.11.
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Tal vez, si me dejaras amarte. Realizarías que toda tu vida se encuentra a mi lado.
—Un rostro familiar—
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—¡Mira! ¡Mira! El nene va a llorar por su mami —gritó uno, notando como los ojos del niño se aguaban y su labio inferior temblaba separado del superior en una expresión de miedo—. Patético parece una niña a quien le quitaron los dulces —rió con fuerza.
—Un niño llorón —se unió otro a la vez—, ¿necesitas a tu mamita, eh, niño patético y llorón? ¿La necesitas porque estás triste y quieres llorar cual nenita? "Mami mami los niños malos del parque me hicieron daño y me llamaron niña".
—¡Yo-yo no, NO-voy a llorar mal nacidos! —tartamudeó.
El ambiente cambió de repente y asustado el pequeño se dio cuenta de su error muy tarde. Su pie inconscientemente dio un paso atrás pero todos dieron uno adelante en respuesta. Miró a los lados en busca de ayuda desesperada pero no había ningún adulto a la vista. No había ayuda para acudir.
—¿¡A quién llamas mal nacido niñita!? —gritó uno de ellos, el líder con su cabello ligeramente aclarado en amarillo y la camisa de una banda de rock rota en algunos sitios y arrugada de mal doblez. Estirando de golpe su mano atrapó el cuello de la camisa del niño y este tembló cuando se vio más cerca de su abusador.
El rubio: Shin, miró a sus dos amigos a cada lado sonriendo con maldad. No era su culpa que el niño le hubiera insultado, feliz se hubiera conformado con sólo asustarlo pero ahora, oh, ahora era personal.
—¡Por favor, no- por...!
—Cállate —lo zarandeó haciendo que más espasmos se creacen en su boca.
Harto miró a sus dos amigos.
—¿Y bien? ¿Qué hacemos con este niñita? —preguntó sarcástico, a su derecha el de cabellos oscuros y lentes de marco negro tronó un poco sus dedos dando a entender toda su respuesta; Gintoki al otro lado sonrió y asintió animadamente—. Este es tu día de suerte nenita... —cantó de nuevo al pequeño, disfrutando como sus grandes ojos chocolates crecían a cada palabra y parecían al borde del llanto.
Acercó su cara no queriendo perder la oportunidad de ver su miedo cambiar a terror, de su piel palidecer de golpe y de sus lágrimas hacer aparición con fuerza. Siendo lo mismo que sucedía siempre que Sasomaru entraba en juego.
—Sasomaru está de ánimo para hacer una excepción contigo —sonrió. Viendo la confusión en los ojos del pequeño le hizo aumentar la mueca—. Tienes suerte del millón de Ryos pequeño, en una pelea de boxeo se lastimó la mano pero, hoy, y sólo para ti, siente que ya está sanada y puede darte una muestra de su habilidad en primera fila —enfatizó.
La respuesta no fue la que imaginó aunque. Ni la que tenía preparada. Para su sorpresa, reacción de golpe abriendo los ojos en grande y mirando a su amigo.
—¡¿ESTÁS LOCO?! —gritó como si la situación no fuera mala para él, y con una fuerza que hizo que Shin frunciera sus ojos por lo agudo. Sasomaru se detuvo mientras vendaba una de sus manos, este levantó la mirada de su tarea y lo vio con una ceja alzada, dudoso—. ¡Un ligamento roto o fractura o inclusive una simple lesión debe ser tomada con mucho cuido para no traer problemas a futuro! ¡Más si dependes de sus manos para hacer deporte! —gritó con escándalo— ¡No deberías usarla!
Shin no lo soltó desde el collarín pero aún sujetado caminó rápido hasta Sasomaru acercándose como si fuera normal a los demás acercarse a su abusador cuando tenía los puños preparados para golpearlo. Lo soltó después de eso, confiando que cerca de su amigo este lo golpearía cuando quisiera.
—¿De dónde salió este loco? —murmuró bajo su aliento Gintoki.
—Una herida por más leve que sea si no se le da la cura adecuada puede causar problemas a largo plazo —murmuró tomando la mano vendada del moreno, sus cejas se fruncieron en pensamiento y comenzó a mover dedo por dedo con cuidado—, si es mal sanada o vuelve a lesionarse en medio de la cura podrías ocasionar un crecimiento anormal del hueso que, aunque puedes adaptarlo a las acciones diarias, podría obligarte a renunciar al boxeo para siempre.
Como si hubiera sido golpeado en la cara Sasomaru dio un paso atrás, a lo que el niño le siguió sin miedo. Su piel palideció con el pensamiento y vio al niño que trataba de sujetar correctamente su palma sin ejercer fuerza.
