Tema: Blink 182- All the small things
"You can´t trust a vampire. Trust me" (Edward Cullen)
Capítulo Décimo-segundo /Bromas y Piques
Segundo día de Instituto. Estaba terminando de arreglarme y esperando pacientemente sentada sobre la cama de mi cuarto, cuando la puerta se abrió estruendosamente dejándome ver a un colérico Edward. Reprimí una mueca divertida y me giré para que no adivinara mi expresión. Me dediqué a arreglar el puño de mi camisa; iba a dejar que él hablara o más bien que gritara.
— ¿Qué le hiciste a mi auto? — él permanecía fuera de la habitación, debajo del marco de la puerta ahora abierta de par en par. Me miraba fijamente con expresión asesina, con sus brazos extendidos hacia delante, y las manos fuertemente presionadas sobre el marco, si no tenía cuidado iba a romperlo.
Por un momento se me ocurrió que la broma no había sido tan buena idea, pero la deseché inmediatamente. Había iniciado esto e iba a seguirlo.
Flashback
Luego de la charla sobre la llegada de esa tal Tanya, cada uno se dispersó para dedicarse a diferentes actividades. Alice y Esme de compras, Carlisle a la biblioteca, los chicos a practicar beisbol. Rose bajó al garaje para seguir trabajando en uno de los autos; fingí ojear una revista sentada en la sala, cuando estuve segura que cada uno estaba concentrado en su tarea, tomé un papel y un bolígrafo y volé hacia Rose. La encontré con la cabeza metida dentro del capot del BMW rojo, al parecer revisaba una fuga de aceite.
—Rose… —susurré bajo y le entregué la nota. Sabía que Edward estaba fuera y no podía escucharme aún así debía ser muy precavida.
Esperaba que Rose pudiera esconder sus pensamientos. Ella le dio una rápida mirada y luego la arrugó, con una media sonrisa algo perversa asintió.
—Considéralo hecho.
Mi repuesta fue una risita. Después salí tan rápido como entré en el garaje, no quería que nadie me viera, volví al sillón y a la revista.
…
Al parecer, Rose había hecho muy bien su trabajo. No esperaba menos de ella.
— ¿De qué hablas Edward? ¿Qué le pasa al Volvo? — me volví a girar, dedicándole mi mejor cara de desconcierto.
—Hablo de que mi Volvo está averiado, no arranca Isabella. Y algo me dice, que tienes algo que ver con eso... ayer marchaba perfectamente. — uhh Isabella, está enfadado. Quitó sus manos del marco y entró a la habitación con pasos largos y firmes, posicionándose delante de mí y haciendo que le mirara. — ¡Dímelo! ¿Qué le hiciste a mi auto?
Una gran carcajada amenazaba con salir, tuve que utilizar todo mi control para lograr mantenerme seria. ¿Podía ser alguien tan maniático con su auto? Definitivamente sí.
—Edward, deja de hacer el ridículo y piensa un poco, no sé nada de autos, ¿Cómo podría haber hecho eso? ¿No intentaste revisarlo?
—La encargada de la manutención de los autos es Rose, no entiendo mucho de eso. Lo revisé pero no hallé nada mal. — se encogió de hombros, luego volvió a su mirada furibunda. — Ahora, ¿Cómo se supone que iremos al Instituto? ¡Los demás ya se han ido!
Ya tenía cubierto eso, pero no iba decírselo aún. Debía actuar un poco más. Tomé mi bolso y salí de la habitación. Edward me siguió pisándome los talones.
—Bueno, seguramente encontraremos en qué movilizarnos. Hay muchos autos en al garaje. — caminamos hacia el recinto. Sentimientos bastantes antagónicos nos dominaban. Avancé lentamente intentado parecer tranquila y calmada, debía morder mí labio para esconder toda mi diversión; por otro lado, Edward bufaba a mis espaldas y oprimía sus puños para no romper algo.
Varios autos aguardaban pacientemente estacionados en el garaje, estaban casi todos exceptuando el BMW negro de Carlisle y el Jeep de Emmet.
— ¿Lo ves? puedes elegir… —caminé hacia el pequeño mueble donde guardaban las llaves. Me quedé completamente atónita al abrir el cajón, todas las llaves habían desaparecido. Excepto las de Bethsy. Eso no lo había planeado. Tenía pensado conducir el Lamborghini, pero al parecer, alguien tuvo una mejor idea.
