Capítulo 12

No era ningún idiota, sabía perfectamente a qué estaba jugando Katherine, aunque al principio no quería creerlo. "No es nada, es tu impresión. Ella no sería capaz de hacer algo así", se decía. Pero vaya que era capaz, más que eso, sí que era una descarada. En un principio le dio rabia, ¿quién se había creído que era él? ¿Un imbécil caliente que se iba a acostar con ella así no más? Esas Petrovas eran tan predecibles que seguro si llegaban a estar juntos saldría mágicamente embarazada. Solo podía ser eso, ella quería atraparlo. O quizá no, quizá era como pensó en un inicio, su impresión.

"Así que quieres jugar, veremos quién gana", se dijo con cierta molestia. Katherine estaba empeñada en seducirlo, y él dejó que creyera que así era. Al fin después de tanto tiempo adormecido, esa parte perversa de él empezó a despertar. Klaus sabía que no era el caballero perfecto, que así como tenía algunas virtudes tenía también muchos defectos que reconocía hasta orgulloso. Tal como había dicho Damon alguna vez, allá en New Orleans se le conocía por tener varias amantes. Él era el seductor, no al revés. Oh no, esa Petrova no lo conocía bien, no sabía con quien se estaba metiendo. Era cierto que no estaba pasando por el mejor momento, que lo de Kol lo había derribado por completo. Si, estaba decaído y se sentía hasta débil, pero seguía siendo el mismo.

Dejó que Katherine creyera estaba cayendo en su trampa, quería ver hasta donde quería llegar esa mujer. Si quizá planeaba solo acostarse con él para salir embarazada de la nada tal como hizo Tatia, o si tenía algo más elaborado. Y vaya, tenía algo más elaborado. La desgraciada le prestaba atención, se comportaba como su amiga, le hacía creer que lo apreciaba mucho, que lo quería. Pero qué simpática y graciosa era esta mujer. Klaus sonreía internamente, para diablo, diablo y medio. Y ya que en esas estaba, ya que la mujer quería seducirlo, no vio razón para no divertirse él también. Quizá estaba actuando solo por la molestia de saber que pretendían cazarlo, quizá quería darle de su propia medicina. Siempre pensó que Katherine Petrova era una buena persona después de todo, un poco vivaz y seductora, pero no una zorra arribista.

Luego se convenció que sí, actuaba por pura rabia. Bien pudo simplemente mandarla al demonio, pero decidió seguirle la cuerda. Esa mañana ella aprovechó para estar a solas una vez más. Klaus estaba en el despacho revisando la correspondencia y otros temas de negocios, la verdad tenía demasiado que hacer. Manejar los negocios desde Mystic Falls se le estaba haciendo un poco complicado. Por supuesto que la prioridad era la calma de todos, especialmente de Caroline. El ambiente de ese pueblo era mucho más tranquilo para su cuñada, se tenían que quedar hasta que nazca su sobrino, luego regresarían a New Orleans. Estaba terminando de firmar un documento cuando Katherine entró. Levantó apenas la mirada, moría de curiosidad por saber cuál sería su siguiente movimiento.

- Klaus, buen día. Quería hacerte una pregunta – dijo mientras avanzaba hacia él. Derrochando sensualidad como siempre, con un escote provocativo, más de lo normal. Él sonrió de lado, esa mujer sí que sabía provocarlo.

- Buen día. Si Katherine, ¿qué es lo que quieres saber?

- Rebekah está un poco indispuesta hoy, y tu cuñada no ha salido de su habitación. La cocinera preguntó qué desean almorzar hoy.

- Ajá – ni siquiera lo había pensado. Eran pocas veces las que preguntaban su opinión, y la verdad con los pocos ánimos que sentía ya ni le prestaba atención a la variedad de las comidas. Siendo sincero, solo comía porque su estómago lo pedía, y claro, porque le gustaba compartir la mesa con Caroline durante todas las comidas.

- ¿Y bien? - Ella ya estaba muy cerca. Se había parado a su lado en el escritorio. Lo miraba fijamente, hasta sonreía coqueta. Klaus se puso de pie, fue en ese momento que quedaron frente a frente con sus rostros bastante cerca.

- No lo sé Kath, la verdad puede ser cualquier cosa. Ya hasta conoces nuestros gustos.

