Los que fuimos nosotros
Capítulo 12
Lin estaba destrozada. Ella estaba completamente enamorada de aquel hombre que se le declaró silenciosamente dándole una flor. Ella estaba enamorada de aquel hombre que compró un muñequito para que fuese la parejita del que compró ella. Sus besos tiernos, sus caricias tiernas. ¿Cómo pudo haber ocurrido lo que ocurrió hacia ya una semana?
Alguien tocó a la puerta de la casa de la muchacha.
- Pasa, está abierto – Exclamó ella desde el sofá.
- Lin-chan, te traje las galletitas de vainilla que tanto te gustan – Sonrió Jakotsu mostrándole un plato con galletas que desprendían un exquisito olor.
- Gracias – Dijo Lin con una sonrisa efímera. Tomó una y comenzó a comerla muy despacio. Era como si no tuviese fuerza.
- Lin-chan, quiero que estés bien. Alegre como siempre. No me gusta verte así – Explicó su vecino haciendo pucherito.
- Te ves muy tierno cuando haces pucherito – Señaló Lin riéndose un poco.
- ¡Ves! ¡Así quiero que estés! ¡Riéndote! ¡Tú tienes una de las sonrisas más lindas! – Sonrió el hombre sentado junto a ella.
-Eres muy bueno, Jako-chan. Pero no puedo estar muy feliz después de lo que pasó con Sesshomaru – Habló ella con angustia – Por un lado cuando me acuerdo lo que me hizo, me enojo, y lo odio. Pero aún así siento que también lo amo.
- Lin-chan, ese hombre es una basura. ¿Cómo te va hacer lo que te hizo? Sólo por un malentendido encima. No sé, para mí deberías olvidarlo – Dijo el otro cruzándose de brazos seriamente.
- Yo pensé que a pesar de nuestras diferencias, él era mi hombre ideal. Que todo iba a estar bien – Lloraba la muchacha - Pero veo que me equivoqué, claro, lo que pasa es que él no iba con mis expectativas. Por eso salió mal todo. Porque él no era mi hombre perfecto.
- Lin-chan, no existe el hombre perfecto. No existe el príncipe azul. Con esto no estoy defendiendo al infeliz ese, sólo te estoy diciendo que si tu vas a estar esperando al príncipe azul te vas a quedar sola – Explicaba Jakotsu pasando una mano por las mejillas mojadas de Lin –Tú tienes que entender que en este mundo no hay nada perfecto. Ya va a llegar algún hombre que veas que no es perfecto, pero aún así lo vas a amar igual, a pesar de sus defectos. Sólo tienes que esperar y alejarte de ese tal Sesshomaru.
Linse apoyó sobre el pecho de su consolador vecino y siguió llorando. Jakotsu sólo pasaba su mano por los largos y oscuros cabellos de la muchachita que tenía en sus brazos.
- ¿Lin, qué te parece si vamos al cine tu y yo? – Le preguntó muy entusiasmado para ver si le cambiaba el humor a la joven.
- Pero, ¿Tú no ibas salir con el sensei?
- Tranquila, él va entender. ¿Vamos? – La chica asintió con una cálida sonrisa.
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Dos muchachos salían del Shikon Gakuen. Luego se subieron a un auto y se fueron del estacionamiento que había frente al colegio.
- InuYasha. Me preocupa Lin? Faltó al colegio toda la semana. Yo llamé a su casa y me dijo que tenía fiebre. ¿Será eso? – Hablaba preocupada Kagome mientras se acomodaba el cabello que volaba por la velocidad a la que iba el auto.
- Tranquila. Estoy seguro que va estar bien porque la semana que viene empiezan las vacaciones y quién va a querer estar enfermo en vacaciones – Río InuYasha doblando el volante para un costado – Cualquier cosa, la vamos a visitar el fin de semana, ¿Qué te parece?
- ¡Excelente idea! Ay InuYasha, al fin usas tus neuronas para algo – Habló la chica en un tono burlón.
- Keh, mira quién habla. Einstein que se sacó un uno en matemáticas y química – Respondió enojado el plateado.
- Qué malo que eres. Me hiciste recordar que me tengo que poner a estudiar muy seriamente este fin de semana. Por lo tanto no te voy a poder ir a visitar el sábado a la noche- Lo miró la negriazulina de una manera sugestiva.
InuYasha hizo una maniobra con su vehículo y lo estacionó debajo de un árbol para que el fuerte sol de ese día no los encandilara.
- ¿InuYasha, qué haces? – Preguntó la joven extrañada.
- ¿Qué hago? Te quiero dar un beso – Y así lo hizo. Se acercó a los labios de su amante y los comenzó a besar suavemente y luego ella terminó profundizando el beso – Este verano les dije a mis papás que se fueran ellos solos. Así yo me quedaba contigo.
