Parte XII
"¿En dónde estoy?" Pensaba Eliza mientras miraba hacia abajo. Lo que vio era un espectáculo extraño. Un montón de personas con batas, ropa azul y verde rodeando a alguien. Parecían muy agitados y la persona en el centro, era una muchacha. Era ella. Esto la llenó de terror. "¿Cómo podría ser?" Pensó en ese instante. Estaba fuera de su cuerpo o al menos eso parecía. "¿Sera acaso un sueño?" sus pensamientos se volvían cada vez menos claros. Entonces se sintió atraída hacia un túnel negro con una luz al final. Fue acercándose más y más hacia esa brillante iluminación. Conforme se acercaba una sensación de paz la llenaba. Finalmente llegó hasta el final del túnel. Era una vista hermosa, jardines perfectos y castillos de cristal, ríos de agua cristalina recorrían el lugar, Pidgeys brillantes volando en él cielo y toda clase de pokemon terrestres jugueteando en el césped. Unas sombras se acercaron hasta que finalmente tomaron la forma de una anciana y lo que parecía ser un niño como de diez años. Ella no reconocía al niño, pero la otra era su abuela.
—Abuela, ¿Eres tú?—Preguntó la chica, algo confundida. ¿Estaba en el más allá?
—Sí, soy yo mi hijita. Veo que has crecido, eso me hace muy feliz—La anciana parecía muy apacible y su voz era cálida y envolvente.
—Tu alzheimer, se ha ido— Las sorpresas parecían no terminar en ese lugar.
—Aquí no hay dolor ni enfermedad mi hijita, es un lugar de paz y amor—La abuela parecía feliz mientras hablaba.
—Tengo tantas preguntas, ¿Cómo llegue aquí? ¿Acaso estoy muerta? ¿Tú nos miras desde aquí o solo nos esperas?— La chica estaba entusiasmada quería saber todo sobre ese lugar.
—Lo siento mi hijita pero me temó que ya es hora de que te vayas, aun no te ha llegado la hora— La viejecita parecía un poco triste pero a la vez aliviada de que su nieta aún no pertenecía a ese lugar.
—Tan rápido, no quiero dejar este lugar es tan hermoso y tan pacifico— Estaba algo decepcionada, quería saber más pero si no le quedaba más tiempo lo aprovecharía. Se acercó a su abuela y le dio un fuerte abrazo.
—Adiós mi hijita— Se despidió la abuela con lágrimas en los ojos.
—Adiós abuelita— Le dijo su nieta pero esta vez más tranquila. El niño que había estado callado todo ese tiempo se le acercó.
—Antes de que te vayas quiero que le des un mensaje a mi amigo, el que te acompaña— El niño la miró fijamente con toda la seriedad que podía expresar.
—Está bien pequeñín ¿Qué quieres que le diga?— Eliza lo miró directo a los ojos esperando la petición.
— Dile: "Rei no fue tu culpa, deja ya el pasado atrás"— Mientras hablaba la voz del chico parecía de gran importancia.
—Se lo diré, no te preocupes— La chica puso una cara de determinación y al chico se le iluminaron los ojos y sonrió de oreja a oreja.
Una fuerza extraña la volvió a atrapar, esta vez la llevo en sentido inverso, de la luz al túnel y de ahí a hasta la habitación. Todo se puso negro otra vez…
Redel seguía en la sala de espera, odiaba estar ahí pero sabía que nada podía hacer. Entonces una figura femenina entró en la sala. Era la doctora de Eliza.
—¿Cómo está Eliza?— Preguntó angustiado el muchacho.
—La perdimos durante algunos minutos, pero ahora está estable. No voy a mentirle, tiene daños severos en los órganos. Está muy grave, podría volver a morir en cualquier momento— La doctora habló con una frialdad casi hiriente.
—¿Qué se puede hacer?— Volvió a preguntar Redel más angustiado esta vez, la respuesta era de vida o muerte.
—Pues hay una alternativa pero es algo arriesgada. Se trata de una maquina parecida a la que cura a los pokemon en los centros pokemon. Se cambia el campo electromagnético del cuerpo humano a uno parecido al de un pokemon y después se le ponen los rayos que normalmente regeneran y desintoxican a la criatura, pero esta vez en un ser humano. Solo funciona si el daño en los órganos es reciente y su tasa de mortalidad es del cincuenta por ciento. Pero si vamos a hacerlo más vale que sea rápido. Necesito su autorización como acompañante ya que los padres no están presentes—El sentido de urgencia en lo que decía era alarmante así que Redel le puso mucha atención. El cincuenta por ciento de mortalidad sonaba muy poco alentador, pero no había alternativa. La doctora le acerco una tableta y el muchacho la firmó.
