Capítulo 12:
Hinata llamó corriendo a Ino y cuando la rubia llegó la arrastró a su habitación. Una vez entraron, la arrojó a su cama y cerró la puerta con seguro, encendió la radio, subió un poco el volumen y sentándose en frente a su amiga dijo:
-Desembucha.
-¿Cómo dices?
-Lo que oyes …
-¿De qué hablas?
-Lo sabes perfectamente …
-Mira Hina yo …
-¿Tú?
-Creí que no te gustaba, me equivoqué ¿vale? Llego a saberlo y no lo hubiera hecho, te lo juro … pero las chicas de baile me invitaron y no podía decirles que no, pero no te preocupes, nunca más volveré al cine sin ti …
-¿De qué diablos hablas?
-¿No estás enfadada por que fui a ver la última película de vampiros adolescentes sin ti?
-¡No! Espera, ¿fuiste a ver "Luna creciente 4" sin mi?
-Lo siento …
-Da igual Ino, no era eso de lo que quería hablar …
-Ahora me he perdido. -dijo extrañada la rubia.
-¿Quién te gusta?-preguntó Hinata con los brazos cruzados.
-. . . . . . -Ino se quedó muda y ,por primera vez desde que la ojos perla la conocía, sus mejillas se pusieron más rojas que una señal de tráfico.
-¿No me lo vas a decir?
-Yo … ¿Tú sabes que hoy recibí una carta?
-Sí …
-Pues era de él. Pfff … no te rías ¿vale?
-Te lo juro.
-Me gusta mucho Kankuro …
-¡Lo sabía! - exclamó Hinata.
-¿Lo sabías?
-Bueno, me lo imaginaba … se os nota a leguas …
-¿Has dicho "se os nota"?
-Sí, a ambos.
-¿Crees que le gusto?
-Sí.
-Está bien. Hinata, ¿quieres que te cuente la historia de como me enamoré del payaso de la clase, y el hermano de mi mejor amiga?
-Me encantaría escucharla.
-A ver por donde empiezo …
Inicio Flashback:
Cuando tenía ocho años mis padres comenzaron a discutir. Peleaban todo el día. Para que yo no me diese cuenta me apuntaron a ballet, gimnasia rítmica y natación, por lo que al salir del colegio tenía todas las tardes ocupadas.
En esas clases me rodeé de chicas muy guapas, y ellas me enseñaron trucos para "potenciar mis encantos" más que nada para estar perfecta los días de las actuaciones y ganarme al jurado.
Al principio era morderme un poco los labios y pellizcarme las mejillas antes de salir al escenario para que parecieran más sonrojados y encantadores. Después, usar pestañas postizas para que las mías parecieran más largas o vaselina en los dientes para que estos lucieran blancos y brillantes.
Crecer en ese mundo fue difícil, pero me encantaba no voy a mentir. Esas chicas me acogieron y me ayudaban a pasar de fase, más que nada por que así también pasaban ellas.
Cuando cumplí los doce las cosas se pusieron tensas. Esa era la edad en la que la gran mayoría de chicas abandona el ballet ya que empiezas a desarrollarte, por lo que pierdes elasticidad, te crece el pecho, empiezas a salir con chicos o simplemente te aburres de ir en mallas todo el día. A partir de ahí solo quedan las mejores, y yo quería ser la mejor.
Por ello comencé a escuchar consejos de gente a la que quizás no debería haberles hecho caso. Todos los días me levantaba a las cinco de la mañana, me duchaba con agua fría para mantener la piel lisa y tersa, desayunaba un té de limón e iba al gimnasio, era muy pequeña para ello pero había engañado a mis padres para que firmaran el papel de consentimiento. Tampoco hacía nada grave, solo corría en la cinta una hora. Volvía a la ducha, iba a clase y al salir iba directamente al conservatorio de danza. Allí comía con mis amigas una ensalada y comenzaban las clases. Terminaba de entrenar a las diez, pero al llegar a casa continuaba practicando los pasos en mi cuarto.
Un día me miré en el espejo y vi que me estaba empezando a crecer el pecho pero no lo tenía tan grande como mis compañeras. Ese año comenzaron las competiciones estatales y los nacionales por lo que todas teníamos que ser perfectas.
