Entramos en el gran comedor, la mesa estaba rebosante de todo tipo de comida, nuestros amigos ya estaban sentados, aunque aún nadie estaba comiendo. David se puso de pie tan pronto nos vio entrar y haló la silla que estaba junto a la de Henry para facilitarme el proceso de sentarla. Estudié a Emma tan pronto la coloqué en la silla, lucía un poco pálida, con una sonrisa cansada tomó la mano de Henry tan pronto la tuvo a su alcance. David me dejó el otro lugar junto a ella libre para sentarme.

"¿Cómo te sientes mamá?" preguntó Henry apretando cariñosamente la mano de su madre.

"Con mucha hambre" respondió dándole una mirada a todos con una sonrisa.

"Estábamos esperando por ustedes" respondió David.

"Entonces comencemos" dijo Emma con entusiasmo. Soltó la mano de Henry e intentó servirse de comer, pero la tarea resultaba más demandante de lo que parecía, tomando en cuenta que era una gran mesa cubierta de comida, servirse implicaba ponerse de pie y levantar el plato. Justo cuando vi la frustración en su cara e iba a apresurarme a ayudarla escuché la voz de Henry.

"Déjame ayudarte… ¿Quieres algo en especial?" preguntó el muchacho poniéndose de pie y tomando el plato de su madre en sus manos.

"Un poco de todo lo que te parezca delicioso" respondió recostándose del espaldar de la silla, yo miraba cada uno de sus movimientos y sus gestos, debe haber sentido mi mirada fija en ella que volteó a mirarme y me sonrió, estiró su mano y la alcancé con la mía y las entrelazamos.

"Emma, me da mucho gusto verte de nuevo siendo tu misma. No tengo palabras para empezar a agradecerte lo que hiciste." Dijo Regina, Emma asintió con una sonrisa antes de responder.

"No tienes nada que agradecer, si alguien debía sacrificarse esa debía ser yo. Estaba en peligro la seguridad de todos."

Henry colocó finalmente frente a Emma un plato repleto con un poco de todo lo que había en la mesa, Emma miró el plato con los ojos amplios, todos reímos y comenzamos a servirnos comida. Luego de comer Emma lucía menos pálida, aunque aún cansada. Los sirvientes comenzaron a recoger la mesa y entraron al comedor Merlin y el aprendiz.

"Nos disculpamos por no haberlos acompañado a comer, necesitábamos ponernos al día" dijo el hechicero tomando asiento, siendo seguido por el viejo aprendiz. "¿Cómo te sientes?" preguntó mirando fijamente a Emma.

"Estaré bien. Muchas gracias por todo" respondió.

"Debes saber que eres una persona muy especial, no esperé verte despertar en varios días. Sin embargo, tomate todo con calma" le sugirió Merlin.

"Queríamos preguntarle sobre Rumplestilskin" agregó David.

"Mi aprendiz me puso al tanto del caso del antiguo Dark One, solo queda esperar, si tiene la fuerza suficiente dentro de sí despertará tarde o temprano" respondió el viejo.

"Su corazón quedó blanco ¿Hay alguna explicación para ello?" preguntó Emma de pronto.

"Ya en su corazón no quedaba luz, la oscuridad lo había consumido por completo. Cuando el aprendiz extrajo la oscuridad, no quedó nada. Digamos que es cómo un lienzo en blanco" respondió el hechicero.

"¿Puede volver a llenar su corazón de oscuridad?" preguntó Regina.

"Si él así lo desea, tiene libre albedrío para tomar sus propias decisiones. Digamos que el mismo potencial que tiene para el bien lo tiene para el mal. Pero ya no tiene magia" respondió el aprendiz.

De pronto Emma bostezó calmadamente, le pregunté si deseaba ir a dormir y asintió con una sonrisa apenada. Merlin nos había estado observando y agregó "Dejemos descansar a la Srta. Swan. Mañana a primera hora les abriré un portal para que vuelvan a Storybrooke" me puse de pie y puse en mis brazos a Emma nuevamente. Solo nosotros dejamos el comedor, los demás siguieron conversando con el aprendiz y el hechicero. Para cuando llegamos a la habitación se había dormido.

