Muchas gracias por todos los reviews nuevos, siempre se agradecen. ¡Regina malvada, como tiene que ser, sí! Y, bueno... esa escena era pura dinamita, Love, no nos vamos a engañar...


¿?

La oscuridad dentro de aquella mujer había venido del ser oscuro, tal y como yo me había temido. Pero no era más que una mota de polvo, un rastro que, confieso, se me hacía difícil de seguir. Tardé un buen rato al llegar a aquella mansión. El rastro se desperdigaba, estaba claro que el ser oscuro había estado allí, pero me resultaba imposible dilucidar hacia donde habría ido. Mi única pista era la mansión.

Me sujeté correctamente la espada que llevaba colgada bajo la túnica, y entré en la casa. Había ventanas rotas, y la puerta estaba desencajada. Daba la impresión de que una intensa batalla había tenido lugar allí dentro. Vi a una chica bajando de la planta superior, con una mochila a la espalda, y nuestras miradas se cruzaron. Era un alma oscura, completamente corrompida.

_ ¿Quién eres tú?_ Preguntó, mirándome fijamente, tanto a mí como a mi espada._ Vale, no me lo digas... vienes a matarnos a todos.

_ Quién sea carece de importancia._ Le dije._ He venido siguiendo un rastro de tinieblas, y me ha traído hasta aquí. Hasta ti.

Alcé la mano, cargándola de luz. Estaba claro que aquella mujer guardaba una oscuridad infinita en su interior. Y yo misma iba a ahorrarle más sufrimientos. Iba a lanzar el ataque, cuando noté el aire removerse, y una mujer apareció delante de mí.

Había aparecido como una exhalación. Bajé la mano y miré a aquella mujer que acababa de aparecer. De piel pálida, y ojos cargados de magia y de una sabiduría antigua. En ella también sentía tinieblas, equilibradas con un gran resplandor. Nunca había visto a una mujer como ella.

_ Lily, da un paso atrás._ Le dijo a la primera, que bufó, pero finalmente hizo lo que dijo._ ¿Qué estás buscando aquí?

_ Busco al ser oscuro._ Dije, mirándola fijamente._ El rastro de su oscuridad me ha llevado hasta aquí.

_ El ser oscuro está en la ciudad._ Me dijo ella._ En la avenida Mifflin, el número 108. La casa más grande.

Alcé las cejas y me di la vuelta. Algo me decía que no me estaba mintiendo. Me desvanecí, envuelta en luz brillante. El oscuro no tardaría en verme de primera mano.

Cora

_ ¿Estás bien? ¿Te ha hecho algo?_ Pregunté, revisando que Lily se encontrase bien.

Ella, por contra, me apartó de un manotazo, como si le diese asco mi presencia. No se me escapó la mochila que llevaba a la espalda. Al parecer la había pillado justo cuando tenía intención de marcharse. Suspiré largamente y me senté en la escalera, mirándola.

_ ¿Qué te pasa, Lily? No puedes salir huyendo cada vez que algo vaya mal, ¿Sabes?_ Le espeté.

_ Deja de hablar como si me conocieras._ Me dijo, apartando la mirada._ ¿Te crees que por tirarte a mi madre ya me conoces? ¿Qué puedes hacer el papel de madre?

De modo que era por eso. Suspiré largamente y me aparté el cabello castaño de la cara. Lily se sentía traicionada. Eso lo entendía bien.

_ No intento ser tu madre, Lily. Ya hemos visto los antecedentes que tengo. He abandonado a Zelena dos veces... y Regina me desprecia, con Razón. Debo ser la peor madre del mundo._ La miré seriamente._ Yo solamente quiero a tu madre. Quiero estar con ella. Y busco que nosotras seamos amigas, nada más. Pero si sales corriendo le destrozarás el corazón a tu madre... y no podrás tener verdaderos motivos para odiarme. Dame una oportunidad, ¿Quieres?

Emma Swan

Abrí los ojos. Mi mente estaba aclarándose por fin. Regina seguía dormitando a mi lado. Me quedé observándola unos segundos. Su cuerpo desnudo despertaba en mí, ya de buena mañana, un intenso deseo. Pero mi cuerpo aún no se había recuperado de la noche anterior. Me vestí y bajé a la planta baja para prepararme un café.