Cuidaba las calorías ingeridas al máximo, trabajaba duro y dormía lo necesario para mantenerme despierta en ballet, pero no era suficiente para hacerlo también en el colegio. La profesora me amenazó con llamar a mis padres y asustada se lo comenté a una de las chicas de clase. Tenía diecisiete años y era la mejor del conservatorio, todas queríamos ser como ella.
-Me duermo en clase y mi profe se lo va a decir a mis padres …
-¿Cómo crees que van a reaccionar?
-Mi madre ya me ha dicho que si fallo en el colegio se acabó el ballet. -dije apenada.
-No te preocupes, tengo la solución.
Y la tenía. Eran unas pastillas redonditas y de color azul de pequeño tamaño que servían para mantenerte despierta. Y funcionaban.
Durante esos meses cambié. Me aclaré el pelo, ya de por sí rubio, con manzanilla y agua oxigenada para que tuviera un color bonito; comencé a maquillarme un poco para parecer mayor, y tardaba más de media hora en prepararme antes de salir de casa para estar perfecta.
Esa idea de perfección era imposible de alcanzar, pero aun así me esforzaba por conseguirlo. Antes de cada competición no comía nada más que batidos con vitaminas, colirio en los ojos para que lucieran descansados y se notase su color azul, maquillaje para una cara perfecta de muñeca de porcelana, aceite corporal para que mi piel brillase, faldas cortas y trajes ceñidos, relleno en el pecho y hasta llegué a ir sin ropa interior solo para que no se marcase en el vestido.
Mi ritmo de vida era frenético, sobre todo para alguien que no había ni cumplido los trece años. Comenzamos a viajar para actuar y con cada victoria me convencía a mi misma de que era lo mejor.
Pero se me fue de las manos.
Un día dejé de comer para no ganar peso. Eso provocó que estuviera cada vez más cansada, pero eso se arreglaba con las pastillas azules. Hasta que mi cuerpo no aguantó más y me desmayé.
Recuerdo subir al escenario a recoger mi trofeo y todos los flashes de las cámaras, los focos sobre mí y la sensación de estar en la cima del mundo …
… Para luego caer en picado. Comencé a verlo todo nublado y las piernas no aguantaron mi peso y caí delante de todo el mundo.
Cuando desperté, estaba en una habitación de hospital con vías intravenosas en ambos brazos. Tenía el pelo suelto y despeinado, llevaba una de esas batas blancas llenas de dibujos infantiloides de animalitos y mi vestuario de la actuación descansaba doblado en una silla.
Me dolía la cabeza de una manera horrorosa y tenía la boca seca. Fue entonces cuando escuché a mis padres discutir fuera de la habitación, seguramente no sabían que estaba despierta:
-¡TODO ESTO ES CULPA TUYA!- gritaba mi madre.
-¿MÍA?-respondía mi padre- ¿DE QUIÉN FUE LA BRILLANTE IDEA DE METERLA EN ESO?
-¿HABLAS DEL BALLET?
-FUISTE TÚ QUE LA METISTE …
-¡TÚ NO ESTABAS NUNCA!
-¿Y POR ESO ECHAS A NUESTRA HIJA DE CASA?
-TE ESTÁS PASANDO … -decía mi madre.
-Siempre has sido mala madre, no te preocupaste nunca lo suficiente por nuestra hija y eso Ino lo ha acabado notando ….
-Eso no te lo perdono. -dijo mi madre abriendo la puerta y entrando en la habitación- ¡Ino! Te has despertado cariño …
-Hola mamá...
-¿Qué tal estás cielo?- dijo mi madre con lágrimas en los ojos.
-Cansada, me duele la cabeza.
Estuve una semana ingresada. Mis padres se turnaban para que no estuviera sola. Al volver a casa me sacaron de la escuela de baile y del colegio. Después de dos semanas de reposo y acostumbrándome de nuevo a comer, hicimos las maletas y nos mudamos.
Mi padre se quedó trabajando e intentando pedir el traslado a otra ciudad y mi madre, que pensaba que un cambio de aires me vendría bien, me trajo a Konoha. Al llegar vimos el anuncio de la casa y decidimos quedárnosla.