- Eso es cierto, te conozco muy bien – dijo despacio y en un tono bastante sugerente. "No Katherine, no me conoces bien. Si me conocieras no estarían intentando darme un golpe ni jugar conmigo". Pero él solo sonrió, acercó su rostro al suyo un poco más y posó una mano en su cintura. Se preguntó si sería ella quien dé el paso. Y casi fue así. Katherine miró sus labios, sabía que la idea era que fuera él quien la besara, por poco lo hace.

Por poco, porque en ese momento las puertas se abrieron rápidamente. Una ansiosa Caroline hablando sobre algo que había leído irrumpió en el despacho. Aquello lo dejó bastante paralizado. "¿Cómo se me ha ocurrido hacer algo así con ella en casa?", se dijo sintiendo de pronto una enorme culpa. Ni siquiera pensó en que la puerta podía estar sin seguro, o que ella llegaría así de pronto. Ella no tenía por qué haber visto algo como eso, jamás lo hubiera querido. Era consciente que para Caroline él era algo así como su héroe, un caballero intachable, su protector. Que de pronto lo vea en una situación donde más parecía un desgraciado sinvergüenza lo desesperó. Notó que miró fijamente a Katherine, la miró de una forma que le sorprendió. Había fiereza en esos ojos, más que eso, parecía estar dándole una advertencia con la mirada. Sin decir nada más, sin siquiera mirarlo, se dio la media vuelta y desapareció de inmediato. No corría, pero pudo escuchar sus pasos acelerados perdiéndose por la mansión.

No lo pensó siquiera, hizo a un lado a Katherine y fue detrás de Caroline. Se sentía muy mal por aquella situación, por todo. Por haberse presentado ante ella como el gran caballero y noble Mikaelson, su salvador y protector, por haberle vendido una imagen de lo que no era. Siempre fue consciente de que no era una persona perfecta, pero de alguna forma quería serlo para ella. Caminó rápido, logró escuchar que Caroline cerraba la puerta de su habitación, llegó hasta ahí y se quedó unos segundos parados mirando la madera sin atreverse a tocar. ¿Qué iba a decirle exactamente? Se le caía la cara de la vergüenza. Pero aun así tenía que hablar con ella, no iba a sentirse en paz si ella no lo escuchaba. Suspiró hondo y tocó la puerta despacio. Segundos después Caroline abrió la puerta a medias. Ella también tenía el rostro lleno de confusión, le huía la mirada, parecía que en realidad quería no volver a verlo durante todo ese día.

- Caroline, ¿podemos hablar? Por favor – se mantuvo en completo silencio unos segundos hasta que asintió despacio. Ella salió de la habitación y cerró la puerta.

- A los jardines – Klaus asintió también. El camino a los jardines se le hizo una tortura interminable, ella caminaba a su lado en silencio, sin mirarlo, distante. Y la verdad lo único que él quería era arrodillarse a sus pies, besar sus manos y rogarle que lo perdonara por esa lamentable escena. Llegaron al fin a los jardines, agradeció internamente que Katherine no haya aparecido a arruinarlo todo. Esperaba que por amor propio y dignidad esa mujer se haya largado de una vez de su mansión. Tomaron asiento en una banca, ella se notaba bastante incómoda y él tenía un nudo en la garganta, no sabía cómo iniciar esa conversación.

- Quiero rogar que me disculpes – dijo al fin. Nunca había estado en una situación similar con nadie, menos con una mujer. "Pero ella no es cualquier mujer, es Caroline", pensó convencido. Si, era Caroline. Su cuñada, pero también la única mujer que había estado a su lado después de la muerte de Kol, quien lo escuchó llorar, quien lo consoló. Ella era muy importante y no podía permitir que Katherine los distancie.

- No tienes que rogar mi perdón, Klaus.

- Claro que tengo que hacerlo. Quiero que me perdones eso, no ser el hombre que esperas, quien siempre creíste que era. Te he decepcionado – ella giró al fin a verlo, él la seguía mirando, esperando que por favor le dijera algo que lo alentara. Debía de verse bastante patético con ese gesto de arrepentimiento y su mirada llena de culpa.

- Sigues siendo el hombre que creí eras. No Klaus, la verdad no es que yo crea algo o me haya hecho una idea idealizada de ti. Yo sé quién eres, lo he visto. Y todos tenemos momentos de debilidad, sobre todo cuando viven provocándonos – vaya, así que se había dado cuenta de eso.

- Es mi futura cuñada, no debí.

