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Estúpido amor

He aquí el siguiente capítulo, he de confesar que me costó un poco, y si, también siento que quedó un poco corto (gracias bloqueo de autor ¬¬') pero espero que lo disfruten (:

Estúpido amor

Un sábado de mayo y faltaba solo un día para la boda que lo había ocasionado todo, los nervios eran palpables en el aire, Kaori estaba más sensible que nunca, cada detalle la hacía llorar, hasta que salía al rescate quien sea que estuviera a su lado – generalmente el futuro esposo – para hacerle ver que las cosas no eran tan graves como ella lo estaba imaginando.

Y Kushina, bueno, desde un principio no quiso involucrarse más de lo necesario, así que decidió dejar a su hermana y a su madre lidiar ellas mismas con sus problemas, pues ella ya tenía los propios. Si bien ya había reconocido que todos estos eran ocasionados por la antigua negación a sus sentimientos, ahora debía enfrentar todos los conflictos a los que una chica enamorada suele enfrentarse. ¿Cómo actuar? ¿Qué decir? ¿Cómo interpretar las palabras de él? ¿Cómo reaccionar con sus gestos? En fin, cosas que aunque pudieran parecerle complicadas, estaba dispuesta a enfrentar.

Con ese pensamiento en la mente, se decidió a pasar todo el día con el Namikaze, pero no de la forma en la que lo habían hecho hasta ahora, esta vez se concentraría realmente en disfrutar del momento, dejar que las cosas fluyeran, no reprimirse en ningún momento, y que pasara lo que tuviera que pasar.

–Sabes Minato… Creo que tiene tiempo que no pruebo un rico tazón de Ramen, ¿Qué dices, me acompañas por uno esta tarde? – Le preguntó antes del desayuno.

–… – Minato notó que aunque la chica había dicho eso con un notorio sonrojo, esta no se molestó en ocultarlo, y en lugar de eso, le sonreía abiertamente

–Anda, di que sí ttebane! – Lo persuadió con una mirada suplicante

– Claro – Respondió, después de todo, quien podría decirle que no a un gesto tan encantador como ese.

Durante el tiempo en el que estuvieron desayunando, ambos se sentían como en un mundo aparte, ya que la mayoría de los ahí presentes estaba con su cuerpo en el comedor, pero con la mente en los pendientes de la boda, por lo que ellos no pudieron evitar estar sumidos en sus propios pensamientos y en los movimientos del otro.

Por ejemplo, aquella vez en la que a Kushina se le calló uno de sus cubiertos al suelo, ambos se agacharon a tomarlo, sus manos se tocaron, y ahí, bajo la mesa, se miraron a los ojos, Kushina con un sonrojo y Minato perdido en los ojos de ella y ambos sonrieron.

O cuando Kushina aprovechaba los momentos en el que el Namikaze se descuidaba para robarle algo de su plato, pero en la cuarta ocasión, este se percató de ello y se dio inicio a la guerra de robo de comida entre ambos.

Terminó la hora del desayuno y Kushina se ofreció a sí misma y al Namikaze para ocuparse una vez más de las labores de la casa, mientras los demás atendían los asuntos de la boda. Ese gesto de la mayor de los herederos Uzumaki fue agradecido por su madre, la cual no tenía cabeza para pensar en nada que no fueran los preparativos de la boda.

Y así, el resto de la mañana, Kushina se la pasó ordenando las habitaciones mientras el Namikaze lavaba los platos del desayuno. El rubio terminó primero su tarea, por lo que decidió ir en busca de la pelirroja. Fue buscándola en cada una de las habitaciones por las que ya se notaba que Kushina había pasado por ahí, hasta que llegó precisamente a la habitación en la que él se había estado hospedando.

La chica estaba de espaldas a la puerta y tarareaba una canción, por lo que no se dio cuenta de que el rubio había entrado a hacerle compañía. Ella cambiaba las sabanas de la cama donde el ojiazul había dormido, sin volver la vista a la puerta, se encaminó a abrir las ventanas para ventilar aquella habitación.

