Capítulo 12: La aldea de los Tigres
De entre los árboles del bosque Tigresa pudo distinguir una luz que se acercaba a ella. Se quedó totalmente quieta y callada, esperando a que quien fuera el que había hablado, la encontrara. Estaba nerviosa y expectante. Una mano apartó un arbusto que estorbaba, y su dueño entró en el claro con una antorcha en la mano. Hasta ese momento, Tigresa no se había dado cuenta de que había anochecido. El fuego alumbró la cara y el cuerpo de la sombra: era un tigre mucho más alto y corpulento que la maestra, con grandes músculos. Como cualquier macho, iba con pantalones y el pecho descubierto. En su hombro derecho, llevaba colgado un arco y un carcaj lleno de flechas. Parecía unos cinco o seis años mayor que la maestra. Cuando vio a Tigresa, pareció tan sorprendido como ella.
Lo sabía, hay más tigres..., pensó Tigresa.
Otro tigre, algo más bajo que el primero y también bastante más joven, apareció por detrás de este con una lanza en la mano derecha y otra antorcha en la izquierda, la cual estiró para iluminar a la felina. Al parecer eran soldados haciendo una ronda para comprobar que todo estaba en orden, pero el joven no aparentaba más de veinte años.
—¡Uff —resopló —, pero si es una de los nuestros! Señorita, no debería salir del pueblo a estas horas. Puede ser peligroso.
Tigresa abrió la boca, pero no supo qué contestar. Ese tigre la había confundido con una habitante de su pueblo. Antes de que pudiera aclarar su procedencia, el tigre más alto habló por ella.
—No es del pueblo —respondió, sin quitarle los ojos de encima, como si desconfiara.
—¿Cómo que no? —inquirió el otro.
—Conozco a todos y cada uno de los pueblerinos, y te aseguro que es la primera vez que la veo. — Avanzó unos pasos hacia ella. Tigresa retrocedió un poco al no saber a qué atenerse. — ¿Quién eres y qué haces aquí? —preguntó con un tono que la felina no supo decir si era de amenaza o de cortesía.
El tigre se acercó algo más y alumbró su cara. En cuanto la vio mejor, su rostro cambió de expresión. Era como si hubiera visto a un fantasma, como si no pudiera concebir que ella estuviera allí.
Tigresa apartó la antorcha, que parecía estar cada vez más cerca, con el ceño fruncido.
—No es de buena educación apuntar con eso a la gente —dijo la maestra mirando hacia el fuego. El felino alejó el palo ardiendo de ella y se disculpó. —Soy la maestra Tigresa.
—¿Maestra? —preguntó el segundo tigre, que se había acercado hasta ellos.
—De Kung Fu —aclaró la felina.
—Conque maestra de Kung Fu, ¿eh? ¿Quién te entrenó? —preguntó esta vez el corpulento tigre arquero, aún algo serio.
—El maestro Shifu del Palacio de Jade.
—¡Guau! —exclamó el felino más bajo, asombrado. Era joven y fácilmente impresionable. Su compañero, sin embargo, no hizo ningún comentario al respecto. En cambio, seguía con el ceño fruncido. —Y ¿qué te trae por aquí, maestra?
—Llevo viajando varios días. Vengo desde el Valle de la Paz, y me gustaría hablar con vuestro líder, si es que tenéis.
—¡Claro que tenemos! ¡Será un placer llevarte hasta él, ¿verdad, Jian?
Jian, el arquero, se mantuvo indeciso durante unos segundos mientras escrutaba a la maestra. ¿Tan poco se fía de mí?, se preguntó la felina. Finalmente, el tigre asintió poco convencido.
—Está bien. ¿Vienes sola o con alguien más?
Tigresa sonrió, aliviada por la respuesta.
—Vengo con un amigo —dijo, mirando a su espalda, pero allí ya no había nadie. Su corazón se aceleró. ¿Dónde estaba Po? ¿Acaso no la había seguido? ¿Le habría pasado algo? —¿Po? ¡Po! —llamó al aire.