—¿De verdad? —susurró angustiado. Él asintió sin verlo a los ojos.
—Sí —asintió. Luego frunció el ceño y lamió sus labios—. Pero... parece que sólo te separaste ligeramente el hueso de los ligamentos. ¿Un golpe mal acertado? Me lo imaginaba —respondió al ver al pre adolescente asentir confundido, si era por su conocimiento o su forma de actuar no lo sabía—, parece sanado pero yo no me arriesgaría. ¿Dos semanas tal vez? ¿Llevas diez días de reposo verdad?
De nuevo, sorprendido Sasomaru asintió, a su lado Gintoki silbó sonoramente viendo el desenlace de las cosas.
El niño de ojos marrones y cabello como la madera sonrió con ternura.
—Relaja la mano, —indicó con cariño obligándolo a hacer caso—, deja de trabajar tanto los músculos y ponte en las noches antes de dormir preferiblemente compresas de agua fría intercalas con toallas calientes. Una crema desinflamar no estaría mal y ¡no te atrevas a usar esa mano! ¡Dependes de ella! ¡Recuérdalo!—insistió con fuerza.
Sasomaru, teniendo que bajar la mirada para poder ver a los ojos del pequeño, parpadeó con lentitud, retiró su mano herida de las suyas y puso la otra en su coronilla; sobre sus cabellos suaves al tacto.
—Lo haré —prometió. Y luego más bajo—: y gracias —agregó con sinceridad.
En respuesta el niño quien no parecía más asustado de ellos, se sonrojó considerablemente y una gran sonrisa creció en su rostro, sus manos se alzaron hasta tomar cada una de sus mejillas y Gintoki y Sasomaru no pudieron evitar verse divertidos por la ternura total del pequeño.
—Parece un peluche —comentó Gintoki también uniéndose a Sasomaru en desarreglar los cabellos del pequeño—, como los que tiene mi hermana en su cuarto. Suaves y lindos —carcajeó un poco, el pequeño en respuesta lo miró entre sus manos.
—¡No creas que tus halagos me hacen sentir bien malnacido! —exclamó todo sonrojado y sonriendo. Ahora Gintoki no lo soportó y rió con todo lo que podía ganándose una sonrisa ligera de Sasomaru—. ¡Decir-decirme lindo no te servirá de nada! ¡Tonto! ¡Deja de reírte! —siguió gritando mientras sonreía feliz. Ambos muchachos continuaron haciéndole cariño al niño y de vez en cuando soltando un halago sólo para ver la reacción del mismo.
Mientras, Shin, olvidado en la situación, vio toda la escena en silencio. ¿Por qué sus amigos se estaban portando tan bien con el bebé? Eran los amigos de Shin, suyos, ese niño no tenía derecho hacerles cambiar de parecer, ¡Shin debía ser su líder y ellos siempre lo escucharían esas eran las reglas! ¿¡Si no quién lo escucharía!? ¿¡Si no quién estaría ahí para decirles a los demás que no había sido él!?
Colérico, celoso y sintiéndose traicionado, Shin extendió la mano y tomó al niño de cabellos marrones desde el collarín como había hecho antes, sólo que ahora por detrás. Tanto Sasomaru como Gintoki exclamaron sorprendidos pero fue el grito del niño, cuando lo lanzó con toda su fuerza volando lejos de ellos, el que resonó con más fuerza en el ambiente.
—¡Bastardo! —Shin le gritó al cuerpo menudo tratando de elevarse del suelo. Notó que un ojo estaba negro del roce de la tierra, pero también que entre las pequeñas líneas de piel hilos de sangre descendían por su mejillas—, ¡¿Vas a llorar nenita?! ¡¿Vas a hacer lo único que puedes hacer!? —gritó colérico.
—¡Shin qué te pasa! —sintió unas manos tomarle por los hombros pero con una sacudida las alejó, concentrado en el bulto del niño que temblaba, en sus labios amoratado y en el temblor y miedo de sus ojos—, ¡eso está mal amigo! ¡Cálmate no se merece algo así!
—¿Qué no se merecía algo así? —preguntó sarcástico sin voltear a verlo—. ¿Y qué hay de todos esos niños antes de él Gin? ¿De quienes Sasomaru con sus puños molió a golpes hasta que escupían sangre y lloraban por ayuda donde tú siempre te quedabas riendo en una esquina y haciendo comentarios irónicos sobre sus lágrimas y yo evitaba que huyeran? ¿Él vale más que ellos? ¿¡Eh!? ¿¡Acaso esa nenita vale más que ellos!? —gritó molesto.