Intenté hacer una broma dirigida hacia Edward, al final alguien nos jugó una broma a los dos.
Tomé las llaves de Bethsy.
—Edward, lamento decirte que las únicas llaves que quedan son las del viejo monovolumen de Charlie.
—¡¿Qué?! — caminó hacia el mueble, revisó varias veces para cerciorase y tampoco encontró nada. —Maldito Emmet, esto es obra de él. ¡Me las va a pagar!
Hice oídos sordos a sus amenazas y me encaminé hacia Bethsy.
— ¿Qué estás haciendo?
— ¿Qué crees que estoy haciendo? Voy a coger el único automóvil que tenemos disponible y voy a ir al Instituto.
—Estás loca, si piensas que me voy a subir a eso. Vamos a tardar años en llegar, prefiero ir corriendo.
Estaba acabando con mí poca paciencia. Fruncí el ceño.
—Ajam… y ¿Cómo vas a explicar tu llegada? Por Dios santo Edward. Tienes más de cien años, compórtate como un adulto, súbete al monovolumen y cállate.
Luego de cuarenta y cinco largos minutos -el triple del tiempo normal- bufidos, gruñidos y el mutismo de Edward todo el viaje, llegamos al Instituto. Obviamente tarde, sin prestar atención a la rabieta de mi acompañante, salí rápidamente de la vieja Bethsy y corrí a la clase de Literatura. Cuando llegué al edificio, un chico moreno y regordete estaba leyendo un poema en voz alta. El profesor giró hacia mí, elevó una ceja inquisidora y desaprobatoria.
—¿De nuevo tarde señorita Cullen? ¿En el segundo día?
—Disculpe profesor… — me quedé parada en la esquina delantera del salón junto a la puerta. Todos los alumnos miraban las escena atentamente, excepto Emmet, él sonreía con diversión y malicia en su rostro.
—Señorita Cullen, quizás en el lugar de donde usted viene, qué es…
—Seattle.
—Si, como sea. No me interesa particularmente. El hecho es qué, aquí en Forks somos puntuales y respetuosos señorita. No quiero que esto vuelva repetirse. Tome asiento.
Cabizbaja por el regaño que había recibido, caminé hacia mi lugar. Podía ver como el pecho de Emmet se movía, estaba sofocando una gran carcajada. Antes de sentarme le regalé una poderosa patada en la espinilla, él soltó un pequeño grito, afortunadamente no muy alto.
—Idiota, no te rías. Tú eres el culpable de todo esto. — susurré desde mi lugar, mientras el muchacho del poema seguía con su interpretación.
—¿Mi culpa? ¡Tú fuiste la que quiso hacerle una broma a Edward!
—Sí, pero planeaba conducir yo y utilizar mi auto. Por tu culpa nos hemos retrasado.
Un fuerte carraspeo se escuchó. Despegué mi vista de Emmet, para encontrarme con otra mirada reprobatoria del profesor.
—Señor Cullen, al parecer su prima tiene algunos problemas de conducta. Creo que ella no es buena influencia.
Emmet no contestó, sólo puso su mejor cara de seriedad y cordura para mirar asintiendo al profesor, pero yo sabía perfectamente que detrás de eso escondía diversión. Probablemente si pudiera estaría desparramado en el suelo riendo. El profesor volvió a hablar sacándome de mis pensamientos sobre cómo torturar a Emmet.
—Señorita Cullen, quizás quiera esperar a que termine la clase de pie en la puerta. Por favor antes de salir deje su trabajo sobre mi escritorio. — los cuchicheos explotaron.
Sin decir nada, ni intentar rogar por una estúpida hora de clase. Me levanté, dejé estruendosamente las hojas con la tarea en el dichoso escritorio y salí del edificio, lejos de la vista de ese tipo arrogante y adolescentes curiosos.
Fuera, la fina lluvia hacía que me humedeciera, crucé los brazos sobre mi pecho y me recargué sobre la pared a esperar que la hora pasara. Los pasillos estaban vacíos y tranquilos. Aburridos de hecho, quería irme. Había muchas cosas que podía hacer en una hora, en lugar de perder el tiempo aquí. Pero no podía, así que sólo me resigné y dejé que mi mente se llenara de musarañas para pasar el rato; Tanya y su obsesión por Edward ¿cómo sería ella?; el celo, el hecho de no poder dormir, el piano, libros, Félix… Aún no teníamos rastros de él. ¿Cuándo vendría por mí? ¿O ya no le intereso?