Nadie contestó. La maestra caminó, preocupada, hasta uno de los árboles para comprobar si veía a Po más allá del claro.
—No te preocupes —dijo el soldado más pequeño, amablemente —. Si has perdido a tu amigo, alguno de los nuestros lo encontrará y lo llevará al pueblo. Nuestros soldados recorren nuestra parte del bosque durante toda la noche. Sería muy raro que no dieran con él.
A la maestra parecieron tranquilizarla estas palabras. Po estaría bien. También pensó en algo que había dicho el tigre cuyo nombre desconocía: "nuestra parte". Entonces, recordó la muralla que estaba a unos metros de ella y se preguntó qué habría al otro lado.
—¿Por qué está ahí esa muralla? —inquirió.
—Para separar nuestro pueblo del enemigo —respondió Jian con voz grave, comenzando a caminar —. Síguenos. Te llevaremos hasta Xiong.
Jian lideró el camino, mientras el otro tigre se ponía cerca de Tigresa para escoltarla y en parte también para entablar una conversación con ella.
—No es muy amigable, ¿verdad? —comentó la felina, señalando al arquero con la cara.
El tigre rio.
—Es un poco cascarrabias, pero no es malo, te lo aseguro. Por cierto, me llamo Yu.
—Un placer, Yu —contestó ella —. ¿No eres muy joven para ser soldado?
—En nuestro pueblo, el entrenamiento militar se empieza desde muy temprana edad. Tenemos que estar preparados por si nos ataca el enemigo —explicó con una sonrisa. Parecía emocionado. Era como ver a un niño; un niño al que le dicen desde pequeño que lo van a preparar para luchar contra el mal a pesar de que este nunca llegue.
Tigresa observó la larga muralla que parecía no tener fin.
—¿Qué clase de enemigos son?
—La verdad es que no lo sé. En dieciocho años que tengo, no he tenido la oportunidad de ver ninguno, pero las historias cuentan que son demonios enormes y malvados que pueden camuflarse tanto en la oscuridad de la noche como en la nieve de las montañas a pleno día, y no ser vistos. No sé qué serán, pero lo que todos sabemos es que son muy peligrosos.
—¡Vaya! —resopló Tigresa.
Unos minutos más tarde, llegaron al pueblo. Tigresa no sabía decir si era lo que ella esperaba o no. Había montones de tigres, eso por supuesto, pero, a pesar de que estaban rodeados de bosque por todas partes, la tierra en la que se asentaba el poblado parecía seca y sin vida. Las casas no estaban mal, pero no podían ni compararse a las preciosas viviendas del Valle de la Paz. Y aunque todos allí parecían felices, algo en ese lugar le transmitía a Tigresa una clara sensación de pobreza.
A medida que iban avanzando por el camino de gravilla que cruzaba el pueblo, felinos iguales, pero a la vez diferentes, se giraban para dar la bienvenida con la mirada a una posible nueva habitante del pueblo. Algunos incluso llegaron a reconocerla. A Tigresa le pareció oír en una ocasión cómo un niño decía:
¡Mira, papá, es la maestra Tigresa! ¿Qué hace aquí?
Se sentía contenta y alagada. No esperaba que la acogieran con esa hospitalidad, y mucho menos que en un lugar tan alejado del Valle de la Paz conocieran su nombre.
Llegaron a una casa mucho más grande y lujosa que las demás. En un principio, Tigresa se preguntó qué clase de líder viviría en ese caserón, mientras que sus pueblerinos se mantenían en tal nivel de pobreza. Entraron en la mansión sin pedir permiso. Jian debía ser alguien muy influyente si se tomaba la libertad de entrar en la casa de su jefe sin ni siquiera preguntar. El arquero abrió una gran puerta que daba al salón principal. En él, un tigre robusto y adulto se hallaba sentado en una larga mesa; su mirada fija en unos papeles que tenía entre las manos. Ni siquiera se había dado cuenta de que tenía compañía. A su lado, un tigre aproximadamente de la edad de Tigresa hablaba con él de tácticas de combate.
