VALERIE

Nada más aparecer en el bosque, se podía adivinar que su amplitud era enorme. Gisela, Greg, Mónica, Tony y Derek estaba junto a un enorme árbol de más de dos metros de diámetro.

-Bueno-habló Greg-Aquí estamos. ¿Tienes idea de cómo guiarnos por un bosque gigante y desconocido?

-La verdad es que no había pensado mucho en eso pero...

No pude decir nada más. El sonido de lobos aullando y gruñidos salvajes captaron mi atención, pero no solo la mía. Todos mis amigos fruncieron el ceño al oírlo. Agucé el oído y pude escuchar cómo se partían ramas y golpes contra los árboles.

-Debemos averiguar de dónde procede el jaleo-dijo Tony.

Todos asintieron y yo fui la primera en correr, pero pude oír cómo Tony, Gisela y Greg entraban en fase y nos perseguían a Mónica, Derek y a mí. Vi una luz a lo lejos y corrí más rápidamente. Entonces lo sentí. Era algo parecido a lo que había sentido cuando me había imprimado de Jacob, solo que menos intenso.

-Esperad-les llamé a mis compañeros.

-¿Qué ocurre?-preguntó Mónica.

-Dejad que eche un vistazo yo sola-les pedí.

-Podría ser peligroso-repuso Greg.

-Tranquilos-dijo Gisela-Sé lo que planea, y no es mala idea. ¿Recordáis el truco que usó para espiar a Jane y Alec cuando planearon el asesinato de Fátima?

-Cuando su espíritu abandonó su cuerpo-asintió Derek.

-Exacto-respondí-Dejadme que vaya para comprobar algo, solo será un momento.

Todos asintieron como respuesta, y cerré los ojos. Era un truco sencillo que mi tía Hermione me enseñó en secreto. Era como sacar un insecto de un bote, solo que algo más mental. Mi alma era el insecto, y mi cuerpo el bote. Después de concentrarme mucho, logré salir e invertí los poderes que me quedaban en ese momento para transportarme hasta donde estaba Jacob exactamente. Cuando abrí los ojos, me encontré en un salón diminuto. Una chica rubia acunaba a una bebé frente a la chimenea encendida. Pero no eran personas normales. La rubia era una vampira, y la bebé...era semi-humana, semi-vampiro. Podía sentirlo, de la misma manera que podía sentir lo que opinaba Jacob de ella mientras se acercaba lentamente. En sus ojos había un odio profundo. Traté de concentrarme de nuevo para leerle la mente: "Esa criatura ha matado a Bella. No merece vivir" Miré aterrada a Jacob. Debía evitar que matara a la bebé sea lo que sea que hubiera pasado. Recurrí a todos los poderes que me quedaban y me hice visible durante un momento, justo delante de Jacob.

-No lo hagas, Jacob, por favor-le supliqué.

Jacob abrió los ojos como platos.

-Va...¿Valerie?-susurró en voz muy muy baja.

-No acabes con una vida de esta manera-le supliqué antes de desvanecerme, como todas mi esperanzas de seguir hablando con él.

Pestañeé una vez y me encontré en los brazos de Derek, temblorosa. Solía pasar que cuando realizaba ese truco, cayera redonda al suelo.

-¿Qué ha ocurrido?-me preguntó Mónica.

-Jacob-susurré-Está ahí. Hay una pelea, lo he oído mientras estaba allí. Jacob está donde nos dirigíamos.

-Pues no perdamos tiempo-dijo Derek, dejándome en el suelo.

Salimos corriendo hacia el origen de la pelea, donde Jacob estaba. No tardamos en llegar, y la escena que nos encontramos era aterradora: una manada de lobos peleaba contra un aquelarre de vampiros, uno de ellos cubierto de sangre, sangre humana por el olor. Solo dos de los lobos peleaban contra los de su propia especie. Al parecer, nadie se había dado cuenta de nuestra presencia.

-Tenemos que detener esta pelea-dijo Gisela-¿Qué hacemos, Valerie?