Fue ese día cuando te conocí Hinata. Estabas jugando con Hanabi y Temari en el jardín delantero de tu casa. Me bajé del coche y me senté en la acera mientras mi madre le decía a los hombres del camión de la mudanza dónde debían dejar los muebles y las cajas.
Recuerdo que te acercaste para presentaros y cuando tu madre salió me invitó a merendar con vosotros. En esa época aun erais siete. Neji se presentó, siempre tan educado y correcto, a las chicas os conocí fuera y Haku era demasiado callado, recuerdo que me pareció muy guapo con la melena por los hombros, Gaara me pareció algo raro y oscuro y Kankuro …
Admito que me pareció mono pero era el típico payaso de la clase. Había leído en revistas que tenías que ir a por el chico más guapo del colegio y que no hacía falta que hicieras nada, que él mismo vendría por ti.
El primer día de colegio solo os conocía a Temari, a Haku y a ti. Después de ver a todos los chicos lo cierto es que ninguno se parecía a aquellos con los que yo imaginaba que saldría cuando fuese amor. En cambio Haku era tierno y diferente, mientras todos intentaban salir conmigo o mirar cuando me agachaba en falda, él me prestaba su chaqueta para volver a casa. Era un cielo.
Entre eso y que Sakura se picó por ver quién salía con él, en mi cabeza no había sitio para ningún chico que no fuera él.
Aun así, Kankuro intentaba no ser borde, pero para él no era más que una niña pequeña, la amiga de su hermana menor.
Las navidades pasadas nos llevó a patinar sobre hielo aunque todos sabíamos que él odiaba patinar y terminó calzándose los patines solo para que Hanabi y yo dejáramos de protestar. Cuando se cayó de culo por tercera vez decidió que era suficiente y nos llevó a tomar un chocolate caliente.
Así se mantuvo hasta el año pasado. En verano íbamos todas las tardes a tu piscina y cuando descubrí que si me ponía el bikini morado se ponía nervioso o se iba a su habitación avergonzado. No voy a mentir, aunque esa no era mi intención me parecía divertido.
Ese verano se esforzó en acercarse más a nosotras llevándonos a todas partes cuando por fin se sacó el carnet de conducir. El problema es que yo conseguí novio. Recuerdo cuando se lo conté:
-Hola Ino, ¿vas a venir esta tarde a la piscina?
-No, lo siento Kankuro. Voy a salir con Yagura al cine.
-¿Yagura?
-Estamos saliendo … -dije mordiéndome el labio nerviosa.
-¡Oh! -dijo cortado de repente- Yo … me alegro por ti … bueno, eh … nos vemos.
Cuando corté con Yagura lloré como una tonta. Había sido mi primer novio y las expectativas eran altas.
De echo recuerdo que te pedí que no vinieras a mi casa. Quería estar sola. Te convencí de que estaba bien y que quería aprovechar para ordenar mi cuarto y mis ideas, pero era mentira.
Lo que tú no sabes es que al terminar de comer, Kankuro se pasó por mi casa. Cuando tocó a la puerta yo estaba llorando en mi cuarto con música triste mientras rompía todas las fotos en las que salía Yagura y cortaba todas las cosas que él me había regalado. Le había dicho a mi madre que iba a ir al colegio, cosa que tampoco hice.
Él llegó y al verme dijo:
-¡Guau Ino! Estás horrible.
-Gracias Kankuro. ¿Qué quieres?
-Nada, yo … me he enterado de lo de tu ruptura y quise pasar a ver que tal estabas …
-Estoy bien ¿vale?- dije sin mirarlo.
-¿Esa sudadera es nueva?
-¿Eres tonto? ¿Cómo va a ser nueva?
-Nunca te la había visto puesta . -dijo sonriendo.
-Es vieja, de echo creo que es la …
-¿Que te preste el día que os fui a buscar a la fiesta de la playa?
-Eso …
-¿Has comido?
-¿Cuándo?
-Hoy.
-No. Desde que cortamos ayer a la tarde no he comido nada, no tengo hambre.
-Pues estás de suerte. De camino he pasado por "Bacon Dought" y tengo hamburguesas, patatas y aros de cebolla.
-¿Has ido a mi sitio de comida rápida favorito?
-Pura casualidad, a parte, creo que fui yo quién te lo enseñó.
-Cierto. ¿Quieres pasar?