Alguien inspiró detrás de él y por alguna razón oyó también un jadeo.
Ignorándolo continuó:— Ellos tal vez tampoco se lo merecían pero lo hicimos, a cada uno de ellos que elegimos como nenas ¡lo hicimos y lo justo es que todos paguen por igual! ¡Qué todos sufran lo mismo no es así amigos!
—El dolor es obligatorio —contradijo una voz con calma—, pero el sufrimiento es opcional —proveyó.
—¿¡Quién...!? —gritó sorprendido.
Todos voltearon en ese instante a ver al dueño de la nueva voz que había hablado. Los miraba con calma pero dureza, desde lo alto, con una postura que reflejaba liderazgo y su expresión en total blanco.
—El monstruo —murmuró Gintoki bajo, pero Shin notó que el nuevo hombre reaccionó por el nombre. Y eso le dio más miedo, porque él también había escuchado los cuentos de su mamá sobre el monstruo que habitaba los edificios de esa zona. Decían que era un hombre grande y de ojos de demonio, con una fuerza suficiente como para matar a tres humanos solo y con un amor por la violencia que le hacía ocultarse de la vista de los demás.
Callado, sigiloso, y de pasado oscuro... También hablaban de su cabello verde. Apostando sobre promesas en bandas o símbolos ocultos de la mafia. Pero nunca Shin había escuchado nada de que estaba lleno de cicatrices en todo el cuerpo. Y eso le dio más miedo. Porque del borde de su camisa notó un muñón pálido que comenzaba desde ahí y terminaba en algún sitio de su pecho. Que de sus brazos líneas largas, delgadas y rectas parecían haber sido a mano con propósito artesanal y de sufrimiento. Que cerca de una de sus palmas aparecía un círculo completo, como una bala de pistola pensó mordiendo su labio para evitar el grito de ayuda que se formaba en su interior. Shin era fuerte, él no era una niña para necesitar ayuda de extraños. Ni siquiera, cuando notó que bajo la grasa y heridas de cada brazo el monstruo, habían indicios de músculos capaces de asesinar a tres hombres por su cuenta.
Con cuidado, viendo a cada niño frente a él, Zoro dio otro paso al frente y se arrodilló en el suelo quedando a la altura de la visión de todos. Trató de no mostrar la más mínima amenaza en su lenguaje corporal cauteloso de no alzar la voz. Notaba como los tres veían su cuerpo como un arma y temblaban, pero necesitaba hacer esto bien.
Necesitaba hacerl—
—¿Tú nombre es Shin? —preguntó. Y el niño de cabello rubio recién notó que era grave y profunda, pero pronunciada con calma, con una gentileza y paz que hacían que lo viera menos asustado.
Confundido asintió. Aún extrañando del contraste del físico (del pasado, de la guerra, del peligro–) del hombre con su tono.
—Mucho gusto —asintió.
Sonrió un poco y lo miró antes de hablar. Vio su ropa, vio sus ojos y notó el cabello de raíces más oscuras que del resto.
—¿Puedo preguntarte, Shin, qué haces en tus ratos libres cuando estás aburrido y por tu cuenta? —preguntó con la misma calma, abriendo sus codos y dejando cada brazo reposar sobre las piernas.
El rubio vio a sus dos amigos a cada lado del hombre igual de precavidos, pero después recordó que había dicho "por tu cuenta" y no hizo nada más que negar.
—Nada —admitió.
—¿No lees un libro, ves televisión o haces las tareas? ¿Nada? —repitió.
—Yo... —suspiró—; no me gusta estar solo. En casa siempre me siento así.
Zoro asintió en respuesta dándole a entender que escuchaba, de repente entristecido, Shin continuó.
—Nadie trata nunca de oír mis problemas —murmuró viendo al asfalto bajo sus pies—. Siempre que algo se rompe es mi culpa aunque no lo sea y trato de convencerlos de la verdad pero no hay caso, y pasa lo mismo en el colegio. Los profesores me culpan de cosas que nunca he hecho y —inhaló sintiendo la nariz mocosa y parpadeó con la mirada aguada—, ¡y no importa lo que diga!... Ellos nunca escuchan... Ellos me ven como si fuera mi culpa... Odio estar solo, me hace sentir que pueden culparme de cualquier cosa porque no hubo nadie a mi lado para poder decir que no lo hice así que... Así que estoy con Gin y con Saso y ellos me acompañan y por eso no me siento tan...