- InuYasha… - Murmuró Kagome algo triste.
- ¿Qué pasa?
- En agosto vuelve mi hermana, vuelve Kikyo – Habló con ojos algo llorosos – De sólo pensar que yo me acosté contigo, de solo pensar que te besé me hace sentir tan mal – Sollozaba la muchacha – Kikyo siempre fue buena conmigo, siempre. Y yo le estoy haciendo esto.
- ¡Tranquila amor! – Exclamó el plateado abrazándola - Tranquila. Tú sabes que te amo a ti. Y pienso terminar con tu hermana cuando vuelva. Yo podría tranquilamente seguir con ella y contigo. Esa sería la opción más fácil que tendría. Pero no lo voy a hacer porque yo también quiero a tu hermana y porque sería una falta de respeto hacía a las dos y por último, pero no por eso menos importante, porque te amo y no lo quiero ocultar más.
- Gracias. Espero que mi hermana lo entienda – Susurró en el oído del muchacho.
- Yo también. Tratemos de olvidarnos un poco de tu hermana. Faltan dos semanas para que vuelva.
- Esta bien – Volvió a susurrar la negriazulina y le dio un beso en la oreja. En realidad ella sabía que hasta que no aclararan las cosas, cada vez que ella se acostará o besará a InuYasha, la imagen de su gentil hermana mayor aparecería en su mente.
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El sábado, Lin salió a caminar por la ciudad de Tokio. A ella le encantaba ir al parque Rikugien. Era un espacioso parque con bellos árboles, un gran lago artificial con agua dulce transparente que parecía verde debido al reflejo de las copas de los árboles. A la adolescente le encantaba ir allí cuando se sentía mal, ya que ese lugar la hacía tranquilizarse.
Ella paseaba por los senderos del parque recordando todas las cosas que ocurrieron con Sesshomaru. Lo que más recordaba era el primer beso. Cuando él comenzó a acariciar su mejilla con sus largos dedos. Cuando sus labios rozaron los de ella y finalmente cuando sintió la humedad de su boca.
Ella comenzó a mover su cabeza de lado a lado para quitarse esas imágenes. Ella no debía pensar más en ese infeliz como lo llamaba Jakotsu.
En otra parte del parque, un hombre de largos cabellos plateados caminaba por los senderos de piedra. Su cabeza baja y es por eso que su pelo hacia de cortina y su rostro no se podía ver. Los ojos dorados del muchacho mostraban algo de dolor, pero uno se lo tendría que quedar mirando varios minutos para poder detectar aquello.
Sesshomaru se preguntaba por qué se descontroló tanto. Él fue un estúpido, un verdadero estúpido que por un mal entendido le hizo aquello a la inocente Lin? Casi violaba a su novia. ¿Estaría bien llamarla novia luego de lo ocurrido? Él lo dudaba. No podía dejar de pensar en lo idiota que era. Ni si quiera le preguntó nada, sólo asumió que lo que vio y escuchó. Pero claro, lo que escuchó se podía interpretar de muchas maneras antes de llegar a lo que llegó él. Sólo por compararlo con lo sucedido con aquella mujer. Aquella mujer que él pensó que lo amaba. Aquella mujer que es muy importante en la vida de todos.
Flash back
Un Sesshomaru de siete años comía en una habitación color salmón perfumada con jazmines. Él estaba sentado sobre la cama, con la boca llena y viendo televisión.
- Mami, este verano también lo quiero pasar contigo– Decía el niño muy concentrado en los dibujitos que estaba viendo.
- Mi vida, tu mamá tiene trabajo, tú te vas a aburrir en el estudio de filmación – Explicaba una mujer muy atractiva de veintisiete años envuelta en una bata de seda. Sus cabellos eran largos y plateados y su mirada seductora y ámbar.
- A mí no me importa, porque tú eres la única que me ama. Papá está muy distraído con el estúpido de InuYasha y su estúpida esposa – Giró el infante la cabeza con un rostro triste y tierno - Yo te amo mucho mami, porque tu siempre estás conmigo cuando me siento mal – Sesshomaru fue a abrazar a su madre.
- Ay… yo también te amo mucho - Y lo abrazó.
- Mami, yo te encontré dos pasajes para ir a Europa. Aparte vi unos documento que eran para comprar una casa ¿Tienes pensado irte a vivir allá conmigo? ¿Cuándo?
Hubo un minuto de silencio. La madre se lo quedó mirando con un rostro de cómo si la hubieran delatado.
- Por supuesto, cuando llegue el invierno nos vamos a ir tú y yo. Pero no digas nada – Sonrió la mujer.