Entramos y fuimos a la cocina a comer. Me hizo reír y por un momento olvidé por qué estaba triste. Al terminar, hablamos de cosas sin importancia y al llegar la hora de cenar me dijo:
-Lo siento Ino, pero tengo que irme …
-No pasa nada, gracias por todo.
-¿Vas a estar bien?
-Sí, ahora dentro de un rato llegan mis padres.
-Está bien, hasta mañana Ino …
-¿Sabes? Pensé que él iba a ser mi príncipe azul …
-La vida no es un cuento rubia, pero podemos escribir nuestro final feliz.
-¿Cómo?
-Primero hay que empezar como todos, por "había una vez …"
-Quizás tengas razón … -contesté sonriendo.
Vi como se alejaba cruzando la calle y como antes de abrir la puerta se giraba para despedirse como solo él hace: dejando el índice y el dedo corazón juntos, doblando el resto y llevándoselos a la frente para luego separarlos rápidamente, según él, como hacen los pilotos de avión sexys.
Ese día algo cambió dentro de mí, y empecé a ver a Kankuro con otros ojos, ya no era simplemente un moreno al que le gustaban las marionetas y hacer reír a la gente, era un chico tierno que se preocupaba por mí y que era agradable con todo el mundo.
Por eso comencé a ir más a menudo a tu casa, me gustaba, pero tú te diste cuenta que había alguien que ocupaba mis pensamientos la mayor parte del tiempo y comenzaste a preguntar. Por eso tuve que decirte lo del chico misterioso, para poder ir soltando pequeños trazos de información con la que tenerte ocupada y que no descubrieras que en realidad el que me gustaba dormía separado de nosotras por dos habitaciones.
Él debió notarlo, o algo así, porque hablábamos a menudo sobre cosas sin importancia, nos dimos los números de teléfono y charlábamos durante horas antes de quedarnos dormidos …
Por eso en vacaciones cuando salimos de fiesta con Haku a la discoteca …
Inicio Flashback:
-Bueno chicas, ¿en qué discoteca queréis que os deje?-dijo Kankuro.
-No sé … -contestó Hinata- ¿Haku,Ino?
-Mejor déjanos en el paseo y ya vemos nosotros … -dijo Haku.
-Así vemos cual tiene mejor ambiente … -rió Ino- A parte, no queremos que te pierdas la fiesta por nosotros …
-Que va mujer, solo voy a salir con Shino … -rió Kankuro.
Al llegar al paseo donde se centraban los bares, las tabernas y las discotecas Kankuro paró el coche y esperó a que los demás se bajaran. Se despidió de ellos y arrancó para ir a buscar a su amigo a su casa.
Ino, Haku y Hinata pasearon un rato observando a la gente y escuchando la música que salía de los diferentes locales. Al final se decantaron por uno en el que mezclaban canciones actuales con baladas clásicas que habían marcado generaciones.
Entraron y dejaron los abrigos en el ropero de la discoteca elegida y fueron directos a la pista de baile.
A la media hora de estar bailando como locos, comenzó a sonar la canción favorita de Haku y Hinata, la que bailaban juntos en su cuarto los días de lluvia.
Hinata miró sonriendo a Haku, el cual respondió con otra sonrisa y empezaron a reír ilusionados:
-Por mí no os cortéis … -dijo Ino levantando las manos y separándose un poco.
-¡Ino! No te vayas … -contestó Hinata cortada.
-Tía, os encanta esta canción …
-En serio Ino, no queremos que te vayas … -añadió Haku apenado.
-No os preocupéis, me voy a por algo de beber a la barra …
-¿En serio?-preguntaron ambos.
-Sí, pero a cambio a la vuelta quiero bailar una entera con Haku y otra con Hina... ¿de acuerdo?
-¡Hecho!- dijo Haku sonriendo y corriendo al centro de la pista de baile arrastrando a Hinata con él.
-¡Hasta ahora Ino! -decía Hinata riéndose.
Cuando ya no se les distinguía del resto de personas, Ino se dio la vuelta y se encaminó hacia la barra. Se sentó y la sonrisa se le borró de la cara. Cuando el camarero le preguntó, pidió un refresco y se dispuso a esperar a que la canción terminase jugando con la sombrilla de papel que adornaba su bebida.
