Capítulo 12

POV Kate.

Cuando quise darme cuenta ya era hora de irme. Deje la guitarra de nuevo en su atril y me levante despacio de la silla. Era increíble lo rápido que pasaba el tiempo cuando estabas inmersa en aquello que realmente te gustaba hacer. Habían pasado dos horas desde que entramos en el estudio de Danny. Dos horas durante las cuales la conexión musical se podía tocar con los dedos de la mano.

Era algo excepcional, que dos personas sin que ni siquiera se conocieran realmente, pudieran crear una conexión tan grande en tan poco tiempo. Pero cuando Danny cogía una guitarra era capaz de hacerte olvidar hasta tus más profundos pensamientos. Simplemente te dejabas llevar por su voz, por el rasgar de sus manos contra las cuerdas de la guitarra, te hipnotizaba su voz y con ella te perdías entre acorde y acorde.

- Creo que es hora de que me vaya – susurre dándome la vuelta.

Danny seguía sentado, con la guitarra marrón sobre sus brazos, apoyada en su pierna flexionada. Levanto la cabeza, mirándome a los ojos. Siempre miraba a los ojos, era algo propio de él. Nunca desviaba la mirada y todo lo decía dejando que vieras su interior. Haciendo que cada palabra fuera aún más sincera que la anterior.

- Te acerco a casa – contestó apoyando la guitarra contra la pared.

- No hace falta, solo indícame donde esta el metro más cercano – susurre azorada.

Me miro como si hubiera salido de un psiquiátrico y esbozo una sonrisa poniendo una mano en mi hombro y guiándome a la salida. Sin decir absolutamente nada salimos de la casa, en dirección al coche.

- ¿A dónde? – preguntó metiendo la llave en el contacto.

- Hoxton, cerca de Kingsland Road – contesté mientras me ponía el cinturón.

No hablamos, no hacía falta, no había nada que decir. Por lo menos nada relevante, todo había sido dicho mediante la música y eso era algo que nunca había experimentado, podía notar como él sentía lo mismo que yo cuando los acordes empezaban a sonar. Había sido demasiado especial.

Cuando llegó a mi calle, le indique el portal y paro el coche en un pequeño hueco. Me desabroche el cinturón y me gire a mirarle.

- ¿Cuándo? – pregunté sin tener que dar más explicaciones.

- El lunes. Disfruta del fin de semana, celébralo y el lunes te llamo – susurro sin mirarme.

- Gracias de nuevo Danny – contesté acercándome a él y depositando un ligero beso en su mejilla.

- Apresúrate, quedan pocas horas para la hora de la cena y creo que tienes planes – dijo mirándome de reojo y dejando entrever una sonrisa.

Di un pequeño bote en el asiento, cayendo en la cuenta de la hora que era, de que no había llamado a Mark y que debía vestirme y arreglarme. Se me había olvidado por completo. Abrí la puerta del coche y le dedique una última sonrisa a Danny antes de bajar.

- Suerte – dijo mientras ponía el coche en marcha de nuevo.

Subí las escaleras corriendo y entre en la casa como un torbellino, tirando las llaves a la mesa. Cogí el abrigo y lo lance al sofá, buscando el móvil por mis bolsillos. Marque el número de Mark y espere.

- ¡Hola desaparecida! – contestó Mark al otro lado de la línea.

- Lo siento…– susurre un par de veces

- ¿Por qué?

- Por no llamar antes, he ido a comer con Danny y se me han pasado las horas volando, me ha enseñado el estudio y nos hemos puesto a tocar la guitarra y de verdad que han pasado las horas volando y…

- Tranquila Kate, tranquila. ¿Todo bien?

- ¿Qué? Si, claro todo genial – susurre confusa

- Pues ya esta, relájate, date un baño, vístete y a las 8 te espero en la puerta – dijo Mark y supe que estaba sonriendo.

- De acuerdo.

- Otra cosa pequeña. Ponte algo bonito, ya sabes, nada de converse – murmuro Mark justo antes de colgarme.

Me quede parada mirando la pantalla del teléfono, primero porque me había imaginado que estaría al menos un poco molesto por mi falta de llamadas y segundo por su última frase. Algo bonito, eso solo significaba restaurante pijo. Yo no estaba preparada para eso, había pensado que aunque fuese una cita, no sería de esa manera. Estaba empezando a ponerme nerviosa y todavía quedaba una hora para las 8.

Me di una rápida ducha, nada relajante y con una toalla alrededor del cuerpo entre en la habitación, abrí el armario y pase mi mirada por él. No tenía cosas elegantes, nada, no había traído nada. Necesitaba ir a casa y recoger ropa, toda. Me iba a mudar a Londres y eso significaba trasladar todo mi armario a casa de Mark.

Empecé a rebuscar algo que pudiera ponerme. Encontré un pequeño vestido negro, era simple, por encima de las rodillas y que se ajustaba a la cintura con un cinturón. No era algo muy elegante pero con los botines supuse que valdría. Me vestí rápidamente sin dejar de vigilar el reloj.

A las 8 menos diez, ya estaba vestida, peinada, maquillada y nerviosa. Si, estaba nerviosa por salir con Mark, aunque eso fuera algo habitual, hoy todo se salía del camino. No era una cena de amigos, era algo más y las palabras de Danny retumbaban en mi cabeza. "Cuidado".

