cama donde descansaba Heiji. Mientras contemplaba a su pálido amigo, el niño recordó la pesadilla vivida tres noches atrás, antes de que el hijo de Hattori fuera trasladado de urgencia al hospital de Osaka. En realidad, Conan no había podido hacer más que llamar a una ambulancia y encargarse de, hasta que la policía se presentase en el lugar de los hechos, controlar a la asesina, a la cual había golpeado con su balón de fútbol tras ésta haber disparado a Heiji. Conan apretó furioso su puño. Maldita sea… nada más, no había podido hacer nada más por su amigo…

Heizo corrió un poco más las cortinas de la ventana, dejando así que los rayos del sol ocupasen la habitación al completo. Conan lo observó en silencio. En realidad, el jefe de la policía de Osaka no había abierto la boca sino para decir lo más mínimo y exigido, y aunque el hombre no lo expresaba, la profunda tristeza y preocupación que ahogaban su alma se dejaba reflejar en su mirada de padre. Sin lugar a dudas, habían sido los peores días de su vida.

"Ha perdido mucha sangre –había informado el doctor una hora antes a todos los que, con preocupación, seguían el estado de Heiji--, le hemos hecho varias transfusiones, pero respecto a cuando despertará del coma…--dicho aquello, el doctor había dejado de hablar, sin poder añadir respuesta a aquella cuestión-- Me temo que a eso no puedo responderles". La vida de Heiji estaba conectada a una máquina, y a la vez, la de todos lo que estaban a la espera de que despertara. Ya llevaba dos largos días en coma, y no parecía que el joven mejorara ni fuera a volver en sí. En realidad, era la situación más angustiosa que podían vivir unos padres… Contemplar a tu hijo dormido, sin saber si volvería a sonreír ni a perseguir sus sueños…

-- Esto se parece… bastante al otro barrio…

Conan y Hezio miraron asombrados hacia la cama. Los rostros de ambos se iluminaron cuando descubrieron que Heiji los observaba con los ojos entrecerrados y sonreía débilmente, saludando a la vida otra vez.

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El joven devoraba su cena con el apetito más voraz que Conan había visto en un ser humano, o por lo menos un ser humano que hubiera despertado aquel mismo día del coma.

-- Pereces un cerdo más que una persona… --le dijo el niño, sentado a los pies de la cama.

-- Cállate, tú no llevas dos días durmiendo sin probar bocado –le contestó Heiji, mientras terminaba su crema de verduras como si éste fuera el último plato que quedara en el mundo.

Conan sonrió. El hecho de que Heiji le respondiese con aquel mal humor que lo caracterizaba significaba mucho. Habían pasado tan solo unas pocas horas desde que el chico había despertado, pero durante todo aquel tiempo se le habían evitado las visitas para que descansase solo y tranquilo. Únicamente habían permitido acompañarlo a su madre, que supervisó el reposo de su hijo como si se tratase de la misión más importante que podía existir. Sin embargo, tras unas horas, Heiji había insistido tanto en ver a sus amigos que, finalmente, los habían dejado acompañarlo en la cena.

-- ¡Veo que te encuentras mucho mejor, Hattori! –exclamó alegremente Ran, al ver el plato vacío del chico.

-- Sí, sí, aunque me duele todo el cuerpo… --respondió-- Pásame esos bombones –pidió con ansias.

-- Como te coja el doctor comiéndotelos… Esto no entra en tu dieta –le dijo Conan, tendiéndoselos.

-- Me los han regalado a mí, así que me los como cuando lo diga yo, no el doctor –contestó resuelto, y abrió la caja de los bombones. No se molestó en controlarse lo más mínimo.

"¡Será bestia el tío, se ha medito tres bombones juntos en la boca…!" pensó Conan, sorprendido.

-- ¿Y cómo te encuentras ahora, Hattori? –le preguntó Kogoro.

-- Agujereado, como no. A éste paso cualquier día podré trabajar de colador… --confesó Heiji, sonriendo y con la boca llena. Todos rieron y él continuó-- Bueno, la verdad es que mejor de lo que todos esperaban. Aunque me siento muy incómodo y me pica bajo las vendas, pero no me queda otro remedio que aguantarme… ¿Ha llegado ya Kazuha?

