Bueno, como siempre soy un poco parca en palabras, no seré menos esta vez ;P
Aquí os dejo el capítulo doce, espero que os guste.
Capítulo 12
Habían pasado ya tres meses desde que apareciera en los alrededores del castillo Hogwarts y, aunque tenía buenos amigos y las travesuras de los Merodeadores hacían los días más llevaderos, echaba de menos mi casa, mi cuarto, mi familia, mis cosas... Y ese sentimiento aumentaba a medida que se acercaba más la Navidad. Aunque las dos últimas semanas antes de las vacaciones habíamos tenido exámenes de todas nuestras asignaturas y eso me había tenido ocupada, eso no me hacía olvidar que pronto pasaría tres semanas en la soledad del castillo.
Todos ellos volverían a sus casas por esa época, aunque tanto Severus como Sirius me aseguraban que preferirían mil veces quedarse en el colegio a volver a ese infierno que eran sus hogares, no habían tenido más remedio que ceder ante las exigencias de sus respectivos parientes.
Mientras ellos preparaban sus equipajes para dejar el colegio por las próximas semanas, yo me ocultaba en mi refugio particular. En un principio había pensado que fuera la Sala de Menesteres, pero como cada vez que salía de allí tenía que volver a comenzar desde el principio, me había cansado de intentarlo. De modo que cuando unas semanas atrás, mientras recorría el colegio, había encontrado una pequeña habitación en lo alto de una de las torres, había sabido al instante que ese era el lugar que había estado buscando. Poco a poco la había ido acondicionando especialmente para mí. Tenía un pequeño lugar junto a la ventana con cojines y mantas, donde me ponía a leer o sencillamente miraba el inmenso paraje que se extendía a mis pies. La chimenea que había hechizado para que se encendiera automáticamente cada vez que entrara en la habitación, una pequeña despensa con comida y bebida. Un lugar para poder jugar cuando estaba en mi forma de gato, un par de hechizos de alarma que me avisaban si alguien se acercaba demasiado sin ser invitado, aunque le había dado a Severus la forma de desactivarla pues a veces me acompañaba, y un hechizo que mostraba la habitación tal cual estaba antes de los cambios que había realizado. Por si alguien iba a echar un vistazo. Estaba absorta mirando el paraje cuando, de repente, oí a alguien entrar.
Me giré sorprendida, el único que sabía como desactivar la alarma era Severus y ya debía haber abandonado el castillo. Yo me había despedido de ellos horas antes, sabiendo el estado especialmente sensible en el que me encontraba, no me apetecía ir a despedirlos y ponerme a llorar. No quería que ellos se sintieran culpables por dejarme allí. Cuando me giré hacia la entrada me sorprendió verlos a todos allí. James, Lily, Remus, Sirius y Severus.
- Chicos - exclamé sorprendida -. ¿No deberíais haberos ido ya? Vais a perder vuestros carruajes.
- Es que como no vamos a estar aquí por Navidad, queríamos darte nuestro regalo ahora - explicó Lily.
- ¿Regalo? - repetí sorprendida -. No teníais porqué haberos molestado, yo no os he comprado ninguno.
- Como sabíamos que ibas a quedarte sola, queríamos darte algo para que nos recordaras - sonrió Sirius encogiéndose de hombros quitándole importancia.
- Dáselo ya, Severus - lo incitó Lily. El aludido se acercó, estaba nervioso y eso no era algo usual en él, en realidad, era en extremo anti-Snape. Me tendió una preciosa cajita de madera labrada, la tomé entre mis manos y él se volvió a alejar un par de pasos, todos estaban ansiosos porque la abriera, de modo que no los hice esperar más. Al abrir me encontré con la pulsera más hermosa que había visto en mi vida. Se trataba de una pulsera compuesta por pequeños cristales laminados, en extremo brillantes cuando la luz incidía en ellos, separados por unas pequeñas arandelas de metal con unos símbolos grabados aunque, sin duda, lo que más atrajo mi atención fueron los pequeños adornos en forma de animal que colgaban de ella. Un lobo, un ciervo, un perro, un león y una serpiente.
- Sois vosotros - sonreí comprendiéndolo.
- Sí, yo soy el león, ya sabes, por el símbolo de Gryffindor - sonrió Lily.