-Uno de los lobos ha de poder hablar. Me mezclaré entre ellos y le tocaré. Los vampiros no quieren pelear, son los lobos quienes les atacan.

-No servirá-replicó Greg-Te atacarán al ver que eres una desconocida.

-Pues tengo otra idea.

-Valerie, ¿qué pretendes?-dijo Mónica.

No la escuché. Salí directa hacia la pelea. Di una ágil voltereta para acabar en el centro de la pelea. Rocé ligeramente a uno de los lobos, pero eso era suficiente. Algunos de los vampiros me miraron desconcertados, pero no les hice caso. Me preocupé por hacer estallar la barrera de separación. Me agaché y di un golpe con la mano abierta en la tierra. Este tembló, y un escudo estalló a mi alrededor, separando a los lobos de los vampiros.

-¿Otro chupasangres más?-habló un lobo de pelo negro.

Todos abrieron los ojos de par en par al oír cómo el lobo pronunciaba esas palabras.

-No exactamente, licántropo-respondí-Sam, ¿verdad? No nos gusta ver a licántropos y vampiros peleándose de esta manera y ya que pasábamos por aquí...

Mónica, Greg, Derek, Tony y Gisela se aproximaron.

-Esto no te incumbe, vampira-siguió hablando el lobo negro antes de volverse hacia los otros vampiros-Eso no evita que vayamos a matar al monstruo que protegéis.

-¿Monstruo?-dije confusa.

-Hijo de una vampiro y una humana-aclaró el lobo-Es un peligro para todos.

Mónica soltó una estruendosa risotada.

-¿Un peligro?-dijo entre risas-¿Cómo podéis decir eso? No tenéis ni idea de cómo es, ¿verdad?

No respondió, se limitó a gruñirnos.

-Ha matado a una humana nada más nacer y nuestra misión es proteger a los humanos.

-¿Que ha matado?-dijo Tony abriendo los ojos como platos.

-Su madre ha muerto y la criatura debe morir también.

-Esa no es una razón para matar al bebé-repuso Gisela-Es inofensivo.

-Inofensivo...-repitió con un tono de burla el lobo negro-¿Qué sabréis vosotros de...?

-Chucho-le interrumpió Derek-Treinta y ocho siglos dan experiencia a cualquiera y sabemos bien cómo es un semi-vampiro.

-Ten cuidado, Derek-repuso Tony-Que nosotros también somos licántropos.

-No me refería a vosotros-replicó el muchacho.

-Ya que estamos aquí-hablé yo-Les ayudaremos a ellos. No nos gusta que los licántropos y los vampiros se maten mutuamente.

-No tendríamos ningún problema en mataros-dijo el lobo negro.

-¿A los de vuestra misma especie también?-inquirió Greg.

-¿Valerie?-dijo una voz conocida.

Me giré de golpe y vi a Jacob en el porche de la casa, boquiabierto. Los lobos no paraban de gruñir como si quisieran decir algo.

-Agh, ya estoy harta-se quejó Mónica-Valerie, haz algo.

Puse los ojos en blanco, saqué un polvo violáceo de la riñonera y la soplé en dirección a los lobos. Todos se transformaron en humanos, pero con ropa puesta. Ese polvo permitía transformarte en humano con lo último que hubieras llevado puesto.

-¿Pero cómo has...?-exclamó uno de los lobos que antes no hablaba.

-Truquitos.

-Jacob-le llamó un muchacho de unos quince años, uno de los dos lobos que estaba de parte de los vampiros, el otro era una chica-Dijiste que la chica del sueño de Canadá se llamaba...

-No era un sueño-repuse yo.

-Sigo sin entender por qué le mandaste de vuelta por tu cuenta de nuevo aquí, a Forks.

-Era arriesgado que estuviera con nosotros.

-¿Por qué?-inquirió el chico.