Fue entonces cuando alguien la tocó en el hombro provocando que se sobresaltase. Cuando se giró para encarar a quién la había llamado se encontró en frente a un chico vestido en traje con la mirada brillante y una sonrisa de oreja a oreja:
-¿Kankuro?- preguntó la rubia aliviada.
-¡Ino! ¿Qué haces tú aquí? ¿Y mis hermanos?
-Bailando …
-¿Y tú?
-Quería descansar … ¿y tú qué haces aquí?
-Lo mismo que tú … vine a bailar y a pasar el tiempo.
-¿Y Shino?
-Ahora mismo debe estar … mira es ese, el que está bailando súper pegado a la morena del vestido verde …
-¡Oh! Ya veo.
-Así que descansando …
-Sí.
-¿Quieres bailar, Ino?
-¿Contigo?
-¿Eso es un sí?
-Solo si me lo pides …
-¿Quiere bailar señorita Yamanaka?
-Claro que sí Kankuro.
Él la agarró de la mano y esperó a que se levantase. Empezó a caminar y al llegar al lugar en el que los jóvenes se mezclaban creando una masa de cuerpos moviéndose en distintas direcciones él la miró divertido:
-¿Qué?-dijo Ino sonrojándose.
-Nada …
-¿No bailas? - preguntó la rubia moviéndose al ritmo de la música.
-Prefiero verte.
-EL trato era bailar ambos …
-Eso va a ser difícil …
-¿Por?
-No soy buen bailarín …
-¡Por Dios Kankuro!-dijo Ino riendo- Primero, tus manos aquí … -dijo tomando las manos del joven y colocándolas en su cintura …
-¿Estás segura? -preguntó él tragando saliva.
-Jajajaja mucho … -dijo ella enlazando las manos alrededor de su cuello.
-Está bien … -dijo suspirando- Vamos allá …
-¿Dónde está el Kankuro seguro de sí mismo y que hace chistes sobre todo?
-No se lo digas a nadie Ino, pero creo que ha salido corriendo a esconderse en el perchero cuando nadie miraba jajajaja
-JAJAJAJAJA ¿voy a buscarlo?
-No, quédate conmigo … soy más guapo ¿sabes?- dijo él guiñando un ojo.
-Está bien …
Y comenzaron a bailar abrazados. Al principio él solo miraba al suelo para no pisarla e intentar aprenderse los pasos. Cuando levantaba la mirada se encontraba con los ojos azules de ella mirándolo con una dulce sonrisa en el rostro. Al cabo de un rato consiguió la confianza necesaria como para dejar de mirar a sus pies para centrarse en la joven que tenía delante. Ino por su parte se lo estaba pasando genial, estaba bailando con el chico que le gustaba y nada podía salir mal.
Siguieron dando vueltas juntos hasta que Kankuro cerró los ojos y se acercó lentamente a ella. Ino cerró sus ojos y recibió el beso más maravilloso de su vida. Un corrientazo de electricidad recorrió su cuerpo haciendo que le temblasen las rodillas y se sintiese flotando.
Cuando la música terminó, ellos seguían flotando en su mundo dejándose llevar por sus sentimientos hasta que Ino abrió los ojos. Al hacerlo se vio besando al hermano de su mejor amiga y no al chico que le gustaba, pensó en todo lo que podía perder y por último recordó la conversación que habían tenido unas semanas atrás medio en broma. Kankuro lo había dejado bien claro: "Jamás saldría con alguien menor que yo, y menos contigo, eres como de la familia, simplemente no podría, sería como salir con Hanabi jajajaja"
Por eso se apartó de golpe y salió corriendo a buscar a Hina y a Haku.
Al verlos sentados en la barra tomando algo y charlando amistosamente apuró el paso y algo sofocada dijo lo más rápido que pudo:
-¡Tenemos que irnos!- decía la rubia.
-¿Qué pasa Ino? ¿Estás bien?- Hinata estaba preocupada.
-¡Sí, estoy bien! Pero quiero irme …
-Está bien … -dijo Haku- Creo que vale por hoy …
-¿Puede venir a buscarnos tu padre?- preguntó Ino a su amiga.