—¿Tú crees que si ese niño que golpeaste llega a su casa así sus padres van a creer que lo golpearon y no que se metió en una pelea por su cuenta? —le interrumpió cuando iba a decir "solo"—, ¿piensas que no lo culparan de algo que no fue culpable y no sufrirá por ello?
Elevándose del suelo y habiendo podido entender todo desde lejos, Zoro palmeó el hombro del paralizado Shin y caminó a donde estaba el abusado aún tratando de elevarse del suelo y moqueando a moco suelto. Notó que era más joven que lo otros dos, pero también que el gorro tirado en el suelo debía haber sido suyo, habiéndose caído en el golpe.
Se agachó con cuidado tomando la prenda, y luego avanzó hasta el niño sin elevarse.
—¿Puedes pararte? —preguntó con cuidado sonriendo lo más amablemente que podía. El niño le miró, dejó su mano reposar sobre su ojo sangrante, mordió su labio en dolor y luego negó. Asintiendo Zoro se acercó más a él—, voy a llevarte cargado a mi casa entonces, ¿ves esa ventana? ¿La del quinto piso con las ventanas cerradas y cortinas blancas? Ahí vivo. Voy a tomarte e iremos juntos. Curaremos tus heridas y llamaremos a tu familia ¿de acuerdo? No te preocupes está bien llorar, fuiste muy fuerte. Puedes soltarlo todo.
Y así, con su cabeza oculta tras su hombro y su cuerpo siendo cargado por Zoro, el niño lloró desconsolada y finalmente. Liberando todo el miedo y estrés de los últimos minutos, diciendo entre jadeos y lágrimas todo el miedo que había sentido y lo mucho que le dolía la cara. En palabras suaves y consoladores Zoro le susurró al oído lo grande de su fuerza y lo impenetrable de su voluntad. Acarició su espalda con una mano y frotó las escapulas cuando los temblores aumentaron bajo su camisa.
—¡AH! ¡Policía! ¡Policía! ¡Se lleva al niño! ¡El criminal de la calle se está llevando al...!
Y antes de que Zoro pudiera voltearse y aclarar con dolor la situación, tanto Gintoki como Sasomaru habían volteado sus cuerpos hacia la señora saliendo de una tienda.
—Es un malentendido señora —sonrió moviendo las manos en negación—, verá nosotros y nuestro eh-amigo, se cayó mientras jugábamos, le pedimos al señor que lo curara nada más.
—Sí —agregó Sasomaru—, no se preocupe.
Viendo el desenlace Zoro miró al pequeño entre sus brazos y le preguntó con suavidad.
—¿Quieres que ellos vengan contigo a mi apartamento? —dijo con cuidado y sosteniendo la parte inferior de sus muslos con firmeza pero sin fuerza. El niño inspiró, lo pensó por unos momentos y después negó con rapidez.
Y así, asintiendo, Zoro entró a su edifico.
—Sanji cariño —comenzó a decir con voz baja y cariñosa—, ¿quieres más agua o acostarte? ¿Estás cansado? —preguntó.
El olor a sopa de pescado en la boca del rubio le acompañó al hablar e internamente Nami le agradeció a cualquier Dios que había intervenido en no haber hecho tan oloroso el cuerpo del cocinero después de (quién sabe cuánto) sin bañarse.
Sanji suspiró, con sus manos restregó sus ojos y exhaló con los dientes apretados.
—Yo... —carraspeó aclarando su voz—, creo que dormir no está mal Nami belleza, admito que me siento agotado —rió sin gracia—, como si hubiera corrido un maratón sin mover un sólo dedo —agregó mirando al suelo.
—Sanji, eso es común cariño. Sentirte así, es normal. Aunque no hayas movido un dedo esto —señaló con su mano el corazón del rubio. Negó un poco y sonrió con tristeza—, eso agita más al cuerpo que cualquier ejercicio que puedas pensar, créeme, lo he vivido —suspiró al final.
Luego volvió a negar, y habló con una gran sonrisa antes de que el rubio contestara.
—Pero hay que animarnos. Un hueso roto o un músculo desgarrado pueden sanar con el tiempo pero un corazón roto es indispensable. ¡Ussop! ¡Brook!
Algo hizo un sonido de 'crack' y Sanji dio un salto en su lugar cuando algo pesado cayó al suelo. De la puerta de la cocina estando el primero con un gorro de chef lleno de harina y el segundo con las manos llenas de una masa clara y líquida se asomaron los llamados.
—¿Si Nami? —preguntó Ussop con duda, al otro lado de la sala vio a la pareja sentada en el mismo sofá de cuero negro que había comenzado todo. Robin había salido a comprar vitaminas luego de notar la falta de energía de su amigo y Franky había sacado a pasear a Luffy luego que el Monkey casi tirara al suelo un cuadro de la pared.