-Porque os conocía a vosotros-repuse, mirando a los vampiros-Hoy en día, casi todos los vampiros obedecen las órdenes de los Vulturis, y temimos que vosotros fuerais así.

-¿Huis de los Vulturis?-inquirió una vampira de pelo corto y oscuro.

-Llevamos así más de dos siglos-dijo Derek.

Entonces, una vampira rubia (la misma que acunaba a la bebé antes) salió con la semi-

vampira en brazos.

-¿Que ocurre aquí?-preguntó.

Los licántropos se tensaron al ver al bebé. Tony soltó una risita.

-Resulta cómico ver cómo una manada de enormes lobos le teme a un indefenso bebé.

A pesar de ser humanos, los siete lobos le gruñeron a Tony. Yo tenía los ojos clavados en la pequeña. Me acerqué al porche, pero los vampiros me cerraron el paso.

-Sabéis de sobra que no teníais oportunidad de vencerles en batalla. Quiero ver si vale la pena proteger a la bebé.

-Os aconsejo que lo hagáis-añadió Gisela-Su ayuda es muy valiosa.

Los seis vampiros me dejaron pasar.

-Rose, ten cuidado-le dijo el vampiro manchado de sangre humana.

La vampira rubia asintió. A penas a un metro de distancia, la chica empezó a retroceder. Clavé los ojos en los de la bebé, que eran oscuros y brillantes. Yo sonreí.

-Renesme...-susurré.

La vampira que sostenía a la bebé abrió los ojos como platos. La bebé sonrió y extendió un brazo hacia mí. Yo extendí el mío y tomó uno de mis dedos. Renesme soltó una risita.

-Confía en ti-dijo el vampiro sangriento, asombrado.

-Sus pensamientos son puros y su mente clara-declaré-No haría daño a nadie. Os ayudaré a protegerla.

-No evitará que vayamos a...-empezó el hombre que antes era el lobo negro parlante.

-Hay algo-le interrumpió Tony-Que no has tenido en cuenta pero que yo, al haberme sometido a las reglas de una manada, recuerdo perfectamente: la norma más absoluta de los licántropos es no dañar a la persona de quien se ha imprimado uno de los vuestros. Jacob se ha imprimado de Valerie y ella protegerá a la pequeña. ¿O acaso os atreveríais a violar las normas de los licántropos?

Sam frunció el ceño y dio media vuelta. Los demás licántropos (salvo Jacob y los dos que lucharon con los vampiros) se fueron tras él. Me volví hacia los otros vampiros.

-¿Es cierto que ha muerto su madre?-dije con desolación.

-Lo he intentado todo-repuso el vampiro cubierto de sangre, supuse que él era el padre-Pero no sé si la ponzoña funcionará.

-Valerie puede averiguarlo-habló Gisela-Como maga reúne todos los dones que son capaces de poseer los vampiros. Uno de ellos es ver el futuro concreto de una persona, con solo tocarla, es parecido a ser vidente, pero es más preciso y difícil de lograr.

El vampiro no dijo nada. Permaneció impasible sin pronunciar palabra.

-Edward-habló la vampira de pelo negro y largo.

-Vale-aceptó-Pero más os vale tener cuidado.

-No tenemos interés en haceros daño-repliqué-Además, hay algo en Renesme que me llama la atención y me gustaría saber qué es.

El tal Edward se volvió y entró en la enorme casa. Seguí a los otros vampiros, que fueron tras él. Rose avanzó rápidamente hasta quedarse junto a un vampiro enorme y corpulento de pelo negro. Yo caminé junto a Gisela y Jacob. Podía sentir su tensión, y por un momento creí que solo era él, pero yo también estaba nerviosa. Llegamos a una habitación llena de aparatos médicos y, justo en medio del lugar, una camilla, donde yacía una muchacha delgada hasta estar en los huesos, con los ojos abiertos. No se movía. En la mirada de Edward se percibía fácilmente una profunda tristeza. Le miré, a la espera de que me diera permiso de acercarme. Él me devolvió la mirada y asintió. Lentamente, me acerqué al cuerpo inerte de la chica. Su piel se cernía sobre los huesos de las extremidades y de la cara hasta el punto de que su rostro fuera semejante a una calavera. Puse mi mano derecha sobre una de las suyas y cerré los ojos. La vi a ella, corriendo a velocidad vampírica por los bosques, seguida de Edward. Ambos riendo y persiguiendo ciervos y pumas. Sonreí y abrí de nuevo los ojos.