–Parece que hoy es un buen día – Dijo con una sonrisa apoyando las manos en el marco de la ventana

–Muy bueno – Confirmó el Namikaze a su lado haciéndola saltar por la sorpresa.

–Deja de hacer eso ttebane! – Exclamó fingiendo estar molesta

–Lo siento, no puedo evitarlo – Confesó – Es muy gracioso ver como brincas por la sorpresa – Agregó entre risas disimuladas

–La próxima vez, en lugar de saltar, te atacaré – Lo advirtió.

–Ok, la próxima vez lo pensaré dos veces – Le dijo – Aun así o volveré a hacer – Susurró para sí mismo, pero la mirada de Kushina le indicó que probablemente esta lo había escuchado – Por cierto – Inició para distraerla – Cantas muy bien – La alagó.

–No estaba cantando, solo tarareaba… – Iba a corregir el error del ojiazul pero recapacitó en el significado de las palabras – ¡Me escuchaste! – no era una pregunta, era una exclamación de una persona muy sorprendida.

–No pude evitarlo – Repitió.

–Me estabas espiando ttebane! – Exclamó fingiendo indignación y el rubio reía sin mostrar arrepentimiento.

Y así continuaron hablando realmente de nada hasta que se percataron de que la familia no tardaría mucho en regresar a comer.

–Ahora, por distraerme, deberás ayudarme con la comida dattebane! – Sentenció.

–Pero no soy bueno cocinando – Alegó intentando huir discretamente.

– ¡Esa no es excusa ttebane! Serás mi asistente y no se diga más – Declaró.

Mientras ambos se dedicaban a preparar la comida y porque no, también ensuciarse uno al otro con los ingredientes, Kushina recordó una vez más el hecho de que solo les quedaba un día con esa farsa, sin embargo, esta vez no se entristeció, sino más bien, se propuso idear una forma de que eso no terminara ahí.

Los Uzumaki llegaron a la mansión y agradecieron que la comida estuviera ya servida, puesto que los nervios y el trabajo habían abierto el apetito de todos.

–Mamá… – Dijo Kushina una vez que todos estaban sentados –… ¿No hay problema si no los acompañamos a comer? – Preguntó refiriéndose a ella y al Namikaze – Minato y yo queríamos ir a comer un poco de Ramen, así que… – Comenzaba a explicarse.

–No hay ningún problema Kushina – Le sonrió su madre – Después de tan buen trabajo, se merecen un tiempo libre – Le dijo – Solo regresen antes del atardecer, porque tenemos que darles algunos avisos respecto a la boda – Advirtió su madre

– ¿Avisos? – Dijo confundida ella.

–Cosas simples, horarios, indicaciones de espacio… – Comentó – Nada que no se explique en menos de 5 minutos – Le dijo restándole importancia – Pero necesito que estén todos para no estar repitiendo lo mismo una y otra vez – Agregó.

–Entendido mamá, regresaremos a tiempo ttebane! – Aseguró con una sonrisa.

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–Estás feliz ¿cierto? – Le preguntó el Namikaze a la Uzumaki mientras le servían su cuarto tazón de Ramen.

– ¿Por qué lo dices? – Respondió extrañada

–Recuerdo que me dijiste que cuando estabas feliz, pedías todas las presentaciones de Ramen – Le explicó y Kushina extrañamente se sintió muy bien de saber que el rubio recordaba esa plática que aunque apenas había ocurrido hace unas semanas, parecía muy distante.

–No me había dado cuenta… – Comenzó a explicarse mientras se llevaba los fideos a la boca – Pero diría que sí, estoy feliz ttebane! – Le dijo con una gran sonrisa, la cual él correspondió

– ¿Algún motivo en especial? – Le preguntó el rubio

–No realmente – Se encogió de brazos, aunque ella sabía cuál era el motivo: se sentía libre una vez que había aceptado el estar enamorada de aquel chico.