- Y yo la serpiente - dijo Severus.
- Por el símbolo de Slytherin - completé, él asintió -. Es preciosa, chicos, me encanta - dije poniéndomela.
- Eso no es todo - habló entonces James -. Es una pulsera mágica.
- ¿Mágica en que sentido? - pregunté.
- Si tocas uno de los símbolos, podrás hablar con la persona a la que representa - explicó Remus.
- ¿Es una especie de teléfono? - pregunté con sorpresa. Ellos se miraron entre sí sin entender a que me estaba refiriendo.
- Exacto - respondió Lily -. El teléfono es un aparato muggle que sirve para comunicarse - les explicó. Entonces ellos lo entendieron.
- Sí, justo como eso. No sabía que los muggles tenían aparatos así - dijo James con sorpresa.
- Los muggles no son tan inútiles como algunos piensan - sonrió ella.
- ¿Y cómo me oiréis vosotros? - pregunté.
- Nosotros tenemos esto - dijeron sacando un collar con un colgante en forma de gato -. De este modo podremos oírte.
- ¿Sólo a mí? ¿Por qué no tenéis todos un collar o una pulsera como la mía?
- Eso es una cuestión de magia - respondió entonces Severus -. Lily y yo hemos estado investigando como podíamos comunicarnos y llegamos a la conclusión de que entre más colgantes se usaban más se diluía su radio de alcance, por lo que finalmente decidimos que con que una sola persona pudiera comunicarse con todos los demás sería suficiente y acordamos que esa persona serías tú. Además, añadimos un hechizo protector de modo que la conversación sólo pueda escucharse entre las personas que se están comunicando, aunque haya más personas en la sala -. Miré la pulsera y buscando la forma de la serpiente la cogí entre mis dedos.
- Comprobémoslo - sonreí.
- Te escucho - dijo él, tocando su colgante.
- Lógico estamos en la misma habitación - reí. Solté la serpiente y pregunté -. ¿Lo habéis oído?
- No, aunque os veíamos mover los labios - dijo Remus.
- Genial - sonreí.
- ¿Entonces te gusta el regalo? - preguntó James.
- No me gusta, me encanta - reí -. Muchas gracias chicos.
- No hay de qué - sonrió Sirius -. Si los cálculos de Snape y Lily son correctos...
- Lo son - le interrumpió Severus.
- Podrás hablar con nosotros durante las vacaciones - terminó como si no hubiera escuchado nada.
- Gracias - repetí abrazándolos a todos.
- De nada, Kitty - respondió Sirius.
- ¿Kitty? - repetí alzando la ceja al más puro estilo Snape.
- Eh -, se defendió él -. Que tú no quisieras que te pusiéramos un mote no significaba que no lo fuéramos a hacer de todas formas - rió, yo rodé los ojos.
- Anda, marchaos ya antes de que se vayan los carruajes y tengáis que quedaros conmigo estas navidades.
- Créeme, no me importaría lo más mínimo - dijo Sirius mientras me daba un abrazo despidiéndose de mí. Me despedí del resto, cuando creí que ya estarían en sus respectivos carruajes, volví a tocar la serpiente.
- ¿Cómo conseguiste que Petegrew no estuviera involucrado en el regalo? - pregunté.
- Ellos querían que participara porque pensaban que de esa forma conseguirías aceptarlo. Yo les convencí de que siendo una Slytherin no te podían forzar a tener un amigo si tú no querías. Además, el hecho de que se fuera una semana antes de vacaciones ayudó a que se les olvidara la idea... ¿Te das cuenta de que tú eres la única que desconfía de él?
- Soy consciente de ello. Y créeme cuando te digo que daría cualquier cosa para que ellos vieran lo mismo que yo - respondí seria.
- No te quites nunca la pulsera - continuó él -. A espaldas de Lily y James, añadí unos cuantos hechizos protectores. No pueden evitar una maldición imperdonable, pero al menos pueden protegerte de casi todo lo demás. Intenta no meterte en problemas mientras no estamos ahí para ayudarte, ¿quieres? No me perdonaría si llegara a pasarte algo.
- Tranquilo, Sev. Sé cuidar de mi misma. Nos vemos a la vuelta - me despedí soltando la serpiente.
