DISCLAIMER: Todos los personajes y/o lugares conocidos del mundo de HARRY POTTER le pertenecen a la maravillosa escritora J.K. ROWLING. Sólo la trama es mía. CONTIENE SPOILERS.


¡SOLO UNA VEZ!


CAPITULO 12: La ida deNorberto

A la mañana siguiente, la mano mordida de Ron se había inflamado y tenía dos veces su tamaño normal. No sabía si convenía ir a ver a la señora Pomfrey. ¿Reconocería una mordedura de dragón? Sin embargo, por la tarde no tuvo elección. La herida se había convertido en una horrible cosa verde. Parecía que los colmillos de Norberto tenían veneno. Al finalizar el día, Harry, Hermione, Blaise y Theo fueron hasta el ala de la enfermería para visitar a Ron y lo encontraron en un estado terrible.

—No es sólo mi mano —susurró angustiado— aunque parece que se me vaya a caer a trozos. Malfoy le dijo a la señora Pomfrey que quería pedirme prestado un libro, y vino y se estuvo riendo de mí.

Las miradas de Harry y Theo se oscurecieron. Blaise ya había comenzado a lanza palabrotas por lo bajo y Hermione se puso seria.

—Me amenazó con decirle a ella quién me había mordido (yo le había dicho que era un perro, pero dudo que me creyera). Se está vengando por lo de Crabbe y Goyle.

Harry y Hermione trataron de calmarlo.

—No te preocupes, Ron. Todo habrá terminado el sábado a medianoche. Harry y yo podemos encargarnos —dijo Hermione, pero eso no lo tranquilizó. Todo lo contrario, se sentó en la cama y comenzó a temblar.

— ¡La medianoche del sábado! —dijo con voz ronca—. Oh, no, oh, no... acabo de acordarme... la carta de Charlie estaba en el libro que se llevó Malfoy, se enterará de la forma en que nos libraremos de Norberto.

Ninguno de los chicos tuvo tiempo de contestarle a Ron. Había aparecido la señora Pomfrey y los hizo salir; diciendo que Ron necesitaba dormir.

—Es muy tarde para cambiar los planes —dijo Harry molesto a los demás.

Blaise bajaba las escaleras furioso.

—Ese cabrón va a saber lo que es tener el cabello rojo chillón permanentemente. Es más le voy hacer uno mechones dorados en honor a Gryffindor, para que no sea tan hijo de puta.

Harry, aunque estaba molesto por lo sucedido, miro a Theo preocupado.

—Vayan con Hagrid. Yo me encargo de que Blaise no haga ninguna estupidez—dijo Theo mientras corría detrás de Blaise que iba volando hacia la sala común de Slytherin.

—Espero que Blaise no se meta en problemas—dijo Hermione mientras caminaban hacia la cabaña de Hagrid.

—Yo tampoco. Ahora, hablando del dragón, no tenemos tiempo de enviar a Charlie otra lechuza y ésta puede ser nuestra única oportunidad de librarnos de Norberto. Tendremos que arriesgarnos. Y tenemos la capa de invisibilidad y Malfoy no lo sabe.

Hermione asintió. No quedaba de otra. Tenían que arriesgarse. Hasta eso ella lo sabía.

Cuando llegaron a la cabaña encontraron a Fang, el perro de Hagrid, sentado afuera, con la cola vendada. Tocaron la puerta, pero Hagrid les habló a través de la ventana.

—Disculpen chicos, pero no los puedo dejar entrar —jadeó— es que Norberto está un poco molesto. No es nada importante, ya me ocuparé de él.

Cuando le contaron lo que decía Charlie en la carta, se le llenaron los ojos de lágrimas, aunque tal vez fuera porque Norberto acababa de morderle la pierna.

— ¡Ay! Está bien, sólo me ha cogido la bota... está jugando... después de todo es sólo un cachorro— El cachorro golpeó la pared con su cola, haciendo temblar las ventanas. Harry y Hermione regresaron al castillo con la sensación de que el sábado no llegaría lo bastante rápido.

Tendrían que haber sentido pena por Hagrid, cuando llegó el momento de la despedida, si no hubieran estado tan preocupados por lo que tenían que hacer. Era una noche oscura y llena de nubes y llegaron un poquito tarde a la cabaña de Hagrid.