Le recosté en la cama y la observé dormir por lo que pareció unos minutos, me acerqué a la ventana. Recordé la pregunta que hace pocas noches me había hecho Henry, ¿acaso amo más a Emma de lo que alguna vez amé a Milah?, volví mi mirada nuevamente hacia ella y no pude evitar sonreír. No, la respuesta que di a Henry fue la adecuada y la más honesta, las amo diferente. Tuve una relación larga con Milah, llena de todas las aventuras que la vida de piratas que llevamos nos proporcionaba, ella era algunos años mayor que yo, pero dentro de sí era una chiquilla en busca de aventuras, con hambre de mundo. Nos amamos como adolescentes, vivimos cada día como si era el último, hasta que un día lo fue.

El amor que siento por Emma es más adulto, intenso, me atrevería a decir incluso que de una forma diferente más apasionado, una pasión que se alimenta en gran parte del temor de perderla. Las aventuras junto a ella tampoco faltan, y en realidad no me molestaría un poco de tranquilidad. Un gran contraste que no podía ignorar era el hecho de que yo esperé que Milah dejara todo por mí, y así lo hizo, pero yo estoy dispuesto a dejar todo por Emma y así lo hice. En mi particularmente larga vida nunca esperé volver a enamorarme, pero ni en mis más locos sueños pensé que encontraría a estar mujer increíblemente hermosa, valiente, apasionada, poderosa, y con una experiencia de vida tan similar a la mía que parecemos almas gemelas, y nunca antes creí en esa tontería. El hechicero me había dicho que estaba destinado a conocerla, a enamorarme de ella, hice ese pensamiento a un lado, no me gusta pensar que mi vida depende de algo tan ridículo como el destino.

Volví mi atención nuevamente a la ventana, hacia la noche. Y me hice otra pregunta, ¿Podría sobrevivir a perderla como perdí a Milah?, la respuesta vino a mi rápida y clara, no, no podría. No sabría cómo sobrevivir después de ella, siempre incentivé su uso de magia, porque aunque no me gusta la magia, sé que es una protección extra que tiene contra cosas con las que yo no puedo hacer nada. Esta mujer es dueña de mi cuerpo y de mi alma y no me importa ni un poco, solo me siento tremendamente afortunado de que eventualmente me escogió. De pronto escuché su voz "Killian"

"Aquí estoy Swan" le respondí mirándola desde la ventana.

"¿Qué haces ahí en la oscuridad?"

"Pensando" respondí.

"¿Puedes pensar aquí abrazándome?" preguntó con una sonrisa y no pude evitar la sonrisa que se dibujo en mi rostro.

"Sí la dama insiste" caminé hasta la cama, la ayude a meterse bajo la cobija y nos acurrucamos. "¿Puedo preguntar algo?" pregunté algo incómodo, ella asintió en silencio y me miró con atención. "No me quedó claro si cuando regresemos vuelves a nuestro hogar o al de tu padre".

"Eso no es una pregunta" respondió confundida.

"La pregunta está implícita" respondí besando su frente, ella se separó lo suficiente para poder ver mis ojos.

"La respuesta está en tu pregunta implícita, quiero volver a mi hogar no al de mi padre" dijo, y aunque podía entender lo que decía, necesitaba palabras más claras para creer que esta diosa quería volver conmigo a mi hogar al que llamaba su hogar, nuestro hogar. Supongo que entendió mi reacción y las palabras que no dije en voz alta, porque agregó "Quiero dormir junto a ti por el resto de mi vida, así que tienes que mudar tus cosas a nuestra habitación". La miré a los ojos por unos segundos y luego di un tierno y corto beso a su boca, no pude evitar sonreír cuando vi la decepción en su mirada, y no tardó en expresarla en palabras "¿En serio? Te digo que quiero vivir contigo ¿y eso es lo único que me gano?, un besito chiquitico".

"Yo sé que soy irresistible amor, pero tu estas muy cansada para besarme más de 30 segundos, no podrías manejarlo" dije recordando aquella frase que nos dijimos la primera vez que nos besamos.

"Quizás tu eres el que no podría manejarlo" me respondió frunciendo el ceño como una niña testaruda.

"Definitivamente no me gustaría manejar una situación en la que te duermas del cansancio a mitad de un apasionado beso" respondí con una sonrisa y ella soltó una risita, que me resultó adorable. Recostó su cabeza de mi pecho, yo comencé a acariciar su cabello, y sentí como su cuerpo se hacía ligeramente más pesado, se había dormido en mis brazos nuevamente.

Estaba dormido pesadamente. Era la mitad de la noche, de pronto sentí un movimiento brusco en la cama, un grito ahogado me hizo despertar bruscamente en busca del peligro en la habitación, lo único que conseguí fue a Emma sentada en la cama llorando, me partió el corazón verla llorar "¿Qué pasa amor?" pregunté con preocupación mientras ponía mi mano en su hombro y la atraía hacia mí abrazándola instintivamente.