—Una cosa a la vez Bella, una a la vez… todo se irá resolviendo. — me dije en voz alta para tranquilizarme, el tema de Félix siempre me perturbaba.
Finalmente la campana sonó y fui liberada de mi castigo. Las siguientes clases transcurrieron tranquilas, afortunadamente en ninguna volvieron a regañarme y en todas reímos por la "avería" del Volvo. Se podían escuchar los resoplidos de Edward por toda la escuela. La hora del almuerzo llegó y con ella la oportunidad para hacer mi experimento social.
Entré junto con Alice en la abastecida cafetería, justo como en el día anterior, los demás nos esperaban en "nuestra" mesa. Hice la fila en la cafetería, puse algunas cosas en mi bandeja y caminé hacia la mesa de Mike y Jessica; afortunadamente Ángela también se sentaba con ellos. Sería mi pase seguro para entrar.
— ¡Hola Ángela! ¿Cómo estás? ¿Puedo sentarme contigo? —pregunté de forma inocente y dulce, parada con la bandeja aún en mis manos y con la mirada atenta de todos los personajes de la mesa sobre mí. De hecho, no sólo la mesa, toda la cafetería me observaba. Emmet y Jasper estallaron en una carcajada rotunda.
Ángela tampoco podía comprender lo que ocurría, me dedicó una mirada confusa; fue Mike el que reaccionó primero.
—Claro Bella, puedes sentarte con nosotros. — se movió rápido para correr a Jessica y hacerme un lugar entre él y Ángela. Sus movimientos desesperados y rápidos por miedo a que cambiara de opinión fueron bastante simpáticos.
"Deberías intentar ser un poco más disimulado querido Mike." No pude evitar que ese pensamiento sarcástico fuese gritado en mi mente.
Tomé el lugar que me ofrecía.
— ¡Entonces Bella, cuéntanos de ti! — Mike se acercó un poco a mí, apoyó su mentón sobre una de sus manos y me dedicó una atenta mirada.
Me molestó un poco su tono de familiaridad, no pude evitar hacer una pequeña mueca de desagrado. Esperaba que no se diese cuenta.
—En realidad Mike, no me agrada que me llamen Bella, prefiero Isabella. — la verdad era que sólo podían llamarme de esa manera, los miembros de mi familia y Charlie. En lo que concernía a Mike y todos los demás eran extraños.
— ¿Qué demonios hace? —Podía escuchar las palabras, fusionadas con gruñidos de Edward.
—Aparentemente intenta acercarse a los humanos, interactuar con ellos. — Alice contestó tranquilamente.
El chirrido de una silla moviéndose.
—Bueno, dos pueden jugar a eso. — me tensé, los pasos ágiles de Edward se dirigían hacia nosotros.
Se paró detrás de mí. Los chicos dejaron de comer para mirarlo. Tuve que girar. Nos observaba a todos con esa típica mirada suya, llena de seguridad.
—Hola, ¿Puedo acompañarlos también? —voz sedosa y baja, diseñada para turbar a cualquiera.
Su intención era sentarse entre Mike y yo, pero Lauren fue más rápida.
— ¡Claro!, ven Edward, siéntate aquí. — se movió aún más rápido de lo que Mike lo había hecho y palmeó el lugar vació a su lado.
Entorné los ojos ante su falta de tacto. Zorra bribona.
Edward muy complacido por las distintas reacciones y pensamientos provocados en el grupo, tomó gustoso el lugar junto a Lauren; qué casualmente lo dejaba frente a mí en la pequeña mesa redonda que ocupábamos. Era la segunda vez en el día que los planes se volvían en mi contra.
Mike y Lauren se ocuparon de entretenernos -o fastidiarnos según como se vea-. Preguntándonos tonterías, gustos musicales, películas, comidas; por supuesto todas las repuestas eran inventadas. Aunque me gustaría ver la cara de Lauren cuando Edward le hablara de Chaikovski, Bach, Argerich, Richter, Horowitz y demás pianistas clásicos y contemporáneos. Artistas que había aprendido a conocer y diferenciar gracias a los magníficos conciertos nocturnos y privados de Edward.