Primero Harry tuvo que esperar que la sala común de Slytherin se vaciara. Le había pedido a Theo y a Blaise que se quedaran en la habitación. Por el momento ya habían tenido suficientes problemas. Theo había tenido que petrificar a Blaise, porque este se había negado a quedarse. Luego tuvo que ir a la Torre de Gryffindor a buscar a Hermione, para luego ambos esperar a que Peeves saliera del vestíbulo, donde jugaba a tenis contra las paredes.

Hagrid tenía a Norberto listo y encerrado en una gran jaula.

—Tiene muchas ratas y algo de brandy para el viaje —dijo Hagrid con voz amable—. Y le puse su osito de peluche por si se siente solo.

Harry en ese preciso momento se preguntaba quiénes eran los niños y quien era el adulto. Inclusive se sintió hasta viejo y solo tenía 11 años. Del interior de la jaula les llegaron unos sonidos, que le hicieron pensar que Norberto le estaba arrancando la cabeza al osito.

— ¡Adiós, Norberto! No me olvides. Siempre serás mi hijo. —sollozó Hagrid, mientras Harry y Hermione cubrían la jaula con la capa de invisibilidad y se metían dentro ellos también mirándose con una cara de incredulidad, por lo que acababan de escuchar.

— ¡Mamá nunca te olvidará!—decía Hagrid sollozando.

—Harry creo que Hagrid necesita ayuda—le susurro Hermione. Harry simplemente asintió un poco preocupado por la salud mental de Hagrid.

Cómo se las arreglaron para llevar la jaula hasta la torre de astronomía fue algo que nunca supieron. Era casi medianoche cuando trasladaron la jaula de Norberto por las escaleras de mármol del castillo y siguieron por pasillos oscuros evitando que Filch o cualquier profesor los encontrara. Subieron una escalera, luego otra... Ni siquiera uno de los atajos de Harry hizo el trabajo más fácil.

— ¡Ya casi llegamos, Hermione! —resopló Harry, mientras alcanzaban el pasillo que había bajo la torre de astronomía.

Entonces, de repente un movimiento por encima de ellos casi les hizo soltar la jaula. Olvidando que eran invisibles, se encogieron en las sombras, contemplando las siluetas oscuras de dos personas que discutían a unos tres metros de ellos. Una lámpara brilló. La profesora McGonagall, con una bata de tejido escocés y una redecilla en el pelo, tenía sujeto a Malfoy por la oreja.

— ¡Esta castigado, señor Malfoy! —gritaba—. ¡Y veinte puntos menos para Slytherin! Vagando en medio de la noche... ¿Cómo te atreves...?

—Usted no lo entiende, profesora, Harry Potter vendrá. ¡Y con un dragón!

— ¡Qué tontería! ¿Cómo te atreves a decir esas mentiras? Vamos, hablaré de ti con el profesor Snape... ¡Vamos, Malfoy!

Después de aquello, la escalera de caracol hacia la torre de astronomía les pareció lo más fácil del mundo. Cuando salieron al frío aire de la noche, donde se quitaron la capa, felices de poder respirar bien, Hermione dio una especie de salto.

— ¡Malfoy está castigado! ¡Podría ponerme a cantar y a bailar! –decía emocionada.

—No lo hagas. Aunque yo también me alegro. Ya era hora que ese idiota pagara algo. —la previno Harry. Riéndose de Malfoy, esperaron, con Norberto moviéndose en su jaula. Diez minutos más tarde, cuatro escobas aterrizaron en la oscuridad.

Los amigos de Charlie eran muy simpáticos. Enseñaron a Harry y Hermione los arneses que habían preparado para poder suspender a Norberto entre ellos. Todos ayudaron a colocar a Norberto para que estuviera muy seguro, y luego Harry y Hermione les estrecharon las manos y les dieron las gracias.

Por fin. Norberto se iba... se iba... se había ido.

Bajaron rápidamente las escaleras, con los corazones tan libres como sus manos, que ya no llevaban la jaula con Norberto. Sin el dragón, y con Malfoy castigado, ¿qué podía estropear su felicidad? La respuesta los esperaba al pie de la escalera. Cuando llegaron al pasillo, el rostro de Filch apareció repentinamente en la oscuridad.

