Capítulo XI

Complicaciones

Carlisle y Esme se sentaron en las respectivas cabeceras de la gran mesa del salón que sólo ocupábamos para casos especiales o, como ahora, para reuniones urgentes.

La incertidumbre flotaba en el aire. Y no estábamos acostumbrados a sentirla. No, con alguien como Alice de nuestro lado. Pero esta vez, no sabíamos qué esperar.

-Si Alice no ha tenido ninguna pista y no los ha visto a lo largo del tiempo en el que se supone que han actuado, es posible que todo sea una gran mentira de los odiosos lobos para expulsarnos de Forks.-dijo Rosalie.

Negué con la cabeza. Apartando la posibilidad.

-¿Es que siempre tienes la razón?-inquirió picada.

No le hice caso. Miré a mi alrededor. Rosalie respiraba agitadamente, furiosa; Emmet, a su lado, miraba hacia Carlisle; Jasper sostenía la mano de Alice mientras esta, con los ojos cerrados intentaba tener una visión. Pero solo se veían brumas.

La preocupación se evidenciaba en el rostro de Jasper y en el de Esme.

-¿El licántropo no te dijo cuántos eran?

-No, Emmet.-respondí-sólo que la forma en que habían muerto…bueno, estaban totalmente desangrados.

Esme frunció el ceño. Para nosotros, que dedicábamos nuestra existencia al autocontrol para no hacer ni el más ínfimo daño a algún humano, estas muestras de lo que era nuestra verdadera naturaleza nos resultaban grotescas y hasta chocantes.

Alice empezó a negar con la cabeza, algo frustrada.

-Debemos vigilar el bosque-propuso Carlisle.

Alice se levantó.

-Yo voy primero.

Sin perder la calma, Carlisle la detuvo:

-Quiero que te quedes aquí.-Alice comenzó a protestar, odiaba sentirse inútil, pero Carlisle continuó-Edward irá con Jasper y Emmet irá conmigo. Alice, necesito que te quedes aquí, por si esto es una trampa. Tu serás la primera en enterarte. Apenas ocurra algo, van en nuestra ayuda.

Esme torció el gesto, preocupada de que la situación fuera tan grave como para necesitar de la ayuda de todos.

-Después de lo del año pasado-agregó Carlisle sin mirarme-no podemos tomar estas cosas a la ligera.

Nos levantamos. No quedaba nada más por decir. Caminamos con nuestras parejas hasta el umbral de la puerta de calle.

-Edward.

Era Alice. La miré, para hacerle saber que estaba escuchándola y luego posé los ojos en una ventana.

-Edward, por favor, cuídalo.

Asentí levemente con la cabeza.

Carlisle corroboró que cada uno tuviera un celular y partimos. Escuché que Alice decía:

-Tengo un mal presentimiento-y nos internamos en el bosque.

Era de madrugada cuando salimos. Y era una ventaja para rastrear al posible aquelarre. A esas horas ningún humano solía entrar en el bosque, a excepción de los turistas, que solían venir a acampar en las cercanías del pueblo. Pero la gran mayoría ya había sido asesinado.

Amanecía y ya habíamos recorrido casi por completo el bosque. Ralentizamos el paso porque aunque no habíamos escuchado ni visto nada, nos acercábamos indudablemente a la zona en la que se habían asentado los vampiros.

-Por acá.

Seguí a Jasper. El olor se hacía más fuerte a medida que nos aproximábamos.

Frente a nosotros los restos de una fogata fue lo único que llamó nuestra atención. Allí el olor se perdía. Caminamos en círculo para ver si podíamos hilarlo nuevamente y el sonido de ramas moviéndose y rompiéndose como a causa de una gran ventisca nos hizo alzar la mirada. Frente a nuestros ojos el cuerpo sin vida de un hombre impactó estrepitosamente contra el suelo. Olí la sangre antes de poder verla. Las hojas y raíces que había en la tierra húmeda del suelo no habían amortiguado en nada el golpe y, ahora, veía cómo la sangre escurría entre el verdor del musgo y el cuero cabelludo del desafortunado humano. Me acerqué a Jasper, que en ese momento, miraba casi con lujuria la sangre correr libre, como de una vertiente. Estaba quieto, luchando internamente por la sed que podía ser saciada tan fácil y exquisitamente. El olor y la visión de la sangre habían despertando en mi el apetito. Lo hice a un lado mientras intentaba controlar a Jasper, sostuve sus brazos, aprisionándolos detrás de su espalda. El rostro ya le había cambiado completamente, jadeaba incesante y el aroma ácido de la ponzoña salió de su boca aturdiéndolo y atrayéndolo hacia su bocado.