Severus me acababa de recordar algo que debería hacer durante esas vacaciones, practicar el Protego Horribilis para ser capaz de realizarlo lo más rápidamente posible, esperaba no tener que llegar a usarlo, pero mejor prevenir que curar.
Algo más de dos horas después estaba en la Sala de Menesteres practicando el Protego Horribilis. Era lo más difícil que había intentado nunca, demasiados movimientos de varita. Filigranas que debían ser realizadas en un orden y forma correctas. La primera vez me había llevado casi tres minutos realizarlo y ni siquiera había salido bien. Ahora entendía lo que había dicho el Profesor Longhorn, aunque esta defensa realmente funcionara, ¿cómo conseguir desplegarla antes de que el enemigo pronunciara un simple "Avada Kedabra"?
- Hola, ¿estás ahí? - preguntó una voz que reconocí enseguida como la de Lily.
- Hola, Lily - respondí tocando el león de mi pulsera -. ¿Ha pasado algo? - pregunté extrañada.
- No, no, sólo quería comprobar si el colgante funcionaba desde el Londres Muggle tal como habíamos previsto Severus y yo - dijo ella. Casi podía ver la sonrisa en su cara.
- Pues ya ves que funciona perfectamente - sonreí a mi vez -. ¿Debo entender que ya estás en tu casa?
- Sí, llegué hace un rato. Tuve una pequeña discusión como mi hermana Petunia - dijo bajando la voz, podía notar su tristeza por esa situación. Si ella supiera lo que su hermanita le haría a su hijo años después... -. ¿Sabes? Ella no soporta la magia y... a veces me hace sentir como un monstruo por ser como soy - confesó.
- Eso son celos - respondí -. Como ella no puede ser como tú, prefiere escudarse en los insultos y la tiranía, pero sólo es una máscara, ella daría lo que fuera por estar en tu lugar.
- Bueno... Espero que algún día ella acepte esta situación - suspiró. ¿Cómo decirle que eso nunca ocurriría? ¿Que ella moriría poco después de dar a luz a su hijo?
- Seguro que algún día lo hará - mentí.
- Merlín te oiga, Shay - dijo ella, de nuevo en su voz, una sonrisa -. Por cierto, hablé con mis padres acerca de ti, y dicen que puedes venir a vernos cuando quieras.
- Gracias - sonreí yo -. Tal vez me veas por allí el día menos pensado.
Habían pasado ya tres días desde entonces, prácticamente me había encerrado en la Sala de Menesteres con algo de comida para practicar una y otra vez el Protego. Tras mucho esfuerzo había conseguido realizarlo correctamente en 30 segundos. Todo un record teniendo en cuenta lo que había tardado la primera vez. Aún así, demasiado tiempo como para considerarlo una defensa apropiada. Probablemente no me habría enterado de nada si Remus no me hubiera llamado.
- ¡Shay! ¡Shay! - oí de pronto la voz del lobo.
- ¿Qué pasa Remus? ¿Por qué pareces tan agitado? - pregunté comenzado a sentirme tan preocupada como él.
- ¿Es que no te has enterado? Anoche una banda de mortífagos atacó el Londres Muggle asesinando a varias personas - me informó a toda prisa.
- ¿¡Qué! ¿Y Lily? ¿Y Severus? ¿Están bien? - pregunté de pronto angustiada por la suerte de mis amigos.
- Les mandé una lechuza hace un rato, aún no han tenido tiempo de contestar. Pensé que tú podrías preguntarles más rápidamente, estaba tan angustiado que ni siquiera me había acordado de la pulsera.
- Claro, claro. Ahora mismo hablo con ellos y te digo que he averiguado - respondí poniéndome en contacto con Lily en primer lugar.
Al mismo tiempo que pude hablar con Lily, también lo había hecho con Severus pues se había trasladado a la casa de los Evans tan pronto había sabido la noticia. Estaban asustados pero bien y así se lo comuniqué a Remus. Lo primero que hice tras terminar de hablar con ellos fue correr hacia el despacho de Dumbledore subiendo la escalera de sus despacho de dos en dos.