—Bien, bien, bien —susurró Harry—. Tenemos problemas. —Habían dejado la capa de invisibilidad en la torre.

Las cosas no podían haber salido peor.

—¡Maldición!—pensó Harry.

Filch los llevó al despacho de la profesora McGonagall, donde se sentaron a esperar; sin decir una palabra. Hermione temblaba. Excusas, disculpas y locas historias cruzaban por la mente de Harry, cada una más débil que la otra. No podía imaginar cómo se iban a librar del problema en esa ocasión. Le preocupa Hermione. Él no quería que se metiera en problemas, pero los habían atrapados juntos. ¿Cómo podía haber sido tan estúpido para olvidar la capa?

No había razón en el mundo para que la profesora McGonagall aceptara que habían estado vagando durante la noche, para no mencionar la torre de Astronomía, que estaba prohibida, salvo para las clases. Si añadía a todo eso Norberto y la capa de invisibilidad, ya podían empezar a hacer las maletas.

¿Harry pensaba que las cosas no podían estar peor? Estaba equivocado. Cuando la profesora McGonagall apareció, llevaba a Neville.

¡Oh, rayos! ¿Pero que hacia Neville allí?—se preguntaba Harry.

— ¡Harry! —estalló Neville en cuanto los vio—. Estaba tratando de encontrarte para prevenirte, oí que Malfoy decía que iba a atraparte, dijo que tenías un drag...

Harry negó violentamente con la cabeza, para que Neville no hablara más, pero la profesora McGonagall lo vio. Lo miró como si echara fuego igual que Norberto y se irguió, amenazadora, sobre los tres.

—Nunca lo habría creído de ninguno de ustedes. El señor Filch dice que estaban en la torre de Astronomía. Es la una de la mañana. Quiero una explicación y más le vale que sea convincente, señor Potter o tendré que llamar al jefe su casa.

Harry sintió un escalofrió. Era de dominio público que Snape no lo soportaba y viceversa. Siempre se pasaba humillándolo e incluso había hecho estallar un caldero solo porque el pelo grasiento le había tocado los cojones. Harry no quería verlo. Además no estaba para aguantarlo.

—Creo que tengo idea de lo que sucedió —dijo la profesora McGonagall—. No hace falta ser un genio para descubrirlo. Te inventaste una historia sobre un dragón para que Draco Malfoy saliera de la cama y se metiera en líos. Te he atrapado. Supongo que te habrá parecido divertido que Longbottom oyera la historia y también la creyera, ¿no?

Harry captó la mirada de Neville y trató de decirle, sin palabras, que aquello no era verdad, porque Neville parecía asombrado y herido. Pobre Neville, Harry sabía lo que debía de haberle costado buscarlos en la oscuridad, para prevenirlos. Realmente era un buen amigo.

—Estoy disgustada —dijo la profesora McGonagall—. Cuatro estudiantes fuera de la cama en una noche. ¡Nunca había oído una cosa así! Tú, Hermione Granger, pensé que tenías más sentido común. Creía que Gryffindor significaba algo para ti. Los tres sufrirán castigos... Sí, tú también, Longbottom, nada te da derecho a dar vueltas por el colegio durante la noche y, además, se les descontarán cincuenta puntos a Gryffindor y cincuenta a Slytherin.

— ¿Cincuenta? —resopló Harry.

—Cincuenta puntos cada uno —dijo la profesora McGonagall, resoplando a través de su nariz puntiaguda.

—Profesora... por favor...ellos…no…—decía Harry.

—Usted, usted no...

—No me digas lo que puedo o no puedo hacer; señorita Granger. Ahora, vuelvan a la cama, todos. Nunca me he sentido tan avergonzada de estudiante de mi propia casa e inclusive de usted también, señor Potter, pensé que era diferente, pero veo que no.

Cien puntos perdidos. Eso situaba a Gryffindor en el último lugar. En una noche, habían acabado con cualquier posibilidad de que Gryffindor ganara la copa de la casa. Harry sentía como si le retorcieran el estómago. No quería que Slytherin ganara la copa. No le importaba que fuera su propia casa. ¿Cómo podía arreglarlo? Debía ayudar de alguna manera a Gryffindor. Ellos merecían ganar.