– ¿Y bien…? – Comenzó a preguntar el ojiazul y la pelirroja lo miró extrañada – ¿Qué quieres hacer después? – Le cuestionó.

–No lo sé, yo solo quería un poco de Ramen – Contestó – ¿Qué te parece si esta vez tú decides que hacer? – Le sugirió.

– ¿Haremos lo que sea que proponga? – Le preguntó en tono seductor.

–Tu no cambias… – Le dijo mirándolo con los ojos entrecerrados. Y Minato observó como a pesar de que un sonrojo comenzaba a adornar el rostro Uzumaki, esta no dijo nada para evitar que el Namikaze "llevara a cabo sus planes"

–Jajajaja – rió abiertamente – Está bien, no quiero que te molestes conmigo, así que mejor… –Comenzó a pensar – ¿Qué te parece si hacemos ese recorrido por la aldea que seguramente ya olvidaste que me prometiste? – Sugirió.

–No lo olvidé ttebane! – Mintió pues realmente lo había hecho – Pero si, podemos hacer eso – Concordó.

Y así, después de que Kushina terminara su orden de Ramen, comenzaron con el recorrido por Uzushiogakure. El rubio debía reconocer que la Uzumaki sería una excelente guía turística, ya que lograba captar la atención de quien la escuchara, daba todo tipo de información que fuera relevante de los lugares y sabía perfectamente trazar rutas y seleccionar únicamente lugares representativos o "dignos de ver" cómo había dicho ella.

Pasaban junto a una tienda de antigüedades cuando de repente Kushina recordó algo.

– ¡No puede ser! – Exclamó en voz alta.

– ¿Qué pasa? – Preguntó el Namikaze extrañado por la actitud de la chica

–No he comprado el regalo de bodas para mi hermana ttebane! – Exclamó preocupada – Ni ella ni mi madre me lo van a perdonar – Decía con preocupación.

–Bueno, no te preocupes, aún estás a tiempo – La tranquilizó – Mira, creo que en ese lugar podrías encontrar algo – Dijo señalando la tienda frente a la que se habían detenido.

–Tal vez tengas razón – Admitió mientras se encaminaba a la entrada seguida por el rubio – ¡Ah no! Tú te quedas ahí – Le dijo a su acompañante

–Pero… – Apenas iba a preguntar la razón cuando Kushina respondió.

–No me gusta que me miren mientras escojo un regalo ttebane! – Exclamó – Me estresa y no me siento en plena libertad de escoger – Explicó.

–Si quieres… – Apenas iba a sugerir algo cuando esta lo interrumpió.

–Lo que quiero es que esperes afuera ttebane! – Le indicó y por la mirada que le dedico, Minato supo que lo mejor era acatar la orden de la pelirroja, por lo que sin alegar nada más, retrocedió un paso y se dispuso a esperar fuera de la tienda con la mirada hacia otros locales.

Estaba ahí, esperando a la pelirroja, cuando una figura que francamente no se esperaba encontrar se colocó frente a él.

– ¡Oh, ahí estás Minato! – Exclamó aquel hombre

– ¡Sensei! – Respondió sorprendido el rubio.

–Minato, lamento aparecer así de la nada, pero… – Apenas iba a iniciar con la explicación cuando Minato ya había empezado a sacar conclusiones.

– ¿Qué ocurrió? – Preguntó en un tono serio.

–Me ahorraré los detalles y te explicaré la situación – Comenzó a decirle – supongo que esa chica… ¿Cuál era su nombre? ¡Ah si Kushina! – Recordó – Supongo que ella ya te informó de lo que yo haría para ayudarles – Comenzó. El ojiazul asintió.

