CAPÍTULO 12
LOS CAZADORES SUBTERRÁNEOS
Tal y como habían acordado, Matt, Marian y Claire, cargada con Sherry en sus brazos, se reunieron en el sótano.
Matt pulsó un botón de la pared y una parte del suelo se elevó, descubriendo unas escaleras que descendían.
- Por este túnel llegaremos a las afueras de la región, a la fábrica – apuntó - Allí podremos tomar un coche.
- ¿Es seguro? – Preguntó Claire
- Más que quedarnos aquí – le respondió Marian que empezó a bajar.
Claire la siguió y Matt fue detrás, pero se detuvo un momento para echar una mirada atrás.
Allí estaba toda su vida y todos sus recuerdos. Pero, tenía que borrar su pasado para lograr salvar la vida de Sherry y, sobre todo, por detener a Wesker. Sacó un control remoto de su bolsillo y pulsó un código.
En los alrededores de la casa, al igual que en si interior, unos contadores, pegados a explosivos C4, comenzaron una cuenta atrás de 10 minutos.
Chris Redfield no podía dejar de lanzar y atrapar la pelota de béisbol. Estaba nervioso, por no saber aún nada de su hermana.
Iba junto con Jill en dirección a casa de Barry, para trazar un plan de acción de su próxima misión. Jill conducía con calma, para no saltarse los límites de velocidad. Ahora más que nunca debían evitar llamar la atención.
- Cálmate. Pronto sabremos algo de Carlos.
- Pero es que no puedo Jill, siento como que algo no va bien.
- Venga, ella es una Redfield, si se mete en un lío saldrá de él ¿O es qué no logró escapar de Raccoon City? ¿Y no escapó también de la prisión de esos gemelos chiflados?
- Si, lo sé, lo sé pero… hay algo que me preocupa. No sé lo que es, pero algo me dice que las cosas no van bien por allí.
- Bueno, Carlos llegaría dentro de un par de horas y nos dirá algo. Así que cálmate.
- Lo intentaré, pero no te prometo nada.
Llevaban diez minutos de caminata y Claire ya empezaba a estar un poco cansada.
Allí abajo faltaba bastante el aire, y el cargar con Sherry no se lo ponía fácil, ya que tenía que hacer un sobresfuerzo, además de todo lo que llevaba como equipo.
Pero no podía soltarla. Sherry le había rogado que fuese ella quien la llevase hasta que se encontrase bien. Por mucho que le debiese a Marian, no quería que ella la tocase.
- Esto, Matt… - le dijo a su compañero, que iba detrás de ella, protegiendo la retaguardia.
- ¿Si?
Claire miró a Sherry. Estaba dormida. Eso le hizo sonreír. Al menos así no se enteraría de nada. Ahora parecía realmente lo que era, una niña que precisaba de cariño, con una dulce carita de ángel.
- Gracias por proteger a Sherry – dijo al fin, un poco sonrojada.
- No me tienes que dar las gracias.
- Y… siento lo de tu hija, en serio.
- No tienes porque disculparte. Todos tenemos un motivo para actuar de alguna forma. Aunque mi intención sea proteger a Sherry, en verdad, lo que busco es impedir que Wesker cumpla sus objetivos. No me gusta pensarlo así, pero así son las cosas.
- Pero, si piensas que es solo para asegurar un futuro para Sherry, ¿no suena tan mal, verdad?
- Bueno… visto así…
Marian se detuvo de pronto y les indicó que hicieran lo mismo. Los dos se detuvieron.
- ¿No oís eso? – Les preguntó.
Matt y Claire intentaron guardar silencio para ver si podían oír algo. Si que oían algo parecido a un siseo, pero no lograban identificar lo que era.
Sherry se oyó al oír ese sonido, y miró en todas direcciones, medio adormilada buscando lo que era.
- ¿Claire? – Preguntó, al ver a su amiga preocupada.
- No te preocupes, cielo. No es nada.
Pero si que lo era, Matt y Marian pudieron identificar por fin que era ese siseó.
- ¡Corred! – Gritó Marian que comenzó a correr.
Claire no lo entendía, pero un empujón de Matt le sirvió para comenzar a correr también.
- ¡¿Qué es lo que pasa?
- ¡Son bicéfalas! – Le respondió Matt.
- ¡¿Bi-que?
- Son réptiles mezcladas genéticamente. Tienen una cabeza de serpiente y otra de lombriz, son muy rápidas bajo tierra – le explicó Marian.
