Me gustaría que el próximo fic que sustituyera tanto Arcade of Fire como ¡De 20 parodias y no sé que más! Fuera Los Juegos del Destino, porque quiero dejar el otro para temporada de vacaciones (como si fuera una película muy esperada por los niños ya que esa es la idea), y la otra razón es porque me gustaría que conocieran el fic. Me tiene emocionada la idea. De hecho, aquí les traigo el sumario (posiblemente lo recorte un poco cuando lo vaya a publicar, pero contiene lo esencial, es decir, los nombres de los personajes principales, el rated y los géneros), sino hago como una chama y pongo en el sumaro: "Full sumario, entran y lean". Así que prestad atención:

*Jack Spicer y, su prima Megan, deciden regresar después de varios años a casa de su padre, en la pequeña y apartada Villa Xiaolin. Desde entonces han venido soportando los malos tratos de su cruel hermanastro, Raimundo. Cuando se cruza en sus vidas una misteriosa chica llamada Kimiko, se dan cuenta que son piezas que forman parte de un juego de supervivencia llamado Los Juegos del Destino, creado por Dashi, el dios del tiempo y del espacio. Este dios ha dado a 12 personas un poder en específico. Las reglas del juego son simples, los elegidos deben matarse entre ellos mismos y el último que sobreviva se convertirá en su sucesor. De inmediato todos se ven sometidos a participar en un trivial campo de batalla en que las opciones de vivir son muy pocas cuando un jugador misterioso, apodado Primero, decida ganar cueste... lo que cueste*. – Rated: M – Géneros: Horror/Suspense/Angustia/Crimen – Próximamente.

-¿Oye, y por qué otra vez soy el malo?

-Ay corazón no lo tomes personal, pero es que te queda fenomenal interpretar el papel del villano. Además no eres el antagonista principal porque ese puesto lo ocupa el Primero. Y míralo de esta forma, Jack es el bueno, es decir, le toca sufrir bastante y tú a los inicios te vas a mofar de él.

-Ah sí lo ves así...


El Xiaolin Kid

Géneros: Acción/Drama/Artes marciales

Rated: K+

Argumento: A los 14 años de edad, Raimundo Pedrosa es un chico popular en Brasil que por razones del trabajo de su madre se muda a China. En su nueva casa en Beijing, Raimundo se enamora de una joven estudiante, Kimiko Tohomiko. Los chicos tienen dificultades de trabar una amistad entre sí por sus diferencias culturales. Para empeorar las cosas, esta atracción le convierte en el enemigo del problemático Omi Crudo, un abusivo matón del colegio que es un experto en artes marciales y que tratará de hacerle a Raimundo la vida imposible.

Con los niños problemáticos que constantemente lo acosan, y sin nadie más a quién recurrir, las expectativas para la nueva vida de Raimundo parecen ser muy malas, hasta que conoce al Sr. Fung, un mentor y peculiar maestro del Shaolin Kung Fu.

¿Por qué?: Conociéndote, la cabeza te retumba más el por qué Raimundo es Dre en vez de ser Omi. La respuesta es sencilla, la persona que se muda debe de ser aislada de esta cultura asiática y el típico chico "buena onda". Omi es chino por si no tenían ojos cuando lo conocieron, debería estar viviendo en China y ya sabía artes marciales, pero presume demasiado de ellas. Aparte que me gusta mucho el triángulo amoroso entre Raimundo, Kimiko y Omi tras leerme un fic (sip, estoy enferma). Ahora me está gustando el triángulo amoroso entre Raimundo, Kimiko y Jack (yo si fuera ustedes lo mantendría en mente si van a leerse Los Juegos del Destino). Kimiko es japonesa, en vez de ser china, empero Raimundo me dijo que no quería a otra ocupar ese puesto que no sea ella. Además, chinos y japoneses... ¿Cuál era la diferencia? Yo le respondí que mucha. Fung siendo el Sr. Han, obviamente. Esta parodia se aplica al remake ya que hay dos razones: Soy moderna y la película se centra en China, no en Japón. Esta parodia me pareció bastante acorde con todos ellos. He aquí su escena, ¡Por favor disfruten y no olviden que comentar es la mejor manera de pedir!