–Pues resulta que no todos se tragaron el cuento, y continúan con las investigaciones – Le explicó – Supongo que sospechaban que te habías vuelto un desertor – Le explicó – Pero el punto es que debemos parar esos rumores, no solo por tu nombramiento – Comenzó a explicarle – Si las investigaciones continúan… – Comenzó y Minato entendió a la perfección el hilo de la conclusión.

–Descubrirán a Kushina – Completó – Si eso ocurre, aunque yo les explique lo ocurrido, la situación entre ella y Konoha no cambiaría – Concluyó el Namikaze.

–Debes volver a Konoha, antes de que lleguen a ella y asegurarles que si estuviste entrenando – Aconsejó el peliblanco y Minato estuvo de acuerdo con eso.

–Y es importante que Kushina no salga de Uzushiogakure – Agregó el Namikaze – Por eso, debo pedirle un favor Jiraiya-sensei – Pidió respetuosamente. El hombre asintió con la cabeza.

–Necesito que le haga creer a Kushina que algo ha ocurrido en Konoha, algo que requiera de mi presencia inmediata – Comenzó a explicarle – Obviamente no le explicará lo que me dijo a mí, debe ser una situación en la que ella se vea obligada a "idear un plan sin que yo lo sepa" – Agregó – De esta forma, si ella está convencida de que todo va de acuerdo a lo que ella planeó, no tendremos problemas en que ella decida de repente aparecerse en Konoha – Terminó de explicar dejando un poco confundido a su maestro.

–Minato, ¿No crees que sería más fácil explicarle la verdadera situación? – Le preguntó. Él negó con la cabeza.

–Si hacemos eso, hará exactamente todo lo contrario a lo que necesitamos –Le dijo – Lo primero que haría sería ir a Konoha y revelar la verdad, para asumir toda la culpa – Le explicó – Y eso no lo puedo permitir – Dijo seguro de sí mismo –Por eso necesito que ella me envíe de regreso pensando que es "por mi bien" y no por el de ella – Terminó de explicar.

–Ya veo – Fue todo lo que pudo decir el sabio de los sapos –Haré lo posible por cumplir con lo que necesitas – Le aseguró – Aunque sigo pensando que sería más fácil decirle la verdad – Agregó en un susurro antes de "irse".

Para suerte de Minato, Kushina no había terminado de comprar en aquella tienda, por lo que no escuchó nada del plan. El rubio necesitaba que todo saliera de acuerdo a su plan, necesitaba a Kushina a salvo en su aldea mientras él calmaba la situación en Konoha, ya que si se enteraban de que ella lo había "secuestrado", las consecuencias para la chica serían terribles, a tal nivel de clasificarla como criminal. Y aunque Minato les explicara que aquello había dejado de ser un secuestro desde el momento en el que él accedió a ayudarla, eso no les importaría y en el mejor de los casos se limitarían en mandar a prisión a la pelirroja. Minato negó con la cabeza, debía dejar de pensar en esos escenarios, porque el aseguraría incluso con su vida que eso jamás ocurriera.

Pasaron algunos minutos y Kushina salió de aquella tienda con una caja de regalo y Minato ya se había preparado para aparentar que nada sucedía. Siguieron caminando por las calles de la aldea y Minato se las ingenió para volver a dejarla sola y darle oportunidad a su sensei de que siguiera con el plan.

Y así fue, Jiraiya se acercó a ella y le explicó la "situación en Konoha" La cual estaba en un estado vulnerable, debido a una repentina enfermedad del actual Hokage, de la cual, nadie podría asegurar si era posible que se librara de esta, por lo que era indispensable que Minato regresara inmediatamente.

–Los consejeros no están muy contentos con Minato por su "repentino entrenamiento" – Comenzó a explicarle y esa parte de la historia si era cierta – Así que si lo mejor es que regrese lo antes posible para mejorar su imagen – Agregó.

