Catherine partió sosteniendo la promesa de Mr. Bracknell con la más tierna esperanza. Él dijo que le escribiría, y ella esperaría ansiosa la llegada de la primera carta.

Su recibimiento en Longbourn fue lo esperado: su madre se abrazó a ella, exclamando cuánto la había extrañado, y su padre se limitó a abrazarla una vez. Catherine estaba en casa. Todo volvía a la normalidad.

Los primeros dos días de su llegada los dedicó a contarles a sus padres sobre la vida de Lydia, dejando a un lado la indiferencia de Wickham. Respondía alegremente todas las preguntas realizadas por su madre, quien estaba más dispuesta a interesarse por la vida de su hija menor que el padre. Mary los visitó al poco tiempo de su llegada y todo volvió a ser como antes.

Los días pasaron y con ellos no llegó más que la ilusión destrozada. Catherine se levantaba cada día para comprobar que el correo no traía nada para ella. La confusión empezó a adueñarse de ella. Mr. Bracknell había prometido escribirle. No podía imaginar que lo hubiese arrastrado a incumplir su promesa.

El verano terminó. Los primeros días de otoño fueron tranquilos, sin novedades. Catherine empezaba acostumbrarse nuevamente a la vida en Longbourn. Un día, cuando volvía de Meryton su padre le entregó una carta. Catherine la sostuvo y con el corazón emocionado, comprobó que era de Mr. Bracknell. Subió ansiosamente a su habitación para dedicarse a leer tranquilamente sin interrupciones o preguntas de su madre.

Estimada Miss Bennet

Debo excusarme por mi tardanza en cumplir con la primera carta, que espero, sea el comienzo de una alegre correspondencia entre usted y yo. He dejado New Castle, poco después de su partida, y unos contratiempos me han impedido escribirle hasta ahorita.

Quiero informarle que cuando me despedí, su hermana y su cuñado se encontraban bien. Estoy seguro que de haber estado enterados de que me proponía escribirle, le hubieran mandado saludos.

¿Cómo se encuentra usted? Parecen meses las semanas que han pasado. Por favor, le ruego me notifique de su vida en Longbourn. Valoro mucho su amistad en estos momentos.

Mis mejores deseos a su familia.

Mr. Bracknell.

La carta estaba fechada en Merseyside. Catherine se preguntó qué es lo que lo había motivado a regresar a casa, ya que durante su estadía en New Castle nunca lo vio muy entusiasmado en volver. Ese pensamiento se desvaneció rápidamente y lo ocupó un más alegre. Mr. Bracknell le pedía mantener una amistosa correspondencia. Debido a que no encontraba nada indecoroso en ello, se puso muy dispuesta a cumplir con la petición. Desde entonces ambos esperaban ansiosos la llegado del correo.

Así pasó semptiembre, sin nunguna otra alegría adicional a las cartas de Mr. Bracknell, que lo acercaban cada vez más a su corazón. Catherine tenía mucho cuidado con estos sentimientos. No quería dejarlos fluir imprudentemente, pues a pesar de toda la familiaridad con la que la trataba, no podía olvidar que él era hijo de un Lord, y ella no poseía de ninguna fortuna excepcional: no podía dejarse engañar, pensando que ella correría con la misma suerte que tuvieron sus dos hermanas mayores.

A principios de octubre la familia recibió alegres noticias, los Bingleys se proponían pasar una temporada en Netherfield. Mrs. Bennet no se molestó en ocultar su felicidad. ¡Su querida Jane llegaba pronto al condado! ¡Estaría lo suficientemente cerca para visitarla constantemente como antes! Así, Catherine pasó rápidamente a segundo termino de las atenciones de su madre, y todo se enfocaba en planear la bienvenida de los Bingleys, porque seguro cenarían en casa la misma noche que llegarán al condado.

Catherine se alegró mucho. Hace tiempo que no veía a Jane y realmente tenía deseos de verla tanto a ella, a su cuñado, y a su pequeño sobrino. Pronto su alegría aumentó al descubrir que los Darcys habían sido invitados a pasar la temporada con los Bingleys. Su madre no podía controlar la emoción que sentía al enterarse de que sus dos hijas mayores estarían tan proximas a Longbourn. Se imagiaba, de ante mano, paseando con ellas y alardeando los encantos de Mrs. Bingley y los carruajes de Mrs. Darcy. Por su parte Catherine deseó tanto que Lydia pudiera también venir a Herfordshire, hubiese sido agradable ver a todas sus hermanos juntas, aunque sabía que eso era imposible. A Mrs. Bennet le hubiese encantado que sus hijas se quedarán con ella en casa, pero sabía que no contaba con las comodidades suficientes para ofrecer a Mr. Bingley o los lujos para satisfacer a Mr. Darcy. Se conformó con tenerlas a tres millas de distancia.

Todos fueron recibidos con gran efusión cuando visitaron Longbourn. Incluso Mr. Bennet se mostaba satisfecho de recibir a sus dos hijas mayores y sus maridos en casa. Para Catherine se había agregado una alegría más, pues Miss Darcy acompañaba al grupo. Se sintió muy feliz de recibir a su querida amiga en casa. Felicidad que solo era superada ocasionalmente por una carta de Mr. Bracknell, que aún no se atrevía a mencionar a nadie, ni siquiera a su mejor amiga. Sabía que no debía alentar esperanzas, incluso en ella misma.