"Killian….estabas ahí…mu…muerto, no te movías" logró decir entre sollozos y me abrazo con desesperación.

"Estoy aquí Swan, estoy bien" respondí abrazándola con fuerza y acariciando su cabello. "Fue solo una pesadilla", ella se fue calmando de a poco luego de escucharme, la separé un poco de mí para poder ver sus ojos. Limpié las lágrimas de su cara con el reverso de mi mano. "Todo está bien, estoy aquí".

"Soñé con la discusión que tuvimos en el apartamento, cuando te arranqué el corazón, lo siento tanto" dijo y más lágrimas salieron de sus ojos.

"No pasó nada amor, solo una discusión, todo está bien" dije con una sonrisa limpiando sus lágrimas nuevamente.

"Soñé que había aplastado tu corazón, y no te movías, te había matado" dijo y acarició mi rostro.

"Emma, no pasó nada. Solo fue un sueño, estoy aquí" dije mirándola a los ojos y la abracé nuevamente.

"Tengo tanto miedo de perderte" respondió.

"Oh amor, tú no te empiezas a imaginar cuanto miedo tengo yo de perderte a ti también. Pero no podemos enfocar nuestras vidas en nuestros temores. Recuerda, tenemos que disfrutar los momentos tranquilos. Si nos preocupamos todo el tiempo no lo haremos" dije. Ella se separó un poco para mirar mis ojos y me sonrió dulcemente.

"Te amo Killian Jones" dijo casi en un susurro, sonreí y acomodé un mechón de su cabello detrás de su oreja, acaricié su mejilla y miré sus ojos fijamente por varios segundos, disfrutando este calmado y dulce momento.

"Te amo Emma Swan" dije finalmente y la besé suavemente, ella rodeó mi cuello con sus brazos e intensificó el besó, esta vez no la detuve, no tenía ninguna intención de detenerla.

Dejé caer mi cuerpo hacia atrás, sin dejar de besarla y la arrastré conmigo, dejándola sobre mí, cuando estábamos acostados dejamos de besarnos por un segundo y ella me miró a los ojos, su mirada me dijo claramente lo que quería y esta vez no se lo iba a negar, no podía negármelo más a mí mismo. Acuné su cabeza con mi mano y la atraje hacia mí y la besé con intensidad, rodeé mi otro brazo por su cintura y nos hice girar dejándola debajo de mí, ella me permitió con facilidad colocarme entre sus piernas. Sus manos viajaron hasta mi camisa y comenzaron a desabotonarla, mi mano bajó hasta su pierna y comencé a subir el vestido mientras al mismo tiempo colocaba su rodilla en mi cadera, sus manos dejaron mi camisa y comenzó a ayudarme a quitar el vestido, tarea que entre los dos logramos con facilidad.

Su atención volvió a mi camisa y desabotonó el par de botones que le faltaba, la bajó por mis hombros y me ayudó a removerla. Mi mano tomó uno de sus senos y mi boca encontró el otro, sentí una de sus manos deslizarse entre nuestros cuerpos en busca de la cuerda que ataba mi pantalón, le di más espacio para llevar la tarea a cabo, sin dejar sus senos, fácilmente desató el nudo y libero mi erección, la tomó con sus manos, no pude evitar cerrar los ojos al sentir el contacto. Dejé su pecho y besé su boca, con toda la pasión que esta larga y forzada espera había venido acumulando, deje de besarla y la miré con atención "¿Estás segura?" pregunté y ella asintió. "Emma, ¿de verdad crees que tu cuerpo puedo con esto en este momento?" volví a preguntar.

"Killian…no quiero seguir esperando, ya he descansado bastante." Respondió con seguridad, di un rápido beso a su boca.