La campana volvió a sonar, marcando el fin de la hora del almuerzo y el inicio de biología. Lauren se había negado a dejar a Edward y decidió caminar con él hacia el edificio. Por mi parte, gracias al cielo, había logrado librarme de Mike y caminaba tranquilamente con Ángela.
—¿Sabes? creo que tienes razón. —miré a mi compañera algo desconcertada mientras caminábamos por el pasillo. No sabía de qué estaba hablándome. — Me refiero a que, llamar a una persona por su sobre-nombre implica cierta familiaridad y confianza, cosa que no tenemos contigo. Le pusiste un freno a Mike. No me malinterpretes, creo que eso está bien. Pero no te cierres, somos buenas personas… y podemos llegar a ser buenos amigos. — Ángela terminó su declaración con una sonrisa amistosa.
Su reconocimiento me tomó por sorpresa. De ninguna manera esperaba que me dijera algo como eso. Sin llegar a saber cuál era la verdadera situación de la familia Cullen, ella tenía razón sobre algo, el alejamiento. Ángela no creía que nuestra actitud fuese por arrogancia o desprecio, ella sabía que algo oscuro nos separaba del mundo y en cierta forma también nos hacía sufrir. Ella era muy perceptiva.
—Gracias Ángela. — Le dediqué otra sonrisa amistosa como respuesta. Ella me agradaba antes y aún más ahora. No podía ayudar, pero tenía intenciones de hacerlo y con eso bastaba.
El resto de las clases transcurrieron tranquilas por decirlo de alguna manera, al parecer el tedio de Educación Física, y la cara de borrego enamorado de Lauren iban a ser mi martirio durante todo el ciclo escolar.
Después de cambiarme, caminé por el estacionamiento bajo el húmedo y pesado clima de Forks. Edward ya me esperaba recostado sobre Bethsy. Miraba de manera asesina a Emmet, quien lo observaba del otro lado del estacionamiento junto a su Jeep. Sin duda iba a pagar esto con sangre, por decirlo de alguna manera. Pero Emmet no era el único que observaba a Edward y a Bethsy, todos los estudiantes que se encontraban en el estacionamiento lo hacían. Sin duda preguntándose, qué ocurrió con el Volvo.
Llegué hasta él.
—Hola. ¿Quieres conducir? —dije con mi mejor humor. No quería que el ambiente cargado del viaje de esta mañana se repitiera.
Edward negó.
—No Bella. El hecho de que el monovolumen no pueda sobrepasar los sesenta kilómetros por hora, acabaría con mi poca paciencia. Prefiero que conduzcas y yo fingiré estar en otro lado.
—No sé por qué eres tan idiota con Betshy.
Entré en el monovolumen, Edward me imitó. Salimos del estacionamiento bajo la atenta mirada de todo el alumnado; sobre una ruidosa y muy llamativa Bethsy. Empezaba a sentirme orgullosa de ella.
—Me agrada Ángela. —dije, mientras aguardábamos en un semáforo, para cortar el silencio.
—Tú también le agradas a ella. — Asintió con una pequeña sonrisa bailando en sus finos labios.
—A ti también te agrada, ¿verdad? — era extraño que Edward demostrara simpatía hacia algún humano.
—Sí, no hay muchas personas como Ángela. Ella tiene pensamientos amables y bondadosos hacia el prójimo casi todo el tiempo y cuando no los tiene es porque se lo merecen. Es bastante centrada y juiciosa para su corta edad. — Desde el principio percibí que ella era una buena chica, y ahora que Edward me lo confirmaba estaba aún más contenta de trabar una amistad con Ángela.
El semáforo cambió y avanzamos unas cuadras más. En una de las intersecciones casi a las afueras del pueblo, se encontraba aparcada la patrulla de policía, Charlie organizaba el tráfico que se había alterado por motivo de reparaciones viales. Afortunadamente esta sección del camino no era muy transitada. Frené a pocos pasos de él, bajé la ventanilla y saludé desde mi lugar.
—¡Hola Charlie!
—Hola chicos. — él nos recibió con una gran sonrisa, y caminó hacia el monovolumen para recostarse sobre mi ventanilla. — Edward ¿Le ocurrió algo a tu auto? —Charlie metía el dedo en la herida.