–Entiendo… – Kushina ya había iniciado a idear un plan – Me encargaré de que regrese a Konoha inmediatamente – Sentenció

–Te lo encargo mucho Kushina – Le dijo Jiraiya antes de desaparecer.

Poco tiempo después, Minato regresó de lo que fuera que estuviera haciendo y de acuerdo a lo solicitado por la madre de Kushina, se encaminaron de regreso hacia la mansión Uzumaki ambos iban caminando en silencio, y debido a que cada uno iba enfrascado en sus pensamientos, no se percataron de ese hecho.

Minato pensaba únicamente en asegurar el bienestar de la Uzumaki, pensaba en lo que llegaría a decir. Su maestro les había asegurado que estaba en un entrenamiento, y para su suerte, días antes de que sucediera el incidente de Kushina, había terminado de perfeccionar una técnica.

Mientras que Kushina pensaba en la forma que haría que el Namikaze llegara pronto a Konoha. Sabía de antemano que gracias a su técnica de tele transportación, lograría llegar en segundos, pero el problema era convencerlo de ocuparla sin alarmarlo con la situación. No había tiempo para explicaciones (inventadas), y ahora que lo pensaba, tenía la impresión de que el Namikaze tenía una extraña tendencia a querer ayudarla, así que nadie podía saber qué cosa se le ocurriría para regresar a la dichosa boda.

No, no podía permitir eso, debía asegurar que se quedara en Konoha y que su puesto a Hokage no corriera ningún riesgo, por eso, le daría un motivo para que no regresara y para que dejara de sentir esa necesidad de ayudarla. Ya tenía su plan, y aunque no estuviera orgullosa de lo que estaba a punto de hacer, al menos se reconfortaba sabiendo que era por el bien del rubio. Y aceptó su culpa, después de todo, las cosas no habrían terminado así si ella hubiera "hecho las cosas bien".

–Atención todo el mundo – Dijo la madre de Kushina en la gran sala donde estaban reunidos todos – Estamos arreglando unos ultimo detalles, pero pronto iniciaremos con las indicaciones – Explicó a los ahí presentes, que en cuanto terminó de hablar, continuaron con sus conversaciones.

–Ahora… es el turno de… Minato – Dijo Yuuki. Al notar que la pareja estaba distraída.

–… – El rubio la miró confundido, pues no sabía de lo que estaba hablando

–Sí, te explico –Comenzó a decirle – Es un juego en el que te pongo dos situaciones extrañas y tú tienes que elegir una – Le explicó.

–Muy bien – Dijo el ojiazul dando a entender que había entendido la mecánica de aquel ¿juego?

–Entonces… – Yuuki se puso a pensar – Escoge, ser esclavo de Kushina por un año – Comenzó – Y me refiero a esclavo doméstico – Hizo la aclaración mirándolo con una expresión de humor – O… un mes sin probar Ramen – Agregó – También te gusta mucho el Ramen ¿Cierto? – Preguntó para ver si su reto estaba bien planteado y el Namikaze asintió – Bien, entonces escoge – Indicó.

–Un año como esclavo – Indicó sin detenerse a pensar – Esclavo doméstico – Aclaró haciendo que todos rieran.

– ¿En serio? ¿Tan difícil se te hace abandonar el Ramen? – Le preguntó.

–No es eso, eso solo que… en cierta forma, encuentro una satisfacción al ayudar a Kushina – Al decir esto, la pelirroja que había estado distraída, comenzó a poner atención, ya que esa misma frase la había pensado ella cuando inició con su plan.

–Qué extraño eres – comentó Shota.

–Entiendo tu punto de vista pero… ¿Esclavo por un año? – Preguntó Nagato, aquel primo de Kushina que raramente hablaba.

–Sí, ¿por qué harías eso? – Agregó Yuuki

–Supongo que es normal cuando amas a una persona – Respondió sin pensarlo y sorprendiéndose a sí mismo al escuchar lo que se supone se debía quedar solo en sus pensamientos.