Cuando salieron del despacho de la profesora, Harry trato de explicarle a Neville, pero este no quiso escucharlo. Oía el llanto de Neville, por el camino. No se le ocurría nada que decir para consolarlo. Sabía que Neville tenía miedo de que amaneciera, él no era tan popular. ¿Qué sucedería cuando el resto de los de Gryffindor descubrieran lo que ellos habían hecho? Hermione lo miraba apenada. Trato de disculparse, pero esta negó. Cuando llegaron a la torre de Gryffindor, ella le dio un beso en la mejilla, le deseo buenas noches y entro por el retrato.

Harry lo siguió de largo hasta las mazmorras. Cuando llego a su sala común se encontró con Malfoy. Sentía tanta rabia por lo que había pasado con Hermione y Neville, que no lo pensó ni dos veces y al parecer Malfoy tampoco, porque ambos se enfrascaron en una pelea épica de toma y dame. Era la primera vez que Malfoy le respondía los golpes a Harry. El escandalo era tal que los estudiantes comenzaron a despertarse e ir a la sala común.

Cuando Theo y Blaise llegaron, Draco y Harry rodaban por el suelo. Cada vez que alguno estaba arriba del otro le insertaba un buen puñetazo al otro. Las cosas cada se segundo se ponían más feas. Los objetos de la sala común comenzaban a levitar y estrellarse contra las paredes. Algunos de los chicos se habían asustado y no sabían que era lo que estaba pasando. Theo y Blaise se miraron serios y preocupados. Sabían que era Harry el que levitaba los objetos, así que decidieron intervenir.

A duras penas lograron separarlos. Theo y Blaise se llevaron a Harry a su habitación. Allí Harry les conto como fue todo. Blaise cada momento se cabreaba más y en esta ocasión, Theo rumio junto con él. Luego de que Theo le ayudara a Harry a sanar sus heridas, este se dio un baño. Cuando salió, ya Blaise y Theo estaban durmiendo. Esa noche Harry no durmió. Pensaba en el problema que había metido a Hermione y a Neville.

Al principio, los Gryffindors que pasaban por el gigantesco reloj de arena, que informaba de la puntuación de la casa tenía un error. ¿Cómo iban a tener; súbitamente, cien puntos menos que el día anterior? Lo mismo pensaba los Slytherin. No entendían nada.

Y luego, se propagó la historia. Harry Potter; el chico que habían acogido como un Gryffindor mas, junto a Hermione Granger y Neville Longbottom, les había hecho perder todos esos puntos. De ser una de las personas más populares y admiradas del colegio, Harry súbitamente era el más detestado. Hasta los de Ravenclaw y Hufflepuff le giraban la cara, porque todos habían deseado ver a Slytherin perdiendo la copa. Y creían que él también lo deseaba.

Por dondequiera que Harry pasaba, lo señalaban con el dedo y no se molestaban en bajar la voz para insultarlo. Los de Slytherin, por su parte, también rumiaban, ya que también habían perdido setenta puntos entre él y Malfoy, pero todo el peso había caído sobre él. De Gryffindor, sólo Ron y Hermione lo apoyaban. De Slytherin, por supuesto, sus dos compañeros de habitación.

Era un poco tarde para reparar los daños, pero Harry se juró que, de ahí en adelante, no se metería en cosas que no eran asunto suyo. Hermione y Neville también sufrían. No pasaban tantos malos ratos como Harry porque no eran tan conocidos, pero nadie les hablaba. Hermione había dejado de llamar la atención en clase, y se quedaba con la cabeza baja, trabajando en silencio ni siquiera los chistes de Blaise les levantaban el ánimo.

Harry casi estaba contento de que se aproximaran los exámenes. Las lecciones que tenía que repasar alejaban sus desgracias de su mente. Él, Ron, Blaise, Theo y Hermione se quedaban juntos, trabajando hasta el toque de queda en la biblioteca, tratando de recordar los ingredientes de complicadas pociones, aprendiendo de memoria hechizos y encantamientos y repitiendo las fechas de descubrimientos mágicos y rebeliones de los gnomos.


¡HASTA EL PROXIMO!