Yo mismo sentí la boca seca.

-¡Jasper no!-le ordené, pero no me prestó atención. Todo su interés estaba en la sangre de la víctima. Luego, con un grito gutural y desenfrenado alzó los brazos y se soltó como si no estuviera haciendo ningún esfuerzo. La energía y la fuerza que da el olor de la sangre cuando se esta sediento son capaces de darle vigor hasta al más ocioso de los vampiros.

-No respires-me abalancé sobre él y chocamos contra un árbol, derribándolo a nuestro paso. En lo alto se escuchó el batir de alas y el gorjeo de pájaros escapando. Jasper arremetió contra mi en un esfuerzo desesperado por quedarse solo. Hacerlo entender con palabras, aludir a su lado racional, eran intentos inútiles, por lo que seguí enfrentándome con él por lo que fueron largos y penosos minutos… hasta que el sonido estridente de un celular nos detuvo a ambos y nos hizo despertar.

Jasper, que se había alejado unos metros de mi, me miraba suplicante. Sabía quién llamaba y yo también.

Contesté. Solo fui capaz de decir una palabra:

-Ven.

Jasper me dio la espalda, respirando entrecortadamente. Ya la sangre y la sed que lo habían hecho enloquecer hasta hace un momento no era lo que llenaba sus pensamientos. El rostro decepcionado de Alice se dibuja en su cabeza y lo torturaba sin darle un respiro.

-Ya déjalo, Jasper.

No se volvió a mirarme.

Cuando Alice nos encontró, ya estábamos lejos del lugar en el que había caído el cuerpo del humano. Nos habíamos quedado en silencio y le concedí toda la privacidad a Jasper que a mi me hubiera gustado tener si alguien pudiera leer mis pensamientos en un momento como este. La debilidad era algo con lo que nos teníamos que enfrentar cada día, pero el fallarle a alguien, que confía ciegamente en nosotros, para eso no estábamos preparados.

Alice se paró frente a Jasper, que rehusaba mirarla, y esperó. Esperó hasta que sus ojos se encontraron y al cruzarse se dijeron cosas que jamás hubieran podido expresar con palabras.

Caminé en sentido contrario. Necesitaba pensar por lo que luego de perderme de su vista, corrí sin rumbo fijo. La luz mortecina de la mañana se filtraba por el enmarañado de copas y ramas.

El peligro volvía a amenazar Forks. Lo vivido hace un par de horas era claramente un llamado de atención. Alguien quería ser encontrado y nosotros, ahora, estaríamos dispuestos a acorralarlo y a acabar con él. O con los que fueran.

Me paré en seco cuando escuché pisadas y el respirar agitado de una persona. Hubiera reconocido aquellos tropezones aún cuando no tuviera que leer sus pensamientos para confirmar su procedencia. Me adelanté unos metros y detrás de un árbol observé a Bella caminar decidida, pero con dificultad por el bosque. Una pequeña risita se me escapó y llegó para liberarme de la tensión que dominaba mis pasos y mi actual estado de ánimo. Bella la escuchó y se volvió, instintivamente, hacia donde yo estaba. No alcanzó a verme porque cuando se disponía a buscar el origen de aquel sonido uno de sus pies se enredó con unas malezas, que crecían con total rebeldía por el suelo, y se hubiera golpeado la cabeza con una roca cubierta de musgo si no la hubiera tomado por la cintura y devuelto el equilibrio.

Me alejé unos metros, pero sin intención de apartarme de ella. Sólo a Bella se le podía ocurrir iniciar una caminata por los amenazantes bosques de Forks. Su inconsciente buscaba y deseaba el peligro como no había visto en ningún otro humano. Lo peor de todo es que ella no se daba cuenta de nada. Para ella eran sólo coincidencias.

-No deberías estar aquí.-Reparó en mi y me reconoció. Le di la espalda y comencé a caminar, lo más lento que podían mis pies. No era nada fácil.

Bella comenzó a seguirme sin saber, en verdad, por qué. Mi vanidad se vio satisfecha al saber lo contenta que se había puesto con mi presencia.

No le hablé porque aunque una parte de mí se regodeaba en su compañía, la otra y la que me dominaba, estaba sumamente furiosa. Tanto por lo ocurrido con Jasper como por encontrarme con Bella en medio de la nada. ¿Qué se supone que estaba haciendo acá?

Me hundí en sus pensamientos. Se sentía cómoda y segura a mi lado. Aunque pedía a gritos que no me acercara a ella.

-No, Bella-se reprochaba-ya tienes las piernas entumecidas y el cosquilleo subió a tu estómago, ¿para qué vas a querer caerte frente a él por esta razón? Suficiente tienes con todas las trampas a las que se enfrentan tus pies normalmente como para darles una razón más para tropezar.