Por su parte Kushina se puso de pie y comenzó a caminar hacia la salida de la sala. Estaba sorprendida por las palabras del Namikaze, inexplicablemente tenía un gran deseo de sonreír, su corazón le dolía de una forma muy dulce y claro, también sentía ganas de llorar, una pequeña parte por lo conmovedora que se le había hecho aquella situación y en gran parte porque al recordar lo que estaba a punto de hacer, haría que fuera más difícil para ella.

Kushina estaba recargada en la pared del pasillo que llevaba a la sala, aún podía escuchar las voces de sus familiares que seguían con sus conversaciones sin sospechar lo que se venía a continuación. Y lamentablemente para ella, ocurrió lo que había esperado: el rubio la había seguido y se colocó frente a ella.

–Kushina ¿Qué sucede? – Le preguntó preocupado por su actitud.

–Como si realmente te importara – Respondió secamente.

–Claro que me importa, aunque solo sea tu "novio", me importa – Le dijo en un susurro a causa de que se estaba refiriendo a la farsa.

– "¡Deja de llamarte "mi novio" en ese tono de sarcasmo – Le respondió con una mirada severa – Ya sé que no es verdad!" Ya sé que te obligué a esto – Dijo comenzando a elevar el tono de voz.

–Kushina, tu familia te va a escuchar – Le susurró

– ¡Que me escuchen! Ya estoy harta de esto ttebane! – Dijo exasperada

–Kushina – el rubio insistía en que mantuviera la calma pero esta lo ignoró.

– Y ¿Se puede saber en qué momento se te ocurrió que era buena idea decir que me amas frente a ellos? ¿No te parece que les hemos mentido demasiado? – esta vez estaba gritando a un nivel que en toda la mansión podrían escucharla perfectamente.

–Lo que dije no es una mentira, si es lo que intentas decir – Respondió firmemente.

– ¡Suficiente! – Exclamó tomándolo de la manga y teniendo cuidado de no verlo a los ojos, sabía que si lo hacía, sería su perdición. Y así, siendo arrastrado por la pelirroja, ambos regresaron a aquella sala donde las expresiones de los ahí presentes dejaba ver que los habían escuchado

–Sé lo que están pensando, y es cierto, todo es una farsa, él no es mi novio – Dijo señalando al ojiazul – Lo conocí un día antes de volver, en el momento en el que lo secuestré y… – Ella observó como todos la miraban si poder creer lo que estaban escuchando – Si, lo secuestré, y no solo eso, también lo coaccioné para que se hiciera pasar por mi novio – Aceptó si titubear – Y antes de que me pregunten porque lo hice, piensen que ustedes me obligaron, con su insistencia en meterse en mi vida amorosa

–Kushina… – Minato la tomó del brazo, a pesar de que sabía por qué estaba haciendo eso, no era lo que él esperaba, él simplemente pensó que ella se limitaría en enviarlo de regreso a Konoha – ¡¿Por qué haces esto?! – Pensó completamente frustrado.

– ¡Basta! Vete, ellos ya lo saben todo, ya no hay ninguna promesa que mantenga retenido a este lugar – Le dijo zafándose de su agarre.

– ¡Yo no mentí Kushina! – Habló firmemente, no podía evitar el irse, era por el bien de ella, pero al menos se aseguraría de dejar las cosas claras – Tal vez iniciamos con mentiras, pero cuando dije que te amaba estaba siendo sincero, ¿Es que no lo ves? – Preguntó obligándola a que lo viera a los ojos

– ¡¿Y tú no ves que yo tampoco mentí?! – Respondió firmemente, aunque por dentro sentía que en cualquier momento se desboronaría – En ningún momento dije que te amara, ni siquiera un te quiero, ¿Sabes porque? – Ese era el momento, dejó de verlo a los ojos, porque lo que iba a decir era la más grande mentira que diría en toda su vida