-No creo, pero puedo intentar llamar a Kankuro …
-¡No! -dijo esta- Está con Shino, seguro que no oye el móvil, a parte no quiero molestar …
-Mejor llamo a Zabuza y que nos venga a buscar …
-¿No le molestará? -preguntó Hinata.
-Que va, es un cielo … -dijo el joven buscando su teléfono- ¿Zabuza? Hola cielo … sí, ¿podrías venir a buscarnos? Sí, no … mañana te cuento … jajaja no tonto. Vale, de acuerdo … como quieras …
-¿Y bien?
-Estará aquí en cinco minutos …
Dicho esto pagaron las bebidas y salieron a la calle a esperar a que Zabuza llegase. Al rato el moreno estaba parando el coche en la puerta para que ellos subieran. Ino echó un último vistazo en dirección a la discoteca. Había cometido un error pero por suerte no se volvería a repetir, Kankuro había bebido y con algo de suerte no se acordaría de nada al día siguiente.
Fin Flashback:
-Eso fue lo que pasó en año nuevo … -dijo Ino tapándose la cara con ambas manos.
-¡Eso es maravilloso!-gritó Hinata abrazando a su amiga.
-¿En serio?- preguntó la rubia extrañada.
-¡Sí! A ver Ino, os gustáis ¿cuál es el problema?
-Creo que no le gusto …
-No seas tonta. ¿No te has fijado lo raro que se porta cuando tú estás cerca?
-No, he estado evitándolo un poco …
-¡Sois iguales jajajajajaja! Deberías ir a hablar con él.
-De acuerdo. -dijo la rubia.
Suspiró, se levantó de la cama y salió del cuarto. Caminó por el pasillo hasta quedar delante de la puerta pintada de negro con pegatinas que prohibían la entrada. Tocó y esperó permiso antes de asomarse.
En el interior, Gaara leía un libro en su cama con los casco de la música puestos y Kankuro quitaba el último de sus pósters de chicas en bikini de la pared para meterlos en una caja.
-¿Y eso?-preguntó Ino extrañada.
-¡Ino! ¡Qué sorpresa!- dijo el moreno tragando saliva.
-¿Podemos hablar?
-Claro.
-Mejor me marcho … -dijo Gaara levantándose y saliendo.
-Tienes toda mi atención … -continuó Kankuro.
-Oye Kankuro, lo que pasó la noche de año nuevo …
-Lo sé, lo sé … -dijo levantando las manos a modo de disculpa- Fue un completo error y una estupidez enorme por mi parte. No te preocupes, te prometo que no volverá a suceder … Iba un poco bebido.
-Oh … -dijo ella desilusionada- De acuerdo …
-Iba muy bebido como para tener miedo a tu rechazo. -añadió él sin mirarla.
-¿A mi rechazo? ¡Pero si no te gusto!
-¡Por Dios! ¡Pues claro que me gustas! -se defendió el joven.
-Pero si pasas de mi, me ves como a tu hermana pequeña … para ti todo fue un error …
-¿Y qué quieres que te diga? ¿Qué cada vez que te veía entrar por la puerta se me aceleraba el corazón? ¿Qué me ponía colorado cada vez que te paseabas en bikini por la piscina? ¿Que odiaba cuando jugabas con otros chicos en la escuela? ¿Qué me encanta como te queda tu pijama morado corto? O simplemente que no puedo dejar de pensar en ti ni cuando cierro los ojos …
-Kankuro ….
-Ahórrate lo. No quiero oír tus disculpas movidas por la pena … No quiero darte lástima.
-Déjame hablar …
-No quiero oírlo Ino.
-¡ME GUSTAS!-gritó la joven dejando al chico perplejo.
-¿Qué has dicho?
-Ya me has oído … -dijo la joven sonrojada.
Estuvieron un rato en silencio sin atreverse a mirarse el uno al otro. Cuando Kankuro levantó la vista, Ino suspiró y se llevó las manos a la cinturilla de los pantalones, se los desabrochó y los dejó caer.
-¿Qué haces? ¿Estás loca?-dijo completamente rojo- ¡Súbete los pantalones!
-No. Quiero que veas mi tatuaje …
Entonces Kankuro le miró al muslo derecho y descubrió una frase hecha con una caligrafía perfecta que le decoraba la piel y en la que se leían las palabras:
"Once upon a time"
Continuará …