Cast:

Raimundo Pedrosa como Dre Parker

Maestro Fung como Sr. Han

Kimiko Tohomiko como Mei Ying

Omi como Cheng

Chase Young como el maestro del Dragon Lithing (como quiera que se llame)

Toshiro Tohomiko como el padre de Mei Ying


Raimundo llegó a la pequeña residencia del Sr. Fung. Ya era de noche. Todo era silencio. Las pequeñas macetas se mecían en el viento. Oyó un crujido como el tronar de los vidrios al partirse. Raimundo recorrió el pasillo más alarmado, el ruido cada vez se hacía más cerca y llegó al garaje donde el Sr. Fung tenía un bate de béisbol en sus manos, lo descargó sobre la baca del automóvil viejo y oxidado con el que tanto amor había estado trabajando en estas semanas de duro entrenamiento. Las luces chillan antes de salir disparadas. Raimundo tiró la mochila y exclamó:

-¡¿Por qué destrozó el auto?! –el Sr. Fung vaciló, arrojó a un bate y se encerró en el coche.

-Hoy no habrá entrenamiento.

Acto seguido, apoyó la cabeza sobre el volante y empezó a exhalar suspiros llenos de dolor y amargura. Raimundo decidió acercarse poco a poco. Encima del motor se dio cuenta de un artículo periodístico sobre un accidente en una calle en picada, se veían unas fotografías de un niño y una mujer. No reconoció las caras. Decidió dejarlo en su lugar. Él abrió la compuerta, se sentó en el asiento de copiloto con él y con más calma volvió a preguntar. La pregunta quedó suspendida en el aire. Raimundo no quiso seguir presionando. El Sr. Fung continuó sollozando. Solamente extendió el brazo y abrió una gaveta, sacó unas fotografías en blanco y negro y se las entregó. Raimundo examinó cada imagen. Cada una retenía un recuerdo, un trozo de la vida del Sr. Fung en el que demostraba que fue un padre de familia antes de ser el solitario mecánico. Una foto de plano donde estaba una mujer pequeña y un niño de once años aproximadamente. Un cumpleaños. Todas eran de ambos. Pudo sentir las emociones que transmitía, no podía dudar que esas fotografías las tomó Fung, con su amor.

-¿Sr. Fung, qué pasó? –él lentamente levantó la mirada y le respondió con voz grave:

-Yo... Tenía una esposa, se llamaba Kome Kome y un pequeño... ¿Raimundo, cuántos años tienes?

-Catorce.

-Él tan solo tenía once –sollozó, aspiró profundamente. Sentía como su alma se retorcía al recordar con dolor a su familia-. Él era cantante, no profesional –aclaró-, cantaba solo para mí. Adoraba oírlo –el Sr. Fung tarareó los primeros versos de una canción en chino ya que no entendía lo que recitaba, cada palabra la entona con un dolor profundo en el que parecía que le costara pronunciar cada palabra. Cada palabra costaba una lágrima.

-¿Qué sucedió con ellos?

-Atravesábamos una calle picada... era una noche... llovía mucho –se restregó las lágrimas con el dorso de la mano-. Tuvimos una discusión y... pasó lo que pasó, por más que trato de recordar el por qué discutíamos, se me nubla la mente. Solo espero que haya sido por algo importante –gimoteó volviéndose a encoger y a llorar como un niño pequeño. Raimundo se le quedó mirando, titubeó al principio sin estar seguro qué hacer para reanimarlo. Después él salió del auto. Regresó con las varas de bambús, y calzando los hilos en las muñecas de Fung, lo sacó del auto. Lo obligó a enjuagarse las lágrimas. Luego empezó a practicar sus movimientos.

Al principio el viejo maestro solo imitaba lo que el joven alumno hacía. Sin mucho esfuerzo. Pero entonces vino la magia y trató de animarse, de ayudarse a sí mismo y tomó el control de las varas de bambús. La Sra. Pedrosa echó un vistazo por la ventana, vio a su hijo y el maestro ensayar arduamente y decidió quedarse de un lado y verlos. Pronto, él alzó la vara y Raimundo apoyó su pierna y pudo levantarla hasta el tope máximo, lo que probaba que podía hacerlo. Los siguientes días fueron de un duro entrenamiento pues que la competencia sería dentro de muy poco.