Llegamos a la entrada natural del prado donde, unos meses atrás, habíamos estado los dos descubriéndonos por primera vez, dejando el miedo atrás y aceptando que no podíamos seguir escapando del destino. Al menos eso era lo que había pensado en ese momento. Luego de semanas de evitarla, de faltar a clases para no verla, e intentar con todas mis fuerzas alejarme de ella, comprendí que me resultaría imposible. Que por más que me negara, estaba ya enamorado. Y ya nada podía hacer.

Me volví y alcé mi mano mientras retiraba todos esos recuerdos de mi cabeza. Aceptó mi ayuda a regañadientes y continuó caminando, conmigo siguiendo sus pasos.

-No te caigas, no te caigas, no te caigas.

Le pedía lo imposible a su lenta coordinación.

Finalmente el camino se abrió en una planicie, en lo alto del monte. Los árboles nos rodeaban y daban la sensación de estar flotando entre ellos. Las nubes, bajas debido a lo cargadas que estaban, formaban un pequeño techo sobre nuestras cabezas.

Me senté y miré a Bella para que me acompañara. Se sentó a mi lado y escondió la vista en el suelo. Me preguntaba si ella recordaba algo de la última vez que había estado con ella, en su habitación. Algo tendría que haber quedado de esa revelación, aunque fuera inconscientemente, tenía que recordarme un poco, hablé con ella, me reconoció…

La observé, aún mas frustrado que momentos atrás. Tenerla tan cerca y no poder acercarme más. Conversaciones, miradas, gestos y bromas habían quedado en el olvido. En lo profundo de su alma, guardados bajo siete llaves. Su corazón latía con fuerza, podía escucharlo. Cerré los ojos para invocar los momentos en que aquellos latidos, que ahora trotaban confusos sin razón aparente, se habían acelerado por mi.

¿Cuánto tiempo más podía dilatar esta situación? Cada día que pasaba alejaba a Bella más de mi. Llegaría el día en que ni un solo atisbo de recuerdo quedaría en su interior y su corazón terminaría por cansarse de evocar memorias que su mente no compartía y prescindiría del mío para siempre. Y era exacto lo que yo buscaba. Que su vida por fin despegara, llena de oportunidades y de alegrías y lejos, muy lejos de mí.

-Edward.- Abrí los ojos y la miré, pensando que me llamaba. Pero sólo había pensado en mi nombre, la había sorprendido mirándome. Devolvió mi divertida sonrisa con desagrado y perdió la mirada en el bosque.

-Desperté antes de poder llegar. Sabía que valía la pena pero jamás imaginé que aquel camino que inventó mi subconsciente me traería aquí. ¡Entonces sí era un recuerdo!

Pero,¿qué había venido a hacer aquí? Si Edward lo conoce también puede que sea un paseo solicitado. Alomejor la gente suele venir aquí. Es un lugar muy bonito. ¿Vendrá seguido? Me encantaría volver pero si me vuelvo a topar con él pensará que lo estoy siguiendo.

¿Pensaba en volver? ¡Pensaba volver a internarse en el bosque sola! ¡Bella!

-¿Sueles pasear por el bosque?-

Bella negó con la cabeza.

-¿No conocías este lugar?-Mas bien quería saber si no había evocado en ella alguna sensación desconocida como un inesperado y gran amor por mi. Sabía que no, ¡podía leer sus pensamientos! ¡Qué tortura! El año pasado me había frustrado por no saber qué pensaba y ahora estaba frustrado porque sabía con detalle todo lo que pasaba por su cabeza pero nada de ello resultaba una ilusión para mí.

-No-hizo una pausa mientras miraba con detalle cada lugar del bosque y luego posó nuevamente en mi su mirada. Una pequeña sonrisa adornó su rostro, llenándolo de esperanza, y agregó:

-Pero había visto este lugar en mis sueños. Mañana a no ser que llueva vendré de nuevo. Tengo el camino en la memoria, ahora tengo que saber por qué lo conozco y en qué circunstancias lo conocí. ¡Ah! No estaba tan loca después de todo. No todos mis sueños podían ser películas como dijo Jacob. Podría sacarle fotos al lugar y empezar a armar el puzzle…

-No debes caminar por los bosques y menos sola, ¿Estás completamente loca?-las palabras salieron llenas de disgusto y me costó terminar la frase, ahogado en un exasperado bufido. Intenté calmarme.

-Prométeme que no lo volverás a hacer.-Hice una pausa para volver a respirar, había logrado asustarla-Por favor.

-Está bien.-dijo, simple.