—La llevaremos a la sala de tratamiento de inmediato— Angélica se alejó rumbo a la sala de urgencias y después trasladaron a Eliza hasta un cuarto. Dentro había toda clase de pantallas y algo que parecía una cama con amarraderas. Colocaron a la chica en la cama y la amarraron con fuerza. La doctora movió algunas palancas, presiono unos botones y la maquina empezó a funcionar. El ruido hizo despertar a Eliza. La muchacha empezó a sentir un escalofrío por todo el cuerpo que en seguida se convirtió en calor y después en ardor. Un ardor como nunca había sentido en la vida. Lo peor es que lo sentía por dentro, también todos sus órganos se sentían en llamas y toda su musculatura se tensaba y se relajaba en un ciclo tras otro. La chica gritó con tal fuerza que Redel la escucho desde la sala de espera, identifico de inmediato la voz. Entonces todo terminó. Eliza se sentía exhausta y se quedó dormida. Angélica se sintió aliviada al ver que sobrevivió al tratamiento. Se la llevaron hasta una pequeña habitación, en una especie de cama con un monitor, También tenía unos cuadros, un televisor, un baño, y un sofá. No parecía un lugar muy lujoso pero si practico. La doctora llevó a Redel con la chica a esa habitación.
—Esta habitación, junto a los tratamientos están cubiertos por el seguro de entrenador pokemon. Si habrá algunos cargos, pero estos serán puestos en la cuenta de entrenador y se cubrirán en cuanto venza otros entrenadores. Ahora la paciente debe descansar, no sabremos si el tratamiento ha tenido éxito hasta que pasen veinticuatro horas—La voz de Angélica era tranquila pero a la vez severa.
—Muchas gracias doctora—Dijo el muchacho mientras miraba fijamente a la chica. Mientras esta dormía le pareció volver a vivir esa experiencia. Solo que esta vez no había quimioterapia. Esos recuerdos le traían algo de seguridad, pero también de tristeza. Era algo tarde así que Redel se acurrucó en el sofá y se dispuso a dormir.
Al día siguiente despertó el chico y se metió a la ducha. Hacía ya varios días que no se bañaba, y mucho menos en una regadera. Pensó en si no sería mucho abuso usar las comodidades del hospital, pero de todas maneras ya era muy tarde. Se cambió de ropa a su otro par de pantalones y camiseta. Se puso de nuevo la gabardina y el sombrero, y desde luego su parche. Como le molestaba el haber perdido la vista en ese ojo y más de esa forma tan estúpida. Finalmente salió del baño. Eliza seguía dormida, no sabía cuándo despertaría. Prendió el televisor, él no era adepto al aparato pero era mejor que no hacer nada. Había varios programas que a él no le interesaban, hasta que dio con las noticias. Al parecer el "Grupo X" había vuelto a las andadas. Esto le enfureció en sobremanera, todos sus esfuerzos habían sido en vano. Los de él y los de la liga. "Esos mal vivientes, ¿Cómo no escarmientan?" Pensó Redel con ira. Apagó el televisor.
Eliza finalmente despertó. Sus parpados pesaban pero con algo de esfuerzo recobro la consciencia.
—¿Dónde estoy?—Preguntó ella algo desorientada.
—En el hospital, ¿En dónde más?— Contestó el chico algo sarcástico
—¿Porqué? Lo último que recuerdo es que estábamos en el parque y después…—La chica trataba de hacer memoria y fue interrumpida.
—Pues por no tomar tus medicamentos, los que te dieron en el centro pokemon. Estuviste inconsciente todo este tiempo. Es más la doctora dijo que estuviste muerta en algún punto. Después te dieron un "Tratamiento experimental" del que tienes suerte de sobrevivir— El muchacho sonó muy serio en especial al mencionar lo del tratamiento.
—Eso lo explicaría todo…— dijo Eliza algo pensativa como hablando para sí misma.
—¿Explicar qué?— Preguntó Redel algo confundido.
—Pues mientras estuve inconsciente tuve una visión, en el que visite un hermoso lugar, después de pasar un túnel con una luz al final. Inclusive vi a mi abuelita que lleva años de haber muerto…—Estaba sumamente emocionada se le notaba la ilusión en los ojos.
—Debió ser un sueño, no se puede hablar con los muertos— El chico estaba casi burlándose. El no creía en el "más allá" y en esa clase de cosas. Ignorándolo la chica continuó.