Toda la semana estuvo ensayando sus movimientos dando patadas y puñetazos al aire. Practicando flexión y extensión de codos, incluso en los días en que no le tocaba entrenar, en la noche siempre le dedicaba una hora. Encaramarse a un viejo tronco y hacer abdominales. Esquivar las pelotas de tenis que su maestro le arroja desde el otro extremo con una raqueta. Contraatacar los ataques con una escoba detrás de una cortina. Saltar lo máximo que podía sobre el lodo. Patear la campanita que estaba atada a una rama más alta y la única manera de alcanzarla era estirarse lo máximo que podía. Correr la muralla china. Y "partirse", al abrir sus piernas sobre la esquina de la azotea del edificio.

Y a la vez que entrenaba sobrellevaba sus problemas personales, ya Kimiko no le hablaba, tan solo recogía sus cosas y apenas lo veía inmediatamente lo pasaba por alto, lo ignoraba. La veía adentrarse en el coche de su padre e irse. Raimundo creyó que sus padres le pusieron una orden de restricción en su contra o algo para comportarse así. Unos días antes de la competencia, el maestro y Raimundo visitaron el torneo. Estaban preparando todo para el jueves. Raimundo entabló a moverse sin darse cuenta, los nervios destrozados lo hacían seguir entrenando. Fue cuando su maestro interrumpió de sopetón:

-Ganar o perder no importa –dijo sabiamente-, gana respeto y esos chicos te dejarán en paz. Te compré un presente –dijo extendiendo un paquete. Raimundo lo tomó y lo abrió rápido, era un gi negro con unas figuras de dragón de color rojo con unos bordes dorados trazando sus siluetas estampadas en el traje y pantalones holgados rojos, con unas zapatillas de artes marciales negras y un cinturón amarillo*.

-¡Guau, es como en Duelo Xiaolin, gracias!

-Me alegra que te guste. Me has enseñado una de las lecciones más importantes, joven: "la vida podrá derribarnos, pero nosotros somos quienes decidimos si levantarnos o caernos".

-Usted ha sido como el amigo que nunca tuve, maestro... –Raimundo lo abrazó fugazmente, el maestro pareció sorprendido, pero a la vez feliz-. ¡Oiga, ¿podría ayudarme con algo?!

En esa misma noche, Raimundo se presentó en casa de Kimiko con una cartilla de colores. Su maestro lo veía desde una distancia prudente. Vivía en una elegante mansión. Él tocó el timbre y esperó a que abrieran la puerta. Kimiko salió. Se impresionó que a estas horas de noche Raimundo fuera a visitarla.

-Hola Kim, ¿está tu padre en casa? –la puerta se abrió completamente. El Sr. Tohomiko lo estaba esperando, al igual que su hija, era de estatura baja, cabello negro azabache canoso, unos lentes y vestía muy ligero para ser un importante hombre de negocios. Raimundo leyó la cartilla rápidamente antes que le cerrara la puerta en la nariz y leyó en chino el siguiente fragmento:

"Mi nombre es Raimundo. Mis acciones trajeron deshonor a su familia y estoy sumamente arrepentido. De hecho, su hija me enseñó que un amigo puede hacer tu vida mejor. Y si usted me da una segunda oportunidad, voy a tratar de ser el mejor amigo que su hija pueda tener".

El Sr. Tohomiko quedó vislumbrado por las palabras del joven brasileño, respondió en su idioma natal al chico, él tuvo que esperar la traducción de Kimiko:

-Mi hija me dijo que te prometió acompañarte en el torneo, en nuestra familia no rompemos nuestras promesas –sonrió. Él le devolvió la sonrisa. Ella cerró la puerta con suavidad.