-No os preocupéis. La ponzoña está haciendo su efecto. Para mañana ya estará corriendo por el bosque.

Al volverme hacia ellos vi expresiones de alegría y alivio, salvo en el rostro de Edward. Seguía sin fiarse de mí.

-Sé que no te fías de mí, por eso, como muestra de mi confianza, retiraré el escudo mental-al ver su expresión de asombro sonreí-Sí, esa es la razón por la que no podías leerme la mente.

-Vale, dices la verdad, pero debéis contarnos qué hacéis aquí.

-¿No preferiríais esperar a que Bella despertara?-inquirí.

-Al menos decidnos vuestros nombres.

-Ellos son mis primos Greg y Gisela, ambos licántropos-contesté-Ellos dos, son Mónica y Derek, hermanos y vampiros. Él es Tony, también un licántropo. Y yo soy Valerie, hija de maga y licántropo y fui mordida por un vampiro.

La noche pasó en silencio. Un silencio tenso y, por parte de muchos, muy significativo. Jacob se había quedado dormido en el sofá. Seth y Leah (los dos licántropos que lucharon con los vampiros) permanecieron fuera. Edward, el vampiro antes cubierto de sangre, Alice, la muchacha menuda y morena, y Rosalie, la alta y rubia, limpiaron y vistieron a Bella. Esme y Carlisle cuidaban de la pequeña Renesme. Mientras tanto, la guerra de miradas entre Emmett y Jasper, y Mónica, Derek, Greg, Gisela y yo fue intensa. Tony había salido a tomar el aire y charlar con Seth y Leah, pues su olfato estaba más desarrollado que el del resto de licántropos y tanto olor vampírico concentrado le molestaba. Cuando Alice, Rosalie y Edward volvieron, se unieron a la pelea de miradas. Carlisle alzó la vista de Esme y la bebé y habló.

-Nos gustaría dejar claro por qué estáis aquí.

-Por él-respondió Gisela antes de que yo pudiera hacerlo, señalando a un Jacob dormido con la boca ligeramente abierta.

-¿Por Jacob?-dijo Edward confuso.

-Valerie se imprimó de él el mes pasado-siguió hablando Gisela.

-Seguramente fue semanas antes de la boda, Edward-dijo Alice-Cuando desapareció.

-¿Había desaparecido?-inquirió Mónica-¿Por qué?

-Es largo de explicar-repuso Edward desviando la vista.

-Tenemos todo el tiempo del mundo-añadí cruzándome de brazos.

Entonces Edward nos explicó todo lo que había ocurrido a lo largo de ese último año: cuando se había enamorado de Bella, lo sucedido con el trío de vampiros, Laurent, Victoria y James, al cual asesinaron por intentar matar a Bella, cuando Edward se había marchado para tratar de mantenerla a salvo, cómo eso hizo que Bella y Jacob empezaran a enamorarse, el primer encuentro de ellos con los Vulturis, el regreso de los Cullen a Forks, la creación de un ejército de neófitos por parte de Victoria para vengarse, el momento en el que Jacob descubrió que Edward le había propuesto a Bella matrimonio y ella había aceptado, el período confuso de tiempo en el que Bella aún era humana y tenía a Renesme en su vientre... Era una historia la mar de extraña, pero me había hecho comprender que respecto al tema de los Vulturis, se podía confiar en ellos.

-Antes dijisteis que Renesme no sería ningún problema-habló Carlisle-¿Qué quisisteis decir con eso?