Era ya la tercera vez que lo preguntaba desde que había empezado a cenar. Pese a saber que Hattori estaba enfermo, Kogoro no se aguantó las ganas de contestarle enfadado:

-- ¡Te hemos dicho ya que volverá dentro de un rato!

-- Estaba en su casa, cogiendo muda nueva para su padre –le informó Ran--. Ya sabes que el señor Toyama está fuera de peligro y ahora mismo está recuperándose satisfactoriamente, pero no le han dado el alta aún.

-- Ya veo… --murmuró Heiji, que pareció decepcionado. Se percató de que todos lo miraban de una manera peculiar y se apresuró a añadir a su contestación alguna palabras más que ocultaran su desilusión por no estar allí su amiga-- ¡Pues mejor que no venga, así me como todos los bombones yo solo! Seguro que si estuviera aquí iría directa a engullirlos ella sin dejarme nada, es una tragona.

-- Bueno, yo me voy a la cafetería a tomar algo –dijo Kogoro, poniéndose en pie y dirigiéndose hacia la puerta--, hasta lue…

-- ¡Un momento! –le gritó su hija, que se cruzó de brazos-- Sé que no vas a ir a tomar café precisamente, así que te acompaño.

-- ¿Qué? –preguntó su padre, que de repente se puso nervioso-- ¿Por qué dices eso?

-- Porque ya vi como le echabas el ojo a la camarera, así que no me fío de ti –contestó Ran, echándole una mirada que a Kogoro le recordó mucho a la de su mujer Eri.

-- P-pero…

-- ¿Algo que objetar? –lo interrumpió ella levantando una ceja.

Durante unos instantes, Kogoro se quedó paralizado. Luego puso mala cara y abrió la puerta.

-- Está bien, haz lo que te de la gana… --dijo de mal humor, claramente con los planes frustrados.

-- Eso pienso hacer –respondió Ran, que luego se dirigió al niño--. Pórtate bien, luego volvemos. Y no molestes a Hattori.

-- ¡Sí! –exclamó el niño con una sonrisa.

Tras salir padre e hija, la puerta se cerró nuevamente. Ahora solamente estaban en la habitación Conan y Heiji, y podían hablar tranquilamente sin preocuparse de…

¡PLAF!

-- ¡AY! –gritó Heiji, llevándose una mano a la nuca. Miró furioso al niño-- ¡Maldito mocoso, qué haces¡¿Acaso no escuchaste a Ran?!

-- Me dijo que no te molestara, pero no nombró nada de no pegarte –respondió tranquilamente Conan, y sin muestras de estar arrepentido--. Además, esto es por lo que me hiciste la noche en la que te dispararon.

-- ¿De qué hablas?

-- Vaya¿no te acuerdas? –preguntó irónico el niño-- Cuando llamaste a Ran y te enteraste de que Kazuha no estaba con ella, lo primero que hiciste fue pegarme con la lámpara en la cabeza, dejándome inconsciente.

Heiji sonrió con nerviosismo.

-- Oh, sí, aquello… Eres un pelín rencoroso¿no crees?

-- No es para menos: luego fuiste tú solo a la mansión, donde Kazuha y Estela.

-- Bueno, fue por tu bien.

-- Venga ya, hemos resuelto juntos infinidad de casos, y nunca te habían preocupado por mi bienestar.

-- Oye, Kudo, lo siento, pero no se me ocurrió otra cosa que golpearte con la lámpara para dejarte dormido. No todos tenemos un reloj con dardos anestésicos como el tuyo –se defendió Heiji, cuyo rostro adoptó un semblante serio--. Además, esto era un reto en el que no quería meter a nadie.

-- Pues si no llega a ser porque me desperté a tiempo y fui a la mansión, ahora mismo no estarías aquí, y seguramente Kazuha tampoco –le recordó Conan.

Kudo tenía razón, y estaba en todo su derecho a estar enfadado. De repente, y para sorpresa de Conan, Heiji bajó la cabeza a su altura.

-- ¿Qué haces?

-- Expresarte mi agradecimiento cediéndote mi nuca, para que le des todas las collejas que desees –contestó el muchacho.

