Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Naoko Takeuchi. Usados en esta historia, sin ánimo de lucro.

Advertencia: Esta viñeta contiene un toque de femslash (amor entre chicas). Si no te gusta, puedes pasar del mismo y listo.

Espina

—¡OUCH!

Haruka hizo una mueca de dolor, al sentir el pinchazo provocado por la espina de una rosa, que había tomado. Sailor Neptune no pudo evitar sonreír, lo que hizo que la rubia se molestara más.

—¡No es gracioso, Neptune!

—Lo sé, lo sé, sólo que tus muecas son graciosas.

—Sí, claro —resopló su compañera—. ¿Cómo hará el príncipe para manipular estas cosas? ¡De seguro su mano estará llena de cicatrices!

Ambas mujeres se encontraban en un jardín de rosas, ubicado a una buena distancia de la calle donde hacían poco, habían salvado a Sailor Moon y Sailor Chibimoon, del ataque de un daimon. Lo más peculiar del asunto es que Haruka se encontraba vestida de tuxedo; ya se había quitado el sombrero y el antifaz, dejándolos encima del banco, donde estaba sentada la sailor de los mares.

—No lo creo así, Haruka. Imagino que, como príncipe protector de la Tierra, las rosas deben rendirle respeto y protegerlo de sus armas secretas. Así puede usarlos para sus apariciones.

—Dirás, "ridículas apariciones".

—Yo lo considero más bien, actos de hidalguía. Como lo hacían los caballeros medievales, para impresionar a sus princesas.

—Como sea, no me obligues otra vez a ponerme este atuendo para luchar —la rubia se sentó, agotada, al lado de Neptune y dejando la rosa culpable encima de sus muslos—. Lo hice por esta ocasión, para pagar la apuesta que perdí frente a ti. ¡Pero será la última vez!

—A mí me parece que te veías encantador, querida.

—No empieces con eso, ¿sí? Además, prefiero mil veces mi uniforme, al menos tiene más clase y estilo.

La joven de cabello verdemar no pudo evitar soltar la risa, ante estas palabras. Haruka se ruborizó completamente.

—Pensé que odiabas ponerte falda —le dijo su compañera, divertida.

—Pero esto es una excepción. Incluso si pudiera, lo modificaba, pero es parte de la naturaleza de una sailor. Entiendo el refrán de "el vestido no hace a la mujer", pero en mi caso, el único traje con falda que toleraré es ese. Del resto, seguiré con mi ropa favorita.

Neptune no podía evitar reírse, mientras Haruka se deshacía del smoking, en medio del refunfuño. Luego, Ten'oh usó su pluma de transformación, cambiando nuevamente a Sailor Uranus.

—¡Mucho mejor! —exclamó la sailor del viento, dichosa.

—Entonces, ¿Nos vamos a casa? No creo que los Death Busters ataquen de nuevo esta noche.

—De ellos se puede esperar cualquier cosa. Pero tengo hambre, quiero darme una buena ducha y dormir plácidamente. Aunque eso sí, estaremos alerta ante cualquier cosa.

—Entendido.

Las dos jóvenes sailors se marcharon del campo de rosas, queriendo cumplir sus planes nocturnos. Sabían que las siguientes semanas no serían fáciles; pero mientras estuvieran juntas, podrían hacer cosas imposibles.