-Un semi-vampiro-empecé yo-cuando nace, crece a una velocidad sin precedentes, en siete años alcanza el aspecto de alguien de dieciocho, pero ahí se detiene. Permanece así para siempre. Una amiga que conocimos en el sur de Europa es hija de una humana y un vampiro. La madre murió y su padre le abandonó. Creció cuidada por su hermanastra, la hija de su madre y su padre humano. A los tres años de haber nacido ella transformó a su hermanastra y desde entonces viven entre los humanos sin problemas. Han pasado cuatrocientos años desde entonces.

-Eso significa que su crecimiento se detendrá en cuanto aparente los dieciocho-abrevió Alice.

-Así es-contesté.

-¡Valerie! ¡Gisela! ¡Chicos, venid!-era la voz de Tony, y provenía del exterior.

Salimos todos al instante con la velocidad vampírica. Greg y Gisela tardaron un poco más en llegar. Bajé las escaleras con rapidez, seguida de Mónica y Derek, y más tarde por Greg y Gisela. Me detuve en seco al ver a la persona que había frente a Tony, Seth y Leah. Tanto mis amigos como yo le dedicamos una mirada de repugnancia y Derek estuvo a punto de saltar sobre él, pero Mónica le detuvo.

-Julius, el mensajero de los magos-dije con tono asqueado, para que se notara que no era bienvenido en cualquier lugar en el que estuviéramos nosotros.

-Yo también me alegro de verte, joven Valerie. ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Treinta y seis siglos?

-Algo así-mascullé-Pero no es algo que me importe mucho, ya que se trata del tiempo que llevo sin ver al sirviente de quienes pretenden matarme, quienes da la casualidad que son mi familia biológica-dije cada vez subiendo más el tono.

-¿Qué haces aquí, repugnante sabandija?-le espetó Mónica.

-He venido a deciros que, como al parecer habéis abandonado vuestra fortaleza canadiense, estéis atentos porque el Consejo no os ha perdonado lo sucedido con Joseph.

-Letice sigue al mando, ¿verdad?-aventuré.

-¡Qué bien se te dan las adivinanzas, mi querida Valerie! Lástima que usaras tus talentos para algo más que adivinar cosas, porque serías muy buena guerrera en nuestro aquelarre.

-¡A la mierda vuestro aquelarre!-exclamé-Lo que vosotros habéis hecho es mucho peor de lo que podría llegar a hacer yo en toda mi vida.

-No me vengas tú ahora con lo que está bien y mal, sabionda respondona-replicó Julius-Todo ocurrió por vuestra culpa, si no hubierais desencadenado la ira de Letice ahora estaríamos todos en nuestras casas tranquilamente, ignorantes a lo que ocurriera a nuestro alrededor.

-Pero eso lo seguís haciendo-seguí insistiendo-Solo estáis centrados en atraparnos y eso os ciega de lo que os rodea. No tenéis ni idea de los crímenes que se cometen. Y además, no digas que es culpa nuestra, porque Joseph se ganó su merecido.

-¡No!-gritó Julius-¡Tú le mataste! ¡Deberías pagar por ello! ¡Los del Consejo son demasiado benévolos contigo, asesina!

-Soy yo quien está siendo demasiado benévola contigo, Julius-repuse con toda la tranquilidad que pude, sin conseguirlo mucho-Estoy tratando de contener las ganas de hacerte explotar como lo haría un globo.

Julius se aproximó a mí lentamente. Ya solo estaba a metro y medio de distancia.

-No vale la pena discutir por esto, Valerie-habló lentamente.

-Es más fácil de decir que de hacer de lo que parece-repliqué.

-No opino igual-soltó con rapidez.

Lo último que vi fue un brillo plateado en el cinturón de Julius y un cuchillo atravesándome el pecho. Estaba en mi estado de maga: si hubiera sido vampiro, no me habría hecho daño, si hubiera sido licántropo se habría curado con rapidez, pero era una maga, y eso hacía que una herida sangrara como cualquier otra, como mortal que era.