La casa estaba extrañamente silenciosa. Pude escuchar el sonido de unas pisadas bajando las escaleras, y un sonoro estornudo. Alcé la vista y vi a Henry en el umbral. Una sonrisa apareció en mi adormilado rostro. Dejé el café a un lado y me acerqué para abrazarlo. Él volvió a estornudar. Le llevé la mano a la frente.

_ Henry... estás ardiendo._ Dije, mordiéndome el labio._ Tienes que volver a la cama.

De hecho, estaba temblando. ¿Por qué no había dicho nada antes? Me imaginaba que no había habido ocasión. A fin de cuentas, todo aquello había sucedido muy rápido. Le tomé de la mano y le llevé escaleras arriba.

_ Te prepararé una sopa caliente... verás que bien._ Dije, aunque a mí lo de preparar sopa caliente no se me daba demasiado bien.

_ Entonces... ¿Ya no eres el ser oscuro?_ Me preguntó, sacándome de mis pensamientos sobre la sopa caliente.

_ No... ya no._ Dije, en un susurro.

Henry me rodeó con los brazos y yo hice lo mismo. Me había echado de menos. Y era más que comprensible. Cuando había sido el oscuro no había sentido absolutamente nada hacia él. Mi corazón tenía entonces un oscuro vacío. Y sólo me había importado una persona.

_ ¿Quién es el ser oscuro ahora?_ Preguntó. Esa era la pregunta que más me temía.

_ Regina..._ Miré a Henry a los ojos, y vi que se ponía del color de la tiza.

Cora

Oscuridad. Lily tenía el corazón lleno de tinieblas a causa de Blancanieves y su príncipe. Eso me hacía pensar en los pasados que recordaba. Ambos marcados por el abandono, por la oscuridad. Y podía entender lo que Lily estaba pasando. Se parecía mucho al pasado de Anzu. Ella no había escogido ser un vampiro, y sin embargo había tenido que vivir con esa carga toda la eternidad. Yo aún la arrastraba conmigo.

Pero Lily no tenía que hacerlo. No durante más tiempo. Y pensé en aquella mujer morena. No había podido verla bien, porque ocultaba su rostro bajo una capucha, pero aquellos ojos azules me eran familiares. En aquel momento me encontraba sentada en el tejado, del que me deslicé hasta caer elegantemente en el suelo. Aquella mujer y yo teníamos mucho que discutir.

Emma Swan

Henry estaba en la cama, tumbado, y yo me disponía a ir a la cocina a prepararle la sopa a la cocina, cuando di un respingo al encontrarme a Regina en el umbral de la puerta. Ella miró a Henry, y luego me miró a mí.

_ ¿Qué le pasa?_ Me preguntó.

_ Tiene fiebre._ Le contesté, me temblaba la voz._ Iba a prepararle una sopa.

_ Vale... yo me quedo aquí con él._ Había genuina preocupación en su voz.

Le dediqué una mirada a sus ojos brillantes y me percaté de que, a diferencia de mí, la mente y el corazón de Regina eran más fuertes que la oscuridad que había terminado por completo con mi personalidad cuando había entrado en mí. No debía sorprenderme. A fin de cuentas, Regina era más fuerte que yo en todo lo que se refería a la magia.

Asentí a sus palabras y bajé escaleras abajo. Cuál sería mi sorpresa al encontrarme a Regina de nuevo en la cocina. La había escuchado hablar mientras bajaba, y sin embargo ahora la veía allí, midiendo los ingredientes para la sopa.

_ Emma... ¿Qué haces ahí parada? Espabila._ Dijo, chasqueando los dedos._ Tenemos que hacer una sopa.

_ Pero... Estabas arriba.

_ Y sigo arriba._ Dijo, con total tranquilidad, mientras ponía el agua al fuego._ No iba a apartarme de Henry.

_ Pero... no puedes dividirte y pasearte por la casa sin más. ¿Cómo vas a mantener la mente despejada si la tiendes dividida?

_ Te corrijo, Swan. Tú no podías hacerlo. Pero yo no soy tú. De modo que... deja de perder el tiempo y pásame la sal.

Cómo me ponía cuando estaba así de autoritaria.

