Antes de entrar a la junta de las doce, llamo a Esther para ponerla al tanto de todo acerca de la comida, y de la familia de Christian. Entre ellos él. Tuve que contarle pedazos de la historia, para que entendiera la emoción o la efusividad de toda la familia Grey.

Termino la junta con éxito, la marca de ropa de Phoebe&Teddy será llevada más allá de la frontera. Eso me emocionada, comienzo a organizar los pendientes de la tarde para terminarlos el día lunes. Me sorprende la tranquilidad que se ha instalado en mí, es extraño.

En diez minutos tengo que recoger a mis hijos, intento buscar en el transcurso del camino, las palabras correctas, o las que más se aproximen a lo que quiero explicar. Estarán felices al enterarse que su padre está cerca de ellos y más que el resto de su familia han venido.

Estaciono el auto afuera de la escuela de natación. Faltan unos minutos para que salgan, así que aprovecho para hacer una llamada. Grace y Mía ya deben de estar en la casa.

—Anny, no te preocupes. Estamos bien...—escucho la risa de Esther al otro lado de la línea. Debió de comprobar el identificador de llamadas.

—Gracias, entonces al decir «Estamos bien» es que ha llegado la familia de Christian...—no sé de dónde sale tanta ansiedad. Lo que es extraño es que nunca tenemos gente en casa, estos siete años siempre hemos sido nosotros, y Esther. Y cuando se trata de festejar algo, es cenar fuera de casa.

En sí, nuestra casa es algo lejos de los curiosos.

—Sí, hace unas horas que han llegado. Anny deja decirte que son unas bellas personas, tus suegros, y la mujer rubia, Mía. Es un torbellino, luego el joven rubio atractivo, no recuerdo su nombre, hace rato estaba con tu suegro platicando con él en la barra de la cocina, bromeaban entre ellos, se divertían, era como... un clima de alegría, un...—guarda silencio un momento— ambiente familiar, limpio, cálido... no tengo palabras para describirlo, amarán a tus hijos, han traído juguetes, y el suegro no deja de mirar las fotos de la sala, lloraron al ver a los gemelos, estuve a punto de llorar con ellos...me tomé la libertad de enseñarles los libros de sus fotos.

—Está bien, tienen derecho de verlo. —el nudo crecía en mi garganta.

—Dicen que son idénticos al padre de ellos cuando era una cría.

—Si, hay algo de eso...—las lágrimas caen por mis mejillas. Algo dentro de mi brota. Les he quitado la oportunidad de crear recuerdos por siete años, pero la mentira de Elena se los ha arrebatado. —Estoy recogiendo a los gemelos, voy a casa, gracias Esther.

Me limpio las lágrimas rápido cuando veo a la maestra acercarse con los gemelos.

Bajo del auto cuando termino de colgar, recibo a mis hijos con los brazos abiertos cuando me inclino a su altura, ellos corren emocionados. Sus sonrisas los iluminan.

—¡MAMIIIIIIIIIIII!—gritan al mismo tiempo cuando me abrazan.

—Hola pequeños saltamontes. ¿Qué tal las clases de natación?

—Muy buenas mami, Teddy ya sabe flotar en el agua. —dice Phoebe emocionada cuando toma asiento al lado de Teddy. Abrocho sus cinturones.

—Muy bien, Teddy. Saltamontes, mami tiene un anuncio importante que decirles.

Ellos ríen emocionados. Ya protegidos en la parte de atrás del auto, enciendo el auto y nos marchamos.

—Tengo una gran sorpresa para ustedes.

—¡SORPRESA! ¡SIIIII! ¡ME GUSTAN LAS SORPRESAS MAMI!—grita Teddy con sus brazos al cielo.

—¿Qué es mami?—pregunta Phoebe emocionada al mismo tiempo que alcanza mi mirada por el retrovisor.

—Es sorpresa, ¡No les voy a decir que es! Si les cuento, no sería sorpresa...

Ríen entre ellos.

Avanzamos y tengo aproximadamente menos de veinte minutos para llegar al sendero, y un minuto más de ahí a casa.

Estamos en el sendero que nos lleva a casa, me estaciono en la casa principal donde tiene un letrero que dice: Se vende y está cubierto por una larga fila de árboles altos, y es la única casa cerca de nosotros.

Desde aquí se ve nuestra casa a lo lejos, y se pueden ver los autos estacionados. El corazón se agita por el momento en que tengo que hablar con ellos.

Me giro hacía ellos cuando me quito el cinturón de seguridad. Me miran detenidamente en espera de que hable.

—La sorpresa se las cuento, pero antes de llegar a casa...quiero hablar con ustedes de algo muy importante—sus rostros muestran impaciencia, ansiedad...—Anoche...llegó papi de viaje y...—sus gritos de emoción, jubilo no me dejan terminar el resto.

—¡YO SABÍA QUE ERA PAPI, MAMI!—grita emocionada Phoebe lanzando sus brazos al cielo y los mueve bailando.

—¡¿Papi?! ¿Por qué no me despertaron, mami? ¡YO QUIERO VER A PAPI!—Teddy cruza sus brazos sobre su pecho, demasiado molesto, Phoebe no deja de dar saltos en su lugar.

—¿Me dejan terminar, saltamontes? Cuando les cuente el resto, pueden hacer preguntas, pero necesito atención aquí. Phoebe quieta...—se quedan en silencio, Teddy es inevitable que no esconda su enojo. —Llegó papi, pero no llegó solo...—sus rostros muestran curiosidad—...vienen sus abuelos y tíos...—rostros iluminados, Teddy olvida su enojo—Y quieren conocerlos, así que quiero que se porten bien, sean educados como siempre, Phoebe no los ataques con preguntas, Teddy no están permitidos en la mesa los palillos de la batería, y no los vas a sacar hasta que termines toda tu comida.

—¡SI MAMI!—dicen al mismo tiempo, y aplauden emocionados. Regreso a mi lugar con el corazón latiendo a mil. Miro hacía el sendero...

—Perfecto. Entonces vamos...que los esperan en casa...—remarco la palabra «Casa» los miro por el retrovisor y ellos me encuentran en el espejo.

—¿En nuestra casa? ¿Ahora?—pregunta Phoebe con una sonrisa de oreja a oreja mostrando sus hermosos hoyuelos. Teddy se cubre la mano de la emoción para no gritar.

—Si. A unos cuantos metros está papi, los abuelos, y tíos esperando...

Risas de felicidad inundan el interior del auto. Podría decir que es música para mis oídos. Enciendo el auto y avanzamos hasta llegar estacionarme frente de nuestra casa.

Si...nuestra casa.