Conan lo contempló en silencio, parecía muy tentado a volver a pegarle, pero, sin embargo…

-- Bah, no tiene gracia si no te cojo por sorpresa –dijo sin ponerle importancia.

"Serás…" pensó Heiji, aturdido por la respuesta. Justamente en aquel instante, tocaron a la puerta de la habitación. "¿Kazuha?" se le pasó por la cabeza al chico. Ilusionado, se molestó en responder:

-- Pase.

La puerta se abrió y la verdad golpeó a Heiji en toda la cara. No. No era Kazuha, era la persona de la que menos deseaba una visita…

-- ¿¡Hiromi!? –exclamó Heiji, perplejo y profundamente decepcionado.

El joven Masayo se encontraba apoyado en el umbral de la puerta de brazos cruzados. Como siempre, mantenía aquella expresión de superioridad que tanto odiaba Hattori…

-- ¿Qué haces tú aquí? –le preguntó Heiji, a la defensiva.

-- ¿Y tú qué crees? –respondió Hiromi, que luego sonrió de una manera que irritó mucho al otro chico-- Estoy esperando a que me restriegues por las narices todas aquellas pruebas de las que me hablaste en su momento, cuando estabas tan seguro de que yo era el asesino de Kotara.

Conan miró de reojo y no pudo evitar dejar escapar una sonrisa al ver la cara de su amigo: una vena de enfado se le hinchaba en la frente y parecía a punto de saltar sobre Masayo para morderle en la yugular, como las fieras de la sabana sobre sus presas. Sin embargo, Heiji se contuvo:

-- Aprovéchate ahora y búrlate de mí, has tenido mucha suerte…

-- Te equivocas, simplemente no soy un asesino: esa es mi única suerte –respondió Hiromi, sin molestarse en moverse del lugar donde estaba.

Aquellas palabras tan sabias por parte de Masayo, su rival, hicieron reflexionar a Heiji. Había sobrevivido y vuelto a nacer, la oportunidad perfecta para ver a Hiromi no como un rival, sino como alguien con quién podría, quizás, entablar una amistad. Al fin y al cabo, ambos no eran tan diferentes: seguro que en lo de cabezotas y orgullosos eran una copia.

-- Está bien, retiro lo que dije en su momento y… --Heiji se mojó los labios¿por qué le costaba tanto tener que decir aquello?-- y…

-- ¿Sí?

--… y te pido disculpas –finalizó el muchacho, al que no le hacía ninguna rebajarse de aquella manera. Conan lo miró sorprendido, al igual que Hiromi.

-- ¿Lo dices en serio?

-- Sí… --masculló Heiji.

Hiromi lo miró unos segundos, sin decir nada, y luego sonrió.

-- Disculpas aceptadas –dijo.

Los otros dos lo miraron, y le devolvieron la sonrisa. Luego, Hiromi se dio la vuelta con intensión de irse de allí, mientras añadía:

-- Y espero que te mejores muy pronto.

-- ¡Oye, espera un momento! –le pidió Conan. Hiromi se volvió y lo atendió-- Sé que no estuviste fumando cuando asesinaron al señor Kotara. En realidad, sé que ni si quieras fumas.

-- ¿Cómo lo sabes?

-- Tu ropa nunca tiene bolsillos en los que llevar la caja de cigarros y el mechero y, además, nunca hueles a tabaco –explicó Conan, sonriendo--. Entonces¿por qué estabas realmente en los aparcamientos en aquellos momentos?

Hiromi levantó una ceja y luego dejó al descubierto su blanca dentadura mientras contestaba:

-- Solamente quería rajar las ruedas de esa moto con la que Hattori anda siempre pavoneándose por ahí, pero luego recordé que había venido en el coche de su padre. ¡Hasta luego!

Conan volvió a echar un vistazo a su amigo y cayó en la cuenta de lo colorado que estaba a causa del enfado. Cualquier intensión por comenzar una amistad con Hiromi se había esfumado como el humo tras el chico lanzar su contestación.

-- Maldita rata… --mascullaba Heiji.

-- Vaya, muchas gracias –dijo alguien en el umbral de la puerta, ofendido.