—Mi señor —lo llamó Jian. Xiong levantó la mirada. —Alguien quiere hablar con usted.
Se apartó para dejar a la vista a la maestra que se encontraba detrás de él junto con Yu. Xiong se levantó inmediatamente de la silla y Tigresa pudo vislumbrar en su rostro la misma expresión de asombro que había visto un rato antes en la cara de Jian. ¿A qué venía tanta sorpresa?
—Es maestra de Kung Fu —añadió rápidamente Jian —. Se llama Tigresa y viene de ser entrenada en el Palacio de Jade por el maestro Shifu.
Xiong asintió y se apresuró a cambiar su gesto serio por una sonrisa hospitalaria y amigable. Se acercó a Tigresa, dejando entre ellos el suficiente espacio para no intimidarla.
—Se bienvenida, maestra. No esperábamos la visita de alguien como tú.
El tigre que había estado hablando con el líder rio mientras se miraba las uñas con interés.
—Realmente, nunca esperamos a nadie —dijo entre dientes y con un tono que a Tigresa no le gustó nada.
Xiong se volvió hacia él.
—Mantén la boca cerrada, Veneno. Nadie ha pedido tu opinión.
Veneno se encogió de hombros con una sonrisa burlona. Xiong, sin embargo, hizo caso omiso a su falta de respeto y se centró en Tigresa.
—Perdona a mi soldado. Es imposible hacerle tener la boca cerrada.
—¿También es un guerrero? —Tigresa estaba sorprendida. No tenía pinta de soldado. En realidad, no tenía pinta de nada que tuviera que ver con ley o justicia. Tenía una mirada peligrosa y sanguinaria, con una sonrisa malévola. Pero estaba claro que a cualquiera que lo viera le infundiría miedo, y seguramente esa sería una de sus mejores armas y la razón por la que Xiong lo quería en su ejército.
—En efecto. Me llamo Kuo, pero puedes llamarme Veneno —dijo el tigre con cierta chulería. A Tigresa cada vez le caía peor.
—Junto a Jian, es uno de mis mejores guerreros —declaró Xiong señalando con la mano al arquero, que se encontraba a unos pasos de la puerta con los brazos cruzados —. Y, dime, maestra, ¿a qué se debe el honor de tu visita?
Tigresa dudó. No sabía por dónde empezar. ¿Debía contarle una historia que para nada le interesaba o ir al grano y pedirle que le hicieran un hueco en su manada? Tal vez debiera empezar por lo más importante: buscar respuestas.
—He hecho un largo viaje para conocer mi pasado. Nunca antes había estado entre iguales a mí. Me crié en un orfanato. Cuando me enteré de que en esta zona había tigres, emprendí el viaje inmediatamente. Necesito saber quién soy; por eso estoy aquí.
Xiong lo tenía cada vez más claro. Todo apuntaba a que la teoría que estaba formando en su cabeza desde que la felina había entrado por la puerta era cierta.
—Entiendo —dijo —. Tigresa, ¿no sabes nada de tus padres?
Ella negó con la cabeza.
—Llegué al orfanato cuando era muy pequeña. No recuerdo nada de mi vida pasada. Vine aquí para encontrar respuestas a mis preguntas.
—Y respuestas tendrás —contestó Xiong —. Todo encaja.
—¿Qué? —preguntó Tigresa, confusa.
—Es normal que nunca te hallas cuestionado el por qué de tu diferencia de los demás tigres, pues según has dicho, nunca habías visto a uno.
—¿De qué habla? ¿Qué diferencia?
—La marca central de tu cara —dijo Veneno, adelantándose a su jefe. Odiaba que se alargaran las cosas innecesariamente. ¿Para qué tanta intriga si al final se iba a saber la verdad? Tonterías las justas. Si su líder no iba al grano, lo haría él. —Míranos a Jian y a mí: las nuestras son iguales, pero la tuya es diferente. Tiene una forma que únicamente posee la de nuestro líder a parte de la tuya.