- Y ese no es un asunto en el que deba meterme. Aunque confieso que la situación no me gustó para nada. Sé que sería bueno simplemente olvidarlo, pero yo no creo poder hacerlo. La presencia de esa Katherine no me había agradado nunca, pero ahora mucho menos cuando es claro lo que quiere hacer.

- ¿Y qué piensas que quiere hacer?

- Dar alguna clase de golpe, por supuesto. Te quiere a ti – él también lo sabía, lo tenía bastante claro en realidad. Pero le incomodaba que Caroline también lo hubiera notado, que pensara era un blanco fácil. Un hombre con fortuna y de momento sin mujer, una presa fácil para cualquier oportunista – Pero confío en tu inteligencia, en que no te dejarás atrapar ni que le darás un golpe bajo a tu hermano Elijah metiéndote con su prometida.

- No, claro que no. Eso no va a suceder. Te prometo que aquello que viste no se va a volver a repetir.

- No es a mí a quien tienes que prometerme eso, es a ti mismo. No dejes que esa mujer destruya nuestra familia – Y aquello sonó muy bien, hasta hermoso. "Nuestra familia". Caroline era ya uno de ellos y así se sentía. Ella era su familia también, y si ella pedía que se resista a Katherine para proteger su familia entonces así sería solo por ella. No se lo dijo en aquel momento, pero lo haría por ella. Para no decepcionarla más.

- Claro que no. Caroline, si te incomoda la presencia de Katherine puedo hablar seriamente con ella y pedirle que no vuelva.

- Eso no va a ser necesario, ella misma quedará sin ganas de volver – le pareció ver que sonreía discretamente. Le fue imposible no imitar el gesto, ¿qué tenía planeado Caroline?

- Si tú lo dices.

- Lo aseguro – ahora los dos sonreían abiertamente. La tensión había quedado atrás. No soportaba estar distanciado de ella, la primera vez fue cuando le habló de la carta hacia su familia y se le hizo insoportable. Si esta vez ella dejaba de hablarle por lo que vio con Katherine no se lo hubiera perdonado, no quería alejarla y menos por errores tan idiotas y sin sentido como ese.

- Caroline, ¿qué es lo que ibas a decirme cuando entraste al despacho? Preguntó con curiosidad.

- ¡Oh! Cierto. Edmundo ya sabe quiénes lo metieron a prisión y quiere vengarse. ¡Eso me ha dejado tan perturbada! Amaba la inocencia y la pureza del corazón de ese personaje, Klaus. No soportaría saber que las ideas de venganza lo consumen, tengo miedo.

- Entiendo perfectamente cómo te sientes. El momento del descubrimiento de Dantés es bastante impactante. Es un buen hombre, pero...

- La maldad del mundo le ha hecho mucho daño.

- Es exactamente así – por un instante Klaus sintió que no hablaban precisamente de Edmundo Dantés. Él también amaba la inocencia y la pureza del corazón de Caroline, tampoco soportaría que la maldad del mundo le hiciera daño. Por eso siempre estaría a su lado para protegerla.

- Pero cuéntame, ¿en qué parte vas tú?

- Tuve que interrumpir mi lectura por el trabajo, pero lo último que leí fue que el señor Darcy fue a ver a Elizabeth, la encontró a solas. La verdad no entiendo que puede querer hablar ese tipo tan desagradable con ella después de todo el daño que ha hecho.

- Oh... Deberías leer tan pronto como puedas. De verdad.

- ¿Tanto así?

- Hablo muy en serio – rieron. Le alegraba saber que después de aquel terrible momento ambos volvía a ser los mismos. No quería perder eso.


- Maldita estúpida, arruinó todo – dijo Katherine molesta. A su lado Damon no se atrevía a contradecirla, estaba seguro de lo mismo. Era de noche y habían quedado en verse. Katherine había salido a escondidas de casa y se encontró con su amante en los límites de los jardines – Casi lo tenía, pero tuvo que llegar esa idiota. Ah, pero no sabes lo peor. Como corrió detrás de ella olvidándose completamente de mí, el muy desgraciado.

- Katherine, estoy seguro que el plan tal como lo concebimos no va a funcionar.

- ¿Por qué crees eso?

- Porque la idea fue que tú seas la mujer que lo acompañe, una amiga y cómplice. Es claro que ese papel lo ha tomado ya esa Caroline – la Petrova resopló molesta. Eso era algo que había estado rondando por su mente varios días pero no se había atrevido a admitir.