O había sido Franky con Luffy cuando se habían dado cuenta que no había más cola... El punto es que no volverían en un largo rato concluyó al final.
Nami contestó sonriendo y ambos ignoraron las manos en puño de Sanji a su lado.
—¡Sí! —asintió—, Sanji está cansado así que voy a llevarlo a relajarse por un rato en su cama. Ustedes sigan con el desayuno mientras, y no rompan nada. —A su lado una ceja rizada tembló.
—¡Claro! ¡Claro! Sin problemas que el gran Ussop les cocinará como sólo él sabe hacer —prometió heroico—, ¡mis tortas de masa secreta con tocino y jalea los sorprenderán con fuerza!
—¡Yohohoho! no se preocupe señorita Nami, como dijo nuestro gran amigo Ussop la comida va ha ser digna de reyes y duques y podrá ser ingerida por todos nosotros en tiempo récord —dejó de reír moviendo su largo afro. Y luego inclinó la cabeza a un lado—, ah, aunque una duda de ser posible —pidió con el rostro en blanco—, ¿primero hay que agregar la azúcar a la masa? ¿Cómo se prende el batidor? Aquí mi buen amigo Ussop y yo estamos sufriendo con el mecanismo tan complicado del aparato —se lamentó con profundo pesar—, ¿no ven que ya soy sólo huesos por todo este tiempo esperando?
Un segundo de silencio.
—¡YOHOHOHO! ¡Broma de delgados! ¡No importa cuánto coma siempre soy sólo huesos! —rió con fuerza. Tanto Ussop como Nami negaron por ello.
—Como digas Brook. Sólo huesos —aceptó sin darle fuerza—. Ahora vamos Sanji —dijo cariño—, así te cambias la ropa, acomodamos tu cama, apagamos las luces y...
Cuando vio al rubio a su lado después de sentir el temblor a través del cuero del sofá. Nami no esperó verlo con los puños temblando de la fuerza aplicada al nivel de sus rodillas y su rostro lleno de espasmos esporádicos: en sus cejas, labio superior, párpado y nariz.
—¿Sanji? —preguntó insegura.
La pregunta fue como un resorte.
—¡Ustedes dos bastardos! ¡Fuera de mi cocina! ¡Saquen sus sucias manos de mi batidora BeautyNight-60 y de mis hornillas eléctricas de última generación y, o por dios Ussop, te juro que si estás haciendo unos putos waffles con mis huevos de codorniz te asesino! ¡MEJOR DATE ENTONCES POR MUERTO BASTARDO! ¡¿OÍSTE?!
El ingeniero abrió los ojos en grande, lentamente se quitó la gorra de chef, la dejó a sus pies en el suelo, y luego, así como así: desapareció, sólo el sonido de la puerta al abrirse y de sus pasos desesperados como único indicio de su existencia.
Sanji no tardó en reaccionar a ello para su mala suerte, saltando tras de él y desapareciendo tras su amigo maratonista al instante.
Nami desde el sillón inspiró, estiró piernas, se puso más atrás en el sofá con los cojines abrazando su figura y tomó el mando del televisor que estaba en el borde sonriendo al cambiar canales hasta "Shark Tank", sonriendo al notar un nuevo capítulo de la semana.
—Hum, ¿señorita Nami? —preguntó Brook rascándose con un dedo su cabeza (mismo dedo manchado en masa notó la mujer suspirando)—, ¿usted no tendría esto planeado desde que nos pidió a Ussop y a mí cocinar el desayuno, verdad?
La mujer le miró un largo rato, con seriedad y la misma expresión de preocupación que había tenido desde que Sanji había aparecido. Pero esta rompió en una sonrisa lenta y floja con el tiempo y, fue el limite de todo para Brook, cuando el chillido característico de un "¡Ayu-!" seguido de algo rompiéndose sonó por la ventana.
—¡Yohohoho! ¡Qué amigos más especiales tengo yo! —agradeció sin detenerse—, ¡hacen que mi corazón salte de alegría, pero, ah, soy demasiado delgado como para tener un corazón que salte! ¡Yohohoho! ¡Corazón! ¡Huesos! ¡OH-! ¡Música!
Nami negó con cuidado y se hundió más en el mueble. Cuando palmeó a su lado Brook sonriendo fue por bebidas para los dos (su buen amigo Sanji por más que quisiera negarlo siempre tenía los gustos de cada uno en su nevera) y mientras veían el programa juntos aún después de ver el ingeniero llegar con su ojo morado y al cocinero pisar fuerte entrando a su sala de la creación, no sintieron la más mínima vergüenza en quedarse donde estaban. Aún, cuando dicho ingeniero se puso frente a ellos dos y Nami notó la hinchazón en su labio.