—Está averiado…
—Ohh, bueno. Puedes usar a Bethsy cuantas veces quieras, hasta que tu auto se arregle chico. Esta nena jamás te dejará varado. —dijo con una sonrisa orgullosa y palmeando el viejo metal oxidado del monovolumen.
—Gracias Charlie. — el vampiro a mi lado, contestó con una muy bien fingida sonrisa que transmitía agradecimiento. Qué buen mentiroso era.
El móvil de Edward comenzó a sonar. Contestó mientras Charlie y yo hablábamos de trivialidades, Bethsy, el Instituto, el clima… afortunadamente tenía la capacidad de prestarle atención a varias cosas a la vez, por lo que puede escuchar la conversación de Edward.
La llamada era de Esme, al parecer Tanya había llegado. Edward contrajo el puño libre que descansaba sobre su muslo izquierdo y yo por mi parte, apreté los dientes dejando que algo de ponzoña discurriera por mi garganta. Me alteró bastante de hecho. No quería que Charlie se diese cuenta, así que lo despedí con una excusa tonta y retomé nuestro camino. Cuando estuvimos lo suficientemente alejados de la vista de Charlie, y un poco antes de llegar a la casa aparqué el monovolumen junto a la carretera. Apagué el motor. Edward no dijo, ni preguntó nada, sólo miraba al frente.
—Háblame… —dije imitando su mirada trabada en el horizonte y dilatando las aletas de la nariz.
Edward habló con voz pausada y pastosa.
—Ella me fastidia. No la soporto… pero en época de celo, la deseo, ese maldito anhelo animal e irracional que me consume y me hace querer lo que no me gusta. Ese maldito aroma que emana de ella y que me desquicia, porque intentó por todos los medios posibles resistirme a lo que quiere el animal en mí.
—¿Y qué quieres?
—Follarla.
—¿Por qué no lo haces y acabas con esto? — me dolía preguntarlo pero tenía que hacerlo.
—Porque no la amo, ni siquiera me atrae fuera del celo. Soy un ser racional y no quiero sucumbir a la carne, por llamarlo de alguna forma. No fui criado así. — se giró para observarme directamente a los ojos — No quiero hacer algo de lo que me arrepentiré el resto de mi existencia.
Levantó una mano y acunó mi mejilla. Se acercó lentamente a mí, escondió su rostro en el íntimo hueco formado por mi cuello. Y acarició la piel expuesta con la punta de su nariz.
—Pero ahora estás aquí. Tengo la esperanza de que tu exquisito aroma me ayude a palear la situación. Para eso deberé mantenerme cerca y hacer esto varias veces al día para poder impregnarme de ti. — se alejó de mi cuello, provocando que este llorara de nostalgia, pero en cambio sostuvo mi rostro con ambas manos obligándome a que le mirara. — por favor Bella, ayúdame. Necesito que me cuides, solo tú puedes hacerlo, solo tú puedes tapar esa falencia en mí.
Si pudiera llorar lo haría. Jamás había visto a alguien hablar con tanta consternación, con tanto dolor. Sonreí levemente. Pasé mi mano por su suave cabello, él cerró los ojos ante mi contacto disfrutando de mi pequeño mimo.
—Tranquilo... no voy a dejar que nada, ni nadie te haga daño. Ella no va a acercarse a ti. — Rememoré mi despertar y la llegada la familia. — Quizás toda esta locura, todo este sufrimiento y desorientación tienen como fin esto, encontrarnos. Estoy aquí para ti y no voy a dejarte.
Edward se movió tan rápido que no percibí el momento en el cual me colocó sobre su regazo, y apoyo su cabeza sobre mi pecho, aferrándose fuertemente a mí. Demostrándome cuánto me necesitaba y cuánto me había esperado.
Como pude, traté de imitar su abrazo para pegarme más a él.
—Perdón por tardar tanto.
—Ya estás conmigo, sólo eso me importa. —se despegó de mi pecho para ver mi rostro.
Otra caricia tierna en mi mejilla, un beso casto y dulce. Fue algo pequeño e íntimo. Ambos labios se encontraron con afecto y familiaridad, como si lo hubiésemos hecho una y otra vez. El gesto fue devastador y definitivo, puso el punto final a la sentencia de amor e incondicionalidad que comenzó a escribirse aquella noche en el claro.
