Capítulo 11

Mi terquedad

Albus mascaba una goma de mascar sabor a menta, mientras leía un pergamino enviado por Lily, contándole sobre la increíble revelación de su madre. Su hermana parecía realmente indignada por sus palabras, puesto que ella fue la primera que engañó a su padre y él, como buen caballero, había continuado adelante, sin haber revelado ese secreto.

Hizo una bomba que tronó tan fuerte, que llamó la atención de la persona que dormía en su cama.

-¿Por qué no dejas de mascar ese estúpido chicle?

Sonrió débilmente, mirando la carta en sus manos.

-Mi madre acaba de declarar en una entrevista que mi padre susurra el nombre de otra persona mientras duerme.

-Qué fuertes confesiones –rió un poco-. Pensé que tu padre estaba sumamente enamorado de tu madre.

-Quizá encontró a una persona que sí lo valoró.

La otra persona rió un poco, mientras se acurrucaba en la cama.

-¿Cómo tú encontraste, Albus?

Trató de sonreír, pero fue en vano.

-Buenas noches.

Fue lo único que Al dijo, tratando de olvidar el dolor que sintió al escuchar aquellas palabras.

Leía el periódico "El Profeta" cuando su padre apareció, realmente indignado.

-¿Has leído la noticia? –entrecerró los ojos- Malfoy se postula para ministro de magia.

Sonrió con algo de condescendencia.

-Bueno, eso no es lo importante –dejó de lado el periódico que su hijo estaba leyendo-, ¿cuándo invitarás a tu novio a cenar a la casa? Tu madre se muere por conocerlo –sonrió con condescendencia.

-No lo sé, papá –sonrió con suavidad, dándole un sorbo a su café acaramelado-, le preguntaré después.

-No sé por qué tanto misticismo con eso –entrecerró los ojos-, después de todo, sino fuera por la indiscreción de tu hermana nunca nos hubiéramos enterado que te gustaban los chicos –hizo una pausa-. ¿También te gustan las mujeres?

-¿Has venido aquí por algo en particular? –no quiso sonar grosero, pero realmente le enfadó la pregunta de su padre.

-Sólo quería decirte que tu madre quiere conocerlo.

-¿Y tú, papá? ¿También quieres conocerlo?

Un gran silencio se impuso, algo que le ocasionó un fuerte dolor en el pecho.

Sonrió, sintiéndose abatido. Ojalá supiera lo que para él significaba ese silencio terriblemente aterrador al que le había intentado huir por tantos años.

-Está bien, lo entiendo –se levantó de su asiento-. Voy a ir con James hoy a comprar una nueva escoba. Me marcho –volteó hacia atrás, antes de salir-. Perdóname por ser el único anormal de tus hijos, padre, pero al menos yo lo admití, no como tú.

La expresión que surcó el rostro de Harry fue de extrema sorpresa. Su tez se volvió completamente blanca, casi como del color de una hoja de papel.

-¿Cómo yo? –Harry tartamudeó un poco sin querer.

-Antes de que culpes al señor Malfoy, ¿por qué no te pones a pensar primero que fuiste tú el que lo llevó a la casa? Después de todo, él no quería causarte problemas.

-¿Tú nos viste? –quiso detener a su hijo, pero Albus caminó con rapidez por el pasillo.

Era obvio que los había visto, pero no había querido recriminarle su falta de cuidado, sino el dolor que le había causado el saber que su padre lo repudiaba por amar a un chico.

Apretó los puños, sintiendo una imperiosa necesidad de golpear una pared para dejar escapar su furia.

-¿Ha pasado algo para que te encuentres así, Al?

La voz de su novio lo sorprendió, pero después negó con la cabeza.

-Estaba preguntándome por qué mi padre no quiere conocerte.

Él sonrió y después rió a carcajadas.

-¿Querer conocerme? Me desollará vivo. ¿Acaso planeas eso?

-No, pero me gustaría que siquiera aceptara mis sentimientos por ti –volvió a apretar los puños.

-No hagas corajes –lo abrazó con delicadeza-, seguramente los entenderá algún día.

-Gracias, por eso te amo.

-Lo sé –sonrió-, soy genial, ¿verdad?

-Y muy modesto –rodó los ojos.

Sin embargo, no pudo sostener la sonrisa que había impregnado sus labios, puesto que aquello le recordó el espeluznante pasado que continuaba cargando sobre él.

-¿Por qué sigo enamorado de ti?

Se preguntó en voz baja.

-¿Dijiste algo?

Su acompañante lo sacó de su letargo.

-No –sonrió con falsa alegría-. James nos está esperando en el callejón Diagon, vamos.