- ¿Entonces qué sugieres que haga?

- Ya no puedes ser su amor, sé su amante.

- ¿Bromeas? Una amante más en su vida, por favor Damon. Hemos dejado claro que yo no me conformaré con menos que ser la señora Mikaelson.

- Kath, ya intentaste conquistarlo por la buena. Tendrá que ser a la mala, déjame decirte que una buena amante fija tiene la vida asegurada y muchos beneficios más.

- No seré su querida – le dijo molesta – seré la señora Mikaelson, que te quede eso bien claro.

- Pues ponte a trabajar en serio, sabes perfectamente que lo que estamos planeando no va a funcionar con esa mujer ahí dentro. Es un peligro.

- Si tan solo pudiera hacer que se largue ya lo hubiera hecho Damon. No es tan fácil, esos dos viven embobados por ella, viven detrás de esa mosca muerta.

- Es fácil cielo, tenemos todas las armas para destruirla. Tienes tu amistad con Rebekah y tienes información valiosa sobre Caroline y su horrendo hermano incestuoso Tristán De Martel. Si algo sabes hacer bien es envenenar a la gente con tus palabras – Katherine sonrió. Se le acababan de ocurrir un par de cosas interesantes que podía hacer usando a Rebekah.

- Lo primero que perderán será la confianza en ella, luego la voluntad de seguir manteniéndola en su familia. Y se me acaba de ocurrir otra cosa aún mejor.

- Cuéntame – Damon sonrió. La tomó de la cintura y le dio un beso, le encantaba cuando Katherine empezaba a maquinar maldades, eso se iba a poner en verdad bueno para ellos y terrible para esa Caroline.

- Elijah ya debe estar en camino. Él siempre ha sido el más práctico de los hermanos, quizá yo como su prometida pueda advertirle de esa Caroline. Es una pequeña estúpida acostumbrada a que vivan detrás de ella, pero cuando sienta la hostilidad de Elijah van a empezar los problemas.

- Eso puede funcionar, crear enemistades y desconfianza, hacer que ella se sienta incómoda al punto de desear irse. Pero no lo hará y lo sabes, la han desheredado, no tiene un centavo y solo le corresponde lo de Kol, considerando además que espera un hijo de este.

- Eso se puede solucionar – contestó muy tranquila – algún veneno o pócima de Pearl ayudaría. Puedo dárselo discretamente en las bebidas, tendrá un aborto natural.

- Muy bien Kath, me haces sentir orgulloso – la besó nuevamente. El plan parecía retomar su curso y todo saldría bien para ellos.

- ¿Y cómo va lo otro? ¿Has encontrado ya el paradero de Tristán De Martel? Porque estoy segura que si hay una persona que se puede llevar a rastras a Caroline aunque los Mikaelson se opongan, es él.

- La mala noticia es que no, aún nada. Pero aún hay una forma de ubicarlos. Los Lockwood irán a pasar una temporada en Londres. Hablaré con Tyler y le pediré que si alguna vez escucha hablar de Tristán en Londres le envíe una carta de mi parte. Le diré que somos amigos y escuché que andaba por ahí pero no tengo su dirección fija. Lamentablemente es lo mejor que tenemos.

- Pero es algo, Damon. Al menos tenemos la oportunidad de encontrarlo y... – un ruido en los arbustos los hizo detener su conversación. Ambos miraron a los lados y se mantuvieron en silencio unos segundos. Si alguien los había escuchado hablar entonces ese alguien tendría que ser silenciado. Pero lo único que vieron poco después fue al gato de su madre aparecer por ahí.

- No fue nada – le dijo Damon despreocupado.

- Entonces está decidido. Tú has lo tuyo con Lockwood, sigue el plan de seducir a Rebekah, mientras yo me encargo de poner a todos en contra de Caroline y de que aborte al engendro.

- Bien – se dieron un nuevo beso, uno más prolongado.

Damon tuvo que irse rápido, Kath se arregló el vestido y volvió a casa. La dueña de los oídos indiscretos que oyeron toda la conversación aún no salía de su asombro. Escondida entre las sombras, Elena se llevó una mano al pecho. Sabía que Kath tenía algo de maldad, pero no imaginó hasta qué punto. Algo tenía que hacer para evitar aquello, lo que sea.