"Bien, yo tampoco quiero esperar más" me coloqué de rodillas entre sus piernas, admiré cada centímetro de su hermoso cuerpo, ella me miraba con atención, introduje el garfio entre su piel y la tela de su ropa interior, me hizo sonreír como el frío del metal con su piel la hizo contraer el abdomen, con cuidado bajé su panty por su pierna, ella llevó su rodilla ligeramente hacia su cuerpo para ayudarme a liberar su pie del pedazo de tela e hice lo mismo con el otro lado. Bajé mi pantalón hasta donde pude estando de rodillas, no pude evitar sonreír cuando la vi sonrojarse ligeramente mirándome con admiración, removí el garfio y lo tiré al piso. Me encantaría pasar más tiempo preparándola, adorando cada centímetro de su cuerpo, pero ya habría tiempo para eso, esta noche no podía arriesgarme a cansarla antes de tiempo tomé su rodilla con mi mano y la llevé a mi cadera al mismo tiempo que me acercaba a su cuerpo nuevamente, la besé, una de sus manos acariciaba mi cabello, la otra recorría mi espalda. Sin dejar de tocarla llevé mi mano hasta ese lugar preciado entre sus piernas, gimió tan pronto comencé a acariciar su clítoris, estaba húmeda, tan lista. Me separé lo suficiente para mirarla a los ojos, moví mi cadera y me puse en posición, la miré fijamente y ella asintió, respondiendo la pregunta que no hice. Lentamente y sin esfuerzo invadí su cuerpo sin dejar de mirar su ojos, ella intentó sostener mi mirada, pero eventualmente cerró los ojos dejándose llevar por las sensaciones que la invadían. Al principio no me moví, tanto como ella, disfrutaba y grababa en mi memoria lo que estaba sintiendo.

Finalmente y sin siquiera pensarlo comencé a moverme, el cuerpo me lo pedía. Besé su boca con pasión, necesitaba transmitirle todo lo que estaba sintiendo, besé su mejilla, su oreja, su cuello, seguí bajando hasta su pecho. Ella soltaba dulces gemidos que alimentaban mi pasión, hubiese pensado que al menos mientras la hacía mía me sentiría satisfecho, pero aún estando dentro de ella necesitaba más, toda ella era una droga de la que no quería rehabilitarme jamás, mi mano viajaba por todo su cuerpo, acariciando cada centímetro de su piel que podía alcanzar. Miré su rostro, parecía una diosa, su cabello desordenado la enmarcaba dándole un aura divina, me miró y me sonrió, su mirada llena de deseo. Volví a besar su pecho, mientras mi mano sostenía su rodilla contra mi cadera, dándome más espacio para estar más adentro. De pronto sentí como se contraía su vientre alrededor de mi y la escuché decir mi nombre casi en un susurro "Killian" volví mi atención a su cara.

"Lo sé" dije e hice mis movimientos más rápidos y firmes. "Vente para mí Swan"

"Killian" le escuché decir entre gemidos, sus gemidos se hicieron más fuertes, no creí posible que esta mujer se pudiese ver más sensual, explotó alrededor de mí gimiendo mi nombre y otras cosas que no logré entender y la seguí casi enseguida. Me acosté sobre ella con cuidado, uno de sus brazos me rodeo por la espalda y el otro acariciaba mi cabello, no recuerdo cuando fue la última vez que estuve tan relajado como en este momento, lo disfrute por varios minutos, pero recordé que había abusado de las pocas energías que tenía mi Swan e intenté separarme pero ella me detuvo. "No te muevas"

"Si sigo dentro de ti es posible que vuelva a empezar y ya he abusado lo suficiente de tu poca energía" respondí mirándola a los ojos. "Tuve suerte de que no te durmieras a mitad de la diversión, no es bueno para la autoestima de ningún hombre que una mujer se le duerma en los brazos mientras la entretiene de esa manera" dije con una sonrisa levantando una ceja, ella sonrió. Aproveché el momento para deslizarme fuera de ella con un ligero movimiento de la cadera, honestamente si seguía ahí iba a ponerme duro nuevamente, esta mujer es un afrodisíaco. Ella frunció el ceño, me acosté junto a ella y rodeé mi brazo por su cuello atrayéndola hacia mí, ella entrelazó su pierna de la mía y recostó su cabeza de mi hombro. Con la mano tanteé la cama en busca de la cobija y como pude la coloqué sobre nosotros, ella me ayudo un poco. "¿Cómo te sientes?"

"Relajada, un poco cansada, feliz" respondió, no pude evitar una sonrisa y besé su cabeza. Luego preguntó "¿Y tú?"

"Feliz definitivamente lo resume" respondí, ella dibujaba pequeños círculos en mi pecho con su dedo. "Quizá no debimos hacer eso aún"

"Debo tener más de 18 horas durmiendo, ahora podré dormir un poco más. Estoy bien" respondió y al final soltó un bostezo que imité sin poder controlarlo.

"Bien princesa, descansemos un poco más. En unas horas volveremos a casa" dije cerrando los ojos