- ¡Sí! ¡Voy a estar contigo para siempre!
- Para siempre – Murmuró la mujer sin mirarlo a los ojos.
Aquel día en el que Sesshomaru y su madre estarían juntos para siempre nunca llegó. Todavía él recordaba haber guardado en dos grandes valijas que las escondía en un amplió placard su ropa preferida, sus juguetes preferidos y fotos de sus compañeros de primaria y con su madre. Él siempre estaba esperando el día en que su madre lo llamará por teléfono para avisarle que lo iría a buscar. Pasaron días y días. La nieve caía y Sesshomaru solía imaginarse espejismos de su madre llegando en su auto a buscarlo.
Finalmente, el invierno terminó y se enteró un día escuchando una conversación por teléfono con su padre que su madre se había ido de Japón a vivir a alguna parte del mundo. Su padre no sabía debido a que su madre no había dicho nada, pero se imaginó que debió haber sido con su último novio. Ese día Sesshomaru se sintió destrozado. Recordaba que su progenitora le dijo que se irían juntos con una sonrisa, una dulce y hermosa sonrisa. Le había mentido. La única persona que él pensó que lo amaba le había mentido y abandonado. Una lágrima recorrió la mejilla del niño.
Fin del flash back
Sesshomaru jamás pudo superar aquel evento y por eso miraba a las mujeres con desprecio y como juguetes. Hasta que conoció a Lin ¿Cómo pudo lastimar a la única mujer en la que en verdad podía confiar? Encima, tan sólo por no poder haber ido y encarar a su madre. Lastimó a una chica inocente, que no lo engaño. ¿Cómo pudo desquitarse con Lin? Con la hermosa y dulce Lin.
Sesshomaru levantó la vista del suelo de piedra y sus orbitas doradas se abrieron apenas al encontrarse con una joven, pero no una cualquiera.
- ¿Lin?
La pelinegra no lo podía creer. Ella había ido a aquel parque para poder distraerse y admirara la naturaleza, los árboles, las flores. ¿Por qué era que se tenía que encontrar con aquel hombre?
- Se-Sesshomaru… - Lin dio una pasó hacia atrás.
-Lin, espera– El plateado quiso tomar a Lin del brazo y lo hizo.
- ¡Suéltame! – Gritó ella mirándolo con odio – No te me acerques.
- Yo… - El muchacho se sentía una basura y en ese momento más al ver que aquella adolescente los rechazaba. A pesar de estar triste, su rostro se mantenía frío y distante. Pero, por un segundo sus cejas se arquearon un poco para abajo, poniendo un rostro triste – Por favor, perdóname.
Lin no podía creer, por tan sólo un segundo su rostro mostró una emoción que no fuera ira como el de la otra vez cuando la intentó violar. Ella no sabía qué hacer. Él se volvió a acercar para tocarle el rostro, pero Lin quitó su mano bruscamente. Nuevamente vio que sus ojos dorados estaban tristes. ¿En verdad Sesshomaru estaba arrepentido? ¿La amaba? Lo que hizo él no era muestra de un amor sano… Pero ¿la amaba?
- Yo… Balbuceaba Lin con los ojos lleno de lágrimas –Tú me lastimaste mucho, pero no sólo físicamente, sino que aquí también – Y se marcó con su mano el corazón. Debido a que tenía los ojos llenos de lágrimas se fue corriendo de aquel lugar.
Sesshomaru quedó atrás, solo, abandonado. Pero aquella vez, él tenía la culpa. La había perdido. Había perdido a Lin.
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InuYasha paseaba por los pasillos de su mansión hasta que llegó al gran cuarto que alguna vez ocupó el estúpido de su hermano. Siguió de largo hasta llegar al cómodo y amplió living. Se tiró en un sofá y se quedó mirando el techo hasta que sonó el teléfono.
- Moshi-moshi… ¡Kagome!
- Hola, tanto tiempo, ¿no? – Dijo la voz por el teléfono – Te llamaba para ver si querías ir mañana al cine conmigo ala noche. Así celebramos que empezaron las vacaciones de verano.
- ¡Por supuesto! Esta noche me dejaste solo. Y todo por no aprobar matemáticas y química. Que tonta.
- Perdón, me habla el señor que todo lo sabe – Se burló Kagome entre risas.
- Jaja… Pero igual te amo – Murmuró InuYasha.
- Yo también. Te dejo porque tengo que estudiar – Y cortó el teléfono.
Extrañamente volvió a sonar.
-Ay, está Kagome no puede vivir sin escuchar mi voz- Pensó InuYasha con una sonrisa atendiendo el teléfono nuevamente - ¿Sí?... ¡¿Kikyo? ¿Qué mañana por la noche llega tu avión a Tokyo?
Continuará…