Entonces pues llegó el día de la competencia. El estadio estaba lleno de gente, dos asientos fueron ocupados por Kimiko y la madre de Raimundo. Él y su maestro dieron un segundo recorrido. Alrededor de las lonas extendidas donde los jóvenes luchaban entre ellos. Parece ser que el Sr. Fung no se leyó las reglas porque cuando llegó sostenía en la mano un librito de las reglas en el campeonato. Raimundo no era ningún tonto y se dio cuenta. El maestro se zafó contestándole que sí, se las había leído y para ganar un asalto debía tocar dos veces a su adversario.

Raimundo estaba hecho un manojo de nervios porque después de ver a esos chicos, sintió que lo harían puré. De todos modos avanzó y decidió dar cara a su oponente, que para su suerte no era de la escuela del dojo Heylin. El estudiante avanzó hacia él, y este se asustó y salió corriendo. Claro, que catalogaron eso como una falta y si volvía a repetir la misma gracia le iban a dar un punto al otro. Raimundo se armó de valor y volvió a lidiar con su adversario. El estudiante asestó dos golpes, Raimundo era bastante escurridizo así que socorrió hacia donde estaban los demás chicos y le dieron un punto al otro chico por su cobardía. Finalmente Raimundo decide ponerse los pantalones literalmente y enfrentarse al chico, por lo que neutraliza el ataque y lo revierte, utilizando su fuerza en su contra. En la siguiente ronda, no necesitó más que una patada para echarlo a la tierra y avanzar a la ronda sucesiva.

Raimundo no le quitó el ojo encima a Omi, porque lo había visto pelear y no solo era tremendamente muy bueno, sino temiblemente muy bueno. Una máquina asesina de dar puñetazos. Violento, se le podía describir. A cuatro chicos los derrotó de forma humillante (al primero lo tomó de los brazos y lo pateó; al segundo sus piernas abrazaron su cuello y lo arrastraron con él al suelo y no lo dejó ni siquiera levantarse así como en la lucha libre; al tercero lo derribó de tres patadas en el pecho, en el brazo y en el mentón cronológicamente ni le dio tiempo al otro de responderle las patadas y al último lo fichó a las islas Marías de una energética patada en el mentón, fue tan duro como le dio que ahí terminó rápidamente su batalla). Luego iba a reunirse con sus compañeros, que lo vanagloriaban ya que si otro compañero que también le iba muy bien perdía, Omi no los iba a dejar quedar mal. En las primeras horas, Omi y Raimundo intercambiaron miradas incitadoras, cómo retarse, no me malinterpreten.

Raimundo libró su batalla con otros chicos, a uno lo levantó del brazo y lo tiró como muñeca de trapo al piso. Y finalmente llegaron a las semifinales el otro chico de la escuela de Young, un muchacho de otra escuela, Raimundo y Omi. Bueno, está fuerte la cosa. Pero esta lucha apenas estaba comenzando. Porque Chase Young, el maestro de artes marciales del dojo enemigo, sabía que Fung transformó aquel don nadie en... Dinamita, que no debían subestimarlo, y antes que luchara contra Omi, su estudiante predilecto, estrella o consentido. Debían deshacerse de él antes que perder la copa que por años ha pertenecido a su dojo. Así que llama a su segundo alumno con quien iba a lidiar en contra de Raimundo y ambos formulan algo sucio, un plan macabro para sacar a Raimundo de la competencia y ganar... tramposamente...


*Sí... Ese es su traje de líder...

Mensaje para jackfangirl: ¡Un saludo, malvavisca asada! Me es muy grato saber que el corto de Omi & la fábrica de chocolates fue todo un éxito y el que más te gustara. Sí, es cierto que a cada quien se les dio el papel que más le pegaba. En este corto Jack no apareció lamentablemente, no obstante, en el corto que viene sí, es el protagonista, así que estate atenta. Las excentricidades de Jack me recuerdan un poco a las de Johnny Depp, esta es la segunda vez que estelariza su personaje. ¿Jackie Bonnie? No sé por qué le digo así, solo sé que rima, lo uso para jugar con su nombre y hacer un guiño a su lado afeminado. En respecto al fic en que Jack estelariza, Los Juegos del Destino, allá arriba acabo de dejar el sumario y esas cuestiones, ¿qué tal te ha aparecido? En todo caso, gracias por leer y comentar. Vuestra opinión me interesa mucho. ¡Adiós!