- ¿Se ha enterado del ataque en el Londres Muggle? - pregunté nada mas llegar al despacho con la respiración entrecortada debido a la carrera. Fue entonces cuando me di cuenta de que tenia visita, un alto hombre de tez oscura que clavó su mirada en mí, vestía como un Muggle, había pasado tanto tiempo desde la última vez que veía a alguien vestido así que por un instante me pareció que su ropa era rara. Suponía que su alta estatura unida a la fuerza de su mirada a pesar de su juventud, debía asustar a magos y muggles por igual. A mí también me habría impresionado si no hubiera sido porque la mirada de Severus parecía mucho más profunda que la suya -. Lo siento - me disculpé rápidamente con ambos -. No sabía que tuviera visita. Volveré más tarde - añadí comenzando a darme la vuelta.
- Espera, Shayleen - dijo entonces Dumbledore deteniéndome -. Precisamente estábamos hablando de ello cuando llegaste - yo simplemente esperé a que dijera algo más -. Este es el auror Kingsley Shacklebolt -. "Kingsley", repetí. Me sonaba su nombre, no recordaba específicamente que había hecho pero sí que era uno de los buenos -. Kingsley, esta es la señorita Shayleen Diggori - me presentó.
- Señor - lo saludé correctamente, él respondió a mi saludo con un simple movimiento de cabeza.
- ¿Puedo preguntarte cómo has sabido del ataque? Porque apenas si te he visto por el castillo estos días y el Inquisidor no llega aquí - preguntó entonces Dumbledore con una sonrisa que me daba entender que de algún modo se había enterado de lo de la pulsera.
- Me lo dijeron mis amigos - respondí. Lo cual era estrictamente cierto.
- ¿Están bien? - preguntó -. Severus y Lily deben haberse asustado.
- En efecto - respondí -. Pero están bien, gracias a Merlín a ellos no les pasó nada.
- ¿Qué era lo que venías a decirme cuando entraste tan abruptamente? ¿Querías saber exactamente lo que había pasado o a algo más? - entonces di un paso al frente.
- Venía a preguntar que es lo que íbamos a hacer al respecto.
- ¿Qué quiere decir con eso, señorita Diggori? - preguntó entonces Kingsley hablando por primera vez.
- Shayleen - lo corregí -. Y es simple señor Kingsley, lo que quiero decir con eso es cómo vamos a impedir que Voldemort vuelva a hacer algo así -. Su ceja se elevó en sorpresa. Al parecer no estaba acostumbrado a que llamaran al señor Tenebroso por el nombre que el mismo se había dado tiempo atrás.
- ¿Y qué crees tú que deberíamos hacer? - inquirió de nuevo mi padrino postizo.
- ¿Pelear? Estamos en una guerra y no estamos de acuerdo con él, el siguiente paso lógico sería crear una resistencia - respondí como si fuera lo más obvio del mundo.
- ¿Pelear? - repitió Kingsley.
- Sí, pelear - insití -. Crear un ejército, unir a un grupo de gente que tenga los mismos ideales y se enfrente con él y sus esbirros - respondí mirándolo fijamente.
- ¿Qué edad tienes? - preguntó el auror -. ¿Quince años? ¿No crees que eres demasiado joven como para querer meterte en eso? - interrogó intentando hacerme ver la locura de mi petición.
- Si no soy lo suficientemente joven como para que Voldemort no me mate, tampoco lo soy para enfrentarme a él - respondí sin dejarme amilanar por su tono de voz.
- Tiene razón Kingsley, y lo sabes - habló entonces el anciano. El auror pareció aceptar sus palabras, o al menos no dijo nada más en contra -. No eres la primera a la que se le ocurre ese idea, Shayleen. La resistencia de la que hablas, ya está creada, se llama la Orden del Fénix y fue creada poco después de su primer alzamiento. Lamentablemente no somos tantos como me gustaría - me explicó -. ¿Que te parecería unirte a sus filas? - yo sonreí ampliamente, eso era precisamente lo que estaba buscando. Sabía que sería duro y que tendría que practicar y aprender ahora más que nunca todos los hechizos que cayeran en mis manos.
- Será un honor - respondí inclinando la cabeza levemente en su dirección -. Y conozco el nombre de otras personas que también estarán interesados en unirse a la causa - añadí tocando la pulsera casi sin darme cuenta.