Heiji levantó la cabeza y se tragó sus propias palabras: Kazuha había llegado, y estaba allí, contemplándolo dolida y enfadada.

-- ¡Ah, no, Kazuha, no era a ti, era… era…! –se apremió a explicar el joven.

-- Va, da igual, acabo de ver salir de aquí a Hiromi, ya sé a quién te referías –lo interrumpió ella sin ponerle importancia.

Entonces, ella y Heiji se contemplaron sin decir nada más. Sus pequeñas sonrisas no necesitaban explicación. De pronto, Hattori miró a Conan de una manera que el niño entendió al instante:

-- Voy a donde hermana Ran, a la cafetería –dijo sonriendo y corriendo hacia la puerta--, estoy deseando ver cómo es la camarera de la que tío Kogoro está colada. Hasta luego Hattori.

Y dicho esto, Conan salió de la habitación y cerró la puerta tras él. Tras desaparecer el niño, el ambiente se volvió muy incómodo. Kazuha, sin saber qué hacer, optó por sentarse en la cama, al lado de Heiji.

-- Me ha traído Hiromi, solo que primero fui a la habitación de papá a llevarle la muda limpia –le contó.

-- ¿A sí? –preguntó Heiji, al que no le había hecho demasiada gracia que Masayo hubiera traído a Kazuha. Prefirió cambiar de tema-- ¿Y qué tal está tu padre?

-- Mejor, ya tiene en su dieta más comida que le gusta y está muy contento –dijo ella--, además, la última operación que le hicieron para curar su pulmón dañado ha salido muy bien. Esperamos que dentro de dos semanas le den el alta.

-- Me alegro mucho.

-- Yo también de que estés vivo.

Fue una razón estúpida, más bien inexplicable, pero a los dos se les subieron los colores de repente. Kazuha bajó la cabeza, avergonzada.

-- Bah, seguro que tampoco te alegrarás tanto –le dijo Heiji, intentando ocultar parte de su incomodidad--, en realidad tu eres de las que opinan que sólo digo estupideces…

-- Es verdad, aunque la resolución del caso que hiciste a Aoko diga todo lo contrario –confesó ella--. Además… --la chica lo miró a los ojos-- no es malo decir estupideces.

Heiji abrió mucho los ojos. ¿Acaso la chica se refería a aquello que él mismo había dicho tras ser disparado, lo de "no es estúpido mentir por amor"?... Enseguida se puso muy nervioso. ¿Y si la chica había entendido lo que realmente él quería decir con la frase¿Qué debía hacer ahora¿¡DÓNDE ESTABA KUDO CUANDO REALMENTE LO NECESITABA!?

¡PLAF!

-- ¡AY! –Heiji se llevó nuevamente la mano a la nuca dolorida-- ¡Maldita sea, es que hoy es el día mundial de las collejas o qué!

-- ¡Eso es por ponerte en medio cuando Aoko disparó! –le riñó Kazuha, muy enfadada.

-- Vaya, eres tan agradecida… --dijo él con ironía.

-- Y esto es por salvarme la vida…

De pronto, y sin Heiji ni si quiera esperárselo, Kazuha se inclinó y lo besó en la mejilla. El chico sintió que el corazón se le paró justo en aquel instante, pero cuando la muchacha se separó de él y vio sus ojos, le volvió a latir, ahora justamente a cien por hora y con la clara sensación de tener muchísimo calor. Kazuha, también muy colorada, se puso en pie y se dirigió a la puerta, deseosa de salir de allí lo antes posible y enterrar su cabeza en la tierra, como los avestruces.

-- Que descanses –le dijo abochornada, y luego salió de la habitación y cerró la puerta.

A Heiji le costó mucho reaccionar tras lo que le acababa de ocurrir, nunca se le habría pasado por la cabeza, ni si quiera había imaginado jamás que Kazuha fuera capaz de besarlo… Sin poder ocultar su sonrisa, ni molestarse en intentarlo, se palpó la mejilla donde aún quedaba la agradable sensación de aquel beso…

Nunca había estado tan orgulloso de cometer una estupidez.

...----:: FIN ::----...