Mi móvil sonó y vi el nombre de Mark en la pantalla. Ya estaba abajo, esa era la señal. Cogí el abrigo, el bolso y baje las escaleras, notando como mi estómago empezaba a dar pequeños saltos y no podía controlar el temblor de mis manos. Realmente estaba nerviosa y eso no era algo habitual en mí. Pero tenía miedo, supongo que era normal, estábamos arriesgando mucho, pero quien no juega no gana.

Abrí la puerta de la calle y allí estaba Mark, pantalones oscuros, camisa oscura, peinado y con un ramo de margaritas blancas en las manos. Creo que me sonroje.

- Estás preciosa pequeña – susurró acercándose a mí.

Bajo su cabeza hasta que nuestros labios se encontraron y note las mariposas en mi estómago, provocándome cosquillas. Pase una mano por sus hombros y profundice el beso, pegando mi cuerpo al suyo.

- Felicidades por tu disco – susurro contra mis labios esbozando una sonrisa.

Se separo un poco de mí y me tendió el ramo de flores. Las cogí con cuidado, como si fueran de cristal y hundí mi nariz en ellas, aspirando el aroma. Sonreí entre las flores y un flash me iluminó. Levante los ojos confusa y me encontré con Mark, con el móvil en mano, sonrisa en la cara.

- Creo que es la foto más bonita que te he hecho nunca – susurró cogiéndome de la mano y guiándome al coche.

Todavía no había pronunciado palabra alguna, pero es que me había robado la voz. El tiempo estaba pasando a cámara lenta y cada gesto quedaba grabado en mi retina, almacenándolo en la pequeña caja de recuerdos que tenía alojada en mi cabeza. Una imagen tras otra.

Llegamos a un restaurante, con aparcacoches y empecé a ponerme más nerviosa.

- Mark, no hacía falta que fuera un restaurante de este tipo – susurre agarrando más fuerte su mano.

- Esta vez si hacía falta – contestó devolviéndome el apretón

Entramos en el restaurante, colores claros, luces suaves, mesas individuales, camareros con esmoquin. Me sentía como Cenicienta cuando entró por primera vez a palacio. Abrumada.

Mark dio su nombre y nos guiaron a una pequeña mesa, alejada de la puerta, de la gente. Me ayudaron a sentarme y susurre un gracias, mientras estaba segura de que mis mejillas se habían tornado de un color rojizo, otra vez.

No puedo recalcar nada de la cena, simplemente fue perfecta. Perfecta no es la palabra que usaría para describirla, fue algo más. Durante la cena y entre conversaciones, brindis y sonrisas, pude pensar. Pensar en todo lo que tenía, en lo que venía y en lo que perdía. Llegue a una sola conclusión. Lo iba a dar todo, en todos los sentidos. Lo iba a dar todo con Mark, lo iba a intentar e iba a hacer que fuera algo especial, pero también lo iba a dar todo por la música, por el disco. Me daba miedo que ese conjunto no funcionara, que perdiera una de las dos cosas.

Salimos del restaurante y decidimos dar un pequeño paseo antes de volver a casa, íbamos agarrados y eso no sería extraño si no fuera por los besos que nos íbamos robando con cada paso dado.

- Gracias – susurre contra sus labios.

- No me las des, Kate

- Necesito hacerlo, esto esta siendo tan especial que no lo puedo expresar con palabras – susurre de nuevo.

- Entonces no hables – dijo cerrando el espacio que nos separaba.

No fue un beso más, fue el beso que lo empezó todo, un beso especial, de los que quieres recordar, esos besos con los que sueñas de pequeña, esos que Disney muestra. Un beso sincero, un beso que demuestra tanto que es imposible explicar con meras y simples palabras estas se quedan cortas.

Me separe de nuevo, notando como mis piernas temblaba, fruto del beso, de lo que había sentido con él.

- Kate… - susurro Mark cuando yo hundí mi cara en el hueco de su cuello y pase mis brazos por su cintura – Quiero intentarlo, necesito hacerlo.

- Ya lo estamos haciendo Mark – contesté levantando mi cabeza y clavando mis ojos en los suyos.

- Esto es muy difícil Kate, pero se que lo sientes igual que yo – dijo clavando sus ojos verdes en los míos.

- Por eso estoy segura de que esto acaba de empezar y no quiero pensar en nada más. Solos tú y yo – dije volviendo a buscar sus labios, esta vez en un beso suave.

- Deberíamos contárselo a Angie – dijo Mark separándose de mí.

- Lo se, lo haremos, en cuanto vuelva a Londres, no quiero hacerlo por teléfono – contesté agarrándome de su cintura y comenzamos a andar de nuevo.

- ¿Crees que le molestará?

- ¿A Angie? No, se sorprenderá, nos abrazará y empezará a preparar nuestra boda, es Angie – contesté como si solo su nombre lo explicara todo.

Comenzamos a reír, a la vez, juntos. Era increíble como un simple beso, una noche de borrachera podía cambiarlo todo. Desde la vez que lo intentamos no había vuelto a pensar en Mark de esta manera, como novio, como amante. Simplemente era Mark. Pero ahora, todo era más. Mi vida era más. Mi nueva vida acababa de empezar y los cambios ya se sucedían uno tras otro.

Creo que esa noche algo en mí cambió, puede ser que fuera la fuerza que te da el tener todo claro, el perseguir tus sueños y conseguirlos. Puede que fuera el beso. Puede que fuera un simple abrazo, una sonrisa o un suave roce de manos. De lo único que estoy segura es que fue esa noche, la noche del 6 de marzo.