Poco después salía de su despacho con una sonrisa de tranquilidad, habíamos quedado en que avisaría a Lily, James, Severus y Remus vía lechuza; y que yo iría personalmente a hablar con Sirius pues viviendo en una casa llena de pro-Voldemorts no podían correr el riesgo de ponerlo en peligro, ni aunque fuera una carta formal del colegio citándolo para una reunión. Podría haberlo avisado usando el colgante, pero lo cierto era que me corroía la curiosidad. Deseaba conocer Grimmauld Place y, porqué no, a la dulce y amable Walburga Black, nótese el sarcasmo.
Volví a mi habitación a vestirme con las únicas ropas muggle que tenía, las mismas que llevaba puesta el día de mi llegada, pero claro. Estábamos en pleno invierno, esa ropa apenas me protegería del frío de modo que no me quedó más remedio que coger una de las capas que había comprado tiempo atrás en una de mis salidas con los chicos a Hogsmeade. Aunque aparentemente fina, era una de las ropas de más abrigo que tenía de modo que sin más dilación, y tomando la única bufanda que tenía (una de Slytherin) me dirigí a la puerta de mi dormitorio con esa extraña combinación de ropas Muggle-Mágicas. Justo antes de salir recordé un hechizo de transformación que había leído en un libro. Un hechizo de ilusión, para ser exactos. Mirándome en el espejo, realicé el hechizo convirtiendo mi capa en un largo abrigo negro. "Perfecto", me dije.
Me dirigía hacia la puerta principal del castillo cuando noté a alguien siguiéndome. Fue raro, no es que lo oyera ni lo viera sino que lo sentí, sentí su magia. Me escondí tras uno de los pilares transformándome en mi forma animaga. Cuando la persona que me seguía pasó a mi lado miró de un lado a otro, parecía confuso de que hubiera desaparecido sin más, aguardé en mi escondite a que se decidiera a seguir con su camino. Cuando al fin lo hizo, salí de detrás del pilar volviendo a mi forma humana varita en mano, él pareció darse cuenta de la repentina aparición de alguien a su espalda pues se volvió rápidamente sacando su varita.
- Expelliarmus - pronuncié logrando que su varita saliera volando a varios metros de él -. ¿Por qué me estaba siguiendo, señor Kingsley? - interrogué, pues era él quien me había seguido.
- Eres buena - dijo en cambio.
- No ha respondido a mi pregunta - repliqué.
- Sólo quería saber si estabas segura de donde te metías al aceptar formar parte de la Orden - respondió optando por relajarse metiendo las manos en su bolsillo.
- Lo sé mejor que usted - afirmé -. Y ahora si me disculpa, debo tomar el expreso, tengo un recado que hacer - dije guardando de nuevo la varita pasando por su lado, apenas había dado unos pasos alejándome de su posición cuando me volví de nuevo hacia él -. Debo admitir que estoy francamente decepcionada, señor Kingsley. Pensaba que era uno de los mejores Aurores del Ministerio y, sin embargo, se ha dejado desarmar por una simple alumna - entonces él hizo un gesto y la varita volvió volando a su mano. "Un hechizo sin palabras, interesante... y útil" admití.
- Pero es que usted no es una simple alumna, ¿verdad, señorita Diggori? Dudo que Dumbledore le hubiera propuesto entrar a la Orden de no ser así - contestó.
- Shayleen - le corregí una vez más -. Y eso debería preguntárselo a él - respondí, y sin querer perder más tiempo, me dirigí al carruaje que me debía estar esperando fuera.
El viaje en el Expreso Hogwarts fue un poco más lento de lo que me esperaba, horas después llegaba a la estación, desde donde cogí un taxi que me llevó hasta Grimmauld Place. Salí y me paré entre las casas números 11 y 13. Se suponía que la casa sólo era invisible a ojos de Muggles, pero yo no la veía. Dumbledore me había dicho que había un encantamiento protegiendo la casa y que sólo una vez traspasara el jardín vería aparecer ante mí la casa de los Black. Tomé una honda respiración y abrí la puerta del jardín, tan pronto lo hice, comencé a sentir como temblaba la calle. De pronto, ante mí, de entre la unión entre las casas 11 y 13, apareció la fachada de la número 12.