– Porque no siento eso por ti. Tu solo eres mi novio falso, solo eso, y no puedes ser algo más – Le dijo muy convincente

– ¿Estás segura? – Le preguntó el rubio

– ¿Quién te crees? ¿Creíste que con tus juegos caería ante ti? – Le preguntó fingiendo mirarlo a los ojos, pero realmente miraba a un punto muerto – Pues déjame decirte que fallaste, lograste todo lo contrario – Agregó – Me molestas, me desesperan las personas como tú, las que pueden hacerlo todo, las que disfrutan de tomar ventaja de la situación – Comenzó a enlistar – Odio que te burles de mí, odio que interpretes tan bien el papel de novio, odio que lograras engañarlos – dijo refiriéndose a su familia

–Pero creo que pude sacar algo bueno de eso – Agregó – El que seas así, me deja ver lo falso que eres. Simplemente no puedo estar con alguien como tú – Sentenció – Así que mejor vete – Ordenó mirándolo despectivamente y deseando con todas sus fuerzas que le hiciera caso antes de que sus verdaderos sentimientos la traicionaran

–Está bien – Contestó tranquilamente – Ya que cumplí mi promesa y en vista de que no se te ofrece nada más… – Se encogió de hombros.

Decidió hacerle caso, pues para desgracia de la Uzumaki, no lo había engañado, la conocía lo suficientemente bien como para darse cuenta de lo mucho que le estaba costando mantenerse firme, así que con el recuerdo de que todo aquello era por su bien, desapareció, con la certeza de que ambos estaban haciendo algo que realmente no querían, por culpa del estúpido amor.

– ¡Sí! Ya lo sé, les mentí, – Explotó una vez que el Namikaze no estuvo – Y quisiera decir que lo siento, pero no lo hago, gracias a eso conocí a alguien especial – Las lágrimas comenzaron a resbalar por su rostro sin piedad – ¿Qué porque lloro? – Preguntó retóricamente – Lloro porque es verdad, no puedo estar con él, lo odio, odio todo lo que me hace sentir, odio que sea el futuro Hokage, que tenga que regresar para no perder ese cargo – Decía sin esperar a que alguien respondiera a lo que decía – Y sobre todo odio que me importe tanto, porque gracias a eso le dije cosas que no sentía – Apretó sus puños.

–No se supone que fuera así – Dijo cerrando sus ojos – Se supone que encontraría la forma de que la mentira se convirtiera en realidad – Pensó amargamente para sus adentros – Se supone que tenía que responderle que también lo amo, y no todas esas mentiras – Esta vez susurró a un nivel que solo ella podría escucharse.

Kushina dejó que las lágrimas resbalaran una tras otra por su rostro, con la esperanza de que con ellas se fuera un poco de su dolor. Después de varios minutos en los que nadie dijo nada, ella volvió a hablar.

–Me duele haberles mentido, pero me duele más haberle mentido a él… – Su voz se escuchaba ligeramente más tranquila –Si aún quieren que este en la boda, lo haré con gusto, y haré todo lo que me pidan – Comentó – No opondré resistencia. Pero… – Comenzó a sugerir – Si no lo desean, lo entenderé… – Con una sonrisa que no reflejaba ni la más mínima alegría, se marchó del lugar.

Kaori estaba llorando, y estuvo a punto de seguirla, lo que pocos sabían, era que le dolía de sobremanera ver como su hermana, la gran Kushina Uzumaki, la que siempre está ahí para apoyar a los demás, en este momento se desmoronaba. Habría ido a su lado, pero su madre la detuvo, diciéndole que lo mejor era dejarla un momento a solas.