Tigresa no podía creer lo que oía. Había sido todo demasiado fácil. Miró a Jian y a Kuo, y tal y como había dicho este, sus marcas eran iguales, pero diferentes a las de ella. La de Xiong, sin embargo, era idéntica.
—Hace unos años, tuve una preciosa hija con una tigresa, pero esa maldita mujer me abandonó, llevándose consigo a mi heredera. No volví a saber nada de ninguna de ellas. Y ahora, después de tantos años de desaparición, llega una joven sin pasado, que busca a sus padres y que tiene la misma marca que yo. ¿Qué te hace suponer eso? —inquirió Xiong, claramente emocionado.
Tigresa estaba muda por el shock de la situación. Su cerebro era incapaz de procesar toda la información que había recibido en apenas unos minutos.
—Tigresa...Soy tu padre.
Continuará...
¡Hola a todos! ^^ Por fin termina el viaje de nuestros héroes. Tigresa por fin ha llegado a la aldea y se ha reencontrado con su padre biológico. Mmm...Me da la impresión de que todo fue demasiado fácil, pero lo que le espera a nuestra felina no lo será. Jejeje...Y por cierto, ¿qué le habrá pasado a Po? ¿Por qué no ha aparecido en todo el capítulo? ¡Lo veremos en el próximo episodio! Uy, perdonad, que no estamos en la tele. xD
Rolos21mf: Admirador o fan, las dos son palabras exageradas para referirte a ti mismo con respecto a mí. xD jajaja Ambas quedan bien, gracias. Te he vuelto a dejar con la intriga de quién será el que esté delante de Po, aunque la verdad es que dejé alguna pista. :P Supongo que alguien lo adivinará.
Rocio AJ: Sí, yo también lo oí. xD Busqué el capítulo y lo escuché. ¡Increíble! Jajaja. En verdad me parece adorable. ^^ Ah, y ya estoy mejor del resfriado. Es que es una época muy mala. Pero no pasa nada, por muchas veces que caiga, me seguiré levantando para continuar con el fic hasta el final. :D
MasterTigress01: No es que no me agrade la idea de que tengan hijos Tigresa y Po, es solo que no sabría escribir algo como eso. Es decir, ¿qué saldría de ahí? xD No sé si tengo la suficiente imaginación para eso. Prefiero dejarles ese trabajo a otros y contar simplemente cómo se enamoran. Jajaja.
DN: ¡Ese es el espíritu! :D Buscar que corrijan tus errores y no sentirte mal por ello. ¿Sabes? La primera vez que me criticaron me enfadé muchísimo. Después me sirvió mucho, claro. xD Si hubieras visto cómo escribía...Todo lleno de faltas de ortografía, con los personajes OoC, sin rayas de diálogo, sin narración...Era para pegarme. xD
Acoatl: ¡El viaje ha durado 4 capítulos, si hubiera seguido con él, no terminaría el fic en años! xD Jajaja. Oye, por tu culpa al final me voy a enganchar a la serie. . Cuando me dijiste eso de que Po intentaba ligar con Tigresa (el Po malo, claro está), busqué los capítulos y los vi por encima. ¡Dios, Tigresa es adorable cuando abraza a Shifu! *.* Y me encanta el Po malo diciéndole a Tigresa: hey, good-looking, what's shaking? xD jajaja Increíble. Ah, y cuando en el capítulo que creen que Po va a volverse malo, dice Po que no se convertirá en malvado porque no es parte de los cinco Furiosos, y añade que Tigresa podría ser la que se convierta en mala. Y dice Tigresa: ¡Lo he oído! xD Ups...Voy a parar ya. Lo siento, es que me emociono. Eso sí, por favor: ¡A los que vean la serie: cuando pase algo lindo entre Tigresa y Po o cualquier cosa de Tigresa que merezca la pena ver, hacédmelo saber! xD
Bueno, ahora sí me despido. Siento toda esta charla. xD Gracias por vuestros buenos deseos de que me recupere pronto. Ya casi estoy bien. ^^
¡Hasta la próxima!
Pétalo-VJ