—No seas aguado. Tómalo como entrenamiento, oh gran Rey de los maratones Ussop —sonrió con maldad antes de cambiar canal. El olor de algo dulce siendo cocinado seguido de un sonido característico de la estufa al ser encendida fue la mayor satisfacción que pudo haber recibido ese día Nami—. Por dios ya deja el tema y ponte a mi lado, no te rompió nada que no sane de igual forma.
—Te odio —dijo y de igual coma hizo caso, ella se encogió de hombros en respuesta.
—Y aún así me pides consejos en el amor —finalizó, al tiempo que la risa de Brook rompía el ambiente de nuevo.
Cinco meses atrás...
—Tengo sueño.
—Ve a dormir.
Un bostezo—: No —inspiró con fuerza—, no... yo... hace tiempo que no hablábamos, cuéntame ¿cómo ha ido todo? —preguntó adormilado.
Zoro sonriendo apoyó su mejilla en la palma de la mano y reposó el brazo en la almohada. Estando boca abajo la tela hacía presión cómodamente contra su pecho y con la manta encima sólo sentía frío desde los hombros ha su cabeza.
La pequeña sonrisa se tornó en una de más cariño cuando oyó el chasquido característico del encendedor de su amigo.
—Tus pulmones deben ser más negros que mi alma —comentó en broma oyendo el inhalar y exhalar.
—Cállate bastardo —respondió sin perder un segundo. Exhaló una bocana de humo y a lo lejos Zoro pudo jurar el zumbido de un carro al pasar con rapidez—. Tu no eres nadie para...
—¿Dónde andas? —le interrumpió. No pudo evitar no sonreír cuando Blonde insultó al otro lado entre dientes. Ah que más da, pensó, luego se carcajeó abrazando la almohada bajo él— ¿No son como, no sé, las dos de la mañana allá?
Blonde suspiró, y volvió a escuchar la inhalación de su veneno favorito.
Exhaló el aire haciendo un leve silbido con labios y suspiró con calma antes de hablar.
—Aún me da escalofríos que sepas tanto de mi horario —admitió—. No sé para que usamos seudónimos si hallas todo de igual forma. Y no —siguió cuando Zoro pensaba contestar—, casi, pero no. Son las- déjame ver... Tres con quince de la mañana.
Otro zumbido de un carro.
—¿Por qué no duermes? —preguntó con más tacto que antes. Debía estar su amigo muy cansado entonces.
—Ehg —hizo un sonido, y pudo jurar por el teléfono que encogía sus hombros.
Zoro elevó la cabeza aún estando acostado y por alguna razón, la voz tranquila y la exhalación de fondo del cigarro de Blonde le provocaron hacer algo a parte de hablar. Por lo cual extendió su mano, elevándose y poco en el proceso, encendió la lámpara de luz amarilla de su mesa de noche y luego tomó el libro que estaba a medio comenzar sobre la misma. La tapa era clara y rojiza en los bordes pero las letras elegantes y grandes.
—Tengo un turno ahora a las cuatro treinta, dormir una hora me va a ser más daño que bien, créeme —murmuró en voz baja—. Y yo... No sé... Hace mucho que no me detenía a ver el cielo de mi ventana —admitió.
Con la página del marca libro (una larga tira de dos colores que tenía el propósito de aparentar ser una espada hecha por una niña que durante un tiempo fue su alumna. Ah, Kimiko. Aún guardaba con cariño su arte) abierta, y el dedo ya buscando el párrafo final Zoro se detuvo.
Sanji desde su apartamento, apoyado en la baranda de metal y viendo desde su pequeño balcón la noche iluminada de la ciudad en su máxima expresión. Dejó que el humo se retuviera un tiempo en sus pulmones antes de liberarlo y suspiró con cansancio luego de unos segundos.
—Antes lo hacía cada noche —recordó en voz alta. Miró abajo donde tres borrachos trataban de llegar a casa y sonrió cuando ningún taxi quiso detenerse por miedo a terminar con vómito en los asientos. Clásico de las tres de la mañana—. Cuando volvía de turno del Baratie exhausto y muerto de sueño siempre me juraba dormir al instante. Comía las sobras de la mañana, me servía a veces una copa de vino y otras un simple té y siempre fumaba el último cigarro del día apoyado en el balcón.