- ¡¿En serio existe una cosa tan asquerosa?
Matt miró hacía atrás mientras corría, y le pareció ver algo que se les acercaba, amenazante, moviéndose en formas de ese. Y no solo era una, sino varias.
Sherry se agarró a Claire, asustada, pero confiaba en su amiga. Sabía que podía confiar en ella.
- ¡Adelantaos! – Les ordenó Matt, que se detuvo y desenfundó dos ametralladoras Uzi.
Comenzó a disparar sin pensárselo dos veces. Lograba dar a algunas, pero eran tan pequeñas y escurridizas que parecía que casi no liquidaba nada.
Se oyó un estruendo más adelante, cuando se giro, vio como algo más grande atravesaba la pared, de un lado a otro, acercándose a las chicas.
- ¡Es la madre! – Exclamó Marian.
- ¡Joder!
Matt comenzó a correr hacía ellas. La madre no era una bicéfala, pero si era una mezcla entre lombriz y serpiente, lo que la hacía escurridiza, rápida y ágil, pero, sobre todo, muy peligrosa.
Si se libraban de ella podían deshacerse de las crías, pero… ¿cómo iba a deshacerse de algo tan rápido?
Se le ocurrió una idea. Estúpida y loca, pero una idea al fin y al cabo que era mejor que no hacer nada.
- ¡Chicas, cuando os diga tiraos al suelo!
- ¡¿Eh? ¡¿Te has vuelto loco? – Exclamó Claire.
- ¡Confia en mí!
Claire estaba bastante asustada. No soportaba las lombrices y mucho menos las serpientes. Pero sabía que podía confiar en Matt, tras ver lo que hizo con esa criatura en el lago. Así que, como Marian, esperó su señal.
Matt por su parte corría lo más deprisa que podía, intentando igualar su ritmo a la de la criatura cuando saltaba de un lado para otro, atravesando cada pared. Sacó de uno de los bolsillos de su chaleco una granada y se preparó.
La criatura saltó finalmente al pasillo, acercándose a toda velocidad abriendo su enorme boca, que se partió en cuatro, para engullir a las chicas. Cuando estuvo muy cerca, saltó.
- ¡Agachaos!
Las chicas obedecieron y se agacharon. Matt le lanzó la granada que entró de lleno por su viscosa garganta y, cuando la criatura estuvo a punto de alcanzarse, se tiró al suelo y, mientras se deslizaba por él, comenzó a dispararle con las ametralladoras.
Cuando la criatura llegó junto a sus crías, explotó en mis pedazos, junto con algunas de sus criaturas.
Por el efecto de la explosión, el túnel comenzó a derrumbarse, así que todos comenzaron a correr mientras a su espalda enormes pedazos de tierra del techo comenzaban a caer.
Ya podían ver la puerta de la salida, cuando otra criatura, igual que la anterior, pero con la piel más escamosa, apareció.
- ¡Hay otra! – Le gritó Marian a Matt.
Esta vez fue Claire quien actuó más deprisa. Le pasó Sherry a Matt y corrió hacía la criatura. Desenfundó su cuchillo y se abalanzó sobre el réptil.
Cuando este la atacó de un salto, Claire se hizo un lado y le atravesó la cabeza con el cuchillo, dejándola clavada en tierra, revolviéndose de dolor. Durante unos minutos de movio, hasta que finalmente murió.
Sin tiempos para halagos ni celebraciones, los tres corriendo hacía la puerta, pero estaba atascada. Sin pensárselo mucho, Matt usó una de sus ametralladoras para volar la cerradura y así pudieron entrar, teniendo que dar un último salto para evitar ser enterrados vivos.
Los tres estaban exhaustos tras la carrera. Había sido demasiado.
El Dr. Grenwich estaba nervioso. Había perdido la señal de algunas de sus maravillosas creaciones ¿Es qué habían muerto? No, no era posible que nada humano pudiese acabar con ellas. Ni mucho menos los zombies.
Entonces, ¿por qué cinco de sus criaturas habían desaparecido?
- ¿Qué les ha pasado? ¿Por qué no me llega su señal?
Nervioso, miró un último tubo cilíndrico que estaba lleno de un líquido verdoso, con algo en su interior, algo que no se podía ver bien por la oscuridad del líquido.
- A ti jamás te dejaré morir, hijo mío – fue lo único que dijo, mientras abrazaba el tubo.