—También había un niño, me dijo que te dijera "Rei no fue tu culpa, deja atrás el pasado"— La muchacha estaba segura de lo que había visto y esto le serviría de prueba. A Redel le cambió la cara de inmediato. "No puede ser" Pensó muy en su interior. Nadie lo había llamado así en años y ella no tenía manera de saberlo. Saco algo de su bolsillo, una foto y se la mostró a la chica.
—Sí, era él, nada más que sin anteojos— señalo a un niño de entre los tres que aparecían en la foto. Eran dos niños y una niña en verdad. Para el muchacho no era prueba definitiva, podría haber sido suerte, pero no podía dejar de pensar en él.
—Isaac…—Dijo en voz baja Redel. Sus pensamientos regresaron a ese trágico día. Recientemente habían empezado a ser entrenadores ellos dos. Se estaban enfrentando a unos maleantes en una batalla pokemon. El uso a su Squirtle y a su Eevee, su amigo a su Charmander. La pelea había sido dura. Squirtle usaba su chorro de agua con fuerza contra un Machop, pero este le dio unos golpes que lo dejaron derrotado en el suelo. Isaac usaba a su Charmander el cual no dejaba de usar ascuas contra un Scyther, pero a pesar de la debilidad de este al fuego, era más fuerte y las cuchilladas de esté fueron tan intensas que la pequeña lagartija de cola en llamas quedo derrotada también. Redel sacó a su Eevee pero este no era rival contra un tipo luchador como ese lagarto humanoide, quedo rendido de unos pocos golpes. Ellos querían a sus pokemon como "recompensa". Pertenecían a una banda que después se haría llamar "Grupo X". Al obtener una repuesta negativa de parte de los chicos, usaron a sus pokemon para infringirles heridas graves. La horrible navaja en las patas delanteras del insecto verde gigante se sentían como un terrible ardor en el cuerpo de Redel. En cambio su amigo fue mallugado por el Machop, quien después lo arrojo a un lado. Los oficiales llegaron y esos malhechores huyeron. Redel se acercó a su amigo, esté no respondía, no respiraba. Su cuerpo yacía ahí, inmóvil. Las lágrimas corrían por el rostro del otro chico. En ese momento decidió que tenía que ser el más fuerte, el mejor. Todo este recuerdo lo envolvió por varios minutos. Eliza se preocupó. La cara de Redel, la palidez de su rostro, el sudor frío en su cuerpo. Estaba en una especie de trance. Al principio la chica pensó en dejarlo así y ver si reaccionaba, pero al pasar los minutos decidió cambiar de estrategia.
—Así que… ¿De qué me hablabas antes de perder el conocimiento en el parque? No tengo la memoria muy buena en ese respecto— La cara de Eliza tenía una enorme sonrisa, algo inocente pero suficiente para sacar del "trance" al chico, al menos un poco.
— Ah, lo del parque. Pues lo que compré son vitaminas para tus pokemon, los que tienes y los que vas a capturar. También compré unos objetos recios que sirven para aumentar las capacidades de tus pokemon. Unas para aumentar la velocidad de tus atacantes, otras para su fuerza, otros para la resistencia y para su defensa. Luego te diré cual es para cual. La deberán llevar en sus entrenamientos y en todo momento durante un mes cada uno, menos en batallas de la liga y otras importantes ya que les bajan velocidad y créeme requerirás eso en esas peleas— El chico estaba todavía medio ido pero al menos su mente ya estaba en otro lugar, lejos de los malos recuerdos.
—¿Deberán llevar todos los objetos recios en todos mis pokemon?— Pregunto con curiosidad autentica la chica. Además que prefería esto a verlo otra vez enfrascado en sí mismo como lo había visto antes.
—No eso haría que su cuerpo no aceptara el esfuerzo. Deberás usar los de resistencia y defensa, ya sea física o especial, según el papel que cumplen en el equipo. Así también tus atacantes físicos y especiales deberán usar el de velocidad y el de ataque o ataque especial ya que esto es lo que necesitan para triunfar— El muchacho contestó de buena manera tratando de ser lo más informativo posible. A la chica le gusto verlo ya más parecido al Redel que ella conocía.
—Ah ok, luego me dices cual es para cual— La muchacha lo dijo con algo de emoción pero a la vez de molestia, tener que aprenderse cual era para cual y esas cosas no era algo demasiado entusiasmaste.
—Sí, desde luego— Dijo el chico, pensando en cómo hacerle recordar a ella los objetos. Después hubo un largo silencio, esta vez interrumpido por Redel.
—Deberíamos hablarle a tus padres, digo casi mueres— El muchacho parecía realmente consternado.