Henry Mills

Lo cierto es que la cabeza me dolía a horrores, y saber que Regina era el ser oscuro no me había ayudado a sentirme mejor. Porque amaba a mi madre, y sabía que eso haría que todo su progreso fuese marcha atrás. Sin embargo, mientras la veía allí arropándome, midiendo en ese pequeño vasito la medicina que me tenía que tomar, y sobre todo, la mirada que había en esos ojos brillantes.

Era mi madre. Tal como siempre. Tenía fe en que ella venciera a la oscuridad. A fin de cuentas ella no parecía tan tocada como Rumpel o como mi madre. Me dio un beso en la frente y sentí que me iba quedando dormido. Algo me decía que a la mañana siguiente me encontraría mejor.

Regina Mills

Henry había pedaleado hasta la extenuación y había terminado cogiendo la gripe. Todo ello por intentar que Emma y yo atacásemos a Maléfica y a mi madre. Él era mi máxima prioridad, que estuviera a salvo, seguro y que nadie pudiese hacerle daño. Y por ello, en aquel momento, tenía que dejarle solo con Emma. Me acerqué a la rubia y le di un beso en los labios.

_ Cuida de Henry. Hay algo que debo hacer._ la miré a los ojos._ Te quiero.

_ Y yo a ti._ Susurró, cogiéndome la mano._ ¿Qué vas a hacer?

_ Nada por lo que tengas que preocuparte._ Mentí.

Salí al jardín, y me senté a esperar. No pasó demasiado tiempo hasta que aquella mujer apareciera. La había sentido acercándose desde hacía horas. Pero no quería meter a Emma y Henry en aquello. A fin de cuentas, el ser oscuro era yo. Necesitaba todo mi poder, o al menos eso me imaginaba, dado que la presencia que sentía era poderosa.

Iba vestida con una túnica blanca, y dejó caer su capucha en cuanto me vio. La oscuridad de mi interior se alteró, expectante, como si viese a un viejo conocido. El primer ser oscuro, o al menos, la persona en la cual había nacido esta oscuridad.

_ De modo que tú eres Regina._ Dijo, desenfundando su espada y apuntándome con ella.

_ La reina de la oscuridad para ti._ Dije, segura de mí misma._ Y tú debes ser Morgana, ¿Verdad?

_ Morgana Pendragón._ Dijo, sin dejar de apuntarme con la espada.

_ Y eso que llevas en las manos es Excalibur. Una de las dos únicas cosas que puede destruirme. Pero en tus manos... es poco más que un palo afilado.

_ He venido a ayudarte, Regina._ Dijo, tratando de mantenerse serena._ He venido a quitarte esa oscuridad.

Me llevé la mano al cabello, con un bufido sonoro. ¿Había atravesado un plano de existencia sólo para eso? No pude evitar reírme con burla ante ese arranque.

_ Puedes estar tranquila. Yo y mi oscuridad nos llevamos muy bien. No quiero que vaya a ninguna parte. De modo que puedes darte la vuelta.

_ Si sigues con esa actitud voy a tener que sacártela por la fuerza. Creía que eras fuerte como para resistirte a su influjo.

_ Y lo soy. Pero he decidido que me quedo este poder. Haré buen uso de él._ Sonreí.

_ No se puede hacer buen uso de ese poder._ Aquello lo gritó._ Destruirá tu vida. ¡Te quedarás sola, Regina!

Mis ojos relampaguearon de furia. Estaba atacando mi mayor punto débil. Mi miedo a la soledad, y seguía apuntándome con esa espada. Alcé la mano y la magia se condensó a mi alrededor, formando un círculo de espadas de luz morada. Adelanté la mano y las espadas atacaron a la vez, atravesándola y provocando que un relámpago atravesara su cuerpo. Gritó de dolor, pero yo me mantuve impasible.

Se levantó y alzó la espada una vez más. Esta vez concentré la magia en una sola espada, sólida, que presentó batalla contra ella. Iba moviendo mis dedos como una maestra de orquesta, mientras la espada iba poniéndola en jaque. El arma finalmente estalló y la mujer acabó tirada en el suelo.

_ Te lo voy a poner claro, Morgana._ Le dije, mirándola desde arriba, mientras ella respiraba pesadamente. _ Si te vuelves a acercar a mí... o a mi familia. Te mataré. Y no será rápido. Tampoco indoloro.