La mayoría de los ahí presentes no sabían que hacer, obviamente estaban desconcertados por la noticia. Shota no sabía que pensar realmente, tenía la sensación de estar en una especie de mundo paralelo donde en el momento que menos te imaginas, las cosas de ponen de cabeza. Kaori, después del consejo de su madre, estaba inquieta, pensando en la forma de ayudar a su hermana, y al mismo comenzaba a molestarse consigo misma por no encontrar una respuesta. Extrañamente todos los primos: Yuuki, Kazumi, Chiharu, Akane e imperceptiblemente Nagato, tenían una actitud positiva, pues confiaban en que las cosas se solucionarían para esos dos.

La madre de Kushina tenía muchos sentimientos encontrados: en cierta forma estaba molesta, pues como buena Uzumaki, odiaba las mentiras, aunque reconocía que en cierta forma, ella había orillado a su hija a hacer lo que hizo, pero también se sentía decepcionada con Minato, pues si era cierto que era tan maduro como se los había demostrado, él debió hacer entrar en razón a Kushina ¡Y pensar que le brindó su entera confianza! ¿Y todo para qué? Para que al final terminara en una tragedia para su hija.

Esa tragedia la hacía sentirse triste por su hija, pues como buena madre, lo único que desea es felicidad para su hija y ahora, su pequeña Kushina estaba derramando lágrimas que ya no se iban con un beso de mamá o con la promesa de que todo estará bien.

Y sí, durante el montaje de aquella escena, también había estado presente el padre de Kushina, el cual permanecía serio pero si alguien hubiera sido capaz de entrar en su mente, no habría creído lo que pasaba por la cabeza del líder Uzumaki.

– ¿Cómo pudo mentirnos? – Los pensamientos de Suzuka salieron de sus labios.

–Mamá… Kushina no… –Kaori comenzaba a defender a su hermana pero fue interrumpida por su madre.

–No me refiero a Kushina – Y de repente miraba molesta a la nada – ¡¿Cómo pudo traicionar la confianza de la familia?! – Exclamó molesta.

–Nunca hubo una traición de su parte – Habló de repente Satoru Uzumaki, haciendo que todo el mundo estuviera expectante por lo que tenía que decir – Él nunca mintió –Sentenció.

– ¡¿Lo estás defendiendo?! – Preguntó sorprendida, confundida y también un poco molesta a su esposa – Y ¿Por qué solo te refieres a "él"? ¿Qué insinúas, que TU hija si nos traicionó? – Le preguntó apretado los puños – Espero que haya entendido mal y que realmente no sea lo que quería decir, porque… – Le advirtió, pero su esposo la interrumpió.

–Lo que quiero decir es que a esos dos solo les faltaba un título oficial – Declaró firmemente – Porque la esencia siempre estuvo ahí – Agregó antes de dirigirse a la salida de la sala – Y claro que como padre siempre estaré de su lado, siempre la apoyaré para que encuentre su felicidad – Agregó deteniéndose en el marco de la puerta – Y si recordamos todo lo que vimos desde el primer día que llegaron, creo que es obvio en donde, o mejor dicho, con quien está su felicidad – Y después de decir eso, se retiró de la habitación.

Definitivamente, ese día había estado de locos: Una boda a la vuelta de la esquina, un secreto revelado, un "novio" ausente, una Kushina que no parecía Kushina, una madre furiosa y con una mirada intimidante que nunca antes se había visto, una ¿discusión? Entre los líderes Uzumaki, y un padre apoyando al que, desde un inicio había señalado como una especie de enemigo en el que no podía confiar y semanas después, era de los pocos que brindaban esa confianza a ese sujeto que había cambiado la vida del clan Uzumaki y en especial en la heredera mayor de este clan.

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Bueno, eso es todo por ahora ¿Qué les pareció? Esta vez no estoy segura de cómo quedó, el bloqueo de autor me vino a visitar y bueno, ya saben lo difícil que es hacer que se valla. Intentaré apurarme con el siguiente para compensar la tardanza de este capítulo.

Y por último, ya saben, cualquier comentario, queja, sugerencia, es bien recibida.

Hasta el siguiente capítulo.