—¡No!... digo, para que molestarlos, ya me siento mejor, es más deberíamos irnos— Dijo la chica algo nerviosa, no quería preocupar a sus padres, ni tampoco darle armas a su papá con lo "peligroso" que era ser un entrenador pokemon y menos cuando había sido por un simple olvido.
—No podemos irnos, estas bajo observación, no sabrán si el tratamiento funciono hasta después de veinticuatro horas, no podemos abandonar la habitación— Dijo Redel con total seriedad.
—Está bien, esperaremos…— La chica no parecía gustarle la idea pero tendría que seguirla. Era su salud después de todo. En eso llegó la enfermera y trajo algo de comida para la paciente. Esta agradeció y se lo comió todo. Redel en cambio solo saco una barra energética y se la engullo.
—¿Y si vemos televisión?— Preguntó Eliza al ver que el chico no hablaba mucho. Este último asintió con la cabeza. Vieron varias películas y también unas repeticiones del campeonato pokemon pasado, el cual según Redel hubiera sido juego de niños si él hubiera participado. La chica le preguntó por qué no lo había hecho, pero no obtuvo respuesta. Finalmente llegó la doctora.
—Vaya veo que has despertado, soy la doctora Angélica Rodríguez a su servicio, si no te molesta tomaremos tus datos— La doctora dijo cordialmente, y se puso a presionar su tableta. Después presionó unos botones en la cama y esta se puso en posición horizontal y se vio como si una luz atravesara el colchón hasta llegar a la chica. En la pantalla se mostró una imagen de Eliza pero mostrando sus órganos internos en tiempo real. La doctora entonces presionó la pantalla y se desplegaron varios menús. Revisándolos la doctora miró con total seriedad a la chica.
—¿Tengo algo mal doctora?— Preguntó Eliza sumamente preocupada.
—Para nada, no solo el tratamiento no la mató, la regeneró en un noventa por ciento del daño causado. Eso es casi milagroso— La doctora aun no podía creérselo.
—¿Pero cómo es posible?, si hace solo un día estaba al borde de la muerte— Preguntó el muchacho algo confundido, las personas no mejoran tan rápido.
—Pues es posible que la chica sea psíquica, por eso la máquina tuvo tal efecto en ella— La doctora contestó algo pensativa.
—Pero yo no soy psíquica, no puedo mover cosas con la mente ni leer los pensamientos, ni mucho menos ver el futuro— La chica estaba algo confundida, ella obviamente no pensaba en ella de esa manera.
—Esas no son todas las clases de psíquica que hay, tu bien podrías ser las que llamamos "Suertudas", las probabilidades están a tu favor la mayoría de las veces— Contesto la doctora en tono amable.
—¿Suertuda?¿Ella? Pero si la atacaron un montón de Cacturnes salvajes, y la infección casi la mata— Redel se había conocido a psíquicos antes, pero esto de "suertudos" no sonaba lógico.
—Pero sobrevivió al ataque, una probabilidad de una en tres, también lo de la infección, se encontraba en uno de los tres hospitales en toda la región que tienen la máquina del tratamiento que la salvó— La doctora contesto severamente.
—En todo caso, solo tendrás que quedarte unos tres días más en observación y después se podrá retirar— Dijo Angélica esta vez ya más tranquila y cordial.
—Ah, está bien doctora— Eliza seguía confundida con lo de ser psíquica. La doctora se retiró. Redel en cambio pensó en algo, si la chica era psíquica necesitaba un pokemon de ese tipo.
—Eliza, creo que ya se cual será tu defensa física— Le dijo el chico con una leve sonrisa en el rostro.
—¿Cuál?— preguntó la chica algo emocionada
—Te lo diré cuando salgas del hospital—Le contestó casi burlándose.
Los días pasaron lentamente tanto para Redel como para Eliza. Hablaban solamente sobre lo que venía en el libro de pokemon, sobre las estrategias y esas cosas. Finalmente llegaron al día de salida. Era una hermosa mañana con butterfrees revoloteando, y uno que otro pidgey comiendo semillas en el suelo. La chica miró fijamente al muchacho del parche.
—Entonces… ¿Estos días no cuentan en lo del mes verdad?—La muchacha hizo la voz más tierna y convincente que pudo al hacer la pregunta.
—¿Bromeas? Claro que cuentan, mientras más rápido me deshaga de ti mejor—Redel lo dijo con un tono burlón y sonriendo.
—¡Redel!— Le contestó la chica algo frustrada.
Ambos se dispusieron a caminar, saliendo así de la ciudad.