Romeo y Julieta volvieron a mi mente como aquella noche… esperaba que Shakespeare y su drama no tuvieran cabida en esta historia. No, nada nos iba a pasar, nadie se interpondría en nuestro camino, cuidaría de Edward con todo lo que tenía.
Te amo…
Ese reconocimiento fue gritado al unísono por mi mente y mi espíritu. Me aferré aún más a Edward. No estaba lista para expresarlo en palabras, pero lo besé, haciendo que todos mis sentimientos fluyeran hacia él, recorrí su boca lentamente. Mordí sutilmente su labio inferior haciendo que me dejara entrar. Profundizamos el beso, rápidamente se volvió más pasional, no a un nivel lujurioso, simplemente era la necesidad innegable de demostrarnos cuanto nos necesitábamos el uno al otro. Después de permanecer abrazados unos minutos más, nos separamos regañadientes, debíamos volver a la casa.
Conduje lentamente tomando el volante con una mano y con la otra sosteniendo a Edward. Aparqué fuera de la casa. Un lujoso Volvo blanco, esperaba afuera.
Alcé una ceja... ¿Un puto Volvo? ¡También un Volvo! Definitivamente esta mujer era una idiota. Miré violentamente a Edward, furiosa. ¿De verdad Tanya pensaba qué por el auto, él iba a simpatizar con ella? …Edward sólo se encogió de hombros. Con toda esa furia invadiéndome comencé a andar más rápido hacia la casa. Cuando entramos una gran pestilencia me invadió, frené en seco tres pasos después de traspasar la puerta y arrugué la nariz intentando repeler algo de ese hedor.
Tapé mi boca y fosas nasales con una mano, afortunadamente no necesitaba respirar.
— ¿Qué te ocurre? — Edward caminaba a mi lado mientras avanzábamos hacia el comedor, donde seguramente nos esperaban los demás.
—¿A caso no sientes esa asquerosa pestilencia?
Llegamos al comedor, Edward se tensó junto a mí y yo averigüé de donde salía toda esa hediondez. Una mujer, una vampiresa joven de cabello rubio-rojizo, de característica tez blanca, ojeras malvas y ojos dorados se encontraba de pie en medio del salón. No era mucho más alta que yo, pero debía elevar la mirada para poder concentrarme en sus ojos, los cuales tenía clavados en mí. Una rivalidad nata surgió entre nosotras, no se necesitaban palabras, ambas queríamos lo mismo y ninguna estaba dispuesta a dejarlo.
Alejó sus ojos de mí para posarlos en Edward.
—Hola… —dijo con voz de niña dulce y emocionada. Comenzó a caminar hacia él.
De manera inconsciente reaccioné, di dos pasos para colocarme delante de Edward, contraje todos mis músculos y di un pequeño gruñido de advertencia.
Ese acto hizo que Tanya frenara en su segundo paso. Se quedó completamente inmóvil observándome con asombro.
Edward se movió lentamente detrás de mí, tomando mi cintura por dos motivos diferentes. Una hacer que me calmara, la otra, sostenerme si intentaba saltar sobre Tanya. Cosa sobre la cual tenía razón, estaba lista para agazaparme e ir por la yugular de esa perra.
Tanya cruzó los brazos en su lugar y me dedicó una mirada altiva, pero no se movió ni un milímetro hacia mí, entendía perfectamente cuál era la situación.
—Vaya Carlisle, al parecer tienes a un miembro algo hostil en tu clan. Eleazar me comentó que encontraste a una neófita perdida y decidiste acogerla, pero al parecer le es difícil asimilar las normas de civilización.
—Todo lo contrario, Bella posee un gran autocontrol. — fue Esme la que contestó con la voz cargada de orgullo.
Tanya puso mala cara.
—Pues no lo parece. ¿Por qué estás gruñéndome niña?
— ¿Por qué crees? Porque tu presencia la altera Tanya. Es un neófita hembra en presencia de una vampiresa en celo… ella te repele por instinto. — Explicó Jasper severamente.
—Además, no puedes culparla por irritarse con cosas que sacarían a un vampiro experimentado de sus cabales. — argumentó Rosalie, haciendo referencia a la disconformidad de mis hermanos ante la desagradable visita.
—Ella apesta. — expliqué tensamente. — Su aroma me es insoportable.
El ambiente tenso fue pausado, por la gran risa de Emmet provocada ante mi sincera confesión.