Miró al cielo deteniéndose en las únicas dos constelaciones que se sabía: Capricornio y Libra, y por alguna razón la oleada de melancolía y cariño que llenó su cuerpo le hicieron querer llorar. Era tan hermoso. Era tan hermoso y por tanto tiempo lo había olvidado.
—Y hoy... hoy quise hacerlo por alguna razón —admitió susurrando con tristeza, pequeñas bocanadas de aire escapándose por su nariz.
—¿Qué ves? —la voz del hombre fue repentina para él. Casi había olvidado que seguía en línea.
Negando bajó de nuevo la mirada, ya le comenzaba a doler el cuello.
—El cielo, la luna, las estrellas —contó—, lo que uno espera ver en un puto cielo nocturno Monster, ¿qué más esperabas? —soltó, y casi mordió su lengua sin haber notado lo pedante del comentario hasta que lo dijo. Por eso sus amigos no acostumbraban a llamarlo, por eso debía cambiar, por eso Zeff le ordenaba tomar clases de ira y siempre, siempre debía ser él el que veía al otro en la relación disculparse por todo.
Aún cuando siempre era su culpa.
—Buen punto —respondió Monster para su sorpresa. Usando un tono igual de calmado y en paz que antes. ¿Acaso el tipo era un puto monje? Era eso o nada porque era imposible tener esa cantidad de paciencia con nadie de no ser así...—
—Espera ¿en Japón eran otra cosa? Pensó de repente. ¿Budas? ¿Ninjas?
—¿Pero qué es lo que hace especial ese cielo Blonde? —insistió—. ¿Las estrellas son más brillantes? ¿El negro es más perpetuo? ¿Sientes un viento frío que acaricia tu rostro, un susurro lejano que llena el eco, un suspiro de todo el mundo en sincronía contigo, con lo que sientes? ¿Todo eso: la calma, la nostalgia, ese silencio, ese acuerdo tácito con cada criatura de la noche con que ese es tu lugar y perteneces a ese instante, que no estás nunca solo?
Al borde del llanto, Sanji asintió.
—Sí —murmuró—, todo eso lo siento.
Y en su cama, con el libro abierto y habiendo avanzado dos páginas con el silencio de Blonde, Zoro le sonrió con cansancio al teléfono ahora boca arriba frente a él.
—Yo también he tenido esas noches —admitió sonriendo. En su memoria no siendo un balcón, una ciudad y unos carros; si no un tobogán, un parque y grillos. Solo. Pero a la vez, sintiéndose acompañado por cada ser que habitaba la noche...— ¿Quieres que cuelgue? —preguntó de repente—, noches así son especiales.
—No. No, yo... Quédate conmigo. Por favor —y después agregó para no parecer tan desesperado—, es una noche demasiado bella como para pasarla sin compañía.
Zoro sin decir nada asintió y se dejó ser arrullado por los sonidos de un carro eventual al pasar, luces de un semáforo cambiando, y el suave y constante crepitar de las llamas del cigarro en conjunto de la inhalación y exhalación lenta de Blonde. Donde las llamas se consumían con cada sorbo de humo. Como una canción de cuna lejana, intervenida por el pasar de las hojas de su libro y el murmuró silencioso de su aire acondicionado encendido.
Fue el sonido de un timbre agudo lo que le hizo saltar en su cama asustado recién realizando lo calmado y tranquilo que había estado y miró al teléfono sobresaltado.
—¡Mierda! Dejé caer el cigarro maldito teléfono —masculló bajo —, ah... perdona Monster. Esa es mi llamada de acción. En media hora debo trabajar —y aunque Zoro no preguntó explicó todo—. Es un servicio de catering para una fiesta, no es nada del otro mundo pero ellos querían y cito "tener un desayuno estilo francés con los primeros rayos del sol" —rió un poco.
—¿Desayunar a las cuatro y media de la mañana? —preguntó incrédulo.
—Si llevas toda la noche festejando, supongo que a esa hora comienza el día para ti.
Por unos segundos más ninguno de los dos dijo nada. Sanji habiendo o no recordado la presencia de la llamada en su teléfono mientras entraba a su habitación y abría el closet en busca de nueva ropa, mientras que Zoro se estiró y volvió a dejar el libro en su lugar y la luz apagada, ya sin sentido de estar despierto por más tiempo.
—Oy bastardo —la voz fina del hombre le sorprendió luego de unos minutos en oscuridad, ladeó su cuerpo hacia el teléfono y se fijó en el brillo azul de la pantalla encendida—. ¿Qué haces? —preguntó.
—Dormir.