- Fascinante - murmuré. Si bien había visto mucha magia en los últimos meses, algunas cosas seguían sorprendiéndome. Una vez la casa terminó de aparecer, me dirigí hacia la puerta, donde tomando una nueva inspiración toqué al timbre. A los pocos segundos, la puerta se abrió, no fue hasta que miré hacia abajo cuando me di cuenta de que no se había abierto sola, sino que una pequeña criatura de apenas medio metro, calva, de orejas puntiagudas y de color verde la había abierto. Un elfo doméstico.
- ¿Quién es, Kreacher? - preguntó entonces una alta y delgada señora de pelo negro bastante mayor.
- Ama Walburga. Se trata de una joven, señora - de modo que esa era la madre de Sirius y Regulus. Si hubiera tenido que adivinar hubiera apostado a que se trataba de su abuela.
- Bien, ¿que quieres jovencita? - preguntó acercándose hacia donde estaba.
- Venía a ver a Sirius - dije. Si en vez de decirle eso la hubiera insultado su cara no habría variado demasiado.
- Una pequeña Gryffindor - exclamó con una voz cargada de desprecio -. Y una sangre sucia por lo que veo por tu ropa muggle. Mi hijo no está disponible - dijo comenzando a cerrar la puerta sin dejarme tan siquiera decir una palabra. Estaba a punto de hablar cuando una voz interrumpió mis palabras.
- ¿Shayleen? - preguntó. Al contrario de lo que había pensado en el primer instante, no había sido Sirius, sino Regulus quien me había reconocido.
- Regulus - lo saludé tan cortésmente como pude dadas las circunstancias.
- ¿Es que la conoces? - preguntó la madre con una mezcla de sorpresa y enfado al tiempo que dejaba de cerrar la puerta en mis narices.
- Sí, madre. Es Shayleen Diggori, una de mis compañeras de Casa - explicó él dejando a su madre aún más sorprendida.
- ¿¡Eres una Slytherin! - exclamó de nuevo mirándome.
- Es lo que intentaba decirle, señora - expliqué entrando a la casa pues parecía haberse quedado congelada y pronunciando un Finite Incantatem, mi abrigo muggle se convirtió en una capa negra con el símbolo de Slytherin dejando visible a su vez la llamativa bufanda blanca y verde de mi Casa.
- ¿Si eres en verdad una Slytherin porque has venido vestida con esa odiosa ropa Muggle y a ver a mi hijo mayor del cual tenemos la desgraciada deshonra de que haya sido elegido para Gryffindor?
- Señora Black, venir vestida con ropa que no sea Muggle por el Londres Muggle llamaría innecesariamente la atención sobre mi persona y en lo que respecta a su hijo, a pesar de ser un Gryffindor, sigue siendo un sangrepura. Y los sangrepura debemos estar unidos ahora más que nunca, ¿no le parece? - pregunté con mi sonrisa estándar Slytherin. Iba a vomitar soltando todo esa propaganda fascista, ¿pero que otra cosa podía hacer? Necesitaba hablar con Sirius y proclamar a los cuatro vientos que era lo que ellos daban en denominar sangresucia y que además no podía estar más en contra de Voldemort en un lugar lleno de Mortífagos no era lo que se dice precisamente una buena idea. Entonces Walburga sonrió con otra perfecta sonrisa Slytherin, asintiendo.
- Eso es cierto. Eso es muy cierto. Pasa, te encontrarás en este lugar como en tu casa. Kreacher, coge su capa y su bufanda. Regulus, dile a tu hermano que baje ahora mismo sino quiere que le lance una maldición - ambos asintieron e hicieron lo que se les ordenaba -. ¿Shayleen, verdad? - preguntó comenzando a caminar.
- Sí, señora - asentí.
- Pasa conmigo al salón. Has tenido suerte, hoy están reunidos los miembros más importantes de mi familia. Cómo no, ese renegado de Sirius se niega a bajar... Estúpido Gryffindor engreído - protestó mientras yo la seguía sin decir palabra.
Cuando entramos al salón me sorprendió ver lo amplio y bien decorado que estaba, pero eso pasó rápidamente a segundo plano en cuanto vi a toda la gente que estaba dentro.
Para no variar, reviews y críticas constructivas bienvenidas. Espero que nos veamos en el próximo capítulo.