Jasper me observó con entendimiento y habló pausadamente.
—Lo sé y eso es normal Bella. De hecho, estamos diseñados de esa manera, Tanya está en celo, su aroma atrae a los machos libres y repele a la hembras libres, es decir aquellos que aún no han encontrada pareja…
—…por otro lado aquellos que ya hemos encontrado a nuestros compañeros no nos afecta para nada. — Alice terminó lo que Jasper comenzó a explicar, llegó junto a él y se colgó de su brazo.
—Eso es absurdo. Ella solo está actuando. Aún es muy pequeña para…
—Está bien… ya basta. Jasper, llévate a Bella al bosque, le hará bien despejarse. Liberar adrenalina y tomar aire puro. Tanya ven a mi despacho. — Carlisle interrumpió a Tanya para dar las directivas que ayudarían a evitar un desastre. Nadie refutó o dijo algo. Todos acatamos las órdenes.
Treinta minutos después seguía corriendo por el tupido bosque de Forks, no quería alejarme demasiado de la casa así que estaba dando vueltas y vueltas en círculo. No sabía dónde había quedado Jasper, salí como un rayo de la casa, esperaba que me alcanzara en una de mis vueltas pero no lo hizo. Hice un par de kilómetros más en zigzag y me detuve. Me senté a los pies de un gran árbol, con la mente en blanco luego de todo ese desorden emocional. Cerré los ojos y dejé que el espíritu del lugar me llenara, cuando volví a abrirlos Jasper estaba recargado en el árbol de enfrente.
— ¿Dónde estabas?
—Creí que sería mejor dejarte sola, un tiempo para que asimilaras cosas. —Jasper, mi querido hermano, teníamos una conexión especial. Él había sido quién me encontró y rescató, quien me cuidó y protegió, me educó y entrenó. Se portaba como todo un hermano mayor sobreprotector, hace sólo un momento no había dudado en mostrarle los dientes a Tanya por mí.
—Tengo miedo Jazz… no sé qué va a pasar. Tengo miedo de lo que podría ser capaz de hacer si me dejo llevar por mis instintos y no hay nadie alrededor para detenerme.
—Tranquila…
—No Jazz, hoy quería arrancarle la cabeza a Tanya, sólo por atreverse a mirar a Edward.
—Bella, tu celo está despertando. La llegada de Tanya y el constante contacto con Edward han hecho que éste se adelante. A partir de ahora experimentarás muchos cambios, hasta que vuelvas a estabilizarte. Cambios, como ira, sensibilidad, temor; cosas que antes no te afectaban, ahora lo harán. —Jasper hizo una mueca algo perversa. —Esto va a ser entretenido.
Se giró en dirección a la casa.
—¿A dónde vas? Me dejas así sola, con esa poca información.
—No hay nada más que pueda decirte, ahora sólo nos queda aguardar los cambios de humor y demás…. ah, y Bella. Ya no debes preocuparte por Tanya, ella ya ha perdido esta batalla.
—¿A qué te refieres?
—A que tú aroma ha comenzado a cambiar. Edward va a volverse loco, le fascina tu aroma normal, no quiero pensar lo que va a ser de ese pobre hombre cuando entres en pleno estado de celo. No va a poder resistirse a ti, créeme, Tanya ya no tiene nada que hacer aquí. Ahora sólo queda esperar.
Negándose a revelarme más información, Jasper se lanzó a la carrera por el bosque dejándome sumida en mis pensamientos e incertidumbres.
Los personajes utilizados en esta historia son propiedad de la Sra. Meyer, parte de la trama utilizada nace del "Twilight" original también de su pertenencia. El resto nace de mi imaginación...
Capítulo beteado por mi querida Vhica, gracias! :)
Hola bellas! Como están? ¿Les gustó el cap? Espero que si...
Gracias a todas por leer...
Gracias a las que dejan Rr...como siempre digo; es lindo saber que hay alguien del otro lado.
De ahora en adelante las publicaciones serán los Martes. (Perdón, el año escolar arrancó y con mis obligaciones llamándome, no tengo tanto tiempo como antes.)
Grupo: Neófita y otros cuentos
Cuenta en Face: Agatha Mora
Gracias a todas otra vez! ...Gracias Shei por "engordar" mi biblioteca virtual.
Un beso grande. Hasta el próximo cap...