—Espera —abrió la puerta de su casa por él sonido y cuando oyó el timbre de un ascensor al abrir Zoro confirmó sus sospechas que el otro hombre vivía en un apartamento como él—. ¿No son allá como las seis, siete de la noche? ¿Qué haces dormido a estas horas? —preguntó incrédulo.
—Ocho —aclaró sin dejar de ver el teléfono sobre su almohada. Cuando abrió la boca para responder después las palabras se negaron a salir con la misma facilidad.
—¿Monster? —su voz sonó preocupada.
Zoro en la cama se permito cerrar los ojos y apretar los párpados hasta ver motas naranjas en el fondo. Inspiró por la boca y exhaló por la nariz. Sus manos temblaron un poco cuando volvió a abrir la boca y, aunque no lo admitiera, sintió que el aire había bajado de temperatura en su cuarto de repente.
Antes de que Blonde volviera a pedir por él, llamarlo por lo que era, de nuevo; Zoro contestó.
—Hace poco comencé a entrenar —admitió susurrando, feliz que el silencio de todo lo demás le permitiera no tener que alzar la voz.
—¡En serio! ¡Monster amigo eso es asombroso! —exclamó con emoción, tal vez Blonde pensando que era la primera vez que Zoro lo hacía. Aunque no tenía intenciones de aclararle su opinión pensó con una mueca—. Pero aún no entiendo por qué tan temprano —continuó con duda.
—Salgo a caminar es en la madrugada —admitió no sin un poco de vergüenza, sabiendo lo mal que sonaba eso—, no... No me gusta la gente y a esa hora me siento seguro que nadie... Que nada va a pasar...
—Si eso es lo que te funciona. —Oyó el sonido de un motor al ser puesto el marcha y el de música jazz al ser puesta—. Por mí perfecto. Felicidades Monster, vas a ver como en poco tiempo comienzas a sentir la adrenalina de querer mejorar cada día. Es una droga muy fuerte Bastardo así que te recomiendo tomarlo con calma pero... La emoción: la adrenalina de correr tu primer kilómetro no se compara a nada, eso te lo juro por mis manos.
Zoro entendió que debía ser una broma, aunque no supo aún por qué Blonde pareció tan divertido por la misma.
—Te creo —respiró aclarando su visión y sintiendo los párpados pesados no por el sueño sino por las lágrimas—. Te creo —repitió y su mano sin permiso sujetó la sabana y la apretó con fuerza, cortando la circulación de sangre y temblando de lado a lado.
—Adiós Monster, gracias por la compañía. Todos mi amigos están dormidos a esta hora pero... Disfruté hablando contigo.
—Igual. Adiós.
Y colgó. Emoción, culpa, deseo, dolor, ira, tristeza, celos, envidia, un cúmulo de emociones sin sentido ni nombre se formaron en el estómago de Zoro. Sus manos temblando, las lágrimas queriendo aparecer.
Y así; de repente. El frío caló todo su cuerdo cuando de golpe lanzó la sabana lejos de él y miró al suelo bajo su cama.
—Nada de celos Roronora Zoro —gruñó a sí mismo frunciendo el ceño. Miró hacia la puerta de su cuarto y me movió—. Si quieres algo: deberás luchar para conseguirlo —dijo sin saber, sin recordarlo, repitiendo la misma frase que cuando era un niño y buscaba algo: afecto, reconocimiento, fuerza, fortaleza, la misma que decía hasta dejar de necesitarla para convencerse que tenía la fuerza para obtener lo que buscaba.
Y así de pie tomó de salida las pesas de cinco kilos a un lado de su puerta. El reloj marcó veinte para las nueve cuando comenzó las repeticiones en medio de su sala, pero su mente sólo se repitió las palabras de Blonde como un mantra aún después pasadas las diez y con el abdomen quemándole y los brazos temblando.
—"La adrenalina de correr tu primer kilómetro es... incomparable."
—Yo puedo —admitió que se dijo en algún momento del entrenamiento forzoso. Y tal vez, pero sin mayor fuerza—: Yo pude —susurró pensando en otro tiempo, y de alguna forma para él en otra vida.
"No era el esforzarme para lograr algo. Era el realizar que lo único que me había faltado todo este tiempo había sido determinación".
¿Les gustó el cap el final? Lo hice pensando en que llevo dos capítulos enteros sin nada de interacción entre zoro y sanji ^^
Gracias como siempre por los comentarios. Me inspiran y ayudan para saber en qué voy a bien y en qué áreas de la historia estoy fallando.
¡Gracias por leer!
Pss, si le gusta no duden en recomendarla, es sólo un decir~
¡Bye!...
